El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!

Hora de ser Evangélicos


(Este artículo fue originalmente escrito para Actitud News y está disponible aquí)

five_solas-1024x764Para la gran mayoría de guatemaltecos, no es ningún secreto que la iglesia evangélica está atravesando una de sus peores crisis de liderazgo y credibilidad.  Los casos que se han vuelto materia de opinión pública que involucran a líderes de alto perfil dentro de la comunidad evangélica en Guatemala generan dudas, sospechas y sin duda, han sido la gota que ha derramado el vaso para personas que hoy han abandonado sus iglesias.

Es difícil ponderar esto contra lo que tuve la oportunidad de vivir en el funeral del Dr. Virgilio Zapata.  Ese día no solo fue de despedir a un venerable anciano, sino también de reflexionar al ver la cantidad de cabezas canadas de hombres y mujeres que sufrieron de maneras inimaginables aquí en Guatemala para entregarnos la libertad que hoy como evangélicos podemos disfrutar en Guatemala, libertad que ha sido bien aprovechada por muchos y despilfarrada por otros tantos.

No es un tiempo para regodearse y señalar a quienes presuntamente han caído.  Lo cierto es que todos nosotros hemos caído.  Que los pecados –o presuntos pecados- de unos sean más públicos que los nuestros no debe ser causa de gozo, burla o señalamiento.  Es un momento de autocrítica, de reflexión, de arrepentimiento y de doblar rodillas.

Como cristianos, confiamos en la suficiencia de la Palabra de Dios.  Un tercio del libro de Salmos –el libro de oración por excelencia- son salmos de lamento, de lágrimas, de rendirse en impotencia ante Dios confiando en Su rescate, perdón y misericordia.  Es tiempo de clamar porque el Espíritu Santo nos convenza de pecado, nos guíe al arrepentimiento y la verdad, nos consuele y recuerde que la garantía de nuestra salvación está en Él y no en la perfección moral de nuestros líderes.

Si somos honestos, es muy probable que muchos de nosotros hayamos pecado de maneras más deplorables que lo que se le acusa a estas personas hoy.  Tito nos recuerda que nuestro respeto a las autoridades no nace de un acto de perfección moral de cada uno de nosotros, sino de recordar justamente nuestra imperfección, nuestro pecado y a la vez, la esperanza certera que tenemos en la salvación que nos ha sido provista por Jesús.  Debemos atrevernos a caminar en ese nivel de humildad y vulnerabilidad.  Debemos aprender a perdonar por el perdón que hemos recibido, y al mismo tiempo, a construir un nuevo liderazgo dentro de la iglesia que busque la reforma que tanto necesitamos, una reforma que se centre, gire y nos impulse hacia el frente de acuerdo a la Palabra de Dios.

En donde el liderazgo hoy es cuestionado a todo nivel, es el papel de cada uno de nosotros reconstruir lo que ha sido destruido.  En donde ante la opinión pública se nos invita a desconfiar y despreciar a los caídos, estamos llamados al radical acto del perdón y a la vez, de la restitución de la confianza perdida a través del valiente y esperanzador acto de la confesión y de asumir la responsabilidad en aquellos casos en donde se demuestre culpabilidad.

La iglesia se sostiene por el poder de la Palabra de Dios.  Somos una institución conformada por seres humanos, pero sostenida sobrenaturalmente por Dios.  Esa ha sido, es y seguirá siendo nuestra historia a través de los años hasta el día en que Jesús regrese y nos cambie las vestiduras en cumplimiento con su promesa de hacernos una Novia blanca, pura y sin mancha.

El llamado para los líderes de las distintas congregaciones es el mismo que el llamado para cada uno de nosotros y cada persona que aún no cree: ¡arrepiéntanse y crean en el Evangelio!  No hay lugar más seguro que la Cruz a dónde llevar nuestra culpabilidad y tampoco hay mejor lugar en donde reconstruir nuestra esperanza.  Hoy la caña está cascada.  Hoy el pábilo está humeante.  Hoy podemos confiar fielmente en la promesa de Jesús….que a pesar de nuestra condición, Él no nos dejará así.

Es hora de creer el Evangelio y atrevernos a vivir en respuesta al mismo.  Es hora de ser evangélicos.

Cerrar filas alrededor de la Cruz


“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
131120131627421Vivimos momentos difíciles como iglesia cristiana en Guatemala.  El entorno cultural y social se ha tornado cada vez más agresivo hacia cualquier institución que simbolice algún tipo de autoridad o que pretenda marcar una dirección moral para la nación.  La “lucha contra la corrupción” ha cobrado sus víctimas a diestra y siniestra.  Sin duda, muchas de las personas sindicadas han sido sindicadas con razón y el tiempo y el debido proceso nos dará los resultados.  Otros han sido arrastrados como parte del maremoto de desconfianza hacia las estructuras tradicionales de autoridad en el país.
En medio de esa tormenta, la Iglesia -y concretamente la Iglesia Evangélica- está atravesando sus propias tormentas.  Cuatro casos paradigmáticos han marcado esta crisis:
  1. El caso de “la bandera” que impactó a Casa de Dios
  2. El caso de irregularidades en un negocio de bienes raíces que impactó a Bethania en Quetzaltenango
  3. El caso contra el hijo de Sergio Enríquez por lavado de dinero que impactó a Eben Ezer
  4. El caso de la demanda de paternidad en contra de Jorge H. López que impactó a Fraternidad Cristiana

De estos casos, el que quizás -a mi juicio- ha sido mejor manejado y que merece todo mi respeto y consideración es la manera en que Fraternidad Cristiana ha manejado la situación (ver comunicado oficial aquí) y más allá de eso, la vulnerabilidad, humildad y esperanza mostrada por Alex López -hijo mayor de Jorge H. López- en su más reciente blog titulado “Llorar de gratitud en la dirección correcta”.  Alex escribe:

“Es el sacrificio del Justo en la cruz del Calvario, el que permite que el Dios justo que no tolera el pecado y castiga al pecador, sea a la vez el que justifica. Es su sacrificio el que aplaca la ira de Dios, es su sacrificio como Jesús me sustituye ante el Padre en el castigo que debía recibir. Es su sacrificio el que me limpia de pecados, mi conciencia, me declara justo ante el Padre, me hace nacer de nuevo en mi espíritu y el que me da el poder para llevar una nueva vida.”

