El Arco Iris es una Oportunidad


rainbow-stretching-hilly-forest-mountains-638x0_q80_crop-smartEsta semana el Ministerio Público de Guatemala causó gran conmoción en el país al colocar en su sede, a la par del pabellón de Guatemala y la bandera de dicho ministerio, una bandera de arco iris en apoyo a las iniciativas en contra de la discriminación de personas con preferencias sexuales no heterosexuales.

A través de un comunicado en Twitter con fecha 19 de junio, y luego en respuesta a la solicitud de organizaciones evangélicas de retirar dicha bandera, el MP dio muestras claras de la línea de pensamiento que están siguiendo.  Es claro que Guatemala ha cambiado.  Vivimos en una sociedad pos-moderna y más allá de pos-moderna, pos-cristiana, en donde los paradigmas tradicionales y la “moral y buenas costumbres” que se daban por sentado, han sufrido fuertes modificaciones que van en línea con las grandes tendencias sociales a nivel global.

La reacción evangélica no se hizo esperar.  Tanto la Alianza Evangélica de Guatemala a través de sus redes sociales, como otro colectivo evangélico denominado como “Coordinadora Evangélica Nacional” hicieron un fuerte y firme llamado al MP para el retiro de la famosa bandera.  Como quedó evidenciado el día de hoy, la respuesta fue un simple y sencillo “NO”.

Quizás lo más curioso de todo este tema en cuanto a la reacción evangélica es la ausencia de líderes individuales o iglesias específicas que alzaran su voz en relación al tema.  Se cubrieron detrás de colectivos despersonalizados que con los que se pretende dar muestras de fuerza, pero al final, para deshumanizando la causa por el evidente poco compromiso que requiere cobijarse bajo una sombrilla institucional colectiva.

Estamos cayendo en la trampa de abrazar un “evangelio activista” que confunde la proclamación del Evangelio con abrazar causas sociales polémicas como la oposición al mal llamado “matrimonio homosexual” o el terrible asesinato de niños no nacidos a través del aborto, y entonces ofrecemos condena sin esperanza, sin propuesta y sin disposición de abrir la puerta de la iglesia a quienes más lo necesitan.  Esta, al final es la contra-reacción natural al “evangelio silencioso” que por tantos años hemos vivido y que aún en algunas congregaciones se predica, en donde la iglesia se atrinchera, crea su propia burbuja de “pureza y santidad” y se retira de alzar su voz profética al mundo, llamándolo al arrepentimiento y la fe.

La pregunta clave es, ¿entonces qué debemos hacer? La bandera del arco iris sigue estando allí, la presión por apoyar ciertas leyes que distorsionan el orden moral diseñado por Dios y claramente establecido en la Biblia es más fuerte que nunca. ¿Cómo encaramos el tema de una manera que honre a Dios, que se pare firme con la verdad y a la vez, que demuestre amor, gracia y humildad a una Guatemala que no es el “país cristiano” que llegamos a creer que era.

En primer lugar, creo que algo que debemos recordar como cristianos siempre es lo que para nosotros significa el arco iris.  El pacto que hizo Dios con Noé va mucho más allá de la promesa de no destruir la Tierra nuevamente con un diluvio:

“Después Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra. Todos los animales de la tierra, todas las aves del cielo, todos los animales pequeños que corren por el suelo y todos los peces del mar tendrán temor y terror de ustedes. Yo los he puesto bajo su autoridad. Se los he dado a ustedes como alimento, como les he dado también los granos y las verduras; pero nunca deben comer de ninguna carne con su vida, es decir, que aún tenga sangre.
»Yo exigiré la sangre de cualquiera que le quite la vida a otra persona. Si un animal salvaje mata a una persona, ese animal debe morir; y cualquiera que asesine a otro ser humano debe morir. Si alguien quita una vida humana, la vida de esa persona también será quitada por manos humanas. Pues Dios hizo a los seres humanos a su propia imagen. Ahora sean fructíferos y multiplíquense, y vuelvan a poblar la tierra».
Entonces Dios les dijo a Noé y a sus hijos: «Ahora mismo, yo confirmo mi pacto con ustedes y con sus descendientes, y con todos los animales que estuvieron en la barca con ustedes —las aves, los animales domésticos y todos los animales salvajes—, con toda criatura viviente sobre la tierra. Sí, yo confirmo mi pacto con ustedes. Nunca más las aguas de un diluvio matarán a todas las criaturas vivientes; nunca más un diluvio destruirá la tierra».
Entonces Dios dijo: «Les doy una señal de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes, para todas las generaciones futuras. He puesto mi arco iris en las nubes. Esa es la señal de mi pacto con ustedes y con toda la tierra. Cuando envíe nubes sobre la tierra, el arco iris aparecerá en las nubes y yo me acordaré de mi pacto con ustedes y con todas las criaturas vivientes. Nunca más las aguas de un diluvio volverán a destruir a todos los seres vivos. Cuando yo vea el arco iris en las nubes, me acordaré del pacto eterno entre Dios y toda criatura viviente sobre la tierra». Entonces Dios le dijo a Noé: «Este arco iris es la señal del pacto que yo confirmo con todas las criaturas de la tierra».” (Génesis 9:1-17, NTV)
Cuando leemos el pacto completo, vemos al menos los siguientes puntos:
  1. Una férrea defensa de la familia y la procreación.
  2. Una clara defensa de la vida humana y condena de cualquier ataque contra la misma.
  3. Una reafirmación del Imago Dei y lo que eso implica para la dignidad y respeto de toda persona humana.
  4. Una reafirmación también de que el juicio y la venganza son de Dios y que Él rectificará toda injusticia.
  5. Una señal de esperanza para el futuro construida sobre la continuidad de la vida en la Tierra y el continuo recuerdo a través de la señal del arco iris.

A la luz de esto, el pacto de Dios con Noé no solo es una promesa para nuestro beneficio, sino también es un llamado a nosotros de contribuir en el florecimiento de toda persona humana y la creación de una sociedad que permita ese florecimiento.  Esta es la razón por cual como cristianos profesamos una fe exotérica, o sea, una fe que se extiende y se vuelva hacia el otro, buscando no solo su salvación espiritual, sino el cuidado, respeto y valoración de su integridad en tanto persona creada a imagen y semejanza de Dios.

En este sentido, el significado del arco iris no ha cambiado.  Es un constante recordatorio cada vez que lo vemos en el cielo y ayuda a anclar nuestra esperanza en un futuro que, si somos honestos, muy probablemente se ponga peor antes de que se ponga mejor.  Pero los cristianos somos personas de esperanza. Es por esto que seguimos plantando iglesias, por la que seguimos evangelizando, por la que seguimos contrayendo matrimonio y por la que seguimos perpetrando la acción más subversiva a la cultura que nos rodea hoy: seguimos teniendo hijos.  Pocas cosas expresan la fe y esperanza que tenemos en Dios y en futuro que Él nos ha prometido que el tener, proteger y criar a nuestros hijos anclados en la gracia de Dios, el Evangelio y la Palabra.  Esto es subversión por excelencia, rebeldía al mundo “ensimismado”, a las burbujas individualistas pos-modernas, anti-humanas y faltas de esperanza…razón por la que su grito de guerra es “¡solo se vive una vez! (#YOLO)“.

Ahora, esto lo vivimos a la luz de una realidad muy dura y cruda.  ¡Las cosas no están bien! El corto circuito de las falsas enseñanzas del herético evangelio de la prosperidad y el moralismo deísta terapéutico que hoy se pregonan desde tantos púlpitos han hecho que olvidemos, o al menos no queramos recordar, las palabras de Jesús cuando dijo:

“—¿Por fin creen? —preguntó Jesús—. Pero se acerca el tiempo —de hecho, ya ha llegado— cuando ustedes serán dispersados, cada uno se irá por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:31-33, NTV -énfasis agregado-)

Estas palabras, dichas como antesala a la traición de Judas, el cobarde abandono de TODOS los discípulos cuando huyeron en Getsemaní y la posterior negación de Pedro (sin contar las dudas de Tomás y de todos los que dudaron en el momento de la Ascensión…), nos evidencian que la vida cristiana se vive y se construye en medio de la adversidad y no necesariamente en medio de la bonanza.

