Lutero a la Teología de la Prosperidad


martinluteroEste año por todos es, o llegará a ser conocido al menos como una nota de prensa, que el 31 de octubre se marcarán 500 años desde que Martín Lutero clavó las 95 Tesis que marcarían el inicio de lo que hoy se conoce como la “Reforma Protestante” que dividió la iglesia occidental.  Para la causa protestante, este cisma y posterior reforma de la Iglesia, significó buscar asentar la vida, fe y práctica cristiana en 5 pilares íntimamente entrelazados entre sí:

  1. Sola Scriptura – solo la Escritura
  2. Sola fide – solo la fe
  3. Sola gratia – solo la gracia
  4. Solus Christus – solo Cristo
  5. Soli Deo gloria – solo a Dios la gloria

En el momento que Lutero clavó sus tesis, su intención original no fue partir la iglesia en dos, sino reformarla desde adentro, en concreto, reformar la mezquina práctica de la venta de indulgencias -certificados papales de perdón y remisión de pecados- que habían alcanzado un nivel insostenible bíblicamente por las implicaciones soteriológicas -relativas a la salvación de cada persona- que estas tenían.  La idea de las tesis era generar un robusto debate interno que condujera a enmendar el camino, pero por el milagro de la imprenta -y sin el conocimiento o aprobación de Lutero- las tesis se difundieron por toda Alemania y llegaron hasta la misma Roma.

Al ver la reacción negativa y visceral que generaron sus tesis, Lutero buscó aclarar más sus postulados y poder, a través del uso del idioma alemán, transmitir a sus lectores sus intenciones y razones de por qué cuestionaba esta práctica de venta y emisión de indulgencias, dado que no las encontraba en la Escritura.  Es por esta razón que en abril de 1518 publica su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia” con el que buscaba traer mayor claridad al debate y donde termina, de manera magistral, exponiendo el grave error de las indulgencias en contraposición con la doctrina bíblica de la gracia y la Cruz.

Cuando uno lee este tratado con ojos de cristiano evangélico viviendo en Guatemala en el año 2017, no puede dejar de hacerse el paralelo con lo que sin mayor dificultado podríamos hoy calificar como las “indulgencias modernas” del falso “evangelio” de la prosperidad.  En esencia, la relación transaccional entre los hombres y Dios que propone la teología de la prosperidad (salud/prosperidad/felicidad a cambio de ofrendas/diezmos/pactos) es muy similar a la que a inicios del siglo XVI planteaba la propuesta de las indulgencias.  Si caemos en cuenta de que el propósito de los fondos generados para las indulgencias que predicadores como el dominico Juan Tetzel vendían eran para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, no podemos dejar de ver la extraña coincidencia con los grandes proyectos para la construcción de templos y auditorios que usualmente van atados a las promesas de prosperidad que se ofrecen a cambio de las ofrendas/diezmos/pactos de las iglesias evangélicas modernas.

Lutero dijo sobre esto mucho en su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia”.  Reproduzco aquí algunos párrafos para que podamos reflexionar sobre las ideas de Lutero y lo que implican hoy para nosotros, 499 años después de su publicación:

“13. Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena. La cristiandad exige algunas cosas; también puede remitirlas y no imponer nada que resulte difícil e insoportable.
 
14. La indulgencia se ha autorizado en atención a los cristianos imperfectos y perezosos, que no quieren ejercitarse con valentía en las buenas obras, o a causa de los rebeldes. Como la indulgencia no anima a nadie a enmendarse, sino que más bien tolera y autoriza su imperfección, no se debe hablar en contra de la indulgencia, pero tampoco hay que aconsejársela a nadie.
 
15. Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de San Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios.
 
16. Es mucho más valiosa la limosna dada al indigente que la otorgada para este edificio; incluso es mucho mejor que la indulgencia conseguida a cambio. Porque, como ya se ha dicho, vale mucho más una obra buena cumplida que muchas menospreciadas. Con la indulgencia, o se prescinde de muchas obras buenas o no se consigue la remisión de nada. Fijaos bien en lo que os voy a decir para instruiros como es debido: antes de nada (y sin tener en cuenta al edificio de San Pedro y a la indulgencia), si quieres dar algo, tienes que dárselo al pobre. Si ocurre que en tu ciudad no hay nadie necesitado de socorro (lo que si Dios quiere nunca sucederá), entonces, si así lo deseas, podrás dar para iglesias, altares, ornamentos, cálices de tu ciudad. Si esto no fuere necesario al presente, y si te parece, podrás dar para la fábrica de San Pedro o para lo que sea. Pero ni en este caso deberás hacerlo para ganar la indulgencia, porque declara san Pablo: «Quien no cuida de los miembros de su familia no es cristiano, es peor que un pagano» . En fin, para expresar paladinamente mi pensamiento: quienquiera que te hable de otra manera te está induciendo al error o anda buscando tu alma dentro de tu bolsillo, y si en él encontrara peniques, los preferiría a todas las almas. Si dices que no volverás a comprar indulgencias, te respondo: «ya lo he dicho antes; mi voluntad, mi deseo, mi ruego constante y mi consejo es que nadie compre la indulgencia. Deja que los cristianos perezosos y amodorrados las compren; tú sigue tu camino».
 
17. La indulgencia no está recomendada ni aconsejada: entra dentro de las cosas autorizadas y permitidas. Por este motivo, no es una obra de obediencia, ni incluso meritoria, sino una evasión de la obediencia. Por lo tanto, aunque no se deba prohibir a nadie que las adquiera, se debería alejar de ellas a todos los cristianos y estimularlos a cambio a que se fortificasen precisamente por las obras y las penas que remite la indulgencia.”
Como mínimo, la reflexión sobre estos párrafos es obligatoria, no solo para entender el por qué de la Reforma que estamos celebrando este año, sino también para darnos cuenta de la necesidad continua que tenemos de revisar nuestros paradigmas y nuestras inclinaciones a cometer los mismos errores que pusieron a la iglesia en una posición muy débil en el siglo XVI y que obligaron a un fuerte cisma para buscar regresarla a su confianza plena en Cristo, la Cruz, el Evangelio y la Palabra de Dios.
Como bien lo afirmó Lutero en su tesis número 62:
“El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sacrosanto evangelio de la gloria y la gracia de Dios;”

María Chula, Orwell, Hayek y la Libertad que está en Riesgo


“La intención era formar un lenguaje, sobre todo el que versaba sobre materias no neutrales ideológicamente, tan independiente como fuera posible de la conciencia.” (George Orwell, “1984”)

newspeak_2.jpgEstamos enfrentando en Guatemala una crisis sin precedentes.  La reciente polémica desatada por las acciones de CODISRA contra la empresa María Chula, al obligarla a ofrecer una disculpa pública por la marca a través de la cual venden ropa para mujeres inspirada en los diseños “típicos” -entendiendo por típico, los diseños tradicionales de ropa utilizados principalmente por personas, hombres y mujeres, de ascendencia maya-. A pesar de que la denuncia penal que presentó CODISRA quedó desestimada luego de la acción conciliatoria con María Chula y la empresa no está obligada a cambiar el nombre o dejar de operar, queda sentado un precedente peligroso para el futuro en Guatemala que atenta contra varias libertades fundamentales de los ciudadanos.

