Celebrando a los Niños en la Iglesia


12814080_495958680611239_6305587556119809396_nLa iglesia Westminster Presbyterian Church en Charleston, South Carolina, tiene una muy linda iniciativa para realmente celebrar la presencia de niños de todas las edades durante sus servicios dominicales.

Traduzco a continuación la herramienta informativa que entregan a todos los asistentes los domingos:

A LOS PADRES DE NIÑOS PEQUEÑOS, QUISIERAMOS SUGERIRLES:

¡Relájense! Dios hizo inquietos a los niños; no sientan que tienen que andarlos callando en la casa de Dios. ¡Todos son bienvenidos!

Siéntense al frente en donde es más fácil para los pequeños ver y escuchar lo que está sucediendo.  Es muy cansado para ellos ver solo la parte de atrás de las cabezas de otras personas.

Explíquenles silenciosamente las distintas partes del servicios y lo que hace el pastor, los ujieres, el coro, etc.

Canten los himnos, oren y respondan a los llamados.  Los niños aprenden la liturgia por imitación.

Si necesitan salir del servicio con sus niños, siéntanse libres de hacerlo pero por favor regresen.  Como dijo Jesús, “Dejen que los niños vengan a mí.”

Recuerden que la manera en que recibimos a los niños en la iglesia afecta directamente como ellos responden a la Iglesia, a Dios y a otras personas.  Háganles saber pueden sentirse en casa en esta iglesia.

A LOS MIEMBROS DE NUESTRA IGLESIA

La presencia de niños es un regalo a la Iglesia y ellos nos recuerdan que nuestra congregación está creciendo.

Por favor, denle la bienvenida a nuestros niños y sonrían y exhorten a sus padres.

Vale la pena considerar estas recomendaciones para comenzar en nuestras iglesias a recibir y tratar de manera distinta a nuestros niños, dejando de verlos como obstáculos o interrupciones para los adultos al mandarlos a sus aulas, separándolos de sus familias en un espacio semanal en donde precisamente necesitamos unir más a las familias.

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El Arrepentimiento y la Limpieza de la Casa


foto-principal(Traducción del artículo de Sam Guzmán titulado “Repentance and Cleaning House”, disponible en inglés aquí.)

Soy padre de tres hijos, todos menores de 4 años.  No deja de sorprenderme, aunque quizás ya no debería a estas alturas, lo rápido que las cosas se salen de control.  Una casa impecable que tomó muchísimo trabajo arreglar puede de manera casi instantánea ser destruida por niños pequeños con el menor esfuerzo.

El cereal cruje bajo mis pies mientras veo con asombro estupefacto la explosión de comida debajo de la silla de comer de nuestro bebé de un año.  Piezas del “Señor Cara de Papa” aparecen en la gaveta de mis calcetines.  Las camas recién tendidas se tornan en un torbellino de sábanas en un segundo.  Podría seguir y seguir contándoles….

Pareciera como si un huracán arrasara con nuestra casa a diario.  Vivimos la brutal y caótica realidad de la ley de entropía.

Aún así, mi esposa y yo anhelamos el orden y la nitidez.  Hemos intentado, sin éxito, de ignorarlo y soltarlo.  Quizás algún día lo logremos.  Sin embargo, por ahora, es imposible.  Cada día la casa termina prácticamente destruida y cada día iniciamos la inútil tarea de recoger, limpiar, aspirar, barrer, vaciar y organizar.  Es un proceso que nunca terminará -al menos mientras nuestros hijos vivan en casa.

Limpiando tu casa espiritual

Estamos entrando en la temporada de Cuaresma y en mis reflexiones, me he dado cuenta lo parecida que es nuestra lucha espiritual con el intentar mantener una casa ordenada.  Frecuentemente comparamos la vida espiritual con cosas heroicas como la guerra, lucha y con una carrera de resistencia, como una maratón.  Pero quizás el sacar la basura de la cocina sea una comparación más realista.

En cualquier caso, me he dado cuenta que, al igual que una casa limpia rápidamente entra en desorden y debe limpiarse constantemente, así también nuestras almas necesitan cuidado y mantenimiento constante.  Siempre debemos iniciar a ordenarlas de nuevo.

Debemos hacer esto porque hay una ley espiritual de entropía llamada “pecado”.  Estamos constantemente siendo alejados de Dios por nuestras pasiones pecaminosas.  Estas están siempre en guerra contra nosotros y, si las dejamos pasar solo así, estas complicarán nuestro viaje hacia el Creador.  Nuestra naturaleza pecaminosa -lo que la Escritura describe como “la carne” o el “hombre viejo”- funciona como la gravedad que nos previene de ascender al Padre.  El apóstol Pablo alguna vez describió el pecado como un “peso”, una metáfora bastante apta.

Dada nuestra quebrantada condición, no hay tal cosa como un patrón de espera en la vida espiritual.  El instante en que dejamos de avanzar, empezamos a perder terreno.  El momento en que relajamos la guardia, empezamos la retirada.  De este lado del Cielo, nunca estaremos realmente libres de esta realidad.

