El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 1)


(Artículo originalmente escrito por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Ningún hombre por sí solo es más responsable por la distorsión de la verdad cristiana en nuestra era que Charles Grandison Finney.  Sus “nuevas medidas” crearon un marco de referencia para la teología “decisionista” moderna y e movimiento evangélico de avivamientos.  En este excelente artículo, el Dr. Mike Horton explica como Charles Finney distorsionó la importante doctrina de la salvación.

downloadJerry Falwell lo llama “uno de mis héroes y un héroe para muchos evangélicos, incluyendo Billy Graham.”  Recuerdo hace algunos años caminar dentro del Billy Graham Center y observar allí el lugar de honor dado a Charles Finney dentro de la tradición evangélica.  Allí recordé la primera clase de teología que recibí en una universidad cristiana en donde la lectura de las obras de Finney era requerida.  Este predicador de Nueva York era el campeón de la fe más citado y celebrado por el cantante cristiano Keith Green y la organización Juventud con una Misión.  Él es particularmente estimado dentro de los líderes tanto de la derecha como de la izquierda cristiana, por ambos Jerry Falwell y Jim Wallis (de la revista Sojourners), y su huella aparece en movimientos muy diversos pero que al final, resultan siendo simples herederos del legado de Finney.  Desde el movimiento Vineyard y el movimiento de Iglecrecimiento, a las cruzadas políticas y sociales, el tele-evangelismo y el movimiento de Promise Keepers….¡Finney aún vive!

Finney aún vive porque su impulso moralista miraba una iglesia que fuese en gran medida una agencia de reforma personal y social en lugar de ser la institución en donde los medios de la gracia -la Palabra y el Sacramento- fueran hechos disponibles a los creyentes que luego llevarían el Evangelio al mundo.  En el siglo 19, el movimiento evangélico comenzó a identificarse con causas políticas -desde la abolición de la esclavitud y la legislación del trabajo infantil, hasta los derechos de las mujeres y la prohibición del alcohol.  En un esfuerzo desesperado por recuperar el poder institucional y la gloria de un “Estados Unidos cristiano” (una poderosa visión en el imaginario, pero, luego de la desintegración de la Nueva Inglaterra puritana, algo ilusa), el “establishment” protestante de inicios de siglo XX lanzó campañas morales para “americanizar” a los inmigrantes, y a obligar la formación moral y de carácter en las escuelas.  Los evangelistas ofrecían este evangelio americano en términos de su utilidad práctica para el individuo y la nación.

Esta es la razón por la cual Finney era tan popular.  Él es el punto de inflexión más visible en el cambio de la ortodoxia de la Reforma, evidente en el Gran Despertar (bajo Jonathan Edwards y George Whitefield) a un arminianismo (e incluso pelagianismo) sustentado en avivamientos evidentes en el Segundo Gran Despertar hasta nuestros días.  Para demostrar la deuda que el evangelicalismo moderno tiene con Finney, debemos inicialmente reconocer sus desvíos teológicos.  De estos desvíos, Finney estableció los antecedentes para algunos de los más grandes desafíos dentro de las iglesias evangélicas, notables especialmente en el movimiento de Iglecrecimiento, el pentecostalismo y los avivamientos políticos.

(Continuará…)

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La Iglesia Evangélica NO necesita un día…


DOn2JCbWkAAGKS4.jpgEl día de hoy el diputado Edwin Lux (UNE) presentó una iniciativa para que el 1 de agosto de cada año se reconozca en Guatemala el “Día Nacional de la Iglesia Evangélica”.

De acuerdo al diputado Lux, el propósito de esta declaratoria es reconocer el papel que jugó la iglesia evangélica durante las negociaciones de los Acuerdos de Paz en Guatemala, firmados en 1996.

La manera de observar este día quedaría en libertad de cada congregación el cómo celebrarlo, pero además, el artículo 1 del decreto propone algo que no parece concordar: “Todos los años ese día será de asueto con remuneración en todas las dependencias del Estado.”  O sea, todos los empleados del gobierno tendrían un día de descanso por causa de esta celebración.  ¿Por qué?

Quizás el por qué y las motivaciones del diputado Lux no las podamos comprender ahorita, pero definitivamente hay puntos importantes que debemos considerar que deben movernos como cristianos a RECHAZAR PUBLICAMENTE esta iniciativa de ley:

  1. Es muy importante para todos darse cuenta que esta iniciativa no nace de manera institucional desde la iglesia evangélica.  La iniciativa la presentó un diputado de manera individual.  No debemos hacer extensivo el sentimiento y motivaciones del diputado a todos los cristianos evangélicos en Guatemala o pensar que el diputado actúa en representación de la iglesia.
  2. ¡No es necesaria! La iglesia cristiana es por definición una comunidad que celebra y que celebra continuamente con un sentido propio de adoración a Dios, sin necesidad de leyes que así lo ordenen o de asuetos legales.  Cada domingo es una celebración libre y voluntaria del Evangelio, razón de ser de la Iglesia.  El calendario litúrgico cristiano nos da muchas más ocasiones para celebrar: Adviento y Navidad, Cuaresma, Semana Santa y el Domingo de Resurrección.  Incluso este año muchas iglesias celebraron -sin necesidad de leyes o asuetos- el Día de la Reforma este pasado 31 de octubre, en conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante.  Siendo aquí justos, valdría la pena revisar si los asuetos legales que parten de fiestas religiosas deberían o no existir en Guatemala.  Hacerlos legales les quita, en mi opinión, el carácter sagrado y sobre todo libre y voluntario de ser observados por los creyentes.
  3. Es importante recordar lo que cada día significa para nosotros los cristianos:
    “Este es el día que hizo el Señor;
    nos gozaremos y alegraremos en él.” (Salmo 118:24, NTV)
  4. El propósito de la Iglesia no es ser celebrada como institución.  La iglesia está para servir, para ministrar, para discipular, administrar los sacramentos del bautismo y la comunión y sobre todo, para predicar el Evangelio.
  5. Esta iniciativa de ley es por definición, discriminatoria de otras expresiones de fe y religiones en Guatemala.  Aprobar una ley como estas implicaría hacer lo mismo con todas las religiones….¿cuántos asuetos más se generarían a partir de esto?

La iglesia evangélica no necesita estos reconocimientos o espaldarazos de parte del gobierno.  La iglesia necesita libertad para cumplir con su misión de manera fiel, íntegra y honesta.

El Congreso de la República y sus diputados deben ocuparse por la libertad de los guatemaltecos, por proteger sus vidas y su propiedad y legislar en función de esto y sobre todo, en eliminar y simplificar leyes que hacen más complicada la vida en sociedad y en muchas ocasiones, crean ocasiones para la corrupción.

Insto al diputado Lux a reconsiderar su propuesta.

Recomiendo mucho para entender más sobre la naturaleza real de los feriados y el ocio leer a Josef Pieper, en particular su ensayo “El Ocio, fundamento de la Cultura”.

