Ideas para Trazar el Rumbo en Guatemala


DSC01122.JPGMañana se marcará el punto alto de lo que ha venido siendo un mes sumamente desafiante para un país que pareciera no terminar de sentar cabeza y sigue convulsionando después de dos años de “nueva política” y treinta y dos años desde el inicio de la “era democrática”.

Teníamos mucho tiempo de no estar tan polarizados -o al menos así parecieran indicar las redes sociales-.  Lo cierto es que nos toca enfrentar una realidad que no culmina con las protestas, manifestaciones y paros.  La legítima manifestación de la inconformidad ciudadana ante un regimen tan errático, desarticulado y débil en el ejercicio de su liderazgo, necesita aterrizar en el trazado de caminos a seguir para retomar el rumbo y dirigirnos hacia un puerto más seguro.  Las soluciones están más en nuestras manos y nos corresponde ahora, más que nunca, asumir esa responsabilidad histórica y dejar de depender únicamente en los caminos tradicionales limitados a la política y el aparato estatal.

En este contexto es donde debemos ahora ponernos a pensar acerca de:

  • ¿Hacia dónde queremos ir?
  • ¿Cuál es el objetivo que perseguimos?
  • ¿Cómo llegaremos allí?
  • ¿Qué necesitamos para llegar?
  • ¿Cuáles serán las consecuencias previsibles y las no intencionadas -tanto positivas o negativas- del rumbo que se tome?

Quisiera compartir algunas ideas que giran alrededor de un concepto central que, a mi criterio, es la lucha que no hemos emprendido, la lucha por nuestra libertad.  A continuación, mis ideas:

Principios Guía:

  1. Principio de Subsidiariedad: Facultar y respetar la capacidad de que los problemas que surgen en cada comunidad sean primeramente resueltos por los agentes privados y públicos (en ese orden) más cercanos al problema.  Los órdenes superiores deben intervenir sí y solo sí el orden más cercano no puede atender la necesidad.
  2. Esferas de Soberanía: El Estado debe respetar y facultar la esfera de soberanía de cada orden social (Iglesia, Familia, Empresa, Asociación Voluntaria, etc.) para que esta pueda actuar de acuerdo a su diseño, naturaleza y propósito y de esa forma, contribuya al florecimiento y desarrollo de todas las personas en el país.
  3. Centralidad de la Persona Humana:  Sobre todas las cosas, debe prevalecer el respeto a la dignidad de cada persona humana y en ese orden, el papel del Estado debe limitarse a reconocer y defender los derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad de cada uno a través de un marco jurídico enfocado en la protección de estos derechos más que en la dirección de las acciones de cada persona.

1. Reformas al sistema electoral de forma integral

  • Elección nominal de diputados al Congreso de la República.
  • Elección nominal de concejales a las municipalidades.
  • Elección de gobernadores departamentales.
  • Mayor oportunidad para comités cívicos y otras organizaciones para postular candidatos a los distintos puestos de elección popular aparte de los tradicionales partidos políticos.
  • Trabajar para un sistema auténticamente republicano en donde no solo se tenga un Congreso de la República, sino que cada departamento pueda contar con su propio Congreso Departamental en donde se pueda atender mejor las necesidades de cada departamento.

2. Fortalecimiento del Sistema de Justicia

  • Cargos vitalicios para los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para que de esa manera la elección de los mismos no responda a intereses políticos de corto plazo y se desarrolle una línea de jurisprudencia más estable.
  • Reconsiderar si es válido o no la existencia de una corte superior a la CSJ como la Corte de Constitucionalidad.
  • Fortalecer el desarrollo técnico y humano de los distintos empleados del sistema de justicia para que su labor sea más eficiente, genere expectativas de futuro en el desarrollo profesional y permita un trabajo más íntegro.

3. Revisión del Aparato Estatal 

  • Evaluar los distintos ministerios y dependencias del Estado para identificar aquellos donde se duplican funciones o que no agregan valor al desarrollo del país o que entrampan procesos productivos y trazar la ruta para irlos eliminando en el tiempo.  Esto libera recursos fiscales para asignarlos a tareas de mayor impacto y más alta prioridad, además de que reduce las oportunidades para la corrupción al simplificar procesos y reducir la burocracia.