Iniciar de nuevo

Tenemos días en que nuestros hijos hacen un relajo tan grande que el limpiar parece una tarea sin esperanza alguna.  Mi esposa y yo nos vemos el uno al otro y no sabemos si reír o llorar.  Sin embargo, iniciamos de nuevo.

De la misma forma, en la vida espiritual hay momentos en que perdemos la esperanza.  Es como si toda nuestra lucha fuera en vano.  Somos tentados a rendirnos, tirar la toalla y tomar el camino más fácil.  Sin embargo, al final de ese camino solo encontraremos la muerte.

En esta vida, la santidad se encuentra en volver a empezar vez tras vez.  Se trata de un examen, conversión y regeneración de nuestro corazón constante.  La santidad se encuentra en el arrepentimiento, y el arrepentimiento va más allá de solo sentirnos culpables por haber pecado. Se trata, más bien, de regresar a Dios -mil veces al día si es necesario.

Si deseamos una casa limpia, nunca dejamos de limpiar.  Si deseamos un corazón limpio, no debemos desistir en la lucha de la conversión y el arrepentimiento.  Esta es la vida cristiana. Empezar otra vez.

Las 5 peores frases religiosas para alguien que está sufriendo


downloadTodos sufrimos. Todos. Y todos conocemos a alguien que está sufriendo o atravesando una situación difícil en cualquier área de su vida.  Nuestro instinto es ayudar y buscar aliviar algo del sufrimiento que nuestro familiar, amigo o ser querido está sintiendo.

Sin embargo, nuestra subcultura evangélica muchas veces termina lastimando más a las personas que buscamos ayudar cuando usamos frases que cuentan con poco sustento bíblico o con una robusta teología del sufrimiento, la redención y la esperanza cristiana.

En el artículo a continuación que traduje, Kate Bowler -bloggera, historiadora cristiana, catedrática universitaria, autora de varios libros y paciente de cáncer– nos llama a la reflexión con un poco de sarcasmo y humor negro, sobre esas frases que usamos con las mejores intenciones, pero que no siempre producen los mejores resultados.

El artículo original en inglés, titulado “Top 5 Worst Religious Clichés for People in Pain” , está disponible aquí.

La próxima vez que quieras sonreír de manera sarcástica, date una vuelta por la sección en el supermercado o tu tienda favorita donde vendan tarjetas de felicitación.  Pasa por alto las tarjetas gigantes con leyendas como “¡Tengo 18 con 32 años de experiencia!” y también las tarjetas en blanco que solo muestran en la portada algún lindo y paradisíaco paisaje y ve directo a la sección de tarjetas de “Simpatía Religiosa”.  Es aquí donde las trilladas frases de la industria de tarjetas de felicitación alcanzan profundidades inimaginables.  Desafortunadamente el efecto que estas tarjetas producen -a pesar de haber sido seleccionadas por personas religiosas con las mejores de las intenciones- es muchas veces totalmente opuesto a esas buenas intenciones.  Tómalo de mí, la “Experta Receptora de Tarjetas de Simpatía”.  Por favor, nunca permites que este tipo de frases le lleguen a tus amigos:

  1. “Dios necesitaba un ángel”

Normalmente escucho esta frase en el contexto del fallecimiento de un niño o niña.  Esta sea quizá la imagen más horrible: que Dios es cruel y caprichoso y quiere llevarse a tus hijos.  Primero que nada, los niños no tocan bien el harpa.  Segundo, Dios tiene miles de ángeles, millones. Tercero, técnicamente Dios crea a los ángeles desde cero, no los hace de aquellos que han fallecido.  Afirmar lo contrario es herejía, así que no lo digas.

2. “Dios está cerrando una puerta, pero está abriendo una ventana”

De acuerdo a Hallmark, pareciera ser que Dios está súper metido en esto…pero ¿qué es lo que esto realmente significa?  Por favor asegúrate de no comprar esta tarjeta para alguien que está recuperándose de un incendio en casa o de algún desastre natural.  Es muy probable que estas personas prefieran las puertas que ya tenían a las ventanas que Dios pueda proveerles.  Además, ¿sabes lo difícil que es sacar de tu casa a los pájaros que entran por las ventanas?  Me quedo con mis ventanas con cedazo, gracias. 

3. “Lo que no te mata, te fortalece”

Veamos, esto implica que el momento más fuerte en la vida de alguien es cuando están en su punto más débil.  Entiendo que el sentimiento detrás de esto es fortalecer y empoderar a las personas, pero debes tomar nota de que podría parecer que minimizas la lucha por la que alguien está pasando.  A nadie le gusta escuchar que algún día quizás logren ver los beneficios de la horrible realidad que hoy están viviendo.  Como una pequeña nota aparte, ten ESPECIAL cuidado de no usar esta frase con alguien que está literalmente enfrentando la muerte.

4. “Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar”

A pesar de que es cierto que la fe de las personas puede crecer o cambiar durante períodos de dolor, muchas buenas personas se han enfrentado con lo difícil que es mantener la fe cuando todo lo que ven o sienten es el sufrimiento.  En lugar de hablarles sobre estos aspectos teológicos, ¿por qué no ser la fe que tu amigo o amiga necesita?  Ayúdale a llevar su carga en lugar de intentar fortalecerle desde lejos con la idea de que debe ser autosuficiente a la hora de enfrentar tiempos difíciles.