Este Meme es Falso


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Mucho ha circulado alrededor de las redes sociales esta imagen que ha causado mucha confusión acerca de lo que significan ideas tan importantes como la igualdad y la equidad en la sociedad.

Es importante ejercer discernimiento crítico porque cada vez más vemos una agenda mal tildada de “progresista” alterando las definiciones de conceptos importantes para la vida en sociedad para que, a través del desarrollo de un nuevo lenguaje, su agenda avance.

Para entender claramente, veamos qué dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua acerca de estos conceptos:

igualdad

Del lat. aequalĭtas, -ātis.

3. f. Principio que reconoce la equiparación de todos los ciudadanos en derechos y obligaciones.

equidad

Del lat. aequĭtas, -ātis.

3. f. Justicia naturalpor oposición a la letra de la ley positiva.

5. f. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

justicia

Del lat. iustitia.

Escr. con may. inicial en acep. 6.

1. f. Principio moral que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.

2. f. Derechorazónequidad.

A la luz de estas definiciones, lo que este meme nos refleja es lo siguiente:

  1. Un grupo de personas viendo un juego de beisbol que adquirieron sus entradas en igualdad de condiciones al haber estado estas disponibles en taquilla a los precios anunciados (asumiendo, por supuesto, que no hay mercado negro y/o reventa).
  2. Estas personas que compraron sus entradas han sido tratadas con equidad al cada una estar sentada en el asiento que corresponde al boleto que compraron para su ingreso.
  3. Vemos tres personas afuera del estadio buscando injustamente tener acceso de manera ilícita -sin pagar- al juego de beisbol para el cual el resto de aficionados pagó su ingreso.

Lamentablemente en nuestra sociedad, la idea de igualdad se ha reducido a igualdad de resultados, un concepto sumamente deshumanizante ya que desconoce las diferencias inherentes a cada persona, de las cuales se desprenden por definición resultados diferentes.  Si reunimos a 10 personas y a cada una le damos en el mismo momento US$1,000, veremos casi de manera inmediata resultados muy distintos a partir de la riqueza que cada uno recibió en ese momento: algunos pagarán deudas, otros irán de compras, otros invertirán y otros quizás lo ahorrarán, etc., etc. El haber recibido un recurso en igual cantidad no garantiza y no puede garantizar -a menos que anulemos la humanidad y libertad  de las personas- los mismos resultados.

En la antropología cristiana, sustentada por la doctrina del Imago Dei (el haber sido creados a imagen y semejanza de Dios y por ende, dotados de una dignidad y valor inherentes a nuestra condición como seres creados por Dios – Génesis 1:26-31), se reconoce que Dios es justo y que no hace acepción de personas, nos trata a todos por igual: Romanos 2:1-11, por ejemplo.

Sin embargo, ante esta igualdad de condición delante de Dios, Él mismo nos recuerda que somos únicos y llamados a distintas cosas en la vida, lo que debe resultar, por definición, en resultados distintos:

14¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!
Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien.
15Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto,
mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.
16Me viste antes de que naciera.
Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Cada momento fue diseñado
antes de que un solo día pasara.
17Qué preciosos son tus pensamientos acerca de mí, oh Dios.
¡No se pueden enumerar!
18Ni siquiera puedo contarlos;
¡suman más que los granos de la arena!
Y cuando despierto,
¡todavía estás conmigo! (Salmo 139:14-18, NTV)
6Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas. Por lo tanto, si Dios te dio la capacidad de profetizar, habla con toda la fe que Dios te haya concedido. 7Si tu don es servir a otros, sírvelos bien. Si eres maestro, enseña bien. 8Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio. Y si tienes el don de mostrar bondad a otros, hazlo con gusto. (Romanos 12:6-8, NTV)
4Hay distintas clases de dones espirituales, pero el mismo Espíritu es la fuente de todos ellos. 5Hay distintas formas de servir, pero todos servimos al mismo Señor. 6Dios trabaja de maneras diferentes, pero es el mismo Dios quien hace la obra en todos nosotros.
7A cada uno de nosotros se nos da un don espiritual para que nos ayudemos mutuamente. 8A uno el Espíritu le da la capacidad de dar consejos sabios12:8a le da una palabra de sabiduría.; a otro el mismo Espíritu le da un mensaje de conocimiento especial.12:8b le da una palabra de conocimiento. 9A otro el mismo Espíritu le da gran fe y a alguien más ese único Espíritu le da el don de sanidad. 10A uno le da el poder para hacer milagros y a otro, la capacidad de profetizar. A alguien más le da la capacidad de discernir si un mensaje es del Espíritu de Dios o de otro espíritu. Todavía a otro se le da la capacidad de hablar en idiomas desconocidos, mientras que a otro se le da la capacidad de interpretar lo que se está diciendo. 11Es el mismo y único Espíritu quien distribuye todos esos dones. Solamente él decide qué don cada uno debe tener.
12El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo. 13Entre nosotros hay algunos que son judíos y otros que son gentiles; algunos son esclavos, y otros son libres. Pero todos fuimos bautizados en un solo cuerpo por un mismo Espíritu, y todos compartimos el mismo Espíritu.
14Así es, el cuerpo consta de muchas partes diferentes, no de una sola parte. 15Si el pie dijera: «No formo parte del cuerpo porque no soy mano», no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. 16Y si la oreja dijera: «No formo parte del cuerpo porque no soy ojo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? 17Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿cómo podríamos oír? O si todo el cuerpo fuera oreja, ¿cómo podríamos oler?
18Pero nuestro cuerpo tiene muchas partes, y Dios ha puesto cada parte justo donde él quiere. 19¡Qué extraño sería el cuerpo si tuviera solo una parte! 20Efectivamente, hay muchas partes, pero un solo cuerpo. 21El ojo nunca puede decirle a la mano: «No te necesito». La cabeza tampoco puede decirle al pie: «No te necesito».
22De hecho, algunas partes del cuerpo que parecieran las más débiles y menos importantes, en realidad, son las más necesarias. 23Y las partes que consideramos menos honorables son las que vestimos con más esmero. Así que protegemos con mucho cuidado esas partes que no deberían verse, 24mientras que las partes más honorables no precisan esa atención especial. Por eso Dios ha formado el cuerpo de tal manera que se les dé más honor y cuidado a esas partes que tienen menos dignidad. 25Esto hace que haya armonía entre los miembros a fin de que los miembros se preocupen los unos por los otros. 26Si una parte sufre, las demás partes sufren con ella y, si a una parte se le da honra, todas las partes se alegran.
27Todos ustedes en conjunto son el cuerpo de Cristo, y cada uno de ustedes es parte de ese cuerpo. 28A continuación hay algunas de las partes que Dios ha designado para la iglesia: 
en primer lugar, los apóstoles;
en segundo lugar, los profetas;
en tercer lugar, los maestros;
luego los que hacen milagros,
los que tienen el don de sanidad,
los que pueden ayudar a otros,
los que tienen el don de liderazgo,
los que hablan en idiomas desconocidos. 
29¿Acaso somos todos apóstoles? ¿Somos todos profetas? ¿Somos todos maestros? ¿Tenemos todos el poder de hacer milagros? 30¿Tenemos todos el don de sanidad? ¿Tenemos todos la capacidad de hablar en idiomas desconocidos? ¿Tenemos todos la capacidad de interpretar idiomas desconocidos? ¡Por supuesto que no! 31Por lo tanto, ustedes deberían desear encarecidamente los dones que son de más ayuda.
Pero ahora déjenme mostrarles una manera de vida que supera a todas las demás. (1 Corintios 12:4-31, NTV)
La lucha que debemos hacer es no por la igualdad de condiciones sino retomar una lucha que hoy no estamos dando: la lucha por la libertad que a su vez resultará en poder abrir más y mejores oportunidades para más personas y esto resultará en que podamos cada uno cumplir y ejercer de mejor forma los dones que Dios nos ha dado y a partir de eso, florecer como seres humanos en las distintas áreas de nuestras vidas.

