Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!
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Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

Un Refrescante Llamado a Considerar


da Sanpalabras-de-reflexionEn el calor que caracteriza esta época del año y estando a las puertas de Semana Santa, leí hoy como un gran refresco la columna titulada “Tiempo de Reflexión” de Brenda Sanchinelli Izeppi publicada en Prensa Libre.

La primera oración de la columna capturó mi atención: “Este tiempo es una buena oportunidad para reflexionar sobre el sentido interpretativo de la pasión y muerte de Cristo.” ¡Qué razón tiene! Estamos culminando cuaresma, ese hermoso período de 40 días en el calendario litúrgico cristiano que nos permite -si lo tomamos en serio- meditar y profundizar en la Cruz, el mensaje del Evangelio y la persona de Jesús.

Brenda Sanchinelli hace justo ese llamado a centrar nuestra atención en el Evangelio trascendiendo las fronteras denominacionales: “Entender lo que se conmemora en estos días va más allá de una religión —considerando que si hablamos del mundo cristiano existe un gran número de diferentes denominaciones, vertientes y rituales—, es valorar el gran amor que Dios manifestó al ser humano enviando a su hijo unigénito a morir por nosotros.” Este es un llamado importante porque hoy más que nunca, debemos procurar la unidad cristiana centrando la unidad en aquello que es, de acuerdo al apóstol Pablo en 1 de Corintios 15 es de “primera importancia”, el Evangelio.  Además, tenemos para fomentar esa unidad dentro de las distintas expresiones cristianas de Guatemala, documentos como la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” de 1999 que si bien no terminan de resolver al 100% las diferencias entre católicos y protestantes, permiten un diálogo más cercano, caritativo y constructivo.

Brenda también es muy clara en invitarnos a profundizar en nuestras disciplinas espirituales, algo fundamental para todo cristiano:

“Este tiempo debe ser especial, procurando un acercamiento interior con Dios de oración y práctica del verdadero amor por los demás, como lo marca la doctrina que vino a enseñar Jesús de Nazaret.

La verdadera espiritualidad es aquella que produce en el ser humano una transformación interna, que lo acerca más al conocimiento y al amor de Dios, haciéndolo ser mejor cada día.”

Rescato también de la columna el fuerte llamado que se hace a volver a la Escritura y a la doctrina como un sine qua non de la vida de fe y práctica de todo cristiano:

“Muchas personas, incluyendo los que se denominan cristianos, no leen la Biblia, no se comunican en oración con Dios ni se documentan de primera mano sobre los preceptos de la fe, tampoco dimensionan la importancia de la muerte y resurrección de Jesús.”

Brenda no olvida las implicaciones eternas de esto y se une al clamor de ¡MARANATHA! al invitarnos a colocar nuestra esperanza en la segunda venida de nuestro Señor Jesús:  “Es interesante que, según la coyuntura mundial, para muchos teólogos estamos viviendo los tiempos finales y esto no debemos ignorarlo, porque es el deber de cada persona estar alerta y prepararse para el gran acontecimiento que será la Segunda venida del Señor Jesús.”

¡Gracias Brenda por tan importante columna el día de hoy! Espero muchas personas puedan leerla y tomarla en serio.  Cada uno de nosotros lo necesita, nuestras familias lo necesitan y Guatemala lo necesita.

Una Oración para esta Navidad


advent_wreath_with_candles“4Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! 5Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto.
6No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. 7Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.
8Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza. 9No dejen de poner en práctica todo lo que aprendieron y recibieron de mí, todo lo que oyeron de mis labios y vieron que hice. Entonces el Dios de paz estará con ustedes.” (Filipenses 4:4-9, NTV)

Tomada del Capítulo XVI, Tratado IV de “Imitación de Cristo” por Tomás de Kempis

Que debemos manifsetar a Cristo nuestras necesidades y pedirle su gracia

¡Oh dulcísimo y muy amado Señor, a quin yo deseo ahora recibir devotamente, tú sabes mi enfermedas, y la necesidad que padezco, y en cuántos males y vicios estoy caído, cuántas veces soy agraviado, tentado, turbado y ensuciado! A ti vengo por remedio, a ti demando consolación y alivio.  A ti, Señor, que sabes todas las cosas, hablo, a quien son manifiestos todos los secretos de mi corazón, y que solo me puedes consolar y perfectamente ayudar.  Tú sabes mejor que ninguno lo que me falta, cuán pobre soy de virtudes; vesme aquí delante de ti, pobre y desnudo, demandando gracia y pidiendo misericordia.

