¿Qué estás pensando?


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“Je pensé, donc je suis”. René Descartes

La famosa frase de Descartes, en español “pienso, luego existo” o “pienso, por lo tanto existo” se considera como una que representa el pensamiento filosófico moderno. En la filosofía post moderna la expresión podría ser algo como “pienso, publico, luego existo” o “publico, luego existo” por aquellos que no piensan lo que publican.

¿Qué estás pensando?

Seamos honestos las redes sociales son parte de nuestra vida. Soy una persona con una rutina matutina, que generalmente es algo así: temprano en la mañana suena la alarma de mi celular y lo primero que hago, es revisar mi teléfono (yo sé… no es orar, estoy siendo honesta) si tengo algún mensaje de WhatsApp, mi correo electrónico y la agenda del día, hago ejercicio viendo las noticias de la mañana, me ducho y visto (allí es cuando oro), mientras preparo el desayuno y mi almuerzo reviso Twitter e Instagram y cuando estoy desayunando leo los post que me interesan y termino de organizar mi día.

Hoy, en la mañana tuve la oportunidad leer un artículo de Fast Company que habla de la influencia de las redes sociales en nuestra vida, y hace referencia al video de The Higton Bros, “What´s on your mind?” que muestra como la gente utiliza las actualizaciones de estado en Facebook no para compartir lo que esta en su mente o su vida sino lo que quisieran que estuviera. Link al artículo

Por favor no quiero que me mal interpreten, esta publicación no es una campaña en contra de Facebook o las redes sociales que son sólo medios para relacionarnos, no considero que las redes sociales sean un problema, si hay algún problema está en nuestro corazón. Personalmente no uso Facebook, actualmente uso Twitter e Instagram y últimamente que escribo por acá.

Lo verdaderamente importante

Siempre me han apasionado los proyectos, y en su desarrollo soy una persona cuidadosa, vigilante, pues para mí el mundo es un lugar impredecible; busco identificar, evaluar y en la manera posible reducir los riesgos que se esconden debajo de la superficie. Me gusta planificar el futuro con el fin de anticipar lo que podría salir mal. Y aunque disfruto crear redes de contactos y equipos de trabajo, soy una persona bastante seria y reservada.

Por mucho tiempo mi identidad se basó en los logros de mis proyectos y en la aceptación de otros por mis logros. Hasta que Dios en su misericordia me dejo fallar y darme cuenta que me quedo corta, que no soy suficiente y esta bien no ser suficiente pues no fui creada para serlo. Su amor y su gracia fueron tan abrumadoras sobre mí (Efesios 1:7) que no tuve más que rendirme a El sin cautela, admitir mi vulnerabilidad, ser completamente honesta, y por primera vez dejar a alguien atravesar los sistemas de seguridad que siempre habían protegido mi corazón y aprender a confiar.

Riesgos que vale la pena tomar 

Aunque ahora lo describo como un evento ha sido mas bien un proceso, uno del día a día. Un proceso en el que Dios sigue trabajando y transformando mi corazón… pues al dejarlo entrar a mi vida, Dios me ha llevado un paso más allá, me ha enseñado sobre la vida en comunidad y la verdadera amistad, y  me ha retado a dejar entrar a otros (que no significa dejar entrar a todos).

Nunca ha sido fácil para mi compartir asuntos personales (incluso ahora mientras escribo esta nota). En este proceso con Dios y con otros he aprendido que la vida se disfruta más al vivirla con quienes amamos y para eso debemos aprender a amar y ser amados, pero no podemos amar a alguien a quien no conocemos y no podremos conocernos sin aceptar los riesgos.

No soy ingenua, abrirnos a otros es un gran riesgo, pero es uno que vale la pena tomar de la mano de Dios. Es en el proceso de descubrirnos, conocernos, aceptarnos, valorarnos y amarnos que Dios puede cumplir en nosotros Su propósito. Doy gracias a Dios por mis amigos, porque con ellos quiero compartir más de 140 caracteres quiero compartir historias de vida, más que una foto o video quiero compartir momentos que queden grabados como recuerdos en nuestra mente y corazón, más que obtener de ellos un “me gusta”, los quiero a ellos por quienes son.

Nota: para quienes se preguntan cuándo leo mi Biblia y oro más seriamente, lo hago antes de dormir. Es mi tiempo con Dios, El y yo.

Juntos num só ritmo


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19 campeonatos, 76 equipos, 8 campeones, 772 partidos, 2208 goles, 6598 jugadores, 16 países anfitriones, más de 34 millones de espectadores, el mayor evento deportivo: la Copa Mundial de la FIFA.  209 asociaciones miembros, 820 partidos, 202 equipos: competencia preliminar. 64 partidos, 12 ciudades anfitrionas, 32 equipos, todos al mismo ritmo: la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.