¡500 años!


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“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
¡Finalmente se llegó el día! Hoy es martes, 31 de octubre 2017 y estamos marcando 500 años desde el día en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en protesta de la comercialización de indulgencias en su natal Alemania.  No tengo duda que el mes de octubre ha estado cargado -o quizás sobre cargado- de información hasta la saciedad acerca de la Reforma.
Se han escrito libros, publicado videos, artículos, blogs y se han predicado muchos sermones.  En medio de toda esta algarabía para el mundo evangélico, la única pregunta que considero queda al aire es una que tanto yo como cada uno de nosotros debería procurar responder: ¿qué significa todo esto para mí?
Personalmente, la escritura citada al inicio de este escrito resume el impacto personal que la Reforma ha tenido en mi vida.  El saber que he sido justificado por gracia a través de la fe en Jesús como obra soberana de Dios y para Su gloria ha sido un verdadero bálsamo para mi alma.  Si bien estas son ideas que de alguna forma u otra hemos escuchado antes, no fue sino hasta que una serie de muy duras experiencias personales sembraran estas preciosas semillas en mi corazón y me dieran raíces sin las cuales hoy quizás hubiese perdido la razón.
La gran promesa de Dios, de que hemos sido justificados de manera gratuita únicamente a través de la fe, fe que es a la vez un regalo de Dios otorgado a los creyentes por el Espíritu Santo, es la promesa más importante de la que podemos asirnos para navegar la vida.  Martín Lutero lo decía de esta forma:
“Así como la verdad de la promesa divina perdura para siempre una vez que se nos ha conferido, de la misma manera no tiene que desfallecer nunca nuestra fe en ella: tiene que alimentarse, que fortalecerse hasta la muerte con el recuerdo imborrable de la promesa que se nos hizo en el bautismo.  Por tanto, cuando nos levantamos o nos arrepentimos de los pecados, lo único que estamos haciendo es retornar a la fuerza y a la fe del bautismo, de las que nos habíamos desviado, y a la promesa que entonces se formuló y que el pecado nos había arrebatado.  No muere nunca la verdad de la promesa que se hizo una vez; es como una mano extendida, dispuesta a recibirnos a nuestro retorno.” (La Cautividad Babilónica de la Iglesia)
El tener esa promesa sembrada en nuestros corazones cambia nuestras vidas.  Al momento de haber sido justificados por fe delante de Dios, entramos a una vida de genuina libertad: “Por la fe la palabra de Dios transfigura al alma y la hace santa, justa, veraz, pacífica, libre y pletórica de bondad: un verdadero hijo de Dios en definitiva…” (La Libertad del Cristiano).  Esta transformación de nuestro ser interior que ya no está esclavizado a la desesperación de no saber “cuantas buenas obras son suficientes” para realmente estar en paz con Dios, nos abre las puertas de par en par para poder amar y servir al prójimo con una motivación de corazón que es imposible conocer aparte de la fe y la gracia de Dios: “Ahí tienes cómo la fe es la fuente de la que brota la alegría y el amor hacia Dios, y del amor esa vida entregada libre, ansiosa y gozosamente al servicio incondicional del prójimo.  Nuestro prójimo está en la indigencia y necesitado de lo que nosotros tenemos en abundancia, de la misma forma que nosotros hemos sido unos indigentes ante Dios y hemos necesitado su gracia.” (La Libertad del Cristiano)
Con nuestra consciencia cautiva a la Palabra de Dios tomemos hoy tiempo para meditar sobre qué significan todas estas grandes ideas que la Reforma trajo y démonos cuenta que estas ideas no deben ser más confinadas a las aulas de universidades y seminarios, ni siquiera a las paredes de nuestras iglesias.
Las Escrituras, la gracia, la fe, la centralidad de Jesús y la constante búsqueda de la gloria de Dios son ideas que tienen implicaciones muy reales, objetivas y concretas para cada una de nuestras vidas y para nuestra vida en sociedad.  Pasados 500 años, tenemos una inmensa oportunidad para poder retomar el camino y refugiados en nuestro Castillo Fuerte en Jesús, usar la libertad que Dios nos ha otorgado para que cuando se celebren los 600, 700, 800, 900 y quizás 1000 años de la Reforma, quienes tengan la tarea de revisar la historia puedan ver hacia atrás y dar gloria a Dios por la fidelidad, humildad, amor y entrega de aquellos que en el 2017 recibieron la estafeta.
Mientras ese día llega, regocijémonos y compartamos con otros esta gran salvación que hemos recibido por la pura gracia, misericordia y amor de Dios.
¡Feliz día de la Reforma!

“Non Grato” no existe en el vocabulario cristiano


persona_non_grataLa crisis que atraviesa Guatemala ha polarizado a nuestra sociedad a niveles que no veíamos desde hace muchos años.  La argumentación de los extremos sumado con el relativismo moral posmoderno hacen imposible el diálogo toda vez sigamos pretendiendo que la verdad es una cuestión de opinión privada en función más de lo que me hace sentir bien que en función de la búsqueda honesta de la verdad que implica incluso corregir y enmendar cuando hay error.

En ese contexto, se ha puesto en boga el rechazar de tajo no solo a las ideas, sino a las personas con quienes diferimos al colocarnos a nosotros mismos como los estándares de toda justicia y rectitud.

El “nosotros contra ellos” y la superioridad moral de “no soy tan malo como ellos” que vivimos, nos ha convertido en los más despiadados y crueles jueces de nuestro prójimo…sea este presidente, sindicalista, empresario, proletario, católico, evangélico, ateo o cualquier otra categoría en donde podamos encasillar a nuestro rival, a nuestro enemigo.

En ese contexto, ya es cosa común, desde finales de agosto pasado, el declarar non grato a nuestros opositores.  Vale la pena reflexionar en lo que estamos diciendo, especialmente si nos confesamos cristianos.  Una declaración de persona non grata es la más agresiva expresión de rechazo y condena al exilio que existe en el mundo diplomático.  Es decir “no te quiero ni te acepto” y aún más, es decir “¡vete de aquí y no vuelvas más!”.  Entre las voces que se alzan con declaratorias de “non grato” a diversas personas en el país, se alzan muchas voces de cristianos que han sido arrastrados por la corriente de la ya famosa y trillada “coyuntura política” del país.