En medio de la crisis, en medio de esta tormenta que a los ojos de la opinión pública busca minar la confianza en la Iglesia Evangélica como institución, párrafos como este revelan el punto de reunión alrededor del cual todos los que hoy en Guatemala afirmamos la fe cristiana evangélica debemos reunirnos: la Cruz.

No es tiempo para excusas, justificaciones e incluso, tampoco es tiempo para echarle la culpa al diablo por todo.  Esta es la gran oportunidad para la Iglesia en Guatemala de mostrarse humana, quebrantada, llena de amor por los suyos y de rodillas clamando por misericordia, perdón y esperanza.

Jesús nos dijo cuando instituyó la Santa Cena, ese momento eucarístico que recuerda y reafirma la esperanza que tenemos en Él:

“Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Al orar por nosotros, Jesús le pidió al Padre:

»Mi oración no es por el mundo, sino por los que me has dado, porque te pertenecen. Todos los que son míos te pertenecen, y me los has dado, para que me den gloria. Ahora me voy del mundo; ellos se quedan en este mundo, pero yo voy a ti. Padre santo, tú me has dado tu nombre; ahora protégelos con el poder de tu nombre para que estén unidos como lo estamos nosotros. Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras.
»Ahora voy a ti. Mientras estuve con ellos en este mundo, les dije muchas cosas para que estuvieran llenos de mi alegría. Les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo. Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.
»No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:9-21, NTV)
Es tiempo de unidad y de amor.  Es tiempo de mostrar al mundo que no huimos excusando el pecado, sino que lo enfrentamos con humildad y esperanza, confiando en la suficiencia del sacrificio de Jesús en la Cruz.  Como dice el salmista:
“Oh Señor, te entrego mi vida.
¡Confío en ti, mi Dios!
No permitas que me avergüencen,
ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota.
Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado,
pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros.
Muéstrame la senda correcta, oh Señor;
señálame el camino que debo seguir.
Guíame con tu verdad y enséñame,
porque tú eres el Dios que me salva.
Todo el día pongo en ti mi esperanza.
Recuerda, oh Señor, tu compasión y tu amor inagotable,
que has mostrado desde hace siglos.
No te acuerdes de los pecados de rebeldía durante mi juventud.
Acuérdate de mí a la luz de tu amor inagotable,
porque tú eres misericordioso, oh Señor.” (Salmo 25:1-7, NTV)
Es tiempo de vulnerabilidad y de reconocer que necesitamos arrepentirnos aún de aquello de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo, es pecado delante de Dios:
“¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.” (Salmo 19:12-13. NTV)
El testimonio que Guatemala necesita de la Iglesia es ese….el arrepentimiento continuo lleno de esperanza y fe en la obra completa de Jesús, en Su vida sin pecado, Su sacrificio propiciatorio, Su resurrección, ascensión y promesa de retorno como fundamento de nuestra esperanza.  Viviendo a la luz de eso, podremos entre nosotros como iglesia amarnos los unos a los otros en nuestras congregaciones locales, llamarnos al arrepentimiento y exhortarnos a buenas obras.  Solamente la gracia de Dios podrá hacer eso en nosotros y el único camino para eso es Jesús…
No olvidemos que siempre, siempre, siempre hay lugar a los pies de la Cruz y que la promesa de la fiesta en el cielo es para TODO pecador que se arrepiente, cada vez que se arrepiente porque quiere decir, como escribió Alex López, que estamos llorando en la dirección correcta en donde ninguna lágrima de tristeza, quebrantamiento o arrepentimiento pasa desapercibida o es en vano.
Es hora de cerrar filas alrededor de la Cruz…ese es nuestro Castillo Fuerte. ¡Siempre hay esperanza!

Esperanza para Sammy y Jose Manuel


esperanza018.jpgEl día de hoy amanecimos con una nueva noticia de acciones de alto impacto por parte del Ministerio Público en Guatemala.  Meses después de que se presentaran algunos indicios de la posible participación de Sammy -hermano del presidente Jimmy Morales- y de Jose Manuel -hijo del presidente Jimmy Morales- en acciones ilícitas relacionadas al Registro de la Propiedad, el día de hoy se produjo la captura de Sammy y se presentó una solicitud para que Jose Manuel se presente a tribunales para someterse al proceso.

Sin duda alguna, esta noticia ocupará mucho de nuestras conversaciones hoy y veremos un sin fin de comentarios, memes, publicaciones y opiniones al respecto.  Sin embargo, creo que debemos ejercer mucha prudencia, especialmente en el adelantar juicio y condena pública hasta que el proceso de nuestro sistema de justicia haya corrido su curso.

Ante todo, debemos siempre tener en nuestra mente y corazón muy presente la admonicion de Jesús:

1»No juzguen a los demás, y no serán juzgados. 2Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás.El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.
3»¿Y por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo,cuando tú tienes un tronco en el tuyo?4¿Cómo puedes pensar en decirle a tu amigo:“Déjame ayudarte a sacar la astilla de tu ojo”, cuando tú no puedes ver más allá del tronco que está en tu propio ojo? 5¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo. (Mateo 7:1-5, NTV)
1Jesús regresó al monte de los Olivos, 2pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. 3Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.
4«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. 5La ley de Moisés manda apedrearla, ¿tú qué dices?».
6Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. 7Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». 8Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.
9Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron sólo Jesús y la mujer en medio de la multitud. 10Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?
11—Ni uno, Señor —dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más. (Juan 8:1-11, NTV)
También hemos de recordar el papel legítimo de las autoridades temporales en castigar a aquellos que hacen mal y debemos confiar que las nuestras -MP y Organismo Judicial- están cumpliendo con su deber de manera genuina y honesta:
1Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios. 2Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado. 3Pues las autoridades no infunden temor a los que hacen lo que está bien, sino en los que hacen lo que está mal. ¿Quieres vivir sin temor a las autoridades? Haz lo correcto, y ellas te honrarán. 4Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo. 5Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.
6Por esas mismas razones, también paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen. 7Ustedes den a cada uno lo que le deben: paguen los impuestos y demás aranceles a quien corresponda, y den respeto y honra a los que están en autoridad. (Romanos 13:1-7, NTV)
Sobre todo esto, hemos de ser muy agresivos e intencionales en recordar que tanto para Sammy, como para Jose Manuel, esto no es el fin de todo.  La ley seguirá su curso y el proceso nos dictaminará si son culpables o inocentes.  Sin embargo, si ellos han puesto su esperanza en Jesús, delante de Él, en lo que respecta a su pecado y las consecuencias eternas del mismo, SON INOCENTES:
22Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.
23Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. 24Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. 25Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado,26porque miraba hacia el futuro y de ese modo los incluiría en lo que llevaría a cabo en el tiempo presente. Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque él mismo es justo e imparcial, y declara a los pecadores justos a sus ojos cuando ellos creen en Jesús. (Romanos 3:22-26, NTV)
1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:1-10, NTV)
Anclados sobre esta esperanza, Sammy y Jose Manuel pueden con libertad asumir la responsabilidad por los actos de los que se les acusa -en el caso de ser culpables de los mismos- y delante de Dios arrepentirse y apegarse a la promesa del Evangelio:
8No lamento haberles enviado esa carta tan severa, aunque al principio sí me lamenté porque sé que les causó dolor durante un tiempo. 9Ahora me alegro de haberla enviado, no porque los haya lastimado, sino porque el dolor hizo que se arrepintieran y cambiaran su conducta. Fue la clase de tristeza que Dios quiere que su pueblo tenga, de modo que no les hicimos daño de ninguna manera. 10Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, al cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual. (2 Corintios 7:8-10, NTV)
14Más tarde, después del arresto de Juan, Jesús entró en Galilea, donde predicó la Buena Noticia de Dios.15«¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios! —anunciaba—. ¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!». (Marcos 1:14-15, NTV)
8El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.
9Guía a los humildes para que hagan lo correcto;
les enseña su camino. (Salmo 25:8-9, NTV)
En nosotros y en ellos, debe prevalecer una actitud como la del cobrador de impuestos y no como la del fariseo:
9Luego Jesús contó la siguiente historia a algunos que tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás: 10«Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos. 11El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración:“Te agradezco, Dios, que no soy un pecador como todos los demás. Pues no engaño, no peco y no cometo adulterio. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos! 12Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.
13»En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh, Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”. 14Les digo que fue este pecador —y no el fariseo— quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados». (Lucas 18:8-14, NTV)
Es el momento de que los pastores que acompañaron a la familia Morales en la campaña, hoy más que nunca puedan ministrarles a todos como familia y buscar allí la restauración de Dios:
13¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. ¿Alguno está feliz? Que cante alabanzas. 14¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado.
16Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos. (Santiago 5:13-16, NTV)
Estos días serán difíciles, pero para quienes confían en Jesús, no son días sin esperanza en medio de la disciplina del castigo y el proceso legal:
1Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. 2Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.Debido al gozoque le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios.3Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores,así no se cansarán ni se darán por vencidos. 4Después de todo, ustedes aún no han dado su vida en la lucha contra el pecado.
5¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo:
«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor
y no te des por vencido cuando te corrija.
6Pues el Señor disciplina a los que ama
y castiga a todo el que recibe como hijo».
7Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? 8Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos. 9Ya que respetábamos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, entonces, ¿acaso no deberíamos someternos aún más a la disciplina del Padre de nuestro espíritu, y así vivir para siempre?
10Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad. 11Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella.
12Por lo tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus rodillas debilitadas. 13Tracen un camino recto para sus pies, a fin de que los débiles y los cojos no caigan, sino que se fortalezcan. (Hebreos 12:1-13, NTV)
¡Qué prevalezca el Estado de Derecho, que se cumpla la ley y que nuestros corazones no se contaminen con atribuirnos justicia que no nos corresponde y juicio que no es prerrogativa nuestra emitir!
14Bendigan a quienes los persiguen. No los maldigan, sino pídanle a Dios en oración que los bendiga.15Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran. 16Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo!
17Nunca devuelvan a nadie mal por mal. Compórtense de tal manera que todo el mundo vea que ustedes son personas honradas. 18Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos.
19Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras:
«Yo tomaré venganza;
yo les pagaré lo que se merecen»,
dice el Señor.
20En cambio,
«Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer.
Si tienen sed, dales de beber.
Al hacer eso, amontonarás
carbones encendidos de vergüenza sobre su cabeza».
21No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien. (Romanos 12:14-21, NTV)
12¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
13¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.
14Que las palabras de mi boca
y la meditación de mi corazón
sean de tu agrado,
oh Señor, mi roca y mi redentor. (Salmo 19:12-14, NTV)
Siempre, siempre, siempre, ¡hay esperanza!

¡Vuelve! La Gran Esperanza Navideña


La temporada de Adviento y la celebración cristiana de Navidad son el punto de encuentro de dos grandes verdades para los cristianos: la promesa cumplida de la venida de Jesús a la Tierra para redimirnos de nuestros pecados y reconciliarnos de vuelta al Padre (Colosenses 1:19-20) y la anticipación al cumplimiento de la promesa de que Jesús regresará por nosotros quienes hemos puesto nuestra confianza en Él (Hechos 1:6-11).

De allí que Navidad es una catapulta hacia el futuro.  Navidad es la evidencia de la fidelidad de Dios y nos coloca en terreno firme para tener la certza de que la promesa futura será cumplida muchísimo más allá de nuestras expectativas.

Durante esta y quizás en todas las navidades del pasado y seguro del futuro, alrededor nuestro experimentaremos al lado de la inmensa alegría de la época, la nostalgia, tristeza y dolor de la pérdida que acompaña la experiencia humana en un mundo caído.  Metas quedarán sin cumplirse, relaciones habrán sufrido daño y desgaste y personas que amamos morirán.

