El Arrepentimiento y la Limpieza de la Casa


foto-principal(Traducción del artículo de Sam Guzmán titulado “Repentance and Cleaning House”, disponible en inglés aquí.)

Soy padre de tres hijos, todos menores de 4 años.  No deja de sorprenderme, aunque quizás ya no debería a estas alturas, lo rápido que las cosas se salen de control.  Una casa impecable que tomó muchísimo trabajo arreglar puede de manera casi instantánea ser destruida por niños pequeños con el menor esfuerzo.

El cereal cruje bajo mis pies mientras veo con asombro estupefacto la explosión de comida debajo de la silla de comer de nuestro bebé de un año.  Piezas del “Señor Cara de Papa” aparecen en la gaveta de mis calcetines.  Las camas recién tendidas se tornan en un torbellino de sábanas en un segundo.  Podría seguir y seguir contándoles….

Pareciera como si un huracán arrasara con nuestra casa a diario.  Vivimos la brutal y caótica realidad de la ley de entropía.

Aún así, mi esposa y yo anhelamos el orden y la nitidez.  Hemos intentado, sin éxito, de ignorarlo y soltarlo.  Quizás algún día lo logremos.  Sin embargo, por ahora, es imposible.  Cada día la casa termina prácticamente destruida y cada día iniciamos la inútil tarea de recoger, limpiar, aspirar, barrer, vaciar y organizar.  Es un proceso que nunca terminará -al menos mientras nuestros hijos vivan en casa.

Limpiando tu casa espiritual

Estamos entrando en la temporada de Cuaresma y en mis reflexiones, me he dado cuenta lo parecida que es nuestra lucha espiritual con el intentar mantener una casa ordenada.  Frecuentemente comparamos la vida espiritual con cosas heroicas como la guerra, lucha y con una carrera de resistencia, como una maratón.  Pero quizás el sacar la basura de la cocina sea una comparación más realista.

En cualquier caso, me he dado cuenta que, al igual que una casa limpia rápidamente entra en desorden y debe limpiarse constantemente, así también nuestras almas necesitan cuidado y mantenimiento constante.  Siempre debemos iniciar a ordenarlas de nuevo.

Debemos hacer esto porque hay una ley espiritual de entropía llamada “pecado”.  Estamos constantemente siendo alejados de Dios por nuestras pasiones pecaminosas.  Estas están siempre en guerra contra nosotros y, si las dejamos pasar solo así, estas complicarán nuestro viaje hacia el Creador.  Nuestra naturaleza pecaminosa -lo que la Escritura describe como “la carne” o el “hombre viejo”- funciona como la gravedad que nos previene de ascender al Padre.  El apóstol Pablo alguna vez describió el pecado como un “peso”, una metáfora bastante apta.

Dada nuestra quebrantada condición, no hay tal cosa como un patrón de espera en la vida espiritual.  El instante en que dejamos de avanzar, empezamos a perder terreno.  El momento en que relajamos la guardia, empezamos la retirada.  De este lado del Cielo, nunca estaremos realmente libres de esta realidad.

Iniciar de nuevo

Tenemos días en que nuestros hijos hacen un relajo tan grande que el limpiar parece una tarea sin esperanza alguna.  Mi esposa y yo nos vemos el uno al otro y no sabemos si reír o llorar.  Sin embargo, iniciamos de nuevo.

De la misma forma, en la vida espiritual hay momentos en que perdemos la esperanza.  Es como si toda nuestra lucha fuera en vano.  Somos tentados a rendirnos, tirar la toalla y tomar el camino más fácil.  Sin embargo, al final de ese camino solo encontraremos la muerte.

En esta vida, la santidad se encuentra en volver a empezar vez tras vez.  Se trata de un examen, conversión y regeneración de nuestro corazón constante.  La santidad se encuentra en el arrepentimiento, y el arrepentimiento va más allá de solo sentirnos culpables por haber pecado. Se trata, más bien, de regresar a Dios -mil veces al día si es necesario.

Si deseamos una casa limpia, nunca dejamos de limpiar.  Si deseamos un corazón limpio, no debemos desistir en la lucha de la conversión y el arrepentimiento.  Esta es la vida cristiana. Empezar otra vez.

