La Trampa Moralista Evangélica


IMG_2661Como protestantes o quizás más como evangélicos, siempre hemos escuchado y afirmado que “no somos salvos por obras”, sino por gracia.  Esta afirmación es resultado del trabajo de los reformadores a través de la historia y es la que nos ayuda a comunicar el Evangelio a otros.  Sin embargo, aunque damos un sí intelectual a esta afirmación, en la práctica nuestra cultura evangélica no ha dejado de buscar la justificación a través de las obras y la perfección moral.

Una gran prueba de ello es la imagen que ilustra este artículo.  Hemos leído y escuchado esto en todas las iteraciones posibles y quizás alguien la usó para llamarnos la atención o nosotros la usamos para llamar la atención a alguien.  Nuestra cultura la usa también como parte de su ataque y expresión de desconfianza hacia los evangélicos.  Gracias a la exposición mediática de un tipo particular de evangelicalismo, hemos creado a nuestro alrededor un aura de ser santurrones hipócritas que solo se la pasan en la iglesia pero que no traducen su fe en hechos concretos al mundo.

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Algunas de las distorsiones moralistas del Evangelio.

Hemos mordido el anzuelo y caído en la trampa del moralismo.  El moralismo es una distorsión del Evangelio que nos atrae por la oferta de la gracia incondicional de Dios pero una vez “aceptamos”, se nos entrega una lista principalmente de prohibiciones y de obligaciones de lo que, de acuerdo a la iglesia donde vayamos, significa ser un “buen” cristiano.  El proceso que antes era de discipulado (la instrucción en la doctrina, la fe y el acompañamiento a través de los distintos procesos de vida que cada uno de nosotros atraviesa), ahora se convierte en uno donde se deben cumplir las normas comunitarias -muchas no prescritas en la Biblia y que reflejan las preferencias personales del liderazgo- que pasan a definir nuestra posición (y acceso a determinados “privilegios”) dentro de la comunidad.

Hemos tomado versículos como Santiago 2:14-25 y hemos exigido sólo las buenas obras, sin recordar la fe que debe anteceder esas obras y que debe ser correctamente formada, instruida y cultivada bajo la dirección del Espíritu Santo, dentro de la comunidad de la iglesia.  Recordemos que aún las buenas obras que podamos hacer son un regalo de la gracia de Dios:

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:8-10, NTV)

Hemos tomado las historias de la Biblia y hemos caído en el error de aislarlas en silos separados del hilo conductor del Evangelio y su culminación y cumplimiento completo en Jesús.  No olvidemos la exhortación del autor de Hebreos:

“El punto principal es el siguiente: tenemos un Sumo Sacerdote quien se sentó en el lugar de honor, a la derecha del trono del Dios majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar de adoración construido por el Señor y no por manos humanas.
Ya que es deber de todo sumo sacerdote presentar ofrendas y sacrificios, nuestro Sumo Sacerdote también tiene que presentar una ofrenda. 4Si estuviera aquí en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas que exige la ley. Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: «Asegúrate de hacer todo según el modelo que te mostré aquí en la montaña»
Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores.
Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto.” (Hebreos 8:1-7, NTV)
Hemos visto las pulseras y la pregunta de “¿Qué haría Jesús?” (What would Jesus do?) -quizás sin haber leído el libro “En Sus Pasos” de Charles Sheldon-, y tomando el texto de 1 Pedro 2:18-25, reducimos a Jesús únicamente a ser nuestro “ejemplo a seguir”, sin caer en cuenta que para poder hacerlo, necesitamos primero que nos rescate, nos de nueva vida y nos resucite de la muerte espiritual gracias a Su sacrificio en la Cruz (Colosenses 3:1-17, NTV).  Cuando entendemos esto, la pregunta cambia.  Ya no buscamos especular tanto con ¿qué haría Jesús?, sino empezaríamos a enfocarnos en lo central y más importante: ¿Qué hizo Jesús?
El moralismo es la trampa que nos hace creer que es posible ser “más” o “menos” cristianos en función de nuestras acciones. Es un atentando en contra de nuestra fe y confianza en la suficiencia de la Cruz. Guardemos nuestro corazón de eso. Es la fe en Jesús y la suficiencia de Su obra la que nos libera para mejorar cada día, realizar buenas acciones y evitar el pecado, todo por Su gracia y en respuesta al gran amor y perdón recibido.
Que el Señor guíe nuestros corazones y nos ayude a levantar al caído, a restaurar al pecador y a que con nuestros hermanos y hermanas en Cristo caminemos lado al lado el camino de la vida confiados en que el Señor mismo camina con nosotros, nos sostiene por Su gracia, no nos deja y jamás nos desamparará.
No olvidemos Sus promesas:
“Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.” (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
“Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien es poderoso para evitar que caigan, y para llevarlos sin mancha y con gran alegría a su gloriosa presenciaQue toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor. ¡Toda la gloria, la majestad, el poder y la autoridad le pertenecen a él desde antes de todos los tiempos, en el presente y por toda la eternidad! Amén.” (Judas 24-25, NTV)
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El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 5 y final)


(Quinta y última parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí)

downloadComo lo resaltó el teólogo de la universidad de Princeton B.B. Warfield de manera tan elocuente, a través de la historia únicamente han existido dos religiones: el paganismo, de la cual el pelagianismo es una expresión, y la redención sobrenatural.