Lo primero que preocupa que que CODISRA, la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo de los Pueblos Indígenas en Guatemala, sea precisamente eso, una entidad que actúa bajo autoridad presidencial y por ende, difícilmente sea sujeta las mismas exigencias y cuestionamientos que realizan en contra de sus acusados.  Por el otro lado, es importante que de ahora en adelante no nos refiramos a la institución con su nombre abreviado, porque al usar el nombre de esa manera, nos cuesta realmente pensar en qué realmente es esta institución y los riesgos que esta puede presentar dada la autoridad con la que está investida.  George Orwell, en su utopía negativa titulada  “1984” nos explica claramente el por qué el uso de las abreviaturas es ventajoso para quienes ostentan el poder y peligroso para quienes no piensan más allá del nombre corto o simplificado de las instituciones o ideas:

“La finalidad no era sólo ganar tiempo.  Incluso en las primeras décadas del siglo veinte, las palabras y frases abreviadas habían sido uno de los rasgos característicos del lenguaje político y era notorio que la tendencia a usar abreviaturas de este tipo era más marcada en países y organizaciones totalitarias.  Ejemplos de ello son palabras tales como Nazi, Gestapo, Comintern, Inprecorr y Agitrop.  Al principio esta práctica se había adoptado instintivamente, pero en neolengua se utilizaba con un propósito consciente.  Habían observado que abreviando un nombre se estrechaba y alteraba sutilmente su significado, perdiendo la mayoría de asociaciones de ideas que de otra manera habría mantenido. 

/…/

“Esta era la razón del hábito de abreviar siempre que fuera posible, así como también el casi exagerado cuidado que dedicaban a facilitar la pronunciación de las palabras.  En neolengua, la obsesión de la eufonía pesaba más que cualquier otra consideración, salvo la exactitud del significado.  Si era necesario, siempre se sacrificaba la regularidad de la gramática en aras de la eufonía.  Y con razón, ya que lo que se requería, sobre todo por razones políticas, eran palabras cortas y de significado inequívoco que pudieran pronunciarse rápidamente y que despertaran el mínimo de sugerencias en la mente del parlante.”

Piensen solamente en lo fácil que es decir LGBT y lo pesado que es decir “Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales”.  Es lo mismo, pero no es igual.  De la misma forma, en la abreviatura “CODISRA” vemos escondida la palabra “presidencial” y vemos una definición de la palabra “indígena” implícita en el nombre y propósitos de la organización que debe preocuparnos.

En principio, el hecho de que la comisión sea “presidencial”, asume que quien comisiona, o sea, el presidente de la república, debe tener algo que decir al respecto de esta situación y a la fecha, no se pronuncia.  Por el otro lado, la comisión busca defender a los “indígenas”.  ¿Qué significa esto?

El matiz de la organización es la defensa específicamente de las personas de ascendencia maya, garífuna y/o xinca.  Sin embargo, ¿es esta la definición de la palabra “indígena”? Veamos cómo define la palabra “indígena” el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua:

indígena

Del lat. indigĕna.

1. adj. Originario del país de que se trata

Bajo esta definición -la oficialmente adoptada y aceptada por todos los países de habla hispana- “indígenas” de Guatemala somos todas las personas –independiente de etnia- que hayamos nacido en el país.  De esa cuenta, el mandato presidencial de la Comisión Presidencial contra la Discriminación y Racismo contra los Pueblos Indígenas en Guatemala debe atender a todos, incluyendo a los ladinos y a todos aquellos no-mayas, no-garífunas y/o no-xincas a quienes se les agrupa bajo la designación -tipificable de “discriminatoria” bajo los estándares que este precedente busca establecer- de “CANCHES”.

Adicional a esto, existe un problema filosófico con hablar de “pueblos indígenas”.  En realidad, no existe tal cosa. Existen “personas indígenas”, por lo que cada caso de discriminación es, por definición, individual y debe tratarse como tal.  Hablar en nombre de los “pueblos indígenas” es asumir mucho de lo que cada persona piensa y siente, y por ende se anula su identidad individual al colectivizarlos y despersonalizarlos.

En este respecto, Hayek nos ayuda mucho con su libro “La Fatal Arrogancia”  cuando traba en el capítulo 7 el espinoso tema de “Nuestro Envenenado Lenguaje”.

“Ahora bien, aplicar un mismo apelativo a realidades tan dispares como el compañerismo de individuos en constante contacto personal y la estructura formada por millones de personas conectadas entre sí tan sólo por las señales emitidas por una larga e infinitamente ramificada cadena de relaciones mercantiles no sólo constitute un error de apreciación, sino que, lo que es más grave, implica también una mera argucia orientada a disimular el intento de moldear el orden extenso según los cánones establecidos por ese instintivo compañerismo que tan grato nos resulta.  Bertrand de Juvenel ha descrito así esa instintiva nostalgia por el grupo de reducida dimensión: <<Se trata del primer ambiente que hemos encontrado en nuestras vidas y que, por tal razón, sigue pareciéndonos atractivo en extremo; pero todo intento de introducir en una sociedad moderna cualquier concreto aspecto del mismo es utópico y conduce a la tiranía.>>”

La demanda interpuesta -y ya desestimada- por CODISRA es entonces peligrosa por ser colectivista y cae entonces en el error de contradecirse a sí misma porque acusa a María Chula de lo mismo, de anular la identidad individual de las mujeres mayas al aducir que a todas se les trata de manera discriminatoria con el uso de “María Chula” en el curso de las relaciones diarias -extremo que debe evidenciarse con pruebas concretas.

Por el otro lado, existe un peligro cuando en materia legal y de acusaciones tan fuertes y de impacto penal como las de racismo y discriminación, se procede a pre-juzgar intenciones que escapan lo que la evidencia concreta muestra.  No se demostró de manera fehaciente y con evidencias objetivas que la empresa en cuestión tuviese intenciones de discriminación y/o racismo, sino se asumió la intención para presentar de esa manera la denuncia ante el Ministerio Público.  Eso es muy peligroso.

Aquí es donde la libertad de expresión y la de conciencia entran a peligrar.  Si se nos juzgará por nuestras intenciones por este tipo de organizaciones que trabajan bajo mandato presidencial, no es descabellado pensar en una eventual persecución a todas aquellas personas que piensen diferente del “regimen”.  Incluso, la libertad de religión entraría en juego porque podrían considerarse discriminatorias palabras como “pecado”, “pagano”, “falso”, entre otras que dentro de la esfera de la actividad privada -y por privada no me refiero a estrictamente “individual”- de las comunidades de fe.

Adicional a esto, es evidente también el atentado a la libertad de empresa y de comercio.  Desde hace tiempo, se ha buscado limitar la libertad de empresa en relación a la comercialización de las telas con motivos mayas y sobre todo, limitar los procesos de valor agregado que empresas como María Chula y muchas otras en Guatemala están realizando.  Por el otro lado, al atacar a estas empresas, no se revisa también las acciones legalmente cuestionables de utilizar -usando técnicas antiguas de tejido o de elaboración de artesanías y piñatas- personajes de otras culturas sin las licencias respectivas, lo que pareciera indicar una doble moral en la aplicación de criterios.