La esperanza del Segundo Adviento nos ayuda, en medio de las circunstancias difíciles que hoy podemos estar viviendo, a ser fortalecidos por las palabras del Apóstol Pablo:

51Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! 52Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados. 53Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.
54Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura:
«La muerte es devorada en victoria.
55Oh muerte, ¿dónde está tu victoria?
Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?».
56Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder. 57¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo.
58Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. (1 Corintios 15:51-58, NTV)
El Apóstol Juan también nos reafirma la esperanza segura que nos aguarda y que al celebrar Navidad podemos siempre recordar y ser fortalecidos en ella…especialmente cuando nos cuesta entrar en el “espíritu navideño” por las circunstancias del mundo caído en el que vivimos:
1Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. 2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo.
3Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.4Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».
5Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza». 6También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida. 7Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos. (Apocalipsis 21:1-7, NTV)
La verdadera esperanza navideña está allí entonces….en anhelar fervientemente y esperar con fe el regreso del Señor Jesús y ver cumplidas allí anhelos y sueños que hoy ni siquiera somos capaces de empezar a imaginar.
17El Espíritu y la esposa dicen: «Ven». Que todos los que oyen esto, digan: «Ven». Todos los que tengan sed, vengan. Todo aquel que quiera, beba gratuitamente del agua de la vida. 18Yo declaro solemnemente a todos los que oyen las palabras de la profecía escritas en este libro: si alguien agrega algo a lo que está escrito aquí, Dios le agregará a esa persona las plagas que se describen en este libro. 19Y si alguien quita cualquiera de las palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa que se describen en este libro.
20Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!».
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios. (Apocalipsis 22:17-21, NTV)
Les dejo esta canción que seguramente no entra dentro de la mayoría de playlists de la época, pero que espero nos ayude a reafirmar hoy y siempre esta hermosa esperanza que sostiene nuestras vidas:
¡Feliz Navidad y….MARANATHA!

La Gratitud que Necesitamos


palabras-de-reflexion-gratitudEste próximo jueves se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias.  En Guatemala, esta fecha ha venido adquiriendo popularidad y no es extraño ver a más familias y grupos de amigos reunirse a celebrar.  Independiente de las razones de por qué o cómo llegó a implantarse esta celebración en nuestra cultura, hay aquí una inmensa oportunidad para recordar y fortalecer uno de los pilares más importantes de la vida cristiana: la gratitud.

El Salmo 100:4 nos recuerda que las llaves a la presencia de Dios son la gratitud y la alabanza.  La gratitud nos mantiene humildes ante la majestad, grandeza y absoluta soberanía de Dios sobre toda las cosas, todas las personas y todas las circunstancias.  Nos recuerda nuestro lugar como criaturas delante de un Creador que es santo y misericordioso y como consecuencia de eso, transforma la manera en que reaccionamos a lo bueno y lo malo en la vida y la manera en que tratamos y nos relacionamos con nuestros semejantes, con nuestro prójimo.

Como cristianos que buscamos vivir constantemente en la presencia de Dios, la gratitud es más que un simple lindo sentimiento que aflora en fechas especiales del año.  La gratitud para el cristiano es una respuesta a la gracia recibida y a la segura esperanza prometida por Dios a través de Jesús.

El apóstol Pablo coloca nuestra necesidad de vivir agradecidos dentro del contexto de exhortaciones e instrucciones que pueden servirnos durante esta semana de Thanksgiving como pie para nuestra reflexión este jueves y las discusiones alrededor de la mesa:

12Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. 13Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. 14Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía. 15Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos. (Colosenses 3:12-15, NTV)

  • Pablo nos llama a ser agradecidos bajo la sombrilla de la elección soberana de Dios de nuestras vidas para salvación.
  • Nuestra gratitud y el cambio en nuestras vidas son derivados y respuestas naturales del Evangelio y el poder transformador de la gracia de Dios sobre nuestras vidas.
  • El amor, la comprensión, el perdón y la gratitud son virtudes que son inseparables para quienes han sido tocados y traídos de vuelta a la vida por el Padre a través de Jesús, en el poder del Espíritu Santo.

16Estén siempre alegres. 17Nunca dejen de orar. 18Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:16-18, NTV)

  • En el contexto de las instrucciones finales que Pablo da en esta primera carta a los creyentes de Tesalónica, vemos que ser agradecidos es parte fundamental de nuestro cumplimiento de la voluntad de Dios.
  • Vemos que la voluntad de Dios se define en términos de lo que Dios ya ha ordenado para nosotros en lugar de la noción popular de que la voluntad de Dios es todo lo bueno que nosotros queremos y que deseamos que Dios nos conceda.
  • El gozo, la oración y la gratitud son nuevamente virtudes inseparables en la vida de aquellos que han sido verdaderamente transformados por la gracia de Dios.

Ante esto, ¿cómo enfrentar esta semana especial en que hablar de gratitud estará a la orden del día? ¿Cómo darle significado a la fecha más allá de la imitación de una costumbre foránea y de un artificial pico comercial?  La respuesta va más allá del simple buscar razones por las cuales estar agradecidos.  La Biblia nunca nos manda a eso, la Biblia nos manda a ser y estar agradecidos.  Pero….¿agradecidos por qué? Agradecidos por Jesús….nada más es necesario y ninguna otra razón podría superar jamás la inmensa misericordia mostrada por nosotros los pecadores en Jesús.

El Salmo 23, en su primer versículo nos recuerda que porque “El Señor es mi pastor”, entonces “tengo todo lo que necesito”. Otras traducciones lo dicen de esta manera: “…nada me faltará.” La tradicional traducción en inglés de este texto lo refuerza más aún: “I shall not want…” (“No querré nada más”).  Meditemos en el peso de estas palabras y que nuestra oración y vida sea cada vez más volcada a agradecer con humildad y rodilla doblada.  Allí nos encontraremos en la hermosa presencia de Dios….no necesitamos más.