El mayor evento deportivo

En cinco continentes, en cientos de países alrededor del mundo, miles de personas celebran la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 y yo soy una de ellas. Conozco el juego y difruto un buen partido; sé lo que es un saque de puerta, un tiro de esquina, un tiro libre, un penal, una jugada fuera de lugar… no veo un juego solo por sus jugadores (como piensan de nosotras las chicas). Aunque más que ser fan del fútbol me considero fan del campeonato mundial, así que desde el 11 de junio al 13 de julio, trataré de ver todos lo partidos que pueda, vestiré los colores de mis equipos favoritos, cantaré la canción oficial (incluso la bailaré), viviré la emoción, le hablaré a la pantalla como si los jugadores pudieran escucharme y por supuesto gritaré ¡Goool!

Pero hay algo más porque sin importar la fase del partido si de grupos o eliminatoria, los equipos que van a jugar, y tengo que confesar que algunas veces incluso más que el marcador final; es el momento en que ingresan las banderas y los equipos al campo de juego, cuando los jugadores se enfilan y junto a las porras entonan sus respectivos himnos nacionales, en esos momentos cada jugador representa una historia no solo personal sino familiar y cada equipo representa la historia no de un grupo sino de una nación.

Y qué son las naciones sino el resultado de la organización humana y las relaciones internacionales la dinámica de construir o destruir puentes para relacionarse entre sí. La FIFA que comprende esto a la perfección en este campeonato utiliza de slogan oficial “All in one rhythm”, “Juntos num só ritmo”, “Todos al mismo ritmo”.

Un evento aún mayor

La humanidad, una creación tan diversa pero con elementos fundamentales unificadores; somos distintos en cuanto a lo físico y cultural, iguales en valor y dignidad. Es indiscutible que la FIFA no sólo comprende de organización humana, comprende y aprovecha la fantástica habilidad del deporte rey como un puente entre personas y naciones. Por eso disfruto tanto la Copa Mundial, en cada partido se encuentran la diversidad y la igualdad y los equipos con sus características físicas, su postura, su idioma, incluso su forma juego, representan la maravillosa creación de Dios.

Lamentablemente aún existen espacios vacíos que nos separan, aún necesitamos usar puentes para encontrarnos y relacionarnos unos con otros, pues como humanidad tenemos un evento aún mayor que celebrar: el evangelio de Jesucristo.

Necesitamos puentes y necesitamos aprender a usarlos. Y al igual que la FIFA, el Apóstol Pablo fue un maestro en esto, el libro de Hechos y sus cartas dejaron registro de cómo lo hizo, Romanos 3:9-27 es un fantástico ejemplo. Primero expone aquellos elementos unificadores: “están bajo el pecado”, “no hay un solo justo”, “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”; luego el evangelio: la justicia y gracia de Dios, la salvación a través de la fe en Jesucristo; y por último va más allá reconoce que judíos y gentiles son distintos entonces hace que quiten sus ojos de sí mismos y los pongan en Dios porque solo así podrán reconocerlo como único Dios sobre toda la creación y un Dios que extiende su salvación a toda nación. Usando la salvación como un nuevo elemento unificador, primeramente con Dios y luego entre ellos.

En la Copa Mundial celebro el buen fútbol y la maravillosa diversidad, dignidad y valor de la humanidad, en mi vida celebro el evangelio de Jesucristo y seguiré usando puentes hasta el momento en que estemos todos al mismo ritmo en adoración delante de Dios.

Para aquellos que quieran conocer mas de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014 en cifras

Días del futuro pasado


Me confieso cinéfila y fan de Marvel y aunque X-Men Días del futuro pasado (Days of the future past) me pareció fantástica, me confieso apasionada por algo más grande, que hoy en medio de una mañana difícil necesitaba recordar y esta película me ayudó. Para aquellos no que tienen idea de la película les comparto este video, y los fans espero que se emocionen como yo (no se preocupen no voy a arruinar el final).

Días del pasado

Todos tenemos un pasado y nuestro pasado tiene matices, lugares, colores, aromas, sabores… personas y decisiones que tomamos, también tiene victorias y derrotas, logros y fracasos, gozo y dolor. Cuando miramos atrás ¿Qué recordamos de nuestro pasado? ¿Cuáles son las imágenes, pensamientos o sentimientos que vienen a nosotros? Puede ser un pasado lejano… años atrás o puede ser un pasado más inmediato como esta mañana. Creo que todos quisiéramos ver atrás y sonreír, pero a veces al ver atrás nos lamentamos, y aunque sería fantástico poder regresar en el tiempo, sabemos que solo pasa en las películas.

Nuestra confianza, nuestra esperanza

“Profesor X: [a su yo más joven] Tienes miedo. Recuerdo. /…/ Por favor… necesitamos que vuelvas a tener esperanza” 

Esta escena en particular, me recordó las palabras de Benedicto XVI en Spe Salvi “Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizá ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrido con amor infinito.”