En palabras de uno de los padres de la Iglesia del siglo 2, Tertuliano: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

Esta realidad es necesario entenderla porque el camino que estamos recorriendo en Guatemala está bastante empedrado y es un camino en donde encontraremos muchísimas frustraciones que desde una errada “teología de la gloria” , amparada más en “cambio de actitud” y “sembrar principios y valores” (sin definirlos…), nos dejará sin marco de referencia para enfrentar los sufrimientos propios de la vida cristiana fiel y valiente ante culturas agresivamente adversas e intolerantes al cristianismo como la que estamos empezando a vivir.

Para esto, Vincent Bacote, teólogo y profesor de la Universidad de Wheaton, nos recuerda en su libro “The Political Disciple: A Theology of Public Life” (“El Discípulo Político: Una Teología de la Vida Pública”) que hemos de mantener una postura humilde ante la evidente desesperanza y frustración que experimentaremos al ver que las cosas no suceden como queremos:

“Los cambios que anhelamos para nuestra sociedad no son los únicos cambios que suceden.  Así como hay cambios que no suceden lo suficientemente rápido, otros llegan más rápido de lo que quisiéramos y otros suceden que hubiésemos querido que no sucedieran.”

“…la mayoría de cambios en la sociedad suceden mucho más lento de lo que reconocemos…”

“…la frustración común acerca del lento ritmo del cambio revela una importante verdad teológica: los ecos de la caída están a nuestro alrededor y rutinariamente sabotean nuestras mejores intenciones, ya sean personales, públicas o políticas.”

“Debemos estar claros en que el pecado va más allá de lo personal; tiene manifestaciones estructurales que dejan afianzado el mal o lo introducen nuevamente en la vida pública.”

“…debemos encarar la dura verdad de que no podemos manejar fácilmente la dirección de la sociedad (aún si alcanzamos a tener gran poder), y que no siempre podemos discernir el mejor camino hacia una buena sociedad.”

“Sería un error decir simplemente que debemos lanzarnos con la victoria total en mente como si la respuesta apropiada es redoblar esfuerzos en nuestra misión pública.  Debemos dar la cara ante la angustia que viene con la participación pública.  Es importante decir la verdad acerca de esto y a la luz de esto, considerar cómo movernos hacia adelante y avanzar.”

Sin embargo, Bacote no nos deja en el aire.  Nos recuerda que en la Biblia existe un cuerpo de literatura completo dedicado a darnos avenidas y caminos para poder expresar y lamentar esa frustración que es natural en la vida en un mundo caído con personas caídas:

“Propongo la práctica del lamento ante la frustración que es propia de la práctica de encarar la vida pública porque esta es una forma en que los cristianos pueden agresivamente decir la verdad acerca del quebrantamiento del corazón que el mundo a nuestro alrededor nos genera.”

Dos ejemplos de esto:

“Mi vida está llena de dificultades,
y la muerte se acerca.
Estoy como muerto,
como un hombre vigoroso al que no le quedan fuerzas.
Me han dejado entre los muertos,
y estoy tendido como un cadáver en la tumba.
Soy olvidado,
estoy separado de tu cuidado.” (Salmo 88:3-5, NTV)
Lloré hasta que no tuve más lágrimas;
mi corazón está destrozado.
Mi espíritu se derrama de angustia
al ver la situación desesperada de mi pueblo.
Los niños y los bebés
desfallecen y mueren en las calles.
 
Claman a sus madres:
«¡Necesitamos comida y bebida!».
Sus vidas se extinguen en las calles
como la de un guerrero herido en la batalla;
intentan respirar para mantenerse vivos
mientras desfallecen en los brazos de sus madres.” (Lamentaciones 2:11-12, NTV)
Si nos atrevemos a clamar a Dios con este nivel de honestidad, podemos perseverar en la batalla al colocar continuamente en manos de Dios cargas que no podemos llevar y que si intentamos llevarlas solos nos llevarán a la depresión e incluso, al abandono de la fe y esperanza.  Debemos aprender a lamentar honestamente delante de Dios…la Biblia nos invita a hacerlo, nos permite hacerlo y nos enseña como.
La práctica del lamento nos llevará también a poder ver la transformación que buscamos en nuestra sociedad de manera cruciforme, entendiendo que la vida pública, para quienes deciden entrar como cristianos en este terreno y quienes buscan vivir fielmente sus vocaciones en toda área de la sociedad de manera fiel a Dios, involucrará sufrimiento aún en medio de que lo que se persigue para nuestra sociedad es el elusivo bien común.
El camino no es el de copar las estructuras de poder, de pararnos en la cima de los 7 montes, sino el camino del servicio, del amor y del sacrificio.  C.S. Lewis, en uno de los ensayos incluidos en su libro “Dios en el Estrado” (“God in the Dock“) nos advierte:
“De todas las tiranías, una tiranía ejercida por el bien de sus víctimas puede ser la más opresiva.  Será mejor vivir bajo el yugo de opresores corruptos que bajo entrometidos morales omnipotentes.  La crueldad del corrupto podrá en ocasiones dormir, su hambre podrá en algún punto saciarse; pero aquellos que nos atormentan por nuestro propio bien nos atormentarán sin cesar sintiéndose aprobados por su propia consciencia.  Es posible que se vayan al cielo y al mismo tiempo hacer de la Tierra un infierno.  Esta misma bondad arte como un intolerable insulto.  El ser “curado” contra mi propia voluntad de estados que no consideramos patológicos es ser colocado al nivel de aquellos que aún no alcanzan la edad para razonar o aquellos que nunca lo harán; es ser clasificado con los infantes, imbéciles y animales domésticos.” (Cita original en inglés aquí)
¿Qué hacemos entonces? La propuesta es la persecución de la santidad pública en nuestra activa y perseverante participación pública y política.  Es revelar al mundo la belleza de la santidad de Dios a través de la humildad, la gracia y el amor que acompañan la firme declaración, afirmación y defensa de la verdad.  En palabras de Vincent Bacote:
“La santificación no se opone a apasionadas expresiones de la verdad o incluso de indignación, pero hemos de tener cuidado de asociar de manera inmediata nuestras fuertes expresiones retóricas con la forma más pura y cristalina del discurso divino.  Mi punto no es que nunca debemos hablar con pasión sino que no podemos olvidar nuestro mandamiento a amar a nuestros enemigos, aún cuando estamos “defendiendo la verdad”.  Nuestro compromiso con la verdad, e incluso nuestra indignación con la injusticia y la maldad, no son suficientes para excusarnos de recordar que aún nuestro mayor enemigo merece nuestro respeto.  Dicho de otra forma, no podemos presumir como trofeo la ofensa de otros bajo la excusa de que nosotros estamos de lado de la verdad y ellos no.  Incluso, debemos considerar también si esa búsqueda por ser perseguidos o por algún tipo de “martirio” en nombre de la verdad es más de ensalzarnos a nosotros mismos en lugar de adorar al Dios trino.  La “santa indignación” puede ser una manera de expresar nuestra santificación, pero nuestro discurso será el que identifique la verdad mientras permanecemos comprometidos a amar a nuestro prójimo.
La santidad no debe quedarse encerrada en las cámaras profundas de corazones piadosos sino desplegada en los dominios públicos del hogar, la escuela, la cultura y la política.  Ya que continuamos esperando el día en que Cristo traiga todo de vuelta al orden apropiado, nos encontraremos con que nuestro camino hacia la santificación será un constante desafío.  Aún así el Espíritu nos llama a escuchar Su voz y rendirnos a Su poder.  Si atendemos este llamado y continuamos en el camino de la transformación, nuestra práctica privada y pública producirá más asombro que exasperación, y aún nuestros enemigos verán que estamos actuando como aquellos que se están convirtiendo en seres humanos.”
Perseveremos.  Luchemos. Hablemos la verdad. Sobre todo, hablemos y proclamemos la esperanza del Evangelio.  Pero en ese camino y proceso, amemos, sirvamos y sacrifiquémonos en favor del otro, aún si este no lo quiere, no lo pide y nos insulta en el proceso.  Así lo hizo Jesús por cada uno de nosotros, así lo hicieron los cristianos que murieron atendiendo a enfermos durante las grandes plagas, así lo hizo Lutero cuando se quedó en Wittenberg sirviendo a otros durante la peste negra…y fue en ese momento que leyó el Salmo 46:
“Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza;
siempre está dispuesto a ayudar en tiempos de dificultad.
Por lo tanto, no temeremos cuando vengan terremotos
y las montañas se derrumben en el mar.
¡Que rujan los océanos y hagan espuma!
¡Que tiemblen las montañas mientras suben las aguas 
Un río trae gozo a la ciudad de nuestro Dios,
el hogar sagrado del Altísimo.
Dios habita en esa ciudad; no puede ser destruida;
en cuanto despunte el día, Dios la protegerá.
¡Las naciones se encuentran en un caos,
y sus reinos se desmoronan!
¡La voz de Dios truena,
y la tierra se derrite!
El Señor de los Ejércitos Celestiales está entre nosotros;
el Dios de Israel es nuestra fortaleza.” (Salmo 46:1-7, NTV)
Fue con ese Salmo en su mente y corazón que escribió el himno que debería ser hoy nuestro himno, “Castillo Fuerte es Nuestro Dios”.
Maranatha!