Es un tema sumamente complejo y hemos estar conscientes de las consecuencias a largo plazo de cada decisión que se tome en casos como estos.  Los precedentes que se sientan son importantes y tienen repercusión para cada persona en nuestra sociedad.

¿Existe discriminación en Guatemala? ¡Sí! ¿Existen acciones de corte racista en contra de personas de distintas etnias? ¡Sí! No podemos negar este problema y debemos atacarlo de manera decisiva, firme y frontal.  No hay soluciones fáciles y en todos los caminos, el diálogo humilde y considerado para todos es esencial. Sin embargo, hemos de hacerlo bajo criterios claros de justicia, con el uso de la razón y midiendo siempre el impacto a largo plazo de cada acción procurando siempre que nunca se menoscabe la dignidad de cada persona y sus derechos fundamentales de vida, libertad y propiedad.

De por qué a veces algunos elegimos cambiar de iglesia


country-churchHace poco tiempo el blog de Coalición por el Evangelio publicó un artículo titulado “5 razones por las que es tan doloroso para un pastor perder a un miembro de su iglesia”[1], originalmente publicado en inglés por Thom Rainer.

El artículo invita a los lectores a tratar de entender la parte humana de los pastores y cómo el perder personas tiene, aunque no siempre nos demos cuenta o los mismos pastores no admitan, un impacto personal y emocional que en algunos casos puede ser muy doloroso.  Las 5 razones que el artículo da son:

  1. Se siente como rechazo personal.
  2. Relaciones desarrolladas.
  3. Ha invertido mucho tiempo.
  4. Preocupación por el estado de ánimo general de la iglesia.
  5. Existe el temor de que otros lo sigan.

Es importante entender que este sitio y el contenido que de allí se genera está normalmente escrito por y para pastores o líderes de las iglesias.  Entender esto es crucial para poder reaccionar de una manera contextualizada al mismo y no adelantarse a conclusiones que puedan confundir o dañar.

Sin embargo, considero importante también que en temas como estos que tienen que ver con relaciones entre personas (pastor-miembros, ancianos-miembros, miembros-miembros), exista apertura en considerar también la contra parte.  Es importante entender no solo los efectos en la vida personal de un pastor cuando pierde a un miembro de la iglesia que lidera, sino también es importante entender la causas que llevaron a una persona o familia a cambiar iglesia, así como los efectos que genera un cambio de congregación.

También se debe reconocer que en el contexto consumista que vivimos y la gran cantidad de opciones para encontrar algún tipo de sosiego espiritual entre las personas, el fenómeno de saltar de iglesia en iglesia es un problema real que debe tratarse de manera frontal y honesta.  Aun así, considero que existen razones legítimas por las cuales algunas personas optamos, luego de años de membresía y servicio, hacer un cambio de congregación.

Voy a plantear las razones bajo el mismo esquema de las 5 razones dadas por Rainer:

  • Es una respuesta al rechazo personal: En un mundo que masifica a las personas y las reduce a categorías como la clase socioeconómica, la “generación” a la que pertenecen, o alguna otra generalización, la posibilidad de ser conocido personalmente y conocer personalmente al liderazgo de la iglesia o a otros miembros se ha ido reduciendo. Los modelos nuevos de “hacer iglesia” –multi-sitio, virtualización de los servicios de adoración, la deshumanización de los predicadores al elevarlos al status de celebridades, etc.- han afectado la capacidad de formar relaciones cercanas y de afecto.  Esto hace que algunas personas puedan llegar a sentirse rechazadas por una iglesia –y por extensión, su liderazgo- que pareciera no ser acogedora, humana y cercana.  La relación entre miembro-iglesia se convierte transaccional…bienes espirituales a cambio de diezmos y ofrendas.
  • No se desarrolló una relación: Esta razón se desprende de la primera. Al diseñar los cultos de adoración alrededor de un paradigma de consumo, la capacidad de las personas de conectar entre sí y con los distintos ministerios y líderes en la congregación, se ve reducida al modelo transaccional.  Aunque en el fondo, la gran mayoría de las personas va en busca de una comunidad en donde crecer y sentirse fortalecida, el paradigma bajo el cual se opera hoy dificulta eso.  Muchos auditorios son obscuros, existe poco tiempo y/o espacio para socializar, las familias son separadas los domingos –los niños y jóvenes se ven como obstáculos para los adultos y se les relega a un segundo plano- y las oportunidades para servirse unos a otros no siempre están abiertas a todos.  Esto sumado a una cultura consumista que valora lo instantáneo en lugar de los procesos y no da lugar a la paciencia, impacta en la posibilidad de entablar relaciones de largo plazo que fortalezcan los vínculos con la organización y su liderazgo.
  • No se invierte tiempo: El alto valor por lo instantáneo ha empujado a muchas iglesias hacia un modelo pragmático que ha cambiado la homiléctica por un estilo de conferencias motivacionales que entregan una lista de tips o recetas para alcanzar resultados inmediatos en el caminar espiritual. La lentitud y complejidad de los procesos humanos e individuales se rechaza y en ese rechazo, se pierden las posibilidades de generar genuina amistad, afecto y compromiso los unos con los otros.
  • Preocupación por el estado de ánimo de cada persona: Cuando la cultura nos masifica, la iglesia local tiene el potencial de convertirse en un bastión para recuperar la individualidad. La doctrina del Imago Dei nos invita a valorar a cada individuo con quien tenemos relación de manera profunda.  Los modelos actuales de iglesia no necesariamente conducen a eso.  Normalmente la respuesta de las iglesias a este clamor del as personas por ser conocidas y cuidadas de manera personal e individual es generar más y más programas y/o ministerios.  Se desconecta al pastor de la congregación colocando un sinnúmero de actividades, seminarios, programas y demás que parecieran simular una especie de fábrica en donde se mete a todas las personas a través de diversos procesos para convertirlos en los miembros ideales de cualquier iglesia hoy: los que no molestan y diezman regularmente.  El estado de ánimo individual pasa a segundo plano y eso genera problemas que pasan grandes facturas después cuando esos sentimientos embotellados explotan.
  • Existe el temor de que otros lo sigan: Este es quizás el peor estigma con el cual sale una persona que decide cambiarse de iglesia con su familia, especialmente si su perfil es relativamente alto. Se le tilda de problemático, divisor, rebelde y encima se le acusa de querer llevarse a otros.  No se debe negar que esto ha sucedido en algunas ocasiones cuando la causa raíz de salir de una iglesia es la sed de poder, pero estos casos son los menos.  La mayoría salen para buscar lo que no encontraron allí, ya sea en el contenido del mensaje o en el sentimiento de pertenencia y comunidad que buscaban.

El problema del cambio de iglesia y falta de compromiso es real, pero debe abordarse de manera integral.  Las iglesias se construyen como un trabajo en conjunto en familia, con gracia, sujeción mutua y la genuina búsqueda del bien común.  Cada persona verdaderamente vale y es infinitamente importante.  En la medida en que pastores y miembros entendamos esto, en esa medida lograremos construir no solo comunidad, sino incluso, institucionalidad en medio de una cultura cada vez más egoísta, aislada y solitaria.