Esto es esperanza para mí, es la virtud por la que confiamos en Dios a través de Cristo (1 Corintios 15:57), por la que podemos esperar con certeza, en palabras de John Piper “una expectativa confiada y deseo de algo bueno en el futuro”, no por nosotros sino por el, como lo dijo Jesús en Juan 16:33. El origen de nuestra esperanza es Dios, entonces sin importar nuestra historia personal todos podemos relacionarnos con ella, va más allá de nosotros, trasciende épocas, culturas e historias.

Días del futuro

Todos tenemos luchas, batallas e incluso guerras, vivimos en este mundo corrompido y día a día enfrentamos tentaciones, pecado, abuso, dolor y temor; así que aunque ciertamente podría usar esas palabras con mi yo más joven, también son palabras que necesito escuchar hoy y que necesitaré mañana también como David en el Salmo 42:5.

Las consecuencias de las decisiones que tomamos en esperanza trascienden más allá de lo que podemos imaginar. Pienso en aquellos que esperan del otro lado de tu obediencia a Dios, de mi obediencia a Dios, necesitan que volvamos a tener esperanza, necesitan que tengamos esperanza hoy. Y mientras caminamos con esperanza también necesitamos amigos, personas que Dios use para dirigirnos, para mostrarnos paciencia, para guiarnos, para acompañarnos mientras nos convertimos en las personas que fuimos llamados a ser.

 

Gracias a Dios por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton


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La Tierra y los planetas de nuestro Sistema Solar giran al alrededor del Sol, en palabras de Copérnico: “Giramos alrededor del Sol como cualquier otro planeta”, no somos el centro del universo. Una declaración que parece sacada de una lección escolar de Ciencias Naturales, pero que en mi vida ha tenido grandes efectos.

Una idea que cambio la forma en que vemos al universo
(Planetary Motion: The History of an Idea That Launched the Scientific Revolution, Earth Observatory, NASA. Traducción libre)

Las ideas de los antiguos filósofos griegos dieron forma a la visión del mundo de la civilización occidental. Las ideas de Aristóteles sobre el universo prevalecieron, creyendo que los planetas y el Sol orbitaban alrededor de la Tierra. Durante casi 1,000 años, la idea de Aristóteles dominó la filosofía natural (el nombre para los estudios del mundo físico). Una cosmovisión geocéntrica se arraigó en la teología cristiana, haciéndola una doctrina de la religión tanto como filosofía natural. A pesar de eso, fue un sacerdote quien trajo la idea de que la Tierra se mueve alrededor del sol.

En 1515, un sacerdote polaco llamado Nicolás Copérnico propuso que la Tierra era un planeta como Venus o Saturno, y que todos los planetas giraban alrededor del Sol. La teoría reunió pocos seguidores, y por un tiempo, algunos de los que dieron crédito a la idea enfrentaron acusaciones de herejía. Por ejemplo, el científico italiano Giordano Bruno, quien fue quemado en la hoguera por la enseñanza, entre otras ideas heréticas, de la visión heliocéntrica de Copérnico del Universo.

Cuando Galileo apuntó su telescopio hacia el cielo nocturno, en 1610, vio por primera vez en la historia humana las lunas que orbitaban Júpiter. Galileo también observó las fases de Venus, lo que demostró que el planeta órbita alrededor del Sol. Aunque Galileo no compartió el destino de Bruno, la Inquisición española tenía, bajo amenaza de tortura, obligarlo a retractarse de su apoyo a un sistema solar heliocéntrico, y se le puso bajo arresto domiciliario de por vida a la edad de 69 años.

Casi al mismo tiempo, el matemático alemán Johannes Kepler estaba publicando una serie de leyes que describen las órbitas de los planetas alrededor del Sol. En 1687, Isaac Newton puso el último clavo en el féretro de la visión aristotélica, geocéntrica del Universo. Sobre la base de las leyes de Kepler, Newton explicaba por qué los planetas se movían como lo hicieron alrededor del Sol y nombró a la fuerza que los mantiene bajo control: gravedad.

Una idea que cambió la forma en que nos vemos a nosotros mismos

“De todos los descubrimientos y opiniones, ninguno pudo haber ejercido un mayor efecto sobre el espíritu humano que la doctrina de Copérnico. El mundo apenas se ha conocido como redondo y completo en sí mismo cuando se le pidió renunciar al enorme privilegio de ser el centro del universo”.  Johann Wolfgang von Goethe

“No hay nada más liberador que el mundo no se trate de mí, nada.” Matt Chandler

Realmente disfrute la historia anterior, pensar que durante casi 1,000 años creímos ser el centro del universo, claro leerlo ahora como una historia es fácil, pero definitivamente fue un proceso que cambio no solo ideas, sino acciones y vidas, en el que algunos de sus protagonistas sufrieron persecución y muerte.

