Al joven cristiano que aún no se compromete con una iglesia


449246_tumores-huesos-jovenesCreo haberte visto antes.

Visitaste mi iglesia una vez luego de haber visitado otras, y nunca más te volví a ver, y eso está bien, sin embargo, espero que ya hayas encontrado y te hayas conectado a una buena iglesia.

No, no voy a llenarte de culpa con todas las Escrituras que asumen que un seguidor de Cristo también estará conectado a Su cuerpo, la iglesia, a pesar de que esto es cierto.

Esto tampoco va a ser un discurso de por qué necesitas a la iglesia de manera práctica en tu vida, a pesar de que podría ser un largo y significativo discurso.

Solo quisiera pedirte que consideres tu participación actual en la iglesia -o la falta de ella- y como esta repercutirá no solo en el futuro de la iglesia, sino también en tú propio futuro.

Por qué no te has comprometido…

 Si tuviera qué adivinar por qué no te has comprometido con alguna iglesia, yo diría que es porque quizás no has encontrado el encaje correcto, o porque no has tenido el tiempo para hacer una búsqueda seria.

Podría haber otras razones.  Siempre está el miedo del “remordimiento del comprador”.  Quizás sea tu frustración personal.  Estás cansado de que las iglesias te traten como niño grande.  No aprecias los comentarios peyorativos que hacen de los jóvenes o los millenials desde el púlpito, y te rehúsas a seguir siendo usado como mano de obra voluntaria para cuidar niños o poner y quitar sillas.  Quizás también estás harto de la aparente falta de relevancia de la iglesia con el día a día de la vida y la sociedad.  Las preocupaciones sociales parecen ser ignoradas por las iglesias mientras que al mismo tiempo continúan empujando sus propias agendas.

Sé el cambio que quieres ver

Comprendo tus preocupaciones, realmente lo entiendo.

Sin embargo, debes saber que cuando menos lo sientas, tus años de “joven adulto” se terminarán. Tendrás una carrera.  Quizás te hayas casado e incluso seas padre de familia.  Y mientras estés intentando descifrar las complejidades de la vida, la iglesia local estará allí, esperándote a ti y a tu familia.

Si llegarás a aparecerte por la iglesia en algún domingo en el futuro, es posible que te encuentres muchos de los mismos problemas que alguna vez tuviste con la iglesia local.  Es posible que te sientas tentado a preguntarte, “¿Por qué es que la iglesia no ha cambiado desde que estaba en la universidad?”

Y si, a pesar de eso decides quedarte, alguien quizás te pida ayuda liderando alguna iniciativa en la iglesia, y te darás cuenta de que no tienes la menor idea de cómo hacerlo porque nunca antes lo habías intentado.

Y es que, la realidad es esta: el futuro de la iglesia será moldeado por lo que inviertas en ella hoy.  Tú propio futuro será moldeado según tu involucramiento con la iglesia hoy.

¿Y qué pasa si no asumes esta responsabilidad? ¿Qué pasa si nunca te comprometes con una iglesia? ¿Qué significa esto para el futuro de la iglesia y tu propio futuro?

Es hora de que te apropies

 Estoy convencido que llega un punto en cada generación en donde los hombres y mujeres jóvenes de Dios se levantan y dicen: “Esta es la iglesia de Dios -y, entonces, la haré mía, a pesar de sus imperfecciones.”

 Este es un momento crucial para apropiarte e invertirte en la iglesia.

Pero si hacemos caso omiso de esto, si fallamos en invertirnos a través del compromiso, la asistencia, la perseverancia, el servicio y demás, entonces cosecharemos el estado futuro de la iglesia a partir de la ausencia que hoy estamos sembrando.  Y no solo eso, también nos tocará explicarle a nuestros hijos por qué las iglesias son como son, y ellos se darán cuenta de que nos desentendimos cuando éramos jóvenes.

Esta es la razón por la cual decirle “Sí” a ser miembros de la iglesia. “Sí” a reconocer a las autoridades en la iglesia. “Sí” a la rendición de cuentas y “Sí” a la adoración corporativa, es importante – porque esas pequeñas inversiones hoy resultarán en grandes retornos mañana.

No digo que las iglesias están libres de culpa.  Conozco iglesias que pueden hacer un mucho mejor trabajo en escuchar y ser más relevantes, pero está en nosotros el no hundirnos a ser el denominador común más bajo.

Nuestra generación necesita levantarse.

Traducción mía del artículo titulado “To the Young Christian Who Hasn’t Committed to a Church” de Steven Bang Lee, disponible en inglés aquí.

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Celebrando a los Niños en la Iglesia


12814080_495958680611239_6305587556119809396_nLa iglesia Westminster Presbyterian Church en Charleston, South Carolina, tiene una muy linda iniciativa para realmente celebrar la presencia de niños de todas las edades durante sus servicios dominicales.

Traduzco a continuación la herramienta informativa que entregan a todos los asistentes los domingos:

A LOS PADRES DE NIÑOS PEQUEÑOS, QUISIERAMOS SUGERIRLES:

¡Relájense! Dios hizo inquietos a los niños; no sientan que tienen que andarlos callando en la casa de Dios. ¡Todos son bienvenidos!

Siéntense al frente en donde es más fácil para los pequeños ver y escuchar lo que está sucediendo.  Es muy cansado para ellos ver solo la parte de atrás de las cabezas de otras personas.

Explíquenles silenciosamente las distintas partes del servicios y lo que hace el pastor, los ujieres, el coro, etc.

Canten los himnos, oren y respondan a los llamados.  Los niños aprenden la liturgia por imitación.