[1] https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/5-razones-por-las-que-es-tan-doloroso-para-un-pastor-perder-a-un-miembro-de-su-iglesia

El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!

La Iglesia y los Políticos


lightstock_240487_medium_tgc(Este artículo lo escribí originalmente para Revista Actitud, y está disponible aquí)

La coyuntura actual de Guatemala, especialmente después del famoso abril de 2015, ha sacado a la luz varios casos de relativo alto perfil en donde se ve lo complejo y desafiante que es para las iglesias administrar su relación con miembros de la congregación que ocupan cargos públicos, especialmente cargos de alto perfil y/o visibilidad.

Existe la tentación, natural en todo ser humano y organización conformada por seres humanos, de dejarnos seducir por el poder, especialmente el poder político o que genera “influencia” sobre otros.  En sociedades presidencialistas o casi estatistas como la nuestra, se idolatra casi todo lo que tiene que ver con el gobierno.  No es de extrañarnos entonces que esto genere problemas en mantener relaciones sanas con miembros de la iglesia que luego de una elección y casi de la noche a la mañana, pasan de ser “simples mortales” a líderes poderosos e influyentes.

La tentación de incorporar a estas personas al “círculo íntimo” del pastor, cederles espacio en el púlpito e incluso, participar en la toma de decisiones que impactan a todos los miembros de la congregación, es sumamente fuerte.  También existe la fuerte tentación de usar la influencia y/o “autoridad espiritual” sobre estos miembros para obtener privilegios, favores o concesiones especiales para “avanzar el ministerio”.

Ante estas tentaciones, ¿cómo debe una iglesia y su equipo de liderazgo proceder a manejar la relación con miembros que ahora ostentan importantes cargos públicos?

El camino es a través de la sana doctrina, la prudencia y el sentido común:

  1. El Evangelio bíblico comienza por recordarnos la soberanía de Dios sobre todas las cosas, la historia, las circunstancias y las personas. Partir desde la soberanía de Dios coloca toda otra esfera de poder –político, económico, eclesiástico, etc- en subordinación a la autoridad de Dios.  Esto nivela la cancha para todos los creyentes.
  2. Adicional a eso, el Evangelio nos recuerda que todos somos pecadores y que ante las tentaciones del poder, todos estamos sujetos a ceder. Esto debe movernos hacia la humildad y hacia la constante búsqueda de Dios y Su gracia y misericordia para ser guardados de la tentación y para recibir perdón y ser restaurados cuando pecamos.  Ni la posición política ni el privilegio de servir a la Iglesia desde un púlpito nos hace más santos.  Todos necesitamos la gracia de Dios en Jesús.
  3. En la Escritura también vemos la clara distinción que se hace en los roles y funciones de la Iglesia y el poder civil. Estamos llamados al respeto de ambas esferas, a la cooperación y a la concordia, pero nunca a cooptar ninguna esfera con la otra.
  4. Estamos también llamados a reconocer, dignificar y valorar el llamado y vocación que algunas personas dentro de nuestras congregaciones tienen al servicio público. El trabajo gubernamental es necesario y cumple funciones importantes que Dios permite sean usadas para el beneficio de miles e incluso millones de personas.  No debemos ni sobre-dimensionar su importancia, ni verlo siempre con desdén o sospecha.  Nuestros hermanos y hermanas en el servicio público necesitan nuestras oraciones, amistad y apoyo.

Una relación sana, humilde y sobre todo, bíblica con cada miembro de la iglesia es la mejor prevención contra las tentaciones del abuso de poder, de la idolatría y de entrar en conflictos de interés que arriesguen la reputación de una iglesia, sus líderes y sobre todo, que traigan afrenta al nombre del Señor.  No es fácil, pero es necesario.  Nuestras iglesias no pueden ni deben ser co-optadas por intereses políticos para avanzar agendas particulares aprovechándose de la influencia que tienen los pastores y líderes sobre las personas.  Las iglesias tampoco deben ni pueden buscar privilegios especiales de sus miembros en cargos públicos para obtener cualquier tipo de ventaja, privilegio, permiso de construcción, etc., a través del tráfico de influencias que, como ya sabemos todos ahora, es un grave delito.

En gran medida, el rescate de la credibilidad de la Iglesia y sobre todo, la posibilidad de servir, discipular y ministrar bien a los miembros de las congregaciones que han sido colocados por Dios en esas posiciones, depende mucho de las decisiones intencionales que tomemos para definir la manera de administrar estas relaciones para la gloria de Dios y el gozo y beneficio de las personas y sus familias.

Nuestros políticos necesitan a Jesús, necesitan el Evangelio y necesitan iglesias donde congregarse en paz con sus familias.  Nuestras iglesias deben prepararse para ello y servirles bien a ellos y a cada persona que asiste.

Iglesia y Transparencia


transparencia(Este artículo originalmente lo escribí para Revista Actitud y está disponible aquí.)

Uno de los temas más importantes que como guatemaltecos exigimos de nuestras instituciones es la transparencia.  La crisis que ha afectado a nuestro gobierno ha tenido como causa raíz la falta de claridad en la gestión de los recursos públicos que provienen de los impuestos que la gran mayoría de nosotros paga.

La falta de transparencia provee el caldo de cultivo perfecto para la malversación de fondos, el enriquecimiento ilícito y la conformación de alianzas obscuras que lejos de beneficiar al país o a las personas más necesitadas, benefician únicamente a los actores principales de estas transacciones…tanto en el sector público como el privado.

La iglesia evangélica en Guatemala no es ajena a este flagelo.  Al menos dos casos de notoriedad mediática en los que se ha señalado a personas influyentes en círculos evangélicos, tienen que ver con temas de transparencia en la gestión organizacional y financiera de sus organizaciones específicas.  Sin embargo, estos temas son el resultado de prácticas poco transparentes –aunque quizás no sean malintencionadas- en la manera en que instituciones como las iglesias evangélicas se organizan en Guatemala tanto frente al Estado como entidades legales, como a lo interno como organizaciones de trabajo.

La falta de transparencia en cómo se organiza y gobierna una iglesia por dentro y la poca formalidad en general de las iglesias en Guatemala en su inscripción legal ante el Ministerio de Gobernación, la SAT y otras instituciones, presentan oportunidades para la corrupción.  El utilizar la organización e influencia eclesial para montar negocios paralelos de cualquier índole o valerse de la posición de liderazgo e influencia para obtener privilegios ante las autoridades públicas es un problema real que debe encararse y del que cada uno de nosotros como miembros de distintas iglesias locales debe estar atento y esperar y exigir del liderazgo algo distinto, algo mejor.

Más que criticar, quisiera proponer algunos caminos de acción concretos que toda iglesia puede tomar para convertirse en modelos de transparencia en un contexto y cultura dónde esta idea es casi foránea o en el mejor de los casos, un inalcanzable sueño.  Sin embargo, como cristianos estamos llamados a “andar en la luz como Él está en la luz…” y como resultado, “tendremos comunión los unos con los otros…” (1 Juan 1:5-10).  ¿Cuáles son las propuestas?

