San Valentín


stvalSe acerca un nuevo 14 de febrero, hoy conocido como el “Día del Amor y la Amistad”, pero también aún se le sigue llamando al día por su nombre original, el “Día de San Valentín”.  Normalmente, asociamos el día con el amor romántico, las rosas, chocolates y nunca faltan las tradicionales imágenes de Cupido (palabra en latín que significa “deseo”), el mítico personaje de la mitología romana -en la mitología griega conocido como Eros– a quién se le conocía como el dios del amor y la atracción sexual.

Sin embargo, ¿por qué San Valentín? ¿De dónde sale este nombre tan peculiar para esta celebración que se ha vuelto en comercialmente muy importante a lo largo de los años? ¿Existió un San Valentín? ¿Cuándo? ¿Quién era? ¿Qué hizo?

La respuesta es .  San Valentín fue una persona real y la razón porque se celebra el Día de San Valentín el 14 de febrero, es porque fue un 14 de febrero entre los años 269 y 280 después de Cristo que murió como mártir en Roma.  ¿Por qué murió? La tradición nos cuenta que San Valentín se dedicaba a evangelizar en Roma y a casar a parejas cristianas en medio de la persecución iniciada durante el gobierno del emperador Claudio II.  Valentín incluso tuvo la osadía de evangelizar al emperador y fue después de ese intento que fue condenado a ser vapuleado y posteriormente decapitado por no renunciar a su fe.  La tradición también cuenta que el día de su ejecución el entregó una nota firmada “tu Valentín” a una niña que recibió de parte suya un milagro de sanidad.  De allí para adelante, todo es historia.

Aunque no podemos conectar a San Valentín de manera directa con la celebración del día del cariño a como hoy lo conocemos y vivimos, vemos en lo poco que podemos saber de su vida, una vida dedicada a mostrar el verdadero amor, el amor de Dios tal cual lo conocemos y lo vemos descrito en la Biblia:

  • 9»Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor. 10Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo. 12Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado. 13No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos. 14Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 15Ya no los llamo esclavos, porque el amo no confía sus asuntos a los esclavos. Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo. 16Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.17Este es mi mandato: ámense unos a otros. (Juan 15:9-17, NTV)
  • 7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
    9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
    11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
    13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo. 15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
    Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
    18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
    20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo. (1 Juan 4:7-21, NTV)

San Valentín amó primero y se entregó a sí mismo por amor de aquellos a quienes Jesús amó y por quienes Jesús dio su vida.  Predicar el Evangelio es un acto de amor, más aún en medio de las despiadadas persecuciones romanas en contra de los cristianos.  Atreverse a oficiar las bodas de parejas cristianas es una declaración de esperanza en el sí al futuro que expresa el matrimonio cristiano y fe en la soberanía de Dios en medio de la incertidumbre que significa estar marcado para la muerte por causa de profesar una fe que con el paso del tiempo llegó, sin usar la fuerza, a derrocar el sistema que regía en aquel entonces.

Más allá del amor como sacrificio, como fantasía, como la engañosa reducción del mismo a puro deseo físico, San Valentín imitó a Jesús en su forma de expresar el amor, una forma que hoy es cada vez menos común: SACRIFICIO.

En una época confusa, en donde la palabra AMOR ha perdido todo su significado y profundidad, el sacrificio, el dar la vida por el otro, el donarse a sí mismo en favor de la persona amada, es quizás la evidencia más grande de la existencia de Dios que existe, el testimonio entre seres humanos de la belleza del Evangelio y la más clara demostración de fe que hay en la posibilidad de redención para seres imperfectos que aún así, por pura gracia, aprenden a imitar a Su hacedor y aman.  Esa es la lección de San Valentín.

Por San Valentín y su ejemplo de vida podemos afirmar que el verdadero amor ya ganó la batalla contra la mentira, la superficialidad y la mera sensualidad que hoy se nos vende.  Por la fe que nos mostró San Valentín, podemos confiar que el amor de Dios nunca cambia, que es para siempre y que es para aquellos que menos lo merecen, pero que en un despertar de humildad provocado por el Espíritu Santo, alzan la mirada al cielo y se dan cuenta de lo mucho que lo necesitan.

San Valentín amó porque entendió cuánto fue él amado primero y en respuesta a ese amor, el pudo hacer lo mismo.  Hoy, en este año, podemos redimir este y el resto de 14’s de febrero que queden y hacer lo mismo, una persona a la vez, y así, mostrarle al mundo la gloria, belleza y esperanza que hay en el amor de Dios.

BBQ Challenge 2016: Evidencia de la Gracia


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Foto: Facebook BBQ Challenge

Hoy tuve la oportunidad de ir con mi hermano al BBQ Challenge 2016 organizado por el Club Rotario en Ciudad de Guatemala.  Por sexto año consecutivo, con el objetivo de recaudar fondos para sus diversas obras sociales, los Rotarios han reunido a más de 40 equipos de parrilleros amateur, conformado por familiares y amigos entusiastas de la parrilla, a que puedan dar a conocer su talento culinario y proveer a los asistentes de una experiencia familiar deliciosa y por demás agradable.

El BBQ Challenge de este año abrió mis ojos a una nueva manifestación de la gracia de Dios, una que nos debe abrir los ojos sobre la posibilidad real de ver en nuestras iglesias algo de lo que todos hablamos y que la gran mayoría de las veces, nos deja con nuestras expectativas cortas.  El BBQ Challenge hoy me reflejó la posibilidad real de hacer, tener, experimentar y compartir en una comunidad orgánica, genuina y libre.