Si necesitan salir del servicio con sus niños, siéntanse libres de hacerlo pero por favor regresen.  Como dijo Jesús, “Dejen que los niños vengan a mí.”

Recuerden que la manera en que recibimos a los niños en la iglesia afecta directamente como ellos responden a la Iglesia, a Dios y a otras personas.  Háganles saber pueden sentirse en casa en esta iglesia.

A LOS MIEMBROS DE NUESTRA IGLESIA

La presencia de niños es un regalo a la Iglesia y ellos nos recuerdan que nuestra congregación está creciendo.

Por favor, denle la bienvenida a nuestros niños y sonrían y exhorten a sus padres.

Vale la pena considerar estas recomendaciones para comenzar en nuestras iglesias a recibir y tratar de manera distinta a nuestros niños, dejando de verlos como obstáculos o interrupciones para los adultos al mandarlos a sus aulas, separándolos de sus familias en un espacio semanal en donde precisamente necesitamos unir más a las familias.

El Arrepentimiento y la Limpieza de la Casa


foto-principal(Traducción del artículo de Sam Guzmán titulado “Repentance and Cleaning House”, disponible en inglés aquí.)

Soy padre de tres hijos, todos menores de 4 años.  No deja de sorprenderme, aunque quizás ya no debería a estas alturas, lo rápido que las cosas se salen de control.  Una casa impecable que tomó muchísimo trabajo arreglar puede de manera casi instantánea ser destruida por niños pequeños con el menor esfuerzo.

El cereal cruje bajo mis pies mientras veo con asombro estupefacto la explosión de comida debajo de la silla de comer de nuestro bebé de un año.  Piezas del “Señor Cara de Papa” aparecen en la gaveta de mis calcetines.  Las camas recién tendidas se tornan en un torbellino de sábanas en un segundo.  Podría seguir y seguir contándoles….

Pareciera como si un huracán arrasara con nuestra casa a diario.  Vivimos la brutal y caótica realidad de la ley de entropía.

Aún así, mi esposa y yo anhelamos el orden y la nitidez.  Hemos intentado, sin éxito, de ignorarlo y soltarlo.  Quizás algún día lo logremos.  Sin embargo, por ahora, es imposible.  Cada día la casa termina prácticamente destruida y cada día iniciamos la inútil tarea de recoger, limpiar, aspirar, barrer, vaciar y organizar.  Es un proceso que nunca terminará -al menos mientras nuestros hijos vivan en casa.

Limpiando tu casa espiritual

Estamos entrando en la temporada de Cuaresma y en mis reflexiones, me he dado cuenta lo parecida que es nuestra lucha espiritual con el intentar mantener una casa ordenada.  Frecuentemente comparamos la vida espiritual con cosas heroicas como la guerra, lucha y con una carrera de resistencia, como una maratón.  Pero quizás el sacar la basura de la cocina sea una comparación más realista.

En cualquier caso, me he dado cuenta que, al igual que una casa limpia rápidamente entra en desorden y debe limpiarse constantemente, así también nuestras almas necesitan cuidado y mantenimiento constante.  Siempre debemos iniciar a ordenarlas de nuevo.

Debemos hacer esto porque hay una ley espiritual de entropía llamada “pecado”.  Estamos constantemente siendo alejados de Dios por nuestras pasiones pecaminosas.  Estas están siempre en guerra contra nosotros y, si las dejamos pasar solo así, estas complicarán nuestro viaje hacia el Creador.  Nuestra naturaleza pecaminosa -lo que la Escritura describe como “la carne” o el “hombre viejo”- funciona como la gravedad que nos previene de ascender al Padre.  El apóstol Pablo alguna vez describió el pecado como un “peso”, una metáfora bastante apta.

Dada nuestra quebrantada condición, no hay tal cosa como un patrón de espera en la vida espiritual.  El instante en que dejamos de avanzar, empezamos a perder terreno.  El momento en que relajamos la guardia, empezamos la retirada.  De este lado del Cielo, nunca estaremos realmente libres de esta realidad.

Iniciar de nuevo

Tenemos días en que nuestros hijos hacen un relajo tan grande que el limpiar parece una tarea sin esperanza alguna.  Mi esposa y yo nos vemos el uno al otro y no sabemos si reír o llorar.  Sin embargo, iniciamos de nuevo.

De la misma forma, en la vida espiritual hay momentos en que perdemos la esperanza.  Es como si toda nuestra lucha fuera en vano.  Somos tentados a rendirnos, tirar la toalla y tomar el camino más fácil.  Sin embargo, al final de ese camino solo encontraremos la muerte.

En esta vida, la santidad se encuentra en volver a empezar vez tras vez.  Se trata de un examen, conversión y regeneración de nuestro corazón constante.  La santidad se encuentra en el arrepentimiento, y el arrepentimiento va más allá de solo sentirnos culpables por haber pecado. Se trata, más bien, de regresar a Dios -mil veces al día si es necesario.

Si deseamos una casa limpia, nunca dejamos de limpiar.  Si deseamos un corazón limpio, no debemos desistir en la lucha de la conversión y el arrepentimiento.  Esta es la vida cristiana. Empezar otra vez.

Las 5 peores frases religiosas para alguien que está sufriendo


downloadTodos sufrimos. Todos. Y todos conocemos a alguien que está sufriendo o atravesando una situación difícil en cualquier área de su vida.  Nuestro instinto es ayudar y buscar aliviar algo del sufrimiento que nuestro familiar, amigo o ser querido está sintiendo.

