Las 5 peores frases religiosas para alguien que está sufriendo


downloadTodos sufrimos. Todos. Y todos conocemos a alguien que está sufriendo o atravesando una situación difícil en cualquier área de su vida.  Nuestro instinto es ayudar y buscar aliviar algo del sufrimiento que nuestro familiar, amigo o ser querido está sintiendo.

Sin embargo, nuestra subcultura evangélica muchas veces termina lastimando más a las personas que buscamos ayudar cuando usamos frases que cuentan con poco sustento bíblico o con una robusta teología del sufrimiento, la redención y la esperanza cristiana.

En el artículo a continuación que traduje, Kate Bowler -bloggera, historiadora cristiana, catedrática universitaria, autora de varios libros y paciente de cáncer– nos llama a la reflexión con un poco de sarcasmo y humor negro, sobre esas frases que usamos con las mejores intenciones, pero que no siempre producen los mejores resultados.

El artículo original en inglés, titulado “Top 5 Worst Religious Clichés for People in Pain” , está disponible aquí.

La próxima vez que quieras sonreír de manera sarcástica, date una vuelta por la sección en el supermercado o tu tienda favorita donde vendan tarjetas de felicitación.  Pasa por alto las tarjetas gigantes con leyendas como “¡Tengo 18 con 32 años de experiencia!” y también las tarjetas en blanco que solo muestran en la portada algún lindo y paradisíaco paisaje y ve directo a la sección de tarjetas de “Simpatía Religiosa”.  Es aquí donde las trilladas frases de la industria de tarjetas de felicitación alcanzan profundidades inimaginables.  Desafortunadamente el efecto que estas tarjetas producen -a pesar de haber sido seleccionadas por personas religiosas con las mejores de las intenciones- es muchas veces totalmente opuesto a esas buenas intenciones.  Tómalo de mí, la “Experta Receptora de Tarjetas de Simpatía”.  Por favor, nunca permites que este tipo de frases le lleguen a tus amigos:

  1. “Dios necesitaba un ángel”

Normalmente escucho esta frase en el contexto del fallecimiento de un niño o niña.  Esta sea quizá la imagen más horrible: que Dios es cruel y caprichoso y quiere llevarse a tus hijos.  Primero que nada, los niños no tocan bien el harpa.  Segundo, Dios tiene miles de ángeles, millones. Tercero, técnicamente Dios crea a los ángeles desde cero, no los hace de aquellos que han fallecido.  Afirmar lo contrario es herejía, así que no lo digas.

2. “Dios está cerrando una puerta, pero está abriendo una ventana”

De acuerdo a Hallmark, pareciera ser que Dios está súper metido en esto…pero ¿qué es lo que esto realmente significa?  Por favor asegúrate de no comprar esta tarjeta para alguien que está recuperándose de un incendio en casa o de algún desastre natural.  Es muy probable que estas personas prefieran las puertas que ya tenían a las ventanas que Dios pueda proveerles.  Además, ¿sabes lo difícil que es sacar de tu casa a los pájaros que entran por las ventanas?  Me quedo con mis ventanas con cedazo, gracias. 

3. “Lo que no te mata, te fortalece”

Veamos, esto implica que el momento más fuerte en la vida de alguien es cuando están en su punto más débil.  Entiendo que el sentimiento detrás de esto es fortalecer y empoderar a las personas, pero debes tomar nota de que podría parecer que minimizas la lucha por la que alguien está pasando.  A nadie le gusta escuchar que algún día quizás logren ver los beneficios de la horrible realidad que hoy están viviendo.  Como una pequeña nota aparte, ten ESPECIAL cuidado de no usar esta frase con alguien que está literalmente enfrentando la muerte.

4. “Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar”

A pesar de que es cierto que la fe de las personas puede crecer o cambiar durante períodos de dolor, muchas buenas personas se han enfrentado con lo difícil que es mantener la fe cuando todo lo que ven o sienten es el sufrimiento.  En lugar de hablarles sobre estos aspectos teológicos, ¿por qué no ser la fe que tu amigo o amiga necesita?  Ayúdale a llevar su carga en lugar de intentar fortalecerle desde lejos con la idea de que debe ser autosuficiente a la hora de enfrentar tiempos difíciles.

5. “Todo pasa por algo

Sin darte cuenta, estás metiendo a tu amigo o amiga en su propia crisis.  Le estás diciendo que sonría y se aguante, porque todas las cosas malas se las arreglan para convertirse en buenas.  Cosas terribles le pasan a personas buenas a diario.  Créeme, el pensar en que debes martirizarte hoy en busca de algún potencial y desconocido beneficio en el futuro, no hace que una mala situación hoy duela menos.  Únicamente sostén la mano de tu amigo o amiga, dile que le amas y que estas allí para servirle y apoyarle…y que la defenderás a capa y espada de cualquiera que le intente dar alguna tarjeta llena de brillantina que diga “Todo es parte del plan de Dios.”

Anuncios

La Vida desde un Rompecabezas


514WTXC2YNL.jpgComo parte de las actividades que como familia realizamos en este cierre de año, fue decidirnos a armar un rompecabezas que estaba guardado desde hace ya algunos años.  Es un rompecabezas de 3000 piezas titulado Typus Orbis Terrarum. Se hicieron varios intentos para poder realizar un esfuerzo consistente de armado, hasta que finalmente logramos desocupar una mesa amplia en la que aún seguimos trabajando el rompecabezas pero que está libre de que sea desarmado o por alguna equivocación, vuelto a guardar en la caja.

Tenía tiempo de no sentarme a armar un rompecabezas tan grande y tan complejo.  Ha sido una manera interesante de invertir tiempo en algo que es relajante y a la vez, desafiante para la mente.  Además, es muy lindo ver el avance gradual que se va dando mientras cada uno agrega un par de piezas según tiene tiempo y pasa visitando el proyecto.

El proceso me ha despertado algunas reflexiones que considero pueden ser interesantes para proyectar de manera analógica a la vida.  A continuación, se las comparto:

  1. Es un proceso: Toma tiempo, dedicación y paciencia sentarse a buscar encontrar y
    IMG_2877

    Avance del rompecabezas al momento de escribir esta entrada.

    encajar las pequeñas piezas que conforman la imagen que se busca completar.  Tomar un descanso y regresar horas o incluso días después refresca nuestra capacidad de enfoque y nos facilita encontrar nuevas piezas que luego de horas, parecieran desaparecer de nuestros ojos.