Varias cosas suceden en un BBQ Challenge a las que hoy pude poner atención:

  1. Vemos a grupos de familias y amigos que pagan para poder tener la oportunidad de servir a otros a través de hacer su máximo y mejor esfuerzo en preparar los platillos con los que buscan agradar y sorprender a los comensales que llegamos.
  2. Vemos a familias completas, amigos y personas de todas las edades compartir en el caótico orden espontáneo de ir de puesto en puesto degustando, respetándose los unos a los otros, esperando turno -sin que nadie se los diga u ordene- y cediendo lugar de manera natural, fluida, orgánica.
  3. Sobre todo, vemos que el BBQ Challenge nos hace capaz de reunirnos en un ambiente de alegría, paz y del simple disfrute de la buena comida, bebida y compañía.  El BBQ Challenge nos reúne alrededor de un punto focal muy importante para nuestra vida, nos reúne alrededor de la mesa.

Como cristianos, alrededor del mundo, la mesa del Señor ha sido -y debe seguir siendo- el

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Foto: Facebook BBQ Challenge

punto focal que nos une como comunidad y que nos mueve a fortalecer nuestra vida en comunidad con gozo y alegría.  La mesa del Señor nos afianza en un hecho histórico concreto que es el punto central de nuestra fe y la restauración de nuestras vidas: la Cruz.  La mesa del Señor también nos catapulta en fe hacia el futuro, hacia el retorno del Señor, hacia la restauración de todas las cosas, hacia la vida eterna.

Si el BBQ Challenge nos ayuda a recordar el poder de reunirnos a celebrar la gracia de la buena comida, bebida y compañía, nuestra fe nos permite unirnos como comunidad alrededor del espíritu genuino de celebración.  Josef Pieper, en su ensayo acerca del “Ocio y la Vida Intelectual” nos lo plantea de esta manera:

El alma del ocio, puede decirse, descansa en la “celebración”. La celebración es el punto en donde los tres elementos del ocio emergen juntos: la calma y relajación, la sencillez y su superioridad a toda y cualquier actividad funcional.  

Pero si la “celebración” es el corazón del ocio, entonces el ocio solo puede ser posible e incluso justificable sobre la misma base que un banquete de celebración: la adoración divina.

No existe tal cosa como un banquete “sin los dioses”- sea este un carnaval o una boda.  No existe fiesta alguna que no derive en última instancia su vida de la adoración divina y que no obtenga su vitalidad de esa misma adoración divina.”

Celebrar, en última instancia, es el punto más alto de nuestro reconocimiento de las evidencias de la gracia de Dios en nuestra vida.  Cuando nuestra celebración -de un cumpleaños, de una boda, de Semana Santa, de un hito importante en la vida, de Navidad, etc.- nos orienta de manera orgánica y genuina a ver hacia arriba, entonces nuestros ojos nos permiten contemplar la hermosura de Dios y literalmente “probar” que Él es bueno.

Que nos inspire lo que sucedió en la vida de las personas que compartieron la mesa con el Señor: los discípulos en la Última Cena, los dos discípulos en el camino a Emaús, el desayuno con Pedro y los otros discípulos a la orilla de la playa.  El Salmo 23 y el libro de Apocalipsis nos recuerdan también que estamos invitados a celebrar alrededor de la mesa con Jesús.

Como cristianos, familias e iglesias, necesitamos abrir los ojos a la simpleza de la comunidad orgánica reunida para celebrar las evidencias de la gracia de Dios con buena comida, bebida y compañía.  Estamos llamados a servirnos los unos a los otros y si algo nos enseña el BBQ Challenge, es que esto es verdaderamente posible.

¡Gracias a los Rotarios y a todos los equipos que hoy pusieron a nuestro servicio su increíble talento culinario! ¡Gracias por enseñarme lecciones tan valiosas! ¡Gracias por haber reflejado -de manera consciente o inconsciente- algo de la gracia de Dios sobre la vida de todos los que hoy estuvimos allí!

Contra las Lenguas de los Maledicientes


hablar-malComparto con ustedes esta exhortación que escribió Tomás de Kempis en su clásico libro “La Imitación de Cristo” escrito como si Dios nos estuviera hablando en momentos de dificultad en nuestras relaciones con otros y vemos amenazada nuestra reputación.

“Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión y crédito de ti y te dijeren lo que no querrías oír.  Tú debes pensar de ti peores cosas y tenerte por el más flaco de todos.  Si andas dentro de ti, no pesarás mucho las palabras que vuelan.  Gran discreción es callar en tal tiempo, y convertirse a mí el corazón, y no turbarse por el juicio humano.  No sea tu paz en la boca de los hombres; que si echaren las cosas a bien o a mal, no serás por eso otro del que eres.

¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria? En mí solo por cierto, y el que no codicia contentar a los hombres ni teme desagradarlos gozará de mucha paz.  Del desordenado amor y vano temor nace todo desasosiego de corazón y toda turbación de sentidos.” 

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero – Capítulo XXXIII)

Shakespeare y la Naturaleza Inamovible del Amor


el-buen-amor-con-nube-de-marc3adaSe acerca una fecha que para muchos es motivo de gran celebración, para otros es de mucho estrés y ansiedad, y para muchos otros incontables, una fecha de mucha nostalgia.  El día del cariño, o día de San Valentín –un santo cristiano de la antigüedad que se ocupaba de celebrar el amor y el matrimonio en medio de tiempos difíciles y de persecución– es un día cargado de emociones, de carreras y de deseos por que ese día o noche “sean perfectos”.  Es un buen deseo, sin embargo, en medio de lo que ese día representa para muchos, se nos puede llegar a escapar la naturaleza del amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios.

Colosenses nos llama a buscar la unidad sobre la base del amor “que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14), Efesios nos llama siempre a hablar entre nosotros “la verdad en amor” (Efesios 4:15), Jesús nos recordó que el amor más grande es estar dispuestos a sacrificar la vida por el otro (Juan 15:12-17) y Pablo nos recuerda que ese tipo de amor, el amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios, “nunca deja de ser” (1 Corintios 13:1-8).