  1. Constituirse legalmente: La legislación guatemalteca exige que cada iglesia se registre legalmente en el Ministerio de Gobernación. Este es el primero y más importante paso para operar de manera transparente y legal.
  2. Replantear el modelo interno de gobernanza: Hasta ahora, la mayoría de iglesias se gobiernan bajo un estilo episcopal que gira alrededor de un gran líder o personalidad. La sugerencia es moverse a un modelo de gobernanza presbiteriano, o sea, a que cada iglesia constituya un consejo de ancianos de acuerdo a los requerimientos bíblicos del Nuevo Testamento y que el mismo pastor que encabeza la iglesia se sujete a la autoridad de este cuerpo colegiado y de esa manera, haya mayor y mejor rendición de cuentas.
  3. Transparentar la gestión financiera: Sugiero transparentar la gestión financiera en el manejo de diezmos y ofrendas a través de garantizar la trazabilidad de cada centavo que se reciba. El no aceptar ofrendas en efectivo (a menos que se identifiquen en un sobre con datos del ofrendante), dádivas en especie sin que se haga el cambio de propietario a nombre de la iglesia, y transparentar los presupuestos de ingresos y gastos al consejo de ancianos y a los miembros de la congregación, ayudará a generar confianza y evitará muchos problemas y tentaciones.  Importante también en este proceso es transparentar el lenguaje: a la hora de hacer eventos, es importante cobrar la entrada en lugar de colocar un monto de “ofrenda”.  La ofrenda, por definición es voluntaria.  Un monto para ingresar a un evento es un precio.  Sabemos que se coloca como “ofrenda” por asuntos fiscales, pero termina siendo poco transparente.  Una ofrenda debe tener un propósito específico y además, debe extenderse un recibo contable deducible del ISR.  Si se cobra un precio, se debe extender factura.  Actuar de esta manera nos hará más transparentes y facilitará la rendición de cuentas en todo sentido.
  4. Enfocarse en ser y hacer iglesia: Toda iglesia tiene un mandato de parte de Dios claramente explicado en la Biblia. Las tareas fundamentales de lo que hace y constituye una iglesia se han dejado de lado en la búsqueda de atraer más personas y lamentablemente más recursos económicos a través de la predicación de un evangelio que lo menos que tiene son “buenas noticias”….el falso evangelio de la prosperidad.  Ante tal situación, el llamado es que las iglesias se reformen según la Palabra de Dios y constantemente revisen sus acciones a la luz de la Palabra y se enfoquen en lo que Dios los ha llamado a hacer:
    1. Reunir a los creyentes para adorar a Dios y enviarlos en misión hacia sus vocaciones en la sociedad.
    2. Instruir y discipular a los creyentes a través de la exposición y enseñanza de la Palabra de Dios.
    3. Administrar de manera fiel y consistente los sacramentos del bautismo en agua y la cena del Señor.
    4. Volcarse por amor a Dios y al prójimo, y en respuesta al Evangelio, a servir a la comunidad inmediata en donde han sido plantadas.

Hay esperanza para la Iglesia.  Dios jamás nos abandonará y siempre nos sostendrá por Su Gracia.  Es hora de asumir nuevos compromisos a favor de una Iglesia enfocada en el Evangelio, que verdaderamente ama a las personas, y que huye de las tentaciones de las riquezas, el poder y la influencia.

El Castillo de Cartas del Relativismo Moral


1242570310El día de hoy, Carol Zardetto publicó en El Periódico una columna titulada “El miedo a la sexualidad”.  El propósito de su columna es hacer una crítica en contra de quienes sostienen valores tradicionales acerca de la familia y el matrimonio.  Apela a argumentos falaces como que la institución de la familia y el matrimonio “tradicional” existen para sostener una especie de maquiavélico esquema de dominación masculina en la sociedad, perpetrado por élites ricas y conservadoras.  A continuación cito:

“Cuando el poder hegemónico se apropia de un terreno tan resbaloso como la intimidad del deseo no puede sino originar trastorno, dolor, represión e… hipocresía. El poder hegemónico está construido sobre la base de la heterosexualidad, los “sólidos” valores de la “familia normal” fundada en un matrimonio monógamo y que subsiste hasta que la muerte los separe. Este “establecimiento” provee seguridad para la sociedad, el aseguramiento de las herencias y la consolidación de los capitales. Los vientres de las mujeres fecundados por hombres que están en dominio de la situación es un icono inconmovible.”

No reconoce como “naturales” y mucho menos “anteriores al Estado” las instituciones que han sostenido por tantos siglos a las sociedades: el matrimonio y la familia.  Argumenta una construcción artificial y no la realidad de que desde el punto de vista sociológico, podríamos considerar al matrimonio y a la familia como “órdenes espontáneos” y desde un punto de vista teológico y moral, como instituciones diseñadas por Dios para reflejar Su naturaleza, carácter y amor por la persona humana en todas sus dimensiones.

Friedrich Hayek en su libro “La Fatal Arrogancia” nos recuerda el papel fundamental que estas instituciones, incluyendo a la religión misma, han jugado y juegan en la construcción de sociedades verdaderamente libres:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte a la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a algunas de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla.” (Génesis 1:28)  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de una divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo procesos de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.

En todo caso, la visión religiosa según la cual la moral está determinada por procesos que nos resultan incomprensibles es mucho más acertada (aunque no exactamente en el sentido pretendido) que la ilusión racionalista según la cual el hombre, sirviéndose de su inteligencia, inventó la moral que le permitió alcanzar unos resultados que jamás habría podido prever. Si reflexionamos sobre esta realidad, podemos comprender y apreciar mejor a aquellos clérigos que, en cierta medida escépticos respecto a la validez de algunas de sus doctrinas, persisten no obstante en enseñarlas ante el temor que el abandono de la fe conduzca a una degeneración de la conducta moral.  No les falta razón, y hasta el agnóstico tendrá que admitir que debemos nuestros esquemas morales, así como la tradición que no solo ha generado la civilización, sino que ha hecho posible nuestra supervivencia, a la fidelidad a tales requerimientos, por más infundados científicamente que puedan parecernos.”

Pero quizás lo más preocupante de la columna de Carol Zardetto es el apelo que hace al relativismo moral como eje central de la nueva manera que debe dirigir la conducta y toma de decisiones individuales y sociales.  Cito:

“Ni la Iglesia, ni la sociedad, ni el Estado (la roca edípica, según Deleuze) pueden definir los valores del intercambio sexual. Esta ética tiene que ser construida de manera íntima e individual por cada ser humano a través de la experiencia del cuerpo. Ya lo decía Baruck Spinoza “…nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Es solamente la experiencia la que nos enseña a establecer los límites de nuestra sexualidad como parte de la amplia interacción que tenemos con el mundo.