Sin embargo, nuestra subcultura evangélica muchas veces termina lastimando más a las personas que buscamos ayudar cuando usamos frases que cuentan con poco sustento bíblico o con una robusta teología del sufrimiento, la redención y la esperanza cristiana.

En el artículo a continuación que traduje, Kate Bowler -bloggera, historiadora cristiana, catedrática universitaria, autora de varios libros y paciente de cáncer– nos llama a la reflexión con un poco de sarcasmo y humor negro, sobre esas frases que usamos con las mejores intenciones, pero que no siempre producen los mejores resultados.

El artículo original en inglés, titulado “Top 5 Worst Religious Clichés for People in Pain” , está disponible aquí.

La próxima vez que quieras sonreír de manera sarcástica, date una vuelta por la sección en el supermercado o tu tienda favorita donde vendan tarjetas de felicitación.  Pasa por alto las tarjetas gigantes con leyendas como “¡Tengo 18 con 32 años de experiencia!” y también las tarjetas en blanco que solo muestran en la portada algún lindo y paradisíaco paisaje y ve directo a la sección de tarjetas de “Simpatía Religiosa”.  Es aquí donde las trilladas frases de la industria de tarjetas de felicitación alcanzan profundidades inimaginables.  Desafortunadamente el efecto que estas tarjetas producen -a pesar de haber sido seleccionadas por personas religiosas con las mejores de las intenciones- es muchas veces totalmente opuesto a esas buenas intenciones.  Tómalo de mí, la “Experta Receptora de Tarjetas de Simpatía”.  Por favor, nunca permites que este tipo de frases le lleguen a tus amigos:

  1. “Dios necesitaba un ángel”

Normalmente escucho esta frase en el contexto del fallecimiento de un niño o niña.  Esta sea quizá la imagen más horrible: que Dios es cruel y caprichoso y quiere llevarse a tus hijos.  Primero que nada, los niños no tocan bien el harpa.  Segundo, Dios tiene miles de ángeles, millones. Tercero, técnicamente Dios crea a los ángeles desde cero, no los hace de aquellos que han fallecido.  Afirmar lo contrario es herejía, así que no lo digas.

2. “Dios está cerrando una puerta, pero está abriendo una ventana”

De acuerdo a Hallmark, pareciera ser que Dios está súper metido en esto…pero ¿qué es lo que esto realmente significa?  Por favor asegúrate de no comprar esta tarjeta para alguien que está recuperándose de un incendio en casa o de algún desastre natural.  Es muy probable que estas personas prefieran las puertas que ya tenían a las ventanas que Dios pueda proveerles.  Además, ¿sabes lo difícil que es sacar de tu casa a los pájaros que entran por las ventanas?  Me quedo con mis ventanas con cedazo, gracias. 

3. “Lo que no te mata, te fortalece”

Veamos, esto implica que el momento más fuerte en la vida de alguien es cuando están en su punto más débil.  Entiendo que el sentimiento detrás de esto es fortalecer y empoderar a las personas, pero debes tomar nota de que podría parecer que minimizas la lucha por la que alguien está pasando.  A nadie le gusta escuchar que algún día quizás logren ver los beneficios de la horrible realidad que hoy están viviendo.  Como una pequeña nota aparte, ten ESPECIAL cuidado de no usar esta frase con alguien que está literalmente enfrentando la muerte.

4. “Dios nunca nos da más de lo que podemos soportar”

A pesar de que es cierto que la fe de las personas puede crecer o cambiar durante períodos de dolor, muchas buenas personas se han enfrentado con lo difícil que es mantener la fe cuando todo lo que ven o sienten es el sufrimiento.  En lugar de hablarles sobre estos aspectos teológicos, ¿por qué no ser la fe que tu amigo o amiga necesita?  Ayúdale a llevar su carga en lugar de intentar fortalecerle desde lejos con la idea de que debe ser autosuficiente a la hora de enfrentar tiempos difíciles.

5. “Todo pasa por algo

Sin darte cuenta, estás metiendo a tu amigo o amiga en su propia crisis.  Le estás diciendo que sonría y se aguante, porque todas las cosas malas se las arreglan para convertirse en buenas.  Cosas terribles le pasan a personas buenas a diario.  Créeme, el pensar en que debes martirizarte hoy en busca de algún potencial y desconocido beneficio en el futuro, no hace que una mala situación hoy duela menos.  Únicamente sostén la mano de tu amigo o amiga, dile que le amas y que estas allí para servirle y apoyarle…y que la defenderás a capa y espada de cualquiera que le intente dar alguna tarjeta llena de brillantina que diga “Todo es parte del plan de Dios.”

La espera más allá de Navidad


(Traducción mía del artículo originalmente escrito por Betsy Childs Howard y publicado originalmente en inglés aquí.)

shutterstock_131296058-660x350La temporada de Adviento nos trae consigo los agradables rituales de la feliz espera.  Si abrimos una puertecita en un calendario de Adviento, podemos encontrar un chocolate.  Al encender una candela en la corona de Adviento, nos recordamos que estamos cada vez más cerca de Navidad.  El revisar las listas de regalos y el listado de compras para la cena de Nochebuena nos recuerda que nos acercamos a un momento maravilloso de dar, recibir y festejar.

La espera que viene con la temporada de Adviento es divertida porque es finita.  Sabemos que lo que nos espera al final de este tiempo será algo bueno y sabemos también exactamente cuántos días más necesitamos esperar.

Sin embargo, la mayoría de tiempos de espera en nuestras vidas son tiempos abiertos.  Esperamos el amor y el matrimonio sin saber si llegará.  Esperamos tener hijos sin saber si lograremos concebir.  Esperamos que se haga justicia.  Esperamos que venga la sanidad.