Curiosamente, ninguno de esos pasajes tiene por objeto tratar el amor de pareja (¡ni siquiera 1 de Corintios 13!), sin embargo nos sientan algunas bases que deben ayudarnos a reflexionar acerca de la manera en que vivimos nuestros sentimientos afectivos y aún de amor romántico.  Shakespeare, el gran dramaturgo británico, a mi criterio, toma algunos de estos conceptos y los traslada al ámbito del amor de pareja en su Soneto 116:

“Permitid que no admita impedimento
ante el enlace de las almas fieles
no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios
o mejillas alcanza, la guadaña implacable.
Ni se altera con horas o semanas fugaces,
sino que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,
decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.”

(original en inglés puede leerse aquí)

Shakespeare resalta que la cualidad más importante, la que define el amor entre un hombre y una mujer es su inamovilidad a pesar y en medio aún de las peores circunstancias, la confusión y/o la incertidumbre.

Este tipo de amor es humanamente imposible.  Sin embargo, es precisamente esa imposibilidad la que nos debe llenar de esperanza, ya que la única manera en que se puede llegar a expresar un amor de este tipo es si primero lo hemos recibido.  De esto se trata el Evangelio, del amor inamovible de Dios, del amor confiable de Dios, el amor que amó primero, aún cuando aquellos que eran objeto de su amor no se dieron cuenta o incluso, no lo querían.

“7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo.15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo.” (1 Juan 4:7-21, NTV)
Descansemos sobre esta inmensa verdad.  El amor genuino depende única y exclusivamente de la gracia de Dios, la gracia que fue, es y siempre será incondicional e irresistible.  Si aprendemos a ser amados así, podremos amar así.  Que la verdad del inamovible amor de Dios y la posibilidad del amor inamovible (aunque siempre imperfecto) entre personas, sustentado y facultado por la gracia de Dios, alivie nuestra ansiedad de anclar el amor que podamos sentir o que querramos expresar, a un “día del Cariño perfecto”.

 

Carta Abierta a los Líderes Sanos


Este próximo 6 y 7 de noviembre de 2015, en la iglesia Casa de Libertad en Guatemala, se estará desarrollando el seminario “Líderes Sanos” de la red de plantadores de iglesias Acts 29 Latinoamérica.  Entusiasma mucho ver cómo la región está empezando a reconsiderar los paradigmas actuales del liderazgo (especialmente dentro del contexto del ministerio eclesiástico) y someterlos al escrutinio de la Biblia y la sana doctrina.  Sin duda será un evento de mucho aprendizaje y crecimiento para los asistentes.

Es en ese contexto que me atrevo a escribir esta carta con el propósito de motivar mayor profundidad de pensamiento y praxis.  El trabajo del liderazgo es imposible sin la consideración profunda de aquellas personas a las que se busca liderar y sobre quienes se busca influir.  El ministerio eclesiástico es intrínsecamente social y relacional y por eso es que ninguna discusión acerca de ideas de liderazgo -especialmente desde las perspectivas bíblicas- puede estar separada de las relaciones personales que un líder tenga con aquellos a quienes está llamado a servir.  De esa cuenta, someto a consideración de los participantes y conferencistas las siguientes ideas:

  1. Somos personas, no proyectos: Importante tomar nota y consciencia de la palabra que estoy usando. Somos personas, no somos “gente”, mucho menos la gente “de alguien” -“mi/nuestra gente”.  Somos personasno somos “ovejas” (animales) que sin mayor espacio a la opinión, el pensamiento racional o la oportunidad de disentir, deben dejarse guiar por un pastor humano (esto, por supuesto, desde la perspectiva humana, siempre seremos ovejas del Buen Pastor).  Entonces, en tanto personas, debemos todos ser considerados, vistos y valorados bajo la doctrina del Imago Dei, como seres individuales, creados a imagen y semejanza del Dios Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), con valor y dignidad inherentes a nuestro ser, llamados a la vida en comunidad, a la cooperación, a la libertad y a la responsabilidad.  Cualquier esfuerzo que se desarrolle en nuestras iglesias locales a manera de programas (ministerios) debe siempre mantener como pilar central y foco la realidad de que se está tratando con personas en toda su belleza, oportunidad, complejidad y dificultad.
  2. Recuerden la Amistad: En el altar del “ministerio profesional” y conforme las congregaciones van creciendo, he visto como han sido sacrificadas incontables amistades.  El cristiano ya no sabe lo que significa ser y hacer amigos.  Hay pocas cosas que dan mayor testimonio del Evangelio que la amistad entrañable.  Recuerden que la historia de sus ministerios y liderazgos personales no es una historia individual y en el vacío, sino que fue entretejida con la convergencia de las historias personales de otros, de sus familias, de sus amigos.
  3. Prefieran lo Humano a lo Profesional: Hay mucha literatura -especialmente proveniente de Estados Unidos- que parece ya tener sistematizado el proceso de crecimiento de una iglesia y de cómo esta ha de irse organizando y administrando conforme la complejidad de su gestión aumenta al agregarse más miembros.  Esta ha sido la excusa perfecta para la profesionalización de la iglesia y normalmente, bajo criterios pragmáticos de eficiencia, se ha optado por profesionalizar el quehacer de la iglesia a través del “outsourcing” de actividades que -a mi criterio- deben trabajarse desde adentro, con personas de la iglesia y no por profesionales externos contratados.  Cuando la alabanza, la presentación navideña y otras es tercerizada -aunque sea en una parte mínima- a profesionales para evitar el dolor de tratar con voluntarios amateur, poco a poco muere el alma de la iglesia local y se pierde su identidad propia, orgánica, humana.  La iglesia local se construye, se hace y se fortalece con la participación de sus miembros, de aquellos que han puesto allí su corazón, esfuerzo y confianza.  ¿Será más difícil? ¡Sí! Pero valdrá más la pena porque allí se construye genuina comunidad, amistad y familia….y donde cada quién se sentirá más a gusto de invitar a amigos.