Pentecostés: El Regalo del Espíritu Santo


el-pentecostes-cristiano“6Así que mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia:
—Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?
7Él les contestó:
—Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo; 8pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra. “(Hechos 1:6-8, NTV)
“1El día de Pentecostés, todos los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. 2De repente, se oyó un ruido desde el cielo parecido al estruendo de un viento fuerte e impetuoso que llenó la casa donde estaban sentados. 3Luego, algo parecido a unas llamas o lenguas de fuego aparecieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4Y todos los presentes fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, conforme el Espíritu Santo les daba esa capacidad.” (Hechos 2:1-4, NTV)
El calendario litúrgico judío y ahora también el cristiano, marca que 50 días después de la Pascua, se celebra el Día de Pentecostés.  En este 2017, el día cae este domingo 4 de junio.  Para nosotros los cristianos, este día es de suma importancia porque marca el cumplimiento de la promesa de Jesús a sus discípulos antes de ascender a los cielos: el Espíritu Santo -la Tercera Persona de la Trinidad- descendería sobre ellos –y sobre todos los que llegarían a creer- y nos facultaría para que a través de nuestras vidas y nuestras palabras pudiésemos dar testimonio del Evangelio a todo el mundo.
Quisiera resaltar algunas de las maravillosas cosas que suceden en nuestras vidas al entrar en contacto con Dios, el Espíritu Santo.
1. Somos sellados por Él y este sello se convierte en la garantía de nuestra salvación: 12El propósito de Dios fue que nosotros, los judíos —que fuimos los primeros en confiar en Cristo—, diéramos gloria y alabanza a Dios. 13Y ahora ustedes, los gentiles, también han oído la verdad, la Buena Noticia de que Dios los salva. Además, cuando creyeron en Cristo, Dios los identificó como suyos al darles el Espíritu Santo, el cual había prometido tiempo atrás. 14El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo. Dios hizo todo esto para que nosotros le diéramos gloria y alabanza.” (Efesios 1:12-14, NTV)
2. El Espíritu Santo será nuestro abogado, nos convencerá de pecado y nos guiará hacia toda verdad:
“5»Ahora voy a aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. 6En cambio, se entristecen por lo que les he dicho. 7En realidad, es mejor para ustedes que me vaya porque, si no me fuera, el Abogado Defensor no vendría. En cambio, si me voy, entonces se lo enviaré a ustedes; 8y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado y de la justicia de Dios y del juicio que viene. 9El pecado del mundo consiste en que el mundo se niega a creer en mí. 10La justicia está disponible, porque voy al Padre, y ustedes no me verán más. 11El juicio vendrá, porque quien gobierna este mundo ya ha sido juzgado.

12»Me queda aún mucho más que quisiera decirles, pero en este momento no pueden soportarlo. 13Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro. 14Me glorificará porque les contará todo lo que reciba de mí. 15Todo lo que pertenece al Padre es mío; por eso dije: “El Espíritu les dirá todo lo que reciba de mí”.” (Juan 16:5-15, NTV)
3. Es por el Espíritu Santo que podemos nacer de nuevo a una nueva vida:

“3Jesús le respondió:
—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.
4—¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo?
5Jesús le contestó:
—Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. 6El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. 7Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. 8El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu.” (Juan 3:3-8, NTV)
Que este domingo de Pentecostés podamos alzar nuestras manos en gratitud por la presencia de Dios en nuestras vidas gracias a que por gracia y a través de la fe, nos hemos convertido en hogar de habitación para el Espíritu.  Tomemos en serio nuestra relación con el Espíritu Santo y crezcamos en nuestra pneumatología (teología del Espíritu Santo) sustentándola en la Palabra de Dios más que en la experiencia y/o anécdotas que nos han llevado a hacer del Espíritu una especie de talismán o fetiche.
Recordemos que al hablar del Espíritu, estamos hablando de Dios, no de una fuerza mística impersonal que invocamos a placer.  Nuestra relación con Él debe ser siempre reverente, humilde y en donde nos sujetamos en obediencia a su guía en nuestras vidas, guía que estará siempre sujeta a la Palabra que Él mismo inspiró.
¡Feliz domingo de Pentecostés!

El Castillo de Cartas del Relativismo Moral


1242570310El día de hoy, Carol Zardetto publicó en El Periódico una columna titulada “El miedo a la sexualidad”.  El propósito de su columna es hacer una crítica en contra de quienes sostienen valores tradicionales acerca de la familia y el matrimonio.  Apela a argumentos falaces como que la institución de la familia y el matrimonio “tradicional” existen para sostener una especie de maquiavélico esquema de dominación masculina en la sociedad, perpetrado por élites ricas y conservadoras.  A continuación cito:

“Cuando el poder hegemónico se apropia de un terreno tan resbaloso como la intimidad del deseo no puede sino originar trastorno, dolor, represión e… hipocresía. El poder hegemónico está construido sobre la base de la heterosexualidad, los “sólidos” valores de la “familia normal” fundada en un matrimonio monógamo y que subsiste hasta que la muerte los separe. Este “establecimiento” provee seguridad para la sociedad, el aseguramiento de las herencias y la consolidación de los capitales. Los vientres de las mujeres fecundados por hombres que están en dominio de la situación es un icono inconmovible.”

No reconoce como “naturales” y mucho menos “anteriores al Estado” las instituciones que han sostenido por tantos siglos a las sociedades: el matrimonio y la familia.  Argumenta una construcción artificial y no la realidad de que desde el punto de vista sociológico, podríamos considerar al matrimonio y a la familia como “órdenes espontáneos” y desde un punto de vista teológico y moral, como instituciones diseñadas por Dios para reflejar Su naturaleza, carácter y amor por la persona humana en todas sus dimensiones.

Friedrich Hayek en su libro “La Fatal Arrogancia” nos recuerda el papel fundamental que estas instituciones, incluyendo a la religión misma, han jugado y juegan en la construcción de sociedades verdaderamente libres:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte a la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a algunas de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla.” (Génesis 1:28)  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de una divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo procesos de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.

En todo caso, la visión religiosa según la cual la moral está determinada por procesos que nos resultan incomprensibles es mucho más acertada (aunque no exactamente en el sentido pretendido) que la ilusión racionalista según la cual el hombre, sirviéndose de su inteligencia, inventó la moral que le permitió alcanzar unos resultados que jamás habría podido prever. Si reflexionamos sobre esta realidad, podemos comprender y apreciar mejor a aquellos clérigos que, en cierta medida escépticos respecto a la validez de algunas de sus doctrinas, persisten no obstante en enseñarlas ante el temor que el abandono de la fe conduzca a una degeneración de la conducta moral.  No les falta razón, y hasta el agnóstico tendrá que admitir que debemos nuestros esquemas morales, así como la tradición que no solo ha generado la civilización, sino que ha hecho posible nuestra supervivencia, a la fidelidad a tales requerimientos, por más infundados científicamente que puedan parecernos.”

Pero quizás lo más preocupante de la columna de Carol Zardetto es el apelo que hace al relativismo moral como eje central de la nueva manera que debe dirigir la conducta y toma de decisiones individuales y sociales.  Cito:

“Ni la Iglesia, ni la sociedad, ni el Estado (la roca edípica, según Deleuze) pueden definir los valores del intercambio sexual. Esta ética tiene que ser construida de manera íntima e individual por cada ser humano a través de la experiencia del cuerpo. Ya lo decía Baruck Spinoza “…nadie sabe lo que puede un cuerpo”. Es solamente la experiencia la que nos enseña a establecer los límites de nuestra sexualidad como parte de la amplia interacción que tenemos con el mundo.

