El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 5 y final)


(Quinta y última parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí)

downloadComo lo resaltó el teólogo de la universidad de Princeton B.B. Warfield de manera tan elocuente, a través de la historia únicamente han existido dos religiones: el paganismo, de la cual el pelagianismo es una expresión, y la redención sobrenatural.

Junto con Warfield y aquellos quienes seriamente advirtieron a sus hermanos y hermanas de estos errores encontrados en Finney y sus sucesores, hemos de caer en cuenta con la salvaje heterodoxia dentro del protestantismo en Estados Unidos.  Con profundas raíces en el movimiento de avivamientos de Finney quizás el evangelicalismo y el protestantismo liberal no estén tan lejos uno del otro.  Sus “Nuevas Medidas” , así como el movimiento de Iglecrecimiento, colocaban al centro del ministerio eclesiástico las elecciones y emociones humanas, ridiculizaban la teología y reemplazaron la predicación acerca de Cristo por la predicación acerca de la conversión.

Las cruzadas sociales y políticas cristianas están fundamentadas sobre el moralismo naturalístico de Finney y sobre esa base colocan su fe en la humanidad y sus propios recursos para auto salvarse.  Con un lenguaje bastante deísta Finney declaraba, “No hay nada en la religión más allá de los poderes ordinarios de la naturaleza.  La religión consiste enteramente en el correcto ejercicio de los poderes de la naturaleza. Es únicamente esto y nada más.  Cuando la humanidad se hace verdaderamente religiosa, no se les factulta el poder realizar esfuerzos que antes les eran imposibles.  Únicamente realizan los esfuerzos que podían realizar antes pero de una manera diferente y ahora para la gloria de Dios.” Dado entonces que el nuevo nacimiento es un fenómeno natural para Finney, lo mismo se puede decir de los avivamientos: “Un avivamiento no es un milagro ni depende de uno en ningún sentido.  Es meramente un resultado filosófico del uso correcto de los medios constituidos, de la misma forma que cualquier otro efecto producido por la aplicación de los medios apropiados.”

Para Finney la creencia de que el nuevo nacimiento y el avivamiento dependen de la actividad divina es perniciosa: “Ninguna doctrina es más peligrosa que esta para la prosperidad de la Iglesia…y ninguna más absurda.” 

Cuando los líderes del movimiento de Iglecrecimiento afirman que la teología es un obstáculo para crecer e insisten que en realidad no es importante lo que una iglesia crea dado que el crecimiento es una función de la aplicación de los principios adecuados, están demostrando lo que han heredado de Finney.

Cuando los líderes del movimiento Vineyard reconocen manifestaciones como ladrar, rugir, gritar, reírse u otro tipo de fenómenos extraños sobre la base de que “funcionan” y que la verdad debe ser juzgada en base a su fruto, también están siguiendo a Finney así como al padre del pragmatismo estadounidense, William James, quien declaró que la verdad debe ser juzgada sobre la base de “su valor en la moneda de las experiencias vividas”.

Es así, entonces, que dentro de la teología de Finney, Dios no es soberano, el hombre no es pecador por naturaleza, la propiciación no es un verdadero pago por el pecado, la idea de ser justificados a través de la imputación es un insulto a la razón y la moral, el nuevo nacimiento es el resultado de la aplicación de técnicas probadas y un avivamiento es el resultado natural de una buena campaña.  En la introducción de la edición conmemorativa al 200 aniversario de la Teología Sistemática de Finney, Harry Conn aplaude el pragmatismo de Finney: “Muchos siervos de nuestro Señor deben buscar diligentemente un evangelio “qué funcione” y estoy muy feliz de afirmar que podrán encontrarlo en este libro.”

Tal como lo ha documentado cuidadosamente Whitney R. Cross , el territorio que Finney cubrió con sus avivamientos con mayor frecuencia fue también la cuna de muchas de las sectas perfeccionísticas que plagaron el siglo XIX.  Un evangelio “qué funciona” para perfeccionistas celosos en un momento, pronto se convertirá en desilusión para “súper santos” quemados y cansados.  Esto sin decir que el mensaje de Finney es radicalmente distinto a la fe evangélica, rasgo que comparten hoy la orientación de los movimientos que han sido marcados por su pensamiento: el movimiento de Iglecrecimiento, el perfeccionismo y emocionalismo pentecostal o el triunfalismo político sustentado en el ideal de un “Estados Unidos cristiano”, e incluso las tendencias anti-intelectuales y anti-doctrinales de muchos evangélicos y fundamentalistas en Estados Unidos.

Finney no solamente abandonó la doctrina de la justificación -convirtiéndolo un rebelde en contra de la fe evangélica-, él también repudió doctrinas como el pecado original y la propiciación sustitutiva, doctrinas que han sido abrazadas tanto por católicos romanos como por protestantes.  Por consiguiente, Finney no solamente es un arminiano, sino un pelagiano.  Él no es solamente un enemigo del protestantismo, sino de todo el cristianismo histórico en el más amplio sentido de la palabra.

En algo podemos estar de acuerdo con Finney: el Evangelio sostenido por los reformadores a quienes él atacaba directamente, Evangelio que es sostenido por todos los evangélicos, es “otro evangelio” totalmente distinto al proclamado por Finney.  La pregunta para nosotros hoy es: ¿de qué lado estaremos?

 

 

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El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 2)


(segunda parte de mi traducción del artículo de Michael Horton “The Disturbing Legacy of Charles Finney” disponible completo en inglés aquí)

¿Quién es Charles Finney?

ifinney001p1Como reacción en contra de la influencia calvinista del Gran Despertar, los sucesores de ese gran movimiento del Espíritu de Dios se volvieron de Dios hacia los humanos, pasaron de predicar el contenido objetivo de Cristo y Su Cruz a hacer un énfasis en que las personas “tomaran una decisión”.