5. “Todo pasa por algo

Sin darte cuenta, estás metiendo a tu amigo o amiga en su propia crisis.  Le estás diciendo que sonría y se aguante, porque todas las cosas malas se las arreglan para convertirse en buenas.  Cosas terribles le pasan a personas buenas a diario.  Créeme, el pensar en que debes martirizarte hoy en busca de algún potencial y desconocido beneficio en el futuro, no hace que una mala situación hoy duela menos.  Únicamente sostén la mano de tu amigo o amiga, dile que le amas y que estas allí para servirle y apoyarle…y que la defenderás a capa y espada de cualquiera que le intente dar alguna tarjeta llena de brillantina que diga “Todo es parte del plan de Dios.”

La espera más allá de Navidad


(Traducción mía del artículo originalmente escrito por Betsy Childs Howard y publicado originalmente en inglés aquí.)

shutterstock_131296058-660x350La temporada de Adviento nos trae consigo los agradables rituales de la feliz espera.  Si abrimos una puertecita en un calendario de Adviento, podemos encontrar un chocolate.  Al encender una candela en la corona de Adviento, nos recordamos que estamos cada vez más cerca de Navidad.  El revisar las listas de regalos y el listado de compras para la cena de Nochebuena nos recuerda que nos acercamos a un momento maravilloso de dar, recibir y festejar.

La espera que viene con la temporada de Adviento es divertida porque es finita.  Sabemos que lo que nos espera al final de este tiempo será algo bueno y sabemos también exactamente cuántos días más necesitamos esperar.

Sin embargo, la mayoría de tiempos de espera en nuestras vidas son tiempos abiertos.  Esperamos el amor y el matrimonio sin saber si llegará.  Esperamos tener hijos sin saber si lograremos concebir.  Esperamos que se haga justicia.  Esperamos que venga la sanidad.

Lo más difícil de esperar no es tanto el saber cuándo terminará la espera, sino el saber si acaso llegará a terminar.  Si tus planes de vida no están fructificando, ¿debemos cambiar el curso o seguir esperando por el deseo de nuestro corazón?  Nuestros anhelos incumplidos, ¿serán indicadores de una pecaminosa falta de contentamiento o será que simplemente Dios no ha cumplido aún Sus bendiciones?

ANHELANDO EN NAVIDAD

Esta temporada de anticipación es una en donde nuestros anhelos adquieren un enfoque nuevo y más fuerte.  Quizás si estás soltero te preguntas si quizás el próximo año será finalmente el año en el que podrás ir al convivio de la empresa con tu pareja.  Quizás tienes familiares que se han alejado y cada año sueñas con que ese sea el año que los traiga de regreso a casa.

Yo personalmente pasé la Navidad pasada preguntándome si Dios nos daría a mi esposo y a mí un bebé.  No lo hizo, pero no puedo dejar de tener la esperanza que para esta época el próximo año, seremos una familia de tres.

Todas las películas navideñas nos aumentan la esperanza de ver una feliz reconciliación justo a tiempo para celebrar Navidad.  Quienes están solos encuentran una familia, y los perdidos encuentran su camino a casa. En el mundo real, sin embargo, la Navidad viene y se va sin llenar por completo los anhelos de nuestro corazón.

ANHELANDO POR MAS

Adviento es mucho más que esperar la llegada de Navidad.  La palabra Adviento significa “venida”.  Durante el Adviento no solamente recordamos que Jesús se encarnó y vino a nosotros; también preparamos nuestro corazón para Su segunda venida.  Cuando cantamos “Oh venid bendito Emanuel”, no estamos imaginándonos ser los israelitas orando antes de la llegada del Mesías.  No, estamos orando para que Emanuel regrese y arregle todo lo que está mal en este mundo.  Cuando cantamos “…el corazón ya tiene luz…” no estamos ensalzándonos a nosotros mismos, sino estamos recordando la oscuridad de la que fuimos rescatados y la que aún prevalece en los corazones que no conocen a Jesús.

En mi opinión, no existe mejor época para recordar el retorno de Cristo.  Justo cuando quisiéramos estar lo más felices posible y estamos, irónicamente, muy tristes, recordamos no solo que Jesús vino, sino que también nos prometió que regresará.  Esta vida no es la única oportunidad que tendremos para ser felices.  Esta vida es un breve preludio a la vida que vendrá en donde nuestros anhelos se verán más que saciados.  En la presencia de Jesús no echaremos de menos nada que no hayamos tenido en esta vida.

Si tu corazón se siente más pesado de lo que quisieras durante esta temporada de Adviento, cobra ánimo recordando que la felicidad de la Navidad no es la felicidad última que estás esperando.  La mejor Navidad –aquella en la que cada miembro de la familia se sienta a la mesa, habla cordialmente con todos y prefiere dar a recibir- es una pálida sombra del gozo que está aún por venir.  Que el dolor en tu corazón te apunte más allá de Navidad a la mejor celebración que nos espera.  Únete a las voces de los cristianos alrededor del mundo que juntos oran: “¡Oh ven bendito Emanuel!” 