Es por eso que la homofobia, la transfobia, la violencia en contra de la mujer, son expresiones de una idea equivocada: ni el Estado, ni la Iglesia, ni la sociedad tienen injerencia sobre la íntima decisión de dos cuerpos que copulan. Y esa sensación de desmoronamiento de los valores que sufren los conservadores ante la diversidad sexual es producto de la errada noción de que existen “verdades” únicas y universales. Vivimos en la era de la subjetividad donde ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad. La subjetividad tiene sus riesgos, porque implica una libertad de decisión. Pero eludir el reto de asumir la libertad de escogencia solamente nos mantendrá en un estado de infantilismo perverso.”

article-0-12fbe16e000005dc-573_470x717La Sra. Zardetto cae en la trampa de presentar como verdad absoluta su visión de relativismo moral del mundo.  Al afirmar que “ya no existen verdades únicas, sino múltiples verdades, construidas desde la individualidad”, ella está presentando esto como si fuese, en sí mismo, una verdad absoluta. Es una falacia lógica y no podemos aceptarla.  La vieja fábula de India sobre los ciegos y el elefante, se cae sola ante la más elemental prueba lógica.  Además, someternos al imperio del relativismo moral es someternos a la tiranía de aquellos que, ostentando más fuerza y poder, busquen someter a los demás a sus arranques subjetivos de definir lo que para ellos en ese momento, en ese lugar y bajo esas circunstancias, es “bueno”.  Eso se llama ESCLAVITUD.

La libertad que anhela la Sra. Zardetto solamente se puede encontrar a través de la búsqueda honesta de la verdad y el apego a ella.  Cualquiera de nosotros puede hacer sonar un piano, pero solamente quien se dedica a estudiar las reglas para tocar piano y se somete a ellas, puede verdaderamente tocar piano y hacer linda música a través de él.  Solamente esa persona, que cede su libertad de hacer lo que quiera, y se somete a las reglas de la música, termina siendo verdaderamente libre para interpretar el instrumento.  No en balde Jesús dijo:

Jesús le dijo a la gente que creyó en él:
—Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” (Juan 8:31-21, NTV)
Busquemos la verdad y no nos dejemos engañar por la seductora trampa del castillo de cartas del relativismo moral.

Iglesias Enfocadas en el Evangelio


41ccgd2rz8l-_sy344_bo1204203200_Durante 10 semanas que culminaron el pasado martes 25 de abril, la Asociación de Exalumnos del Haggai Institute en Guatemala organizó un seminario titulado “Evangelismo Contemporáneo: El Reto de los Evangelios Falsos”.  El seminario se basó en el libro de Trevin Wax titulado “Counterfeit Gospels“.

El objetivo del seminario era, a partir de una definición bíblica del Evangelio y su presentación como un banco de tres patas, considerar y reflexionar sobre la forma en que hoy comunicamos el Evangelio y también hacer un llamado a la consciencia sobre errores que distorsionan las verdades del Evangelio y nos dejan con falsos evangelios vacíos de esperanza y poder redentor.

El grupo de entre 15 y 20 personas cada semana se reunió en las instalaciones de la Union Church of Guatemala para tratar cada uno de los temas y generar a partir de allí, propuestas de acción.  Fue un extraordinario tiempo de reflexión bíblica, análisis cultural de coyuntura y también de nuestra historia y experiencia como iglesia evangélica en Guatemala.

A continuación, los audios de cada sesión para su consideración y comentarios están disponibles gratis:

  1. Sesión 1: Introducción y la Historia del Evangelio (pata #1)
  2. Sesión 2: Distorsión #1: El Falso Evangelio Terapéutico
  3. Sesión 3: Distorsión #2: El Falso Evangelio sin Juicio
  4. Sesión 4: El Anuncio del Evangelio (pata #2)
  5. Sesión 5: Distorsión #3: El Falso Evangelio Moralista
  6. Sesión 6: Distorsión #4: El Falso Evangelio Silencioso
  7. Sesión 7: La Comunidad del Evangelio (pata #3)
  8. Sesión 8: Distorsión #5: El Falso Evangelio Activista
  9. Sesión 9: Distorsión #6: El Falso Evangelio sin Iglesia
  10. Sesión 10: Reflexiones Finales y Presentación de Proyectos

Como Asociación, esperamos este material genere discusión y reflexión a todo nivel, tanto personal como organizacional.  Estamos disponibles a través de la página de Facebook o la página web para poder compartir estos contenidos y materiales a otros grupos y contextos.  Buscamos que cada vez como iglesia podamos ser más fieles al Evangelio que se nos ha sido encomendado por el Señor Jesús y podamos compartirlo y enseñarlo de manera correcta, sana y en el poder del Espíritu Santo para la gloria del Padre.

SOLI DEO GLORIA

Hora de ser Evangélicos


(Este artículo fue originalmente escrito para Actitud News y está disponible aquí)

five_solas-1024x764Para la gran mayoría de guatemaltecos, no es ningún secreto que la iglesia evangélica está atravesando una de sus peores crisis de liderazgo y credibilidad.  Los casos que se han vuelto materia de opinión pública que involucran a líderes de alto perfil dentro de la comunidad evangélica en Guatemala generan dudas, sospechas y sin duda, han sido la gota que ha derramado el vaso para personas que hoy han abandonado sus iglesias.

Es difícil ponderar esto contra lo que tuve la oportunidad de vivir en el funeral del Dr. Virgilio Zapata.  Ese día no solo fue de despedir a un venerable anciano, sino también de reflexionar al ver la cantidad de cabezas canadas de hombres y mujeres que sufrieron de maneras inimaginables aquí en Guatemala para entregarnos la libertad que hoy como evangélicos podemos disfrutar en Guatemala, libertad que ha sido bien aprovechada por muchos y despilfarrada por otros tantos.

No es un tiempo para regodearse y señalar a quienes presuntamente han caído.  Lo cierto es que todos nosotros hemos caído.  Que los pecados –o presuntos pecados- de unos sean más públicos que los nuestros no debe ser causa de gozo, burla o señalamiento.  Es un momento de autocrítica, de reflexión, de arrepentimiento y de doblar rodillas.

Como cristianos, confiamos en la suficiencia de la Palabra de Dios.  Un tercio del libro de Salmos –el libro de oración por excelencia- son salmos de lamento, de lágrimas, de rendirse en impotencia ante Dios confiando en Su rescate, perdón y misericordia.  Es tiempo de clamar porque el Espíritu Santo nos convenza de pecado, nos guíe al arrepentimiento y la verdad, nos consuele y recuerde que la garantía de nuestra salvación está en Él y no en la perfección moral de nuestros líderes.

Si somos honestos, es muy probable que muchos de nosotros hayamos pecado de maneras más deplorables que lo que se le acusa a estas personas hoy.  Tito nos recuerda que nuestro respeto a las autoridades no nace de un acto de perfección moral de cada uno de nosotros, sino de recordar justamente nuestra imperfección, nuestro pecado y a la vez, la esperanza certera que tenemos en la salvación que nos ha sido provista por Jesús.  Debemos atrevernos a caminar en ese nivel de humildad y vulnerabilidad.  Debemos aprender a perdonar por el perdón que hemos recibido, y al mismo tiempo, a construir un nuevo liderazgo dentro de la iglesia que busque la reforma que tanto necesitamos, una reforma que se centre, gire y nos impulse hacia el frente de acuerdo a la Palabra de Dios.

En donde el liderazgo hoy es cuestionado a todo nivel, es el papel de cada uno de nosotros reconstruir lo que ha sido destruido.  En donde ante la opinión pública se nos invita a desconfiar y despreciar a los caídos, estamos llamados al radical acto del perdón y a la vez, de la restitución de la confianza perdida a través del valiente y esperanzador acto de la confesión y de asumir la responsabilidad en aquellos casos en donde se demuestre culpabilidad.

La iglesia se sostiene por el poder de la Palabra de Dios.  Somos una institución conformada por seres humanos, pero sostenida sobrenaturalmente por Dios.  Esa ha sido, es y seguirá siendo nuestra historia a través de los años hasta el día en que Jesús regrese y nos cambie las vestiduras en cumplimiento con su promesa de hacernos una Novia blanca, pura y sin mancha.