Junto con Warfield y aquellos quienes seriamente advirtieron a sus hermanos y hermanas de estos errores encontrados en Finney y sus sucesores, hemos de caer en cuenta con la salvaje heterodoxia dentro del protestantismo en Estados Unidos.  Con profundas raíces en el movimiento de avivamientos de Finney quizás el evangelicalismo y el protestantismo liberal no estén tan lejos uno del otro.  Sus “Nuevas Medidas” , así como el movimiento de Iglecrecimiento, colocaban al centro del ministerio eclesiástico las elecciones y emociones humanas, ridiculizaban la teología y reemplazaron la predicación acerca de Cristo por la predicación acerca de la conversión.

Las cruzadas sociales y políticas cristianas están fundamentadas sobre el moralismo naturalístico de Finney y sobre esa base colocan su fe en la humanidad y sus propios recursos para auto salvarse.  Con un lenguaje bastante deísta Finney declaraba, “No hay nada en la religión más allá de los poderes ordinarios de la naturaleza.  La religión consiste enteramente en el correcto ejercicio de los poderes de la naturaleza. Es únicamente esto y nada más.  Cuando la humanidad se hace verdaderamente religiosa, no se les factulta el poder realizar esfuerzos que antes les eran imposibles.  Únicamente realizan los esfuerzos que podían realizar antes pero de una manera diferente y ahora para la gloria de Dios.” Dado entonces que el nuevo nacimiento es un fenómeno natural para Finney, lo mismo se puede decir de los avivamientos: “Un avivamiento no es un milagro ni depende de uno en ningún sentido.  Es meramente un resultado filosófico del uso correcto de los medios constituidos, de la misma forma que cualquier otro efecto producido por la aplicación de los medios apropiados.”

Para Finney la creencia de que el nuevo nacimiento y el avivamiento dependen de la actividad divina es perniciosa: “Ninguna doctrina es más peligrosa que esta para la prosperidad de la Iglesia…y ninguna más absurda.” 

Cuando los líderes del movimiento de Iglecrecimiento afirman que la teología es un obstáculo para crecer e insisten que en realidad no es importante lo que una iglesia crea dado que el crecimiento es una función de la aplicación de los principios adecuados, están demostrando lo que han heredado de Finney.

Cuando los líderes del movimiento Vineyard reconocen manifestaciones como ladrar, rugir, gritar, reírse u otro tipo de fenómenos extraños sobre la base de que “funcionan” y que la verdad debe ser juzgada en base a su fruto, también están siguiendo a Finney así como al padre del pragmatismo estadounidense, William James, quien declaró que la verdad debe ser juzgada sobre la base de “su valor en la moneda de las experiencias vividas”.

Es así, entonces, que dentro de la teología de Finney, Dios no es soberano, el hombre no es pecador por naturaleza, la propiciación no es un verdadero pago por el pecado, la idea de ser justificados a través de la imputación es un insulto a la razón y la moral, el nuevo nacimiento es el resultado de la aplicación de técnicas probadas y un avivamiento es el resultado natural de una buena campaña.  En la introducción de la edición conmemorativa al 200 aniversario de la Teología Sistemática de Finney, Harry Conn aplaude el pragmatismo de Finney: “Muchos siervos de nuestro Señor deben buscar diligentemente un evangelio “qué funcione” y estoy muy feliz de afirmar que podrán encontrarlo en este libro.”

Tal como lo ha documentado cuidadosamente Whitney R. Cross , el territorio que Finney cubrió con sus avivamientos con mayor frecuencia fue también la cuna de muchas de las sectas perfeccionísticas que plagaron el siglo XIX.  Un evangelio “qué funciona” para perfeccionistas celosos en un momento, pronto se convertirá en desilusión para “súper santos” quemados y cansados.  Esto sin decir que el mensaje de Finney es radicalmente distinto a la fe evangélica, rasgo que comparten hoy la orientación de los movimientos que han sido marcados por su pensamiento: el movimiento de Iglecrecimiento, el perfeccionismo y emocionalismo pentecostal o el triunfalismo político sustentado en el ideal de un “Estados Unidos cristiano”, e incluso las tendencias anti-intelectuales y anti-doctrinales de muchos evangélicos y fundamentalistas en Estados Unidos.