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Las 5 peores frases religiosas para alguien que está sufriendo


downloadTodos sufrimos. Todos. Y todos conocemos a alguien que está sufriendo o atravesando una situación difícil en cualquier área de su vida.  Nuestro instinto es ayudar y buscar aliviar algo del sufrimiento que nuestro familiar, amigo o ser querido está sintiendo.

Sin embargo, nuestra subcultura evangélica muchas veces termina lastimando más a las personas que buscamos ayudar cuando usamos frases que cuentan con poco sustento bíblico o con una robusta teología del sufrimiento, la redención y la esperanza cristiana.

En el artículo a continuación que traduje, Kate Bowler -bloggera, historiadora cristiana, catedrática universitaria, autora de varios libros y paciente de cáncer– nos llama a la reflexión con un poco de sarcasmo y humor negro, sobre esas frases que usamos con las mejores intenciones, pero que no siempre producen los mejores resultados.

El artículo original en inglés, titulado “Top 5 Worst Religious Clichés for People in Pain” , está disponible aquí.

La próxima vez que quieras sonreír de manera sarcástica, date una vuelta por la sección en el supermercado o tu tienda favorita donde vendan tarjetas de felicitación.  Pasa por alto las tarjetas gigantes con leyendas como “¡Tengo 18 con 32 años de experiencia!” y también las tarjetas en blanco que solo muestran en la portada algún lindo y paradisíaco paisaje y ve directo a la sección de tarjetas de “Simpatía Religiosa”.  Es aquí donde las trilladas frases de la industria de tarjetas de felicitación alcanzan profundidades inimaginables.  Desafortunadamente el efecto que estas tarjetas producen -a pesar de haber sido seleccionadas por personas religiosas con las mejores de las intenciones- es muchas veces totalmente opuesto a esas buenas intenciones.  Tómalo de mí, la “Experta Receptora de Tarjetas de Simpatía”.  Por favor, nunca permites que este tipo de frases le lleguen a tus amigos:

  1. “Dios necesitaba un ángel”

Normalmente escucho esta frase en el contexto del fallecimiento de un niño o niña.  Esta sea quizá la imagen más horrible: que Dios es cruel y caprichoso y quiere llevarse a tus hijos.  Primero que nada, los niños no tocan bien el harpa.  Segundo, Dios tiene miles de ángeles, millones. Tercero, técnicamente Dios crea a los ángeles desde cero, no los hace de aquellos que han fallecido.  Afirmar lo contrario es herejía, así que no lo digas.

2. “Dios está cerrando una puerta, pero está abriendo una ventana”

De acuerdo a Hallmark, pareciera ser que Dios está súper metido en esto…pero ¿qué es lo que esto realmente significa?  Por favor asegúrate de no comprar esta tarjeta para alguien que está recuperándose de un incendio en casa o de algún desastre natural.  Es muy probable que estas personas prefieran las puertas que ya tenían a las ventanas que Dios pueda proveerles.  Además, ¿sabes lo difícil que es sacar de tu casa a los pájaros que entran por las ventanas?  Me quedo con mis ventanas con cedazo, gracias. 

3. “Lo que no te mata, te fortalece”

Veamos, esto implica que el momento más fuerte en la vida de alguien es cuando están en su punto más débil.  Entiendo que el sentimiento detrás de esto es fortalecer y empoderar a las personas, pero debes tomar nota de que podría parecer que minimizas la lucha por la que alguien está pasando.  A nadie le gusta escuchar que algún día quizás logren ver los beneficios de la horrible realidad que hoy están viviendo.  Como una pequeña nota aparte, ten ESPECIAL cuidado de no usar esta frase con alguien que está literalmente enfrentando la muerte.

4. “Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar”

A pesar de que es cierto que la fe de las personas puede crecer o cambiar durante períodos de dolor, muchas buenas personas se han enfrentado con lo difícil que es mantener la fe cuando todo lo que ven o sienten es el sufrimiento.  En lugar de hablarles sobre estos aspectos teológicos, ¿por qué no ser la fe que tu amigo o amiga necesita?  Ayúdale a llevar su carga en lugar de intentar fortalecerle desde lejos con la idea de que debe ser autosuficiente a la hora de enfrentar tiempos difíciles.