  2. Se debe tener siempre en mente la gran imagen: Es imposible hacer sentido a las miles de piezas con las que se enfrenta uno sin tener siempre presente en la mente la gran imagen que se está buscando armar.  Esta gran imagen nos ayuda a orientar los esfuerzos a buscar y dar forma a los distintos grupos de piezas que poco a poco se van conjuntando y le dan sentido a todo el esfuerzo.
  3. Se debe tener una gran atención al detalle: Al mismo tiempo que tenemos la gran imagen en mente, cada pieza revela pequeñísimos detalles que nos ayudan a encontrar el lugar donde encajan.  Observar detenidamente la pieza nos permite identificar pequeñas orillas o formas que completan una letra, una curva o una figura.
  4. El cambio de perspectiva ayuda: Pararse, sentarse y girar las piezas nos ayuda a ver tanto el rompecabezas como cada pieza individual con nuevos ojos.  Esto nos permite identificar de mejor forma las piezas que faltan y colocar otras que teníamos enfrente y no habíamos logrado identificar su lugar.
  5. No se arma en orden: Al ir identificando patrones, distintas secciones van cobrando forma en un rompecabezas tan grande.  A veces estas secciones parecen muy aisladas pero uno de los momentos más lindos es encontrar esas piezas que hacen el vínculo y nos empiezan a revelar una imagen más íntegra y completa.  La clave aquí es no desesperar y aprender a trabajar en paralelo…
  6. Todas las piezas están allí: A veces la desesperación pareciera querer ganarnos la partida.  Tenemos armada casi toda una sección y se ven sumamente incómodos los espacios vacíos en donde hacen falta piezas que por más que buscamos no parecieran estar.  Aquí aprendemos paciencia y calma.  Las piezas están allí.  A veces se necesita un descanso, a veces es de girar una pieza, a veces se necesitan otros ojos, pero eventualmente, la pieza que falta aparecerá.
  7. Cada pieza tiene un lugar y solamente un lugar: En un rompecabezas no hay lugar para la ambigüedad.  Cada pieza está diseñada específicamente para ocupar un espacio y conectar de manera perfecta con las piezas que la rodean.  No hay sustitutos para cada pieza.
  8. Una pieza mal ubicada impacta a todas las demás: A veces hay piezas de formas muy similares y con patrones que podrían llegar a confundirnos y las encajamos en el lugar incorrecto.  Podemos pasar horas sin darnos cuenta del error hasta que nos damos cuenta por otras piezas que no parecieran encontrar lugar, que hay una mal puesta.  Cuando corregimos el error, es maravilloso ver como las demás comienzan a encajar perfectamente.
  9. No hay lugar para relativismos: Un rompecabezas tiene una sola verdad objetiva hacia la que se dirige todo el esfuerzo: la gran imagen que se busca armar.  Sin esa verdad objetiva, armar el rompecabezas se convierte en un esfuerzo sin sentido alguno.  Además, al sentarse a armar un rompecabezas no hay lugar para mis sentimientos, para que yo decida qué figura quiero formar independiente de la que está en la portada de la caja.  No hay lugar para el relativismo.  Solo existe la verdad y es esa verdad la que le da sentido a cada pieza y al esfuerzo de reunirlas y encajarlas en su lugar apropiado.
  10. Cada pieza es única, irrepetible y sirve un propósito mayor: En un rompecabezas cada pieza juega un papel único y específico, pero a la vez, ninguna pieza existe como fin en sí mismo.  Hay una misión, hay una relación interdependiente entre todas las piezas y en su unicidad, todas contribuyen a armar esa gran imagen.

La Trampa Moralista Evangélica


IMG_2661Como protestantes o quizás más como evangélicos, siempre hemos escuchado y afirmado que “no somos salvos por obras”, sino por gracia.  Esta afirmación es resultado del trabajo de los reformadores a través de la historia y es la que nos ayuda a comunicar el Evangelio a otros.  Sin embargo, aunque damos un sí intelectual a esta afirmación, en la práctica nuestra cultura evangélica no ha dejado de buscar la justificación a través de las obras y la perfección moral.

Una gran prueba de ello es la imagen que ilustra este artículo.  Hemos leído y escuchado esto en todas las iteraciones posibles y quizás alguien la usó para llamarnos la atención o nosotros la usamos para llamar la atención a alguien.  Nuestra cultura la usa también como parte de su ataque y expresión de desconfianza hacia los evangélicos.  Gracias a la exposición mediática de un tipo particular de evangelicalismo, hemos creado a nuestro alrededor un aura de ser santurrones hipócritas que solo se la pasan en la iglesia pero que no traducen su fe en hechos concretos al mundo.

24173714_10155761722225729_587746956741411353_o

Algunas de las distorsiones moralistas del Evangelio.

Hemos mordido el anzuelo y caído en la trampa del moralismo.  El moralismo es una distorsión del Evangelio que nos atrae por la oferta de la gracia incondicional de Dios pero una vez “aceptamos”, se nos entrega una lista principalmente de prohibiciones y de obligaciones de lo que, de acuerdo a la iglesia donde vayamos, significa ser un “buen” cristiano.  El proceso que antes era de discipulado (la instrucción en la doctrina, la fe y el acompañamiento a través de los distintos procesos de vida que cada uno de nosotros atraviesa), ahora se convierte en uno donde se deben cumplir las normas comunitarias -muchas no prescritas en la Biblia y que reflejan las preferencias personales del liderazgo- que pasan a definir nuestra posición (y acceso a determinados “privilegios”) dentro de la comunidad.

Hemos tomado versículos como Santiago 2:14-25 y hemos exigido sólo las buenas obras, sin recordar la fe que debe anteceder esas obras y que debe ser correctamente formada, instruida y cultivada bajo la dirección del Espíritu Santo, dentro de la comunidad de la iglesia.  Recordemos que aún las buenas obras que podamos hacer son un regalo de la gracia de Dios:

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:8-10, NTV)

Hemos tomado las historias de la Biblia y hemos caído en el error de aislarlas en silos separados del hilo conductor del Evangelio y su culminación y cumplimiento completo en Jesús.  No olvidemos la exhortación del autor de Hebreos:

“El punto principal es el siguiente: tenemos un Sumo Sacerdote quien se sentó en el lugar de honor, a la derecha del trono del Dios majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar de adoración construido por el Señor y no por manos humanas.
Ya que es deber de todo sumo sacerdote presentar ofrendas y sacrificios, nuestro Sumo Sacerdote también tiene que presentar una ofrenda. 4Si estuviera aquí en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas que exige la ley. Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: «Asegúrate de hacer todo según el modelo que te mostré aquí en la montaña»
Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores.
Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto.” (Hebreos 8:1-7, NTV)
Hemos visto las pulseras y la pregunta de “¿Qué haría Jesús?” (What would Jesus do?) -quizás sin haber leído el libro “En Sus Pasos” de Charles Sheldon-, y tomando el texto de 1 Pedro 2:18-25, reducimos a Jesús únicamente a ser nuestro “ejemplo a seguir”, sin caer en cuenta que para poder hacerlo, necesitamos primero que nos rescate, nos de nueva vida y nos resucite de la muerte espiritual gracias a Su sacrificio en la Cruz (Colosenses 3:1-17, NTV).  Cuando entendemos esto, la pregunta cambia.  Ya no buscamos especular tanto con ¿qué haría Jesús?, sino empezaríamos a enfocarnos en lo central y más importante: ¿Qué hizo Jesús?
El moralismo es la trampa que nos hace creer que es posible ser “más” o “menos” cristianos en función de nuestras acciones. Es un atentando en contra de nuestra fe y confianza en la suficiencia de la Cruz. Guardemos nuestro corazón de eso. Es la fe en Jesús y la suficiencia de Su obra la que nos libera para mejorar cada día, realizar buenas acciones y evitar el pecado, todo por Su gracia y en respuesta al gran amor y perdón recibido.
Que el Señor guíe nuestros corazones y nos ayude a levantar al caído, a restaurar al pecador y a que con nuestros hermanos y hermanas en Cristo caminemos lado al lado el camino de la vida confiados en que el Señor mismo camina con nosotros, nos sostiene por Su gracia, no nos deja y jamás nos desamparará.
No olvidemos Sus promesas:
“Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.” (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
“Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien es poderoso para evitar que caigan, y para llevarlos sin mancha y con gran alegría a su gloriosa presenciaQue toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor. ¡Toda la gloria, la majestad, el poder y la autoridad le pertenecen a él desde antes de todos los tiempos, en el presente y por toda la eternidad! Amén.” (Judas 24-25, NTV)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 3)


(Tercera parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” de Michael Horton disponible aquí en inglés completo.)