Charles Finney (1792-1875) ministro en los albores del “Segundo Gran Despertar”.  De cuna presbiteriana, Finney un día experimentó un “poderoso bautismo del Espíritu Santo” que “como una ola de electricidad atravesándome continuamente….parecía fluir como olas de amor líquido”.  La siguiente mañana, Finney le informó a su primer cliente del día (era abogado) que “he sido contratado por el Señor Jesucristo para argumentar en favor de Su causa y no podré continuar con la suya”.  Se rehusó a inscribirse al seminario teológico de la Universidad de Princeton (o de cualquier otra universidad) y comenzó a organizar avivamientos en el estado de Nueva York.  Uno de sus sermones más famosos llevaba el título de “Los pecadores deben cambiar sus propios corazones”.

La única pregunta que Finney se hacía acerca de cada enseñanza suya era: “¿Podré convertir a los pecadores con esto?” El resultado de este enfoque a los avivamientos de Finney fue la división entre los presbiterianos de Nueva York y los de Filadelfia en bandos calvinistas y arminianos.  Sus “Nuevas Medidas” incluían la “banca ansiosa” (precursora al llamado al altar contemporáneo), tácticas emocionales que llevaban a sollozar o al desmayo a las personas y otro tipo de “manifestaciones”, llamadas así por Finney y sus seguidores.

Continuará…..

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 1)


(Artículo originalmente escrito por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Ningún hombre por sí solo es más responsable por la distorsión de la verdad cristiana en nuestra era que Charles Grandison Finney.  Sus “nuevas medidas” crearon un marco de referencia para la teología “decisionista” moderna y e movimiento evangélico de avivamientos.  En este excelente artículo, el Dr. Mike Horton explica como Charles Finney distorsionó la importante doctrina de la salvación.

downloadJerry Falwell lo llama “uno de mis héroes y un héroe para muchos evangélicos, incluyendo Billy Graham.”  Recuerdo hace algunos años caminar dentro del Billy Graham Center y observar allí el lugar de honor dado a Charles Finney dentro de la tradición evangélica.  Allí recordé la primera clase de teología que recibí en una universidad cristiana en donde la lectura de las obras de Finney era requerida.  Este predicador de Nueva York era el campeón de la fe más citado y celebrado por el cantante cristiano Keith Green y la organización Juventud con una Misión.  Él es particularmente estimado dentro de los líderes tanto de la derecha como de la izquierda cristiana, por ambos Jerry Falwell y Jim Wallis (de la revista Sojourners), y su huella aparece en movimientos muy diversos pero que al final, resultan siendo simples herederos del legado de Finney.  Desde el movimiento Vineyard y el movimiento de Iglecrecimiento, a las cruzadas políticas y sociales, el tele-evangelismo y el movimiento de Promise Keepers….¡Finney aún vive!

Finney aún vive porque su impulso moralista miraba una iglesia que fuese en gran medida una agencia de reforma personal y social en lugar de ser la institución en donde los medios de la gracia -la Palabra y el Sacramento- fueran hechos disponibles a los creyentes que luego llevarían el Evangelio al mundo.  En el siglo 19, el movimiento evangélico comenzó a identificarse con causas políticas -desde la abolición de la esclavitud y la legislación del trabajo infantil, hasta los derechos de las mujeres y la prohibición del alcohol.  En un esfuerzo desesperado por recuperar el poder institucional y la gloria de un “Estados Unidos cristiano” (una poderosa visión en el imaginario, pero, luego de la desintegración de la Nueva Inglaterra puritana, algo ilusa), el “establishment” protestante de inicios de siglo XX lanzó campañas morales para “americanizar” a los inmigrantes, y a obligar la formación moral y de carácter en las escuelas.  Los evangelistas ofrecían este evangelio americano en términos de su utilidad práctica para el individuo y la nación.

Esta es la razón por la cual Finney era tan popular.  Él es el punto de inflexión más visible en el cambio de la ortodoxia de la Reforma, evidente en el Gran Despertar (bajo Jonathan Edwards y George Whitefield) a un arminianismo (e incluso pelagianismo) sustentado en avivamientos evidentes en el Segundo Gran Despertar hasta nuestros días.  Para demostrar la deuda que el evangelicalismo moderno tiene con Finney, debemos inicialmente reconocer sus desvíos teológicos.  De estos desvíos, Finney estableció los antecedentes para algunos de los más grandes desafíos dentro de las iglesias evangélicas, notables especialmente en el movimiento de Iglecrecimiento, el pentecostalismo y los avivamientos políticos.

(Continuará…)

¡500 años!