La Trampa Moralista Evangélica


IMG_2661Como protestantes o quizás más como evangélicos, siempre hemos escuchado y afirmado que “no somos salvos por obras”, sino por gracia.  Esta afirmación es resultado del trabajo de los reformadores a través de la historia y es la que nos ayuda a comunicar el Evangelio a otros.  Sin embargo, aunque damos un sí intelectual a esta afirmación, en la práctica nuestra cultura evangélica no ha dejado de buscar la justificación a través de las obras y la perfección moral.

Una gran prueba de ello es la imagen que ilustra este artículo.  Hemos leído y escuchado esto en todas las iteraciones posibles y quizás alguien la usó para llamarnos la atención o nosotros la usamos para llamar la atención a alguien.  Nuestra cultura la usa también como parte de su ataque y expresión de desconfianza hacia los evangélicos.  Gracias a la exposición mediática de un tipo particular de evangelicalismo, hemos creado a nuestro alrededor un aura de ser santurrones hipócritas que solo se la pasan en la iglesia pero que no traducen su fe en hechos concretos al mundo.

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Algunas de las distorsiones moralistas del Evangelio.

Hemos mordido el anzuelo y caído en la trampa del moralismo.  El moralismo es una distorsión del Evangelio que nos atrae por la oferta de la gracia incondicional de Dios pero una vez “aceptamos”, se nos entrega una lista principalmente de prohibiciones y de obligaciones de lo que, de acuerdo a la iglesia donde vayamos, significa ser un “buen” cristiano.  El proceso que antes era de discipulado (la instrucción en la doctrina, la fe y el acompañamiento a través de los distintos procesos de vida que cada uno de nosotros atraviesa), ahora se convierte en uno donde se deben cumplir las normas comunitarias -muchas no prescritas en la Biblia y que reflejan las preferencias personales del liderazgo- que pasan a definir nuestra posición (y acceso a determinados “privilegios”) dentro de la comunidad.

Hemos tomado versículos como Santiago 2:14-25 y hemos exigido sólo las buenas obras, sin recordar la fe que debe anteceder esas obras y que debe ser correctamente formada, instruida y cultivada bajo la dirección del Espíritu Santo, dentro de la comunidad de la iglesia.  Recordemos que aún las buenas obras que podamos hacer son un regalo de la gracia de Dios:

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:8-10, NTV)

Hemos tomado las historias de la Biblia y hemos caído en el error de aislarlas en silos separados del hilo conductor del Evangelio y su culminación y cumplimiento completo en Jesús.  No olvidemos la exhortación del autor de Hebreos:

“El punto principal es el siguiente: tenemos un Sumo Sacerdote quien se sentó en el lugar de honor, a la derecha del trono del Dios majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar de adoración construido por el Señor y no por manos humanas.
Ya que es deber de todo sumo sacerdote presentar ofrendas y sacrificios, nuestro Sumo Sacerdote también tiene que presentar una ofrenda. 4Si estuviera aquí en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas que exige la ley. Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: «Asegúrate de hacer todo según el modelo que te mostré aquí en la montaña»
Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores.
Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto.” (Hebreos 8:1-7, NTV)
Hemos visto las pulseras y la pregunta de “¿Qué haría Jesús?” (What would Jesus do?) -quizás sin haber leído el libro “En Sus Pasos” de Charles Sheldon-, y tomando el texto de 1 Pedro 2:18-25, reducimos a Jesús únicamente a ser nuestro “ejemplo a seguir”, sin caer en cuenta que para poder hacerlo, necesitamos primero que nos rescate, nos de nueva vida y nos resucite de la muerte espiritual gracias a Su sacrificio en la Cruz (Colosenses 3:1-17, NTV).  Cuando entendemos esto, la pregunta cambia.  Ya no buscamos especular tanto con ¿qué haría Jesús?, sino empezaríamos a enfocarnos en lo central y más importante: ¿Qué hizo Jesús?
El moralismo es la trampa que nos hace creer que es posible ser “más” o “menos” cristianos en función de nuestras acciones. Es un atentando en contra de nuestra fe y confianza en la suficiencia de la Cruz. Guardemos nuestro corazón de eso. Es la fe en Jesús y la suficiencia de Su obra la que nos libera para mejorar cada día, realizar buenas acciones y evitar el pecado, todo por Su gracia y en respuesta al gran amor y perdón recibido.
Que el Señor guíe nuestros corazones y nos ayude a levantar al caído, a restaurar al pecador y a que con nuestros hermanos y hermanas en Cristo caminemos lado al lado el camino de la vida confiados en que el Señor mismo camina con nosotros, nos sostiene por Su gracia, no nos deja y jamás nos desamparará.
No olvidemos Sus promesas:
“Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.” (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
“Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien es poderoso para evitar que caigan, y para llevarlos sin mancha y con gran alegría a su gloriosa presenciaQue toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor. ¡Toda la gloria, la majestad, el poder y la autoridad le pertenecen a él desde antes de todos los tiempos, en el presente y por toda la eternidad! Amén.” (Judas 24-25, NTV)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 5 y final)


(Quinta y última parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí)

downloadComo lo resaltó el teólogo de la universidad de Princeton B.B. Warfield de manera tan elocuente, a través de la historia únicamente han existido dos religiones: el paganismo, de la cual el pelagianismo es una expresión, y la redención sobrenatural.