¿Cuál era la teología de Charles Finney?

978987557115Sin ir más allá del índice de su Teología Sistemática es evidente que toda la teología de Finney giraba alrededor de la moralidad humana.  Los capítulos 1 al 5 tratan acerca del la ley moral, el gobierno moral, el fundamento de la obligación moral, y la unidad de la acción moral; los capítulos 6 y 7 tratan acerca de la obediencia completa y la obediencia a la ley moral, mientras que los capítulos 8 al 14 tratan con los atributos del amor, con el egoísmo y otras virtudes y vicios en general.  Hasta el capítulo 21, acerca de la propiciación, es que empezamos a ver algo particularmente cristiano.  Hay un capítulo acerca de la justificación, seguido por seis acerca de la santificación.  En otras palabras, Finney realmente no escribió una teología sistemática sino una colección de ensayos sobre ética.

Esto no significa, sin embargo, que Finney no presente algunas afirmaciones significativas acerca de teología.

Para empezar, en respuesta a la pregunta, “¿Deja un cristiano de ser cristiano cada vez que comete un pecado?”, Finney responde:

“Cada vez que peca, debe, para mientras, dejar de ser santo.  Esto es auto evidente.  Cada vez que peca, debe ser condenado; debe incurrir el castigo de la ley de Dios…Si se dice que el precepto es aún vinculante a él, pero que en al respecto del cristiano, el castigo está por siembre hecho a un lado, o abrogado, yo respondo que el abrogar el castigo es rechazar el precepto dado que un precepto sin castigo deja de ser ley.  Se convierte únicamente en consejo.  El cristiano, por ende, no está justificado hasta que obedezca, y debe ser condenado cuando el desobedezca o el antinomianismo será cierto…en este respecto, entonces, el cristiano que peca y el pecador no convertido están precisamente en el mismo lugar.” 

Finney creía que Dios demanda la perfección absoluta pero en lugar de que eso le llevara a buscar su rectitud perfecta en Cristo, el concluyó que “…la obediencia perfecta en el presente es una condición para la justificación.  Pero luego, a la pregunta, ¿puede un hombre ser justificado mientras el pecado permanezca en él? Ciertamente no podrá serlo ni por principios legales ni por los principios del evangelio, a menos que la ley sea repelida…Pero, ¿podrá ser perdonado y aceptado y justificad -en el sentido evangélico- mientras el pecado en cualquier dimensión, permanezca en él? Definitivamente no.”

Finney declara acerca de la fórmula reformada simul iustus et peccator (“al mismo tiempo justo y pecador”) lo siguiente: “Este error ha matado más almas, temo, que todo el universalismo que jamás haya maldecido al mundo.”  Esto es porque “Cada vez que un cristiano peca, cae bajo condenación, y debe arrepentirse y hacer sus primeras obras, o perderse.” 

La doctrina de la justificación de Finney descansa sobre la negación de la doctrina del pecado original.  Esta doctrina, sostenida tanto por Católicos Romanos como por Protestates, insiste que todos hemos nacido heredando la culpa y corrupción de Adán.  Estamos, entonces, esclavizados a una naturaleza pecadora.  Como se dice popularmente, “Pecamos porque somos pecadores”“: nuestra condición de pecado determina las acciones pecaminosas, no funciona al revés.  Sin embargo Finney seguía a Pelagio, el hereje del siglo V , quien fue condenado por más concilios eclesiásticos que cualquier otra persona en la historia dada su negación de esta doctrina.

Finney creía que los seres humanos eran capaces de elegir si querían ser corruptos por naturaleza o redimidos a la vez que se refería al pecado original como un “dogma no bíblico y que carece de todo sentido”.  En términos muy claros, Finney negaba la noción de que los seres humanos poseen una naturaleza pecaminosa.  Por ende, si Adán nos guía al pecado, no es porque heredamos su culpa o corrupción, sino porque seguimos su mal ejemplo y por ende, aprendemos a ver a Cristo -el Segundo Adán- como alguien que nos salva a través del ejemplo.  Esta es justo la trayectoria que sigue Finney a la hora de explicar la propiciación.

De acuerdo a Finney, lo primero que hemos de notar acerca de la propiciación es que Cristo no podría haber muerto por los pecados de nadie más que los propios.  Su obediencia a la ley y su justifica perfecta eran suficientes para salvarlo, pero legalmente esta justicia y obediencia no podían ser imputadas a favor de otros.  Aquí es donde es evidente la pasión por la mejoría moral que mueve toda la teología de Finney: “Si Él [Cristo] hubiese obedecido la Ley como nuestro sustituto, ¿por qué entonces nuestro propio retorno a la obediencia personal habría de ser considerada una condición sine qua non para nuestra salvación?” En otras palabras, ¿por qué insistiría Dios en que hemos de salvarnos nosotros mismos a través de nuestra obediencia si la obra de Cristo fue suficiente?  El lector debe traer a la memoria las palabras de San Pablo al respecto de esto: “Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.” (Gálatas 2:21, NTV)  Parecería ser que la respuesta de Finney es una de asentimiento, sin embargo, Finney marca la diferencia al no tener problema ninguno con creer ambas premisas.

Ahora, hemos de reconocer que Finney sí creía que Cristo murió por algo -no por alguien, sino por algo.  En otras palabras, Él murió por un propósito, pero no por las personas.  El propósito de esa muerte era reafirmar el gobierno moral de Dios y llevarnos a la vida eterna a través de Su ejemplo, de la misma forma en que el ejemplo de Adán nos llevó a pecar.  ¿Por qué murió Cristo?   Dios sabía que “la propiciación le presentaría a las criaturas las más altas motivaciones para a virtud.  El ejemplo es la influencia moral más alta que puede ejercerse…Si la benevolencia mostrada en la propiciación no subyuga el egoísmo de los pecadores, estos no tendrán esperanza.”  Es así, entonces, que nos convertimos no en los pecadores inútiles que necesitan ser redimidos, sino en los pecadores descarriados que necesitan una demostración de entrega tan conmovedora que nos movería a dejar de ser egoístas.  Y no es que Finney solamente creyera que la teoría de “influencia moral” en la propiciación era la principal manera de entender la Cruz; el explícitamente negó la propiciación sustitutiva que “asume que la propciación fue un pago literal de una deuda, que hemos visto ya que no es consistente con la naturaleza de la propiciación…Es cierto decir que la propiciación, en sí misma, no asegura la salvación de nadie.”