El llamado para los líderes de las distintas congregaciones es el mismo que el llamado para cada uno de nosotros y cada persona que aún no cree: ¡arrepiéntanse y crean en el Evangelio!  No hay lugar más seguro que la Cruz a dónde llevar nuestra culpabilidad y tampoco hay mejor lugar en donde reconstruir nuestra esperanza.  Hoy la caña está cascada.  Hoy el pábilo está humeante.  Hoy podemos confiar fielmente en la promesa de Jesús….que a pesar de nuestra condición, Él no nos dejará así.

Es hora de creer el Evangelio y atrevernos a vivir en respuesta al mismo.  Es hora de ser evangélicos.

Cerrar filas alrededor de la Cruz


“El Señor es bueno y hace lo correcto;
les muestra el buen camino a los que andan descarriados.”
131120131627421Vivimos momentos difíciles como iglesia cristiana en Guatemala.  El entorno cultural y social se ha tornado cada vez más agresivo hacia cualquier institución que simbolice algún tipo de autoridad o que pretenda marcar una dirección moral para la nación.  La “lucha contra la corrupción” ha cobrado sus víctimas a diestra y siniestra.  Sin duda, muchas de las personas sindicadas han sido sindicadas con razón y el tiempo y el debido proceso nos dará los resultados.  Otros han sido arrastrados como parte del maremoto de desconfianza hacia las estructuras tradicionales de autoridad en el país.
En medio de esa tormenta, la Iglesia -y concretamente la Iglesia Evangélica- está atravesando sus propias tormentas.  Cuatro casos paradigmáticos han marcado esta crisis:
  1. El caso de “la bandera” que impactó a Casa de Dios
  2. El caso de irregularidades en un negocio de bienes raíces que impactó a Bethania en Quetzaltenango
  3. El caso contra el hijo de Sergio Enríquez por lavado de dinero que impactó a Eben Ezer
  4. El caso de la demanda de paternidad en contra de Jorge H. López que impactó a Fraternidad Cristiana

De estos casos, el que quizás -a mi juicio- ha sido mejor manejado y que merece todo mi respeto y consideración es la manera en que Fraternidad Cristiana ha manejado la situación (ver comunicado oficial aquí) y más allá de eso, la vulnerabilidad, humildad y esperanza mostrada por Alex López -hijo mayor de Jorge H. López- en su más reciente blog titulado “Llorar de gratitud en la dirección correcta”.  Alex escribe:

“Es el sacrificio del Justo en la cruz del Calvario, el que permite que el Dios justo que no tolera el pecado y castiga al pecador, sea a la vez el que justifica. Es su sacrificio el que aplaca la ira de Dios, es su sacrificio como Jesús me sustituye ante el Padre en el castigo que debía recibir. Es su sacrificio el que me limpia de pecados, mi conciencia, me declara justo ante el Padre, me hace nacer de nuevo en mi espíritu y el que me da el poder para llevar una nueva vida.”

En medio de la crisis, en medio de esta tormenta que a los ojos de la opinión pública busca minar la confianza en la Iglesia Evangélica como institución, párrafos como este revelan el punto de reunión alrededor del cual todos los que hoy en Guatemala afirmamos la fe cristiana evangélica debemos reunirnos: la Cruz.

No es tiempo para excusas, justificaciones e incluso, tampoco es tiempo para echarle la culpa al diablo por todo.  Esta es la gran oportunidad para la Iglesia en Guatemala de mostrarse humana, quebrantada, llena de amor por los suyos y de rodillas clamando por misericordia, perdón y esperanza.

Jesús nos dijo cuando instituyó la Santa Cena, ese momento eucarístico que recuerda y reafirma la esperanza que tenemos en Él:

“Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Al orar por nosotros, Jesús le pidió al Padre:

»Mi oración no es por el mundo, sino por los que me has dado, porque te pertenecen. Todos los que son míos te pertenecen, y me los has dado, para que me den gloria. Ahora me voy del mundo; ellos se quedan en este mundo, pero yo voy a ti. Padre santo, tú me has dado tu nombre; ahora protégelos con el poder de tu nombre para que estén unidos como lo estamos nosotros. Durante el tiempo que estuve aquí, los protegí con el poder del nombre que me diste. Los cuidé para que ni uno solo se perdiera, excepto el que va camino a la destrucción como predijeron las Escrituras.
»Ahora voy a ti. Mientras estuve con ellos en este mundo, les dije muchas cosas para que estuvieran llenos de mi alegría. Les he dado tu palabra, y el mundo los odia, porque ellos no pertenecen al mundo, así como yo tampoco pertenezco al mundo. No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno. Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo. Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.
»No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos. Te pido que todos sean uno, así como tú y yo somos uno, es decir, como tú estás en mí, Padre, y yo estoy en ti. Y que ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:9-21, NTV)
Es tiempo de unidad y de amor.  Es tiempo de mostrar al mundo que no huimos excusando el pecado, sino que lo enfrentamos con humildad y esperanza, confiando en la suficiencia del sacrificio de Jesús en la Cruz.  Como dice el salmista:
“Oh Señor, te entrego mi vida.
¡Confío en ti, mi Dios!
No permitas que me avergüencen,
ni dejes que mis enemigos se regodeen en mi derrota.
Nadie que confíe en ti será jamás avergonzado,
pero la deshonra les llega a los que tratan de engañar a otros.
Muéstrame la senda correcta, oh Señor;
señálame el camino que debo seguir.
Guíame con tu verdad y enséñame,
porque tú eres el Dios que me salva.
Todo el día pongo en ti mi esperanza.
Recuerda, oh Señor, tu compasión y tu amor inagotable,
que has mostrado desde hace siglos.
No te acuerdes de los pecados de rebeldía durante mi juventud.
Acuérdate de mí a la luz de tu amor inagotable,
porque tú eres misericordioso, oh Señor.” (Salmo 25:1-7, NTV)
Es tiempo de vulnerabilidad y de reconocer que necesitamos arrepentirnos aún de aquello de lo que no nos damos cuenta y que sin embargo, es pecado delante de Dios:
“¿Cómo puedo conocer todos los pecados escondidos en mi corazón?
Límpiame de estas faltas ocultas.
¡Libra a tu siervo de pecar intencionalmente!
No permitas que estos pecados me controlen.
Entonces estaré libre de culpa
y seré inocente de grandes pecados.” (Salmo 19:12-13. NTV)
El testimonio que Guatemala necesita de la Iglesia es ese….el arrepentimiento continuo lleno de esperanza y fe en la obra completa de Jesús, en Su vida sin pecado, Su sacrificio propiciatorio, Su resurrección, ascensión y promesa de retorno como fundamento de nuestra esperanza.  Viviendo a la luz de eso, podremos entre nosotros como iglesia amarnos los unos a los otros en nuestras congregaciones locales, llamarnos al arrepentimiento y exhortarnos a buenas obras.  Solamente la gracia de Dios podrá hacer eso en nosotros y el único camino para eso es Jesús…
No olvidemos que siempre, siempre, siempre hay lugar a los pies de la Cruz y que la promesa de la fiesta en el cielo es para TODO pecador que se arrepiente, cada vez que se arrepiente porque quiere decir, como escribió Alex López, que estamos llorando en la dirección correcta en donde ninguna lágrima de tristeza, quebrantamiento o arrepentimiento pasa desapercibida o es en vano.
Es hora de cerrar filas alrededor de la Cruz…ese es nuestro Castillo Fuerte. ¡Siempre hay esperanza!