Junto con Warfield y aquellos quienes seriamente advirtieron a sus hermanos y hermanas de estos errores encontrados en Finney y sus sucesores, hemos de caer en cuenta con la salvaje heterodoxia dentro del protestantismo en Estados Unidos.  Con profundas raíces en el movimiento de avivamientos de Finney quizás el evangelicalismo y el protestantismo liberal no estén tan lejos uno del otro.  Sus “Nuevas Medidas” , así como el movimiento de Iglecrecimiento, colocaban al centro del ministerio eclesiástico las elecciones y emociones humanas, ridiculizaban la teología y reemplazaron la predicación acerca de Cristo por la predicación acerca de la conversión.

Las cruzadas sociales y políticas cristianas están fundamentadas sobre el moralismo naturalístico de Finney y sobre esa base colocan su fe en la humanidad y sus propios recursos para auto salvarse.  Con un lenguaje bastante deísta Finney declaraba, “No hay nada en la religión más allá de los poderes ordinarios de la naturaleza.  La religión consiste enteramente en el correcto ejercicio de los poderes de la naturaleza. Es únicamente esto y nada más.  Cuando la humanidad se hace verdaderamente religiosa, no se les factulta el poder realizar esfuerzos que antes les eran imposibles.  Únicamente realizan los esfuerzos que podían realizar antes pero de una manera diferente y ahora para la gloria de Dios.” Dado entonces que el nuevo nacimiento es un fenómeno natural para Finney, lo mismo se puede decir de los avivamientos: “Un avivamiento no es un milagro ni depende de uno en ningún sentido.  Es meramente un resultado filosófico del uso correcto de los medios constituidos, de la misma forma que cualquier otro efecto producido por la aplicación de los medios apropiados.”

Para Finney la creencia de que el nuevo nacimiento y el avivamiento dependen de la actividad divina es perniciosa: “Ninguna doctrina es más peligrosa que esta para la prosperidad de la Iglesia…y ninguna más absurda.” 

Cuando los líderes del movimiento de Iglecrecimiento afirman que la teología es un obstáculo para crecer e insisten que en realidad no es importante lo que una iglesia crea dado que el crecimiento es una función de la aplicación de los principios adecuados, están demostrando lo que han heredado de Finney.

Cuando los líderes del movimiento Vineyard reconocen manifestaciones como ladrar, rugir, gritar, reírse u otro tipo de fenómenos extraños sobre la base de que “funcionan” y que la verdad debe ser juzgada en base a su fruto, también están siguiendo a Finney así como al padre del pragmatismo estadounidense, William James, quien declaró que la verdad debe ser juzgada sobre la base de “su valor en la moneda de las experiencias vividas”.

Es así, entonces, que dentro de la teología de Finney, Dios no es soberano, el hombre no es pecador por naturaleza, la propiciación no es un verdadero pago por el pecado, la idea de ser justificados a través de la imputación es un insulto a la razón y la moral, el nuevo nacimiento es el resultado de la aplicación de técnicas probadas y un avivamiento es el resultado natural de una buena campaña.  En la introducción de la edición conmemorativa al 200 aniversario de la Teología Sistemática de Finney, Harry Conn aplaude el pragmatismo de Finney: “Muchos siervos de nuestro Señor deben buscar diligentemente un evangelio “qué funcione” y estoy muy feliz de afirmar que podrán encontrarlo en este libro.”

Tal como lo ha documentado cuidadosamente Whitney R. Cross , el territorio que Finney cubrió con sus avivamientos con mayor frecuencia fue también la cuna de muchas de las sectas perfeccionísticas que plagaron el siglo XIX.  Un evangelio “qué funciona” para perfeccionistas celosos en un momento, pronto se convertirá en desilusión para “súper santos” quemados y cansados.  Esto sin decir que el mensaje de Finney es radicalmente distinto a la fe evangélica, rasgo que comparten hoy la orientación de los movimientos que han sido marcados por su pensamiento: el movimiento de Iglecrecimiento, el perfeccionismo y emocionalismo pentecostal o el triunfalismo político sustentado en el ideal de un “Estados Unidos cristiano”, e incluso las tendencias anti-intelectuales y anti-doctrinales de muchos evangélicos y fundamentalistas en Estados Unidos.

Finney no solamente abandonó la doctrina de la justificación -convirtiéndolo un rebelde en contra de la fe evangélica-, él también repudió doctrinas como el pecado original y la propiciación sustitutiva, doctrinas que han sido abrazadas tanto por católicos romanos como por protestantes.  Por consiguiente, Finney no solamente es un arminiano, sino un pelagiano.  Él no es solamente un enemigo del protestantismo, sino de todo el cristianismo histórico en el más amplio sentido de la palabra.