5. “Todo pasa por algo

Sin darte cuenta, estás metiendo a tu amigo o amiga en su propia crisis.  Le estás diciendo que sonría y se aguante, porque todas las cosas malas se las arreglan para convertirse en buenas.  Cosas terribles le pasan a personas buenas a diario.  Créeme, el pensar en que debes martirizarte hoy en busca de algún potencial y desconocido beneficio en el futuro, no hace que una mala situación hoy duela menos.  Únicamente sostén la mano de tu amigo o amiga, dile que le amas y que estas allí para servirle y apoyarle…y que la defenderás a capa y espada de cualquiera que le intente dar alguna tarjeta llena de brillantina que diga “Todo es parte del plan de Dios.”

La espera más allá de Navidad


(Traducción mía del artículo originalmente escrito por Betsy Childs Howard y publicado originalmente en inglés aquí.)

shutterstock_131296058-660x350La temporada de Adviento nos trae consigo los agradables rituales de la feliz espera.  Si abrimos una puertecita en un calendario de Adviento, podemos encontrar un chocolate.  Al encender una candela en la corona de Adviento, nos recordamos que estamos cada vez más cerca de Navidad.  El revisar las listas de regalos y el listado de compras para la cena de Nochebuena nos recuerda que nos acercamos a un momento maravilloso de dar, recibir y festejar.

La espera que viene con la temporada de Adviento es divertida porque es finita.  Sabemos que lo que nos espera al final de este tiempo será algo bueno y sabemos también exactamente cuántos días más necesitamos esperar.

Sin embargo, la mayoría de tiempos de espera en nuestras vidas son tiempos abiertos.  Esperamos el amor y el matrimonio sin saber si llegará.  Esperamos tener hijos sin saber si lograremos concebir.  Esperamos que se haga justicia.  Esperamos que venga la sanidad.

Lo más difícil de esperar no es tanto el saber cuándo terminará la espera, sino el saber si acaso llegará a terminar.  Si tus planes de vida no están fructificando, ¿debemos cambiar el curso o seguir esperando por el deseo de nuestro corazón?  Nuestros anhelos incumplidos, ¿serán indicadores de una pecaminosa falta de contentamiento o será que simplemente Dios no ha cumplido aún Sus bendiciones?

ANHELANDO EN NAVIDAD

Esta temporada de anticipación es una en donde nuestros anhelos adquieren un enfoque nuevo y más fuerte.  Quizás si estás soltero te preguntas si quizás el próximo año será finalmente el año en el que podrás ir al convivio de la empresa con tu pareja.  Quizás tienes familiares que se han alejado y cada año sueñas con que ese sea el año que los traiga de regreso a casa.

Yo personalmente pasé la Navidad pasada preguntándome si Dios nos daría a mi esposo y a mí un bebé.  No lo hizo, pero no puedo dejar de tener la esperanza que para esta época el próximo año, seremos una familia de tres.

Todas las películas navideñas nos aumentan la esperanza de ver una feliz reconciliación justo a tiempo para celebrar Navidad.  Quienes están solos encuentran una familia, y los perdidos encuentran su camino a casa. En el mundo real, sin embargo, la Navidad viene y se va sin llenar por completo los anhelos de nuestro corazón.

ANHELANDO POR MAS

Adviento es mucho más que esperar la llegada de Navidad.  La palabra Adviento significa “venida”.  Durante el Adviento no solamente recordamos que Jesús se encarnó y vino a nosotros; también preparamos nuestro corazón para Su segunda venida.  Cuando cantamos “Oh venid bendito Emanuel”, no estamos imaginándonos ser los israelitas orando antes de la llegada del Mesías.  No, estamos orando para que Emanuel regrese y arregle todo lo que está mal en este mundo.  Cuando cantamos “…el corazón ya tiene luz…” no estamos ensalzándonos a nosotros mismos, sino estamos recordando la oscuridad de la que fuimos rescatados y la que aún prevalece en los corazones que no conocen a Jesús.

En mi opinión, no existe mejor época para recordar el retorno de Cristo.  Justo cuando quisiéramos estar lo más felices posible y estamos, irónicamente, muy tristes, recordamos no solo que Jesús vino, sino que también nos prometió que regresará.  Esta vida no es la única oportunidad que tendremos para ser felices.  Esta vida es un breve preludio a la vida que vendrá en donde nuestros anhelos se verán más que saciados.  En la presencia de Jesús no echaremos de menos nada que no hayamos tenido en esta vida.