Lo más difícil de esperar no es tanto el saber cuándo terminará la espera, sino el saber si acaso llegará a terminar.  Si tus planes de vida no están fructificando, ¿debemos cambiar el curso o seguir esperando por el deseo de nuestro corazón?  Nuestros anhelos incumplidos, ¿serán indicadores de una pecaminosa falta de contentamiento o será que simplemente Dios no ha cumplido aún Sus bendiciones?

ANHELANDO EN NAVIDAD

Esta temporada de anticipación es una en donde nuestros anhelos adquieren un enfoque nuevo y más fuerte.  Quizás si estás soltero te preguntas si quizás el próximo año será finalmente el año en el que podrás ir al convivio de la empresa con tu pareja.  Quizás tienes familiares que se han alejado y cada año sueñas con que ese sea el año que los traiga de regreso a casa.

Yo personalmente pasé la Navidad pasada preguntándome si Dios nos daría a mi esposo y a mí un bebé.  No lo hizo, pero no puedo dejar de tener la esperanza que para esta época el próximo año, seremos una familia de tres.

Todas las películas navideñas nos aumentan la esperanza de ver una feliz reconciliación justo a tiempo para celebrar Navidad.  Quienes están solos encuentran una familia, y los perdidos encuentran su camino a casa. En el mundo real, sin embargo, la Navidad viene y se va sin llenar por completo los anhelos de nuestro corazón.

ANHELANDO POR MAS

Adviento es mucho más que esperar la llegada de Navidad.  La palabra Adviento significa “venida”.  Durante el Adviento no solamente recordamos que Jesús se encarnó y vino a nosotros; también preparamos nuestro corazón para Su segunda venida.  Cuando cantamos “Oh venid bendito Emanuel”, no estamos imaginándonos ser los israelitas orando antes de la llegada del Mesías.  No, estamos orando para que Emanuel regrese y arregle todo lo que está mal en este mundo.  Cuando cantamos “…el corazón ya tiene luz…” no estamos ensalzándonos a nosotros mismos, sino estamos recordando la oscuridad de la que fuimos rescatados y la que aún prevalece en los corazones que no conocen a Jesús.

En mi opinión, no existe mejor época para recordar el retorno de Cristo.  Justo cuando quisiéramos estar lo más felices posible y estamos, irónicamente, muy tristes, recordamos no solo que Jesús vino, sino que también nos prometió que regresará.  Esta vida no es la única oportunidad que tendremos para ser felices.  Esta vida es un breve preludio a la vida que vendrá en donde nuestros anhelos se verán más que saciados.  En la presencia de Jesús no echaremos de menos nada que no hayamos tenido en esta vida.

Si tu corazón se siente más pesado de lo que quisieras durante esta temporada de Adviento, cobra ánimo recordando que la felicidad de la Navidad no es la felicidad última que estás esperando.  La mejor Navidad –aquella en la que cada miembro de la familia se sienta a la mesa, habla cordialmente con todos y prefiere dar a recibir- es una pálida sombra del gozo que está aún por venir.  Que el dolor en tu corazón te apunte más allá de Navidad a la mejor celebración que nos espera.  Únete a las voces de los cristianos alrededor del mundo que juntos oran: “¡Oh ven bendito Emanuel!” 

La Trampa Moralista Evangélica


IMG_2661Como protestantes o quizás más como evangélicos, siempre hemos escuchado y afirmado que “no somos salvos por obras”, sino por gracia.  Esta afirmación es resultado del trabajo de los reformadores a través de la historia y es la que nos ayuda a comunicar el Evangelio a otros.  Sin embargo, aunque damos un sí intelectual a esta afirmación, en la práctica nuestra cultura evangélica no ha dejado de buscar la justificación a través de las obras y la perfección moral.

Una gran prueba de ello es la imagen que ilustra este artículo.  Hemos leído y escuchado esto en todas las iteraciones posibles y quizás alguien la usó para llamarnos la atención o nosotros la usamos para llamar la atención a alguien.  Nuestra cultura la usa también como parte de su ataque y expresión de desconfianza hacia los evangélicos.  Gracias a la exposición mediática de un tipo particular de evangelicalismo, hemos creado a nuestro alrededor un aura de ser santurrones hipócritas que solo se la pasan en la iglesia pero que no traducen su fe en hechos concretos al mundo.

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Algunas de las distorsiones moralistas del Evangelio.

Hemos mordido el anzuelo y caído en la trampa del moralismo.  El moralismo es una distorsión del Evangelio que nos atrae por la oferta de la gracia incondicional de Dios pero una vez “aceptamos”, se nos entrega una lista principalmente de prohibiciones y de obligaciones de lo que, de acuerdo a la iglesia donde vayamos, significa ser un “buen” cristiano.  El proceso que antes era de discipulado (la instrucción en la doctrina, la fe y el acompañamiento a través de los distintos procesos de vida que cada uno de nosotros atraviesa), ahora se convierte en uno donde se deben cumplir las normas comunitarias -muchas no prescritas en la Biblia y que reflejan las preferencias personales del liderazgo- que pasan a definir nuestra posición (y acceso a determinados “privilegios”) dentro de la comunidad.