 

Razones para Creer


yocreo-2(Este artículo lo escribí originalmente para y fue publicado por Revista Contrapoder el jueves 6 de octubre de 2016 bajo el título “En Defensa de la Religión”)

Creer. Creer…¿en qué? Creer…¿por qué? Creer…¿para qué? Vivimos un momento de la historia en que pareciera ser que todo debe ser cuestionado y debe ser cuestionable…especialmente todo aquello que reclama para sí mismo alguna medida de autoridad, se hace más que necesario e importante para quienes nos consideramos personas de fe estar listos para esto: “Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.” (1 Pedro 3:15b-16a , NTV)

 “Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo?  Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo.” De esta manera es dirige Escrútopo a Orugario en la primera de las Cartas del Diablo a su Sobrino, de C.S. Lewis –autor de las Crónicas de Narnia-.

El razonamiento detrás del argumento de Escrútopo es un contra argumento de lo que la cultura hoy grita a voces: debemos alejarnos de la fe y la religión porque son irracionales.  Este es uno de los argumentos más poderosos en contra de la fe hoy en día, pero Escrútopo –como buen viejo diablo- reconoce el error en este pensamiento. Él sabe que la fe NO ES irracional y que la religión no nos aleja de la razón…al contrario, nos libera de la esclavitud de nuestra naturaleza animal e instintiva: “Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio.  Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer.” (“Cartas del Diablo a su Sobrino”, C.S. Lewis).

 ¿Por qué es importante para el ser humano, entonces, creer, tener fe y profesar una religión?  Es importante responder a estas tres preguntas porque en la fluidez cultural que vivimos hoy, mucho del mensaje que se predica –desde los púlpitos y desde las redes sociales- es de que lo único que se necesita es “creer” o “tener fe” pero pareciera que es “creer en creer” o “tener fe en la fe” y esa ha sido la mayor frustración que genera tanta animosidad hacia la religión porque, entendiblemente, esa trampa del pensamiento positivo nos deja vacíos, insatisfechos y muchas veces, con sentimientos de culpa cuando no pareciera que tenemos suficiente fe para hacer que las cosas sucedan a nuestro favor.  Nuestra fe necesita un objeto un “en qué creer” y además, la experiencia de fe es una experiencia profundamente comunitaria e individual a la vez, aunque nunca individualista.  La fe, además, siempre apunta hacia fuera de sí misma, nunca ve hacia adentro –contrario al mantra cultural de “cree en ti”-, sino que busca constantemente aquello más grande que nosotros, aquello que sostiene, da forma y sentido a todo lo que nos rodea y orienta nuestra visión de futuro y esperanza.

En un mundo profundamente individualista y terriblemente desesperanzado, es a través de la fe y la religión –encontrada en la tradición judeocristiana- que tenemos la posibilidad de considerar “al otro”, a valorar y respetar a la persona humana en su dignidad e individualidad intrínsecas y de allí sale la posibilidad de construir comunidades que valoran la libertad individual, la responsabilidad y la solidaridad.  Es también a través de la fe judeocristiana que podemos hablar de manera concreta y certera de esperanza.  La esperanza en la tradición judeocristiana –la “escatología”- nos apunta hacia una solución definitiva y final al problema del mal, y elimina el miedo natural que nos genera la muerte…ese miedo que nos permite intuir que no fuimos diseñados para morir y que debe haber algo mejor.   Recordemos la desesperanza que el príncipe Hamlet plasmó en su inolvidable soliloquio:

La muerte, aquel país que todavía

está por descubrirse,

país de cuya lóbrega frontera

ningún viajero regresó, perturba

la voluntad, y a todos nos decide

a soportar los males que sabemos

más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos

haces unos cobardes, y la ardiente

resolución original decae

al pálido mirar del pensamiento.

Así también enérgicas empresas,

de trascendencia inmensa, a esa mirada

torcieron rumbo, y sin acción murieron.

(Hamlet, Acto 3 Escena 1, William Shakespeare)

 

Finalmente, a través de la religión podemos dar sentido a nuestra inclinación natural a creer en algo.  La tradición judeocristiana nos apunta hacia Jesús como “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2) y ancla en realidades históricas y objetivas nuestra esperanza.  En la concepción, vida, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesús vemos consumadas todas nuestras esperanzas (la posibilidad de ser verdaderamente humanos, el inmenso amor y misericordia de Dios por la humanidad, la realidad de las consecuencias de nuestra naturaleza malvada y la redención de esa naturaleza, y la esperanza real de vida eterna).

Como creación “maravillosamente compleja” (Salmo 139:14) de Dios, fuimos diseñados para creer en y conocer a Dios de manera directa y en relación con los demás.  Blaise Pascal, el ilustre filósofo y matemático del siglo XVII, lo dijo así: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios.  Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada.  Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús.” La posibilidad de que nuestra fe tenga sentido y sustancia comienza cuando reconocemos ese vacío y depositamos nuestra confianza y esperanza en Alguien infinitamente mayor que nosotros y vivimos esa esperanza en comunidad con otros conectados por una historia común que trasciende culturas, geografías y épocas.  La fe y la religión son inseparables porque como individuos, nuestra vida solo tiene sentido en comunidad.  La religión nos da ese espacio para encarnar nuestra fe, enriquecerla y fortalecerla.

Podemos insistir en querer tener “fe” aparte de la pertenencia a una religión o comunidad de fe.  Ese camino nos llevará a la construcción de nuestro propio “dios”, ese genio de la lámpara que nunca nos desafía y que nos alcahuetea en todo.  Nuestra mirada no será hacia arriba, sino hacia nuestro propio ombligo y poco a poco nos tornaremos más egoístas, menos humanos y nuestra esperanza irá languideciendo hasta que no nos quede otra más que ceder a la esclavitud de las circunstancias y las satisfacciones inmediatas en la infructuosa búsqueda del gozo.