4. Reducción de impuestos, ampliación de la base y simplificación de las obligaciones tributarias

  1. Todos debemos contribuir con nuestros impuestos para que el Estado funcione.  De esta cuenta, la ampliación de la base tributaria es fundamental para lograr la cooperación de toda la ciudadanía y también poder aportar de más fuentes, más ingresos al país.
  2. Aunque parezca contradictorio, la reducción de tasas impositivas y la eliminación de ciertos impuestos, puede favorecer la recaudación tributaria a través de otros impuestos que ya funcionan bien, como el IVA.  Al liberarse recursos que van al fisco y dejarlos en manos de la ciudadanía, las oportunidades de inversión, empleo, ahorro, generación de capital y consumo aumentan, y con ello, la recaudación tributaria.  Impuestos que vale la pena considerar su revisión para reducción y/o eliminación:
    • ISR a las personas bajo el sistema actual de hacerlo un impuesto progresivo, lo convierte en un castigo al éxito.  Considerar una misma tasa para todos que sea baja (5%, por ejemplo).
    • Eliminación de impuestos y aranceles de importación para productos que aquí no producimos o no producimos bien.
    • Eliminación de impuestos y timbres como los que se pagan por artistas extranjeros.
    • Impuesto de circulación “flat” y no progresivo.  El castigar con un mayor impuesto a los vehículos nuevos es contradictorio dado que estos no generan tantos problemas de tránsito, consumen menos gasolina y son más eficientes.  Castigar el éxito y el esfuerzo de las personas que invierten en esto no hace mayor sentido.
    • Eliminar el impuesto de distribución de combustibles para liberar recursos de la bolsa de los contribuyentes, reducir costos logísticos para las empresas y el transporte colectivo.

5. Renovación del Compromiso Individual Ético y Moral con los Demás

  • Más que nuestro compromiso “con Guatemala”, el compromiso debemos asumirlo para con nuestro prójimo: en casa, en el trabajo, en el lugar de estudios, en la calle, etc.  Guatemala existe únicamente en las personas que aquí vivimos y es por eso que el reconocimiento del valor y dignidad del otro es fundamental para avanzar.
  • Comprometernos con nuestro prójimo, su libertad y dignidad, exige de nosotros una fuerte reserva moral para actuar guiados por sólidos e inamovibles principios y valores que responde a la verdad y naturaleza de la persona humana.  Además, ese compromiso exige sacrificio, sacrificio que hace sentido cuando en el horizonte vemos esperanza.
  • El sentido de esperanza que necesitamos rescatar está sostenido únicamente si podemos ver un sentido trascendental a la vida propia y de cada persona a nuestro alrededor.  Ese sentido de trascendencia va conectado al diseño de cada persona y este fluye de su Diseñador.
  • Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y es por eso que debemos volcarnos a Él para poder encontrar el Camino, corregir el rumbo y conocer la verdad acerca de quienes somos y para qué fuimos creados.  Esto es lo que permitirá que asumamos un compromiso con nosotros mismos y con los demás para el futuro de nuestra Guatemala.

No son todas las ideas y seguro hay más y mejores que pueden aportar a una discusión que nos lleve de las protestas como un “fin en sí mismo” a la discusión de caminos con visión de largo plazo para lograr construir un mejor futuro para las generaciones que están ansiosas de insertarse en la vida productiva, social, cívica, cultural y política de nuestra nación.

Esta discusión debe llevarse a cabo desde un diálogo abierto y honesto en donde se puedan exponer posturas guiadas por distintas ideologías sin temor a ser ridiculizados, satanizados o excluidos.  La honestidad intelectual nos exige el debate abierto y sano de las ideas, además de que exige la humildad de reconocer cuando otras ideas con mejores o incluso, son más consistentes con la verdad acerca del valor y dignidad de la persona humana, y por ende, son las que deben guiar el rumbo de la nación.

Que nuestra participación sea cada vez más propositiva, humilde, racional y abierta al diálogo con otros.  Solamente de esa manera podremos vivir en la Guatemala que todos guardamos en el corazón.

¡Ánimo! La lucha por la libertad y la dignidad de cada guatemalteco y de cada familia guatemalteca vale la pena.

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Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!

Consuelo para Guatemala


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“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.” (2 Corintios 1:3-7, NTV)

 

El enojo, la tristeza, la frustración, la indignación y sobre todo, la falta de esperanza, inundan hoy el corazón de muchos guatemaltecos.  Sea a través de las redes sociales, los periódicos, noticieros televisivos o radiales y en las conversaciones alrededor de la mesa, muchos hoy comparten sus opiniones de lo que sucede, del por qué sucede y sobre todo, se debaten escenarios ante un futuro que es poco prometedor para Guatemala.

Quizás lo más triste de esta nueva coyuntura que vivimos es lo polarizante que se ha convertido el asunto.  El tono y la forma de los argumentos demuestran lo peligros de argumentar desde los extremos y la poca caridad con la que se discute solamente contribuye más a la desesperanza que parece marcar el tono del futuro inmediato de nuestra nación.

La pregunta que nos corresponde hacernos a los cristianos es…¿cuál debe ser nuestro papel?  Quisiera destacar tres ideas importantes a considerar y sugerir un camino a tomar:

  1. No debemos callar y al mismo tiempo, evitar confundir nuestro quehacer cristiano con activismo político.
  2. Esto no se trata solamente de quienes protagonizan la trama que se ve y vive en los medios.
  3. Nuestro rol como cristianos va mucho más allá que “orar por nuestras autoridades”.

Mi propuesta es el camino del consuelo y el llamado a la reconciliación.  