Hemos tomado versículos como Santiago 2:14-25 y hemos exigido sólo las buenas obras, sin recordar la fe que debe anteceder esas obras y que debe ser correctamente formada, instruida y cultivada bajo la dirección del Espíritu Santo, dentro de la comunidad de la iglesia.  Recordemos que aún las buenas obras que podamos hacer son un regalo de la gracia de Dios:

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:8-10, NTV)

Hemos tomado las historias de la Biblia y hemos caído en el error de aislarlas en silos separados del hilo conductor del Evangelio y su culminación y cumplimiento completo en Jesús.  No olvidemos la exhortación del autor de Hebreos:

“El punto principal es el siguiente: tenemos un Sumo Sacerdote quien se sentó en el lugar de honor, a la derecha del trono del Dios majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar de adoración construido por el Señor y no por manos humanas.
Ya que es deber de todo sumo sacerdote presentar ofrendas y sacrificios, nuestro Sumo Sacerdote también tiene que presentar una ofrenda. 4Si estuviera aquí en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan las ofrendas que exige la ley. Ellos sirven dentro de un sistema de adoración que es solo una copia, una sombra del verdadero, que está en el cielo. Pues cuando Moisés estaba por construir el tabernáculo, Dios le advirtió lo siguiente: «Asegúrate de hacer todo según el modelo que te mostré aquí en la montaña»
Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores.
Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto.” (Hebreos 8:1-7, NTV)
Hemos visto las pulseras y la pregunta de “¿Qué haría Jesús?” (What would Jesus do?) -quizás sin haber leído el libro “En Sus Pasos” de Charles Sheldon-, y tomando el texto de 1 Pedro 2:18-25, reducimos a Jesús únicamente a ser nuestro “ejemplo a seguir”, sin caer en cuenta que para poder hacerlo, necesitamos primero que nos rescate, nos de nueva vida y nos resucite de la muerte espiritual gracias a Su sacrificio en la Cruz (Colosenses 3:1-17, NTV).  Cuando entendemos esto, la pregunta cambia.  Ya no buscamos especular tanto con ¿qué haría Jesús?, sino empezaríamos a enfocarnos en lo central y más importante: ¿Qué hizo Jesús?
El moralismo es la trampa que nos hace creer que es posible ser “más” o “menos” cristianos en función de nuestras acciones. Es un atentando en contra de nuestra fe y confianza en la suficiencia de la Cruz. Guardemos nuestro corazón de eso. Es la fe en Jesús y la suficiencia de Su obra la que nos libera para mejorar cada día, realizar buenas acciones y evitar el pecado, todo por Su gracia y en respuesta al gran amor y perdón recibido.
Que el Señor guíe nuestros corazones y nos ayude a levantar al caído, a restaurar al pecador y a que con nuestros hermanos y hermanas en Cristo caminemos lado al lado el camino de la vida confiados en que el Señor mismo camina con nosotros, nos sostiene por Su gracia, no nos deja y jamás nos desamparará.
No olvidemos Sus promesas:
“Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.” (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
“Y ahora, que toda la gloria sea para Dios, quien es poderoso para evitar que caigan, y para llevarlos sin mancha y con gran alegría a su gloriosa presenciaQue toda la gloria sea para él, quien es el único Dios, nuestro Salvador por medio de Jesucristo nuestro Señor. ¡Toda la gloria, la majestad, el poder y la autoridad le pertenecen a él desde antes de todos los tiempos, en el presente y por toda la eternidad! Amén.” (Judas 24-25, NTV)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 5 y final)


(Quinta y última parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí)

downloadComo lo resaltó el teólogo de la universidad de Princeton B.B. Warfield de manera tan elocuente, a través de la historia únicamente han existido dos religiones: el paganismo, de la cual el pelagianismo es una expresión, y la redención sobrenatural.

Junto con Warfield y aquellos quienes seriamente advirtieron a sus hermanos y hermanas de estos errores encontrados en Finney y sus sucesores, hemos de caer en cuenta con la salvaje heterodoxia dentro del protestantismo en Estados Unidos.  Con profundas raíces en el movimiento de avivamientos de Finney quizás el evangelicalismo y el protestantismo liberal no estén tan lejos uno del otro.  Sus “Nuevas Medidas” , así como el movimiento de Iglecrecimiento, colocaban al centro del ministerio eclesiástico las elecciones y emociones humanas, ridiculizaban la teología y reemplazaron la predicación acerca de Cristo por la predicación acerca de la conversión.

Las cruzadas sociales y políticas cristianas están fundamentadas sobre el moralismo naturalístico de Finney y sobre esa base colocan su fe en la humanidad y sus propios recursos para auto salvarse.  Con un lenguaje bastante deísta Finney declaraba, “No hay nada en la religión más allá de los poderes ordinarios de la naturaleza.  La religión consiste enteramente en el correcto ejercicio de los poderes de la naturaleza. Es únicamente esto y nada más.  Cuando la humanidad se hace verdaderamente religiosa, no se les factulta el poder realizar esfuerzos que antes les eran imposibles.  Únicamente realizan los esfuerzos que podían realizar antes pero de una manera diferente y ahora para la gloria de Dios.” Dado entonces que el nuevo nacimiento es un fenómeno natural para Finney, lo mismo se puede decir de los avivamientos: “Un avivamiento no es un milagro ni depende de uno en ningún sentido.  Es meramente un resultado filosófico del uso correcto de los medios constituidos, de la misma forma que cualquier otro efecto producido por la aplicación de los medios apropiados.”

Para Finney la creencia de que el nuevo nacimiento y el avivamiento dependen de la actividad divina es perniciosa: “Ninguna doctrina es más peligrosa que esta para la prosperidad de la Iglesia…y ninguna más absurda.” 

Cuando los líderes del movimiento de Iglecrecimiento afirman que la teología es un obstáculo para crecer e insisten que en realidad no es importante lo que una iglesia crea dado que el crecimiento es una función de la aplicación de los principios adecuados, están demostrando lo que han heredado de Finney.