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“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
¡Finalmente se llegó el día! Hoy es martes, 31 de octubre 2017 y estamos marcando 500 años desde el día en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en protesta de la comercialización de indulgencias en su natal Alemania.  No tengo duda que el mes de octubre ha estado cargado -o quizás sobre cargado- de información hasta la saciedad acerca de la Reforma.
Se han escrito libros, publicado videos, artículos, blogs y se han predicado muchos sermones.  En medio de toda esta algarabía para el mundo evangélico, la única pregunta que considero queda al aire es una que tanto yo como cada uno de nosotros debería procurar responder: ¿qué significa todo esto para mí?
Personalmente, la escritura citada al inicio de este escrito resume el impacto personal que la Reforma ha tenido en mi vida.  El saber que he sido justificado por gracia a través de la fe en Jesús como obra soberana de Dios y para Su gloria ha sido un verdadero bálsamo para mi alma.  Si bien estas son ideas que de alguna forma u otra hemos escuchado antes, no fue sino hasta que una serie de muy duras experiencias personales sembraran estas preciosas semillas en mi corazón y me dieran raíces sin las cuales hoy quizás hubiese perdido la razón.
La gran promesa de Dios, de que hemos sido justificados de manera gratuita únicamente a través de la fe, fe que es a la vez un regalo de Dios otorgado a los creyentes por el Espíritu Santo, es la promesa más importante de la que podemos asirnos para navegar la vida.  Martín Lutero lo decía de esta forma:
“Así como la verdad de la promesa divina perdura para siempre una vez que se nos ha conferido, de la misma manera no tiene que desfallecer nunca nuestra fe en ella: tiene que alimentarse, que fortalecerse hasta la muerte con el recuerdo imborrable de la promesa que se nos hizo en el bautismo.  Por tanto, cuando nos levantamos o nos arrepentimos de los pecados, lo único que estamos haciendo es retornar a la fuerza y a la fe del bautismo, de las que nos habíamos desviado, y a la promesa que entonces se formuló y que el pecado nos había arrebatado.  No muere nunca la verdad de la promesa que se hizo una vez; es como una mano extendida, dispuesta a recibirnos a nuestro retorno.” (La Cautividad Babilónica de la Iglesia)
El tener esa promesa sembrada en nuestros corazones cambia nuestras vidas.  Al momento de haber sido justificados por fe delante de Dios, entramos a una vida de genuina libertad: “Por la fe la palabra de Dios transfigura al alma y la hace santa, justa, veraz, pacífica, libre y pletórica de bondad: un verdadero hijo de Dios en definitiva…” (La Libertad del Cristiano).  Esta transformación de nuestro ser interior que ya no está esclavizado a la desesperación de no saber “cuantas buenas obras son suficientes” para realmente estar en paz con Dios, nos abre las puertas de par en par para poder amar y servir al prójimo con una motivación de corazón que es imposible conocer aparte de la fe y la gracia de Dios: “Ahí tienes cómo la fe es la fuente de la que brota la alegría y el amor hacia Dios, y del amor esa vida entregada libre, ansiosa y gozosamente al servicio incondicional del prójimo.  Nuestro prójimo está en la indigencia y necesitado de lo que nosotros tenemos en abundancia, de la misma forma que nosotros hemos sido unos indigentes ante Dios y hemos necesitado su gracia.” (La Libertad del Cristiano)
Con nuestra consciencia cautiva a la Palabra de Dios tomemos hoy tiempo para meditar sobre qué significan todas estas grandes ideas que la Reforma trajo y démonos cuenta que estas ideas no deben ser más confinadas a las aulas de universidades y seminarios, ni siquiera a las paredes de nuestras iglesias.
Las Escrituras, la gracia, la fe, la centralidad de Jesús y la constante búsqueda de la gloria de Dios son ideas que tienen implicaciones muy reales, objetivas y concretas para cada una de nuestras vidas y para nuestra vida en sociedad.  Pasados 500 años, tenemos una inmensa oportunidad para poder retomar el camino y refugiados en nuestro Castillo Fuerte en Jesús, usar la libertad que Dios nos ha otorgado para que cuando se celebren los 600, 700, 800, 900 y quizás 1000 años de la Reforma, quienes tengan la tarea de revisar la historia puedan ver hacia atrás y dar gloria a Dios por la fidelidad, humildad, amor y entrega de aquellos que en el 2017 recibieron la estafeta.
Mientras ese día llega, regocijémonos y compartamos con otros esta gran salvación que hemos recibido por la pura gracia, misericordia y amor de Dios.
¡Feliz día de la Reforma!

La Belleza de la Religión Cristiana


dfcbbfa57127ab9882263a158b51a629“La religión no es el lugar en dónde el problema del egoísmo del hombre se resuelve automáticamente.  Al contrario, es allí en donde la batalla entre el orgullo humano y la gracia de Dios se da con más intensidad.  En tanto el orgullo humano gane la batalla, la religión puede y llega a convertirse en uno de los instrumentos de pecado en el hombre.  Pero, en tanto ese sea el lugar de encuentro dónde el “yo” se encuentre con Dios y pueda allí rendirse a algo que va más allá de su interés propio, la religión puede proveer la única posibilidad para la tan necesitada y tan rara liberación que necesitamos de nuestro común egoísmo.” (Reinhold Niebuhr)

¿Cuántas veces hemos escuchado a una persona evangélica definir el cristianismo como “una relación” y afirmar que “no es una religión”?  Esta es quizás una de las primeras cosas que muchos aprendimos y que se nos enseñaba para enfatizar el carácter personal de nuestra relación con Jesús y en cierta forma, presentar la posibilidad de liberarnos de las “cadenas” de la religiosidad o de los sistemas tradicionales de religión que conocíamos.  En el contexto evangélico latinoamericano, la palabra “religión” está casi prohibida y tiende a tener una connotación negativa.  A nuestra mente vienen imágenes de fariseos, saduceos y de todo aquello que, a primera vista, está mal con el cristianismo individualista que hoy se predica y enseña.

Sin embargo, vemos a través de las Escrituras, que el cristianismo no es únicamente esa relación personal con Dios a través del Espíritu Santo, sino que esa relación se vive y florece en su máxima expresión en el contexto de una comunidad muy específica diseñada por Dios para encarnar allí expresiones de Su gracia, amor y misericordia que son imposibles de encontrar en una relación con Él estrictamente vertical.  Esa comunidad es la iglesia local.  La Iglesia -el cuerpo místico de Cristo-, compuesta por todos los cristianos a través de todos los años y en todos los lugares del mundo, se manifiesta al mundo a través de cada iglesia local.  Encontramos iglesias en cada lugar donde se reúnen seguidores de Jesús a escuchar la Palabra de Dios y a ser ministrados a través de los sacramentos, concretamente, los sacramentos del bautismo y de la comunión (o Santa Cena, o eucaristía).