Esto implica un llamado a algo que en nuestra cultura, especialmente en nuestra cultura obsesionada con el liderazgo, que es contraintuitivo pero que es un llamado profundamente cristiano: el llamado al servicio sacrificial por encima del modelo tradicional de liderazgo actual: desconectado, intocable, de masas y donde “fama” se ha convertido en el desafortunado sinónimo de “unción”.

Henri Nouwen, en su pequeño pero inmenso libro “El Sanador Herido”, ofrece, sobre la base del valor cristiano de la hospitalidad, dos caminos que pueden ayudar en este nuevo proceso y camino de liderazgo.  Cito aquí algunas frases del libro para ilustrar:

1. La Hospitalidad y la Concentración:

“La hospitalidad es la capacidad de poner atención al invitado.”

“Aquellos que quieren poner atención sin intenciones ocultas deben sentirse en casa dentro de su propia casa -esto es, deben descubrir el centro de sus vidas en sus propios corazones.  La concentración, que lleva a la meditación y a la contemplación, es una condición necesaria para la verdadera hospitalidad.  Cuando nuestras almas están inquietas, cuando somos motivados por miles de estímulos distintos y muchas veces antagónicos, cuando estamos siempre “allá” entre las personas, ideas y las preocupaciones de este mundo, ¿como podemos verdaderamente hacer lugar y espacio para que otros puedan entrar libremente sin sentirse ellos mismos como invasores?”

“Sin embargo, cuando perdemos el miedo de viajar a nuestro propio centro, y a concentrarnos en los movimientos de nuestras propias almas, nos damos cuenta que estar vivos significa ser amados.  Esta experiencia nos dice que solo podemos amar porque nacimos del amor, y que solo podemos dar porque nuestra vida es un regalo, y que solo podemos liberar a otros porque fuimos liberados por Aquel cuyo corazón es más grande que el nuestro.”

2. Hospitalidad y Comunidad

“Los ministros que han tratado con su propia soledad y que están en casa en sus propias casas, son anfitriones que ofrecen hospitalidad a sus huéspedes.”

“¿Por qué es este un ministerio de sanidad? Es de sanidad porque arranca la falsa ilusión de que podemos darnos unos a otros la sensación de estar completos.  Es de sanidad porque no nos quita la soledad y el dolor de otros, sino que los invita a reconocer su solidad en un nivel en donde esta puede ser compartida.”

“Los ministros no son médicos cuya tarea principal sea quitar el dolor.  En lugar de eso, ellos llevan el dolor a un nivel de profundidad que permite que sea compartido.  Cuando las personas traen su soledad a los ministros, lo único que pueden esperar es que esta sea entendida y sentida, para que ya no tengan que huir de ella sino que puedan aceptarla como una expresión de la más básica condición humana.”

“Quizás la tarea principal del ministro es prevenir que las personas sufran por las razones incorrectas.  Muchas personas sufren a causa del falso supuesto sobre el cual han basado sus vidas.  Ese supuesto es que no debe haber miedo o soledad, no debe haber confusión o duda en la vida.  Pero estos sufrimientos solo pueden ser tratados creativamente cuando son entendidos como heridas fundamentales de la condición humana.”

“El ministerio es, entonces, un servicio confrontativo.  No le permite a las personas vivir con una ilusoria inmortalidad y sensación de estar completos.  El ministerio continua recordándole a otros que ellos son mortales y que son seres caídos, pero que con el reconocer esta condición, comienza el camino hacia la libertad.”

“Una comunidad cristiana es una comunidad sanadora, no porque las heridas son sanadas y los dolores aliviados, sino porque las heridas y dolores se convierten en puertas u ocasiones para una nueva visión.  La confesión mutua se convierte en una profundización mutua de la esperanza, y la debilidad compartida se convierte en un recordatorio para uno y para todos de la fuerza que está por venir.”

“La comunidad surge cuando se comparte el dolor, no como una forma paralizadora de auto-reclamo, sino como un reconocimiento de las promesas salvadoras de Dios.”

¡Ánimo entonces a los conferencistas y participantes! Que este tiempo de comunidad, de relación y de aprendizaje sea verdaderamente transformador, y que, a través de su servicio y liderazgo a las comunidades a las que regresarán luego de terminar el seminario, sea proclamado el Evangelio y exaltado el nombre de Dios.

Amar Bien: Comunidad, Solidaridad y Libertad


Nadie dijo que sería fácil.  Tampoco se nos prometió la “felicidad”.  Sin embargo, aquí estamos, viviendo día a día, en un lugar que no es nuestra casa, y del que sin embargo, el Señor no nos dejó escapar así de fácil como hubiésemos querido…arrebatados cual Elías, o Matusalén…o llevados por un platillo volador en dónde finalmente, pudiésemos estar en paz.

Estamos aquí.  No solo aquí, sino también estamos ahora.  Estamos aquí y ahora, viviendo tiempos como estos y creyendo locuras como las que creemos.  ¿Para qué? ¿Por qué?

Descarto la idea de la casualidad, y tampoco me mata la idea de que esto es un gran “chiste cósmico” de Dios.  En medio del caos, hay una idea.  En medio de la tormenta de nieve, la perfecta simetría de cada copo de nieve, nos invita a considerar la posibilidad de que hay Alguien detrás de todo, y que hay una idea….un sueño, un propósito por el cual estamos aquí y ahora.