Si en historia de nuestra vida, el pecado en nosotros hace que nos cueste tanto renunciar, en palabras de Goethe, al enorme privilegio de ser el centro del universo; ¿Qué tan diferentes somos entonces de aquellos que tuvieron una visión geocéntrica, si seguimos creyendo que somos el centro del universo, con una visión egocéntrica donde las personas y cosas giran alrededor de nosotros? Miremos a nuestro alrededor… el ego, el yo, es exaltado de tal manera que el hombre se coloca en el centro del universo y de todo lo que nos rodea.

El privilegio de ser el centro del universo no nos pertence, nunca ha sido nuestro, el único digno de tal privilegio es el autor del universo Dios es el único que puede ocupar semejante posición (Hebreos 11:3, Romanos 11:36). Y es unicamente a la luz del evangelio que reconocemos quien es Dios y quienes somos nosotros, el lugar que ocupa El y que lugar ocupamos nosotros. Es a través del evangelio y la obra redentora de Cristo Jesús que podemos rendir el centro, el trono de nuestra vida y recibir la libertad de no ser nuestro propio dios. Comprender que la historia no se trata de mí, se trata de El, es un proceso difícil en el que también podemos enfrentar resistencia… nuestro orgullo, vanidad y temor.

Y así como en la historia de la humanidad doy gracias a Dios por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton; en mi historia personal doy gracias a Dios por los hombres y mujeres en mi iglesia local Casa de Libertad, a quienes El ha usado a través de su amistad, en Recovery y grupos en casa, amigos que hicieron que el evangelio fuera no solo una idea sino la verdad que cambió la forma en que veo a Dios, a mi y también el universo.

Apasionada por Dios y Su gracia


Keira Knightley as Lizzie Bennet in the 2005 film Pride and Prejudice

En mi último post me puse en los zapatos de Alicia y compartí mi respuesta a la pregunta de la Oruga: “¿Quién eres tu?” partiendo de la antropología cristiana. Pero, tengo que confesar que en mi cabeza el tema siguió dando vueltas… de una forma más personal.

Una noción de mujer

A lo largo de la historia de la humanidad (partiendo de una idea antropológica) se ha desarrollado no solamente una noción de persona humana, sino una noción de hombre y mujer, que luego se manifiesta en la cultura y se representa en nuestro día a día.

“––Me asombra ––dijo Bingley–– que las jóvenes tengan tanta paciencia para aprender tanto, y lleguen a ser tan perfectas como lo son todas. ––¡Todas las jóvenes perfectas! Mi querido Charles, ¿qué dices? ––Sí, todas. Todas pintan, forran biombos y hacen bolsitas de malla. No conozco a ninguna que no sepa hacer todas estas cosas, y nunca he oído hablar de una damita por primera vez sin que se me informara de que era perfecta. ––Tu lista de lo que abarcan comúnmente esas perfecciones ––dijo Darcy–– tiene mucho de verdad. El adjetivo se aplica a mujeres cuyos conocimientos no son otros que hacer bolsos de malla o forrar biombos. Pero disto mucho de estar de acuerdo contigo en lo que se refiere a tu estimación de las damas en general. De todas las que he conocido, no puedo alardear de conocer más que a una media docena que sean realmente perfectas. ––Ni yo, desde luego ––dijo la señorita Bingley. ––Entonces observó Elizabeth–– debe ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente. ––Sí, es muy exigente. ––¡Oh, desde luego! exclamó su fiel colaboradora––. Nadie puede estimarse realmente perfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas. Y además de todo esto, debe poseer un algo especial en su aire y manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; pues de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias. ––Debe poseer todo esto ––agregó Darcy––, y a ello hay que añadir algo más sustancial en el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas. ––No me sorprende ahora que conozca sólo a seis mujeres perfectas. Lo que me extraña es que conozca a alguna. ––¿Tan severa es usted con su propio sexo que duda de que esto sea posible? ––Yo nunca he visto una mujer así. Nunca he visto tanta capacidad, tanto gusto, tanta aplicación y tanta elegancia juntas como usted describe.” Orgullo y Prejuicio, Jane Austen

Jane Austen es reconocida por representar la sociedad inglesa del siglo XIX en sus novelas, y aunque este diálogo, se enmarca en ese contexto particular, para mí es un ejemplo de como en ese diario vivir encontramos la noción de lo que es o debería ser una mujer. Aún fuera de ese contexto, puedo de alguna manera identificarme en el diálogo, solo tengo que hacer unos pequeños cambios de contexto.