La pregunta es: a la luz de las Escrituras, ¿cabe la posibilidad de que un cristiano declare a cualquier otra persona como non grata?  Mi tesis es que no.  ¿Por qué?

La raíz de la palabra grata es la misma raíz de la palabra gratia, palabra de donde sacamos el término “gracia”, que para nosotros como cristianos significa “favor inmerecido”.  ¿Qué nos dice la Biblia a nosotros de todo esto?

“1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:1-10, NTV)
“6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores.7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, ya que hemos sido hechos justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios.” (Romanos 5:6-11, NTV)
El ancla de nuestra justificación y salvación es la gracia de Dios, el favor inmerecido de Dios, cuando aún éramos Sus enemigos.  Fuimos “aceptos en el Amado”  (Efesios 1:3-8, NTV), aceptados no por causa de nuestros méritos, sino a pesar de nuestro total demérito.
A la luz de esa verdad, a la luz del escándalo de la gracia de Dios, a la luz de que como cristianos fuimos aceptados, amados, perdonados, justificados y reconciliados por Dios únicamente a través de la gracia, el tratar a otros de manera contraria es una total y flagrante afrenta al Evangelio.  Simplemente es contrario a la naturaleza de todo aquel que afirma la Sola Gratia como pilar fundamental para su vida y esperanza cristiana.
Pero, ¿qué hacemos con quienes han cometido tantas injusticias? Debemos clamar y exigir porque se cumpla la ley y se haga justicia.  Debemos esperar que el gobierno haga su tarea de castigar a quienes hacen el mal (Romanos 13:1-7), pero a la vez, hemos de confrontar el pecado entre nosotros no solo para la condena del mismo, sino para la restauración del pecador de vuelta a Dios y de vuelta a la comunidad:
“1Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. 2Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. 3Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)
No olvidemos, si por las circunstancias y la gravedad de la situación no encontramos otro camino más que declarar a otra persona nuestro enemigo, hemos entonces contraído una obligación moral con ellos: la obligación de amarlos, no porque nos caigan bien o hayan reparado el daño, sino porque nosotros hemos sido amados así aún en nuestra condición pecadora y de rebeldía y enemistad contra Dios.
“38»Han oído la ley que dice que el castigo debe ser acorde a la gravedad del daño: “Ojo por ojo, y diente por diente” 39Pero yo digo: no resistas a la persona mala. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, ofrécele también la otra mejilla. 40Si te demandan ante el tribunal y te quitan la camisa, dales también tu abrigo. 41Si un soldado te exige que lleves su equipo por un kilómetro, llévalo dos. 42Dales a los que te pidan y no des la espalda a quienes te pidan prestado.
43»Han oído la ley que dice: “Ama a tu prójimo” y odia a tu enemigo. 44Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen! 45De esa manera, estarás actuando como verdadero hijo de tu Padre que está en el cielo. Pues él da la luz de su sol tanto a los malos como a los buenos y envía la lluvia sobre los justos y los injustos por igual. 46Si solo amas a quienes te aman, ¿qué recompensa hay por eso? Hasta los corruptos cobradores de impuestos hacen lo mismo. 47Si eres amable solo con tus amigos, ¿en qué te diferencias de cualquier otro? Hasta los paganos hacen lo mismo. 48Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:38-48, NTV)
Estamos delante de una gran oportunidad de vivir y mostrar un testimonio cristiano diferente, uno que pelea por la libertad, la justicia y la verdad, pero que guarda su corazón de pecar en reacción al pecado de otros.  Si vamos a señalar el pecado, si vamos a separar a otros de la comunidad, que sea para su restauración, siguiendo el ejemplo de Pablo, Onésimo y Filemón (Filipenses 1:15-19).  Si predicamos gracia, extendamos gracia y recordemos que a los pies de la Cruz hay lugar para todos los que se arrepienten y colocan su fe y confianza en Jesús.

Armonicemos Guate


DSC01163.JPGEste pasado sábado 26 de agosto de 2017, un día que fue sumamente tenso en Guatemala, también fue un día donde se pudo experimentar de una manera extraordinaria, un ambiente de unidad, concordia y armonía en la Plaza de la Constitución en la zona 1 capitalina.

Convocados desde el 8 de agosto, cientos de músicos comenzaron a organizarse para poder participar en un evento que tenía como propósito exaltar el nombre de Jesús a través de la música, música interpretada no solo por artistas subidos en una plataforma, sino por cientos que se esforzaron en traer sus instrumentos a la plaza -en desafío de la supuesta inseguridad, la amenaza de lluvia y la protesta que se había convocado el día anterior- para tocar en armonía algunas piezas juntos en son de unidad.

DSC01182.JPGLa última vez que sucedió algo remotamente similar fue para el concierto de “Campanas por la Paz” en 1997, donde como músicos tuvimos la oportunidad de subirnos a los campanarios de las iglesias católicas del centro de la ciudad y tocar una pieza original armonizando cada campana y campanario.

Veinte años después, despojándonos de banderas denominacionales y con el único objetivo de hacer grande el nombre de Jesús, se volvió a demostrar el poder que existe en unir a las personas a través del hermoso regalo de la música que nos Dios nos ha dado.

DSC01251.JPGMe siento muy agradecido por haber podido participar y extiendo mi gratitud a los organizadores y a todos y cada uno de los participantes, músicos, sonidistas, intercesores, evangelistas y demás personas que hicieron de este evento una hermosa realidad que esperemos avive el corazón de los guatemaltecos y nos llene de la única esperanza segura para Guatemala y el mundo: el Evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

“¿Hay algún estímulo en pertenecer a Cristo? ¿Existe algún consuelo en su amor? ¿Tenemos en conjunto alguna comunión en el Espíritu? ¿Tienen ustedes un corazón tierno y compasivo? Entonces, háganme verdaderamente feliz poniéndose de acuerdo de todo corazón entre ustedes, amándose unos a otros y trabajando juntos con un mismo pensamiento y un mismo propósito.
No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
 
Aunque era Dios,
no consideró que el ser igual a Dios
fuera algo a lo cual aferrarse.
En cambio, renunció a sus privilegios divinos, se vació a sí mismo.
adoptó la humilde posición de un esclavo
y nació como un ser humano.
Cuando apareció en forma de hombre,
se humilló a sí mismo en obediencia a Dios
y murió en una cruz como morían los criminales.
 
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor
y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
1para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla
en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor
para la gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:1-11, NTV)
¡Alabado sea el Señor!
 
Alaben a Dios en su santuario;
¡alábenlo en su poderoso cielo!
Alábenlo por sus obras poderosas;
¡alaben su grandeza sin igual!
Alábenlo con un fuerte toque del cuerno de carnero;
¡alábenlo con la lira y el arpa!
Alábenlo con panderetas y danzas;
¡alábenlo con instrumentos de cuerda y con flautas!
Alábenlo con el sonido de los címbalos;
alábenlo con címbalos fuertes y resonantes.
¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor!
 