Es inescapable ver también cuánto del Nuevo Testamento está escrito para comunidades.  Pablo escribió a las iglesias en Roma, Corinto, Galacia, Éfeso, Filipos, Colosas y Tesalónica.  La carta a los Hebreos también va dirigida a una comunidad, así como la epístola universal de Santiago, las dos cartas de Pedro y 1 de Juan, sin contar los capítulos dedicados a mensajes a iglesias específicas que encontramos en Apocalipsis.  Las instrucciones que vemos en esos textos son imposibles de cumplir a menos que sean vividos en comunidad.  Es difícil “tolerarse los unos a los otros” si no hay a quién más tolerar o quién lo tolere a uno.  Jesús también nos coloca en una posición en la que se torna inescapable la vida en comunidad si es que queremos dar fiel testimonio de Él: 34Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. 35El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Todo esto ha ido tomando forma a lo largo de los siglos y se constituye en lo que hoy conocemos como la religión cristiana, una expresión de fe que gira alrededor de una comunidad de creyentes que comparten ideas y prácticas que les ayudan a acercarse y conocer más y mejor a Jesús.  Todos los que nos llamamos cristianos y formamos parte de una iglesia, participamos de esta hermosa vida religiosa y hemos heredado de quienes nos antecedieron al menos las siguientes cosas:

  1. Credos en Común: como cristianos, somos herederos de una serie de afirmaciones que en los primeros siglos del cristianismo ayudaron a defender la sana doctrina y la fe de herejías que tenían el potencial de distorsionar y hasta destruir la fe:
    1. El Credo de los Apóstoles
    2. El Credo de Nicea
    3. El Credo de Calcedonia
    4. El Credo de San Atanasio
  2. Una Liturgia: aunque nos cueste admitirlo y por más “moderna” o “relevante” que sea la iglesia a donde vamos, seguimos una liturgia cada vez que nos reunimos.  La liturgia varía de iglesia en iglesia pero al menos tenemos algunos de estos elementos:
    1. Oración
    2. Alabanza
    3. Tiempo de ofrenda/diezmo
    4. Prédica/Sermón/Homilía
    5. Oración
    6. Alabanza
  3. Sacramentos: Aunque el énfasis e importancia que le demos a cada uno también varía entre iglesias y denominaciones, todos los cristianos alrededor del mundo y en todas las denominaciones observan como mínimo 2 sacramentos:
    1. Bautismo
    2. Comunión/Santa Cena/Eucaristía
  4. Doctrina: Ya sea de manera explícita o quizás implícita, todas las iglesias adoptan una línea doctrinal particular adherida a alguna denominación histórica o construida a partir de elementos de varias denominaciones o incluso que parte de la visión personal del liderazgo de la congregación.

La combinación de estos 4 elementos nos coloca dentro del contexto de una religión y ESO ES BUENO.  Contrario a los prejuicios anti-religión que hoy prevalecen dentro de la iglesia evangélica y que son aún más fuertes fuera del contexto cristiano, afirmar que tenemos y formamos parte de una religión es algo bueno. ¿Por qué?

  1. Es bueno porque nos une con otros cristianos a través de diferencias geográficas, culturales, idiomáticas e incluso históricas.  Nos da una historia común.
  2. Nos ayuda a crecer espiritualmente de una manera consistente, disciplinada y con la oportunidad de aprender de aquellos que nos han precedido.
  3. Nos coloca en el contexto de una comunidad local en donde podemos apoyarnos, a la que podemos servir, en donde somos instruidos, fortalecidos y enviados a servir a los demás.
  4. Nos empuja a salir de nuestro individualismo y nos abre a la consideración del otro y ver en los demás a personas creadas a la imagen y semejanza de Dios que tienen dignidad y valor propio que se desprende de ser portadores de esa imagen.

Al ser justificados individualmente por Dios y Su gracia a través de la fe en Jesús y el poder regenerativo del Espíritu Santo, nacemos de nuevo a una familia de creyentes en dónde nuestro proceso de discipulado y santificación inicia y progresa hasta el día que seamos todos reunidos de vuelta con el Padre por toda la eternidad.  No fuimos hechos para vivir como islas en una relación estrictamente vertical con Dios, sino a extendernos horizontalmente hacia los demás y experimentar de esa manera encarnada y sacrificial, las más altas expresiones del amor, misericordia y la gracia de Dios.

El mundo afuera necesita algo mejor que el aislamiento y el individualismo que está arrancando la esperanza de tantos corazones y dejándolos vacíos y desconectados.  La iglesia está llamada a ofrecer algo mejor, a ofrecer una comunidad y un sentido de estabilidad a través de la consistencia en la enseñanza, práctica y vivencia de la fe que hemos heredado y que estamos llamados a heredar a las futuras generaciones.  Es allí donde muchos se encontrarán cara a cara con Jesús.

 

La Reforma que sigue pendiente 499 después


05c69f81cffdecc4353988c0830f7425Este próximo 31 de octubre se marcan 499 años del día cuando un valiente monje agustino, convencido de que podía desde adentro traer los cambios a la institución a la que había dedicado su vida que la hicieran más fiel a su llamado original y al mensaje que busca transmitir, enseñar y defender.

En aquella iglesia en Wittenberg, Martín Lutero clavó sus 95 tesis con un objetivo: hacer públicas sus ideas para poder debatirlas y buscar los cambios que en ese momento tan complejo de la historia, la Iglesia –como institución universal- necesitaba. Su intención no era crear una nueva iglesia o denominación. Lutero creía que Roma no estaba enterada de lo que Tetzel estaba haciendo con la venta de indulgencias y eso le indignó y por eso alzó la mano. Lo que sucedió ese día tomó la fuerza de una pequeña bola de nieve rodando en la cima del Everest y creó una avalancha que fue imposible detener. Si bien se marca el comienzo de la Reforma el 31 de octubre de 1517, quizás fue el día que finalizó la Dieta de Wörms -17 de abril 1521-, que marcó el cisma y trazó la ruta que el protestantismo siguió hasta nuestros días, casi 500 años después.