Quizá en vez de pintar, forrar biombos y hacer bolsitas de malla, tendría que pensar en trabajar o tener algún hobby, cocinar, hacer crossfit, pilates, yoga (o algún deporte); en lugar de tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas, podría pensar en tener estudios universitarios, estar en forma (además de pelo, piel y uñas como de salón), buen ritmo al bailar, sentido del humor, y hablar más de un idioma. Por favor, no me mal interpreten no estoy en contra de estas cosas, además como amante de un buen libro me gustó que el Señor Darcy haya agregado el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas.

Apasionada por Dios y Su gracia

Sin embargo, entiendo el argumento de Elizabeth, al reconocer el peso que la sociedad puede poner sobre la mujer en cuanto a quién debería de ser y cómo debería de actuar, basándose en una noción humana de perfección que para nosotras es imposible de alcanzar. Somos pecadoras por naturaleza y elección, no hay en nosotras perfección. (Romanos 1:21-23, Romanos 3:10-11,23).

¡Cuánto quise ser perfecta! ¡Cuánto trate de serlo! Sí, la joven correcta, la joven perfecta. Poniendo mi valor e identidad en la opinión de las personas a mi alrededor, tratando de justificarme en mi propia razón. Pero Dios en su misericordia me dejó fallar una y otra vez, hasta que reconocí que no se trataba de mí, que mi historia era parte de una historia aún mayor, reconocí quién es El y entonces pude conocer quién soy yo.

Quién soy como mujer, mi cuerpo y la belleza en el; mi habilidad intelectual y la capacidad de crear, mi pasión por los proyectos y las ideas detrás de ellos, cuánto disfruto imaginar la imagen completa y jugar con los detalles; tener libertad de sentir, amar, reír y llorar; enfrentar mis temores, sombras y días grises; abrazar mis sueños, anhelos y deseos del corazón, aún el sexto sentido que dicen que tenemos. Y en todo esto aprendí que soy suya y que eso es todo y suficiente, aprendí que su perfecto y mi perfecto son diferentes y como día a día Su amor y Su gracia me sostienen (Isaías 43:1, Efesios 2:4-5).

En los zapatos de Alicia


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Esta semana, en distintos almuerzos con amigos y nuevos amigos, hablando de todo un poco, una y otra vez parecía que en nuestra conversación había un denominador común: la persona humana y su dignidad, así que aquí algunas reflexiones.

Una noción de persona

“-¿Quién eres tu?- dijo la Oruga.
-Yo… este… apenas lo sé, señor, en este mismo momento… por lo menos sé quién era cuando me levanté por la mañana, pero creo que debo de haber sido cambiada varias veces desde entonces. -¿Qué quieres decir con eso?- dijo la Oruga severamente-, ¡Explícate!
-Me temo que no puedo explicarme, señor -dijo Alicia-, porque no soy yo, si me entiende.” Lewis Caroll. Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas.

Una de las grandes preguntas de todo el pensamiento humano es ¿Quién soy? En el mundo postmoderno la respuesta está llegando a ser “no sé”. Esto es sumamente peligroso, la pérdida de identidad provoca la pérdida de sentido; entonces se pierden las respuesta a preguntas importantes sobre nuestra humanidad, nuestra vida e incluso nuestra muerte.

No intento, ni pretendo hacer de esto un ensayo de antropología cristiana pero reconozco que si yo estuviera en los zapatos de Alicia tendría que ir a ésta para responder la pregunta de la Oruga, ya que la antropología es el marco dentro del cual se germinan las ideas sobre el hombre y sus actos; el pensamiento de quienes somos es el punto de partida del crecimiento o decadencia de las personas, familia, sociedades y naciones.

En los zapatos de Alicia

Mi respuesta sería algo así… (citando las Escrituras y algunos de mis antropólogos personalistas más queridos)

Soy un ser espiritual con alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23). Creada a su imagen y semejanza (Génesis 1:26). Mi vida: espíritu, alma y corporeidad humana, tienen dignidad y valor desde el día de mi concepción hasta el día de mi muerte. Que Dios confirma por medio de la encarnación del Verbo y su resurrección corporal, que de no haberlo hecho sería inconcebible pensar que Jesús siendo Dios tomara forma de hombre.

Emmanuel Mounier lo describe de forma hermosa: “no puedo pensar sin ser; ni ser sin mi cuerpo; yo estoy expuesto por él a mi mismo, al mundo, a los otros; por él escapo a la soledad de un pensamiento, que no seria mas que pensamiento de mi pensamiento. Al impedirme ser totalmente transparente a mi mismo, me arroja sin cesar fuera de mi en la problemática del mundo y las luchas del hombre. Por la solicitación de los sentidos me lanza al espacio, por su envejecimiento me enseña la duración, por su muerte me enfrenta con la eternidad. Hace sentir el peso de la esclavitud, pero al mismo tiempo esta en la raíz de toda conciencia y de toda vida espiritual. Es el mediador omnipresente de la vida del espíritu.”