¡Alabado sea el Señor!

Consuelo para Guatemala


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“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da.” (2 Corintios 1:3-7, NTV)

 

El enojo, la tristeza, la frustración, la indignación y sobre todo, la falta de esperanza, inundan hoy el corazón de muchos guatemaltecos.  Sea a través de las redes sociales, los periódicos, noticieros televisivos o radiales y en las conversaciones alrededor de la mesa, muchos hoy comparten sus opiniones de lo que sucede, del por qué sucede y sobre todo, se debaten escenarios ante un futuro que es poco prometedor para Guatemala.

Quizás lo más triste de esta nueva coyuntura que vivimos es lo polarizante que se ha convertido el asunto.  El tono y la forma de los argumentos demuestran lo peligros de argumentar desde los extremos y la poca caridad con la que se discute solamente contribuye más a la desesperanza que parece marcar el tono del futuro inmediato de nuestra nación.

La pregunta que nos corresponde hacernos a los cristianos es…¿cuál debe ser nuestro papel?  Quisiera destacar tres ideas importantes a considerar y sugerir un camino a tomar:

  1. No debemos callar y al mismo tiempo, evitar confundir nuestro quehacer cristiano con activismo político.
  2. Esto no se trata solamente de quienes protagonizan la trama que se ve y vive en los medios.
  3. Nuestro rol como cristianos va mucho más allá que “orar por nuestras autoridades”.

Mi propuesta es el camino del consuelo y el llamado a la reconciliación.  

En circunstancias como estas donde estoy seguro que familias se han dividido o peleado por una mala conversación u opiniones encontradas por el tema, sentimientos han sido dañados, insultos se han dicho y todo esto genera profunda tristeza y división.  Necesitamos ser consolados en medio de lo que esta crisis no solo está haciendo a nuestra nación, sino a nuestros hogares y lugares de trabajo donde chocamos con opiniones.  Pablo, en su segunda carta a los Corintios ancla la posibilidad de que seamos agentes de consuelo para otros en la consciencia plena del consuelo que nosotros mismos hemos recibido de parte de Dios.

El consuelo que hemos recibido de Dios se fundamenta en que nuestra relación con Él ha sido restaurada y reconciliada gracias a y a través de la sangre derramada por Jesús en la Cruz:

“Pues a Dios, en toda su plenitud, le agradó vivir en Cristo, y por medio de él, Dios reconcilió consigo todas las cosas. Hizo la paz con todo lo que existe en el cielo y en la tierra, por medio de la sangre de Cristo en la cruz.
Eso los incluye a ustedes, que antes estaban lejos de Dios. Eran sus enemigos, separados de él por sus malos pensamientos y acciones; pero ahora él los reconcilió consigo mediante la muerte de Cristo en su cuerpo físico. Como resultado, los ha trasladado a su propia presencia, y ahora ustedes son santos, libres de culpa y pueden presentarse delante de él sin ninguna falta.” (Colosenses 1:19-22, NTV)
Es a partir de allí que podemos recibir el máximo consuelo que cualquier persona pueda llegar a esperar: el consuelo mismo de Dios el Espíritu Santo habitando nuestros corazones y recordándonos de nuestra esperanza firme en Dios.  Cuando tenemos plena consciencia de esto, podemos entonces salir con gallardía a hacer el llamado que hoy, más que nunca, nos corresponde hacer a un país dividido, lastimado, desesperanzado y desconsolado: ¡Reconcíliense con Dios!
Él murió por todos para que los que reciben la nueva vida de Cristo ya no vivan más para sí mismos. Más bien, vivirán para Cristo, quien murió y resucitó por ellos.
Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
Y todo esto es un regalo de Dios, quien nos trajo de vuelta a sí mismo por medio de Cristo. Y Dios nos ha dado la tarea de reconciliar a la gente con él. Pues Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomando más en cuenta el pecado de la gente. Y nos dio a nosotros este maravilloso mensaje de reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo; Dios hace su llamado por medio de nosotros. Hablamos en nombre de Cristo cuando les rogamos: «¡Vuelvan a Dios!». Pues Dios hizo que Cristo, quien nunca pecó, fuera la ofrenda por nuestro pecado, para que nosotros pudiéramos estar en una relación correcta con Dios por medio de Cristo.” (2 Corintios 5:15-21, NTV)
El problema político y legal que vivimos hoy puede y debe resolverse con el apego estricto a la ley, nuestra Constitución y el diálogo racional, sensato, cordial y humilde. Esa lucha no debemos abandonarla y debemos exigirla de nuestras autoridades y exigírnosla a nosotros mismos.
Sin embargo, no existe ley o Estado de Derecho que restaure nuestros corazones.  Las heridas profundas que la división causa en una sociedad, en una familia y en las personas no se sana más que con el bálsamo del Evangelio.  El arrepentimiento, la gracia, la misericordia, el amor, la humildad y la honesta búsqueda de la verdad nos podrán encaminar hacia la concordia y la armonía.  Atrevámonos a que en medio de la crisis que vivimos y las diferencias ideológicas que nos separan, podamos pedir perdón y podamos perdonar. Para que esto suceda, nuestra esperanza debe estar colocada únicamente en Jesús y a partir de allí, tener la plena certeza en fe, que podremos amar más y mejor al prójimo.
¡Ánimo!

Podemos Lamentar


praiseoflament-468x372Nadie nos prometió un camino fácil.  Eventos como la balacera en el Hospital Roosevelt perpetrada para liberar a un criminal y que costó la vida de 7 personas y puso en riesgo a incontables más, llena nuestros corazones de frustración, indignación, rabia e impotencia.  Son sentimientos propios, humanos y necesarios ante la impotencia de no encontrar soluciones de fondo y de alcance largo y ancho para los problemas que nos aquejan a diario.

El cristianismo evangélico que se respira en Guatemala, ha sido muy influido por las corrientes de la falsa teología de la prosperidad y por la corriente filosófica del “nuevo pensamiento“.   Adicional a esto, hemos caído en graves errores teológicos al abrazar como válidas las propuestas que –solapadas en historias bonitas– autores como Paul Young (“La Cabaña”) nos hacen acerca de la naturaleza y el carácter de Dios que nos alejan de la verdad bíblica, histórica y ortodoxa.

El resultado de toda esta influencia ha dejado a la iglesia evangélica sin respuestas al problema del mal y el sufrimiento.  Sin un marco de referencia sólido, profundo y consistente con la Escritura, es muy difícil traer consuelo, restauración y esperanza a situaciones que como lo que sucedió ayer en el Hospital Roosevelt no tienen -y quizás no necesitan porque sería peor saber por qué– una explicación satisfactoria.  El papel redentor del sufrimiento no hace sentido en un evangelicalismo sustentado sobre “El Lado Positivo del Fracaso” y “Su Mejor Vida Ahora“.