Harta, Señor, a este tu hambriento mendigo, enciende mi frialdad con el fuego de tu amor, alumbra mi ceguedad con la claridad de tu presencia, vuélveme todo lo terreno en amargura, todo lo contrario y pesado en paciencia, todo lo criado en menosprecio y olvido.  Levanta, Señor, mi corazón a ti en el cielo, y no me dejes vaguear por la tierra.  Tú solo, Señor, desde ahora me seas dulce para siempre, que tú solo eres mi manjar, mi amor, mi gozo, mi dulzura y todo mi bien.

¡Oh si me encendieses del todo en tu presencia y me abrasases y trasmudases en ti, para que sea hecho un espíritu contigo por la gracia de la unión interior y por derretimiento de tu abrasado amor!  No me consientas, Señor, partirme de ti ayuno y seco, mas obra conmigo piadosamente, como muchas veces lo has hecho maravillosamente con tus santos.  ¡Qué maravilla si todo yo estuviese hecho fuego por ti y desfalleciese en mí, pues tú eres fuego que siempre arde y nunca cesa, amor que alimpia los corazones y alumbra los entendimientos!

 

¡Vuelve! La Gran Esperanza Navideña


La temporada de Adviento y la celebración cristiana de Navidad son el punto de encuentro de dos grandes verdades para los cristianos: la promesa cumplida de la venida de Jesús a la Tierra para redimirnos de nuestros pecados y reconciliarnos de vuelta al Padre (Colosenses 1:19-20) y la anticipación al cumplimiento de la promesa de que Jesús regresará por nosotros quienes hemos puesto nuestra confianza en Él (Hechos 1:6-11).

De allí que Navidad es una catapulta hacia el futuro.  Navidad es la evidencia de la fidelidad de Dios y nos coloca en terreno firme para tener la certza de que la promesa futura será cumplida muchísimo más allá de nuestras expectativas.

Durante esta y quizás en todas las navidades del pasado y seguro del futuro, alrededor nuestro experimentaremos al lado de la inmensa alegría de la época, la nostalgia, tristeza y dolor de la pérdida que acompaña la experiencia humana en un mundo caído.  Metas quedarán sin cumplirse, relaciones habrán sufrido daño y desgaste y personas que amamos morirán.

La esperanza del Segundo Adviento nos ayuda, en medio de las circunstancias difíciles que hoy podemos estar viviendo, a ser fortalecidos por las palabras del Apóstol Pablo:

51Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! 52Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados. 53Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.
54Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura:
«La muerte es devorada en victoria.
55Oh muerte, ¿dónde está tu victoria?
Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?».
56Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder. 57¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo.
58Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. (1 Corintios 15:51-58, NTV)
El Apóstol Juan también nos reafirma la esperanza segura que nos aguarda y que al celebrar Navidad podemos siempre recordar y ser fortalecidos en ella…especialmente cuando nos cuesta entrar en el “espíritu navideño” por las circunstancias del mundo caído en el que vivimos:
1Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. 2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo.
3Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.4Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».
5Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza». 6También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida. 7Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos. (Apocalipsis 21:1-7, NTV)
La verdadera esperanza navideña está allí entonces….en anhelar fervientemente y esperar con fe el regreso del Señor Jesús y ver cumplidas allí anhelos y sueños que hoy ni siquiera somos capaces de empezar a imaginar.
17El Espíritu y la esposa dicen: «Ven». Que todos los que oyen esto, digan: «Ven». Todos los que tengan sed, vengan. Todo aquel que quiera, beba gratuitamente del agua de la vida. 18Yo declaro solemnemente a todos los que oyen las palabras de la profecía escritas en este libro: si alguien agrega algo a lo que está escrito aquí, Dios le agregará a esa persona las plagas que se describen en este libro. 19Y si alguien quita cualquiera de las palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa que se describen en este libro.
20Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!».
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios. (Apocalipsis 22:17-21, NTV)
Les dejo esta canción que seguramente no entra dentro de la mayoría de playlists de la época, pero que espero nos ayude a reafirmar hoy y siempre esta hermosa esperanza que sostiene nuestras vidas:
¡Feliz Navidad y….MARANATHA!