De allí para acá el escenario es muy distinto. El cristianismo –católico, protestante y ortodoxo- tiene alcance global y las relaciones entre estas tres grandes expresiones de la fe son más amigables. Existe un espíritu de colaboración por causas comunes como la dignidad de la persona humana, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural y de la familia y el matrimonio. Además, doctrinalmente el espacio de diálogo es más abierto y sano. Documentos como la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación –firmada en 1999 por el Vaticano y el liderazgo Luterano de Alemania- muestran esa voluntad entre la Iglesia Católica y algunos grupos protestantes como los Luteranos, de encontrar puntos en común e intentar cerrar heridas antiguas. Por supuesto, hay aún muchos temas de fondo que hace falta dialogar y hemos de aceptar que en varios va a ser muy difícil llegar a acuerdos o posiciones comunes. En eso, hemos de confiar en la gracia de Dios y Su guía a través del Espíritu Santo. Sin embargo, no son esos puntos pendientes los que quiero tratar en este artículo.

Cuando Lutero clavó sus 95 Tesis, su primer enunciado reza lo siguiente: “1. Cuando nuestro señor y maestro Jesucristo dijo “haced penitencia”, quiso decir que toda la vida de los fieles fuese penitencia.” En este contexto, para Lutero la palabra “penitencia” significa “arrepentimiento”, por lo que para él, la distintiva principal de la vida cristiana es el arrepentimiento continuo [1], lo que implica reconocer los pecados y volver continuamente a la Cruz para recibir perdón y esperanza.

De ese anhelo central de Lutero que debía ser la guía para la Iglesia que él buscaba reformar, poco queda dentro del protestantismo del siglo 21. Nunca fue tan cierto y tan necesario tomar en serio el viejo adagio de los primeros reformadores: “Ecclesia reformata semper reformanda et secundum verbum Dei” –“Iglesia reformada, siempre reformándose, y de acuerdo a la palabra de Dios.” Vivimos en una época en donde el espíritu de la Reforma se ha diluido en la cultura del entretenimiento, donde la doctrina se sacrifica en aras de la “relevancia”, donde se llenan las conferencias de “liderazgo” y nunca se realizan conferencias de “servicio” y dónde el Evangelio de Jesucristo ha sido sustituido por el engaño del falso “Evangelio de la Prosperidad”.

Han pasado 499 años y la Reforma es más necesaria que nunca…pero no para dividir, sino para que la Iglesia Protestante…la Iglesia Evangélica, se reencuentre con aquellas 5 grandes ideas que le dan su razón de ser y el mensaje que se ha de predicar:

  1. Sola Scriptura: La centralidad de la Biblia como Palabra inspirada, inerrante e infalible de Dios como máxima autoridad y guía para la fe y vida cristiana. No podemos seguir reduciendo la Biblia a tweets y memes de versículos sacados fuera de contexto.
  2. Solus Christus: La centralidad de la Persona, vida, obra, sacrificio, resurrección y ascensión de Jesús como foco central de la vida y enseñanza cristiana. Debemos cuidarnos de la cultura de “celebridades” cristianas, de nuestra obsesión por el liderazgo y de crear “magisterios paralelos” colocando a pastores, predicadores o autores por encima de Jesús.
  3. Sola Fide: Nuestra salvación es únicamente a través de la fe. El moralismo y legalismo que busca agregar a nuestra fe cualquier obra o coartar la libertad y responsabilidad de cada cristiano es contrario al Evangelio.
  4. Sola Gratia: Nuestra salvación es únicamente a través de la gracia, expresada a través del sacrificio de Jesús en la Cruz, cuando murió en nuestro lugar para pagar el precio por nuestros pecados.
  5. Soli Deo Gloria: Como cristianos, vivimos para la gloria de Dios. Nuestras vidas han de reflejar gratitud a Dios, adoración genuina hacia Él y evitar la búsqueda de gloria personal y medir el “éxito” de la iglesia usando los mismos criterios con los que se mide el éxito de una empresa u organización humana cualquiera.

Poco a poco se ven luces dentro del movimiento evangélico de Guatemala que buscan retomar la asignatura pendiente de la Reforma en nuestro país. Tenemos una gran tarea por delante, pero confiamos en la gracia y soberanía de Dios para ver un nuevo, más brillante y glorioso amanecer. En palabras de los reformadores del siglo XVI: “Post tenebras, lux” – “Después de las tinieblas, luz”.

Si hemos de impactar Guatemala de una manera que nos ayude a echar raíces profundas de fe, esperanza, libertad y amor, como evangélicos tenemos la ardua tarea de empezar a hacer esto en casa. ¡Ánimo, Dios ha estado, está y estará con nosotros en esto!

[1] Mateo 4:17

Razones para Creer


yocreo-2(Este artículo lo escribí originalmente para y fue publicado por Revista Contrapoder el jueves 6 de octubre de 2016 bajo el título “En Defensa de la Religión”)

Creer. Creer…¿en qué? Creer…¿por qué? Creer…¿para qué? Vivimos un momento de la historia en que pareciera ser que todo debe ser cuestionado y debe ser cuestionable…especialmente todo aquello que reclama para sí mismo alguna medida de autoridad, se hace más que necesario e importante para quienes nos consideramos personas de fe estar listos para esto: “Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.” (1 Pedro 3:15b-16a , NTV)

 “Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo?  Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo.” De esta manera es dirige Escrútopo a Orugario en la primera de las Cartas del Diablo a su Sobrino, de C.S. Lewis –autor de las Crónicas de Narnia-.