Lázaro, un Rico, una Cabaña, Atlas y la Verdad


la-cabana-pelicula-poster-2“19Jesús dijo: «Había un hombre rico que se vestía con gran esplendor en púrpura y lino de la más alta calidad y vivía rodeado de lujos. 20Tirado a la puerta de su casa había un hombre pobre llamado Lázaro, quien estaba cubierto de llagas. 21Mientras Lázaro estaba tendido, deseando comer las sobras de la mesa del hombre rico, los perros venían y le lamían las llagas abiertas.
22»Con el tiempo, el hombre pobre murió, y los ángeles lo llevaron a estar con Abraham.16:22  En griego al seno de Abraham. El hombre rico también murió y fue enterrado, 23y su alma fue al lugar de los muertos.16:23  En griego al Hades. Allí, en medio del tormento, vio a Abraham a lo lejos con Lázaro junto a él.
24»El hombre rico gritó: “¡Padre Abraham, ten piedad! Envíame a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua. Estoy en angustia en estas llamas”.
25»Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que tuviste todo lo que quisiste durante tu vida, y Lázaro no tuvo nada. Ahora él está aquí recibiendo consuelo y tú estás en angustia. 26Además, hay un gran abismo que nos separa. Ninguno de nosotros puede cruzar hasta allí, y ninguno de ustedes puede cruzar hasta aquí”.
27»Entonces el hombre rico dijo: “Por favor, padre Abraham, al menos envíalo a la casa de mi padre. 28Tengo cinco hermanos y quiero advertirles que no terminen en este lugar de tormento”.
29»Abraham le dijo: “Moisés y los profetas ya les advirtieron. Tus hermanos pueden leer lo que ellos escribieron”.
30»El hombre rico respondió: “¡No, padre Abraham! Pero si se les envía a alguien de los muertos ellos se arrepentirán de sus pecados y volverán a Dios”.
31»Pero Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no escucharán por más que alguno se levantara de los muertos”».” (Lucas 16:19-31, NTV) -énfasis mío-
Vivimos en una época compleja.  Peter Kreeft, filósofo cristiano y catedrático universitario, dijo: “En esta época de relativismo, la ortodoxia es la única rebelión que nos queda.” Esta frase parece ser más cierta y fuerte dentro de la iglesia.  La fluidez y lo turbio de las aguas teológicas que navegamos hoy colocan a quienes quieren pararse sobre la firmeza de la ortodoxia histórica y bíblica del cristianismo en un estado de rebeldía.  Vivimos en una época donde la relevancia importa más que la verdad, la unidad se confunde con el consenso y la espiritualidad privada basada en la experiencia sensorial ha reemplazado el discipulado y formación teológica que la Iglesia debe dar a sus miembros.
La prueba moderna que nos está tocando vivir ahora es con el famoso libro -y ahora película- “La Cabaña” de William Young.  Presentada como una novela de ficción, Young nos presenta una visión de Dios que se acerca lo suficiente a la verdad -hace muchas afirmaciones acerca de la Trinidad que podemos aceptar- que hace muy sencillo introducir de manera sutil su teología universalista y peligroso entendimiento del Evangelio.  Sus ideas se presentan como un billete falso que es tan parecido a los originales, que tomará un buen tiempo hasta que alguien se de cuenta y lo pare y se venga abajo la torre de naipes que ha venido construyendo.  El nuevo libro de Young -un libro de no ficción- titulado “Lies we believe about God” (“Mentiras que creemos acerca de Dios”) presentan de manera explícita su teología y es allí en donde quedan en evidencia para el cristiano, las mentiras que su libro “La Cabaña” comunica (recomiendo mucho la lectura de este artículo de Tim Challies al respecto).  Este video expone, de boca propia de Young, su teología, visión de la Biblia y del cristianismo:
Aclaro, no he leído el libro ni he visto la película.  No quiero hacerlo y en este caso en particular, no considero necesario hacerlo.  Gracias a Dios personas más preparadas e inteligentes que yo se han dedicado a ir desarmando los argumentos del libro para ayudarnos a tomar decisiones informadas y sustentadas en la Biblia para ya optar por leer y/o ver el material de “La Cabaña”.  Se me ha criticado por esto….¿cómo puedo criticar “La Cabaña” sin haber leído el libro o visto la película? Me pregunto si la misma posición debería adoptarse también para libros y películas como “Las 50 Sombras de Grey”…..no lo creo.
La técnica de introducir una filosofía a través de una novela no es nueva.  Una de las personas que mejor lo ha hecho es Ayn Rand, filosofa rusa famosa por su novela “La Rebelión de Atlas“.  A través de esta novela y otras que escribió, Rand logró esbozar una visión atea y darwinista del capitalismo conocida hoy como “Objetivismo“.  En este video, podemos ver algo del pensamiento de Rand que tanta influencia ha tenido en el pensamiento económico y moral a partir de la segunda mitad del siglo XX:
.  El John Galt de “La Rebelión de Atlas” cumple una función mesiánica en la historia…pero queda claro que es una distorsión de Jesús:
Al final, la metodología es la misma: introducir a través de una historia cautivante, una determinada filosofía y cosmovisión en particular y luego, a partir de allí, presentar de manera explícita la filosofía con la que se quiere ganar seguidores y formar su propio movimiento.
¿Qué tiene que ver esto con la parábola de Lázaro y el Rico citada al inicio de este artículo? 
Vivimos en  tiempos de poco conocimiento del Evangelio y poca confianza en el Evangelio.  Ante esta situación, sumado al velado gnosticismo en el que está sumido mucho del liderazgo de las iglesias (la “alta teología” solo está disponible para los “líderes” y/o “iluminados”), se apela a recursos que simplifican -pero a la vez, diluyen- los conceptos principales del evangelio y los hacen más “relevantes” a las masas, que, a saber de los líderes eclesiásticos, “no entenderían conceptos tan complejos”.  Se busca intercambiar el conocimiento objetivo de Dios a través de la Palabra por una experiencia cristiana sensorial y basada en si “me hace sentir bien”, “me revela algo nuevo”, “me da paz”, etc.  El uso del cerebro y la razón en la experiencia evangélica moderna pareciera que se entiende como incompatible con una fe basada principalmente -si no es que únicamente- en corazonadas y lo que “se siente rico”.
En la parábola, el fallecido hombre rico, apeló a Abraham para que a través de una experiencia (que Lázaro -que también había muerto pero no estaba en el infierno- fuera a visitar -o espantar- a sus familiares) se diera el arrepentimiento de su familia y evitaran llegar al infierno a la hora de morir.  La respuesta de Abraham es contundente:
29»Abraham le dijo: “Moisés y los profetas ya les advirtieron. Tus hermanos pueden leer lo que ellos escribieron”.
31»Pero Abraham le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no escucharán por más que alguno se levantara de los muertos”». (Lucas 16: 29 y 31, NTV)
Abraham apela a la suficiencia de las Escrituras para poder llegar al arrepentimiento del y conocimiento de Dios y fe en Él.  La confianza no está en las experiencias espirituales o sensoriales, sino en la exposición y conocimiento de la Palabra.  Pareciera ser que hoy estamos perdiendo esa confianza y certeza en la suficiencia, inerrancia e infalibilidad de las Escrituras.  A 500 años de la Reforma Protestante, vale la pena rescatar la idea de Sola Scriptura.
¿Es hacer ficción con temas cristianos algo malo? ¡Por supuesto que no! Somos parte de una Gran Historia, y las historias nos ayudan a conectar con esa idea de una gran narrativa que nos conecta con el pasado, nos da sentido al presente y nos impulsa al futuro.  Hay mucha y muy buena ficción de autores cristianos que a través de sus historias y novelas comunican -sin necesidad de hacerlo explícito- su cristianismo y pasión por el Evangelio.  Autores como C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Charles Sheldon, John Bunyan, Dostoevsky y otros muchos, que han escrito ficción muy valiosa, literariamente rica, además de cautivante y entretenida.
El llamado es al discernimiento crítico y separar lo verdadero de lo equivocado o incluso, lo herético.  En sí mismo, leer un libro como “La Cabaña” -y/o ver la película- no es malopecado.  Mucho menos es el papel de los líderes de la iglesia el prohibir y/o autorizar a las personas en las congregaciones el hacerlo.  Sin embargo, se debe enseñar cómo hacerlo y estar dispuestos incluso, a hacer las denuncias necesarias cuando la teología de estos libros y/o películas, atenta contra la ortodoxia, la Biblia y el Evangelio.  La Epístola de Pablo a Tito así lo exhorta:
9Debe tener una fuerte creencia en el mensaje fiel que se le enseñó; entonces podrá animar a otros con la sana enseñanza y demostrar a los que se oponen en qué están equivocados.
10Pues hay muchos rebeldes que participan en conversaciones inútiles y engañan a otros. Me refiero especialmente a los que insisten en que es necesario circuncidarse para ser salvo. 11Hay que callarlos, porque, con su falsa enseñanza, alejan a familias enteras de la verdad, y solo lo hacen por dinero. (Tito 1:9-11, NTV)
La primera parte del verso 11 debería ser razón suficiente.  La falsa doctrina y los falsos maestros “…alejan a familias enteras de la verdad…”.  Amar a las personas de la congregación exige coraje, valentía y muchas veces, ser un ortodoxo rebelde.
De nuestro lado, como personas, queda en el ejercicio responsable de nuestra libertad el asignar tiempo y dinero a leer un libro como este y ver la película, o usar ese mismo recurso para algo más.  La exhortación es que no tomemos tal cual todo lo que se muestra y lo que se dice.  Seamos buenos Bereanos:
“10Esa misma noche, los creyentes enviaron a Pablo y a Silas a Berea. Cuando llegaron allí, fueron a la sinagoga judía. 11Los de Berea tenían una mentalidad más abierta que los de Tesalónica y escucharon con entusiasmo el mensaje de Pablo. Día tras día examinaban las Escrituras para ver si Pablo y Silas enseñaban la verdad. 12Como resultado, muchos judíos creyeron, como también lo hicieron muchos griegos prominentes, tanto hombres como mujeres.” (Hechos 17:10-12, NTV)
Para profundizar en el tema, recomiendo estas lecturas:
Además, recientemente el diseñador gráfico del libro “La Cabaña” se arrepintió públicamente de haber participado en el proyecto y de haberlo prometido.  El artículo, en inglés, pueden leerlo aquí. El texto completo en Facebook de su declaración pública pueden leerlo aquí.