Ahora, seamos realistas por un ratito.  Diariamente vemos, leemos y en el peor de los casos, vivimos, asesinatos, drogas, robos, violencia, corrupción, infidelidad, traición y un sin número de situaciones más.  Diariamente también caemos en muchas de esas cosas, y nuestro grito es ¡SEÑOR, SACAME DE AQUÍ YA!  Pero…como el Señor no nos saca “del mundo”, pues no nos queda otra, muchas veces, que refugiarnos en “la burbuja”.  Si, la burbuja…esa misma que creamos con nuestra propia sub-cultura cristiano-evangélica pop…con nuestro propio idioma (shámbara broder…), nuestra música, nuestras propias celebridades, libros, seminarios, gurús de la motivación personal, etc., etc., etc. Es sin duda, una burbuja cómoda, aunque he de admitir, que algo empalagosa a ratos.  Sin embargo, nos gusta estar allí…por lo menos, es cómodo, nadie dice malas palabras, no se chupa, fuma o baila pegado (por lo menos…nadie lo admite).  Nos distanciamos de lo que pasa alrededor, es prohibido “creer” lo que dicen los periódicos, “no recibimos” nada, y pues siempre tenemos (porque si no quién sabe en qué lío andamos) que sonreír y decir “Dios es bueno” esté pasando lo que esté pasando.  La gente “del mundo” pasan a ser una especie de seres alienígenas destinados al fuego eterno, o en el mejor de los casos, una especie de masa amorfa de “almas por rescatar” que están listas para que el mejor orador capture su oído, y más adelante, su bolsillo.  Y nosotros….tranquilos en la burbuja.

Sin embargo, aunque pareciera que estamos en una mejor situación que los Israelitas cautivos en Babilonia (porque no nos esclavizó nadie todavía), y a pesar de la burbuja, la realidad, fea como parezca es que seguimos “en el mundo”…y peor aun, Jesús le pidió al Padre que no nos sacara de aquí.  ¿Qué hacemos entonces?  Tenemos 4 opciones creo yo:

1. No hacer nada

2. Seguir en la burbuja

3. Seguir la corriente del mundo

4. Amar nuestra ciudad…¡hacer algo!

Personalmente, me inclino por la opción #4.  ¡Claro, dicen todos…esa es la respuesta!  Mi pregunta es, ¿sabemos qué quiere decir eso? Debemos ir más allá de creer que amar es solo besos y abrazos.  Debemos entender “amar” de la forma en que Dios se los definió a los Israelitas que fueron cautivos a Babilonia, específicamente en Jeremías 29:7: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.”

¿¡Qué!? ¿Buscar el bienestar de la ciudad? ¿De Babilonia? Puesto en nuestros términos, ¿del mundo? ¿Qué nuestro bienestar (o prosperidad) depende del bienestar de la ciudad? ¿No era que dependía de mi fe, diezmos, etc.? ¡Sorpresa!

Buscar el bienestar del mundo implica entonces un compromiso más profundo con la ciudad, sociedad y cultura en la que vivimos (y de la que, por petición del Señor al Padre, no podemos salir).  Implica relación, implica interacción, implica relacionarnos con todos en tres niveles: en comunidad, solidaridad y libertad.

Comunidad porque “el amor es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14).  No vivimos solos.  Solos no podemos proveernos de todo lo que necesitamos y queremos, y sobre todo, solos no podemos amar.  Necesitamos los unos de los otros.  No vivimos de manera independiente y tampoco dependiente.  Somos interdependientes.  Lo que hacemos o dejamos de hacer, afecta a todos, y es por eso que necesitamos reconocer el valor de vivir en comunidad.  Empezando por nuestra familia, pasando por el colegio, trabajo, iglesia, en fin…vivamos el clamor de Jesús al Padre de Juan 17…de ser uno, como ellos son uno.

Solidaridad porque definitivamente uno de los más grandes regalos que nos dejó el Señor es la oportunidad de ayudarnos unos a otros.  La promesa de que “los pobres siempre estarán entre nosotros” (Mateo 26:11), lejos de ser una promesa pesimista, es una gran oportunidad, una oportunidad de trabajar, crear, desarrollar nuevas ideas, extendernos en generosidad, en fin, de ser solidarios con el prójimo.

Libertad, porque solo así podemos vivir las virtudes.  Sin que nos obliguen, sino escogiendo amar, siendo responsables por lo que hacemos.  Libertad, definida no como el que podamos hacer lo que queramos, sino como que tengamos la capacidad de hacer lo que debemos.  La libertad que se fundamenta en la verdad (Juan 8:32) y no en los arranques del momento.

Comunidad, solidaridad y libertad.  Tres ideas para “buscar la prosperidad de la ciudad”.  Tres ideas para trabajar bien, actuar bien, estar bien, enseñar bien, dar bien, en resumen, para amar bien.  No le tengamos miedo al mundo, no nos escondamos de el, participemos de el, y transformémoslo a partir del amor.  Al final de cuentas, aquí estamos, aquí y ahora, y por el momento, no vamos a ninguna parte.

En defensa de Carlos


Como cristiano, hoy me sentí muy triste, avergonzado y enojado con la manera en que se presentó la iniciativa de ley que busca hacer obligatoria la lectura de la Biblia en las aulas nacionales, públicas y privada (pueden leer mi postura al respecto aquí y aquí).

Pero quizás lo que más me entristece es ver cómo fue tratado en el Salón del Pueblo del Congreso de la República el Lic. Carlos Mendoza, secretario de la Asociación Guatemalteca de Humanistas Seculares, quiénes también han fijado una postura al respecto de esta ley que puede leerse aquí. El grupo que organizó el evento trató a Carlos de una manera indigna, irrespetuosa y que violenta el espíritu democrático de la libertad para pensar diferente y discutir de manera abierta, racional, humilde y propositiva, las distintas ideas.

¿Por qué defender a Carlos? Primero, como compañeros de promoción en la licenciatura en economía de la Universidad Francisco Marroquín, hay una afinidad y cordialidad que con los años no se ha perdido.  Sin embargo, hay un profundo abismo que nos separa: Carlos es ateo, yo soy cristiano. A pesar de eso, Carlos es un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, con una dignidad intrínseca como persona por esta misma razón y por ende, digno de respeto y consideración.