Esto deja pendiente la manera en que se aplica la redención. Al sacudirse de encima la ortodoxia reformada, Finney argumentaba agresivamente en contra de que el nuevo nacimiento es un regalo divino, insistiendo que “la regeneración consiste en el pecador cambiar su elección, intención y preferencia final; o en cambiar del egoísmo al amor y benevolencia”, movido por la influencia moral de del conmovedor ejemplo de Cristo.  “El pecado original, la regeneración física y todas las demás doctrinas de ese orden y sus resultantes dogmas son todas subversivas en contra del Evangelio y repulsivas a la inteligencia humana.”

Teniendo nada que ver con el pecado original, la propiciación sustitutiva, y el carácter sobrenatural del nuevo nacimiento, Finney procede a atacar “el artículo por medio del cual la Iglesia se sostiene o se cae” , la justificación únicamente por la gracia (Sola Gratia), únicamente a través de la fe (Sola Fide).

Continuará….

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 1)


(Artículo originalmente escrito por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Ningún hombre por sí solo es más responsable por la distorsión de la verdad cristiana en nuestra era que Charles Grandison Finney.  Sus “nuevas medidas” crearon un marco de referencia para la teología “decisionista” moderna y e movimiento evangélico de avivamientos.  En este excelente artículo, el Dr. Mike Horton explica como Charles Finney distorsionó la importante doctrina de la salvación.

downloadJerry Falwell lo llama “uno de mis héroes y un héroe para muchos evangélicos, incluyendo Billy Graham.”  Recuerdo hace algunos años caminar dentro del Billy Graham Center y observar allí el lugar de honor dado a Charles Finney dentro de la tradición evangélica.  Allí recordé la primera clase de teología que recibí en una universidad cristiana en donde la lectura de las obras de Finney era requerida.  Este predicador de Nueva York era el campeón de la fe más citado y celebrado por el cantante cristiano Keith Green y la organización Juventud con una Misión.  Él es particularmente estimado dentro de los líderes tanto de la derecha como de la izquierda cristiana, por ambos Jerry Falwell y Jim Wallis (de la revista Sojourners), y su huella aparece en movimientos muy diversos pero que al final, resultan siendo simples herederos del legado de Finney.  Desde el movimiento Vineyard y el movimiento de Iglecrecimiento, a las cruzadas políticas y sociales, el tele-evangelismo y el movimiento de Promise Keepers….¡Finney aún vive!

Finney aún vive porque su impulso moralista miraba una iglesia que fuese en gran medida una agencia de reforma personal y social en lugar de ser la institución en donde los medios de la gracia -la Palabra y el Sacramento- fueran hechos disponibles a los creyentes que luego llevarían el Evangelio al mundo.  En el siglo 19, el movimiento evangélico comenzó a identificarse con causas políticas -desde la abolición de la esclavitud y la legislación del trabajo infantil, hasta los derechos de las mujeres y la prohibición del alcohol.  En un esfuerzo desesperado por recuperar el poder institucional y la gloria de un “Estados Unidos cristiano” (una poderosa visión en el imaginario, pero, luego de la desintegración de la Nueva Inglaterra puritana, algo ilusa), el “establishment” protestante de inicios de siglo XX lanzó campañas morales para “americanizar” a los inmigrantes, y a obligar la formación moral y de carácter en las escuelas.  Los evangelistas ofrecían este evangelio americano en términos de su utilidad práctica para el individuo y la nación.

Esta es la razón por la cual Finney era tan popular.  Él es el punto de inflexión más visible en el cambio de la ortodoxia de la Reforma, evidente en el Gran Despertar (bajo Jonathan Edwards y George Whitefield) a un arminianismo (e incluso pelagianismo) sustentado en avivamientos evidentes en el Segundo Gran Despertar hasta nuestros días.  Para demostrar la deuda que el evangelicalismo moderno tiene con Finney, debemos inicialmente reconocer sus desvíos teológicos.  De estos desvíos, Finney estableció los antecedentes para algunos de los más grandes desafíos dentro de las iglesias evangélicas, notables especialmente en el movimiento de Iglecrecimiento, el pentecostalismo y los avivamientos políticos.

(Continuará…)

Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

Lutero a la Teología de la Prosperidad


martinluteroEste año por todos es, o llegará a ser conocido al menos como una nota de prensa, que el 31 de octubre se marcarán 500 años desde que Martín Lutero clavó las 95 Tesis que marcarían el inicio de lo que hoy se conoce como la “Reforma Protestante” que dividió la iglesia occidental.  Para la causa protestante, este cisma y posterior reforma de la Iglesia, significó buscar asentar la vida, fe y práctica cristiana en 5 pilares íntimamente entrelazados entre sí:

  1. Sola Scriptura – solo la Escritura
  2. Sola fide – solo la fe
  3. Sola gratia – solo la gracia
  4. Solus Christus – solo Cristo
  5. Soli Deo gloria – solo a Dios la gloria

En el momento que Lutero clavó sus tesis, su intención original no fue partir la iglesia en dos, sino reformarla desde adentro, en concreto, reformar la mezquina práctica de la venta de indulgencias -certificados papales de perdón y remisión de pecados- que habían alcanzado un nivel insostenible bíblicamente por las implicaciones soteriológicas -relativas a la salvación de cada persona- que estas tenían.  La idea de las tesis era generar un robusto debate interno que condujera a enmendar el camino, pero por el milagro de la imprenta -y sin el conocimiento o aprobación de Lutero- las tesis se difundieron por toda Alemania y llegaron hasta la misma Roma.

Al ver la reacción negativa y visceral que generaron sus tesis, Lutero buscó aclarar más sus postulados y poder, a través del uso del idioma alemán, transmitir a sus lectores sus intenciones y razones de por qué cuestionaba esta práctica de venta y emisión de indulgencias, dado que no las encontraba en la Escritura.  Es por esta razón que en abril de 1518 publica su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia” con el que buscaba traer mayor claridad al debate y donde termina, de manera magistral, exponiendo el grave error de las indulgencias en contraposición con la doctrina bíblica de la gracia y la Cruz.

Cuando uno lee este tratado con ojos de cristiano evangélico viviendo en Guatemala en el año 2017, no puede dejar de hacerse el paralelo con lo que sin mayor dificultado podríamos hoy calificar como las “indulgencias modernas” del falso “evangelio” de la prosperidad.  En esencia, la relación transaccional entre los hombres y Dios que propone la teología de la prosperidad (salud/prosperidad/felicidad a cambio de ofrendas/diezmos/pactos) es muy similar a la que a inicios del siglo XVI planteaba la propuesta de las indulgencias.  Si caemos en cuenta de que el propósito de los fondos generados para las indulgencias que predicadores como el dominico Juan Tetzel vendían eran para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, no podemos dejar de ver la extraña coincidencia con los grandes proyectos para la construcción de templos y auditorios que usualmente van atados a las promesas de prosperidad que se ofrecen a cambio de las ofrendas/diezmos/pactos de las iglesias evangélicas modernas.

Lutero dijo sobre esto mucho en su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia”.  Reproduzco aquí algunos párrafos para que podamos reflexionar sobre las ideas de Lutero y lo que implican hoy para nosotros, 499 años después de su publicación:

“13. Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena. La cristiandad exige algunas cosas; también puede remitirlas y no imponer nada que resulte difícil e insoportable.
 