Si tu corazón se siente más pesado de lo que quisieras durante esta temporada de Adviento, cobra ánimo recordando que la felicidad de la Navidad no es la felicidad última que estás esperando.  La mejor Navidad –aquella en la que cada miembro de la familia se sienta a la mesa, habla cordialmente con todos y prefiere dar a recibir- es una pálida sombra del gozo que está aún por venir.  Que el dolor en tu corazón te apunte más allá de Navidad a la mejor celebración que nos espera.  Únete a las voces de los cristianos alrededor del mundo que juntos oran: “¡Oh ven bendito Emanuel!” 

Gratitud = Paz


feliz-accion-de-gracias-agradecimiento.jpg¡Feliz Día de Acción de Gracias!  Este ha sido mi día favorito del año desde que tengo memoria.  A pesar de no haber nacido en Estados Unidos, por circunstancias de experiencias de vida familiar y personal, siempre hemos observado este día con mi familia desde que tengo memoria.

Ayer en el servicio de Thanksgiving en mi iglesia (Union Church of Guatemala), mi hija leyó el siguiente pasaje:

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto.
No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. (Filipenses 4:4-7, NTV)
En contexto, Pablo le escribe a sus amigos en Filipos para que colaboren juntos en resolver algunas disputas personales dentro de la iglesia y a partir de allí construyan una cultura de vida sustentada en el gozo y la gratitud y en la esperanza certera del regreso de Jesús.
El fruto de esa nueva forma de vivir traerá de vuelta la verdadera paz que tanto anhelamos.  La gratitud en nosotros hacia Dios produce en nosotros cambios internos que re-orientan nuestra forma de ver la vida:
  1. Nos recuerda nuestro lugar en el universo y que no somos el centro del mismo.  Nos hace humildes.
  2. Eleva nuestra mirada al cielo y la coloca en Dios.  Reconoce que todo, todo, todo lo que somos, hacemos y tenemos (y lo que no también) son parte del plan misericordioso, amoroso y providencial de Dios diseñado para nuestra santificación y nuestro gozo.
  3. El fruto de la humildad y de colocar la mirada en Quien tiene todo bajo Su buen gobierno, control y soberanía nos producirá paz.  Pero no una paz como simple ausencia de conflicto.  La paz que viene de Dios es la que trae la certeza de la fe, la certeza de que estando todo bajo Su control, eventualmente todo será para bien.

Por esto es que el apóstol Pedro nos recordaba:

“Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.
¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar. Manténganse firmes contra él y sean fuertes en su fe. Recuerden que su familia de creyentes en todo el mundo también está pasando por el mismo sufrimiento.
En su bondad, Dios los llamó a ustedes a que participen de su gloria eterna por medio de Cristo Jesús. Entonces, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá, los fortalecerá y los afirmará sobre un fundamento sólido¡A él sea todo el poder para siempre! Amén.” (1 Pedro 5:6-11, NTV)
Cuando leo estas Escrituras solo puedo agradecer a Dios por Su misericordia.  Ciertamente Él ha sido bueno conmigo y con mi familia.  Estos Salmos son los que más motivos de gratitud me dan hoy:
El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados. (Salmo 25:8, NTV)
¡Te damos gracias, oh Dios!
Te damos gracias porque estás cerca;
por todas partes, la gente habla de tus hechos maravillosos. (Salmo 75:1, NTV)
La redención no se consigue tan fácilmente, pues nadie podrá jamás pagar lo suficiente como para vivir para siempre y nunca ver la tumba. Pero en mi caso, Dios redimirá mi vida; me arrebatará del poder de la tumba. (Salmo 49:8-9 y 15, NTV)
Que este Día de Acción de Gracias, sea como cada quién lo observe -o no- sea un día en que con corazón humilde doblemos rodilla en gratitud a Dios por Su gran salvación, por Su gran amor, misericordia y paciencia.  Que esa gratitud nos llene de esperanza en la vida eterna que Dios tiene para nosotros y aguardemos con anticipación el regreso de Jesús.  Con nuestros corazones llenos de esta esperanza centrada en el Evangelio, confiemos en que Dios traerá a nuestras vidas la paz que tanto necesitamos y anhelamos.