Un Refrescante Llamado a Considerar


da Sanpalabras-de-reflexionEn el calor que caracteriza esta época del año y estando a las puertas de Semana Santa, leí hoy como un gran refresco la columna titulada “Tiempo de Reflexión” de Brenda Sanchinelli Izeppi publicada en Prensa Libre.

La primera oración de la columna capturó mi atención: “Este tiempo es una buena oportunidad para reflexionar sobre el sentido interpretativo de la pasión y muerte de Cristo.” ¡Qué razón tiene! Estamos culminando cuaresma, ese hermoso período de 40 días en el calendario litúrgico cristiano que nos permite -si lo tomamos en serio- meditar y profundizar en la Cruz, el mensaje del Evangelio y la persona de Jesús.

Brenda Sanchinelli hace justo ese llamado a centrar nuestra atención en el Evangelio trascendiendo las fronteras denominacionales: “Entender lo que se conmemora en estos días va más allá de una religión —considerando que si hablamos del mundo cristiano existe un gran número de diferentes denominaciones, vertientes y rituales—, es valorar el gran amor que Dios manifestó al ser humano enviando a su hijo unigénito a morir por nosotros.” Este es un llamado importante porque hoy más que nunca, debemos procurar la unidad cristiana centrando la unidad en aquello que es, de acuerdo al apóstol Pablo en 1 de Corintios 15 es de “primera importancia”, el Evangelio.  Además, tenemos para fomentar esa unidad dentro de las distintas expresiones cristianas de Guatemala, documentos como la “Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación” de 1999 que si bien no terminan de resolver al 100% las diferencias entre católicos y protestantes, permiten un diálogo más cercano, caritativo y constructivo.

Brenda también es muy clara en invitarnos a profundizar en nuestras disciplinas espirituales, algo fundamental para todo cristiano:

“Este tiempo debe ser especial, procurando un acercamiento interior con Dios de oración y práctica del verdadero amor por los demás, como lo marca la doctrina que vino a enseñar Jesús de Nazaret.

La verdadera espiritualidad es aquella que produce en el ser humano una transformación interna, que lo acerca más al conocimiento y al amor de Dios, haciéndolo ser mejor cada día.”

Rescato también de la columna el fuerte llamado que se hace a volver a la Escritura y a la doctrina como un sine qua non de la vida de fe y práctica de todo cristiano:

“Muchas personas, incluyendo los que se denominan cristianos, no leen la Biblia, no se comunican en oración con Dios ni se documentan de primera mano sobre los preceptos de la fe, tampoco dimensionan la importancia de la muerte y resurrección de Jesús.”

Brenda no olvida las implicaciones eternas de esto y se une al clamor de ¡MARANATHA! al invitarnos a colocar nuestra esperanza en la segunda venida de nuestro Señor Jesús:  “Es interesante que, según la coyuntura mundial, para muchos teólogos estamos viviendo los tiempos finales y esto no debemos ignorarlo, porque es el deber de cada persona estar alerta y prepararse para el gran acontecimiento que será la Segunda venida del Señor Jesús.”

¡Gracias Brenda por tan importante columna el día de hoy! Espero muchas personas puedan leerla y tomarla en serio.  Cada uno de nosotros lo necesita, nuestras familias lo necesitan y Guatemala lo necesita.

San Valentín


stvalSe acerca un nuevo 14 de febrero, hoy conocido como el “Día del Amor y la Amistad”, pero también aún se le sigue llamando al día por su nombre original, el “Día de San Valentín”.  Normalmente, asociamos el día con el amor romántico, las rosas, chocolates y nunca faltan las tradicionales imágenes de Cupido (palabra en latín que significa “deseo”), el mítico personaje de la mitología romana -en la mitología griega conocido como Eros– a quién se le conocía como el dios del amor y la atracción sexual.

Sin embargo, ¿por qué San Valentín? ¿De dónde sale este nombre tan peculiar para esta celebración que se ha vuelto en comercialmente muy importante a lo largo de los años? ¿Existió un San Valentín? ¿Cuándo? ¿Quién era? ¿Qué hizo?

La respuesta es .  San Valentín fue una persona real y la razón porque se celebra el Día de San Valentín el 14 de febrero, es porque fue un 14 de febrero entre los años 269 y 280 después de Cristo que murió como mártir en Roma.  ¿Por qué murió? La tradición nos cuenta que San Valentín se dedicaba a evangelizar en Roma y a casar a parejas cristianas en medio de la persecución iniciada durante el gobierno del emperador Claudio II.  Valentín incluso tuvo la osadía de evangelizar al emperador y fue después de ese intento que fue condenado a ser vapuleado y posteriormente decapitado por no renunciar a su fe.  La tradición también cuenta que el día de su ejecución el entregó una nota firmada “tu Valentín” a una niña que recibió de parte suya un milagro de sanidad.  De allí para adelante, todo es historia.

Aunque no podemos conectar a San Valentín de manera directa con la celebración del día del cariño a como hoy lo conocemos y vivimos, vemos en lo poco que podemos saber de su vida, una vida dedicada a mostrar el verdadero amor, el amor de Dios tal cual lo conocemos y lo vemos descrito en la Biblia:

  • 9»Yo los he amado a ustedes tanto como el Padre me ha amado a mí. Permanezcan en mi amor. 10Cuando obedecen mis mandamientos, permanecen en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11Les he dicho estas cosas para que se llenen de mi gozo; así es, desbordarán de gozo. 12Este es mi mandamiento: ámense unos a otros de la misma manera en que yo los he amado. 13No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos. 14Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. 15Ya no los llamo esclavos, porque el amo no confía sus asuntos a los esclavos. Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo. 16Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.17Este es mi mandato: ámense unos a otros. (Juan 15:9-17, NTV)
  • 7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
    9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
    11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
    13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo. 15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
    Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
    18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
    20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo. (1 Juan 4:7-21, NTV)

San Valentín amó primero y se entregó a sí mismo por amor de aquellos a quienes Jesús amó y por quienes Jesús dio su vida.  Predicar el Evangelio es un acto de amor, más aún en medio de las despiadadas persecuciones romanas en contra de los cristianos.  Atreverse a oficiar las bodas de parejas cristianas es una declaración de esperanza en el sí al futuro que expresa el matrimonio cristiano y fe en la soberanía de Dios en medio de la incertidumbre que significa estar marcado para la muerte por causa de profesar una fe que con el paso del tiempo llegó, sin usar la fuerza, a derrocar el sistema que regía en aquel entonces.

Más allá del amor como sacrificio, como fantasía, como la engañosa reducción del mismo a puro deseo físico, San Valentín imitó a Jesús en su forma de expresar el amor, una forma que hoy es cada vez menos común: SACRIFICIO.