Fuimos creados para más.  Fuimos creados para ser y para pertenecer.  Nuestros corazones anhelan conocer el amor y dentro de nosotros reside esa fuerte intuición de que tiene que haber algo mejor, algo más permanente, algo eterno que valga la pena.  El mundo visible y lo que podemos conocer de él a través de la ciencia y la investigación nos puede empezar a encaminar a encontrar esto que anhelamos y buscamos (Romanos 1:20)  pero la Verdad que anhelamos encontrar, la Verdad que libera (Juan 8:31-32), la Verdad que es objetivamente conocible (Juan 14:6) la hallaremos cuando nuestra fe y esperanza esté depositada en Jesús.  Cuando descubramos esto nos daremos cuenta que la fe y la religión no son una camisa de fuerza ni una opresiva lista de reglas y prohibiciones.  Cuando descubramos esto aprenderemos a vivir y convivir en verdadera libertad, amor y esperanza.

Una Dosis de Sobriedad (Cortesía de Kempis)


buscad-al-senor-con-alegria-orarQue debemos entender en cosas bajas cuando cesan las altas

Hijo, no puedes estar de continuo en el ferviente deseo de las virtudes, ni en el más alto grado de la contemplación.  Necesario es, por la corrupción del pecado original, que desciendas algunas veces a cosas bajas y también a lleva la carga de esta vida, aunque te pese. En tanto que traes el cuerpo mortal, enojo sentirás y pesadumbre de corazón.  Por eso conviene gemir muchas veces estando en la carne por el peso de la carne;  porque no puedes ocuparte perfectamente en los estudios espirituales y en la divina contemplación.

Cuando así te hallares grave, conviene que tomes obras exteriores y que te recrees en buenos actos, esperando mi venida con firme confianza.  Y sufre con paciencia el destierro y la sequedad del espíritu hasta que otra vez yo te visite y seas librado de toda congoja.

Yo te haré olvidar los enojos y haré que goces de gran reposo interior.  Yo extenderé ante ti los prados de las Escrituras, para que, ensanchando tu corazón, corras la carrera de mis mandamientos y digas: “No son iguales las pasiones de este tiempo en comparación de la gloria que nos será manifestada.” (Romanos 8:18)

(“La Imitación de Cristo” -tratado tercero, capítulo LVI)

Necesitamos Fracasar


has-fracasado-quien-no-espabila-l-ap66crHoy por la mañana venía escuchando, como de costumbre, KISS FM, y los locutores estaban dando sus tips motivacionales del día.  Uno de esos tips fue recordarnos aquella famosa cita atribuida a Thomas Edison sobre sus 1,099 intentos de inventar la bombilla eléctrica y ese único intento que funcionó.  La historia nos narra que cuando le preguntaron qué se sentía fracasar tantas veces, el contestó que para él no eran 1,099 fracasos sino 1,099 aprendizajes de cómo no hacer la bombilla que lo llevaron a ese último intento exitoso.

Esta anécdota usualmente se usa para presentar lo que más adelante John Maxwell en su exitoso libro (interesante ironía allí), “El Lado Positivo del Fracaso”,nos presentaría con esa visión de que el fracaso en realidad no existe….que debemos ver todo como un puente al éxito, que el fracaso es únicamente una condición mental que debemos reemplazar por pensamiento positivo.

Quizás podamos rescatar alguna idea positiva de esto si resaltamos la importancia de ser perseverantes, pero honestamente no creo que podamos sacar mucho más…al menos no mucho más que sea bíblico y centrado en el Evangelio.

Necesitamos aprender a fracasar y a llamar al fracaso justamente eso FRACASO.  Necesitamos aprender que el fracaso duele, y a aprender a vivir ese tiempo de dolor.  Cuándo tratamos de evitar el peso del fracaso en nuestras vidas y de anestesiar a través de frases motivacionales el dolor que trae, estamos cometiendo un acto de gran crueldad contra otros y contra nosotros mismos. ¿Por qué? Algunas razones a continuación:

  1. Anulamos nuestra necesidad de lamentarnos por el fracaso.  El fracaso, todo fracaso, cualquier fracaso, impacta nuestras vidas y nuestra relación con otros.  Anular eso o hacerlo de menos, reduce nuestra capacidad de poder sanar con Dios y con otros el dolor que eso provocó.  Nos impide pedir perdón, arrepentirnos y perdonar.
  2. Es cruel con aquellos que no pueden “verle el lado positivo” a las cosas.  Una curita no sana una herida de bala.  Una frase motivacional no restaura el corazón dolido.  Cuando empujamos a las personas a hacer de menos su fracaso, los llevamos al borde de la esquizofrenia en donde tienen que poner una cara frente al mundo para que no los vean como fracasados o “losers” mientras que dentro deben lidiar en soledad con su dolor.  Reconocer el dolor en otros y aprender a darle su lugar y espacio es una hermosa muestra de amistad: 11 Cuando tres de los amigos de Job se enteraron de la tragedia que había sufrido, viajaron juntos desde sus respectivos hogares para consolarlo y confortarlo. Sus nombres eran Elifaz, el temanita; Bildad, el suhita y Zofar, el naamatita. 12 Cuando vieron a Job de lejos, apenas lo reconocieron. Con fuertes lamentos, rasgaron sus vestidos y echaron polvo al aire sobre sus cabezas en señal de dolor. 13 Entonces, durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para expresarlo con palabras.” (Job 2:11-13, NTV)
  3. Hacer de lado el sufrimiento que provoca el fracaso o incluso, el no admitir que nuestro fracaso es un error y que es algo malo nos condena a un falso sentido de autosuficiencia.  Fracasar me revela que no puedo o que no pude y por ende, que necesito ayuda, rescate….necesito SALVACION.  Cuándo no reconozco que fracasé, entonces no buscaré ayuda porque al final, es “cuestión de actitud” de “fuerza de voluntad”, de “intentarlo con más ganas” y de esa manera, poco a poco, voy cerrando las puertas a la gracia de otros y en última instancia, a la gracia de Dios.
  4. Fracasar me recuerda que el mundo no se trata de mí.  Me enseña humildad en que hay otros mejores que yo.  Me enseña interdependencia y a vivir en relación con otros de manera tal que aprendamos a ser y existir en genuina comunidad, sobre llevando las cargas los unos de los otros. Amados hermanos, si otro creyente[a] está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)