Entre el Árbol del Oakland y el Corcovado de Cayalá


Esta ha sido una semana agitada alrededor de dos sucesos comerciales en la Ciudad de Guatemala que han generado revuelo en redes sociales.

El primero suceso tiene que ver con la instalacion de un árbol navideño en Oakland Mall patrocinado por la prestigiosa marca de joyería de cristal Swarovski y el segundo suceso tiene que ver con la campaña “White Weekend Trip” de Paseo Cayalá en donde se utilizó la imagen del Cristo de Corcovado ubicado en Río de Janeiro, Brasil. Read More

La Gratitud que Necesitamos


palabras-de-reflexion-gratitudEste próximo jueves se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias.  En Guatemala, esta fecha ha venido adquiriendo popularidad y no es extraño ver a más familias y grupos de amigos reunirse a celebrar.  Independiente de las razones de por qué o cómo llegó a implantarse esta celebración en nuestra cultura, hay aquí una inmensa oportunidad para recordar y fortalecer uno de los pilares más importantes de la vida cristiana: la gratitud.

El Salmo 100:4 nos recuerda que las llaves a la presencia de Dios son la gratitud y la alabanza.  La gratitud nos mantiene humildes ante la majestad, grandeza y absoluta soberanía de Dios sobre toda las cosas, todas las personas y todas las circunstancias.  Nos recuerda nuestro lugar como criaturas delante de un Creador que es santo y misericordioso y como consecuencia de eso, transforma la manera en que reaccionamos a lo bueno y lo malo en la vida y la manera en que tratamos y nos relacionamos con nuestros semejantes, con nuestro prójimo.

Como cristianos que buscamos vivir constantemente en la presencia de Dios, la gratitud es más que un simple lindo sentimiento que aflora en fechas especiales del año.  La gratitud para el cristiano es una respuesta a la gracia recibida y a la segura esperanza prometida por Dios a través de Jesús.

El apóstol Pablo coloca nuestra necesidad de vivir agradecidos dentro del contexto de exhortaciones e instrucciones que pueden servirnos durante esta semana de Thanksgiving como pie para nuestra reflexión este jueves y las discusiones alrededor de la mesa:

12Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. 13Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. 14Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía. 15Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos. (Colosenses 3:12-15, NTV)

  • Pablo nos llama a ser agradecidos bajo la sombrilla de la elección soberana de Dios de nuestras vidas para salvación.
  • Nuestra gratitud y el cambio en nuestras vidas son derivados y respuestas naturales del Evangelio y el poder transformador de la gracia de Dios sobre nuestras vidas.
  • El amor, la comprensión, el perdón y la gratitud son virtudes que son inseparables para quienes han sido tocados y traídos de vuelta a la vida por el Padre a través de Jesús, en el poder del Espíritu Santo.

16Estén siempre alegres. 17Nunca dejen de orar. 18Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:16-18, NTV)

  • En el contexto de las instrucciones finales que Pablo da en esta primera carta a los creyentes de Tesalónica, vemos que ser agradecidos es parte fundamental de nuestro cumplimiento de la voluntad de Dios.
  • Vemos que la voluntad de Dios se define en términos de lo que Dios ya ha ordenado para nosotros en lugar de la noción popular de que la voluntad de Dios es todo lo bueno que nosotros queremos y que deseamos que Dios nos conceda.
  • El gozo, la oración y la gratitud son nuevamente virtudes inseparables en la vida de aquellos que han sido verdaderamente transformados por la gracia de Dios.