14. La indulgencia se ha autorizado en atención a los cristianos imperfectos y perezosos, que no quieren ejercitarse con valentía en las buenas obras, o a causa de los rebeldes. Como la indulgencia no anima a nadie a enmendarse, sino que más bien tolera y autoriza su imperfección, no se debe hablar en contra de la indulgencia, pero tampoco hay que aconsejársela a nadie.
 
15. Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de San Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios.
 
16. Es mucho más valiosa la limosna dada al indigente que la otorgada para este edificio; incluso es mucho mejor que la indulgencia conseguida a cambio. Porque, como ya se ha dicho, vale mucho más una obra buena cumplida que muchas menospreciadas. Con la indulgencia, o se prescinde de muchas obras buenas o no se consigue la remisión de nada. Fijaos bien en lo que os voy a decir para instruiros como es debido: antes de nada (y sin tener en cuenta al edificio de San Pedro y a la indulgencia), si quieres dar algo, tienes que dárselo al pobre. Si ocurre que en tu ciudad no hay nadie necesitado de socorro (lo que si Dios quiere nunca sucederá), entonces, si así lo deseas, podrás dar para iglesias, altares, ornamentos, cálices de tu ciudad. Si esto no fuere necesario al presente, y si te parece, podrás dar para la fábrica de San Pedro o para lo que sea. Pero ni en este caso deberás hacerlo para ganar la indulgencia, porque declara san Pablo: «Quien no cuida de los miembros de su familia no es cristiano, es peor que un pagano» . En fin, para expresar paladinamente mi pensamiento: quienquiera que te hable de otra manera te está induciendo al error o anda buscando tu alma dentro de tu bolsillo, y si en él encontrara peniques, los preferiría a todas las almas. Si dices que no volverás a comprar indulgencias, te respondo: «ya lo he dicho antes; mi voluntad, mi deseo, mi ruego constante y mi consejo es que nadie compre la indulgencia. Deja que los cristianos perezosos y amodorrados las compren; tú sigue tu camino».
 
17. La indulgencia no está recomendada ni aconsejada: entra dentro de las cosas autorizadas y permitidas. Por este motivo, no es una obra de obediencia, ni incluso meritoria, sino una evasión de la obediencia. Por lo tanto, aunque no se deba prohibir a nadie que las adquiera, se debería alejar de ellas a todos los cristianos y estimularlos a cambio a que se fortificasen precisamente por las obras y las penas que remite la indulgencia.”
Como mínimo, la reflexión sobre estos párrafos es obligatoria, no solo para entender el por qué de la Reforma que estamos celebrando este año, sino también para darnos cuenta de la necesidad continua que tenemos de revisar nuestros paradigmas y nuestras inclinaciones a cometer los mismos errores que pusieron a la iglesia en una posición muy débil en el siglo XVI y que obligaron a un fuerte cisma para buscar regresarla a su confianza plena en Cristo, la Cruz, el Evangelio y la Palabra de Dios.
Como bien lo afirmó Lutero en su tesis número 62:
“El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sacrosanto evangelio de la gloria y la gracia de Dios;”

El Castillo de Cartas del Relativismo Moral


1242570310El día de hoy, Carol Zardetto publicó en El Periódico una columna titulada “El miedo a la sexualidad”.  El propósito de su columna es hacer una crítica en contra de quienes sostienen valores tradicionales acerca de la familia y el matrimonio.  Apela a argumentos falaces como que la institución de la familia y el matrimonio “tradicional” existen para sostener una especie de maquiavélico esquema de dominación masculina en la sociedad, perpetrado por élites ricas y conservadoras.  A continuación cito:

“Cuando el poder hegemónico se apropia de un terreno tan resbaloso como la intimidad del deseo no puede sino originar trastorno, dolor, represión e… hipocresía. El poder hegemónico está construido sobre la base de la heterosexualidad, los “sólidos” valores de la “familia normal” fundada en un matrimonio monógamo y que subsiste hasta que la muerte los separe. Este “establecimiento” provee seguridad para la sociedad, el aseguramiento de las herencias y la consolidación de los capitales. Los vientres de las mujeres fecundados por hombres que están en dominio de la situación es un icono inconmovible.”

No reconoce como “naturales” y mucho menos “anteriores al Estado” las instituciones que han sostenido por tantos siglos a las sociedades: el matrimonio y la familia.  Argumenta una construcción artificial y no la realidad de que desde el punto de vista sociológico, podríamos considerar al matrimonio y a la familia como “órdenes espontáneos” y desde un punto de vista teológico y moral, como instituciones diseñadas por Dios para reflejar Su naturaleza, carácter y amor por la persona humana en todas sus dimensiones.

Friedrich Hayek en su libro “La Fatal Arrogancia” nos recuerda el papel fundamental que estas instituciones, incluyendo a la religión misma, han jugado y juegan en la construcción de sociedades verdaderamente libres:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte a la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a algunas de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla.” (Génesis 1:28)  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de una divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo procesos de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.

En todo caso, la visión religiosa según la cual la moral está determinada por procesos que nos resultan incomprensibles es mucho más acertada (aunque no exactamente en el sentido pretendido) que la ilusión racionalista según la cual el hombre, sirviéndose de su inteligencia, inventó la moral que le permitió alcanzar unos resultados que jamás habría podido prever. Si reflexionamos sobre esta realidad, podemos comprender y apreciar mejor a aquellos clérigos que, en cierta medida escépticos respecto a la validez de algunas de sus doctrinas, persisten no obstante en enseñarlas ante el temor que el abandono de la fe conduzca a una degeneración de la conducta moral.  No les falta razón, y hasta el agnóstico tendrá que admitir que debemos nuestros esquemas morales, así como la tradición que no solo ha generado la civilización, sino que ha hecho posible nuestra supervivencia, a la fidelidad a tales requerimientos, por más infundados científicamente que puedan parecernos.”

Pero quizás lo más preocupante de la columna de Carol Zardetto es el apelo que hace al relativismo moral como eje central de la nueva manera que debe dirigir la conducta y toma de decisiones individuales y sociales.  Cito:

“Ni la Iglesia, ni la sociedad, ni el Estado (la roca edípica, según Deleuze) pueden definir los valores del intercambio sexual. Esta ética tiene que ser construida de manera íntima e individual por cada ser humano a través de la experiencia del cuerpo. Ya lo decía Baruck Spinoza “…nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Es solamente la experiencia la que nos enseña a establecer los límites de nuestra sexualidad como parte de la amplia interacción que tenemos con el mundo.