En definitiva, pienso muy diferente a Carlos en muchas cosas, hemos tenido la oportunidad de debatir de lados opuestos de la mesa temas como el que está en cuestión hoy, pero siempre ha prevalecido el respeto y la voluntad de escuchar y la oportunidad de plantear los argumentos propios.  Carlos sabe que considero que él está equivocado en su ateísmo y él está convencido también de que yo estoy equivocado en mi cristianismo, pero nuestras discusiones nunca han llegado al desprestigio, al insulto ni mucho menos.

El precio de mi libertad para poder vivir y expresar tanto en la esfera privada de mi vida como en la palestra pública mis ideas y cosmovisión cristiana es permitir y defender que Carlos pueda hacerlo también.  En el momento que yo violente su libertad, pongo en riesgo la mía.  Es no lo podemos permitir, eso nos destruye a todos y va en contra del espíritu cristiano del amor al prójimo.

Efesios 4:15 nos llama a hablar la verdad en amor siempre, y sobre esas líneas, debemos actuar de manera consecuente y aprender a debatir de manera inteligente, misericordiosa y constructiva.

Oro porque Carlos pueda llegar al conocimiento de la Verdad y que pueda poner su esperanza en Jesús, pero estoy consciente que la coerción o el uso de la fuerza no son el camino para eso.  Dios tiene un plan para la vida de Carlos y a mi me llama a amarlo como prójimo, respetarlo como persona, valorarlo como amigo y a dialogar con él en las oportunidades que puedan existir para que pueda “dar razón de la esperanza que hay en mí.” (1 Pedro 3:15-16)  

Nos falta mucho por aprender y crecer como Iglesia.  Oremos y pidamos al Señor la orientación para hacer las cosas bien y ser fieles a la Escritura.  El camino cristiano es el amor, no la tiranía ni la imposición por la vía de la ley de la fe.

Mostrando los Colores


Los meses de mayo y junio han sido bastante turbulentos en el mundo. Primero Irlanda, a través de un referendo popular, y luego Estados Unidos, a través de una decisión de su Corte Suprema, legalizaron e impusieron el reconocimiento legal de las uniones entre dos personas del mismo sexo bajo un intento de redefinición de la institución del matrimonio.

Las reacciones no se dieron a esperar. Por todo el mundo hubo celebración y por todo el mundo se sintió también el rechazo a semejante medida por parte de hombres y mujeres cristianos comprometidos con la definición del matrimonio bíblica e histórica.

Quizás de los fenómenos más interesantes fue la cantidad de personas e instituciones que decidieron literalmente mostrar sus colores y manifestar su aprobación a la decisión de la Corte Suprema de EEUU colocando en sus perfiles de redes sociales e incluso a través de decoraciones físicas en edificios públicos en distintas ciudades el símbolo que por décadas ha identificado al movimiento homosexual: el arco iris.

Admito que me sorprendió ver a tanta gente conocida mía manifestándose de esa forma. Pareciera que en estos últimos días se está trazando una línea muy clara: los que tienen arco iris y los que no. El apoyo a esto se racionaliza a través de etiquetas como #LoveWins (“el amor gana”) y #LoveIsLove (“el amor es amor”) y sobre todo, argumentando que al ser esta decisión una decisión privada entre dos individuos, esto no afecta a nadie más y por ende, oponerse a tal medida, es atentar contra la propia libertad y dignidad de estos individuos y su derecho a ser felices. La otra clara manifestación que este tema está generando, es la tipificación inmediata de homofóbicos e intolerantes a todos aquellos que sostenemos y defendemos a la institución del matrimonio como:

  • Diseñada por Dios
  • La unión entre un hombre y una mujer, una vez y para siempre
  • Anterior a cualquier estado, gobierno y legislación

¿Dónde está el problema? Más allá de los argumentos legales, morales y religiosos, mi preocupación principal es la visión individualista que se tiene del problema. Se plantea una visión del matrimonio reduccionista, de carácter eminentemente privado y sin implicaciones o ramificaciones sociales. Al mostrar los colores, queda en evidencia que vivimos en una sociedad individualista, intolerante y sujeta a una ética meramente circunstancial y que no considera al otro como sujeto moral y con quien se tienen obligaciones si es que hemos de vivir en sociedad.

El matrimonio es por definición una institución social. Es la unidad social más básica y es el lugar ideal para la crianza de niños que lleguen a ser personas verdaderamente libres, responsables y virtuosas. El tomarse el gobierno (a través del poder coercitivo de la ley) o la sociedad (a través de un mal ejercicio de la “tiranía de la mayoría” –la democracia) atribuciones que no le corresponden e intentar redefinir el matrimonio para convertirlo en una mera institución de conveniencia económica, cuyo uno objetivo es el placer y una elusiva garantía de felicidad individual, buscamos como sociedad abstraernos de ser precisamente eso, seres sociales. Alimentar este narcisismo, solo nos llevará a ser cada vez más intolerantes, divisivos y hostiles contra aquellos que no comparten nuestras ideas.

No olvidemos que cada matrimonio nuevo entre un hombre y una mujer es un SI a la vida, un sí a la posibilidad de vida nueva, de creer en un futuro mejor y en la posibilidad de construir una vida diferente.  Parte del carácter socializador del matrimonio está en su potencial de procreación, porque nos obliga a salirnos de nosotros mismos y a vivir enteramente entregados a otros y en eso, encontrar nuestra verdadera vocación y propósito en la vida.