Ante esto, ¿cómo enfrentar esta semana especial en que hablar de gratitud estará a la orden del día? ¿Cómo darle significado a la fecha más allá de la imitación de una costumbre foránea y de un artificial pico comercial?  La respuesta va más allá del simple buscar razones por las cuales estar agradecidos.  La Biblia nunca nos manda a eso, la Biblia nos manda a ser y estar agradecidos.  Pero….¿agradecidos por qué? Agradecidos por Jesús….nada más es necesario y ninguna otra razón podría superar jamás la inmensa misericordia mostrada por nosotros los pecadores en Jesús.

El Salmo 23, en su primer versículo nos recuerda que porque “El Señor es mi pastor”, entonces “tengo todo lo que necesito”. Otras traducciones lo dicen de esta manera: “…nada me faltará.” La tradicional traducción en inglés de este texto lo refuerza más aún: “I shall not want…” (“No querré nada más”).  Meditemos en el peso de estas palabras y que nuestra oración y vida sea cada vez más volcada a agradecer con humildad y rodilla doblada.  Allí nos encontraremos en la hermosa presencia de Dios….no necesitamos más.

 

Razones para Creer


yocreo-2(Este artículo lo escribí originalmente para y fue publicado por Revista Contrapoder el jueves 6 de octubre de 2016 bajo el título “En Defensa de la Religión”)

Creer. Creer…¿en qué? Creer…¿por qué? Creer…¿para qué? Vivimos un momento de la historia en que pareciera ser que todo debe ser cuestionado y debe ser cuestionable…especialmente todo aquello que reclama para sí mismo alguna medida de autoridad, se hace más que necesario e importante para quienes nos consideramos personas de fe estar listos para esto: “Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.” (1 Pedro 3:15b-16a , NTV)

 “Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo?  Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo.” De esta manera es dirige Escrútopo a Orugario en la primera de las Cartas del Diablo a su Sobrino, de C.S. Lewis –autor de las Crónicas de Narnia-.

El razonamiento detrás del argumento de Escrútopo es un contra argumento de lo que la cultura hoy grita a voces: debemos alejarnos de la fe y la religión porque son irracionales.  Este es uno de los argumentos más poderosos en contra de la fe hoy en día, pero Escrútopo –como buen viejo diablo- reconoce el error en este pensamiento. Él sabe que la fe NO ES irracional y que la religión no nos aleja de la razón…al contrario, nos libera de la esclavitud de nuestra naturaleza animal e instintiva: “Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio.  Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer.” (“Cartas del Diablo a su Sobrino”, C.S. Lewis).

 ¿Por qué es importante para el ser humano, entonces, creer, tener fe y profesar una religión?  Es importante responder a estas tres preguntas porque en la fluidez cultural que vivimos hoy, mucho del mensaje que se predica –desde los púlpitos y desde las redes sociales- es de que lo único que se necesita es “creer” o “tener fe” pero pareciera que es “creer en creer” o “tener fe en la fe” y esa ha sido la mayor frustración que genera tanta animosidad hacia la religión porque, entendiblemente, esa trampa del pensamiento positivo nos deja vacíos, insatisfechos y muchas veces, con sentimientos de culpa cuando no pareciera que tenemos suficiente fe para hacer que las cosas sucedan a nuestro favor.  Nuestra fe necesita un objeto un “en qué creer” y además, la experiencia de fe es una experiencia profundamente comunitaria e individual a la vez, aunque nunca individualista.  La fe, además, siempre apunta hacia fuera de sí misma, nunca ve hacia adentro –contrario al mantra cultural de “cree en ti”-, sino que busca constantemente aquello más grande que nosotros, aquello que sostiene, da forma y sentido a todo lo que nos rodea y orienta nuestra visión de futuro y esperanza.