Finney no solamente abandonó la doctrina de la justificación -convirtiéndolo un rebelde en contra de la fe evangélica-, él también repudió doctrinas como el pecado original y la propiciación sustitutiva, doctrinas que han sido abrazadas tanto por católicos romanos como por protestantes.  Por consiguiente, Finney no solamente es un arminiano, sino un pelagiano.  Él no es solamente un enemigo del protestantismo, sino de todo el cristianismo histórico en el más amplio sentido de la palabra.

En algo podemos estar de acuerdo con Finney: el Evangelio sostenido por los reformadores a quienes él atacaba directamente, Evangelio que es sostenido por todos los evangélicos, es “otro evangelio” totalmente distinto al proclamado por Finney.  La pregunta para nosotros hoy es: ¿de qué lado estaremos?

 

 

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 4)


(Cuarta parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Distorsionando la Doctrina Cardinal de la Justificación

Charles_g_finney.jpgLos reformadores insistían, sobre la base de textos bíblicos claros, que la justificación (que en griego significa “declarar justo” y no “hacer justo”) era un veredicto forense (o sea, legal).  En otras palabras, a pesar de que la iglesia de Roma sostenía que la justificación era el proceso a través del cual una mala persona iba mejorando, los reformadores argumentaban que esta era una declaración o pronunciamiento que se basaba en la justicia de alguien más (o sea, la de Cristo).  La visión reformada de la justificación es, por ende, un veredicto válido una vez y para siempre.

Esta declaración debe ser pronunciada al inicio de la vida cristiana, no en medio y tampoco al final.  Las palabras claves de la doctrina evangélica son “forense” (legal) e “imputación” (el acreditar a nuestra cuenta, en lugar de la idea de la “infusión” de justicia en nuestra alma).  A pesar de que él conocía todo esto, Finney declara: “Pensar que los pecadores pueden ser declarados justos de manera forense es imposible y absurdo…Como veremos, hay muchas condiciones, aunque una sola base, para la justificación de los pecadores…Como ha sido dicho antes, no puede haber justificación en un sentido legal o forense, sino sobre la base de una obediencia universal, perfecta y continua de la ley.   Esto es, por supuesto, negado por aquellos que sostienen una justificación evangélica, o la justificación de pecadores penitentes, que es de naturaleza forense o judicial. Ellos sostienen la máxima de que lo que un hombre hace por otro, lo hace él mismo, y entonces consideran la obediencia de Cristo como nuestra, sobre la base de que Él obedeció por nosotros.”

A esto, Finney responde: “La doctrina de la justicia imputada, o de que la obediencia a la ley de Cristo nos fue acreditada como propia, está fundada en los más falsos supuestos carentes de todo sentido.”  Después de todo, la justicia de Cristo “no puede hacer más que justificarle a Él mismo.  No puede jamás ser imputada a nosotros…es naturalmente imposible para Él obedecer en nuestro lugar.” Esta “representación de la propiciación como la base para la justificación del pecador ha sido una triste piedra de tropiezo para muchos.”

La visión de que la fe es la única condición para la justificación es para Finney, la visión del antinomianismo“Veremos que la perseverancia en la obediencia hasta el final de la vida es también una condición de la justificación.  Algunos teólogos han hecho de la justificación una condición de la santificación, en lugar de hacer la santificación una condición de la justificación.  Pero veremos que esta es una manera equivocada de ver el tema.”

(Continuará….)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 3)


(Tercera parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” de Michael Horton disponible aquí en inglés completo.)

¿Cuál era la teología de Charles Finney?

978987557115Sin ir más allá del índice de su Teología Sistemática es evidente que toda la teología de Finney giraba alrededor de la moralidad humana.  Los capítulos 1 al 5 tratan acerca del la ley moral, el gobierno moral, el fundamento de la obligación moral, y la unidad de la acción moral; los capítulos 6 y 7 tratan acerca de la obediencia completa y la obediencia a la ley moral, mientras que los capítulos 8 al 14 tratan con los atributos del amor, con el egoísmo y otras virtudes y vicios en general.  Hasta el capítulo 21, acerca de la propiciación, es que empezamos a ver algo particularmente cristiano.  Hay un capítulo acerca de la justificación, seguido por seis acerca de la santificación.  En otras palabras, Finney realmente no escribió una teología sistemática sino una colección de ensayos sobre ética.

Esto no significa, sin embargo, que Finney no presente algunas afirmaciones significativas acerca de teología.