En algo podemos estar de acuerdo con Finney: el Evangelio sostenido por los reformadores a quienes él atacaba directamente, Evangelio que es sostenido por todos los evangélicos, es “otro evangelio” totalmente distinto al proclamado por Finney.  La pregunta para nosotros hoy es: ¿de qué lado estaremos?

 

 

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 4)


(Cuarta parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Distorsionando la Doctrina Cardinal de la Justificación

Charles_g_finney.jpgLos reformadores insistían, sobre la base de textos bíblicos claros, que la justificación (que en griego significa “declarar justo” y no “hacer justo”) era un veredicto forense (o sea, legal).  En otras palabras, a pesar de que la iglesia de Roma sostenía que la justificación era el proceso a través del cual una mala persona iba mejorando, los reformadores argumentaban que esta era una declaración o pronunciamiento que se basaba en la justicia de alguien más (o sea, la de Cristo).  La visión reformada de la justificación es, por ende, un veredicto válido una vez y para siempre.

Esta declaración debe ser pronunciada al inicio de la vida cristiana, no en medio y tampoco al final.  Las palabras claves de la doctrina evangélica son “forense” (legal) e “imputación” (el acreditar a nuestra cuenta, en lugar de la idea de la “infusión” de justicia en nuestra alma).  A pesar de que él conocía todo esto, Finney declara: “Pensar que los pecadores pueden ser declarados justos de manera forense es imposible y absurdo…Como veremos, hay muchas condiciones, aunque una sola base, para la justificación de los pecadores…Como ha sido dicho antes, no puede haber justificación en un sentido legal o forense, sino sobre la base de una obediencia universal, perfecta y continua de la ley.   Esto es, por supuesto, negado por aquellos que sostienen una justificación evangélica, o la justificación de pecadores penitentes, que es de naturaleza forense o judicial. Ellos sostienen la máxima de que lo que un hombre hace por otro, lo hace él mismo, y entonces consideran la obediencia de Cristo como nuestra, sobre la base de que Él obedeció por nosotros.”

A esto, Finney responde: “La doctrina de la justicia imputada, o de que la obediencia a la ley de Cristo nos fue acreditada como propia, está fundada en los más falsos supuestos carentes de todo sentido.”  Después de todo, la justicia de Cristo “no puede hacer más que justificarle a Él mismo.  No puede jamás ser imputada a nosotros…es naturalmente imposible para Él obedecer en nuestro lugar.” Esta “representación de la propiciación como la base para la justificación del pecador ha sido una triste piedra de tropiezo para muchos.”

La visión de que la fe es la única condición para la justificación es para Finney, la visión del antinomianismo“Veremos que la perseverancia en la obediencia hasta el final de la vida es también una condición de la justificación.  Algunos teólogos han hecho de la justificación una condición de la santificación, en lugar de hacer la santificación una condición de la justificación.  Pero veremos que esta es una manera equivocada de ver el tema.”

(Continuará….)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 3)


(Tercera parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” de Michael Horton disponible aquí en inglés completo.)

¿Cuál era la teología de Charles Finney?

978987557115Sin ir más allá del índice de su Teología Sistemática es evidente que toda la teología de Finney giraba alrededor de la moralidad humana.  Los capítulos 1 al 5 tratan acerca del la ley moral, el gobierno moral, el fundamento de la obligación moral, y la unidad de la acción moral; los capítulos 6 y 7 tratan acerca de la obediencia completa y la obediencia a la ley moral, mientras que los capítulos 8 al 14 tratan con los atributos del amor, con el egoísmo y otras virtudes y vicios en general.  Hasta el capítulo 21, acerca de la propiciación, es que empezamos a ver algo particularmente cristiano.  Hay un capítulo acerca de la justificación, seguido por seis acerca de la santificación.  En otras palabras, Finney realmente no escribió una teología sistemática sino una colección de ensayos sobre ética.

Esto no significa, sin embargo, que Finney no presente algunas afirmaciones significativas acerca de teología.

Para empezar, en respuesta a la pregunta, “¿Deja un cristiano de ser cristiano cada vez que comete un pecado?”, Finney responde:

“Cada vez que peca, debe, para mientras, dejar de ser santo.  Esto es auto evidente.  Cada vez que peca, debe ser condenado; debe incurrir el castigo de la ley de Dios…Si se dice que el precepto es aún vinculante a él, pero que en al respecto del cristiano, el castigo está por siembre hecho a un lado, o abrogado, yo respondo que el abrogar el castigo es rechazar el precepto dado que un precepto sin castigo deja de ser ley.  Se convierte únicamente en consejo.  El cristiano, por ende, no está justificado hasta que obedezca, y debe ser condenado cuando el desobedezca o el antinomianismo será cierto…en este respecto, entonces, el cristiano que peca y el pecador no convertido están precisamente en el mismo lugar.” 

Finney creía que Dios demanda la perfección absoluta pero en lugar de que eso le llevara a buscar su rectitud perfecta en Cristo, el concluyó que “…la obediencia perfecta en el presente es una condición para la justificación.  Pero luego, a la pregunta, ¿puede un hombre ser justificado mientras el pecado permanezca en él? Ciertamente no podrá serlo ni por principios legales ni por los principios del evangelio, a menos que la ley sea repelida…Pero, ¿podrá ser perdonado y aceptado y justificad -en el sentido evangélico- mientras el pecado en cualquier dimensión, permanezca en él? Definitivamente no.”