En un mundo profundamente individualista y terriblemente desesperanzado, es a través de la fe y la religión –encontrada en la tradición judeocristiana- que tenemos la posibilidad de considerar “al otro”, a valorar y respetar a la persona humana en su dignidad e individualidad intrínsecas y de allí sale la posibilidad de construir comunidades que valoran la libertad individual, la responsabilidad y la solidaridad.  Es también a través de la fe judeocristiana que podemos hablar de manera concreta y certera de esperanza.  La esperanza en la tradición judeocristiana –la “escatología”- nos apunta hacia una solución definitiva y final al problema del mal, y elimina el miedo natural que nos genera la muerte…ese miedo que nos permite intuir que no fuimos diseñados para morir y que debe haber algo mejor.   Recordemos la desesperanza que el príncipe Hamlet plasmó en su inolvidable soliloquio:

La muerte, aquel país que todavía

está por descubrirse,

país de cuya lóbrega frontera

ningún viajero regresó, perturba

la voluntad, y a todos nos decide

a soportar los males que sabemos

más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos

haces unos cobardes, y la ardiente

resolución original decae

al pálido mirar del pensamiento.

Así también enérgicas empresas,

de trascendencia inmensa, a esa mirada

torcieron rumbo, y sin acción murieron.

(Hamlet, Acto 3 Escena 1, William Shakespeare)

 

Finalmente, a través de la religión podemos dar sentido a nuestra inclinación natural a creer en algo.  La tradición judeocristiana nos apunta hacia Jesús como “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2) y ancla en realidades históricas y objetivas nuestra esperanza.  En la concepción, vida, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesús vemos consumadas todas nuestras esperanzas (la posibilidad de ser verdaderamente humanos, el inmenso amor y misericordia de Dios por la humanidad, la realidad de las consecuencias de nuestra naturaleza malvada y la redención de esa naturaleza, y la esperanza real de vida eterna).

Como creación “maravillosamente compleja” (Salmo 139:14) de Dios, fuimos diseñados para creer en y conocer a Dios de manera directa y en relación con los demás.  Blaise Pascal, el ilustre filósofo y matemático del siglo XVII, lo dijo así: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios.  Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada.  Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús.” La posibilidad de que nuestra fe tenga sentido y sustancia comienza cuando reconocemos ese vacío y depositamos nuestra confianza y esperanza en Alguien infinitamente mayor que nosotros y vivimos esa esperanza en comunidad con otros conectados por una historia común que trasciende culturas, geografías y épocas.  La fe y la religión son inseparables porque como individuos, nuestra vida solo tiene sentido en comunidad.  La religión nos da ese espacio para encarnar nuestra fe, enriquecerla y fortalecerla.

Podemos insistir en querer tener “fe” aparte de la pertenencia a una religión o comunidad de fe.  Ese camino nos llevará a la construcción de nuestro propio “dios”, ese genio de la lámpara que nunca nos desafía y que nos alcahuetea en todo.  Nuestra mirada no será hacia arriba, sino hacia nuestro propio ombligo y poco a poco nos tornaremos más egoístas, menos humanos y nuestra esperanza irá languideciendo hasta que no nos quede otra más que ceder a la esclavitud de las circunstancias y las satisfacciones inmediatas en la infructuosa búsqueda del gozo.

Fuimos creados para más.  Fuimos creados para ser y para pertenecer.  Nuestros corazones anhelan conocer el amor y dentro de nosotros reside esa fuerte intuición de que tiene que haber algo mejor, algo más permanente, algo eterno que valga la pena.  El mundo visible y lo que podemos conocer de él a través de la ciencia y la investigación nos puede empezar a encaminar a encontrar esto que anhelamos y buscamos (Romanos 1:20)  pero la Verdad que anhelamos encontrar, la Verdad que libera (Juan 8:31-32), la Verdad que es objetivamente conocible (Juan 14:6) la hallaremos cuando nuestra fe y esperanza esté depositada en Jesús.  Cuando descubramos esto nos daremos cuenta que la fe y la religión no son una camisa de fuerza ni una opresiva lista de reglas y prohibiciones.  Cuando descubramos esto aprenderemos a vivir y convivir en verdadera libertad, amor y esperanza.