Para empezar, en respuesta a la pregunta, “¿Deja un cristiano de ser cristiano cada vez que comete un pecado?”, Finney responde:

“Cada vez que peca, debe, para mientras, dejar de ser santo.  Esto es auto evidente.  Cada vez que peca, debe ser condenado; debe incurrir el castigo de la ley de Dios…Si se dice que el precepto es aún vinculante a él, pero que en al respecto del cristiano, el castigo está por siembre hecho a un lado, o abrogado, yo respondo que el abrogar el castigo es rechazar el precepto dado que un precepto sin castigo deja de ser ley.  Se convierte únicamente en consejo.  El cristiano, por ende, no está justificado hasta que obedezca, y debe ser condenado cuando el desobedezca o el antinomianismo será cierto…en este respecto, entonces, el cristiano que peca y el pecador no convertido están precisamente en el mismo lugar.” 

Finney creía que Dios demanda la perfección absoluta pero en lugar de que eso le llevara a buscar su rectitud perfecta en Cristo, el concluyó que “…la obediencia perfecta en el presente es una condición para la justificación.  Pero luego, a la pregunta, ¿puede un hombre ser justificado mientras el pecado permanezca en él? Ciertamente no podrá serlo ni por principios legales ni por los principios del evangelio, a menos que la ley sea repelida…Pero, ¿podrá ser perdonado y aceptado y justificad -en el sentido evangélico- mientras el pecado en cualquier dimensión, permanezca en él? Definitivamente no.”

Finney declara acerca de la fórmula reformada simul iustus et peccator (“al mismo tiempo justo y pecador”) lo siguiente: “Este error ha matado más almas, temo, que todo el universalismo que jamás haya maldecido al mundo.”  Esto es porque “Cada vez que un cristiano peca, cae bajo condenación, y debe arrepentirse y hacer sus primeras obras, o perderse.” 

La doctrina de la justificación de Finney descansa sobre la negación de la doctrina del pecado original.  Esta doctrina, sostenida tanto por Católicos Romanos como por Protestates, insiste que todos hemos nacido heredando la culpa y corrupción de Adán.  Estamos, entonces, esclavizados a una naturaleza pecadora.  Como se dice popularmente, “Pecamos porque somos pecadores”“: nuestra condición de pecado determina las acciones pecaminosas, no funciona al revés.  Sin embargo Finney seguía a Pelagio, el hereje del siglo V , quien fue condenado por más concilios eclesiásticos que cualquier otra persona en la historia dada su negación de esta doctrina.

Finney creía que los seres humanos eran capaces de elegir si querían ser corruptos por naturaleza o redimidos a la vez que se refería al pecado original como un “dogma no bíblico y que carece de todo sentido”.  En términos muy claros, Finney negaba la noción de que los seres humanos poseen una naturaleza pecaminosa.  Por ende, si Adán nos guía al pecado, no es porque heredamos su culpa o corrupción, sino porque seguimos su mal ejemplo y por ende, aprendemos a ver a Cristo -el Segundo Adán- como alguien que nos salva a través del ejemplo.  Esta es justo la trayectoria que sigue Finney a la hora de explicar la propiciación.

De acuerdo a Finney, lo primero que hemos de notar acerca de la propiciación es que Cristo no podría haber muerto por los pecados de nadie más que los propios.  Su obediencia a la ley y su justifica perfecta eran suficientes para salvarlo, pero legalmente esta justicia y obediencia no podían ser imputadas a favor de otros.  Aquí es donde es evidente la pasión por la mejoría moral que mueve toda la teología de Finney: “Si Él [Cristo] hubiese obedecido la Ley como nuestro sustituto, ¿por qué entonces nuestro propio retorno a la obediencia personal habría de ser considerada una condición sine qua non para nuestra salvación?” En otras palabras, ¿por qué insistiría Dios en que hemos de salvarnos nosotros mismos a través de nuestra obediencia si la obra de Cristo fue suficiente?  El lector debe traer a la memoria las palabras de San Pablo al respecto de esto: “Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.” (Gálatas 2:21, NTV)  Parecería ser que la respuesta de Finney es una de asentimiento, sin embargo, Finney marca la diferencia al no tener problema ninguno con creer ambas premisas.

Ahora, hemos de reconocer que Finney sí creía que Cristo murió por algo -no por alguien, sino por algo.  En otras palabras, Él murió por un propósito, pero no por las personas.  El propósito de esa muerte era reafirmar el gobierno moral de Dios y llevarnos a la vida eterna a través de Su ejemplo, de la misma forma en que el ejemplo de Adán nos llevó a pecar.  ¿Por qué murió Cristo?   Dios sabía que “la propiciación le presentaría a las criaturas las más altas motivaciones para a virtud.  El ejemplo es la influencia moral más alta que puede ejercerse…Si la benevolencia mostrada en la propiciación no subyuga el egoísmo de los pecadores, estos no tendrán esperanza.”  Es así, entonces, que nos convertimos no en los pecadores inútiles que necesitan ser redimidos, sino en los pecadores descarriados que necesitan una demostración de entrega tan conmovedora que nos movería a dejar de ser egoístas.  Y no es que Finney solamente creyera que la teoría de “influencia moral” en la propiciación era la principal manera de entender la Cruz; el explícitamente negó la propiciación sustitutiva que “asume que la propciación fue un pago literal de una deuda, que hemos visto ya que no es consistente con la naturaleza de la propiciación…Es cierto decir que la propiciación, en sí misma, no asegura la salvación de nadie.”