Singular, en mi naturaleza racional, con la capacidad de conocer la Verdad (Juan 14:6). En palabras de Carlos Díaz: “Para nosotros cristianos, Cristo es la Verdad y la filosofía, la que se nutre de la entraña teológica; todo cuanto elaboren ulteriormente los filósofos se encontrará abierto por la Revelación bíblica exigiendo nuestro ejercicio filosófico por un tranquilo análisis de datos revelados para incorporar ideas, valores, principios emanados de la historia de la Revelación y condensados en la persona de Cristo y que “se vuelven filosóficos cuando se hace abstracción de la persona de donde brotan.”

Pecadora por naturaleza y elección propia (Romanos 3:23), en Cristo Jesús justificada, adoptada y redimida, viviendo mi vida como un proceso de santificación, esperando el día de glorificación (Romanos 8:29-30).  Juan Pablo II lo expone así: “La vida humana entera es un coexistir en la dimensión cotidiana -tu y yo- y también en la dimensión absoluta y definitiva yo y Tu. La tradición bíblica gira en torno a este Tu; que en primer lugar es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de los Padres, y después el Dios de Jesucristo y de los Apóstoles, el Dios de nuestra fe. Nuestra fe es profundamente antropológica, esta enraizada constitutivamente en la coexistencia, en la comunidad del pueblo de Dios y en la comunión con este eterno Tu. Una coexistencia así es esencial para nuestra tradición judeocristiana, y proviene de la iniciativa del mismo Dios. Esta es la linea de la creación, de la que es su prolongación, y al mismo tiempo es -como enseña San Pablo- la eterna elección del Hombre en el Verbo que es el Hijo.” 

 ¿Cuál sería tu respuesta?

Como Alicia, cada uno de nosotros se enfrenta esta pregunta de forma individual en su día a día y de forma colectiva como Iglesia, estamos delante de un reto histórico y universal. La antropología cristiana puede pensarse como la matriz en donde se gestará el pensamiento que enfrentará el paradigma del hombre postmoderno y el paradigma de ser iglesia para esta generación.

Concilios, Confesiones y Catecismos: herencia olvidada


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¿Cuántos hemos soñado en recibir una herencia y en que haríamos con esta? Yo lo he hecho, y supongo que cuando lo hacemos generalmente pensamos en ésta de acuerdo a nuestra necesidad. En esta misma línea ahora, dejo de pensar en mí como persona individual y pienso en mí como miembro de la Iglesia local y la Iglesia como cuerpo de Cristo, ¿Cuál es nuestra necesidad? ¿Cuál sería una buena herencia a recibir y qué haríamos con ella?

En mi iglesia local, Casa de Libertad, nos reunimos entre semana en pequeños grupos llamados grupos de comunidad. En estos grupos buscamos crear un ambiente cómodo y conversacional donde podamos ir aprendiendo más acerca de Dios y de lo que la Biblia dice sobre nuestra relación con El. Las últimas semanas nos pusimos serios en la búsqueda intencional de dar respuesta a esas preguntas importantes sobre Dios y nuestra vida.

Para hacerlo, por supuesto, vamos a la fuente de la revelación de Dios, Su palabra, la Biblia. Sin embargo, al acercarnos a la Escritura podríamos caer en la tentación de creer que somos los primeros en esta búsqueda y olvidarnos de aquellos antes de nosotros. Como lo describe el rey Salomón: “Hay quien llega a decir: «¡Mira que esto sí es una novedad!» Pero eso ya existía desde siempre, entre aquellos que nos precedieron. Nadie se acuerda de los hombres primeros, como nadie se acordará de los últimos. ¡No habrá memoria de ellos entre los que habrán de sucedernos!” Eclesiastés 1:3 (NVI)

Aquellos que nos precedieron

Hebreos 11 hace un recuento de hombres y mujeres que por su fe obtuvieron revelación de quien es Dios y como esta revelación marcó sus vidas. Ciertamente el relato del capítulo es inspirador al hablar de la fe y como por medio de ella fueron aprobados, lo que conocieron, creyeron, hicieron, el testimonio que obtuvieron, e incluso lo que disfrutaron o sufrieron. Sin embargo, mi parte favorita son los últimos dos versículos: “Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor.” Hebreos 11:39-40 (NVI).

A veces somos tan egocentricos que nos olvidamos que nuestra historia es parte una historia más grande que nosotros mismos, y al hacerlo nos limitarnos. Como Iglesia somos herederos de la revelación y el conocimiento de Dios en Cristo Jesús por medio de los cuales podemos conocerlo hoy, y en esa revelación herederos de fe y de la salvación y justicia que vienen por la fe. Herederos de Su Palabra escrita a través cientos y miles de años, que através de la vida de los hombres y mujeres registrada en sus páginas en donde Dios mismo se revela a nosotros. Esto es para mí ese “algo mejor” que describe el verso 40. Y aunque como Iglesia solemos estar bastante conscientes de esta herencia, que es la primera y más importante, no es la única que nos fue otorgada.