En una época confusa, en donde la palabra AMOR ha perdido todo su significado y profundidad, el sacrificio, el dar la vida por el otro, el donarse a sí mismo en favor de la persona amada, es quizás la evidencia más grande de la existencia de Dios que existe, el testimonio entre seres humanos de la belleza del Evangelio y la más clara demostración de fe que hay en la posibilidad de redención para seres imperfectos que aún así, por pura gracia, aprenden a imitar a Su hacedor y aman.  Esa es la lección de San Valentín.

Por San Valentín y su ejemplo de vida podemos afirmar que el verdadero amor ya ganó la batalla contra la mentira, la superficialidad y la mera sensualidad que hoy se nos vende.  Por la fe que nos mostró San Valentín, podemos confiar que el amor de Dios nunca cambia, que es para siempre y que es para aquellos que menos lo merecen, pero que en un despertar de humildad provocado por el Espíritu Santo, alzan la mirada al cielo y se dan cuenta de lo mucho que lo necesitan.

San Valentín amó porque entendió cuánto fue él amado primero y en respuesta a ese amor, el pudo hacer lo mismo.  Hoy, en este año, podemos redimir este y el resto de 14’s de febrero que queden y hacer lo mismo, una persona a la vez, y así, mostrarle al mundo la gloria, belleza y esperanza que hay en el amor de Dios.

La Belleza de la Religión Cristiana


dfcbbfa57127ab9882263a158b51a629“La religión no es el lugar en dónde el problema del egoísmo del hombre se resuelve automáticamente.  Al contrario, es allí en donde la batalla entre el orgullo humano y la gracia de Dios se da con más intensidad.  En tanto el orgullo humano gane la batalla, la religión puede y llega a convertirse en uno de los instrumentos de pecado en el hombre.  Pero, en tanto ese sea el lugar de encuentro dónde el “yo” se encuentre con Dios y pueda allí rendirse a algo que va más allá de su interés propio, la religión puede proveer la única posibilidad para la tan necesitada y tan rara liberación que necesitamos de nuestro común egoísmo.” (Reinhold Niebuhr)

¿Cuántas veces hemos escuchado a una persona evangélica definir el cristianismo como “una relación” y afirmar que “no es una religión”?  Esta es quizás una de las primeras cosas que muchos aprendimos y que se nos enseñaba para enfatizar el carácter personal de nuestra relación con Jesús y en cierta forma, presentar la posibilidad de liberarnos de las “cadenas” de la religiosidad o de los sistemas tradicionales de religión que conocíamos.  En el contexto evangélico latinoamericano, la palabra “religión” está casi prohibida y tiende a tener una connotación negativa.  A nuestra mente vienen imágenes de fariseos, saduceos y de todo aquello que, a primera vista, está mal con el cristianismo individualista que hoy se predica y enseña.

Sin embargo, vemos a través de las Escrituras, que el cristianismo no es únicamente esa relación personal con Dios a través del Espíritu Santo, sino que esa relación se vive y florece en su máxima expresión en el contexto de una comunidad muy específica diseñada por Dios para encarnar allí expresiones de Su gracia, amor y misericordia que son imposibles de encontrar en una relación con Él estrictamente vertical.  Esa comunidad es la iglesia local.  La Iglesia -el cuerpo místico de Cristo-, compuesta por todos los cristianos a través de todos los años y en todos los lugares del mundo, se manifiesta al mundo a través de cada iglesia local.  Encontramos iglesias en cada lugar donde se reúnen seguidores de Jesús a escuchar la Palabra de Dios y a ser ministrados a través de los sacramentos, concretamente, los sacramentos del bautismo y de la comunión (o Santa Cena, o eucaristía).

Es inescapable ver también cuánto del Nuevo Testamento está escrito para comunidades.  Pablo escribió a las iglesias en Roma, Corinto, Galacia, Éfeso, Filipos, Colosas y Tesalónica.  La carta a los Hebreos también va dirigida a una comunidad, así como la epístola universal de Santiago, las dos cartas de Pedro y 1 de Juan, sin contar los capítulos dedicados a mensajes a iglesias específicas que encontramos en Apocalipsis.  Las instrucciones que vemos en esos textos son imposibles de cumplir a menos que sean vividos en comunidad.  Es difícil “tolerarse los unos a los otros” si no hay a quién más tolerar o quién lo tolere a uno.  Jesús también nos coloca en una posición en la que se torna inescapable la vida en comunidad si es que queremos dar fiel testimonio de Él: 34Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. 35El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos».” (Juan 13:34-35, NTV)

Todo esto ha ido tomando forma a lo largo de los siglos y se constituye en lo que hoy conocemos como la religión cristiana, una expresión de fe que gira alrededor de una comunidad de creyentes que comparten ideas y prácticas que les ayudan a acercarse y conocer más y mejor a Jesús.  Todos los que nos llamamos cristianos y formamos parte de una iglesia, participamos de esta hermosa vida religiosa y hemos heredado de quienes nos antecedieron al menos las siguientes cosas:

  1. Credos en Común: como cristianos, somos herederos de una serie de afirmaciones que en los primeros siglos del cristianismo ayudaron a defender la sana doctrina y la fe de herejías que tenían el potencial de distorsionar y hasta destruir la fe:
    1. El Credo de los Apóstoles
    2. El Credo de Nicea
    3. El Credo de Calcedonia
    4. El Credo de San Atanasio
  2. Una Liturgia: aunque nos cueste admitirlo y por más “moderna” o “relevante” que sea la iglesia a donde vamos, seguimos una liturgia cada vez que nos reunimos.  La liturgia varía de iglesia en iglesia pero al menos tenemos algunos de estos elementos:
    1. Oración
    2. Alabanza
    3. Tiempo de ofrenda/diezmo
    4. Prédica/Sermón/Homilía
    5. Oración
    6. Alabanza
  3. Sacramentos: Aunque el énfasis e importancia que le demos a cada uno también varía entre iglesias y denominaciones, todos los cristianos alrededor del mundo y en todas las denominaciones observan como mínimo 2 sacramentos:
    1. Bautismo
    2. Comunión/Santa Cena/Eucaristía
  4. Doctrina: Ya sea de manera explícita o quizás implícita, todas las iglesias adoptan una línea doctrinal particular adherida a alguna denominación histórica o construida a partir de elementos de varias denominaciones o incluso que parte de la visión personal del liderazgo de la congregación.

La combinación de estos 4 elementos nos coloca dentro del contexto de una religión y ESO ES BUENO.  Contrario a los prejuicios anti-religión que hoy prevalecen dentro de la iglesia evangélica y que son aún más fuertes fuera del contexto cristiano, afirmar que tenemos y formamos parte de una religión es algo bueno. ¿Por qué?

  1. Es bueno porque nos une con otros cristianos a través de diferencias geográficas, culturales, idiomáticas e incluso históricas.  Nos da una historia común.
  2. Nos ayuda a crecer espiritualmente de una manera consistente, disciplinada y con la oportunidad de aprender de aquellos que nos han precedido.
  3. Nos coloca en el contexto de una comunidad local en donde podemos apoyarnos, a la que podemos servir, en donde somos instruidos, fortalecidos y enviados a servir a los demás.
  4. Nos empuja a salir de nuestro individualismo y nos abre a la consideración del otro y ver en los demás a personas creadas a la imagen y semejanza de Dios que tienen dignidad y valor propio que se desprende de ser portadores de esa imagen.

Al ser justificados individualmente por Dios y Su gracia a través de la fe en Jesús y el poder regenerativo del Espíritu Santo, nacemos de nuevo a una familia de creyentes en dónde nuestro proceso de discipulado y santificación inicia y progresa hasta el día que seamos todos reunidos de vuelta con el Padre por toda la eternidad.  No fuimos hechos para vivir como islas en una relación estrictamente vertical con Dios, sino a extendernos horizontalmente hacia los demás y experimentar de esa manera encarnada y sacrificial, las más altas expresiones del amor, misericordia y la gracia de Dios.

El mundo afuera necesita algo mejor que el aislamiento y el individualismo que está arrancando la esperanza de tantos corazones y dejándolos vacíos y desconectados.  La iglesia está llamada a ofrecer algo mejor, a ofrecer una comunidad y un sentido de estabilidad a través de la consistencia en la enseñanza, práctica y vivencia de la fe que hemos heredado y que estamos llamados a heredar a las futuras generaciones.  Es allí donde muchos se encontrarán cara a cara con Jesús.