Esto deja pendiente la manera en que se aplica la redención. Al sacudirse de encima la ortodoxia reformada, Finney argumentaba agresivamente en contra de que el nuevo nacimiento es un regalo divino, insistiendo que “la regeneración consiste en el pecador cambiar su elección, intención y preferencia final; o en cambiar del egoísmo al amor y benevolencia”, movido por la influencia moral de del conmovedor ejemplo de Cristo.  “El pecado original, la regeneración física y todas las demás doctrinas de ese orden y sus resultantes dogmas son todas subversivas en contra del Evangelio y repulsivas a la inteligencia humana.”

Teniendo nada que ver con el pecado original, la propiciación sustitutiva, y el carácter sobrenatural del nuevo nacimiento, Finney procede a atacar “el artículo por medio del cual la Iglesia se sostiene o se cae” , la justificación únicamente por la gracia (Sola Gratia), únicamente a través de la fe (Sola Fide).

Continuará….

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 2)


(segunda parte de mi traducción del artículo de Michael Horton “The Disturbing Legacy of Charles Finney” disponible completo en inglés aquí)

¿Quién es Charles Finney?

ifinney001p1Como reacción en contra de la influencia calvinista del Gran Despertar, los sucesores de ese gran movimiento del Espíritu de Dios se volvieron de Dios hacia los humanos, pasaron de predicar el contenido objetivo de Cristo y Su Cruz a hacer un énfasis en que las personas “tomaran una decisión”.

Charles Finney (1792-1875) ministro en los albores del “Segundo Gran Despertar”.  De cuna presbiteriana, Finney un día experimentó un “poderoso bautismo del Espíritu Santo” que “como una ola de electricidad atravesándome continuamente….parecía fluir como olas de amor líquido”.  La siguiente mañana, Finney le informó a su primer cliente del día (era abogado) que “he sido contratado por el Señor Jesucristo para argumentar en favor de Su causa y no podré continuar con la suya”.  Se rehusó a inscribirse al seminario teológico de la Universidad de Princeton (o de cualquier otra universidad) y comenzó a organizar avivamientos en el estado de Nueva York.  Uno de sus sermones más famosos llevaba el título de “Los pecadores deben cambiar sus propios corazones”.

La única pregunta que Finney se hacía acerca de cada enseñanza suya era: “¿Podré convertir a los pecadores con esto?” El resultado de este enfoque a los avivamientos de Finney fue la división entre los presbiterianos de Nueva York y los de Filadelfia en bandos calvinistas y arminianos.  Sus “Nuevas Medidas” incluían la “banca ansiosa” (precursora al llamado al altar contemporáneo), tácticas emocionales que llevaban a sollozar o al desmayo a las personas y otro tipo de “manifestaciones”, llamadas así por Finney y sus seguidores.

Continuará…..

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 1)


(Artículo originalmente escrito por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Ningún hombre por sí solo es más responsable por la distorsión de la verdad cristiana en nuestra era que Charles Grandison Finney.  Sus “nuevas medidas” crearon un marco de referencia para la teología “decisionista” moderna y e movimiento evangélico de avivamientos.  En este excelente artículo, el Dr. Mike Horton explica como Charles Finney distorsionó la importante doctrina de la salvación.

downloadJerry Falwell lo llama “uno de mis héroes y un héroe para muchos evangélicos, incluyendo Billy Graham.”  Recuerdo hace algunos años caminar dentro del Billy Graham Center y observar allí el lugar de honor dado a Charles Finney dentro de la tradición evangélica.  Allí recordé la primera clase de teología que recibí en una universidad cristiana en donde la lectura de las obras de Finney era requerida.  Este predicador de Nueva York era el campeón de la fe más citado y celebrado por el cantante cristiano Keith Green y la organización Juventud con una Misión.  Él es particularmente estimado dentro de los líderes tanto de la derecha como de la izquierda cristiana, por ambos Jerry Falwell y Jim Wallis (de la revista Sojourners), y su huella aparece en movimientos muy diversos pero que al final, resultan siendo simples herederos del legado de Finney.  Desde el movimiento Vineyard y el movimiento de Iglecrecimiento, a las cruzadas políticas y sociales, el tele-evangelismo y el movimiento de Promise Keepers….¡Finney aún vive!