El razonamiento detrás del argumento de Escrútopo es un contra argumento de lo que la cultura hoy grita a voces: debemos alejarnos de la fe y la religión porque son irracionales.  Este es uno de los argumentos más poderosos en contra de la fe hoy en día, pero Escrútopo –como buen viejo diablo- reconoce el error en este pensamiento. Él sabe que la fe NO ES irracional y que la religión no nos aleja de la razón…al contrario, nos libera de la esclavitud de nuestra naturaleza animal e instintiva: “Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio.  Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer.” (“Cartas del Diablo a su Sobrino”, C.S. Lewis).

 ¿Por qué es importante para el ser humano, entonces, creer, tener fe y profesar una religión?  Es importante responder a estas tres preguntas porque en la fluidez cultural que vivimos hoy, mucho del mensaje que se predica –desde los púlpitos y desde las redes sociales- es de que lo único que se necesita es “creer” o “tener fe” pero pareciera que es “creer en creer” o “tener fe en la fe” y esa ha sido la mayor frustración que genera tanta animosidad hacia la religión porque, entendiblemente, esa trampa del pensamiento positivo nos deja vacíos, insatisfechos y muchas veces, con sentimientos de culpa cuando no pareciera que tenemos suficiente fe para hacer que las cosas sucedan a nuestro favor.  Nuestra fe necesita un objeto un “en qué creer” y además, la experiencia de fe es una experiencia profundamente comunitaria e individual a la vez, aunque nunca individualista.  La fe, además, siempre apunta hacia fuera de sí misma, nunca ve hacia adentro –contrario al mantra cultural de “cree en ti”-, sino que busca constantemente aquello más grande que nosotros, aquello que sostiene, da forma y sentido a todo lo que nos rodea y orienta nuestra visión de futuro y esperanza.

En un mundo profundamente individualista y terriblemente desesperanzado, es a través de la fe y la religión –encontrada en la tradición judeocristiana- que tenemos la posibilidad de considerar “al otro”, a valorar y respetar a la persona humana en su dignidad e individualidad intrínsecas y de allí sale la posibilidad de construir comunidades que valoran la libertad individual, la responsabilidad y la solidaridad.  Es también a través de la fe judeocristiana que podemos hablar de manera concreta y certera de esperanza.  La esperanza en la tradición judeocristiana –la “escatología”- nos apunta hacia una solución definitiva y final al problema del mal, y elimina el miedo natural que nos genera la muerte…ese miedo que nos permite intuir que no fuimos diseñados para morir y que debe haber algo mejor.   Recordemos la desesperanza que el príncipe Hamlet plasmó en su inolvidable soliloquio:

La muerte, aquel país que todavía

está por descubrirse,

país de cuya lóbrega frontera

ningún viajero regresó, perturba

la voluntad, y a todos nos decide

a soportar los males que sabemos

más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos

haces unos cobardes, y la ardiente

resolución original decae

al pálido mirar del pensamiento.

Así también enérgicas empresas,

de trascendencia inmensa, a esa mirada

torcieron rumbo, y sin acción murieron.

(Hamlet, Acto 3 Escena 1, William Shakespeare)

 

Finalmente, a través de la religión podemos dar sentido a nuestra inclinación natural a creer en algo.  La tradición judeocristiana nos apunta hacia Jesús como “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2) y ancla en realidades históricas y objetivas nuestra esperanza.  En la concepción, vida, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesús vemos consumadas todas nuestras esperanzas (la posibilidad de ser verdaderamente humanos, el inmenso amor y misericordia de Dios por la humanidad, la realidad de las consecuencias de nuestra naturaleza malvada y la redención de esa naturaleza, y la esperanza real de vida eterna).

Como creación “maravillosamente compleja” (Salmo 139:14) de Dios, fuimos diseñados para creer en y conocer a Dios de manera directa y en relación con los demás.  Blaise Pascal, el ilustre filósofo y matemático del siglo XVII, lo dijo así: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios.  Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada.  Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús.” La posibilidad de que nuestra fe tenga sentido y sustancia comienza cuando reconocemos ese vacío y depositamos nuestra confianza y esperanza en Alguien infinitamente mayor que nosotros y vivimos esa esperanza en comunidad con otros conectados por una historia común que trasciende culturas, geografías y épocas.  La fe y la religión son inseparables porque como individuos, nuestra vida solo tiene sentido en comunidad.  La religión nos da ese espacio para encarnar nuestra fe, enriquecerla y fortalecerla.

Podemos insistir en querer tener “fe” aparte de la pertenencia a una religión o comunidad de fe.  Ese camino nos llevará a la construcción de nuestro propio “dios”, ese genio de la lámpara que nunca nos desafía y que nos alcahuetea en todo.  Nuestra mirada no será hacia arriba, sino hacia nuestro propio ombligo y poco a poco nos tornaremos más egoístas, menos humanos y nuestra esperanza irá languideciendo hasta que no nos quede otra más que ceder a la esclavitud de las circunstancias y las satisfacciones inmediatas en la infructuosa búsqueda del gozo.

Fuimos creados para más.  Fuimos creados para ser y para pertenecer.  Nuestros corazones anhelan conocer el amor y dentro de nosotros reside esa fuerte intuición de que tiene que haber algo mejor, algo más permanente, algo eterno que valga la pena.  El mundo visible y lo que podemos conocer de él a través de la ciencia y la investigación nos puede empezar a encaminar a encontrar esto que anhelamos y buscamos (Romanos 1:20)  pero la Verdad que anhelamos encontrar, la Verdad que libera (Juan 8:31-32), la Verdad que es objetivamente conocible (Juan 14:6) la hallaremos cuando nuestra fe y esperanza esté depositada en Jesús.  Cuando descubramos esto nos daremos cuenta que la fe y la religión no son una camisa de fuerza ni una opresiva lista de reglas y prohibiciones.  Cuando descubramos esto aprenderemos a vivir y convivir en verdadera libertad, amor y esperanza.