“Non Grato” no existe en el vocabulario cristiano


persona_non_grataLa crisis que atraviesa Guatemala ha polarizado a nuestra sociedad a niveles que no veíamos desde hace muchos años.  La argumentación de los extremos sumado con el relativismo moral posmoderno hacen imposible el diálogo toda vez sigamos pretendiendo que la verdad es una cuestión de opinión privada en función más de lo que me hace sentir bien que en función de la búsqueda honesta de la verdad que implica incluso corregir y enmendar cuando hay error.

En ese contexto, se ha puesto en boga el rechazar de tajo no solo a las ideas, sino a las personas con quienes diferimos al colocarnos a nosotros mismos como los estándares de toda justicia y rectitud.

El “nosotros contra ellos” y la superioridad moral de “no soy tan malo como ellos” que vivimos, nos ha convertido en los más despiadados y crueles jueces de nuestro prójimo…sea este presidente, sindicalista, empresario, proletario, católico, evangélico, ateo o cualquier otra categoría en donde podamos encasillar a nuestro rival, a nuestro enemigo.

En ese contexto, ya es cosa común, desde finales de agosto pasado, el declarar non grato a nuestros opositores.  Vale la pena reflexionar en lo que estamos diciendo, especialmente si nos confesamos cristianos.  Una declaración de persona non grata es la más agresiva expresión de rechazo y condena al exilio que existe en el mundo diplomático.  Es decir “no te quiero ni te acepto” y aún más, es decir “¡vete de aquí y no vuelvas más!”.  Entre las voces que se alzan con declaratorias de “non grato” a diversas personas en el país, se alzan muchas voces de cristianos que han sido arrastrados por la corriente de la ya famosa y trillada “coyuntura política” del país.

La pregunta es: a la luz de las Escrituras, ¿cabe la posibilidad de que un cristiano declare a cualquier otra persona como non grata?  Mi tesis es que no.  ¿Por qué?

La raíz de la palabra grata es la misma raíz de la palabra gratia, palabra de donde sacamos el término “gracia”, que para nosotros como cristianos significa “favor inmerecido”.  ¿Qué nos dice la Biblia a nosotros de todo esto?

“1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:1-10, NTV)
“6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, ya que hemos sido hechos justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios.” (Romanos 5:6-11, NTV)
El ancla de nuestra justificación y salvación es la gracia de Dios, el favor inmerecido de Dios, cuando aún éramos Sus enemigos.  Fuimos “aceptos en el Amado”  (Efesios 1:3-8, NTV), aceptados no por causa de nuestros méritos, sino a pesar de nuestro total demérito.
A la luz de esa verdad, a la luz del escándalo de la gracia de Dios, a la luz de que como cristianos fuimos aceptados, amados, perdonados, justificados y reconciliados por Dios únicamente a través de la gracia, el tratar a otros de manera contraria es una total y flagrante afrenta al Evangelio.  Simplemente es contrario a la naturaleza de todo aquel que afirma la Sola Gratia como pilar fundamental para su vida y esperanza cristiana.
Pero, ¿qué hacemos con quienes han cometido tantas injusticias? Debemos clamar y exigir porque se cumpla la ley y se haga justicia.  Debemos esperar que el gobierno haga su tarea de castigar a quienes hacen el mal (Romanos 13:1-7), pero a la vez, hemos de confrontar el pecado entre nosotros no solo para la condena del mismo, sino para la restauración del pecador de vuelta a Dios y de vuelta a la comunidad:
“1Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. 2Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. 3Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)
No olvidemos, si por las circunstancias y la gravedad de la situación no encontramos otro camino más que declarar a otra persona nuestro enemigo, hemos entonces contraído una obligación moral con ellos: la obligación de amarlos, no porque nos caigan bien o hayan reparado el daño, sino porque nosotros hemos sido amados así aún en nuestra condición pecadora y de rebeldía y enemistad contra Dios.
“38»Han oído la ley que dice que el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: “Ojo por ojo, y diente por diente” 39Pero yo digo: no resistas a la persona mala. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla. 40Si te demandan ante el tribunal y te quitan la camisa, dales también tu abrigo. 41Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos. 42Dales a los que te pidan y no des la espalda a quienes te pidan prestado.
43»Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. 44Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! 45De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. 46Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. 47Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. 48Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:38-48, NTV)
Estamos delante de una gran oportunidad de vivir y mostrar un testimonio cristiano diferente, uno que pelea por la libertad, la justicia y la verdad, pero que guarda su corazón de pecar en reacción al pecado de otros.  Si vamos a señalar el pecado, si vamos a separar a otros de la comunidad, que sea para su restauración, siguiendo el ejemplo de Pablo, Onésimo y Filemón (Filipenses 1:15-19).  Si predicamos gracia, extendamos gracia y recordemos que a los pies de la Cruz hay lugar para todos los que se arrepienten y colocan su fe y confianza en Jesús.