La herencia olvidada

En esta nuestra búsqueda del ser y el deber de nuestra vida cristiana, vamos a la Biblia. Sin embargo, al hacerlo no debemos pensar que somos los primeros en hacernos las grandes preguntas a la luz de la Escritura. A lo largo de la historia de la Iglesia se registra esta labor en Concilios, en Confesiones y Catecismos. De hecho el primer registro que tenemos de ésto está en el libros Hechos en el capítulo 15 que describe a los Apóstoles haciéndo preguntas sobre salvación, ley, fe y gracia, entre otros.

Sería entonces arrogancia juvenil o incluso infantil ignorar la herencia de aquellos que se dieron a la tarea hermenéutica y apologética cuidadosa de las Escrituras con el fin de afirmar coherentemente las grandes líneas de enseñanza doctrinal y de deber de la Iglesia. Pero, ¿Qué estamos haciendo con esta herencia? Tengo la dicha de decir que gracias al material que estamos utilizando en nuestro grupo de comunidad se hace referencia a estos textos, pero debo confesar que fuera de ese contexto particular, generalmente ignoramos la existencia de estos documentos olvidando esta herencia, que como buenos herederos deberíamos valorar, conocer y compartir. Reconociendo que de ninguna manera tienen mayor autoridad que la Escritura, pero que debido a su enseñanza bíblica, tienen el valor de guiarnos tanto hoy como lo hicieron con aquellos antes de nosotros. Es una bendición para la iglesia hoy no tener que descubrir la rueda, sino sobre este fundamento apreciar la profundidad y riquezas de nuestra fe cristiana.

Para aquello que quieran conocer un poco más de esta herencia…  http://www.iglesiareformada.com/Hodge_Breve_Historia_Credos.html

¿Por qué valoro la lucha por la libertad?


APTOPIX Ukraine Protest

El 2014 ya dejo atrás su primer mes y febrero sigue avanzando, y en lo que va del año los medios de comunicación han estado informando sobre los conflictos en Siria, Ucrania, Venezuela… gracias a la tecnología tenemos acceso a estos de forma inmediata en cuanto a tiempo, global en cuanto a espacio e ilimitada en cuanto a cantidad; haciéndonos casi imposible ser ajenos a lo que sucede en el mundo aún cuando no es parte de nuestra realidad inmediata. En las últimas semanas la cobertura de las situaciones en Venezuela y Ucrania ha crecido, y en medio de la toda la información vi un video que me llevó a escribir esta nota :

Lo que el video me hizo reflexionar fue mucho más de lo pensé al hacer click.

Lo que damos por sentado
Agradezco a Dios la libertad en la que vivo. Porque aún cuando Guatemala es un país joven en su consolidación democrática y con grandes retos a enfrentar, hoy no vivimos ese tipo de crisis. Sin embargo, es algo que fácilmente damos por sentado, olvidando la historia de nuestro país y sus puntos bajos, no digamos la historia de la humanidad. Damos por sentado ideas como la paz, la libertad, el progreso, el trabajo y la educación; tristemente algunas veces incluso damos por sentado el alimento, la salud, el vestido y la vivienda. Vemos estos hechos desde afuera como viendo una película, en donde aplaudimos a los héroes y condenamos a los villanos. Rechazamos el enfrentamiento y anhelamos la paz, pero olvidamos la diferencia entre el pacificador y el pacifista, olvidando que muchas veces para alcanzar y mantener la paz tendremos que defenderla y esa defensa puede incluir conflicto. Olvidamos que para hacer realidad estas ideas es necesario vivirlas y que eso requiere valentía y honor.
El corazón del problema
Como cristiana reconozco que el corazón del problemas es el problema del corazón, el pecado. Que en un mundo caído, sujeto a vanidad como lo describe Pablo: “Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujeta a vanidad, no por su propia voluntad, sino porque así los dispuso Dios, pero todavía tiene esperanza,” Romanos 8:19-20 (RVC), en dónde el hombre está separado de Dios muerto en sus delitos y pecados (Romanos 3:23, Colosenses 2:13); la esclavitud, la injusticia, la guerra, y la muerte tendrán lugar no solo de forma espiritual sino natural. En este sentido, reconozco por supuesto, que la libertad más importante y valiosa es la libertad del pecado que me reconcilia con Dios y trae salvación. Sin embargo, no puedo menospreciar la libertad como nota que define a la persona, aquella que es más que la facultad de elegir y elige el bien para su desarrollo humano, libertad que se manifesta los diferentes ámbitos de nuestra vida, en el ámbito familiar, económico, político, social, cultural, y religioso.
Fe y razón
Como cristiana valoro esa libertad, que se manifiesta en occidente en el encuentro, para algunos milagroso, de la fe judeocristiana, la razón griega y las instituciones romanas; una unión posible únicamente en la relación entre la fe y la razón. Es en esta maravillosa relación entre la fe y la razón, que la razón quita el absurdo a la fe, permitiéndonos comprender que Dios tiene misterios y no absurdos, permitiéndonos entonces conocer a Dios y en El entender ideas como la de libertad. “Quiero que lo sepan para que cobren ánimo, permanezcan unidos por amor, y tengan toda la riqueza que proviene de la convicción y del entendimiento. Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo, e quién están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” Colosenses 2:2-3 (NVI)
Y valoro la lucha por alcanzarla y mantenerla, al considerarla un llamado misional. En nuestra búsqueda de paz y libertad reconocemos que el diálogo es un elemento importante, pero para que pueda haber diálogo debe encontrarse un punto de razón común o universal (que muchas veces no encontramos sino es dialogando). Como cristiana en mi relación con mi prójimo he aprendido que no existe mejor razón universal, puente o analogía entre el otro y yo que la del Imago Dei. Pues al reconocer a Dios, Su creación, y en ella, al hombre creado a Su imagen y semejanza, es inevitable que surja en mi empatía por mi prójimo, que me hace cruzar una línea de la que no hay retorno, pues a partir de allí debo tener de mi prójimo la misma consideración que tengo de mí. Cuándo lucho y defiendo mi libertad, estoy luchando y defendiendo la libertad del otro.
La repuesta corta, valoró la lucha por la libertad por Mateo 22:37-39.