Cristianos y la Resistencia: San Ambrosio de Milán


La coyuntura actual en Guatemala, la guerra cultural en Estados Unidos, la persecución cristiana en medio oriente, los estados totalitarios en América del Sur…todas estas situaciones exigen una respuesta, una reacción, una propuesta de parte de la Iglesia.  Ante las crisis que enfrentamos, muchas originadas desde la autoridad civil, la gran pregunta para el cristiano es: ¿debo participar? ¿debo protestar? ¿existe alguna forma distintivamente cristiana de hacerlo?

Históricamente, la Iglesia y los cristianos no han sido ajenos a la participación en movimientos que han traído grandes y muy positivos impactos para la sociedad y la cultura.  También en el proceso, se han cometido grandes errores, especialmente cuando se ha querido afirmar la autoridad eclesiástica desde la autoridad civil.

Estamos en tiempo de elecciones y el panorama es más confuso que nunca.  Existe todavía en el corazón de muchos, y muchos cristianos también, la falsa esperanza de que lo que se necesita es un líder cuasi-mesiánico que resuelva las situaciones.  Se nos olvida la advertencia de Dios a través del profeta Samuel:

5«Mira, Samuel —le dijeron—, ya eres anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como lo tienen las demás naciones».
6Samuel se disgustó con esta petición y fue al Señor en busca de orientación.7«Haz todo lo que te digan —le respondió el Señor—, porque es a mí a quien rechazan y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey. 8Desde que los saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y ahora te tratan a ti de la misma manera. 9Haz lo que te pidan, pero adviérteles seriamente acerca de la manera en que reinará sobre ellos un rey».
10Entonces Samuel transmitió la advertencia del Señor al pueblo que pedía un rey.
11—Esta es la manera en que un rey gobernará sobre ustedes —les dijo—. El rey reclutará en el ejército a los hijos de ustedes y los asignará a los carros de guerra y a sus conductores, y los hará correr delante de sus carros. 12Algunos serán generales y capitanes del ejército, otros serán obligados a arar y a cosechar los cultivos del rey, y otros harán las armas y el equipo para los carros de guerra. 13El rey tomará a las hijas de ustedes y las obligará a cocinar, a hornear y a hacer perfumes para él.14Les quitará a ustedes lo mejor de sus campos, viñedos y huertos de olivos, y se los dará a sus oficiales. 15Tomará una décima parte de su grano y de sus cosechas de uvas y la repartirá entre sus oficiales y miembros de la corte.16Les quitará sus esclavos y esclavas, y les exigirá lo mejor de sus ganados y burros para su propio uso. 17Les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes serán sus esclavos. 18Cuando llegue ese día, suplicarán ser aliviados de este rey que ahora piden, pero entonces el Señor no los ayudará.
19Sin embargo, el pueblo se negó a escuchar la advertencia de Samuel.
—Aun así, todavía queremos un rey —dijeron ellos—. 20Nuestro deseo es ser como las naciones que nos rodean. El rey nos juzgará y será nuestro líder en las batallas.
21Así que Samuel le repitió al Señor lo que el pueblo dijo, 22y el Señor respondió: «Haz lo que te piden y dales un rey». Entonces Samuel estuvo de acuerdo y los envió a sus casas. (1 Samuel 8:5-22, NTV)
Entre las muchas cosas que nos ilustra este pasaje, hay una central que no debemos olvidar: los funcionarios gubernamentales son FALIBLES, tan pecaminosos como cada uno de nosotros. Quizás la diferencia más grande sea la del alcance de su pecado, dada la autoridad que manejan y el poder del que disponen, especialmente desde la capacidad coercitiva que les da la ley.
A la par de esta falibilidad de los gobernantes civiles, estamos llamados a reconocer la autoridad que tienen.  No podemos olvidar:
1Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.2Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado.3Pues las autoridades no infunden temor a los que hacen lo que está bien, sino en los que hacen lo que está mal. ¿Quieres vivir sin temor a las autoridades? Haz lo correcto, y ellas te honrarán. 4Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo.5Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.
6Por esas mismas razones, también paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen. (Romanos 13:1-6, NTV)
13Por amor al Señor, respeten a toda autoridad humana, ya sea al rey como jefe de Estado 14o a los funcionarios que él ha nombrado. Pues a ellos el rey los ha mandado a que castiguen a aquellos que hacen el mal y a que honren a los que hacen el bien.
15La voluntad de Dios es que la vida honorable de ustedes haga callar a la gente ignorante que los acusa sin fundamento alguno. 16Pues ustedes son libres, pero a la vez, son esclavos de Dios, así que no usen su libertad como una excusa para hacer el mal. 17Respeten a todos y amen a sus hermanos en Cristo. Teman a Dios y respeten al rey. (1 Pedro 2:13-17, NTV)
¿Cómo, entonces, podemos proceder con fidelidad a a las Escrituras y con responsabilidad y consciencia ciudadana? Ante la falibilidad de la autoridad civil y nuestro llamado a respetarla y someternos a ella, ¿qué pasa cuando estas no cumplen el mandato que les fue dado por Dios y que vemos tan claramente expresado en Romanos y en Pedro?
Quizás, podemos ver hacia la historia y aprender algo del antiguo Obispo de Milán, San Ambrosio.
Electo al obispado de Milán en el año 374 d.C., fue uno de los más destacados e importantes líderes de la antigua Iglesia.  El mismo San Agustín, que le escuchó predicar, hablaba de su gran carácter, talento y capacidad de comunicar las verdades de Dios al pueblo.  Para quienes participamos en la alabanza en la Iglesia, le debemos a él la introducción del canto alternado de los Salmos en la liturgia, además de que él mismo compuso muchos himnos.
De lo mucho que vale la pena destacar de este gran doctor de la Iglesia, fue un incidente en el año 390 d.C..  Ese año, el emperador Teodosio I, en sus esfuerzos por retomar el trono, masacró a 7000 personas en Tesalónica luego de que en una revuelta ciudadana, fuese asesinado el gobernador romano de esa provincia.  ¿Qué hizo Ambrosio ante esta situación?
1. Impidió que el emperador entrara a misa.
2. Lo excomulgó y lo llamó al arrepentimiento y a la restitución.
3. Luego de varios meses de disciplina y penitencia, le permitió nuevamente retornar a la Iglesia y recibir el sacramento eucarístico.
San Ambrosio aquí dio un tremendo ejemplo de como un cristiano puede ejercer resistencia sin traicionar su fe y tampoco su consciencia ciudadana.  Él no se rebeló, pero claramente señaló el pecado del emperador.  No sólo lo señaló y lo excomulgó, sino que hizo algo que es lo que hace que la resistencia “cristiana” pueda en efecto ser “cristiana”, llamó al emperador al ARREPENTIMIENTO.  Como padre de la Iglesia, pastor y teólogo, Ambrosio entendía la necesidad del arrepentimiento genuino como paso para reconciliar nuestra relación con Dios y con los demás.  NADIE está exento de esto, ni siquiera el emperador.  Al pararse firme sobre estos principios, San Ambrosio pudo llevar al emperador a través de un proceso centrado en el evangelio de arrepentimiento, restitución del daño hecho e incluso, restauración a la comunidad de fe.  Logró hacer todo esto sin dejar de entender la falibilidad del ser humano, y a la vez, sin faltar el respeto a la autoridad civil.
¿Qué podemos aprender y aplicar en nuestra situación actual de San Ambrosio?