El Silencio del Sábado


2557237a2276406ad2b3feff46134314Hoy es el sábado que está en medio del Viernes Santo -en dónde recordamos la Crucifixión de Jesús- y el Domingo de Resurrección.  Es un día dentro del calendario litúrgico un poco extraño.  Lo único que tenemos registrado en las Escrituras acerca de ese día es lo siguiente:

“62Al día siguiente, que era el día de descanso, los principales sacerdotes y los fariseos fueron a ver a Pilato. 63Le dijeron:
—Señor, recordamos lo que dijo una vez ese mentiroso cuando todavía estaba con vida: “Luego de tres días resucitaré de los muertos”. 64Por lo tanto, le pedimos que selle la tumba hasta el tercer día. Eso impedirá que sus discípulos vayan y roben su cuerpo, y luego le digan a todo el mundo que él resucitó de los muertos. Si eso sucede, estaremos peor que al principio.
65Pilato les respondió:
—Tomen guardias y aseguren la tumba lo mejor que puedan.
66Entonces ellos sellaron la tumba y pusieron guardias para que la protegieran.” (Mateo 27:62-66, NTV)
Mientras el cuerpo de Jesús yacía en la tumba muerto, lo único que vemos de lo que pasó al día siguiente es la conspiración que se empezó a tramar para “protegerse” de lo que pudiera llegar a significar una potencial resurrección de Jesús o algún intento de falsearla.
Sin embargo, de los seguidores de Jesús no sabemos nada hasta el día siguiente.  De ellos solo sabemos que estaban todos reunidos en un mismo lugar, atemorizados, cuándo recibieron la noticia de la Resurrección.
Pero…regresemos al sábado.  En Guatemala lo conocemos como “Sábado de Gloria”, pero no vemos mucho de eso en la narrativa bíblica, al menos no en el mundo de los vivientes, con los discípulos de Jesús.  El día de reposo después de la Crucifixión parece ser ese extraño silencio en medio de una conversación incómoda en dónde cualquier cosa que se diga es un error.  ¿Cómo se habrán sentido los discípulos?
Dos noches antes, luego de que Jesús les había lavado los pies (Juan 13:1-17) y que Jesús los reconfortara en su misión e incluso, orara la más bella oración jamás pronunciada (Juan 14 al 17), ellos mismos abandonaron a Jesús de la manera más cobarde (Marcos 14:43-52).  Pedro niega a Jesús, Judas se suicida…todo es un desastre.  Al día siguiente, el juicio más injusto y los discípulos no les queda otra que seguir de lejos el drama y allí le vieron morir, colgado de una Cruz, gritando “¡Consumado es!” y expirando.  Vieron la lanza, escucharon los gritos y el horror de esa cruel escena y de allí, no les quedó otra que retirarse a sus casas a “celebrar” el Día de Reposo….y no cualquier día, el que caía justo en la celebración de la Pascua.
Ese sábado seguro fue silencioso.  Para nosotros, es difícil imaginarnos la escena porque conocemos la historia.  El día que sucedió, ese grupo de discípulos no tenía la más mínima idea de que esperar.  Entre la vergüenza de traicionar a Jesús, la tristeza y angustia de saber que yacía en una tumba, el miedo al Sanedrín y a las tropas romanas…no les quedaba otra que esconderse y guardar silencio.
En teoría musical, se nos enseña que pocas cosas hacen tan bella una melodía y pocas cosas son tan importantes para la estructura de una obra que los silencios.  Los silencios marcan ritmo, cadencia y son los puentes que nos ayudan a navegar de una sección de la pieza musical hacia otra.
Me pregunto si el extraño silencio del sábado no es así.  No sabemos cómo observar ese día, no existen mayores actividades en las iglesias.  Quizás lo único que nos queda es el silbido del viento apacible (1 Reyes 19:9-13) y suave susurro de aquellas palabras de antaño que nos recuerdan:
“¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios!”

¡Maranatha! La esperanza olvidada…


maranatha-watermarkEstamos iniciando Semana Santa en este 2016.  Mañana miércoles arranca de manera oficial el descanso para la gran mayoría de personas que tienen la oportunidad de tomarse dos días y medio y descansar, participar de las actividades religiosas de la época o salir de viaje a algún destino turístico doméstico o extranjero.