Adicional a esto, el contexto mediático en el que vivimos, constantemente bombardeados de la última información -verdadera y/o falsa- a través de las redes sociales y distintos medios digitales profesionales y amateurs, termina entumeciéndonos al mismo tiempo que llena nuestros corazones de enojo.  En su libro Compasión” -originalmente publicado en 1982-, Henri Nouwen, Donald McNeill y Douglas Morrison nos llaman a la reflexión:

“La pregunta es, será que estas altamente sofisticadas formas de comunicación y este aumento en la cantidad de información nos llevan a una solidaridad y compasión más profundas? Es muy cuestionable.

¿Podemos realmente una respuesta compasiva de los millones de individuos que leen los periódicos durante el desayuno, escuchan la radio camino al trabajo, y que ven televisión luego de regresar a casa cansados de su trabajo en oficinas o fábricas? Podemos razonablemente esperar compasión de los muchos individuos aislados que están siendo constantemente recordados en la privacidad de sus hogares o vehículos de lo vasto del sufrimiento humano?

Parece asumirse de manera general que es bueno que las personas sean expuestas al dolor y sufrimiento del mundo.

/…/

Podríamos preguntarnos, sin embargo, si la comunicación masiva dirigida a millones de personas que se experimentan a sí mismas como pequeñas, insignificantes e impotentes, realmente no hace más daño que bien.  Cuando no hay una comunidad que pueda mediar entre las necesidades mundiales y las respuestas individuales, la carga del mundo solo puede ser una carga trituradora.  Cuando los dolores del mundo son presentados a personas que ya están abrumadas por los problemas en su pequeño círculo de familia o amigos, ¿cómo podemos esperar una respuesta creativa? Lo que podemos esperar es lo opuesto a la compasión: entumecimiento y enojo.

La exposición masiva a la miseria humana nos lleva frecuentemente al entumecimiento psicológico.  Nuestras mentes no pueden tolerar el constante recordatorio de cosas que interfieren con lo que estamos haciendo en el momento. /…/ Si dejamos que el contenido completo de los noticieros entre hacia lo más profundo de nosotros, estaríamos tan abrumados por lo absurdo de la existencia que nos paralizaríamos.

/…/

La exposición a la miseria humana en una escala masiva puede llevarnos más allá del entumecimiento psicológico hacia la hostilidad.  Esto puede parecer extraño, pero cuando mientras más de cerca vemos la respuesta humana a información perturbadora, nos damos cuenta que la confrontación con el dolor humano tiende a generar enojo en lugar de preocupación por los que sufren, irritación en lugar de simpatía e incluso furia en lugar de compasión.  El sufrimiento humano, que nos llega de una manera y en una escala que hace casi imposible el poder identificarnos con él, evoca con frecuencia sentimientos negativos muy fuertes. /…/ Cuando ya no somos capaces de reconocer a quienes sufren como seres humanos, su dolor evoca en nosotros más disgusto y enojo que compasión.

/…/

La pregunta es, entonces, ¿cómo podemos ver el sufrimiento en el mundo y ser movidos a compasión de la manera en que Jesús fue movido cuando vio a la multitud sin qué comer (Mateo 14:14)? Esta pregunta se ha vuelto muy urgente en un tiempo donde vemos demasiado y somos movidos muy poco.

 

Gracias a Dios, en Su infinita sabiduría, bondad y misericordia, no se nos ha dejado solos ni vacíos.  En medio del error e incoherencia teológica y su praxis, podemos confiar en lo que Jesús nos prometió: El cielo y la tierra desaparecerán, pero mis palabras no desaparecerán jamás.” (Mateo 24:35, NTV)  Es en ese contexto que hoy, para nosotros los cristianos guatemaltecos, es importantísimo rescatar un cuerpo importante del texto bíblico y una práctica que se nos ha legado a través de la Palabra que necesitamos pero hemos olvidado: el lamento.

En Su Palabra, Dios nos dejó libros como Lamentaciones, y los profetas menores (Miqueas, Habacuc, Amós, Joel, Abdías, Nahúm, Sofonías, Hageo, Zacarías, Oseas y Malaquías) y los 14 Salmos de Imprecatorios y de Lamento (6, 32, 35, 38, 51, 69, 83, 88, 102, 109, 130, 137, 140 y 143) a través de los cuales podemos dar voz a nuestra indignación, frustración, tristeza, congoja y despesperanza de manera abierta, franca y sin rodeos delante de un Dios que escucha, que nos acompaña a tal punto de caminar con nosotros el valle de sombra de muerte (Salmo 23) y aún más allá de eso, hacerse uno de nosotros (Juan 1).

Esta es la esperanza…¡PODEMOS LAMENTARNOS CON LIBERTAD Y HONESTIDAD DELANTE DE DIOS! Es bueno, es sano, es NECESARIO.  El lamento delante de Dios es quizás la expresión más profunda y humilde de fe que, paradójicamente, nos permitirá ver con renovadas fuerzas y esperanza, el futuro.

En su libro “The Political Disciple“, el Dr. Vincent Bacote nos llama a la reflexión:

“…la frustración común acerca de la lentitud del cambio nos revela una verdad teológica importante: los ecos de la caída están alrededor nuestro y de manera rutinaria sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.  /…/ Y hemos de ser claros de que el pecado tiene implicaciones más allá de las personales; tiene manifestaciones estructurales que dejan el mal allí o lo reintroducen nuevamente a la vida pública.

/…/ debemos encarar la dura realidad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si llegamos a tener mucho poder), y que no podemos siempre discernir cuál es el mejor camino para una buena sociedad.”

/…/

“Propongo la práctica del lamento para encarar la frustraciones naturales a la práctica de la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del dolor en el corazón que el mundo nos causa.”

Reflexionemos sobre estos textos:

Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
“Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
¿Sabíamos que podíamos hablarle a Dios de esa forma? Y es justo en ese punto, cuando podemos encontrarnos con Dios de una forma que nunca antes habríamos podido imaginar:
“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
es tan amargo que no encuentro palabras.
Siempre tengo presente este terrible tiempo
mientras me lamento por mi pérdida.
No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
cuando recuerdo lo siguiente:
 
¡El fiel amor del Señor nunca se acaba!
Sus misericordias jamás terminan.
Grande es su fidelidad;
sus misericordias son nuevas cada mañana.
Me digo: «El Señor es mi herencia,
por lo tanto, ¡esperaré en él!».
 
El Señor es bueno con los que dependen de él,
con aquellos que lo buscan.
Por eso es bueno esperar en silencio
la salvación que proviene del Señor.
Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
al yugo de su disciplina:
 
que se queden solos en silencio
bajo las exigencias del Señor.
Que se postren rostro en tierra
pues quizá por fin haya esperanza.
Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
y que acepten los insultos de sus enemigos.
 
Pues el Señor no abandona
a nadie para siempre.
Aunque trae dolor, también muestra compasión
debido a la grandeza de su amor inagotable.
Pues él no se complace en herir a la gente
o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)
“Pero sigo orando a ti, Señor,
con la esperanza de que esta vez me muestres tu favor.
En tu amor inagotable, oh Dios,
responde a mi oración con tu salvación segura.
Rescátame del lodo,
¡no dejes que me hunda aún más!
Sálvame de aquellos que me odian
y sácame de estas aguas profundas.
No permitas que el torrente me cubra,
ni que las aguas profundas me traguen,
ni que el foso de la muerte me devore.
 