Finney aún vive porque su impulso moralista miraba una iglesia que fuese en gran medida una agencia de reforma personal y social en lugar de ser la institución en donde los medios de la gracia -la Palabra y el Sacramento- fueran hechos disponibles a los creyentes que luego llevarían el Evangelio al mundo.  En el siglo 19, el movimiento evangélico comenzó a identificarse con causas políticas -desde la abolición de la esclavitud y la legislación del trabajo infantil, hasta los derechos de las mujeres y la prohibición del alcohol.  En un esfuerzo desesperado por recuperar el poder institucional y la gloria de un “Estados Unidos cristiano” (una poderosa visión en el imaginario, pero, luego de la desintegración de la Nueva Inglaterra puritana, algo ilusa), el “establishment” protestante de inicios de siglo XX lanzó campañas morales para “americanizar” a los inmigrantes, y a obligar la formación moral y de carácter en las escuelas.  Los evangelistas ofrecían este evangelio americano en términos de su utilidad práctica para el individuo y la nación.

Esta es la razón por la cual Finney era tan popular.  Él es el punto de inflexión más visible en el cambio de la ortodoxia de la Reforma, evidente en el Gran Despertar (bajo Jonathan Edwards y George Whitefield) a un arminianismo (e incluso pelagianismo) sustentado en avivamientos evidentes en el Segundo Gran Despertar hasta nuestros días.  Para demostrar la deuda que el evangelicalismo moderno tiene con Finney, debemos inicialmente reconocer sus desvíos teológicos.  De estos desvíos, Finney estableció los antecedentes para algunos de los más grandes desafíos dentro de las iglesias evangélicas, notables especialmente en el movimiento de Iglecrecimiento, el pentecostalismo y los avivamientos políticos.

(Continuará…)

La Iglesia Evangélica NO necesita un día…


DOn2JCbWkAAGKS4.jpgEl día de hoy el diputado Edwin Lux (UNE) presentó una iniciativa para que el 1 de agosto de cada año se reconozca en Guatemala el “Día Nacional de la Iglesia Evangélica”.

De acuerdo al diputado Lux, el propósito de esta declaratoria es reconocer el papel que jugó la iglesia evangélica durante las negociaciones de los Acuerdos de Paz en Guatemala, firmados en 1996.

La manera de observar este día quedaría en libertad de cada congregación el cómo celebrarlo, pero además, el artículo 1 del decreto propone algo que no parece concordar: “Todos los años ese día será de asueto con remuneración en todas las dependencias del Estado.”  O sea, todos los empleados del gobierno tendrían un día de descanso por causa de esta celebración.  ¿Por qué?

Quizás el por qué y las motivaciones del diputado Lux no las podamos comprender ahorita, pero definitivamente hay puntos importantes que debemos considerar que deben movernos como cristianos a RECHAZAR PUBLICAMENTE esta iniciativa de ley:

  1. Es muy importante para todos darse cuenta que esta iniciativa no nace de manera institucional desde la iglesia evangélica.  La iniciativa la presentó un diputado de manera individual.  No debemos hacer extensivo el sentimiento y motivaciones del diputado a todos los cristianos evangélicos en Guatemala o pensar que el diputado actúa en representación de la iglesia.
  2. ¡No es necesaria! La iglesia cristiana es por definición una comunidad que celebra y que celebra continuamente con un sentido propio de adoración a Dios, sin necesidad de leyes que así lo ordenen o de asuetos legales.  Cada domingo es una celebración libre y voluntaria del Evangelio, razón de ser de la Iglesia.  El calendario litúrgico cristiano nos da muchas más ocasiones para celebrar: Adviento y Navidad, Cuaresma, Semana Santa y el Domingo de Resurrección.  Incluso este año muchas iglesias celebraron -sin necesidad de leyes o asuetos- el Día de la Reforma este pasado 31 de octubre, en conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante.  Siendo aquí justos, valdría la pena revisar si los asuetos legales que parten de fiestas religiosas deberían o no existir en Guatemala.  Hacerlos legales les quita, en mi opinión, el carácter sagrado y sobre todo libre y voluntario de ser observados por los creyentes.
  3. Es importante recordar lo que cada día significa para nosotros los cristianos:
    “Este es el día que hizo el Señor;
    nos gozaremos y alegraremos en él.” (Salmo 118:24, NTV)
  4. El propósito de la Iglesia no es ser celebrada como institución.  La iglesia está para servir, para ministrar, para discipular, administrar los sacramentos del bautismo y la comunión y sobre todo, para predicar el Evangelio.
  5. Esta iniciativa de ley es por definición, discriminatoria de otras expresiones de fe y religiones en Guatemala.  Aprobar una ley como estas implicaría hacer lo mismo con todas las religiones….¿cuántos asuetos más se generarían a partir de esto?