Finney declara acerca de la fórmula reformada simul iustus et peccator (“al mismo tiempo justo y pecador”) lo siguiente: “Este error ha matado más almas, temo, que todo el universalismo que jamás haya maldecido al mundo.”  Esto es porque “Cada vez que un cristiano peca, cae bajo condenación, y debe arrepentirse y hacer sus primeras obras, o perderse.” 

La doctrina de la justificación de Finney descansa sobre la negación de la doctrina del pecado original.  Esta doctrina, sostenida tanto por Católicos Romanos como por Protestates, insiste que todos hemos nacido heredando la culpa y corrupción de Adán.  Estamos, entonces, esclavizados a una naturaleza pecadora.  Como se dice popularmente, “Pecamos porque somos pecadores”“: nuestra condición de pecado determina las acciones pecaminosas, no funciona al revés.  Sin embargo Finney seguía a Pelagio, el hereje del siglo V , quien fue condenado por más concilios eclesiásticos que cualquier otra persona en la historia dada su negación de esta doctrina.

Finney creía que los seres humanos eran capaces de elegir si querían ser corruptos por naturaleza o redimidos a la vez que se refería al pecado original como un “dogma no bíblico y que carece de todo sentido”.  En términos muy claros, Finney negaba la noción de que los seres humanos poseen una naturaleza pecaminosa.  Por ende, si Adán nos guía al pecado, no es porque heredamos su culpa o corrupción, sino porque seguimos su mal ejemplo y por ende, aprendemos a ver a Cristo -el Segundo Adán- como alguien que nos salva a través del ejemplo.  Esta es justo la trayectoria que sigue Finney a la hora de explicar la propiciación.

De acuerdo a Finney, lo primero que hemos de notar acerca de la propiciación es que Cristo no podría haber muerto por los pecados de nadie más que los propios.  Su obediencia a la ley y su justifica perfecta eran suficientes para salvarlo, pero legalmente esta justicia y obediencia no podían ser imputadas a favor de otros.  Aquí es donde es evidente la pasión por la mejoría moral que mueve toda la teología de Finney: “Si Él [Cristo] hubiese obedecido la Ley como nuestro sustituto, ¿por qué entonces nuestro propio retorno a la obediencia personal habría de ser considerada una condición sine qua non para nuestra salvación?” En otras palabras, ¿por qué insistiría Dios en que hemos de salvarnos nosotros mismos a través de nuestra obediencia si la obra de Cristo fue suficiente?  El lector debe traer a la memoria las palabras de San Pablo al respecto de esto: “Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.” (Gálatas 2:21, NTV)  Parecería ser que la respuesta de Finney es una de asentimiento, sin embargo, Finney marca la diferencia al no tener problema ninguno con creer ambas premisas.

Ahora, hemos de reconocer que Finney sí creía que Cristo murió por algo -no por alguien, sino por algo.  En otras palabras, Él murió por un propósito, pero no por las personas.  El propósito de esa muerte era reafirmar el gobierno moral de Dios y llevarnos a la vida eterna a través de Su ejemplo, de la misma forma en que el ejemplo de Adán nos llevó a pecar.  ¿Por qué murió Cristo?   Dios sabía que “la propiciación le presentaría a las criaturas las más altas motivaciones para a virtud.  El ejemplo es la influencia moral más alta que puede ejercerse…Si la benevolencia mostrada en la propiciación no subyuga el egoísmo de los pecadores, estos no tendrán esperanza.”  Es así, entonces, que nos convertimos no en los pecadores inútiles que necesitan ser redimidos, sino en los pecadores descarriados que necesitan una demostración de entrega tan conmovedora que nos movería a dejar de ser egoístas.  Y no es que Finney solamente creyera que la teoría de “influencia moral” en la propiciación era la principal manera de entender la Cruz; el explícitamente negó la propiciación sustitutiva que “asume que la propciación fue un pago literal de una deuda, que hemos visto ya que no es consistente con la naturaleza de la propiciación…Es cierto decir que la propiciación, en sí misma, no asegura la salvación de nadie.”

Esto deja pendiente la manera en que se aplica la redención. Al sacudirse de encima la ortodoxia reformada, Finney argumentaba agresivamente en contra de que el nuevo nacimiento es un regalo divino, insistiendo que “la regeneración consiste en el pecador cambiar su elección, intención y preferencia final; o en cambiar del egoísmo al amor y benevolencia”, movido por la influencia moral de del conmovedor ejemplo de Cristo.  “El pecado original, la regeneración física y todas las demás doctrinas de ese orden y sus resultantes dogmas son todas subversivas en contra del Evangelio y repulsivas a la inteligencia humana.”

Teniendo nada que ver con el pecado original, la propiciación sustitutiva, y el carácter sobrenatural del nuevo nacimiento, Finney procede a atacar “el artículo por medio del cual la Iglesia se sostiene o se cae” , la justificación únicamente por la gracia (Sola Gratia), únicamente a través de la fe (Sola Fide).