Recordemos dónde con certeza encontraremos al Señor siempre cerca de nosotros:

“Aun cuando yo pase
    por el valle más oscuro,[a]
no temeré,
    porque tú estás a mi lado.
Tu vara y tu cayado
    me protegen y me confortan.” (Salmo 23:4, NTV)

Démonos cuenta de cuándo fue que Jeremías se recordó del amor de Dios:

“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
    es tan amargo que no encuentro palabras.[a]
20 Siempre tengo presente este terrible tiempo
    mientras me lamento por mi pérdida.
21 No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
    cuando recuerdo lo siguiente:

22 ¡El fiel amor del Señor nunca se acaba![b]
    Sus misericordias jamás terminan.
23 Grande es su fidelidad;
    sus misericordias son nuevas cada mañana.
24 Me digo: «El Señor es mi herencia,
    por lo tanto, ¡esperaré en él!».

25 El Señor es bueno con los que dependen de él,
    con aquellos que lo buscan.
26 Por eso es bueno esperar en silencio
    la salvación que proviene del Señor.
27 Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
    al yugo de su disciplina:

28 que se queden solos en silencio
    bajo las exigencias del Señor.
29 Que se postren rostro en tierra
    pues quizá por fin haya esperanza.
30 Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
    y que acepten los insultos de sus enemigos.

31 Pues el Señor no abandona
    a nadie para siempre.
32 Aunque trae dolor, también muestra compasión
    debido a la grandeza de su amor inagotable.
33 Pues él no se complace en herir a la gente
    o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)

¿Se trata de sufrir por sufrir? ¿Se trata de nunca buscar evitar el fracaso y buscar de manera intencional el éxito?

¡No! No se trata de esto.  Admitir nuestro fracaso y reconocer lo que existe detrás de admitir nuestra debilidad e incapacidad -admitir honestamente que somos seres humanos falibles, frágiles y caídos- no es “masoquismo cristiano” o una radical “teología del sufrimiento” propuesta en contraposición al falso “evangelio” de la prosperidad.  Admitir nuestros fracasos y tomarlos como eso, como fracasos, es abrir nuestro corazón a la gracia y amor de Dios, a la posibilidad de perdón y restauración, a reconocer la gracia en nuestra vida.  Significa reconocer nuestra condición de criaturas frente al Creador. Significa darnos cuenta que aún el fracaso está bajo el control soberano de Dios y que hasta la disciplina y castigo de Dios son evidencias de Su amor por nosotros:

“11 Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
    ni te enojes cuando te corrige.
12 Pues el Señor corrige a los que ama,
    tal como un padre corrige al hijo que es su deleite.[a]” (Proverbios 3:11-12, NTV)

“5 ¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo:

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor
    y no te des por vencido cuando te corrige.
Pues el Señor disciplina a los que ama
    y castiga a todo el que recibe como hijo»[d].

Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos. Ya que respetábamos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, entonces, ¿acaso no deberíamos someternos aún más a la disciplina del Padre de nuestro espíritu, y así vivir para siempre?[e]

10 Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad.11 Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella.” (Hebreos 12:5-11, NTV)

Después de todo, nuestro fracaso y el sufrimiento que pueda devenir del mismo no se compara con lo que Jesús pasó en la Cruz en favor y en lugar de nosotros y eso debe llenarnos de esperanza y humildad….no somos la gran cosa ni merecemos mucho tampoco.

“12 Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.[a] Debido al gozo[b] que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores,[c] así no se cansarán ni se darán por vencidos. Después de todo, ustedes aún no han dado su vida en la lucha contra el pecado.” (Hebreos 12:1-4, NTV)

Enfrentemos entonces, de ahora en adelante, nuestros fracasos con humildad, gallardía, fe y esperanza.  Todo está en manos de Dios, aún nuestro fracaso.

“6 El Señor tan solo habló
    y los cielos fueron creados.
Sopló la palabra,
    y nacieron todas las estrellas.
Asignó los límites al mar
    y encerró los océanos en enormes depósitos.
Que todo el mundo tema al Señor
    y todos estén ante él con temor reverente.
Pues cuando habló, el mundo comenzó a existir;
    apareció por orden del Señor.

10 El Señor frustra los planes de las naciones
    y hace fracasar todas sus intrigas.
11 Pero los planes del Señor se mantienen firmes para siempre;
    sus propósitos nunca serán frustrados.” (Salmo 33:6-11, NTV)

 

Banderas e Iglesias


El pasado 13 de junio de 2016, el diario El Periódico reportó sobre el posible uso de dinero de dudosa procedencia para la compra de la bandera de Guatemala y el asta que hasta el día de hoy, ondeaba en el nuevo edificio de la iglesia Casa de Dios.

El escándalo no se hizo esperar y conforme avanzó la semana con la cobertura de los casos de “cooptación del Estado” y “la cooperacha”, la noticia de ese día tomó fuerza propia.  Como reacción a la presión, el 16 de junio Casa de Dios emitió el siguiente comunicado.

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Comunicado Casa de Dios 16/6/2016

Este primer comunicado, a mi juicio, demuestra una actitud abierta y la disposición del equipo de Casa de Dios de cooperar con las autoridades y esclarecer la situación.

Posterior a eso, el día de ayer 17 de junio se comunicó la decisión de quitar la bandera y el asta físicamente y de esa manera, entregar al MP las pruebas necesarias para la investigación.

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Comunicado Casa de Dios 17/6/2016

De nuevo, otra decisión que va en la línea correcta y que demuestra un compromiso sincero con el país y la necesidad de que el debido proceso funcione.

Quizás lo que más debe llamar nuestra atención de esta situación es la complejidad de las relaciones que cualquier iglesia y/o líder eclesiástico -católico, evangélico o de cualquier otra denominación o religión- deba o pueda tener con las autoridades civiles electas -ya sea a nivel nacional o a nivel municipal-.