En circunstancias como estas donde estoy seguro que familias se han dividido o peleado por una mala conversación u opiniones encontradas por el tema, sentimientos han sido dañados, insultos se han dicho y todo esto genera profunda tristeza y división.  Necesitamos ser consolados en medio de lo que esta crisis no solo está haciendo a nuestra nación, sino a nuestros hogares y lugares de trabajo donde chocamos con opiniones.  Pablo, en su segunda carta a los Corintios ancla la posibilidad de que seamos agentes de consuelo para otros en la consciencia plena del consuelo que nosotros mismos hemos recibido de parte de Dios.

El consuelo que hemos recibido de Dios se fundamenta en que nuestra relación con Él ha sido restaurada y reconciliada gracias a y a través de la sangre derramada por Jesús en la Cruz:

“Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)
Es a partir de allí que podemos recibir el máximo consuelo que cualquier persona pueda llegar a esperar: el consuelo mismo de Dios el Espíritu Santo habitando nuestros corazones y recordándonos de nuestra esperanza firme en Dios.  Cuando tenemos plena consciencia de esto, podemos entonces salir con gallardía a hacer el llamado que hoy, más que nunca, nos corresponde hacer a un país dividido, lastimado, desesperanzado y desconsolado: ¡Reconcíliense con Dios!
Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:15-21, NTV)
El problema político y legal que vivimos hoy puede y debe resolverse con el apego estricto a la ley, nuestra Constitución y el diálogo racional, sensato, cordial y humilde. Esa lucha no debemos abandonarla y debemos exigirla de nuestras autoridades y exigírnosla a nosotros mismos.
Sin embargo, no existe ley o Estado de Derecho que restaure nuestros corazones.  Las heridas profundas que la división causa en una sociedad, en una familia y en las personas no se sana más que con el bálsamo del Evangelio.  El arrepentimiento, la gracia, la misericordia, el amor, la humildad y la honesta búsqueda de la verdad nos podrán encaminar hacia la concordia y la armonía.  Atrevámonos a que en medio de la crisis que vivimos y las diferencias ideológicas que nos separan, podamos pedir perdón y podamos perdonar. Para que esto suceda, nuestra esperanza debe estar colocada únicamente en Jesús y a partir de allí, tener la plena certeza en fe, que podremos amar más y mejor al prójimo.
¡Ánimo!

Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!

Hora de ser Evangélicos


(Este artículo fue originalmente escrito para Actitud News y está disponible aquí)

five_solas-1024x764Para la gran mayoría de guatemaltecos, no es ningún secreto que la iglesia evangélica está atravesando una de sus peores crisis de liderazgo y credibilidad.  Los casos que se han vuelto materia de opinión pública que involucran a líderes de alto perfil dentro de la comunidad evangélica en Guatemala generan dudas, sospechas y sin duda, han sido la gota que ha derramado el vaso para personas que hoy han abandonado sus iglesias.

Es difícil ponderar esto contra lo que tuve la oportunidad de vivir en el funeral del Dr. Virgilio Zapata.  Ese día no solo fue de despedir a un venerable anciano, sino también de reflexionar al ver la cantidad de cabezas canadas de hombres y mujeres que sufrieron de maneras inimaginables aquí en Guatemala para entregarnos la libertad que hoy como evangélicos podemos disfrutar en Guatemala, libertad que ha sido bien aprovechada por muchos y despilfarrada por otros tantos.

No es un tiempo para regodearse y señalar a quienes presuntamente han caído.  Lo cierto es que todos nosotros hemos caído.  Que los pecados –o presuntos pecados- de unos sean más públicos que los nuestros no debe ser causa de gozo, burla o señalamiento.  Es un momento de autocrítica, de reflexión, de arrepentimiento y de doblar rodillas.

Como cristianos, confiamos en la suficiencia de la Palabra de Dios.  Un tercio del libro de Salmos –el libro de oración por excelencia- son salmos de lamento, de lágrimas, de rendirse en impotencia ante Dios confiando en Su rescate, perdón y misericordia.  Es tiempo de clamar porque el Espíritu Santo nos convenza de pecado, nos guíe al arrepentimiento y la verdad, nos consuele y recuerde que la garantía de nuestra salvación está en Él y no en la perfección moral de nuestros líderes.

Si somos honestos, es muy probable que muchos de nosotros hayamos pecado de maneras más deplorables que lo que se le acusa a estas personas hoy.  Tito nos recuerda que nuestro respeto a las autoridades no nace de un acto de perfección moral de cada uno de nosotros, sino de recordar justamente nuestra imperfección, nuestro pecado y a la vez, la esperanza certera que tenemos en la salvación que nos ha sido provista por Jesús.  Debemos atrevernos a caminar en ese nivel de humildad y vulnerabilidad.  Debemos aprender a perdonar por el perdón que hemos recibido, y al mismo tiempo, a construir un nuevo liderazgo dentro de la iglesia que busque la reforma que tanto necesitamos, una reforma que se centre, gire y nos impulse hacia el frente de acuerdo a la Palabra de Dios.