¿Qué nos corresponde hacer como Iglesia? Nos corresponde la defensa férrea del matrimonio, pero no a partir del moralismo o incluso, a través de la argumentación legal como única camino de incidencia social. El matrimonio lo defendemos porque es a través del matrimonio como Dios eligió revelar las más hermosas sombras del Evangelio (Efesios 5). Porque no hay nada más importante que el Evangelio (1 Corintios 15), el matrimonio es crucial como institución a través de la cual aprendemos a vivir la gracia, el perdón, la misericordia y la restauración. Al igual que el arco iris original de Génesis 9 apunta a una esperanza mejor que la que presenta el logo homosexual, el matrimonio entre un hombre y una mujer nos revela el Evangelio, algo mucho mejor que la vacía etiqueta de #LoveWins que coloca su esperanza en el mero sentimentalismo, narcisismo y búsqueda del placer individual como cúspide de la aspiración humana.

Lo que está en juego es mucho más grande de lo que pensamos. Las implicaciones para el futuro de nuestra sociedad, de nuestros hijos, son mucho más profundas. Los desafíos que enfrentaremos son abrumadores y debemos prepararnos para perder muchas batallas a lo largo del camino. Pero a pesar de esto, no cedamos ante la falsa idea de que “vox populi, vox dei”, porque Dios ya ha hablado y tampoco nos creamos la mentira que el gobierno es la fuente de nuestros derechos, dignidad e instituciones más preciadas como el matrimonio. Mucho antes que hubiera gobierno, Dios ES y de Él se deriva nuestra dignidad como personas y es en Sus instituciones en donde encontramos la mayor oportunidad de florecer dentro de esa dignidad y alcanzar nuestro máximo potencial como hombres, mujeres, esposos, esposas, padres, madres, hijos e hijas.

¡Ánimo!

Una Propuesta para esta Cuaresma


Hoy es martes de carnaval (17/2/2015) y mañana es el “Miércoles de Ceniza” celebrado en el mundo cristiano más tradicional y que guarda el calendario litúrgico.  Este día marca el inicio de la cuaresma, el período de 40 días que nos motiva a preparar nuestro corazón para una reflexión profunda a través del arrepentimiento, la contrición y el ayuno, acerca de la Crucifixión y Resurrección de Jesús.

Esta no es considerada una “tradición evangélica”, pero hay al menos 5 razones por las cuales vale la pena tomar en cuenta este período del calendario litúrgico.  También debemos siempre recordar la centralidad que tienen el arrepentimiento y la contrición en la vida del cristiano y como esto nos apunta a un futuro lleno de esperanza.  Así que existe, para nosotros en la tradición evangélica y reformada, una gran oportunidad para hacer nuestro este tiempo y usarlo para la gloria de Dios y el gozo de Su pueblo.

Normalmente, asociamos la idea de la cuaresma con el ayuno o el negarnos algunas cosas que nos gustan a manera de sacrificio.  Eso es una parte importante de este período de reflexión pero quisiera proponer algo más aquí.  ¿Por qué no empezamos a hablar sobre lo que VAMOS A HACER durante estos 40 días? ¿De qué manera viviremos diferente este período para que, más allá de los 40 días estrictos de la cuaresma, hayamos cultivado una forma distinta de vida que nos impulse hacia el futuro?

Estemos claros, no estoy hablando de “nuevos hábitos” o únicamente leer uno de los tantos devocionales disponibles en YouVersion acerca de la cuaresma.  Estoy proponiendo empezar cambios importantes de vida a través de enfatizar de manera más profunda aspectos importantes de la disciplina cristiana.  Aquí algunas propuestas:

1. Leamos los Evangelios durante estos 40 días: Los 4 Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) suman 89 capítulos.  Leyendo 2.225 capítulos diarios (propongo 3 diarios), habremos tenido la oportunidad de encontrarnos con Jesús de manera completa durante este tiempo.  Quizás si hacemos eso, dejaremos de depender de “memes” motivacionales o algoritmos en redes sociales que tratan la Biblia cual horóscopo y podremos compartir verdades profundas y transformadoras con todos los que nos rodean, más allá de la burbuja de las redes sociales.

2. Leamos Salmos durante estos 40 días: El libro de Salmos cuenta con 150 capítulos.  Leyendo 4 Salmos al día, habremos leído todo el libro y a la vez, habremos encontrado un renovado y más honesto, orgánico y hasta crudo idioma para hablar con Dios, para encontrarnos con Él en medio de cualquier situación que la vida nos arroje y poder llevarla a Sus pies con súplica, ruego, grito, celebración, llanto, desesperación y esperanza.

3. Volvamos a ser amigos durante estos 40 días: Si algo hemos perdido como sociedad y más aún, me atrevería a decir, como iglesia, es la capacidad de ser verdaderos amigos y de disfrutar de la amistad como fin en sí mismo.  El Whatsapp y las demás redes sociales nos han complicado el poder relacionarnos cara a cara, frente a frente, de manera encarnada, vulnerable y genuina. Sin embargo, estos 40 días pueden ser la oportunidad de volver a tomar el teléfono y llamar en lugar de enviar un texto, de invitar a un café y tener una conversación solo por el hecho de tenerla, porque es agradable.  De ver y tratar a la persona, al otro, al amigo y amiga como fines en sí mismos y no con agenda escondida, como proyecto o como medio de consumo.

4. Compartamos la esperanza del Evangelio con otras personas durante estos 40 días: Más allá de las tradiciones cuaresmales, el calendario litúrgico o la Semana Santa, si de algo se trata este tiempo es del Evangelio.  No existe otra esperanza para el mundo.  El Evangelio es la esperanza para todo y para todos (vale la pena escuchar este mensaje).  Seamos evangelistas durante este tiempo.  Hablemos de Dios, hablemos de nuestras luchas y de la gracia que nos ha salvado, que nos sostiene y que nos impulsa hacia adelante.  ¿Cuándo fue la última vez que compartiste el Evangelio con alguien más? ¡Esto es más urgente de lo que imaginas!