La iglesia evangélica no necesita estos reconocimientos o espaldarazos de parte del gobierno.  La iglesia necesita libertad para cumplir con su misión de manera fiel, íntegra y honesta.

El Congreso de la República y sus diputados deben ocuparse por la libertad de los guatemaltecos, por proteger sus vidas y su propiedad y legislar en función de esto y sobre todo, en eliminar y simplificar leyes que hacen más complicada la vida en sociedad y en muchas ocasiones, crean ocasiones para la corrupción.

Insto al diputado Lux a reconsiderar su propuesta.

Recomiendo mucho para entender más sobre la naturaleza real de los feriados y el ocio leer a Josef Pieper, en particular su ensayo “El Ocio, fundamento de la Cultura”.

“Non Grato” no existe en el vocabulario cristiano


persona_non_grataLa crisis que atraviesa Guatemala ha polarizado a nuestra sociedad a niveles que no veíamos desde hace muchos años.  La argumentación de los extremos sumado con el relativismo moral posmoderno hacen imposible el diálogo toda vez sigamos pretendiendo que la verdad es una cuestión de opinión privada en función más de lo que me hace sentir bien que en función de la búsqueda honesta de la verdad que implica incluso corregir y enmendar cuando hay error.

En ese contexto, se ha puesto en boga el rechazar de tajo no solo a las ideas, sino a las personas con quienes diferimos al colocarnos a nosotros mismos como los estándares de toda justicia y rectitud.

El “nosotros contra ellos” y la superioridad moral de “no soy tan malo como ellos” que vivimos, nos ha convertido en los más despiadados y crueles jueces de nuestro prójimo…sea este presidente, sindicalista, empresario, proletario, católico, evangélico, ateo o cualquier otra categoría en donde podamos encasillar a nuestro rival, a nuestro enemigo.

En ese contexto, ya es cosa común, desde finales de agosto pasado, el declarar non grato a nuestros opositores.  Vale la pena reflexionar en lo que estamos diciendo, especialmente si nos confesamos cristianos.  Una declaración de persona non grata es la más agresiva expresión de rechazo y condena al exilio que existe en el mundo diplomático.  Es decir “no te quiero ni te acepto” y aún más, es decir “¡vete de aquí y no vuelvas más!”.  Entre las voces que se alzan con declaratorias de “non grato” a diversas personas en el país, se alzan muchas voces de cristianos que han sido arrastrados por la corriente de la ya famosa y trillada “coyuntura política” del país.

La pregunta es: a la luz de las Escrituras, ¿cabe la posibilidad de que un cristiano declare a cualquier otra persona como non grata?  Mi tesis es que no.  ¿Por qué?

La raíz de la palabra grata es la misma raíz de la palabra gratia, palabra de donde sacamos el término “gracia”, que para nosotros como cristianos significa “favor inmerecido”.  ¿Qué nos dice la Biblia a nosotros de todo esto?

“1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:1-10, NTV)
“6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, ya que hemos sido hechos justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios.” (Romanos 5:6-11, NTV)
El ancla de nuestra justificación y salvación es la gracia de Dios, el favor inmerecido de Dios, cuando aún éramos Sus enemigos.  Fuimos “aceptos en el Amado”  (Efesios 1:3-8, NTV), aceptados no por causa de nuestros méritos, sino a pesar de nuestro total demérito.
A la luz de esa verdad, a la luz del escándalo de la gracia de Dios, a la luz de que como cristianos fuimos aceptados, amados, perdonados, justificados y reconciliados por Dios únicamente a través de la gracia, el tratar a otros de manera contraria es una total y flagrante afrenta al Evangelio.  Simplemente es contrario a la naturaleza de todo aquel que afirma la Sola Gratia como pilar fundamental para su vida y esperanza cristiana.
Pero, ¿qué hacemos con quienes han cometido tantas injusticias? Debemos clamar y exigir porque se cumpla la ley y se haga justicia.  Debemos esperar que el gobierno haga su tarea de castigar a quienes hacen el mal (Romanos 13:1-7), pero a la vez, hemos de confrontar el pecado entre nosotros no solo para la condena del mismo, sino para la restauración del pecador de vuelta a Dios y de vuelta a la comunidad:
“1Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. 2Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. 3Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)
No olvidemos, si por las circunstancias y la gravedad de la situación no encontramos otro camino más que declarar a otra persona nuestro enemigo, hemos entonces contraído una obligación moral con ellos: la obligación de amarlos, no porque nos caigan bien o hayan reparado el daño, sino porque nosotros hemos sido amados así aún en nuestra condición pecadora y de rebeldía y enemistad contra Dios.
“38»Han oído la ley que dice que el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: “Ojo por ojo, y diente por diente” 39Pero yo digo: no resistas a la persona mala. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla. 40Si te demandan ante el tribunal y te quitan la camisa, dales también tu abrigo. 41Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos. 42Dales a los que te pidan y no des la espalda a quienes te pidan prestado.
43»Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. 44Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! 45De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. 46Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. 47Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. 48Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:38-48, NTV)
Estamos delante de una gran oportunidad de vivir y mostrar un testimonio cristiano diferente, uno que pelea por la libertad, la justicia y la verdad, pero que guarda su corazón de pecar en reacción al pecado de otros.  Si vamos a señalar el pecado, si vamos a separar a otros de la comunidad, que sea para su restauración, siguiendo el ejemplo de Pablo, Onésimo y Filemón (Filipenses 1:15-19).  Si predicamos gracia, extendamos gracia y recordemos que a los pies de la Cruz hay lugar para todos los que se arrepienten y colocan su fe y confianza en Jesús.

Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!

Consuelo para Guatemala


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“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.” (2 Corintios 1:3-7, NTV)

 

El enojo, la tristeza, la frustración, la indignación y sobre todo, la falta de esperanza, inundan hoy el corazón de muchos guatemaltecos.  Sea a través de las redes sociales, los periódicos, noticieros televisivos o radiales y en las conversaciones alrededor de la mesa, muchos hoy comparten sus opiniones de lo que sucede, del por qué sucede y sobre todo, se debaten escenarios ante un futuro que es poco prometedor para Guatemala.

Quizás lo más triste de esta nueva coyuntura que vivimos es lo polarizante que se ha convertido el asunto.  El tono y la forma de los argumentos demuestran lo peligros de argumentar desde los extremos y la poca caridad con la que se discute solamente contribuye más a la desesperanza que parece marcar el tono del futuro inmediato de nuestra nación.

La pregunta que nos corresponde hacernos a los cristianos es…¿cuál debe ser nuestro papel?  Quisiera destacar tres ideas importantes a considerar y sugerir un camino a tomar:

  1. No debemos callar y al mismo tiempo, evitar confundir nuestro quehacer cristiano con activismo político.
  2. Esto no se trata solamente de quienes protagonizan la trama que se ve y vive en los medios.
  3. Nuestro rol como cristianos va mucho más allá que “orar por nuestras autoridades”.

Mi propuesta es el camino del consuelo y el llamado a la reconciliación.  

En circunstancias como estas donde estoy seguro que familias se han dividido o peleado por una mala conversación u opiniones encontradas por el tema, sentimientos han sido dañados, insultos se han dicho y todo esto genera profunda tristeza y división.  Necesitamos ser consolados en medio de lo que esta crisis no solo está haciendo a nuestra nación, sino a nuestros hogares y lugares de trabajo donde chocamos con opiniones.  Pablo, en su segunda carta a los Corintios ancla la posibilidad de que seamos agentes de consuelo para otros en la consciencia plena del consuelo que nosotros mismos hemos recibido de parte de Dios.

El consuelo que hemos recibido de Dios se fundamenta en que nuestra relación con Él ha sido restaurada y reconciliada gracias a y a través de la sangre derramada por Jesús en la Cruz:

“Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)
Es a partir de allí que podemos recibir el máximo consuelo que cualquier persona pueda llegar a esperar: el consuelo mismo de Dios el Espíritu Santo habitando nuestros corazones y recordándonos de nuestra esperanza firme en Dios.  Cuando tenemos plena consciencia de esto, podemos entonces salir con gallardía a hacer el llamado que hoy, más que nunca, nos corresponde hacer a un país dividido, lastimado, desesperanzado y desconsolado: ¡Reconcíliense con Dios!
Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:15-21, NTV)
El problema político y legal que vivimos hoy puede y debe resolverse con el apego estricto a la ley, nuestra Constitución y el diálogo racional, sensato, cordial y humilde. Esa lucha no debemos abandonarla y debemos exigirla de nuestras autoridades y exigírnosla a nosotros mismos.
Sin embargo, no existe ley o Estado de Derecho que restaure nuestros corazones.  Las heridas profundas que la división causa en una sociedad, en una familia y en las personas no se sana más que con el bálsamo del Evangelio.  El arrepentimiento, la gracia, la misericordia, el amor, la humildad y la honesta búsqueda de la verdad nos podrán encaminar hacia la concordia y la armonía.  Atrevámonos a que en medio de la crisis que vivimos y las diferencias ideológicas que nos separan, podamos pedir perdón y podamos perdonar. Para que esto suceda, nuestra esperanza debe estar colocada únicamente en Jesús y a partir de allí, tener la plena certeza en fe, que podremos amar más y mejor al prójimo.
¡Ánimo!