En donde el liderazgo hoy es cuestionado a todo nivel, es el papel de cada uno de nosotros reconstruir lo que ha sido destruido.  En donde ante la opinión pública se nos invita a desconfiar y despreciar a los caídos, estamos llamados al radical acto del perdón y a la vez, de la restitución de la confianza perdida a través del valiente y esperanzador acto de la confesión y de asumir la responsabilidad en aquellos casos en donde se demuestre culpabilidad.

La iglesia se sostiene por el poder de la Palabra de Dios.  Somos una institución conformada por seres humanos, pero sostenida sobrenaturalmente por Dios.  Esa ha sido, es y seguirá siendo nuestra historia a través de los años hasta el día en que Jesús regrese y nos cambie las vestiduras en cumplimiento con su promesa de hacernos una Novia blanca, pura y sin mancha.

El llamado para los líderes de las distintas congregaciones es el mismo que el llamado para cada uno de nosotros y cada persona que aún no cree: ¡arrepiéntanse y crean en el Evangelio!  No hay lugar más seguro que la Cruz a dónde llevar nuestra culpabilidad y tampoco hay mejor lugar en donde reconstruir nuestra esperanza.  Hoy la caña está cascada.  Hoy el pábilo está humeante.  Hoy podemos confiar fielmente en la promesa de Jesús….que a pesar de nuestra condición, Él no nos dejará así.

Es hora de creer el Evangelio y atrevernos a vivir en respuesta al mismo.  Es hora de ser evangélicos.

Cerrar filas alrededor de la Cruz


“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
131120131627421Vivimos momentos difíciles como iglesia cristiana en Guatemala.  El entorno cultural y social se ha tornado cada vez más agresivo hacia cualquier institución que simbolice algún tipo de autoridad o que pretenda marcar una dirección moral para la nación.  La “lucha contra la corrupción” ha cobrado sus víctimas a diestra y siniestra.  Sin duda, muchas de las personas sindicadas han sido sindicadas con razón y el tiempo y el debido proceso nos dará los resultados.  Otros han sido arrastrados como parte del maremoto de desconfianza hacia las estructuras tradicionales de autoridad en el país.
En medio de esa tormenta, la Iglesia -y concretamente la Iglesia Evangélica- está atravesando sus propias tormentas.  Cuatro casos paradigmáticos han marcado esta crisis:
  1. El caso de “la bandera” que impactó a Casa de Dios
  2. El caso de irregularidades en un negocio de bienes raíces que impactó a Bethania en Quetzaltenango
  3. El caso contra el hijo de Sergio Enríquez por lavado de dinero que impactó a Eben Ezer
  4. El caso de la demanda de paternidad en contra de Jorge H. López que impactó a Fraternidad Cristiana

De estos casos, el que quizás -a mi juicio- ha sido mejor manejado y que merece todo mi respeto y consideración es la manera en que Fraternidad Cristiana ha manejado la situación (ver comunicado oficial aquí) y más allá de eso, la vulnerabilidad, humildad y esperanza mostrada por Alex López -hijo mayor de Jorge H. López- en su más reciente blog titulado “Llorar de gratitud en la dirección correcta”.  Alex escribe:

“Es el sacrificio del Justo en la cruz del Calvario, el que permite que el Dios justo que no tolera el pecado y castiga al pecador, sea a la vez el que justifica. Es su sacrificio el que aplaca la ira de Dios, es su sacrificio como Jesús me sustituye ante el Padre en el castigo que debía recibir. Es su sacrificio el que me limpia de pecados, mi conciencia, me declara justo ante el Padre, me hace nacer de nuevo en mi espíritu y el que me da el poder para llevar una nueva vida.”

En medio de la crisis, en medio de esta tormenta que a los ojos de la opinión pública busca minar la confianza en la Iglesia Evangélica como institución, párrafos como este revelan el punto de reunión alrededor del cual todos los que hoy en Guatemala afirmamos la fe cristiana evangélica debemos reunirnos: la Cruz.

No es tiempo para excusas, justificaciones e incluso, tampoco es tiempo para echarle la culpa al diablo por todo.  Esta es la gran oportunidad para la Iglesia en Guatemala de mostrarse humana, quebrantada, llena de amor por los suyos y de rodillas clamando por misericordia, perdón y esperanza.

Jesús nos dijo cuando instituyó la Santa Cena, ese momento eucarístico que recuerda y reafirma la esperanza que tenemos en Él:

“Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Al orar por nosotros, Jesús le pidió al Padre:

»Mi oración no es por el mundo, sino por los que me has dado, porque te pertenecen. Todos los que son míos te pertenecen, y me los has dado, para que me den gloria. Ahora me voy del mundo; ellos se quedan en este mundo, pero yo voy a ti. Padre santo, tú me has dado tu nombre; ahora protégelos con el poder de tu nombre para que estén unidos como lo estamos nosotros. Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras.
»Ahora voy a ti. Mientras estuve con ellos en este mundo, les dije muchas cosas para que estuvieran llenos de mi alegría. Les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo. Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.
»No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:9-21, NTV)
Es tiempo de unidad y de amor.  Es tiempo de mostrar al mundo que no huimos excusando el pecado, sino que lo enfrentamos con humildad y esperanza, confiando en la suficiencia del sacrificio de Jesús en la Cruz.  Como dice el salmista:
“Oh Señor, te entrego mi vida.
¡Confío en ti, mi Dios!
No permitas que me avergüencen,
ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota.
Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado,
pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros.
Muéstrame la senda correcta, oh Señor;
señálame el camino que debo seguir.
Guíame con tu verdad y enséñame,
porque tú eres el Dios que me salva.
Todo el día pongo en ti mi esperanza.
Recuerda, oh Señor, tu compasión y tu amor inagotable,
que has mostrado desde hace siglos.
No te acuerdes de los pecados de rebeldía durante mi juventud.
Acuérdate de mí a la luz de tu amor inagotable,
porque tú eres misericordioso, oh Señor.” (Salmo 25:1-7, NTV)
Es tiempo de vulnerabilidad y de reconocer que necesitamos arrepentirnos aún de aquello de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo, es pecado delante de Dios:
“¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.” (Salmo 19:12-13. NTV)
El testimonio que Guatemala necesita de la Iglesia es ese….el arrepentimiento continuo lleno de esperanza y fe en la obra completa de Jesús, en Su vida sin pecado, Su sacrificio propiciatorio, Su resurrección, ascensión y promesa de retorno como fundamento de nuestra esperanza.  Viviendo a la luz de eso, podremos entre nosotros como iglesia amarnos los unos a los otros en nuestras congregaciones locales, llamarnos al arrepentimiento y exhortarnos a buenas obras.  Solamente la gracia de Dios podrá hacer eso en nosotros y el único camino para eso es Jesús…
No olvidemos que siempre, siempre, siempre hay lugar a los pies de la Cruz y que la promesa de la fiesta en el cielo es para TODO pecador que se arrepiente, cada vez que se arrepiente porque quiere decir, como escribió Alex López, que estamos llorando en la dirección correcta en donde ninguna lágrima de tristeza, quebrantamiento o arrepentimiento pasa desapercibida o es en vano.
Es hora de cerrar filas alrededor de la Cruz…ese es nuestro Castillo Fuerte. ¡Siempre hay esperanza!

Esperanza para Sammy y Jose Manuel


esperanza018.jpgEl día de hoy amanecimos con una nueva noticia de acciones de alto impacto por parte del Ministerio Público en Guatemala.  Meses después de que se presentaran algunos indicios de la posible participación de Sammy -hermano del presidente Jimmy Morales- y de Jose Manuel -hijo del presidente Jimmy Morales- en acciones ilícitas relacionadas al Registro de la Propiedad, el día de hoy se produjo la captura de Sammy y se presentó una solicitud para que Jose Manuel se presente a tribunales para someterse al proceso.

Sin duda alguna, esta noticia ocupará mucho de nuestras conversaciones hoy y veremos un sin fin de comentarios, memes, publicaciones y opiniones al respecto.  Sin embargo, creo que debemos ejercer mucha prudencia, especialmente en el adelantar juicio y condena pública hasta que el proceso de nuestro sistema de justicia haya corrido su curso.

Ante todo, debemos siempre tener en nuestra mente y corazón muy presente la admonicion de Jesús:

1»No juzguen a los demás, y no serán juzgados. 2Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás.El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes.
3»¿Y por qué te preocupas por la astilla en el ojo de tu amigo,cuando tú tienes un tronco en el tuyo?4¿Cómo puedes pensar en decirle a tu amigo:“Déjame ayudarte a sacar la astilla de tu ojo”, cuando tú no puedes ver más allá del tronco que está en tu propio ojo? 5¡Hipócrita! Primero quita el tronco de tu ojo; después verás lo suficientemente bien para ocuparte de la astilla en el ojo de tu amigo. (Mateo 7:1-5, NTV)
1Jesús regresó al monte de los Olivos, 2pero muy temprano a la mañana siguiente, estaba de vuelta en el templo. Pronto se juntó una multitud, y él se sentó a enseñarles. 3Mientras hablaba, los maestros de la ley religiosa y los fariseos le llevaron a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio; la pusieron en medio de la multitud.
4«Maestro —le dijeron a Jesús—, esta mujer fue sorprendida en el acto de adulterio. 5La ley de Moisés manda apedrearla, ¿tú qué dices?».
6Intentaban tenderle una trampa para que dijera algo que pudieran usar en su contra, pero Jesús se inclinó y escribió con el dedo en el polvo. 7Como ellos seguían exigiéndole una respuesta, él se incorporó nuevamente y les dijo: «¡Muy bien, pero el que nunca haya pecado que tire la primera piedra!». 8Luego volvió a inclinarse y siguió escribiendo en el polvo.
9Al oír eso, los acusadores se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los de más edad, hasta que quedaron sólo Jesús y la mujer en medio de la multitud. 10Entonces Jesús se incorporó de nuevo y le dijo a la mujer:
—¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ni uno de ellos te condenó?
11—Ni uno, Señor —dijo ella.
—Yo tampoco —le dijo Jesús—. Vete y no peques más. (Juan 8:1-11, NTV)
También hemos de recordar el papel legítimo de las autoridades temporales en castigar a aquellos que hacen mal y debemos confiar que las nuestras -MP y Organismo Judicial- están cumpliendo con su deber de manera genuina y honesta:
1Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios. 2Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado. 3Pues las autoridades no infunden temor a los que hacen lo que está bien, sino en los que hacen lo que está mal. ¿Quieres vivir sin temor a las autoridades? Haz lo correcto, y ellas te honrarán. 4Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo. 5Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.
6Por esas mismas razones, también paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen. 7Ustedes den a cada uno lo que le deben: paguen los impuestos y demás aranceles a quien corresponda, y den respeto y honra a los que están en autoridad. (Romanos 13:1-7, NTV)
Sobre todo esto, hemos de ser muy agresivos e intencionales en recordar que tanto para Sammy, como para Jose Manuel, esto no es el fin de todo.  La ley seguirá su curso y el proceso nos dictaminará si son culpables o inocentes.  Sin embargo, si ellos han puesto su esperanza en Jesús, delante de Él, en lo que respecta a su pecado y las consecuencias eternas del mismo, SON INOCENTES:
22Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo. Y eso es verdad para todo el que cree, sea quien fuere.
23Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios. 24Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. 25Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. Ese sacrificio muestra que Dios actuó con justicia cuando se contuvo y no castigó a los que pecaron en el pasado,26porque miraba hacia el futuro y de ese modo los incluiría en lo que llevaría a cabo en el tiempo presente. Dios hizo todo eso para demostrar su justicia, porque él mismo es justo e imparcial, y declara a los pecadores justos a sus ojos cuando ellos creen en Jesús. (Romanos 3:22-26, NTV)
1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:1-10, NTV)
Anclados sobre esta esperanza, Sammy y Jose Manuel pueden con libertad asumir la responsabilidad por los actos de los que se les acusa -en el caso de ser culpables de los mismos- y delante de Dios arrepentirse y apegarse a la promesa del Evangelio:
8No lamento haberles enviado esa carta tan severa, aunque al principio sí me lamenté porque sé que les causó dolor durante un tiempo. 9Ahora me alegro de haberla enviado, no porque los haya lastimado, sino porque el dolor hizo que se arrepintieran y cambiaran su conducta. Fue la clase de tristeza que Dios quiere que su pueblo tenga, de modo que no les hicimos daño de ninguna manera. 10Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, al cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual. (2 Corintios 7:8-10, NTV)
14Más tarde, después del arresto de Juan, Jesús entró en Galilea, donde predicó la Buena Noticia de Dios.15«¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios! —anunciaba—. ¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!». (Marcos 1:14-15, NTV)
8El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.
9Guía a los humildes para que hagan lo correcto;
les enseña su camino. (Salmo 25:8-9, NTV)
En nosotros y en ellos, debe prevalecer una actitud como la del cobrador de impuestos y no como la del fariseo:
9Luego Jesús contó la siguiente historia a algunos que tenían mucha confianza en su propia rectitud y despreciaban a los demás: 10«Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era fariseo, y el otro era un despreciado cobrador de impuestos. 11El fariseo, de pie, apartado de los demás, hizo la siguiente oración:“Te agradezco, Dios, que no soy un pecador como todos los demás. Pues no engaño, no peco y no cometo adulterio. ¡Para nada soy como ese cobrador de impuestos! 12Ayuno dos veces a la semana y te doy el diezmo de mis ingresos”.
13»En cambio, el cobrador de impuestos se quedó a la distancia y ni siquiera se atrevía a levantar la mirada al cielo mientras oraba, sino que golpeó su pecho en señal de dolor mientras decía: “Oh, Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador”. 14Les digo que fue este pecador —y no el fariseo— quien regresó a su casa justificado delante de Dios. Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados». (Lucas 18:8-14, NTV)
Es el momento de que los pastores que acompañaron a la familia Morales en la campaña, hoy más que nunca puedan ministrarles a todos como familia y buscar allí la restauración de Dios:
13¿Alguno de ustedes está pasando por dificultades? Que ore. ¿Alguno está feliz? Que cante alabanzas. 14¿Alguno está enfermo? Que llame a los ancianos de la iglesia, para que vengan y oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. 15Una oración ofrecida con fe, sanará al enfermo, y el Señor hará que se recupere; y si ha cometido pecados, será perdonado.
16Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos. (Santiago 5:13-16, NTV)
Estos días serán difíciles, pero para quienes confían en Jesús, no son días sin esperanza en medio de la disciplina del castigo y el proceso legal:
1Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. 2Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.Debido al gozoque le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios.3Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores,así no se cansarán ni se darán por vencidos. 4Después de todo, ustedes aún no han dado su vida en la lucha contra el pecado.
5¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo:
«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor
y no te des por vencido cuando te corrija.
6Pues el Señor disciplina a los que ama
y castiga a todo el que recibe como hijo».
7Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? 8Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos. 9Ya que respetábamos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, entonces, ¿acaso no deberíamos someternos aún más a la disciplina del Padre de nuestro espíritu, y así vivir para siempre?
10Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad. 11Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella.
12Por lo tanto, renueven las fuerzas de sus manos cansadas y fortalezcan sus rodillas debilitadas. 13Tracen un camino recto para sus pies, a fin de que los débiles y los cojos no caigan, sino que se fortalezcan. (Hebreos 12:1-13, NTV)
¡Qué prevalezca el Estado de Derecho, que se cumpla la ley y que nuestros corazones no se contaminen con atribuirnos justicia que no nos corresponde y juicio que no es prerrogativa nuestra emitir!
14Bendigan a quienes los persiguen. No los maldigan, sino pídanle a Dios en oración que los bendiga.15Alégrense con los que están alegres y lloren con los que lloran. 16Vivan en armonía unos con otros. No sean tan orgullosos como para no disfrutar de la compañía de la gente común. ¡Y no piensen que lo saben todo!
17Nunca devuelvan a nadie mal por mal. Compórtense de tal manera que todo el mundo vea que ustedes son personas honradas. 18Hagan todo lo posible por vivir en paz con todos.
19Queridos amigos, nunca tomen venganza. Dejen que se encargue la justa ira de Dios. Pues dicen las Escrituras:
«Yo tomaré venganza;
yo les pagaré lo que se merecen»,
dice el Señor.
20En cambio,
«Si tus enemigos tienen hambre, dales de comer.
Si tienen sed, dales de beber.
Al hacer eso, amontonarás
carbones encendidos de vergüenza sobre su cabeza».
21No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien. (Romanos 12:14-21, NTV)
12¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
13¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.
14Que las palabras de mi boca
y la meditación de mi corazón
sean de tu agrado,
oh Señor, mi roca y mi redentor. (Salmo 19:12-14, NTV)
Siempre, siempre, siempre, ¡hay esperanza!