Ideas para Trazar el Rumbo en Guatemala


DSC01122.JPGMañana se marcará el punto alto de lo que ha venido siendo un mes sumamente desafiante para un país que pareciera no terminar de sentar cabeza y sigue convulsionando después de dos años de “nueva política” y treinta y dos años desde el inicio de la “era democrática”.

Teníamos mucho tiempo de no estar tan polarizados -o al menos así parecieran indicar las redes sociales-.  Lo cierto es que nos toca enfrentar una realidad que no culmina con las protestas, manifestaciones y paros.  La legítima manifestación de la inconformidad ciudadana ante un regimen tan errático, desarticulado y débil en el ejercicio de su liderazgo, necesita aterrizar en el trazado de caminos a seguir para retomar el rumbo y dirigirnos hacia un puerto más seguro.  Las soluciones están más en nuestras manos y nos corresponde ahora, más que nunca, asumir esa responsabilidad histórica y dejar de depender únicamente en los caminos tradicionales limitados a la política y el aparato estatal.

En este contexto es donde debemos ahora ponernos a pensar acerca de:

  • ¿Hacia dónde queremos ir?
  • ¿Cuál es el objetivo que perseguimos?
  • ¿Cómo llegaremos allí?
  • ¿Qué necesitamos para llegar?
  • ¿Cuáles serán las consecuencias previsibles y las no intencionadas -tanto positivas o negativas- del rumbo que se tome?

Quisiera compartir algunas ideas que giran alrededor de un concepto central que, a mi criterio, es la lucha que no hemos emprendido, la lucha por nuestra libertad.  A continuación, mis ideas:

Principios Guía:

  1. Principio de Subsidiariedad: Facultar y respetar la capacidad de que los problemas que surgen en cada comunidad sean primeramente resueltos por los agentes privados y públicos (en ese orden) más cercanos al problema.  Los órdenes superiores deben intervenir sí y solo sí el orden más cercano no puede atender la necesidad.
  2. Esferas de Soberanía: El Estado debe respetar y facultar la esfera de soberanía de cada orden social (Iglesia, Familia, Empresa, Asociación Voluntaria, etc.) para que esta pueda actuar de acuerdo a su diseño, naturaleza y propósito y de esa forma, contribuya al florecimiento y desarrollo de todas las personas en el país.
  3. Centralidad de la Persona Humana:  Sobre todas las cosas, debe prevalecer el respeto a la dignidad de cada persona humana y en ese orden, el papel del Estado debe limitarse a reconocer y defender los derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad de cada uno a través de un marco jurídico enfocado en la protección de estos derechos más que en la dirección de las acciones de cada persona.

1. Reformas al sistema electoral de forma integral

  • Elección nominal de diputados al Congreso de la República.
  • Elección nominal de concejales a las municipalidades.
  • Elección de gobernadores departamentales.
  • Mayor oportunidad para comités cívicos y otras organizaciones para postular candidatos a los distintos puestos de elección popular aparte de los tradicionales partidos políticos.
  • Trabajar para un sistema auténticamente republicano en donde no solo se tenga un Congreso de la República, sino que cada departamento pueda contar con su propio Congreso Departamental en donde se pueda atender mejor las necesidades de cada departamento.

2. Fortalecimiento del Sistema de Justicia

  • Cargos vitalicios para los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para que de esa manera la elección de los mismos no responda a intereses políticos de corto plazo y se desarrolle una línea de jurisprudencia más estable.
  • Reconsiderar si es válido o no la existencia de una corte superior a la CSJ como la Corte de Constitucionalidad.
  • Fortalecer el desarrollo técnico y humano de los distintos empleados del sistema de justicia para que su labor sea más eficiente, genere expectativas de futuro en el desarrollo profesional y permita un trabajo más íntegro.