Para los líderes con alto nivel de exposición así como para las congregaciones grandes, la complejidad es mayor por el potencial nivel de influencia y alcance que pueden tener.  Para los políticas -especialmente en tiempo de elecciones- la tentación a buscar generar apoyo a través de la influencia de los líderes religiosos o de congraciarse con cierto porcentaje de la población a través de oportunidades fotográficos con otros personajes de influencia a nivel nacional es muy grande.

En Guatemala, vemos la importancia que llevarse bien con la iglesia católica y evangélica tiene para los políticos, algo que vemos en su más alta expresión en las ceremonias del Te Deum (actividades que he cuestionado en este blog antes) que con su carácter casi oficial, hacen evidente el alto nivel de influencia política que tiene el cristianismo en Guatemala….al menos por ahora.

Como institución, la Iglesia tiene una responsabilidad cívica que cumplir al poder asumir su responsabilidad profética para la denuncia de aquellos grandes males que afectan a los ciudadanos: corrupción, pobreza, injusticia y cualquier otro mal que atente contra la dignidad de la persona humana, la verdad, la vida y la libertad.

Por el otro lado, un ministro cristiano -católico, ortodoxo o evangélico- tiene una responsabilidad pastoral hacia los miembros de su congregación, sin importar quienes sean -incluso si estos ocupan cargos de alta incidencia pública-. Esta responsabilidad es algo que no se puede evadir o evitar y que debe asumirse con carácter, humildad y prudencia.

Vemos esto reflejado en la Biblia ejemplificado a través de distintas historias y narrativas, por ejemplo:

  1. La confrontación del profeta Natán al rey David por su culpabilidad en el adulterio con Betsabé y el asesinato de su esposo (2 Samuel 12 y Salmo 51).
  2. La denuncia profética del profeta Miqueas a un sistema y nación sumidos en la corrupción.
  3. La confrontación de Juan el Bautista a Herodes por su inmoralidad (Mateo 14).
  4. Defensa y testimonio de Pablo ante Félix, Festo y Agripa (Hechos 24 al 26).

Creo que a la luz de los acontecimientos recientes y con el ánimo de ver hacia el futuro, la Iglesia en Guatemala, a través de la acción libre y responsable del liderazgo de las distintas iglesias locales -y con una firme exigencia e incluso fiscalización de los miembros activos de las distintas congregaciones- debe replantear la manera en que busca relacionarse con las autoridades civiles de la nación.

¿De qué manera puede hacer esto fielmente y evitar caer en malos entendidos y/o mal interpretaciones de sus acciones y relación con políticos y funcionarios públicos?

  1. Un fuerte compromiso con la prédica y enseñanza del Evangelio.  Debemos recordar que el Evangelio nos llama a dos acciones muy concretas: el arrepentimiento y la fe. En tiempos de escándalos y corrupción, el llamado al arrepentimiento y la fe para todos los creyentes y no creyentes de parte de la Iglesia es un llamado que no podemos hacer de lado.
  2. La activa defensa de la dignidad y valor de la persona humana y la búsqueda de la protección de la misma de cualquier acción –especialmente aquellas que vienen a través de la legislación y el poder coercitivo del gobierno– que puedan atentar contra ella.
  3. La resistencia activa y la disciplina para miembros de las congregaciones locales -sin importar el puesto o función pública o privada de liderazgo que tengan en el gobierno o en cualquier otro sector- que caigan en pecado, con el objetivo de restaurar al pecador en su relación con Dios, con otros y con su iglesia local.
  4. La enseñanza y preparación de la congregación en temas de incidencia pública desde una sana perspectiva bíblica, evitando caer en la retórica de las campañas o de un mal uso de la Biblia en campañas donde se busca generar consciencia y/o influencia.
  5. Defender el derecho de los funcionarios públicos y líderes en otros ámbitos de la actividad privada que son miembros de congregaciones locales a su libertad de culto y de vivir de acuerdo a los dictados de su consciencia formada e iluminada por la fe. Aquí es crucial que los pastores sean precisamente eso, pastores y que cumplan con su rol y función pastoral en el cuidado y discipulado de los miembros de las congregaciones que sirven.
  6. Evitar pronunciamientos públicos y mediáticos en favor de actores privados o públicos que puedan poner en entredicho la credibilidad de la Iglesia.
  7. Abstenerse de apoyar iniciativas de ley que atenten contra la libertad religiosa en Guatemala y afecten la credibilidad de la Iglesia y le den al gobierno la oportunidad de usurpar funciones legítimas de la familia y la iglesia:
    1. Propuesta de “Día Nacional de Oración”
    2. Propuesta de “Enseñanza Obligatoria de la Biblia en Escuelas y Colegios”
  8. Evitar el uso y/o tráfico de influencias con funcionarios públicos a cualquier nivel (tanto miembros como no miembros de sus congregaciones) para la obtención de privilegios que favorezcan cualquier iniciativa y/o proyecto de la iglesia (construcciones, proyectos educativos, proyectos mediáticos, etc.).

La experiencia de Casa de Dios debe ser una lección para todos.  Hemos de agradecer la humildad y disposición de sujetarse y acatar la ley.  Esperemos todo se esclarezca bien y si hay personas involucradas en actos contrarios a la ley (ver avances de la investigación al 26/6/2016 aquí y aquí), que puedan someterse a las autoridades y desde allí, dar testimonio de Jesús.

Como cristianos que no somos miembros de esa iglesia, estemos o no de acuerdo con su forma de trabajar o incluso, que tengamos puntos fuertes de diferencia doctrinal, nuestro trabajo es extender gracia y no caer en la tiranía de la opinión pública que juzga y condena sin esperar el debido proceso.  Confiemos en el debido proceso y sobre todo, en la soberanía de Dios sobre todas las cosas.  Todas estas situaciones son parte de nuestro proceso de santificación y por eso, deben llenarnos de esperanza porque nos ayudan a ser moldeados cada día más a la imagen de Jesús.