¿El libro de Hechos promueve el Socialismo?


“Algo verdaderamente extraño pasa dentro del cristianismo en Estados Unidos,” escribió Gregory Paul en el blog “On Faith” del Washington Post.  El afirma que los cristianos que defienden el libre mercado están en una profunda contradicción porque en los capítulos 2 al 5 de Hechos vemos descrito un “explícito socialismo que siglos después describiría Marx – quien muy probablemente tomó la idea de los Evangelios.”

¿Podemos realmente afirmar que los capítulos 2 al 5 de Hechos nos exigen el socialismo?  Una lectura superficial del texto pareciera indicar que si.  Hechos 2:44-45 nos dice que inmediatamente después del Día de Pentecostés, “44Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; 45vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno.” Luego, leemos en Hechos 4:32-35 en relación a la primera congregación que, “32La congregación (La multitud) de los que creyeron era de un corazón y un alma. Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común. 33Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y había abundante gracia sobre todos ellos. 34No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido,35y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad.”

A pesar de que estos pasajes puedan sonar a socialismo para el lector promedio, una lectura así de superficial puede hacer que nos perdamos lo que una lectura mas cuidadosa de estos pasajes nos revela.  Existen tres razones principales de por que los capítulos 2 al 5 de Hechos no enseñan el socialismo.

Estos textos  no ejemplifican una vida comunal verdadera. – Hechos 2-5 nos ilustran un espíritu comunitario de compartir en lugar de una comuna.  La gente no vendía todo lo que legalmente tenían en propiedad, como normalmente se hace en una comuna.  Esto es evidenciado por los verbos imperfectos usados a través de los distintos pasajes.  Craig Blomberg nos dice en su estudio “Neither Poverty nor Riches“, “Los versículos 43-47 del capítulo 2 están dominados por verbos en tiempo imperfecto en lugar de los aoristos (acciones “de una vez por todas” ) que uno normalmente esperaría en las narrativas históricas.  No existe un despojo “de una vez por todas” de la propiedad en lo que leemos aquí, sino actos periódicos de caridad según surgían las necesidades.”

El punto es mas claro aún en Hechos 4-5.  La traducción NVI de Hechos 4:34-35 dice, “34pues no había ningún necesitado en la comunidad. Quienes poseían casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas35y lo entregaban a los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.”  La venta periódica de la propiedad confirma nuestra interpretación de Hechos 2:44.  Esta no era una venta única de todas las posesiones personales.  El tema “según su necesidad” vuelve a aparecer.  Es interesante notar también que lo que no aparece en este párrafo es una igualdad total material dentro de los creyentes.

John Stott confirma las conclusiones de Blomberg acerca de la propiedad en la iglesia primitiva enfatizando también el uso de Lucas del tiempo imperfecto: “Ni Jesús ni sus apóstoles prohibieron la propiedad privada para los cristianos…Es importante notar que aún en Jerusalén el compartir la propiedad y las posesiones era voluntario…También vale la pena notar que el tiempo de ambos verbos en el verso 45 es imperfecto, lo que indica que la venta y el compartir de la propiedad era ocasional, en respuesta a necesidades particulares y no de una vez por todas.”

Tenemos también suficientes razones para creer que los primeros seguidores de Cristo no vendían todo lo que tenían, sino que ocasionalmente vendían parte de sus posesiones y entregaban los ingresos a los apóstoles para su distribución.  Por ejemplo, en Hechos 5, Ananías vendió una propiedad (5:1) y retuvo una porción de los ingresos para sí mismo y su esposa, Safira.  El problema no fue que ellos estaban requeridos a vender sus posesiones y entregar todos los ingresos de la venta a los apóstoles, sino que Ananías mintió acerca del precio verdadero que recibió por la venta (5:7).  Pedro le señala que él pudo haberse quedado con el dinero o darlo, según él hubiese querido (5:4) pero que aún así escogió mentirle a Pedro y al Espíritu Santo (5:5).

Incluso, si concedemos –ánimo de avivar la discusión- de que todos los creyentes vendieron todas sus posesiones y las redistribuyeron dentro de la comunidad, esto no prueba que el socialismo sea bíblico.  Las siguientes dos razones explican por qué. Read More