¡Vuelve! La Gran Esperanza Navideña


La temporada de Adviento y la celebración cristiana de Navidad son el punto de encuentro de dos grandes verdades para los cristianos: la promesa cumplida de la venida de Jesús a la Tierra para redimirnos de nuestros pecados y reconciliarnos de vuelta al Padre (Colosenses 1:19-20) y la anticipación al cumplimiento de la promesa de que Jesús regresará por nosotros quienes hemos puesto nuestra confianza en Él (Hechos 1:6-11).

De allí que Navidad es una catapulta hacia el futuro.  Navidad es la evidencia de la fidelidad de Dios y nos coloca en terreno firme para tener la certza de que la promesa futura será cumplida muchísimo más allá de nuestras expectativas.

Durante esta y quizás en todas las navidades del pasado y seguro del futuro, alrededor nuestro experimentaremos al lado de la inmensa alegría de la época, la nostalgia, tristeza y dolor de la pérdida que acompaña la experiencia humana en un mundo caído.  Metas quedarán sin cumplirse, relaciones habrán sufrido daño y desgaste y personas que amamos morirán.

La esperanza del Segundo Adviento nos ayuda, en medio de las circunstancias difíciles que hoy podemos estar viviendo, a ser fortalecidos por las palabras del Apóstol Pablo:

51Pero permítanme revelarles un secreto maravilloso. ¡No todos moriremos, pero todos seremos transformados! 52Sucederá en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando se toque la trompeta final. Pues, cuando suene la trompeta, los que hayan muerto resucitarán para vivir por siempre. Y nosotros, los que estemos vivos, también seremos transformados. 53Pues nuestros cuerpos mortales tienen que ser transformados en cuerpos que nunca morirán; nuestros cuerpos mortales deben ser transformados en cuerpos inmortales.
54Entonces, cuando nuestros cuerpos mortales hayan sido transformados en cuerpos que nunca morirán, se cumplirá la siguiente Escritura:
«La muerte es devorada en victoria.
55Oh muerte, ¿dónde está tu victoria?
Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?».
56Pues el pecado es el aguijón que termina en muerte, y la ley le da al pecado su poder. 57¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo.
58Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil. (1 Corintios 15:51-58, NTV)
El Apóstol Juan también nos reafirma la esperanza segura que nos aguarda y que al celebrar Navidad podemos siempre recordar y ser fortalecidos en ella…especialmente cuando nos cuesta entrar en el “espíritu navideño” por las circunstancias del mundo caído en el que vivimos:
1Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar. 2Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo.
3Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.4Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».
5Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza». 6También dijo: «¡Todo ha terminado! Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. A todo el que tenga sed, yo le daré a beber gratuitamente de los manantiales del agua de la vida. 7Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos. (Apocalipsis 21:1-7, NTV)
La verdadera esperanza navideña está allí entonces….en anhelar fervientemente y esperar con fe el regreso del Señor Jesús y ver cumplidas allí anhelos y sueños que hoy ni siquiera somos capaces de empezar a imaginar.
17El Espíritu y la esposa dicen: «Ven». Que todos los que oyen esto, digan: «Ven». Todos los que tengan sed, vengan. Todo aquel que quiera, beba gratuitamente del agua de la vida. 18Yo declaro solemnemente a todos los que oyen las palabras de la profecía escritas en este libro: si alguien agrega algo a lo que está escrito aquí, Dios le agregará a esa persona las plagas que se describen en este libro. 19Y si alguien quita cualquiera de las palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa que se describen en este libro.
20Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!».
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios. (Apocalipsis 22:17-21, NTV)
Les dejo esta canción que seguramente no entra dentro de la mayoría de playlists de la época, pero que espero nos ayude a reafirmar hoy y siempre esta hermosa esperanza que sostiene nuestras vidas:
¡Feliz Navidad y….MARANATHA!