Continuará….

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 2)


(segunda parte de mi traducción del artículo de Michael Horton “The Disturbing Legacy of Charles Finney” disponible completo en inglés aquí)

¿Quién es Charles Finney?

ifinney001p1Como reacción en contra de la influencia calvinista del Gran Despertar, los sucesores de ese gran movimiento del Espíritu de Dios se volvieron de Dios hacia los humanos, pasaron de predicar el contenido objetivo de Cristo y Su Cruz a hacer un énfasis en que las personas “tomaran una decisión”.

Charles Finney (1792-1875) ministro en los albores del “Segundo Gran Despertar”.  De cuna presbiteriana, Finney un día experimentó un “poderoso bautismo del Espíritu Santo” que “como una ola de electricidad atravesándome continuamente….parecía fluir como olas de amor líquido”.  La siguiente mañana, Finney le informó a su primer cliente del día (era abogado) que “he sido contratado por el Señor Jesucristo para argumentar en favor de Su causa y no podré continuar con la suya”.  Se rehusó a inscribirse al seminario teológico de la Universidad de Princeton (o de cualquier otra universidad) y comenzó a organizar avivamientos en el estado de Nueva York.  Uno de sus sermones más famosos llevaba el título de “Los pecadores deben cambiar sus propios corazones”.

La única pregunta que Finney se hacía acerca de cada enseñanza suya era: “¿Podré convertir a los pecadores con esto?” El resultado de este enfoque a los avivamientos de Finney fue la división entre los presbiterianos de Nueva York y los de Filadelfia en bandos calvinistas y arminianos.  Sus “Nuevas Medidas” incluían la “banca ansiosa” (precursora al llamado al altar contemporáneo), tácticas emocionales que llevaban a sollozar o al desmayo a las personas y otro tipo de “manifestaciones”, llamadas así por Finney y sus seguidores.

Continuará…..

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 1)


(Artículo originalmente escrito por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Ningún hombre por sí solo es más responsable por la distorsión de la verdad cristiana en nuestra era que Charles Grandison Finney.  Sus “nuevas medidas” crearon un marco de referencia para la teología “decisionista” moderna y e movimiento evangélico de avivamientos.  En este excelente artículo, el Dr. Mike Horton explica como Charles Finney distorsionó la importante doctrina de la salvación.

downloadJerry Falwell lo llama “uno de mis héroes y un héroe para muchos evangélicos, incluyendo Billy Graham.”  Recuerdo hace algunos años caminar dentro del Billy Graham Center y observar allí el lugar de honor dado a Charles Finney dentro de la tradición evangélica.  Allí recordé la primera clase de teología que recibí en una universidad cristiana en donde la lectura de las obras de Finney era requerida.  Este predicador de Nueva York era el campeón de la fe más citado y celebrado por el cantante cristiano Keith Green y la organización Juventud con una Misión.  Él es particularmente estimado dentro de los líderes tanto de la derecha como de la izquierda cristiana, por ambos Jerry Falwell y Jim Wallis (de la revista Sojourners), y su huella aparece en movimientos muy diversos pero que al final, resultan siendo simples herederos del legado de Finney.  Desde el movimiento Vineyard y el movimiento de Iglecrecimiento, a las cruzadas políticas y sociales, el tele-evangelismo y el movimiento de Promise Keepers….¡Finney aún vive!

Finney aún vive porque su impulso moralista miraba una iglesia que fuese en gran medida una agencia de reforma personal y social en lugar de ser la institución en donde los medios de la gracia -la Palabra y el Sacramento- fueran hechos disponibles a los creyentes que luego llevarían el Evangelio al mundo.  En el siglo 19, el movimiento evangélico comenzó a identificarse con causas políticas -desde la abolición de la esclavitud y la legislación del trabajo infantil, hasta los derechos de las mujeres y la prohibición del alcohol.  En un esfuerzo desesperado por recuperar el poder institucional y la gloria de un “Estados Unidos cristiano” (una poderosa visión en el imaginario, pero, luego de la desintegración de la Nueva Inglaterra puritana, algo ilusa), el “establishment” protestante de inicios de siglo XX lanzó campañas morales para “americanizar” a los inmigrantes, y a obligar la formación moral y de carácter en las escuelas.  Los evangelistas ofrecían este evangelio americano en términos de su utilidad práctica para el individuo y la nación.

Esta es la razón por la cual Finney era tan popular.  Él es el punto de inflexión más visible en el cambio de la ortodoxia de la Reforma, evidente en el Gran Despertar (bajo Jonathan Edwards y George Whitefield) a un arminianismo (e incluso pelagianismo) sustentado en avivamientos evidentes en el Segundo Gran Despertar hasta nuestros días.  Para demostrar la deuda que el evangelicalismo moderno tiene con Finney, debemos inicialmente reconocer sus desvíos teológicos.  De estos desvíos, Finney estableció los antecedentes para algunos de los más grandes desafíos dentro de las iglesias evangélicas, notables especialmente en el movimiento de Iglecrecimiento, el pentecostalismo y los avivamientos políticos.

(Continuará…)