Es por eso que la homofobia, la transfobia, la violencia en contra de la mujer, son expresiones de una idea equivocada: ni el Estado, ni la Iglesia, ni la sociedad tienen injerencia sobre la íntima decisión de dos cuerpos que copulan. Y esa sensación de desmoronamiento de los valores que sufren los conservadores ante la diversidad sexual es producto de la errada noción de que existen “verdades” únicas y universales. Vivimos en la era de la subjetividad donde ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad. La subjetividad tiene sus riesgos, porque implica una libertad de decisión. Pero eludir el reto de asumir la libertad de escogencia solamente nos mantendrá en un estado de infantilismo perverso.”

article-0-12fbe16e000005dc-573_470x717La Sra. Zardetto cae en la trampa de presentar como verdad absoluta su visión de relativismo moral del mundo.  Al afirmar que “ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad”, ella está presentando esto como si fuese, en sí mismo, una verdad absoluta. Es una falacia lógica y no podemos aceptarla.  La vieja fábula de India sobre los ciegos y el elefante, se cae sola ante la más elemental prueba lógica.  Además, someternos al imperio del relativismo moral es someternos a la tiranía de aquellos que, ostentando más fuerza y poder, busquen someter a los demás a sus arranques subjetivos de definir lo que para ellos en ese momento, en ese lugar y bajo esas circunstancias, es “bueno”.  Eso se llama ESCLAVITUD.

La libertad que anhela la Sra. Zardetto solamente se puede encontrar a través de la búsqueda honesta de la verdad y el apego a ella.  Cualquiera de nosotros puede hacer sonar un piano, pero solamente quien se dedica a estudiar las reglas para tocar piano y se somete a ellas, puede verdaderamente tocar piano y hacer linda música a través de él.  Solamente esa persona, que cede su libertad de hacer lo que quiera, y se somete a las reglas de la música, termina siendo verdaderamente libre para interpretar el instrumento.  No en balde Jesús dijo:

Jesús le dijo a la gente que creyó en él:
—Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” (Juan 8:31-21, NTV)
Busquemos la verdad y no nos dejemos engañar por la seductora trampa del castillo de cartas del relativismo moral.

Libertad de Consciencia en Riesgo


ac9c8def-d89d-1347-b15a-abe3776df9cfEl pasado jueves 27 de abril, el diputado del partido VIVA Aníbal Rojas, con el respaldo de la Coordinadora Evangélica Nacional presentó el “Proyecto de Iniciativa de Ley para la Protección de la Vida y la Familia”.  Los objetivos principales de esta propuesta son (ver aquí las notas de El Periódico y Prensa Libre):

  1. Prohibir expresamente el matrimonio entre personas del mismo sexo en Guatemala.
  2. Prohibir expresamente y penalizar el aborto (a excepción del “terapéutico” una vez este haya sido avalado por dos médicos).
  3. Prohibir a establecimientos educativos el educar a niños de acuerdo a la ideología de género que normaliza las distintas expresiones de género que una persona desee adoptar según se identifique, independientemente de su género biológico.

La respuesta no se hizo esperar.  Pocos días después, el pasado 4 de mayo, la diputada Sandra Morán del partido Convergencia presentó una propuesta que busca, de acuerdo al reportaje que escribió Nómada el mismo 4 de mayo, 4 cosas:

  1. Endurecer las penas por crímenes de odio
  2. Prevenir el acoso escolar por orientación sexual
  3. Reconocer la unión civil entre personas del mismo sexo
  4. Reconocer la identidad y derechos de las personas trans

No debemos olvidar tampoco que fue la misma diputada Morán quien propuso una iniciativa de ley para ampliar los casos en los que el aborto sea legal en Guatemala, además de que ejerce un fuerte activismo en pro agenda “progresista” en el país.

Si bien es muy difícil que alguna de estas iniciativas pase a discusión formal en el Congreso (a pesar del antecedente de la fallida ley de la juventud que pretendía incluir la famosa “educación integral en sexualidad”), es importante hacer una reflexión un poco más de fondo de los serios problemas que AMBAS iniciativas de ley presentan y la amenaza que son para la libertad de conciencia de los Guatemaltecos.

Sobre la primera iniciativa de ley, los antecedentes evangélicos de buscar influencia vía las políticas públicas o la inclinación de preferencia de voto por ciertos candidatos en la historia reciente del país da mucho de qué hablar:

Mi criterio es que la iniciativa recién propuesta se equivoca desde un inicio metiendo dos temas en una misma ley: aborto y temas relacionados a identidad de género.  Son dos temas que deben tratarse por aparte, primero porque el primero, el aborto, es un tema que involucra una clara violación al derecho a la vida de los no nacidos y el segundo trata con cuestiones morales.

En relación al aborto, es claro desde nuestra misma Constitución Política de la República que el derecho a la vida en Guatemala se reconoce, por parte del Estado, desde su concepción hasta la muerte natural.  Esta provisión es suficiente para entender que el aborto es una clara violación a esta provisión constitucional y por ende, debe ser perseguido y sancionado de acuerdo a las leyes que protegen la vida de cada persona.  Legislar más sobre el tema puede generar más avenidas para la corrupción y/o la clandestinidad.  Sin embargo, en este caso, reconozco que es importante la acción estatal en velar por la protección de la vida de toda persona no nacida y de perseguir y castigar a aquellos que atenten contra ella o deliberadamente busquen terminarla.

El segundo tema, el relativo al matrimonio entre personas del mismo sexo y la prohibición a la enseñanza de los temas de identidad de género en establecimientos educativos es quizás el más complicado porque es donde ambas iniciativas de ley -la “conservadora” y la “progresista”- chocan de frente.  Y es en este punto donde ambos grupos de ponentes amenazan nuestra libertad de consciencia:

  1. Al buscar prohibir legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo, se corre el riesgo de criminalizar a un grupo de personas con preferencias diferentes a las de la mayoría de la población. Sin embargo…el otro grupo, en encabezado por Sandra Morán, propone la legalización de “uniones civiles” -uniones que ya ocurren de hecho- que les permita proteger temas patrimoniales a las parejas que entren este tipo de arreglo -un sencillo contrato legal entre dos partes donde se acuerde la distribución de activos puede ser suficiente-.  Aquí el problema es que la agenda no va a terminar en una formalización de uniones civiles limitadas a proteger herencias y activos, sino que es simplemente el primer paso que para avanzar en adopciones de niños por parte de parejas homosexuales e incluso, el instrumentalizar a mujeres y niños cual mercancías a través del alquiler de vientres para la procreación de niños.  Esto termina siendo deshumanizante y pone en riesgo el desarrollo normal psicológico y social de los niños, algo ampliamente comprobado por diversos estudios.  El tema de fondo en esta situación no es la legalización o prohibición legal de este tipo de uniones, sino el hecho de que hemos cedido al gobierno la potestad de normar qué es y qué no es un matrimonio.  Recordemos que el matrimonio civil es una institución relativamente moderna -de los siglos XVI y XVII- a pesar de que el matrimonio como tal -entre un hombre y una mujer, una vez y para siempre-, tiene su origen en Dios mismo y antecede cualquier disposición gubernamental. La pregunta clave entonces debe ser: ¿debe el gobierno normar la institución del matrimonio y meterse a definirlo?  No es una pregunta fácil de responder, pero queda evidente que la vía de la legislación positiva se ha quedado corta.
  2. En el tema educativo, nuevamente encontramos un choque entre ambas posturas y una amenaza a la libertad de consciencia de los padres de familia y los niños.  A pesar de que el artículo 73 de nuestra Constitución ya protege el rol y la autoridad que los padres de familia tienen sobre la educación para sus hijos, ambas iniciativas de ley pretenden darle al gobierno la autoridad de definir qué debe y que no debe enseñarse.  Una busca prohibir la enseñanza de acuerdo a la “ideología de género” en establecimientos educativos y la otra, a través de la criminalización del “acoso en base a orientación sexual” podría meter en problemas legales a instituciones educativas de orientación religiosa o incluso, a establecimientos por enseñar de manera científica la biología binaria del ser humano: hombres y mujeres.  Esto se amplía cuando la propuesta de ley progresista utiliza lenguaje como “homofobia” y “crimen de odio” para tipificar nuevos delitos sujetos a persecución legal.  Esto puede poner en aprieto a iglesias, organizaciones de carácter religioso y empleadores que por la naturaleza de su organización, se rijan por estándares morales de trabajo y conducta que no les permitan contratar a personas de orientación homosexual.  ¿Será sujeto de persecución penal el pastor, sacerdote o padre de familia que, en el libre ejercicio de su consciencia, enseñe de acuerdo a los dictados de su creencia religiosa que la homosexualidad es pecado? De aprobarse una iniciativa de ley como esta, se abre una caja de Pandora legal muy complicada.  Pero al final de cuentas, y lo más importante, es que se está pasando por encima del derecho a los padres de familia de educar a sus hijos de acuerdo al conjunto de principios y valores que ellos consideran mejores para su formación moral.  Esto es un grave atentado a la libertad de consciencia y una grave intromisión del gobierno en la intimidad familiar.
  3. En el tema del reconocimiento por parte del gobierno de “identidades de género” distintas al género biológico con el que una persona nació, abre otro inmenso grupo de problemas.  La ciudad de Nueva York ya habla de al menos 31 identidades de género “legalmente reconocidas”. ¿Se imaginan lo problemático que esto se puede volver? Esta “fluidez” en identidad puede traer consigo problemas de índole legal –si hoy me identifico como hombre y cometo un crimen, pero mañana me identifico como mujer, ¿quién cometió el crimen?-, fiscal –si hoy me identifico como mujer y mañana me identifico como gato, ¿es posible cobrar impuestos a un animal?e incluso, problemas de índole penal para aquellos que no estén de acuerdo con reconocer como ciertas personas eligen identificarse. Hoy la ley no prohibe a nadie de vestirse como desean o incluso comportarse de acuerdo a sus preferencias, sin embargo, debemos guardarnos de no criminalizar a aquellos que así deciden hacerlo y también de obligar a quienes no estamos de acuerdo con ese estilo de vida, a aceptarlo y sobre todo a normalizarlo.

El camino para la Iglesia en Guatemala no a través de las políticas públicas, aunque si alzar su voz profética cuando se atenta contra la dignidad y valor ineherentes de cualquier persona humana. C.S. Lewis ya nos advirtió sobre los peligros de este tipo de organización política de la Iglesia en su ensayo “Meditaciones sobre el Tercer Mandamiento”. La Iglesia tiene un claro llamado a la formación moral de sus miembros a través del evangelismo y el discipulado.  Las familias tienen la responsabilidad de la formación moral de los niños y niñas.  La confianza que tenemos como cristianos no está en hombres o en leyes desarrolladas o impuestas por los hombres.  Nuestra confianza está puesta en Dios, en Su diseño perfecto para la humanidad y en la esperanza que tenemos en la vida, obra, muerte, resurrección y ascención de Jesús en respuesta a nuestra rebelión contra ese diseño perfecto.

Es hora de buscar otro camino, un mejor camino.  Es hora de defender con más fuerza nuestras libertades y de asumir nuestra responsabilidad individual y familiar ante estos fuertes cambios culturales por los que atravesamos.  El odio y la criminalización no nos llevarán a puerto seguro.  La fe, la esperanza y el amor sí.  Recordemos que estamos tratando, independiente de ideologías, con personas, todas y cada una creadas a imagen y semejanza de Dios con dignidad innata y por ende, merecedoras de respeto y consideración.  Para nosotros como cristianos, especialmente en relación con aquellos que se oponen a nosotros, estamos llamados a amarles y eso implicará sacrificio, paciencia, disponibilidad de escuchar, de servir y de enseñar de manera firme, clara y llena de gracia la verdad de quién es Dios, quienes somos nosotros y cuál es la esperanza que nos sostiene.