Mañana inicia cuaresma.  Aprovechemos este tiempo.  Oremos, ayunemos, adoremos, leamos y vivamos este espacio de manera distinta, profunda y transformadora.  Que esta cuaresma sea apenas el trampolín para una vida espiritual renovada, fortalecida y catapultada por el Espíritu Santo para disfrutar más a Dios, disfrutar más a los demás y disfrutar más la esperanza del Evangelio.

Un Propósito para 2015: Reconciliar


Estamos iniciando un nuevo año, el 2015, y quizás no sea casualidad que sea hoy, en Día de Reyes (6 de enero), que esté escribiendo este nuevo artículo. Cuándo cambiamos el saludo de “Feliz Navidad” a “Feliz Año”, un tema recurrente es el de los famosos “propósitos de año nuevo”. Cada año se nos incentiva a través de distintas técnicas y maneras a plantearnos para el nuevo ciclo que inicia metas, desafíos y retos con los que podamos con satisfacción al final cada año y sentir que nuestra vida tuvo algún grado de sentido.

Como cristianos, no somos ajenos a esos mismos propósitos. Además de los tradicionales propósitos que compartimos con todo el mundo (bajar de peso, hacer ejercicio, comer más sano, ahorrar, aprender algo nuevo, etc…), tenemos los propios propósitos cristianos (leer más la Biblia, orar más, ir a la iglesia, ir al grupo, etc.). Por si fuera poco, nos bombardean con visiones, proclamas, declaraciones y demás variaciones que buscan enmarcar el año dentro de un tema que parecería –según quienes creen en esto- reflejar el corazón de Dios para alguien o para todos….eso es un misterio aún.

No es malo tener metas y propósitos para año nuevo. Es importante que aspiremos a crecer y mejorar siempre en cada aspecto de nuestras vidas. El tema principal no es tanto “qué hacer” sino más bien “cómo y por qué hacerlo”. ¿Qué nos motiva a plantearnos metas? ¿Cómo las alcanzaremos? ¿Por qué vale la pena hacerlo?

Como cristianos, somos llamados a una misión muy especial. Esta misión es la misma para todos –aunque vivida y aplicada de manera distinta en cada uno, según su llamado en la vida- y tiene un objetivo muy claro: establecer el Reino de Dios en la Tierra. Con la venida de Jesús, el Reino se acercó (Marcos 1:15) y es tarea ahora nuestra buscarlo como objetivo principal en la vida (Mateo 6:33), y vivir sus principios en nuestro ámbito particular de vida.

Es en esta última parte en dónde quiero enfocarme. En vivir los principios del Reino. El Apóstol Pablo, escribiendo a los Romanos acerca de lo que significa vivir de acuerdo al Reino, en el contexto de una discusión sobre qué es lícito y qué no es lícito comer, define claramente lo que el Reino de Dios es:

“15Si otro creyente se angustia por lo que tú comes, entonces no actúas con amor si lo comes. No permitas que lo que tú comes destruya a alguien por quien Cristo murió. 16Entonces no serás criticado por hacer algo que tú crees que es bueno. 17Pues el reino de Dios no se trata de lo que comemos o bebemos, sino de llevar una vida de bondad, paz y alegría en el Espíritu Santo. 18Si tú sirves a Cristo con esa actitud, agradarás a Dios y también tendrás la aprobación de los demás.” (Romanos 14:15-17, NTV – énfasis mío)

Bondad, paz y alegría en el Espíritu, tres palabras que amplían el objetivo final del Evangelio: Shalom. Esta palabra que del hebreo la traducimos al español como “paz” va mucho más allá de la simple ausencia de conflicto. La palabra implica bienestar integral, tranquilidad, armonía y muchas otras ideas asociadas a una paz total y verdadera. Esta es la paz que Jesús vino a dejarnos (Juan 14:27) y la paz que Él vino a ser para nosotros (Efesios 2:14-17), Él pagó el precio por nuestra paz (Isaías 53:5) y Él ES el Príncipe de Paz (Isaías 9:6).

Jesús trajo algo al mundo que estaba en enemistad con el Padre (Romanos 5:10), la RECONCILIACION.

“19Pues a Dios, en toda su plenitud,

le agradó vivir en Cristo,

20y por medio de él, Dios reconcilió consigo

todas las cosas.

Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra,

por medio de la sangre de Cristo en la cruz.

21Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, estaban separados de él por sus malos pensamientos y acciones; 22pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)

Esta es la base para plantearnos un verdadero y gran propósito para 2015 que impacta positivamente cada área de nuestra vida y que a su vez, glorifica al Padre porque a través de Él, imitamos a Jesús: vivir como agentes de RECONCILIACION en todo lo que hacemos.

Este no es un llamado nuevo o alguna nueva moda. Esto es lo que se nos ha llamado a ser y vivir por siglos:

15Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.16Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! 17Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado, ¡una nueva vida ha comenzado!18Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. 19Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. 20Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». 21Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo. (2 Corintios 5:15-21, NTV – énfasis mío)

Es nuestra tarea, nuestro supremo llamado el llevar verdadera paz –shalom- a cada lugar y circunstancia de nuestra vida. Nuestras relaciones necesitan paz, nuestros empleos y la relación con nuestros compañeros de trabajo, clientes, proveedores y acreedores necesitan paz, nuestras familias necesitan paz y ser centros de paz para el necesitado, nuestras iglesias necesitan paz. Esa paz no llega por arte de magia. Esa paz llegar por una convicción clara del Evangelio que entiende que con Dios ya tenemos paz y que ahora, nuestra tarea es llamar a otros a estar en paz con Dios y extender, a través de la verdad, la gracia y el amor, la paz hacia los demás. No es casualidad que el Apóstol Pablo siempre saludara y se despidiera de sus iglesias con las mismas palabras: gracia y paz.

Enfoquémonos en esto cada día este año. Clamemos por paz en nuestra relación con Dios y pidamos la gracia para extenderla a otros.

¡Feliz año 2015!

(Este artículo fue originalmente escrito para Evangelio Verdadero)