Contesta a mis oraciones, oh Señor,
pues tu amor inagotable es maravilloso;
cuida de mí,
pues tu misericordia es muy abundante.
No te escondas de tu siervo;
contéstame rápido, ¡porque estoy en graves dificultades!
Ven y rescátame,
líbrame de mis enemigos.” (Salmo 69:13-18, NTV)
Estoy consciente de que estas propuestas no satisfarán a muchos -sepan que cuando se cansen y el enojo y la frustración los quieran hacer desistir, siempre en la Palabra de Dios habrá agua viva nueva y fresca lista para ustedes-.  Hay decisiones concretas que deben tomarse y soluciones puntuales que debemos encontrar a los problemas que quedaron evidenciados.  Sin embargo, necesitamos urgentemente el tiempo de parar, lamentarnos, llorar y al contemplar a Aquel que sufrió hasta el extremo de la muerte por nosotros, podamos con renovadas fuerzas y esperanza, levantarnos mañana y dar un paso más hacia adelante…aunque cueste, aunque duela….porque valdrá la pena.

Lutero a la Teología de la Prosperidad


martinluteroEste año por todos es, o llegará a ser conocido al menos como una nota de prensa, que el 31 de octubre se marcarán 500 años desde que Martín Lutero clavó las 95 Tesis que marcarían el inicio de lo que hoy se conoce como la “Reforma Protestante” que dividió la iglesia occidental.  Para la causa protestante, este cisma y posterior reforma de la Iglesia, significó buscar asentar la vida, fe y práctica cristiana en 5 pilares íntimamente entrelazados entre sí:

  1. Sola Scriptura – solo la Escritura
  2. Sola fide – solo la fe
  3. Sola gratia – solo la gracia
  4. Solus Christus – solo Cristo
  5. Soli Deo gloria – solo a Dios la gloria

En el momento que Lutero clavó sus tesis, su intención original no fue partir la iglesia en dos, sino reformarla desde adentro, en concreto, reformar la mezquina práctica de la venta de indulgencias -certificados papales de perdón y remisión de pecados- que habían alcanzado un nivel insostenible bíblicamente por las implicaciones soteriológicas -relativas a la salvación de cada persona- que estas tenían.  La idea de las tesis era generar un robusto debate interno que condujera a enmendar el camino, pero por el milagro de la imprenta -y sin el conocimiento o aprobación de Lutero- las tesis se difundieron por toda Alemania y llegaron hasta la misma Roma.

Al ver la reacción negativa y visceral que generaron sus tesis, Lutero buscó aclarar más sus postulados y poder, a través del uso del idioma alemán, transmitir a sus lectores sus intenciones y razones de por qué cuestionaba esta práctica de venta y emisión de indulgencias, dado que no las encontraba en la Escritura.  Es por esta razón que en abril de 1518 publica su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia” con el que buscaba traer mayor claridad al debate y donde termina, de manera magistral, exponiendo el grave error de las indulgencias en contraposición con la doctrina bíblica de la gracia y la Cruz.

Cuando uno lee este tratado con ojos de cristiano evangélico viviendo en Guatemala en el año 2017, no puede dejar de hacerse el paralelo con lo que sin mayor dificultado podríamos hoy calificar como las “indulgencias modernas” del falso “evangelio” de la prosperidad.  En esencia, la relación transaccional entre los hombres y Dios que propone la teología de la prosperidad (salud/prosperidad/felicidad a cambio de ofrendas/diezmos/pactos) es muy similar a la que a inicios del siglo XVI planteaba la propuesta de las indulgencias.  Si caemos en cuenta de que el propósito de los fondos generados para las indulgencias que predicadores como el dominico Juan Tetzel vendían eran para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, no podemos dejar de ver la extraña coincidencia con los grandes proyectos para la construcción de templos y auditorios que usualmente van atados a las promesas de prosperidad que se ofrecen a cambio de las ofrendas/diezmos/pactos de las iglesias evangélicas modernas.

Lutero dijo sobre esto mucho en su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia”.  Reproduzco aquí algunos párrafos para que podamos reflexionar sobre las ideas de Lutero y lo que implican hoy para nosotros, 499 años después de su publicación:

“13. Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena. La cristiandad exige algunas cosas; también puede remitirlas y no imponer nada que resulte difícil e insoportable.
 
14. La indulgencia se ha autorizado en atención a los cristianos imperfectos y perezosos, que no quieren ejercitarse con valentía en las buenas obras, o a causa de los rebeldes. Como la indulgencia no anima a nadie a enmendarse, sino que más bien tolera y autoriza su imperfección, no se debe hablar en contra de la indulgencia, pero tampoco hay que aconsejársela a nadie.
 
15. Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de San Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios.
 
16. Es mucho más valiosa la limosna dada al indigente que la otorgada para este edificio; incluso es mucho mejor que la indulgencia conseguida a cambio. Porque, como ya se ha dicho, vale mucho más una obra buena cumplida que muchas menospreciadas. Con la indulgencia, o se prescinde de muchas obras buenas o no se consigue la remisión de nada. Fijaos bien en lo que os voy a decir para instruiros como es debido: antes de nada (y sin tener en cuenta al edificio de San Pedro y a la indulgencia), si quieres dar algo, tienes que dárselo al pobre. Si ocurre que en tu ciudad no hay nadie necesitado de socorro (lo que si Dios quiere nunca sucederá), entonces, si así lo deseas, podrás dar para iglesias, altares, ornamentos, cálices de tu ciudad. Si esto no fuere necesario al presente, y si te parece, podrás dar para la fábrica de San Pedro o para lo que sea. Pero ni en este caso deberás hacerlo para ganar la indulgencia, porque declara san Pablo: «Quien no cuida de los miembros de su familia no es cristiano, es peor que un pagano» . En fin, para expresar paladinamente mi pensamiento: quienquiera que te hable de otra manera te está induciendo al error o anda buscando tu alma dentro de tu bolsillo, y si en él encontrara peniques, los preferiría a todas las almas. Si dices que no volverás a comprar indulgencias, te respondo: «ya lo he dicho antes; mi voluntad, mi deseo, mi ruego constante y mi consejo es que nadie compre la indulgencia. Deja que los cristianos perezosos y amodorrados las compren; tú sigue tu camino».
 