Es por eso que la homofobia, la transfobia, la violencia en contra de la mujer, son expresiones de una idea equivocada: ni el Estado, ni la Iglesia, ni la sociedad tienen injerencia sobre la íntima decisión de dos cuerpos que copulan. Y esa sensación de desmoronamiento de los valores que sufren los conservadores ante la diversidad sexual es producto de la errada noción de que existen “verdades” únicas y universales. Vivimos en la era de la subjetividad donde ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad. La subjetividad tiene sus riesgos, porque implica una libertad de decisión. Pero eludir el reto de asumir la libertad de escogencia solamente nos mantendrá en un estado de infantilismo perverso.”

article-0-12fbe16e000005dc-573_470x717La Sra. Zardetto cae en la trampa de presentar como verdad absoluta su visión de relativismo moral del mundo.  Al afirmar que “ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad”, ella está presentando esto como si fuese, en sí mismo, una verdad absoluta. Es una falacia lógica y no podemos aceptarla.  La vieja fábula de India sobre los ciegos y el elefante, se cae sola ante la más elemental prueba lógica.  Además, someternos al imperio del relativismo moral es someternos a la tiranía de aquellos que, ostentando más fuerza y poder, busquen someter a los demás a sus arranques subjetivos de definir lo que para ellos en ese momento, en ese lugar y bajo esas circunstancias, es “bueno”.  Eso se llama ESCLAVITUD.

La libertad que anhela la Sra. Zardetto solamente se puede encontrar a través de la búsqueda honesta de la verdad y el apego a ella.  Cualquiera de nosotros puede hacer sonar un piano, pero solamente quien se dedica a estudiar las reglas para tocar piano y se somete a ellas, puede verdaderamente tocar piano y hacer linda música a través de él.  Solamente esa persona, que cede su libertad de hacer lo que quiera, y se somete a las reglas de la música, termina siendo verdaderamente libre para interpretar el instrumento.  No en balde Jesús dijo:

Jesús le dijo a la gente que creyó en él:
—Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” (Juan 8:31-21, NTV)
Busquemos la verdad y no nos dejemos engañar por la seductora trampa del castillo de cartas del relativismo moral.

Libertad de Consciencia en Riesgo


ac9c8def-d89d-1347-b15a-abe3776df9cfEl pasado jueves 27 de abril, el diputado del partido VIVA Aníbal Rojas, con el respaldo de la Coordinadora Evangélica Nacional presentó el “Proyecto de Iniciativa de Ley para la Protección de la Vida y la Familia”.  Los objetivos principales de esta propuesta son (ver aquí las notas de El Periódico y Prensa Libre):

  1. Prohibir expresamente el matrimonio entre personas del mismo sexo en Guatemala.
  2. Prohibir expresamente y penalizar el aborto (a excepción del “terapéutico” una vez este haya sido avalado por dos médicos).
  3. Prohibir a establecimientos educativos el educar a niños de acuerdo a la ideología de género que normaliza las distintas expresiones de género que una persona desee adoptar según se identifique, independientemente de su género biológico.

La respuesta no se hizo esperar.  Pocos días después, el pasado 4 de mayo, la diputada Sandra Morán del partido Convergencia presentó una propuesta que busca, de acuerdo al reportaje que escribió Nómada el mismo 4 de mayo, 4 cosas:

  1. Endurecer las penas por crímenes de odio
  2. Prevenir el acoso escolar por orientación sexual
  3. Reconocer la unión civil entre personas del mismo sexo
  4. Reconocer la identidad y derechos de las personas trans

No debemos olvidar tampoco que fue la misma diputada Morán quien propuso una iniciativa de ley para ampliar los casos en los que el aborto sea legal en Guatemala, además de que ejerce un fuerte activismo en pro agenda “progresista” en el país.

Si bien es muy difícil que alguna de estas iniciativas pase a discusión formal en el Congreso (a pesar del antecedente de la fallida ley de la juventud que pretendía incluir la famosa “educación integral en sexualidad”), es importante hacer una reflexión un poco más de fondo de los serios problemas que AMBAS iniciativas de ley presentan y la amenaza que son para la libertad de conciencia de los Guatemaltecos.

Sobre la primera iniciativa de ley, los antecedentes evangélicos de buscar influencia vía las políticas públicas o la inclinación de preferencia de voto por ciertos candidatos en la historia reciente del país da mucho de qué hablar:

Mi criterio es que la iniciativa recién propuesta se equivoca desde un inicio metiendo dos temas en una misma ley: aborto y temas relacionados a identidad de género.  Son dos temas que deben tratarse por aparte, primero porque el primero, el aborto, es un tema que involucra una clara violación al derecho a la vida de los no nacidos y el segundo trata con cuestiones morales.

En relación al aborto, es claro desde nuestra misma Constitución Política de la República que el derecho a la vida en Guatemala se reconoce, por parte del Estado, desde su concepción hasta la muerte natural.  Esta provisión es suficiente para entender que el aborto es una clara violación a esta provisión constitucional y por ende, debe ser perseguido y sancionado de acuerdo a las leyes que protegen la vida de cada persona.  Legislar más sobre el tema puede generar más avenidas para la corrupción y/o la clandestinidad.  Sin embargo, en este caso, reconozco que es importante la acción estatal en velar por la protección de la vida de toda persona no nacida y de perseguir y castigar a aquellos que atenten contra ella o deliberadamente busquen terminarla.

El segundo tema, el relativo al matrimonio entre personas del mismo sexo y la prohibición a la enseñanza de los temas de identidad de género en establecimientos educativos es quizás el más complicado porque es donde ambas iniciativas de ley -la “conservadora” y la “progresista”- chocan de frente.  Y es en este punto donde ambos grupos de ponentes amenazan nuestra libertad de consciencia:

  1. Al buscar prohibir legalmente el matrimonio entre personas del mismo sexo, se corre el riesgo de criminalizar a un grupo de personas con preferencias diferentes a las de la mayoría de la población. Sin embargo…el otro grupo, en encabezado por Sandra Morán, propone la legalización de “uniones civiles” -uniones que ya ocurren de hecho- que les permita proteger temas patrimoniales a las parejas que entren este tipo de arreglo -un sencillo contrato legal entre dos partes donde se acuerde la distribución de activos puede ser suficiente-.  Aquí el problema es que la agenda no va a terminar en una formalización de uniones civiles limitadas a proteger herencias y activos, sino que es simplemente el primer paso que para avanzar en adopciones de niños por parte de parejas homosexuales e incluso, el instrumentalizar a mujeres y niños cual mercancías a través del alquiler de vientres para la procreación de niños.  Esto termina siendo deshumanizante y pone en riesgo el desarrollo normal psicológico y social de los niños, algo ampliamente comprobado por diversos estudios.  El tema de fondo en esta situación no es la legalización o prohibición legal de este tipo de uniones, sino el hecho de que hemos cedido al gobierno la potestad de normar qué es y qué no es un matrimonio.  Recordemos que el matrimonio civil es una institución relativamente moderna -de los siglos XVI y XVII- a pesar de que el matrimonio como tal -entre un hombre y una mujer, una vez y para siempre-, tiene su origen en Dios mismo y antecede cualquier disposición gubernamental. La pregunta clave entonces debe ser: ¿debe el gobierno normar la institución del matrimonio y meterse a definirlo?  No es una pregunta fácil de responder, pero queda evidente que la vía de la legislación positiva se ha quedado corta.
  2. En el tema educativo, nuevamente encontramos un choque entre ambas posturas y una amenaza a la libertad de consciencia de los padres de familia y los niños.  A pesar de que el artículo 73 de nuestra Constitución ya protege el rol y la autoridad que los padres de familia tienen sobre la educación para sus hijos, ambas iniciativas de ley pretenden darle al gobierno la autoridad de definir qué debe y que no debe enseñarse.  Una busca prohibir la enseñanza de acuerdo a la “ideología de género” en establecimientos educativos y la otra, a través de la criminalización del “acoso en base a orientación sexual” podría meter en problemas legales a instituciones educativas de orientación religiosa o incluso, a establecimientos por enseñar de manera científica la biología binaria del ser humano: hombres y mujeres.  Esto se amplía cuando la propuesta de ley progresista utiliza lenguaje como “homofobia” y “crimen de odio” para tipificar nuevos delitos sujetos a persecución legal.  Esto puede poner en aprieto a iglesias, organizaciones de carácter religioso y empleadores que por la naturaleza de su organización, se rijan por estándares morales de trabajo y conducta que no les permitan contratar a personas de orientación homosexual.  ¿Será sujeto de persecución penal el pastor, sacerdote o padre de familia que, en el libre ejercicio de su consciencia, enseñe de acuerdo a los dictados de su creencia religiosa que la homosexualidad es pecado? De aprobarse una iniciativa de ley como esta, se abre una caja de Pandora legal muy complicada.  Pero al final de cuentas, y lo más importante, es que se está pasando por encima del derecho a los padres de familia de educar a sus hijos de acuerdo al conjunto de principios y valores que ellos consideran mejores para su formación moral.  Esto es un grave atentado a la libertad de consciencia y una grave intromisión del gobierno en la intimidad familiar.
  3. En el tema del reconocimiento por parte del gobierno de “identidades de género” distintas al género biológico con el que una persona nació, abre otro inmenso grupo de problemas.  La ciudad de Nueva York ya habla de al menos 31 identidades de género “legalmente reconocidas”. ¿Se imaginan lo problemático que esto se puede volver? Esta “fluidez” en identidad puede traer consigo problemas de índole legal –si hoy me identifico como hombre y cometo un crimen, pero mañana me identifico como mujer, ¿quién cometió el crimen?-, fiscal –si hoy me identifico como mujer y mañana me identifico como gato, ¿es posible cobrar impuestos a un animal?e incluso, problemas de índole penal para aquellos que no estén de acuerdo con reconocer como ciertas personas eligen identificarse. Hoy la ley no prohibe a nadie de vestirse como desean o incluso comportarse de acuerdo a sus preferencias, sin embargo, debemos guardarnos de no criminalizar a aquellos que así deciden hacerlo y también de obligar a quienes no estamos de acuerdo con ese estilo de vida, a aceptarlo y sobre todo a normalizarlo.

El camino para la Iglesia en Guatemala no a través de las políticas públicas, aunque si alzar su voz profética cuando se atenta contra la dignidad y valor ineherentes de cualquier persona humana. C.S. Lewis ya nos advirtió sobre los peligros de este tipo de organización política de la Iglesia en su ensayo “Meditaciones sobre el Tercer Mandamiento”. La Iglesia tiene un claro llamado a la formación moral de sus miembros a través del evangelismo y el discipulado.  Las familias tienen la responsabilidad de la formación moral de los niños y niñas.  La confianza que tenemos como cristianos no está en hombres o en leyes desarrolladas o impuestas por los hombres.  Nuestra confianza está puesta en Dios, en Su diseño perfecto para la humanidad y en la esperanza que tenemos en la vida, obra, muerte, resurrección y ascención de Jesús en respuesta a nuestra rebelión contra ese diseño perfecto.

Es hora de buscar otro camino, un mejor camino.  Es hora de defender con más fuerza nuestras libertades y de asumir nuestra responsabilidad individual y familiar ante estos fuertes cambios culturales por los que atravesamos.  El odio y la criminalización no nos llevarán a puerto seguro.  La fe, la esperanza y el amor sí.  Recordemos que estamos tratando, independiente de ideologías, con personas, todas y cada una creadas a imagen y semejanza de Dios con dignidad innata y por ende, merecedoras de respeto y consideración.  Para nosotros como cristianos, especialmente en relación con aquellos que se oponen a nosotros, estamos llamados a amarles y eso implicará sacrificio, paciencia, disponibilidad de escuchar, de servir y de enseñar de manera firme, clara y llena de gracia la verdad de quién es Dios, quienes somos nosotros y cuál es la esperanza que nos sostiene.

Hora de ser Evangélicos


(Este artículo fue originalmente escrito para Actitud News y está disponible aquí)

five_solas-1024x764Para la gran mayoría de guatemaltecos, no es ningún secreto que la iglesia evangélica está atravesando una de sus peores crisis de liderazgo y credibilidad.  Los casos que se han vuelto materia de opinión pública que involucran a líderes de alto perfil dentro de la comunidad evangélica en Guatemala generan dudas, sospechas y sin duda, han sido la gota que ha derramado el vaso para personas que hoy han abandonado sus iglesias.

Es difícil ponderar esto contra lo que tuve la oportunidad de vivir en el funeral del Dr. Virgilio Zapata.  Ese día no solo fue de despedir a un venerable anciano, sino también de reflexionar al ver la cantidad de cabezas canadas de hombres y mujeres que sufrieron de maneras inimaginables aquí en Guatemala para entregarnos la libertad que hoy como evangélicos podemos disfrutar en Guatemala, libertad que ha sido bien aprovechada por muchos y despilfarrada por otros tantos.

No es un tiempo para regodearse y señalar a quienes presuntamente han caído.  Lo cierto es que todos nosotros hemos caído.  Que los pecados –o presuntos pecados- de unos sean más públicos que los nuestros no debe ser causa de gozo, burla o señalamiento.  Es un momento de autocrítica, de reflexión, de arrepentimiento y de doblar rodillas.

Como cristianos, confiamos en la suficiencia de la Palabra de Dios.  Un tercio del libro de Salmos –el libro de oración por excelencia- son salmos de lamento, de lágrimas, de rendirse en impotencia ante Dios confiando en Su rescate, perdón y misericordia.  Es tiempo de clamar porque el Espíritu Santo nos convenza de pecado, nos guíe al arrepentimiento y la verdad, nos consuele y recuerde que la garantía de nuestra salvación está en Él y no en la perfección moral de nuestros líderes.

Si somos honestos, es muy probable que muchos de nosotros hayamos pecado de maneras más deplorables que lo que se le acusa a estas personas hoy.  Tito nos recuerda que nuestro respeto a las autoridades no nace de un acto de perfección moral de cada uno de nosotros, sino de recordar justamente nuestra imperfección, nuestro pecado y a la vez, la esperanza certera que tenemos en la salvación que nos ha sido provista por Jesús.  Debemos atrevernos a caminar en ese nivel de humildad y vulnerabilidad.  Debemos aprender a perdonar por el perdón que hemos recibido, y al mismo tiempo, a construir un nuevo liderazgo dentro de la iglesia que busque la reforma que tanto necesitamos, una reforma que se centre, gire y nos impulse hacia el frente de acuerdo a la Palabra de Dios.