La Gratitud que Necesitamos


palabras-de-reflexion-gratitudEste próximo jueves se celebra en Estados Unidos el Día de Acción de Gracias.  En Guatemala, esta fecha ha venido adquiriendo popularidad y no es extraño ver a más familias y grupos de amigos reunirse a celebrar.  Independiente de las razones de por qué o cómo llegó a implantarse esta celebración en nuestra cultura, hay aquí una inmensa oportunidad para recordar y fortalecer uno de los pilares más importantes de la vida cristiana: la gratitud.

El Salmo 100:4 nos recuerda que las llaves a la presencia de Dios son la gratitud y la alabanza.  La gratitud nos mantiene humildes ante la majestad, grandeza y absoluta soberanía de Dios sobre toda las cosas, todas las personas y todas las circunstancias.  Nos recuerda nuestro lugar como criaturas delante de un Creador que es santo y misericordioso y como consecuencia de eso, transforma la manera en que reaccionamos a lo bueno y lo malo en la vida y la manera en que tratamos y nos relacionamos con nuestros semejantes, con nuestro prójimo.

Como cristianos que buscamos vivir constantemente en la presencia de Dios, la gratitud es más que un simple lindo sentimiento que aflora en fechas especiales del año.  La gratitud para el cristiano es una respuesta a la gracia recibida y a la segura esperanza prometida por Dios a través de Jesús.

El apóstol Pablo coloca nuestra necesidad de vivir agradecidos dentro del contexto de exhortaciones e instrucciones que pueden servirnos durante esta semana de Thanksgiving como pie para nuestra reflexión este jueves y las discusiones alrededor de la mesa:

12Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. 13Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. 14Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía. 15Y que la paz que viene de Cristo gobierne en sus corazones. Pues, como miembros de un mismo cuerpo, ustedes son llamados a vivir en paz. Y sean siempre agradecidos. (Colosenses 3:12-15, NTV)

  • Pablo nos llama a ser agradecidos bajo la sombrilla de la elección soberana de Dios de nuestras vidas para salvación.
  • Nuestra gratitud y el cambio en nuestras vidas son derivados y respuestas naturales del Evangelio y el poder transformador de la gracia de Dios sobre nuestras vidas.
  • El amor, la comprensión, el perdón y la gratitud son virtudes que son inseparables para quienes han sido tocados y traídos de vuelta a la vida por el Padre a través de Jesús, en el poder del Espíritu Santo.

16Estén siempre alegres. 17Nunca dejen de orar. 18Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:16-18, NTV)

  • En el contexto de las instrucciones finales que Pablo da en esta primera carta a los creyentes de Tesalónica, vemos que ser agradecidos es parte fundamental de nuestro cumplimiento de la voluntad de Dios.
  • Vemos que la voluntad de Dios se define en términos de lo que Dios ya ha ordenado para nosotros en lugar de la noción popular de que la voluntad de Dios es todo lo bueno que nosotros queremos y que deseamos que Dios nos conceda.
  • El gozo, la oración y la gratitud son nuevamente virtudes inseparables en la vida de aquellos que han sido verdaderamente transformados por la gracia de Dios.

Ante esto, ¿cómo enfrentar esta semana especial en que hablar de gratitud estará a la orden del día? ¿Cómo darle significado a la fecha más allá de la imitación de una costumbre foránea y de un artificial pico comercial?  La respuesta va más allá del simple buscar razones por las cuales estar agradecidos.  La Biblia nunca nos manda a eso, la Biblia nos manda a ser y estar agradecidos.  Pero….¿agradecidos por qué? Agradecidos por Jesús….nada más es necesario y ninguna otra razón podría superar jamás la inmensa misericordia mostrada por nosotros los pecadores en Jesús.

El Salmo 23, en su primer versículo nos recuerda que porque “El Señor es mi pastor”, entonces “tengo todo lo que necesito”. Otras traducciones lo dicen de esta manera: “…nada me faltará.” La tradicional traducción en inglés de este texto lo refuerza más aún: “I shall not want…” (“No querré nada más”).  Meditemos en el peso de estas palabras y que nuestra oración y vida sea cada vez más volcada a agradecer con humildad y rodilla doblada.  Allí nos encontraremos en la hermosa presencia de Dios….no necesitamos más.