Cuando los líderes del movimiento Vineyard reconocen manifestaciones como ladrar, rugir, gritar, reírse u otro tipo de fenómenos extraños sobre la base de que “funcionan” y que la verdad debe ser juzgada en base a su fruto, también están siguiendo a Finney así como al padre del pragmatismo estadounidense, William James, quien declaró que la verdad debe ser juzgada sobre la base de “su valor en la moneda de las experiencias vividas”.

Es así, entonces, que dentro de la teología de Finney, Dios no es soberano, el hombre no es pecador por naturaleza, la propiciación no es un verdadero pago por el pecado, la idea de ser justificados a través de la imputación es un insulto a la razón y la moral, el nuevo nacimiento es el resultado de la aplicación de técnicas probadas y un avivamiento es el resultado natural de una buena campaña.  En la introducción de la edición conmemorativa al 200 aniversario de la Teología Sistemática de Finney, Harry Conn aplaude el pragmatismo de Finney: “Muchos siervos de nuestro Señor deben buscar diligentemente un evangelio “qué funcione” y estoy muy feliz de afirmar que podrán encontrarlo en este libro.”

Tal como lo ha documentado cuidadosamente Whitney R. Cross , el territorio que Finney cubrió con sus avivamientos con mayor frecuencia fue también la cuna de muchas de las sectas perfeccionísticas que plagaron el siglo XIX.  Un evangelio “qué funciona” para perfeccionistas celosos en un momento, pronto se convertirá en desilusión para “súper santos” quemados y cansados.  Esto sin decir que el mensaje de Finney es radicalmente distinto a la fe evangélica, rasgo que comparten hoy la orientación de los movimientos que han sido marcados por su pensamiento: el movimiento de Iglecrecimiento, el perfeccionismo y emocionalismo pentecostal o el triunfalismo político sustentado en el ideal de un “Estados Unidos cristiano”, e incluso las tendencias anti-intelectuales y anti-doctrinales de muchos evangélicos y fundamentalistas en Estados Unidos.

Finney no solamente abandonó la doctrina de la justificación -convirtiéndolo un rebelde en contra de la fe evangélica-, él también repudió doctrinas como el pecado original y la propiciación sustitutiva, doctrinas que han sido abrazadas tanto por católicos romanos como por protestantes.  Por consiguiente, Finney no solamente es un arminiano, sino un pelagiano.  Él no es solamente un enemigo del protestantismo, sino de todo el cristianismo histórico en el más amplio sentido de la palabra.

En algo podemos estar de acuerdo con Finney: el Evangelio sostenido por los reformadores a quienes él atacaba directamente, Evangelio que es sostenido por todos los evangélicos, es “otro evangelio” totalmente distinto al proclamado por Finney.  La pregunta para nosotros hoy es: ¿de qué lado estaremos?

 

 

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 4)


(Cuarta parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” por Michael Horton, disponible completo en inglés aquí.)

Distorsionando la Doctrina Cardinal de la Justificación

Charles_g_finney.jpgLos reformadores insistían, sobre la base de textos bíblicos claros, que la justificación (que en griego significa “declarar justo” y no “hacer justo”) era un veredicto forense (o sea, legal).  En otras palabras, a pesar de que la iglesia de Roma sostenía que la justificación era el proceso a través del cual una mala persona iba mejorando, los reformadores argumentaban que esta era una declaración o pronunciamiento que se basaba en la justicia de alguien más (o sea, la de Cristo).  La visión reformada de la justificación es, por ende, un veredicto válido una vez y para siempre.

Esta declaración debe ser pronunciada al inicio de la vida cristiana, no en medio y tampoco al final.  Las palabras claves de la doctrina evangélica son “forense” (legal) e “imputación” (el acreditar a nuestra cuenta, en lugar de la idea de la “infusión” de justicia en nuestra alma).  A pesar de que él conocía todo esto, Finney declara: “Pensar que los pecadores pueden ser declarados justos de manera forense es imposible y absurdo…Como veremos, hay muchas condiciones, aunque una sola base, para la justificación de los pecadores…Como ha sido dicho antes, no puede haber justificación en un sentido legal o forense, sino sobre la base de una obediencia universal, perfecta y continua de la ley.   Esto es, por supuesto, negado por aquellos que sostienen una justificación evangélica, o la justificación de pecadores penitentes, que es de naturaleza forense o judicial. Ellos sostienen la máxima de que lo que un hombre hace por otro, lo hace él mismo, y entonces consideran la obediencia de Cristo como nuestra, sobre la base de que Él obedeció por nosotros.”

A esto, Finney responde: “La doctrina de la justicia imputada, o de que la obediencia a la ley de Cristo nos fue acreditada como propia, está fundada en los más falsos supuestos carentes de todo sentido.”  Después de todo, la justicia de Cristo “no puede hacer más que justificarle a Él mismo.  No puede jamás ser imputada a nosotros…es naturalmente imposible para Él obedecer en nuestro lugar.” Esta “representación de la propiciación como la base para la justificación del pecador ha sido una triste piedra de tropiezo para muchos.”

La visión de que la fe es la única condición para la justificación es para Finney, la visión del antinomianismo“Veremos que la perseverancia en la obediencia hasta el final de la vida es también una condición de la justificación.  Algunos teólogos han hecho de la justificación una condición de la santificación, en lugar de hacer la santificación una condición de la justificación.  Pero veremos que esta es una manera equivocada de ver el tema.”

(Continuará….)

El Perturbador Legado de Charles Finney (parte 3)


(Tercera parte de mi traducción del artículo “The Disturbing Legacy of Charles Finney” de Michael Horton disponible aquí en inglés completo.)