17. La indulgencia no está recomendada ni aconsejada: entra dentro de las cosas autorizadas y permitidas. Por este motivo, no es una obra de obediencia, ni incluso meritoria, sino una evasión de la obediencia. Por lo tanto, aunque no se deba prohibir a nadie que las adquiera, se debería alejar de ellas a todos los cristianos y estimularlos a cambio a que se fortificasen precisamente por las obras y las penas que remite la indulgencia.”
Como mínimo, la reflexión sobre estos párrafos es obligatoria, no solo para entender el por qué de la Reforma que estamos celebrando este año, sino también para darnos cuenta de la necesidad continua que tenemos de revisar nuestros paradigmas y nuestras inclinaciones a cometer los mismos errores que pusieron a la iglesia en una posición muy débil en el siglo XVI y que obligaron a un fuerte cisma para buscar regresarla a su confianza plena en Cristo, la Cruz, el Evangelio y la Palabra de Dios.
Como bien lo afirmó Lutero en su tesis número 62:
“El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sacrosanto evangelio de la gloria y la gracia de Dios;”

De por qué a veces algunos elegimos cambiar de iglesia


country-churchHace poco tiempo el blog de Coalición por el Evangelio publicó un artículo titulado “5 razones por las que es tan doloroso para un pastor perder a un miembro de su iglesia”[1], originalmente publicado en inglés por Thom Rainer.

El artículo invita a los lectores a tratar de entender la parte humana de los pastores y cómo el perder personas tiene, aunque no siempre nos demos cuenta o los mismos pastores no admitan, un impacto personal y emocional que en algunos casos puede ser muy doloroso.  Las 5 razones que el artículo da son:

  1. Se siente como rechazo personal.
  2. Relaciones desarrolladas.
  3. Ha invertido mucho tiempo.
  4. Preocupación por el estado de ánimo general de la iglesia.
  5. Existe el temor de que otros lo sigan.

Es importante entender que este sitio y el contenido que de allí se genera está normalmente escrito por y para pastores o líderes de las iglesias.  Entender esto es crucial para poder reaccionar de una manera contextualizada al mismo y no adelantarse a conclusiones que puedan confundir o dañar.

Sin embargo, considero importante también que en temas como estos que tienen que ver con relaciones entre personas (pastor-miembros, ancianos-miembros, miembros-miembros), exista apertura en considerar también la contra parte.  Es importante entender no solo los efectos en la vida personal de un pastor cuando pierde a un miembro de la iglesia que lidera, sino también es importante entender la causas que llevaron a una persona o familia a cambiar iglesia, así como los efectos que genera un cambio de congregación.

También se debe reconocer que en el contexto consumista que vivimos y la gran cantidad de opciones para encontrar algún tipo de sosiego espiritual entre las personas, el fenómeno de saltar de iglesia en iglesia es un problema real que debe tratarse de manera frontal y honesta.  Aun así, considero que existen razones legítimas por las cuales algunas personas optamos, luego de años de membresía y servicio, hacer un cambio de congregación.

Voy a plantear las razones bajo el mismo esquema de las 5 razones dadas por Rainer:

  • Es una respuesta al rechazo personal: En un mundo que masifica a las personas y las reduce a categorías como la clase socioeconómica, la “generación” a la que pertenecen, o alguna otra generalización, la posibilidad de ser conocido personalmente y conocer personalmente al liderazgo de la iglesia o a otros miembros se ha ido reduciendo. Los modelos nuevos de “hacer iglesia” –multi-sitio, virtualización de los servicios de adoración, la deshumanización de los predicadores al elevarlos al status de celebridades, etc.- han afectado la capacidad de formar relaciones cercanas y de afecto.  Esto hace que algunas personas puedan llegar a sentirse rechazadas por una iglesia –y por extensión, su liderazgo- que pareciera no ser acogedora, humana y cercana.  La relación entre miembro-iglesia se convierte transaccional…bienes espirituales a cambio de diezmos y ofrendas.
  • No se desarrolló una relación: Esta razón se desprende de la primera. Al diseñar los cultos de adoración alrededor de un paradigma de consumo, la capacidad de las personas de conectar entre sí y con los distintos ministerios y líderes en la congregación, se ve reducida al modelo transaccional.  Aunque en el fondo, la gran mayoría de las personas va en busca de una comunidad en donde crecer y sentirse fortalecida, el paradigma bajo el cual se opera hoy dificulta eso.  Muchos auditorios son obscuros, existe poco tiempo y/o espacio para socializar, las familias son separadas los domingos –los niños y jóvenes se ven como obstáculos para los adultos y se les relega a un segundo plano- y las oportunidades para servirse unos a otros no siempre están abiertas a todos.  Esto sumado a una cultura consumista que valora lo instantáneo en lugar de los procesos y no da lugar a la paciencia, impacta en la posibilidad de entablar relaciones de largo plazo que fortalezcan los vínculos con la organización y su liderazgo.
  • No se invierte tiempo: El alto valor por lo instantáneo ha empujado a muchas iglesias hacia un modelo pragmático que ha cambiado la homiléctica por un estilo de conferencias motivacionales que entregan una lista de tips o recetas para alcanzar resultados inmediatos en el caminar espiritual. La lentitud y complejidad de los procesos humanos e individuales se rechaza y en ese rechazo, se pierden las posibilidades de generar genuina amistad, afecto y compromiso los unos con los otros.
  • Preocupación por el estado de ánimo de cada persona: Cuando la cultura nos masifica, la iglesia local tiene el potencial de convertirse en un bastión para recuperar la individualidad. La doctrina del Imago Dei nos invita a valorar a cada individuo con quien tenemos relación de manera profunda.  Los modelos actuales de iglesia no necesariamente conducen a eso.  Normalmente la respuesta de las iglesias a este clamor del as personas por ser conocidas y cuidadas de manera personal e individual es generar más y más programas y/o ministerios.  Se desconecta al pastor de la congregación colocando un sinnúmero de actividades, seminarios, programas y demás que parecieran simular una especie de fábrica en donde se mete a todas las personas a través de diversos procesos para convertirlos en los miembros ideales de cualquier iglesia hoy: los que no molestan y diezman regularmente.  El estado de ánimo individual pasa a segundo plano y eso genera problemas que pasan grandes facturas después cuando esos sentimientos embotellados explotan.
  • Existe el temor de que otros lo sigan: Este es quizás el peor estigma con el cual sale una persona que decide cambiarse de iglesia con su familia, especialmente si su perfil es relativamente alto. Se le tilda de problemático, divisor, rebelde y encima se le acusa de querer llevarse a otros.  No se debe negar que esto ha sucedido en algunas ocasiones cuando la causa raíz de salir de una iglesia es la sed de poder, pero estos casos son los menos.  La mayoría salen para buscar lo que no encontraron allí, ya sea en el contenido del mensaje o en el sentimiento de pertenencia y comunidad que buscaban.

El problema del cambio de iglesia y falta de compromiso es real, pero debe abordarse de manera integral.  Las iglesias se construyen como un trabajo en conjunto en familia, con gracia, sujeción mutua y la genuina búsqueda del bien común.  Cada persona verdaderamente vale y es infinitamente importante.  En la medida en que pastores y miembros entendamos esto, en esa medida lograremos construir no solo comunidad, sino incluso, institucionalidad en medio de una cultura cada vez más egoísta, aislada y solitaria.

[1] https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/5-razones-por-las-que-es-tan-doloroso-para-un-pastor-perder-a-un-miembro-de-su-iglesia