Lázaro, un Rico, una Cabaña, Atlas y la Verdad


la-cabana-pelicula-poster-2“19Jesús dijo: «Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos. 20Tirado a la puerta de su casa había un hombre pobre llamado Lázaro, quien estaba cubierto de llagas. 21Mientras Lázaro estaba tendido, deseando comer las sobras de la mesa del hombre rico, los perros venían y le lamían las llagas abiertas.
22»Con el tiempo, el hombre pobre murió, y los ángeles lo llevaron a estar con Abraham.16:22  En griego al seno de Abraham. El hombre rico también murió y fue enterrado, 23y su alma fue al lugar de los muertos.16:23  En griego al Hades. Allí, en medio del tormento, vio a Abraham a lo lejos con Lázaro junto a él.
24»El hombre rico gritó: “¡Padre Abraham, ten piedad! Envíame a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua. Estoy en angustia en estas llamas”.
25»Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que tuviste todo lo que quisiste durante tu vida, y Lázaro no tuvo nada. Ahora él está aquí recibiendo consuelo y tú estás en angustia. 26Además, hay un gran abismo que nos separa. Ninguno de nosotros puede cruzar hasta allí, y ninguno de ustedes puede cruzar hasta aquí”.
27»Entonces el hombre rico dijo: “Por favor, padre Abraham, al menos envíalo a la casa de mi padre. 28Tengo cinco hermanos y quiero advertirles que no terminen en este lugar de tormento”.
29»Abraham le dijo: “Moisés y los profetas ya les advirtieron. Tus hermanos pueden leer lo que ellos escribieron”.
30»El hombre rico respondió: “¡No, padre Abraham! Pero si se les envía a alguien de los muertos ellos se arrepentirán de sus pecados y volverán a Dios”.
31»Pero Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no escucharán por más que alguno se levantara de los muertos”».” (Lucas 16:19-31, NTV) -énfasis mío-
Vivimos en una época compleja.  Peter Kreeft, filósofo cristiano y catedrático universitario, dijo: “En esta época de relativismo, la ortodoxia es la única rebelión que nos queda.” Esta frase parece ser más cierta y fuerte dentro de la iglesia.  La fluidez y lo turbio de las aguas teológicas que navegamos hoy colocan a quienes quieren pararse sobre la firmeza de la ortodoxia histórica y bíblica del cristianismo en un estado de rebeldía.  Vivimos en una época donde la relevancia importa más que la verdad, la unidad se confunde con el consenso y la espiritualidad privada basada en la experiencia sensorial ha reemplazado el discipulado y formación teológica que la Iglesia debe dar a sus miembros.
La prueba moderna que nos está tocando vivir ahora es con el famoso libro -y ahora película- “La Cabaña” de William Young.  Presentada como una novela de ficción, Young nos presenta una visión de Dios que se acerca lo suficiente a la verdad -hace muchas afirmaciones acerca de la Trinidad que podemos aceptar- que hace muy sencillo introducir de manera sutil su teología universalista y peligroso entendimiento del Evangelio.  Sus ideas se presentan como un billete falso que es tan parecido a los originales, que tomará un buen tiempo hasta que alguien se de cuenta y lo pare y se venga abajo la torre de naipes que ha venido construyendo.  El nuevo libro de Young -un libro de no ficción- titulado “Lies we believe about God” (“Mentiras que creemos acerca de Dios”) presentan de manera explícita su teología y es allí en donde quedan en evidencia para el cristiano, las mentiras que su libro “La Cabaña” comunica (recomiendo mucho la lectura de este artículo de Tim Challies al respecto).  Este video expone, de boca propia de Young, su teología, visión de la Biblia y del cristianismo:
Aclaro, no he leído el libro ni he visto la película.  No quiero hacerlo y en este caso en particular, no considero necesario hacerlo.  Gracias a Dios personas más preparadas e inteligentes que yo se han dedicado a ir desarmando los argumentos del libro para ayudarnos a tomar decisiones informadas y sustentadas en la Biblia para ya optar por leer y/o ver el material de “La Cabaña”.  Se me ha criticado por esto….¿cómo puedo criticar “La Cabaña” sin haber leído el libro o visto la película? Me pregunto si la misma posición debería adoptarse también para libros y películas como “Las 50 Sombras de Grey”…..no lo creo.
La técnica de introducir una filosofía a través de una novela no es nueva.  Una de las personas que mejor lo ha hecho es Ayn Rand, filosofa rusa famosa por su novela “La Rebelión de Atlas“.  A través de esta novela y otras que escribió, Rand logró esbozar una visión atea y darwinista del capitalismo conocida hoy como “Objetivismo“.  En este video, podemos ver algo del pensamiento de Rand que tanta influencia ha tenido en el pensamiento económico y moral a partir de la segunda mitad del siglo XX:
.  El John Galt de “La Rebelión de Atlas” cumple una función mesiánica en la historia…pero queda claro que es una distorsión de Jesús:
Al final, la metodología es la misma: introducir a través de una historia cautivante, una determinada filosofía y cosmovisión en particular y luego, a partir de allí, presentar de manera explícita la filosofía con la que se quiere ganar seguidores y formar su propio movimiento.
¿Qué tiene que ver esto con la parábola de Lázaro y el Rico citada al inicio de este artículo? 
Vivimos en  tiempos de poco conocimiento del Evangelio y poca confianza en el Evangelio.  Ante esta situación, sumado al velado gnosticismo en el que está sumido mucho del liderazgo de las iglesias (la “alta teología” solo está disponible para los “líderes” y/o “iluminados”), se apela a recursos que simplifican -pero a la vez, diluyen- los conceptos principales del evangelio y los hacen más “relevantes” a las masas, que, a saber de los líderes eclesiásticos, “no entenderían conceptos tan complejos”.  Se busca intercambiar el conocimiento objetivo de Dios a través de la Palabra por una experiencia cristiana sensorial y basada en si “me hace sentir bien”, “me revela algo nuevo”, “me da paz”, etc.  El uso del cerebro y la razón en la experiencia evangélica moderna pareciera que se entiende como incompatible con una fe basada principalmente -si no es que únicamente- en corazonadas y lo que “se siente rico”.
En la parábola, el fallecido hombre rico, apeló a Abraham para que a través de una experiencia (que Lázaro -que también había muerto pero no estaba en el infierno- fuera a visitar -o espantar- a sus familiares) se diera el arrepentimiento de su familia y evitaran llegar al infierno a la hora de morir.  La respuesta de Abraham es contundente:
29»Abraham le dijo: “Moisés y los profetas ya les advirtieron. Tus hermanos pueden leer lo que ellos escribieron”.
31»Pero Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no escucharán por más que alguno se levantara de los muertos”». (Lucas 16: 29 y 31, NTV)
Abraham apela a la suficiencia de las Escrituras para poder llegar al arrepentimiento del y conocimiento de Dios y fe en Él.  La confianza no está en las experiencias espirituales o sensoriales, sino en la exposición y conocimiento de la Palabra.  Pareciera ser que hoy estamos perdiendo esa confianza y certeza en la suficiencia, inerrancia e infalibilidad de las Escrituras.  A 500 años de la Reforma Protestante, vale la pena rescatar la idea de Sola Scriptura.
¿Es hacer ficción con temas cristianos algo malo? ¡Por supuesto que no! Somos parte de una Gran Historia, y las historias nos ayudan a conectar con esa idea de una gran narrativa que nos conecta con el pasado, nos da sentido al presente y nos impulsa al futuro.  Hay mucha y muy buena ficción de autores cristianos que a través de sus historias y novelas comunican -sin necesidad de hacerlo explícito- su cristianismo y pasión por el Evangelio.  Autores como C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Charles Sheldon, John Bunyan, Dostoevsky y otros muchos, que han escrito ficción muy valiosa, literariamente rica, además de cautivante y entretenida.
El llamado es al discernimiento crítico y separar lo verdadero de lo equivocado o incluso, lo herético.  En sí mismo, leer un libro como “La Cabaña” -y/o ver la película- no es malopecado.  Mucho menos es el papel de los líderes de la iglesia el prohibir y/o autorizar a las personas en las congregaciones el hacerlo.  Sin embargo, se debe enseñar cómo hacerlo y estar dispuestos incluso, a hacer las denuncias necesarias cuando la teología de estos libros y/o películas, atenta contra la ortodoxia, la Biblia y el Evangelio.  La Epístola de Pablo a Tito así lo exhorta:
9Debe tener una fuerte creencia en el mensaje fiel que se le enseñó; entonces podrá animar a otros con la sana enseñanza y demostrar a los que se oponen en qué están equivocados.
10Pues hay muchos rebeldes que participan en conversaciones inútiles y engañan a otros. Me refiero especialmente a los que insisten en que es necesario circuncidarse para ser salvo. 11Hay que callarlos, porque, con su falsa enseñanza, alejan a familias enteras de la verdad, y solo lo hacen por dinero. (Tito 1:9-11, NTV)
La primera parte del verso 11 debería ser razón suficiente.  La falsa doctrina y los falsos maestros “…alejan a familias enteras de la verdad…”.  Amar a las personas de la congregación exige coraje, valentía y muchas veces, ser un ortodoxo rebelde.
De nuestro lado, como personas, queda en el ejercicio responsable de nuestra libertad el asignar tiempo y dinero a leer un libro como este y ver la película, o usar ese mismo recurso para algo más.  La exhortación es que no tomemos tal cual todo lo que se muestra y lo que se dice.  Seamos buenos Bereanos:
“10Esa misma noche, los creyentes enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga judía. 11Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad. 12Como resultado, muchos judíos creyeron, como también lo hicieron muchos griegos prominentes, tanto hombres como mujeres.” (Hechos 17:10-12, NTV)
Para profundizar en el tema, recomiendo estas lecturas:
Además, recientemente el diseñador gráfico del libro “La Cabaña” se arrepintió públicamente de haber participado en el proyecto y de haberlo prometido.  El artículo, en inglés, pueden leerlo aquí. El texto completo en Facebook de su declaración pública pueden leerlo aquí.