La mentira del orgullo y la autosuficiencia


La mentira del orgullo y la autosuficiencia, es creer que nos vamos a salir con la nuestra. Siempre supe lo que quería, y no sólo qué quería sino cómo lo quería, cuándo lo quería, dónde lo quería y con quién lo quería. Además tenia la autoestima suficiente para creer que podía alcanzarlo.

Sin embargo, al llegar el momento de obtener lo que quería, la satisfacción era pasajera y solo alimentaba mi orgullo para definir cual sería la siguiente meta. Y así, una y otra vez mi orgullo crecía alimentando mi egoísmo y endureciendo mi corazón con la idea de no necesitar a nadie.

Esto puede parecer común hoy en el post modenismo. Las personas viven de y para si mismos caminando en un sendero hedonista. Algo aceptable y hasta familiar, la descripción de políticos, celebridades, jefes, compañeros de trabajo o estudios, algún familiar, amigo o conocido. Pero ¿Qué tal si esta descripción encaja conmigo, con una persona que se considera cristiana, con un miembro del cuerpo de Cristo, o la misma iglesia?

La mentira del orgullo y la autoestima ha estado presente desde el inicio de la historia, desde Adán y Eva en el jardín del Edén (Génesis 3:1-7), y de la misma forma se presenta a cada uno de nosotros. Cuando quitamos nuestros ojos de Dios y los ponemos en nosotros mismos, cuando usurpamos el trono de Dios queriendo ser nuestros propios dioses, cuando queremos y creemos que no le necesitamos y podemos salirnos con la nuestra, estamos en serios problemas.

Dios es el perfecto proveedor, y nosotros no sabemos como proveernos nada fuera de El; no fuimos creados para hacerlo, no está en nuestro diseño, cada vez que lo intentamos fracasamos. Cada vez que he tratado o trato de darme algo a mi fuera de El, aunque parezca que “me salí con la mía” y obtuve lo que quería, me estoy conformando con una mentira, con un fracaso disfrazado de logro. Porque fuera de El lo alcanzado se desvanecerá y la satisfacción anhelada no permanecerá. Reconocer a Dios como Jehová Jireh, Dios proveedor, va más allá de pensar en Dios como aquel que provee para mis necesidades económicas, es enfrentar la mentira del orgullo y la auto suficiencia.

Y la única forma de enfrentar una mentira es con la verdad, para mi la verdad no es un concepto sino una persona, Cristo Jesús. Es sólo a través de El que puedo conocer quién soy y quién es El, que fui creada para ser suya y que mi existencia y vida dependen de El (Romanos 11:33-36); es sólo a través de la verdad de Dios en mi que puedo rendirme delante de El y cederle el trono de mi vida, tener libertad de reconocer mi insuficiencia y morir día a día a mi orgullo y egoísmo (Juan 15:4-6), es El quien me da el valor para ser vulnerable y reconocer que lo necesito, es El que con su amor me seduce para amarlo.

Es sólo a través de la verdad de Dios en Cristo Jesús que aprendí que para disfrutar verdaderamente la vida no se trata de “salirme con la mía” sino que Dios “se salga con la suya”.