3. Revisión del Aparato Estatal 

  • Evaluar los distintos ministerios y dependencias del Estado para identificar aquellos donde se duplican funciones o que no agregan valor al desarrollo del país o que entrampan procesos productivos y trazar la ruta para irlos eliminando en el tiempo.  Esto libera recursos fiscales para asignarlos a tareas de mayor impacto y más alta prioridad, además de que reduce las oportunidades para la corrupción al simplificar procesos y reducir la burocracia.

4. Reducción de impuestos, ampliación de la base y simplificación de las obligaciones tributarias

  1. Todos debemos contribuir con nuestros impuestos para que el Estado funcione.  De esta cuenta, la ampliación de la base tributaria es fundamental para lograr la cooperación de toda la ciudadanía y también poder aportar de más fuentes, más ingresos al país.
  2. Aunque parezca contradictorio, la reducción de tasas impositivas y la eliminación de ciertos impuestos, puede favorecer la recaudación tributaria a través de otros impuestos que ya funcionan bien, como el IVA.  Al liberarse recursos que van al fisco y dejarlos en manos de la ciudadanía, las oportunidades de inversión, empleo, ahorro, generación de capital y consumo aumentan, y con ello, la recaudación tributaria.  Impuestos que vale la pena considerar su revisión para reducción y/o eliminación:
    • ISR a las personas bajo el sistema actual de hacerlo un impuesto progresivo, lo convierte en un castigo al éxito.  Considerar una misma tasa para todos que sea baja (5%, por ejemplo).
    • Eliminación de impuestos y aranceles de importación para productos que aquí no producimos o no producimos bien.
    • Eliminación de impuestos y timbres como los que se pagan por artistas extranjeros.
    • Impuesto de circulación “flat” y no progresivo.  El castigar con un mayor impuesto a los vehículos nuevos es contradictorio dado que estos no generan tantos problemas de tránsito, consumen menos gasolina y son más eficientes.  Castigar el éxito y el esfuerzo de las personas que invierten en esto no hace mayor sentido.
    • Eliminar el impuesto de distribución de combustibles para liberar recursos de la bolsa de los contribuyentes, reducir costos logísticos para las empresas y el transporte colectivo.

5. Renovación del Compromiso Individual Ético y Moral con los Demás

  • Más que nuestro compromiso “con Guatemala”, el compromiso debemos asumirlo para con nuestro prójimo: en casa, en el trabajo, en el lugar de estudios, en la calle, etc.  Guatemala existe únicamente en las personas que aquí vivimos y es por eso que el reconocimiento del valor y dignidad del otro es fundamental para avanzar.
  • Comprometernos con nuestro prójimo, su libertad y dignidad, exige de nosotros una fuerte reserva moral para actuar guiados por sólidos e inamovibles principios y valores que responde a la verdad y naturaleza de la persona humana.  Además, ese compromiso exige sacrificio, sacrificio que hace sentido cuando en el horizonte vemos esperanza.
  • El sentido de esperanza que necesitamos rescatar está sostenido únicamente si podemos ver un sentido trascendental a la vida propia y de cada persona a nuestro alrededor.  Ese sentido de trascendencia va conectado al diseño de cada persona y este fluye de su Diseñador.
  • Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y es por eso que debemos volcarnos a Él para poder encontrar el Camino, corregir el rumbo y conocer la verdad acerca de quienes somos y para qué fuimos creados.  Esto es lo que permitirá que asumamos un compromiso con nosotros mismos y con los demás para el futuro de nuestra Guatemala.

No son todas las ideas y seguro hay más y mejores que pueden aportar a una discusión que nos lleve de las protestas como un “fin en sí mismo” a la discusión de caminos con visión de largo plazo para lograr construir un mejor futuro para las generaciones que están ansiosas de insertarse en la vida productiva, social, cívica, cultural y política de nuestra nación.

Esta discusión debe llevarse a cabo desde un diálogo abierto y honesto en donde se puedan exponer posturas guiadas por distintas ideologías sin temor a ser ridiculizados, satanizados o excluidos.  La honestidad intelectual nos exige el debate abierto y sano de las ideas, además de que exige la humildad de reconocer cuando otras ideas con mejores o incluso, son más consistentes con la verdad acerca del valor y dignidad de la persona humana, y por ende, son las que deben guiar el rumbo de la nación.