¿Cuál era la teología de Charles Finney?

978987557115Sin ir más allá del índice de su Teología Sistemática es evidente que toda la teología de Finney giraba alrededor de la moralidad humana.  Los capítulos 1 al 5 tratan acerca del la ley moral, el gobierno moral, el fundamento de la obligación moral, y la unidad de la acción moral; los capítulos 6 y 7 tratan acerca de la obediencia completa y la obediencia a la ley moral, mientras que los capítulos 8 al 14 tratan con los atributos del amor, con el egoísmo y otras virtudes y vicios en general.  Hasta el capítulo 21, acerca de la propiciación, es que empezamos a ver algo particularmente cristiano.  Hay un capítulo acerca de la justificación, seguido por seis acerca de la santificación.  En otras palabras, Finney realmente no escribió una teología sistemática sino una colección de ensayos sobre ética.

Esto no significa, sin embargo, que Finney no presente algunas afirmaciones significativas acerca de teología.

Para empezar, en respuesta a la pregunta, “¿Deja un cristiano de ser cristiano cada vez que comete un pecado?”, Finney responde:

“Cada vez que peca, debe, para mientras, dejar de ser santo.  Esto es auto evidente.  Cada vez que peca, debe ser condenado; debe incurrir el castigo de la ley de Dios…Si se dice que el precepto es aún vinculante a él, pero que en al respecto del cristiano, el castigo está por siembre hecho a un lado, o abrogado, yo respondo que el abrogar el castigo es rechazar el precepto dado que un precepto sin castigo deja de ser ley.  Se convierte únicamente en consejo.  El cristiano, por ende, no está justificado hasta que obedezca, y debe ser condenado cuando el desobedezca o el antinomianismo será cierto…en este respecto, entonces, el cristiano que peca y el pecador no convertido están precisamente en el mismo lugar.” 

Finney creía que Dios demanda la perfección absoluta pero en lugar de que eso le llevara a buscar su rectitud perfecta en Cristo, el concluyó que “…la obediencia perfecta en el presente es una condición para la justificación.  Pero luego, a la pregunta, ¿puede un hombre ser justificado mientras el pecado permanezca en él? Ciertamente no podrá serlo ni por principios legales ni por los principios del evangelio, a menos que la ley sea repelida…Pero, ¿podrá ser perdonado y aceptado y justificad -en el sentido evangélico- mientras el pecado en cualquier dimensión, permanezca en él? Definitivamente no.”

Finney declara acerca de la fórmula reformada simul iustus et peccator (“al mismo tiempo justo y pecador”) lo siguiente: “Este error ha matado más almas, temo, que todo el universalismo que jamás haya maldecido al mundo.”  Esto es porque “Cada vez que un cristiano peca, cae bajo condenación, y debe arrepentirse y hacer sus primeras obras, o perderse.” 

La doctrina de la justificación de Finney descansa sobre la negación de la doctrina del pecado original.  Esta doctrina, sostenida tanto por Católicos Romanos como por Protestates, insiste que todos hemos nacido heredando la culpa y corrupción de Adán.  Estamos, entonces, esclavizados a una naturaleza pecadora.  Como se dice popularmente, “Pecamos porque somos pecadores”“: nuestra condición de pecado determina las acciones pecaminosas, no funciona al revés.  Sin embargo Finney seguía a Pelagio, el hereje del siglo V , quien fue condenado por más concilios eclesiásticos que cualquier otra persona en la historia dada su negación de esta doctrina.

Finney creía que los seres humanos eran capaces de elegir si querían ser corruptos por naturaleza o redimidos a la vez que se refería al pecado original como un “dogma no bíblico y que carece de todo sentido”.  En términos muy claros, Finney negaba la noción de que los seres humanos poseen una naturaleza pecaminosa.  Por ende, si Adán nos guía al pecado, no es porque heredamos su culpa o corrupción, sino porque seguimos su mal ejemplo y por ende, aprendemos a ver a Cristo -el Segundo Adán- como alguien que nos salva a través del ejemplo.  Esta es justo la trayectoria que sigue Finney a la hora de explicar la propiciación.

De acuerdo a Finney, lo primero que hemos de notar acerca de la propiciación es que Cristo no podría haber muerto por los pecados de nadie más que los propios.  Su obediencia a la ley y su justifica perfecta eran suficientes para salvarlo, pero legalmente esta justicia y obediencia no podían ser imputadas a favor de otros.  Aquí es donde es evidente la pasión por la mejoría moral que mueve toda la teología de Finney: “Si Él [Cristo] hubiese obedecido la Ley como nuestro sustituto, ¿por qué entonces nuestro propio retorno a la obediencia personal habría de ser considerada una condición sine qua non para nuestra salvación?” En otras palabras, ¿por qué insistiría Dios en que hemos de salvarnos nosotros mismos a través de nuestra obediencia si la obra de Cristo fue suficiente?  El lector debe traer a la memoria las palabras de San Pablo al respecto de esto: “Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.” (Gálatas 2:21, NTV)  Parecería ser que la respuesta de Finney es una de asentimiento, sin embargo, Finney marca la diferencia al no tener problema ninguno con creer ambas premisas.

Ahora, hemos de reconocer que Finney sí creía que Cristo murió por algo -no por alguien, sino por algo.  En otras palabras, Él murió por un propósito, pero no por las personas.  El propósito de esa muerte era reafirmar el gobierno moral de Dios y llevarnos a la vida eterna a través de Su ejemplo, de la misma forma en que el ejemplo de Adán nos llevó a pecar.  ¿Por qué murió Cristo?   Dios sabía que “la propiciación le presentaría a las criaturas las más altas motivaciones para a virtud.  El ejemplo es la influencia moral más alta que puede ejercerse…Si la benevolencia mostrada en la propiciación no subyuga el egoísmo de los pecadores, estos no tendrán esperanza.”  Es así, entonces, que nos convertimos no en los pecadores inútiles que necesitan ser redimidos, sino en los pecadores descarriados que necesitan una demostración de entrega tan conmovedora que nos movería a dejar de ser egoístas.  Y no es que Finney solamente creyera que la teoría de “influencia moral” en la propiciación era la principal manera de entender la Cruz; el explícitamente negó la propiciación sustitutiva que “asume que la propciación fue un pago literal de una deuda, que hemos visto ya que no es consistente con la naturaleza de la propiciación…Es cierto decir que la propiciación, en sí misma, no asegura la salvación de nadie.”

Esto deja pendiente la manera en que se aplica la redención. Al sacudirse de encima la ortodoxia reformada, Finney argumentaba agresivamente en contra de que el nuevo nacimiento es un regalo divino, insistiendo que “la regeneración consiste en el pecador cambiar su elección, intención y preferencia final; o en cambiar del egoísmo al amor y benevolencia”, movido por la influencia moral de del conmovedor ejemplo de Cristo.  “El pecado original, la regeneración física y todas las demás doctrinas de ese orden y sus resultantes dogmas son todas subversivas en contra del Evangelio y repulsivas a la inteligencia humana.”

Teniendo nada que ver con el pecado original, la propiciación sustitutiva, y el carácter sobrenatural del nuevo nacimiento, Finney procede a atacar “el artículo por medio del cual la Iglesia se sostiene o se cae” , la justificación únicamente por la gracia (Sola Gratia), únicamente a través de la fe (Sola Fide).

Continuará….

Gratitud = Paz


feliz-accion-de-gracias-agradecimiento.jpg¡Feliz Día de Acción de Gracias!  Este ha sido mi día favorito del año desde que tengo memoria.  A pesar de no haber nacido en Estados Unidos, por circunstancias de experiencias de vida familiar y personal, siempre hemos observado este día con mi familia desde que tengo memoria.

Ayer en el servicio de Thanksgiving en mi iglesia (Union Church of Guatemala), mi hija leyó el siguiente pasaje:

“Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto.
No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. (Filipenses 4:4-7, NTV)
En contexto, Pablo le escribe a sus amigos en Filipos para que colaboren juntos en resolver algunas disputas personales dentro de la iglesia y a partir de allí construyan una cultura de vida sustentada en el gozo y la gratitud y en la esperanza certera del regreso de Jesús.
El fruto de esa nueva forma de vivir traerá de vuelta la verdadera paz que tanto anhelamos.  La gratitud en nosotros hacia Dios produce en nosotros cambios internos que re-orientan nuestra forma de ver la vida:
  1. Nos recuerda nuestro lugar en el universo y que no somos el centro del mismo.  Nos hace humildes.
  2. Eleva nuestra mirada al cielo y la coloca en Dios.  Reconoce que todo, todo, todo lo que somos, hacemos y tenemos (y lo que no también) son parte del plan misericordioso, amoroso y providencial de Dios diseñado para nuestra santificación y nuestro gozo.
  3. El fruto de la humildad y de colocar la mirada en Quien tiene todo bajo Su buen gobierno, control y soberanía nos producirá paz.  Pero no una paz como simple ausencia de conflicto.  La paz que viene de Dios es la que trae la certeza de la fe, la certeza de que estando todo bajo Su control, eventualmente todo será para bien.

Por esto es que el apóstol Pedro nos recordaba:

“Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.
¡Estén alerta! Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como un león rugiente, buscando a quién devorar. Manténganse firmes contra él y sean fuertes en su fe. Recuerden que su familia de creyentes en todo el mundo también está pasando por el mismo sufrimiento.
En su bondad, Dios los llamó a ustedes a que participen de su gloria eterna por medio de Cristo Jesús. Entonces, después de que hayan sufrido un poco de tiempo, él los restaurará, los sostendrá, los fortalecerá y los afirmará sobre un fundamento sólido¡A él sea todo el poder para siempre! Amén.” (1 Pedro 5:6-11, NTV)
Cuando leo estas Escrituras solo puedo agradecer a Dios por Su misericordia.  Ciertamente Él ha sido bueno conmigo y con mi familia.  Estos Salmos son los que más motivos de gratitud me dan hoy:
El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados. (Salmo 25:8, NTV)
¡Te damos gracias, oh Dios!
Te damos gracias porque estás cerca;
por todas partes, la gente habla de tus hechos maravillosos. (Salmo 75:1, NTV)
La redención no se consigue tan fácilmente, pues nadie podrá jamás pagar lo suficiente como para vivir para siempre y nunca ver la tumba. Pero en mi caso, Dios redimirá mi vida; me arrebatará del poder de la tumba. (Salmo 49:8-9 y 15, NTV)
Que este Día de Acción de Gracias, sea como cada quién lo observe -o no- sea un día en que con corazón humilde doblemos rodilla en gratitud a Dios por Su gran salvación, por Su gran amor, misericordia y paciencia.  Que esa gratitud nos llene de esperanza en la vida eterna que Dios tiene para nosotros y aguardemos con anticipación el regreso de Jesús.  Con nuestros corazones llenos de esta esperanza centrada en el Evangelio, confiemos en que Dios traerá a nuestras vidas la paz que tanto necesitamos y anhelamos.