En donde el liderazgo hoy es cuestionado a todo nivel, es el papel de cada uno de nosotros reconstruir lo que ha sido destruido.  En donde ante la opinión pública se nos invita a desconfiar y despreciar a los caídos, estamos llamados al radical acto del perdón y a la vez, de la restitución de la confianza perdida a través del valiente y esperanzador acto de la confesión y de asumir la responsabilidad en aquellos casos en donde se demuestre culpabilidad.

La iglesia se sostiene por el poder de la Palabra de Dios.  Somos una institución conformada por seres humanos, pero sostenida sobrenaturalmente por Dios.  Esa ha sido, es y seguirá siendo nuestra historia a través de los años hasta el día en que Jesús regrese y nos cambie las vestiduras en cumplimiento con su promesa de hacernos una Novia blanca, pura y sin mancha.

El llamado para los líderes de las distintas congregaciones es el mismo que el llamado para cada uno de nosotros y cada persona que aún no cree: ¡arrepiéntanse y crean en el Evangelio!  No hay lugar más seguro que la Cruz a dónde llevar nuestra culpabilidad y tampoco hay mejor lugar en donde reconstruir nuestra esperanza.  Hoy la caña está cascada.  Hoy el pábilo está humeante.  Hoy podemos confiar fielmente en la promesa de Jesús….que a pesar de nuestra condición, Él no nos dejará así.

Es hora de creer el Evangelio y atrevernos a vivir en respuesta al mismo.  Es hora de ser evangélicos.

Cerrar filas alrededor de la Cruz


“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
131120131627421Vivimos momentos difíciles como iglesia cristiana en Guatemala.  El entorno cultural y social se ha tornado cada vez más agresivo hacia cualquier institución que simbolice algún tipo de autoridad o que pretenda marcar una dirección moral para la nación.  La “lucha contra la corrupción” ha cobrado sus víctimas a diestra y siniestra.  Sin duda, muchas de las personas sindicadas han sido sindicadas con razón y el tiempo y el debido proceso nos dará los resultados.  Otros han sido arrastrados como parte del maremoto de desconfianza hacia las estructuras tradicionales de autoridad en el país.
En medio de esa tormenta, la Iglesia -y concretamente la Iglesia Evangélica- está atravesando sus propias tormentas.  Cuatro casos paradigmáticos han marcado esta crisis:
  1. El caso de “la bandera” que impactó a Casa de Dios
  2. El caso de irregularidades en un negocio de bienes raíces que impactó a Bethania en Quetzaltenango
  3. El caso contra el hijo de Sergio Enríquez por lavado de dinero que impactó a Eben Ezer
  4. El caso de la demanda de paternidad en contra de Jorge H. López que impactó a Fraternidad Cristiana

De estos casos, el que quizás -a mi juicio- ha sido mejor manejado y que merece todo mi respeto y consideración es la manera en que Fraternidad Cristiana ha manejado la situación (ver comunicado oficial aquí) y más allá de eso, la vulnerabilidad, humildad y esperanza mostrada por Alex López -hijo mayor de Jorge H. López- en su más reciente blog titulado “Llorar de gratitud en la dirección correcta”.  Alex escribe:

“Es el sacrificio del Justo en la cruz del Calvario, el que permite que el Dios justo que no tolera el pecado y castiga al pecador, sea a la vez el que justifica. Es su sacrificio el que aplaca la ira de Dios, es su sacrificio como Jesús me sustituye ante el Padre en el castigo que debía recibir. Es su sacrificio el que me limpia de pecados, mi conciencia, me declara justo ante el Padre, me hace nacer de nuevo en mi espíritu y el que me da el poder para llevar una nueva vida.”

En medio de la crisis, en medio de esta tormenta que a los ojos de la opinión pública busca minar la confianza en la Iglesia Evangélica como institución, párrafos como este revelan el punto de reunión alrededor del cual todos los que hoy en Guatemala afirmamos la fe cristiana evangélica debemos reunirnos: la Cruz.

No es tiempo para excusas, justificaciones e incluso, tampoco es tiempo para echarle la culpa al diablo por todo.  Esta es la gran oportunidad para la Iglesia en Guatemala de mostrarse humana, quebrantada, llena de amor por los suyos y de rodillas clamando por misericordia, perdón y esperanza.

Jesús nos dijo cuando instituyó la Santa Cena, ese momento eucarístico que recuerda y reafirma la esperanza que tenemos en Él:

“Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Al orar por nosotros, Jesús le pidió al Padre:

»Mi oración no es por el mundo, sino por los que me has dado, porque te pertenecen. Todos los que son míos te pertenecen, y me los has dado, para que me den gloria. Ahora me voy del mundo; ellos se quedan en este mundo, pero yo voy a ti. Padre santo, tú me has dado tu nombre; ahora protégelos con el poder de tu nombre para que estén unidos como lo estamos nosotros. Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras.
»Ahora voy a ti. Mientras estuve con ellos en este mundo, les dije muchas cosas para que estuvieran llenos de mi alegría. Les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo. Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.
»No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:9-21, NTV)
Es tiempo de unidad y de amor.  Es tiempo de mostrar al mundo que no huimos excusando el pecado, sino que lo enfrentamos con humildad y esperanza, confiando en la suficiencia del sacrificio de Jesús en la Cruz.  Como dice el salmista:
“Oh Señor, te entrego mi vida.
¡Confío en ti, mi Dios!
No permitas que me avergüencen,
ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota.
Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado,
pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros.
Muéstrame la senda correcta, oh Señor;
señálame el camino que debo seguir.
Guíame con tu verdad y enséñame,
porque tú eres el Dios que me salva.
Todo el día pongo en ti mi esperanza.
Recuerda, oh Señor, tu compasión y tu amor inagotable,
que has mostrado desde hace siglos.
No te acuerdes de los pecados de rebeldía durante mi juventud.
Acuérdate de mí a la luz de tu amor inagotable,
porque tú eres misericordioso, oh Señor.” (Salmo 25:1-7, NTV)
Es tiempo de vulnerabilidad y de reconocer que necesitamos arrepentirnos aún de aquello de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo, es pecado delante de Dios:
“¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.” (Salmo 19:12-13. NTV)
El testimonio que Guatemala necesita de la Iglesia es ese….el arrepentimiento continuo lleno de esperanza y fe en la obra completa de Jesús, en Su vida sin pecado, Su sacrificio propiciatorio, Su resurrección, ascensión y promesa de retorno como fundamento de nuestra esperanza.  Viviendo a la luz de eso, podremos entre nosotros como iglesia amarnos los unos a los otros en nuestras congregaciones locales, llamarnos al arrepentimiento y exhortarnos a buenas obras.  Solamente la gracia de Dios podrá hacer eso en nosotros y el único camino para eso es Jesús…
No olvidemos que siempre, siempre, siempre hay lugar a los pies de la Cruz y que la promesa de la fiesta en el cielo es para TODO pecador que se arrepiente, cada vez que se arrepiente porque quiere decir, como escribió Alex López, que estamos llorando en la dirección correcta en donde ninguna lágrima de tristeza, quebrantamiento o arrepentimiento pasa desapercibida o es en vano.
Es hora de cerrar filas alrededor de la Cruz…ese es nuestro Castillo Fuerte. ¡Siempre hay esperanza!