Que nuestra participación sea cada vez más propositiva, humilde, racional y abierta al diálogo con otros.  Solamente de esa manera podremos vivir en la Guatemala que todos guardamos en el corazón.

¡Ánimo! La lucha por la libertad y la dignidad de cada guatemalteco y de cada familia guatemalteca vale la pena.

Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!

Consuelo para Guatemala


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“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.” (2 Corintios 1:3-7, NTV)

 

El enojo, la tristeza, la frustración, la indignación y sobre todo, la falta de esperanza, inundan hoy el corazón de muchos guatemaltecos.  Sea a través de las redes sociales, los periódicos, noticieros televisivos o radiales y en las conversaciones alrededor de la mesa, muchos hoy comparten sus opiniones de lo que sucede, del por qué sucede y sobre todo, se debaten escenarios ante un futuro que es poco prometedor para Guatemala.

Quizás lo más triste de esta nueva coyuntura que vivimos es lo polarizante que se ha convertido el asunto.  El tono y la forma de los argumentos demuestran lo peligros de argumentar desde los extremos y la poca caridad con la que se discute solamente contribuye más a la desesperanza que parece marcar el tono del futuro inmediato de nuestra nación.

La pregunta que nos corresponde hacernos a los cristianos es…¿cuál debe ser nuestro papel?  Quisiera destacar tres ideas importantes a considerar y sugerir un camino a tomar:

  1. No debemos callar y al mismo tiempo, evitar confundir nuestro quehacer cristiano con activismo político.
  2. Esto no se trata solamente de quienes protagonizan la trama que se ve y vive en los medios.
  3. Nuestro rol como cristianos va mucho más allá que “orar por nuestras autoridades”.

Mi propuesta es el camino del consuelo y el llamado a la reconciliación.  

En circunstancias como estas donde estoy seguro que familias se han dividido o peleado por una mala conversación u opiniones encontradas por el tema, sentimientos han sido dañados, insultos se han dicho y todo esto genera profunda tristeza y división.  Necesitamos ser consolados en medio de lo que esta crisis no solo está haciendo a nuestra nación, sino a nuestros hogares y lugares de trabajo donde chocamos con opiniones.  Pablo, en su segunda carta a los Corintios ancla la posibilidad de que seamos agentes de consuelo para otros en la consciencia plena del consuelo que nosotros mismos hemos recibido de parte de Dios.

El consuelo que hemos recibido de Dios se fundamenta en que nuestra relación con Él ha sido restaurada y reconciliada gracias a y a través de la sangre derramada por Jesús en la Cruz:

“Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)
Es a partir de allí que podemos recibir el máximo consuelo que cualquier persona pueda llegar a esperar: el consuelo mismo de Dios el Espíritu Santo habitando nuestros corazones y recordándonos de nuestra esperanza firme en Dios.  Cuando tenemos plena consciencia de esto, podemos entonces salir con gallardía a hacer el llamado que hoy, más que nunca, nos corresponde hacer a un país dividido, lastimado, desesperanzado y desconsolado: ¡Reconcíliense con Dios!
Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:15-21, NTV)
El problema político y legal que vivimos hoy puede y debe resolverse con el apego estricto a la ley, nuestra Constitución y el diálogo racional, sensato, cordial y humilde. Esa lucha no debemos abandonarla y debemos exigirla de nuestras autoridades y exigírnosla a nosotros mismos.
Sin embargo, no existe ley o Estado de Derecho que restaure nuestros corazones.  Las heridas profundas que la división causa en una sociedad, en una familia y en las personas no se sana más que con el bálsamo del Evangelio.  El arrepentimiento, la gracia, la misericordia, el amor, la humildad y la honesta búsqueda de la verdad nos podrán encaminar hacia la concordia y la armonía.  Atrevámonos a que en medio de la crisis que vivimos y las diferencias ideológicas que nos separan, podamos pedir perdón y podamos perdonar. Para que esto suceda, nuestra esperanza debe estar colocada únicamente en Jesús y a partir de allí, tener la plena certeza en fe, que podremos amar más y mejor al prójimo.
¡Ánimo!

Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!