Al mismo tiempo, y de manera paradójica, leemos de terribles acontecimientos que suceden a nuestro alrededor.  El crimen y corrupción diarios que nos afectan aquí en Guatemala, el terrorismo del Estado Islámico que está pegando fuerte en Europa y los pequeños problemas del día a día nos van desgastando y nos van pintando un panorama futuro que, lejos de ser motivador, pareciera jalarnos cada vez más profundo en un hoyo negro de desesperanza.

Como cristianos, somos herederos y a la vez, heraldos de esperanza. Nuestra fe está hecha para ser proclamada.  Anunciamos una gran noticia -el Evangelio- y pregonamos una gran esperanza -la Vida Eterna-.  Lamentablemente, y más en los últimos tiempos, hemos cambiado ese anuncio.  Hemos reducido el Evangelio a un mero recetario de tips para una vida mejor -aquí y ahora- y nuestra esperanza anclada en cuántas etiquetas de #blessed podamos escribir en nuestras redes sociales o el nivel de “liderazgo” o “influencia” podamos alcanzar en nuestra vida.  Vemos las tragedias a nuestro alrededor y pedimos al “mesías” gobierno que nos rescate y colocamos nuestra esperanza en un nuevo líder, una nueva campaña, un nuevo movimiento social.

Nuestra pobre eclesiología -derivada de un entendimiento de Jesús empobrecido y alejado de la historia y ortodoxia de la Iglesia- ha llevado a que perdamos el sentido encarnado y comunitario de la comunidad de fe que se reúne a recordar y a anunciar la esperanza del Evangelio.  Abandonamos la iglesia a favor de una pantalla, abandonamos la vida sacramental en favor de la conveniencia y hemos dejado que la cultura dicte la manera en que proclamamos el Mensaje…sustituyéndolo por motivación, culpa y semana tras semana de anécdotas personales desconectadas de la narrativa bíblica.

Pero no todo está perdido.  Dispersada a lo largo de varios pasajes del Nuevo Testamento, encontramos una idea que muchas veces pasamos de largo pero que encierra en sí misma el corazón de la esperanza cristiana: Maranatha. ¿Qué significa esta pequeña palabra tan llena de significado?

La definición de MIAPIC (Ministerio de Apologética Cristiana) la define así:

La palabra Maranatha no es una palabra Griega (“marán athá”) sino una transliteración de la palabra Aramea “mâran’athâ’” la cual ha sido traducida como: “[nuestro] Señor ha venido [viene]” o “[nuestro] Señor es el signo.” También es posible dividir la palabra “mâranâ’thâ” cambiándola a la frase en imperativo “(nuestro) Señor, ¡ven!”

Esta expresión solamente aparece en 1ª Corintios 16:22 y parece ser que era usada como un saludo recordatorio con relación a la Segunda Venida del Señor:

  • Filipenses 4:5: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.”2
  • Santiago 5:8: “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” (Ver también Apocalipsis 1:7).

En estos dos versículos —de autores diferentes— se nos muestra la eminente venida del Señor; y vemos, particularmente en el versículo de Santiago, que el Cristiano no debe perder la paciencia frente a las adversidades sino que ha de fortalecer su corazón con la venida del Señor.

La esperanza cristiana descansa en la promesa del regreso del Señor Jesús.  Como cristianos afirmamos que Dios el Hijo (la Segunda Persona de la Trinidad) tomó forma de hombre (Juan 1, Filipenses 2) y a través de Su vida en la Tierra sin pecado y Su sacrificio propiciatorio en la Cruz, satisfizo la ira de Dios por el pecado de toda la humanidad.  Porque Jesús es Dios, la muerte no pudo retenerlo y tres días después de haber muerto, Él resucitó de entre los muertos, derrotando una vez y para siempre al diablo, el pecado y la muerte.  Cuarenta días después de haber resucitado, Jesús ascendió a los cielos y mientras subía, el ángel del Señor le recordó a Sus discípulos:

“11«Hombres de Galilea —les dijeron—, ¿por qué están aquí parados, mirando al cielo? Jesús fue tomado de entre ustedes y llevado al cielo, ¡pero un día volverá del cielo de la misma manera en que lo vieron irse!».” (Hechos 1:11, NTV)
La vida cristiana toda debe girar alrededor de esta promesa.  ¡Jesús va a regresar! En Navidad, los cristianos en el mundo recuerdan la Encarnación, el momento definitivo en que Dios entra en la historia de la humanidad para reconciliarnos de vuelta con el Padre (Colosenses 1).  Durante Semana Santa recordamos el sacrificio de Jesús en la Cruz y Su Resurrección.  En medio de todo esto, la Iglesia tiene la oportunidad de semanalmente recordar y anunciar.  Recordar que Jesús vino a morir por nuestros pecados y que resucitó, y a la vez, anunciar que regresará:
23Pues yo les transmito lo que recibí del Señor mismo. La noche en que fue traicionado, el Señor Jesús tomó pan 24y dio gracias a Dios por ese pan. Luego lo partió en trozos y dijo:«Esto es mi cuerpo, el cual es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mí». 25De la misma manera, tomó en sus manos la copa de vino después de la cena, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, un acuerdo confirmado con mi sangre. Hagan esto en memoria de mí todas las veces que la beban». 26Pues, cada vez que coman este pan y beban de esta copa, anuncian la muerte del Señor hasta que él vuelva. (1 Corintios 11:23-26, NTV
La Biblia termina clamando por el pronto regreso de Jesús:
20Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!».
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios. (Apocalipsis 22:20-21, NTV)
Como cristianos, ¿dónde estamos poniendo nuestra esperanza? La pésima lectura apocalíptica de los últimos 20 años, han causado que le tengamos miedo al estudio de la escatología.  Las constantes discusiones entre las distintas corrientes de pensamiento escatológicos confunden más de lo que construyen y generalmente, terminan frustrando a los creyentes  La obsesión de cómo, cuándo y dónde serán los “últimos tiempos” ha nublado nuestra visión de la realidad objetiva más importante acerca de esto: ¡Jesús viene! Y no solamente que viene….¡Jesús viene y ESO ES BUENO! El regreso de Jesús no es una tragedia.  El mundo no se acaba…es mundo se restaura.  La paz que anhelamos se transformará en el verdadero shalom de Dios y todo, todo, todo, estará verdadera y eternamente bien.  Pero de todo eso, lo más importante es que Él estará con nosotros:
3Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. 4Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más». (Apocalipsis 21:3-4, NTV)
3Ya no habrá más maldición sobre ninguna cosa, porque allí estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos lo adorarán.4Verán su rostro y tendrán su nombre escrito en la frente. 5Allí no existirá la noche —no habrá necesidad de la luz de lámparas ni del sol— porque el Señor Dios brillará sobre ellos. Y ellos reinarán por siempre y para siempre. (Apocalipsis 22:3-5, NTV)
Anhelar el retorno de Jesús no es escapismo.  Anhelar el retorno de Jesús, especialmente cuando vemos cara a cara la tragedia, es lanzarnos en fe hacia la esperanza, hacia el futuro.  Cuando todo a nuestro alrededor apunta a la destrucción y la desesperanza, la fe nos apunta a la restauración, hacia la oportunidad, hacia la esperanza…y a una esperanza que no está restringida al orden temporal, a la decadencia, al deterioro….es una esperanza eterna, objetiva y más tangible de lo que nos podemos imaginar.
Esta Semana Santa hablemos de esperanza, de la esperanza que hay en Jesús.  Sentémonos  alrededor de la mesa con un pedazo de pan y una copa de vino y recordemos Su muerte, resurrección y ascensión…y no dejemos de anunciar con alegría Su retorno.
Los dejo con una canción vieja que nos ayuda a tener en mente que como Iglesia, como cristianos, debemos anhelar y pedir por el pronto retorno de nuestro Señor a la Tierra: