31 de octubre de 1517….¡fecha que vale la pena recordar!


Este próximo 31 de octubre de 2012, se cumplen 496 años de ese memorable momento en que Martín Lutero clavó en la puerta de aquella iglesia en Wittenberg las 95 afirmaciones que cambiaron para siempre la historia de la Iglesia en el mundo.

Sabemos que su intención nunca fue dividir la Iglesia en aquella época y que resultara en un cisma que hoy parte el cristianismo occidental en 2: Católicos y Protestantes (y estos últimos partidos en “n” pedacitos).  La intención de Lutero era clara….traer una Reforma integral a la institución que tanto amaba y que reconocía fue diseñada por Dios para guardar, comunicar, enseñar y vivir el tesoro del Evangelio a través de la práctica del ministerio de la reconciliación que nos fue encomendado por Dios (2 Corintios 5). Read More

“El Llamado Empresarial” el 22 de octubre en Casa de Libertad


Este sábado 22 de octubre, a las 5pm en Casa de Libertad tendremos un nuevo Cine Fórum del documental “El Llamado Empresarial” en dónde discutiremos con otros panelistas invitados sobre lo importante que es el empresario en la construcción de la sociedad, sobre la legitimidad del llamado empresarial como una vocación dada por Dios a quienes tienen talento, y sobre cómo es a través de la empresa y la generación de riqueza podemos servir a otros y levantar a muchos de la pobreza.  ¡Es gratis! ¡Te esperamos!

Lutero a la Teología de la Prosperidad


martinluteroEste año por todos es, o llegará a ser conocido al menos como una nota de prensa, que el 31 de octubre se marcarán 500 años desde que Martín Lutero clavó las 95 Tesis que marcarían el inicio de lo que hoy se conoce como la “Reforma Protestante” que dividió la iglesia occidental.  Para la causa protestante, este cisma y posterior reforma de la Iglesia, significó buscar asentar la vida, fe y práctica cristiana en 5 pilares íntimamente entrelazados entre sí:

  1. Sola Scriptura – solo la Escritura
  2. Sola fide – solo la fe
  3. Sola gratia – solo la gracia
  4. Solus Christus – solo Cristo
  5. Soli Deo gloria – solo a Dios la gloria

En el momento que Lutero clavó sus tesis, su intención original no fue partir la iglesia en dos, sino reformarla desde adentro, en concreto, reformar la mezquina práctica de la venta de indulgencias -certificados papales de perdón y remisión de pecados- que habían alcanzado un nivel insostenible bíblicamente por las implicaciones soteriológicas -relativas a la salvación de cada persona- que estas tenían.  La idea de las tesis era generar un robusto debate interno que condujera a enmendar el camino, pero por el milagro de la imprenta -y sin el conocimiento o aprobación de Lutero- las tesis se difundieron por toda Alemania y llegaron hasta la misma Roma.

Al ver la reacción negativa y visceral que generaron sus tesis, Lutero buscó aclarar más sus postulados y poder, a través del uso del idioma alemán, transmitir a sus lectores sus intenciones y razones de por qué cuestionaba esta práctica de venta y emisión de indulgencias, dado que no las encontraba en la Escritura.  Es por esta razón que en abril de 1518 publica su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia” con el que buscaba traer mayor claridad al debate y donde termina, de manera magistral, exponiendo el grave error de las indulgencias en contraposición con la doctrina bíblica de la gracia y la Cruz.

Cuando uno lee este tratado con ojos de cristiano evangélico viviendo en Guatemala en el año 2017, no puede dejar de hacerse el paralelo con lo que sin mayor dificultado podríamos hoy calificar como las “indulgencias modernas” del falso “evangelio” de la prosperidad.  En esencia, la relación transaccional entre los hombres y Dios que propone la teología de la prosperidad (salud/prosperidad/felicidad a cambio de ofrendas/diezmos/pactos) es muy similar a la que a inicios del siglo XVI planteaba la propuesta de las indulgencias.  Si caemos en cuenta de que el propósito de los fondos generados para las indulgencias que predicadores como el dominico Juan Tetzel vendían eran para financiar la construcción de la basílica de San Pedro en Roma, no podemos dejar de ver la extraña coincidencia con los grandes proyectos para la construcción de templos y auditorios que usualmente van atados a las promesas de prosperidad que se ofrecen a cambio de las ofrendas/diezmos/pactos de las iglesias evangélicas modernas.

Lutero dijo sobre esto mucho en su “Tratado sobre la indulgencia y la gracia”.  Reproduzco aquí algunos párrafos para que podamos reflexionar sobre las ideas de Lutero y lo que implican hoy para nosotros, 499 años después de su publicación:

“13. Es un error mayúsculo querer satisfacer uno por sus pecados, cuando Dios los perdona sin cesar gratuitamente por su inestimable gracia y sin ninguna exigencia a cambio, a no ser la de que en adelante se lleve una vida buena. La cristiandad exige algunas cosas; también puede remitirlas y no imponer nada que resulte difícil e insoportable.
 
14. La indulgencia se ha autorizado en atención a los cristianos imperfectos y perezosos, que no quieren ejercitarse con valentía en las buenas obras, o a causa de los rebeldes. Como la indulgencia no anima a nadie a enmendarse, sino que más bien tolera y autoriza su imperfección, no se debe hablar en contra de la indulgencia, pero tampoco hay que aconsejársela a nadie.
 
15. Obraría mucho mejor quien diese algo puramente por amor de Dios para la fábrica de San Pedro o para otra cosa, en lugar de adquirir a cambio una indulgencia. Porque se corre el peligro de hacer tal donativo por amor a la indulgencia y no por amor a Dios.
 
16. Es mucho más valiosa la limosna dada al indigente que la otorgada para este edificio; incluso es mucho mejor que la indulgencia conseguida a cambio. Porque, como ya se ha dicho, vale mucho más una obra buena cumplida que muchas menospreciadas. Con la indulgencia, o se prescinde de muchas obras buenas o no se consigue la remisión de nada. Fijaos bien en lo que os voy a decir para instruiros como es debido: antes de nada (y sin tener en cuenta al edificio de San Pedro y a la indulgencia), si quieres dar algo, tienes que dárselo al pobre. Si ocurre que en tu ciudad no hay nadie necesitado de socorro (lo que si Dios quiere nunca sucederá), entonces, si así lo deseas, podrás dar para iglesias, altares, ornamentos, cálices de tu ciudad. Si esto no fuere necesario al presente, y si te parece, podrás dar para la fábrica de San Pedro o para lo que sea. Pero ni en este caso deberás hacerlo para ganar la indulgencia, porque declara san Pablo: «Quien no cuida de los miembros de su familia no es cristiano, es peor que un pagano» . En fin, para expresar paladinamente mi pensamiento: quienquiera que te hable de otra manera te está induciendo al error o anda buscando tu alma dentro de tu bolsillo, y si en él encontrara peniques, los preferiría a todas las almas. Si dices que no volverás a comprar indulgencias, te respondo: «ya lo he dicho antes; mi voluntad, mi deseo, mi ruego constante y mi consejo es que nadie compre la indulgencia. Deja que los cristianos perezosos y amodorrados las compren; tú sigue tu camino».
 
17. La indulgencia no está recomendada ni aconsejada: entra dentro de las cosas autorizadas y permitidas. Por este motivo, no es una obra de obediencia, ni incluso meritoria, sino una evasión de la obediencia. Por lo tanto, aunque no se deba prohibir a nadie que las adquiera, se debería alejar de ellas a todos los cristianos y estimularlos a cambio a que se fortificasen precisamente por las obras y las penas que remite la indulgencia.”
Como mínimo, la reflexión sobre estos párrafos es obligatoria, no solo para entender el por qué de la Reforma que estamos celebrando este año, sino también para darnos cuenta de la necesidad continua que tenemos de revisar nuestros paradigmas y nuestras inclinaciones a cometer los mismos errores que pusieron a la iglesia en una posición muy débil en el siglo XVI y que obligaron a un fuerte cisma para buscar regresarla a su confianza plena en Cristo, la Cruz, el Evangelio y la Palabra de Dios.
Como bien lo afirmó Lutero en su tesis número 62:
“El tesoro verdadero de la iglesia consiste en el sacrosanto evangelio de la gloria y la gracia de Dios;”

La Reforma que sigue pendiente 499 después


05c69f81cffdecc4353988c0830f7425Este próximo 31 de octubre se marcan 499 años del día cuando un valiente monje agustino, convencido de que podía desde adentro traer los cambios a la institución a la que había dedicado su vida que la hicieran más fiel a su llamado original y al mensaje que busca transmitir, enseñar y defender.

En aquella iglesia en Wittenberg, Martín Lutero clavó sus 95 tesis con un objetivo: hacer públicas sus ideas para poder debatirlas y buscar los cambios que en ese momento tan complejo de la historia, la Iglesia –como institución universal- necesitaba. Su intención no era crear una nueva iglesia o denominación. Lutero creía que Roma no estaba enterada de lo que Tetzel estaba haciendo con la venta de indulgencias y eso le indignó y por eso alzó la mano. Lo que sucedió ese día tomó la fuerza de una pequeña bola de nieve rodando en la cima del Everest y creó una avalancha que fue imposible detener. Si bien se marca el comienzo de la Reforma el 31 de octubre de 1517, quizás fue el día que finalizó la Dieta de Wörms -17 de abril 1521-, que marcó el cisma y trazó la ruta que el protestantismo siguió hasta nuestros días, casi 500 años después.

De allí para acá el escenario es muy distinto. El cristianismo –católico, protestante y ortodoxo- tiene alcance global y las relaciones entre estas tres grandes expresiones de la fe son más amigables. Existe un espíritu de colaboración por causas comunes como la dignidad de la persona humana, la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural y de la familia y el matrimonio. Además, doctrinalmente el espacio de diálogo es más abierto y sano. Documentos como la Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación –firmada en 1999 por el Vaticano y el liderazgo Luterano de Alemania- muestran esa voluntad entre la Iglesia Católica y algunos grupos protestantes como los Luteranos, de encontrar puntos en común e intentar cerrar heridas antiguas. Por supuesto, hay aún muchos temas de fondo que hace falta dialogar y hemos de aceptar que en varios va a ser muy difícil llegar a acuerdos o posiciones comunes. En eso, hemos de confiar en la gracia de Dios y Su guía a través del Espíritu Santo. Sin embargo, no son esos puntos pendientes los que quiero tratar en este artículo.

Cuando Lutero clavó sus 95 Tesis, su primer enunciado reza lo siguiente: “1. Cuando nuestro señor y maestro Jesucristo dijo “haced penitencia”, quiso decir que toda la vida de los fieles fuese penitencia.” En este contexto, para Lutero la palabra “penitencia” significa “arrepentimiento”, por lo que para él, la distintiva principal de la vida cristiana es el arrepentimiento continuo [1], lo que implica reconocer los pecados y volver continuamente a la Cruz para recibir perdón y esperanza.

De ese anhelo central de Lutero que debía ser la guía para la Iglesia que él buscaba reformar, poco queda dentro del protestantismo del siglo 21. Nunca fue tan cierto y tan necesario tomar en serio el viejo adagio de los primeros reformadores: “Ecclesia reformata semper reformanda et secundum verbum Dei” –“Iglesia reformada, siempre reformándose, y de acuerdo a la palabra de Dios.” Vivimos en una época en donde el espíritu de la Reforma se ha diluido en la cultura del entretenimiento, donde la doctrina se sacrifica en aras de la “relevancia”, donde se llenan las conferencias de “liderazgo” y nunca se realizan conferencias de “servicio” y dónde el Evangelio de Jesucristo ha sido sustituido por el engaño del falso “Evangelio de la Prosperidad”.

Han pasado 499 años y la Reforma es más necesaria que nunca…pero no para dividir, sino para que la Iglesia Protestante…la Iglesia Evangélica, se reencuentre con aquellas 5 grandes ideas que le dan su razón de ser y el mensaje que se ha de predicar:

  1. Sola Scriptura: La centralidad de la Biblia como Palabra inspirada, inerrante e infalible de Dios como máxima autoridad y guía para la fe y vida cristiana. No podemos seguir reduciendo la Biblia a tweets y memes de versículos sacados fuera de contexto.
  2. Solus Christus: La centralidad de la Persona, vida, obra, sacrificio, resurrección y ascensión de Jesús como foco central de la vida y enseñanza cristiana. Debemos cuidarnos de la cultura de “celebridades” cristianas, de nuestra obsesión por el liderazgo y de crear “magisterios paralelos” colocando a pastores, predicadores o autores por encima de Jesús.
  3. Sola Fide: Nuestra salvación es únicamente a través de la fe. El moralismo y legalismo que busca agregar a nuestra fe cualquier obra o coartar la libertad y responsabilidad de cada cristiano es contrario al Evangelio.
  4. Sola Gratia: Nuestra salvación es únicamente a través de la gracia, expresada a través del sacrificio de Jesús en la Cruz, cuando murió en nuestro lugar para pagar el precio por nuestros pecados.
  5. Soli Deo Gloria: Como cristianos, vivimos para la gloria de Dios. Nuestras vidas han de reflejar gratitud a Dios, adoración genuina hacia Él y evitar la búsqueda de gloria personal y medir el “éxito” de la iglesia usando los mismos criterios con los que se mide el éxito de una empresa u organización humana cualquiera.

Poco a poco se ven luces dentro del movimiento evangélico de Guatemala que buscan retomar la asignatura pendiente de la Reforma en nuestro país. Tenemos una gran tarea por delante, pero confiamos en la gracia y soberanía de Dios para ver un nuevo, más brillante y glorioso amanecer. En palabras de los reformadores del siglo XVI: “Post tenebras, lux” – “Después de las tinieblas, luz”.

Si hemos de impactar Guatemala de una manera que nos ayude a echar raíces profundas de fe, esperanza, libertad y amor, como evangélicos tenemos la ardua tarea de empezar a hacer esto en casa. ¡Ánimo, Dios ha estado, está y estará con nosotros en esto!

[1] Mateo 4:17

Espíritu de Protesta


Como antesala a la segunda vuelta, y justo en el mes que celebramos el “Día de la Reforma” (31 de octubre), comparto la columna más reciente que escribí para la tercera edición del periódico Actitud News.

La fe protestante, especialmente en Guatemala, necesita recuperar su espíritu de protesta.

Los acontecimientos de abril a la fecha, han sido una especie de maremoto que no solo arrasó con muchas cuestiones negativas en el país en el sentido de la corrupción en el ámbito público, sino también empujó –a veces contra su propia voluntad- a todos a “hacer algo”. De allí que se convirtió en imperativo moral el subir al menos una selfie en alguna de las muchas protestas –o aunque sea una desde la oficina, casa o país donde se estuviera- so pena del ostracismo moralista y nacionalista que inundó el ethos de la gran mayoría de ciudadanos.

Pero…¿qué pasó con los cristianos evangélicos? ¿Qué pasó con los protestantes? Pues a la luz de la situación actual y con la ventaja de tener todo lo acontecido en el retrovisor y poderlo ver desde allí, me atrevo a decir que NO SUCEDIÓ ABSOLUTAMENTE NADA. ¡¿Cómo así?! Pues…así. La iglesia en Guatemala se dejó arrastrar por el maremoto. Cedimos ante la presión y respondimos de la mejor manera que sabemos: con campañas.

Se hicieron al menos tres campañas de oración y un foro. Todo parecía desembocar en el resultado del 6 de septiembre. No había nada distintivamente cristiano en el contenido de fondo de las campañas, más que el llamado a orar y usar –a veces con una completa desatención a la hermenéutica más básica- de versículos bíblicos aislados. Nada transformador, nada protestante.

Me pregunto si no era mejor, en lugar de seguir la moda de la “campañitis”, el regresar a nuestras raíces y encontrar ese ethos protestante que está enraizado en la fe cristiana.

¿Dónde quedó el ejemplo de Natán de confrontar el pecado del rey y buscar su restauración? ¿Dónde quedó la protesta y denuncia de Jeremías, Miqueas y Habacuc? ¿Dónde quedaron los pastores que como San Ambrosio de Milán, arriesgaron la vida por aquello correcto y bueno?

El espíritu protestante de protesta siempre ha sido un llamado a regresar al Evangelio, es una protesta redentora. El auténtico llamado de la protesta bíblica y de la iglesia histórica ante la autoridad civil y temporal ha sido:

  1. La denuncia pública, fuerte, frontal y abierta del pecado.
  2. El llamado al arrepentimiento genuino y profundo.
  3. El llamado a la restitución del daño hecho.
  4. La esperanza del perdón, la reconciliación y la restauración del pecador a la comunidad de fe a través del ministerio encarnado y personal al líder que pecó.

¿Usted vio esto en las calles de parte de los cristianos y los que están en posiciones de liderazgo dentro de las iglesias en el país? Yo no. ¿Será que en preparación de la segunda vuelta veremos algo así? Espero que sí.

El Valor de entrar en las Tinieblas


Octubre es un mes “interesante”.  Más que cualquier otro mes del año, octubre pareciera ser el mes en el que el evangelicalismo de muchos se pone a flor de piel y se manifiesta a través de agresivos ataques y condenas en contra la celebración principal del mes, la celebración de Halloween.

Desde los tradicionales posters que definen el cristianismo evangélico como la “no celebración” de Halloween, los conciertos y “celebraciones alternativas” que encierran y atrincheran a los cristianos en sus iglesias para gritar a los 4 vientos en contra de todo lo malo en el mundo y las expresiones digitales en memes, frases, videos y demás que hoy se comparten en las redes sociales, queda claro para el mundo ajeno a la burbuja evangélica que ser un evangélico implica una férrea postura defensiva en contra del “mundo de las tinieblas” que pareciera encarnarse en su más alta expresión cada 31 de octubre.

Lejos queda de la memoria evangélica el hecho de que el 31 de octubre es una fecha especial para nuestra fe por ser la conmemoración del día en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg.  Lejos están las reflexiones acerca de la Reforma y más lejos aún la posibilidad de dialogar y ministrar al mundo porque pareciera ser que en el dualismo que en la práctica se vive, “el lado obscuro” de la moneda se fortalece y se sobrepone a la luz.

Allí es donde creo que estriba el problema y la confusión.  La reacción que el evangélico en Guatemala tiene en contra del Halloween como marca definitoria de la fe y la radicalidad e incluso agresividad que a veces raya en lo histérico de la condena contra aquellos que celebran esto, se fundamenta en algo que es contrario al Evangelio: el miedo.

¿Miedo? Sí, miedo. Miedo a lo que Halloween representa en lo más profundo…entrar en las tinieblas.  Si hay algo que Halloween nos recuerda, es que las tinieblas son reales.  Hay algo adentro de nosotros que responde ante la realidad de un mundo que escapa nuestro control racional y que revela la realidad de la oscuridad.  Los disfraces buscan revelar esta realidad es por esto que los más populares tienden a ser los más feos.  Quizás es una forma de palear nuestro natural miedo a la muerte y a través de la parodia, busquemos suavizar lo inminente de una realidad de la que ninguno de nosotros escapará: algún día moriremos.  Dentro de nosotros, en lo más profundo del corazón, sabemos que la muerte no es natural -no fuimos hechos para morir- y también intuimos -aunque quizás de manera nublada y confusa- que la realidad de la muerte es la consecuencia de que algo no está funcionando como debería en nuestra vida.

Es aquí dónde no debemos perder de vista la oportunidad que el ambiente cultural nos genera. El cristianismo bíblico, centrado en el Evangelio, es el cristianismo que de manera decidida, intencional y agresiva entra en las tinieblas.  Permítanme exponer algunas razones por lo cual esto es así:

  1. Las tinieblas únicamente se repliegan ante la luz:  Lo único que puede hacer que un cuarto que está obscuro, ya no esté obscuro, es que alguien encienda una luz. Así de sencillo.  La Biblia nos enseña que esta luz que dispersa y destruye la obscuridad es Jesús mismo (Juan 1:4-14).  Como cristianos, somos portadores de esta luz y por ende, es nuestra presencia fiel en medio del quebrantamiento, la confusión y la obscuridad la que, por el poder del Espíritu Santo, iluminará en las tinieblas y ayudará a traer claridad.  El problema es que en estas fechas, como cristianos nos atrincheramos en nuestras iglesias y tapamos las ventanas de las mismas -ventanas que dejan salir la luz- con espejos y la luz que puede salir de la iglesia simplemente rebota de un lado a otro dentro de las paredes mientras que la obscuridad permanece intacta.
  2. Dios prometió caminar con nosotros en medio de las tinieblas: Todos queremos que Dios camine con nosotros.  Todos queremos sentir el apoyo y el aliento de Dios que nos da fuerza en la vida. De acuerdo al Salmo 23:4, el lugar en donde podemos experimentar eso es en el valle de sombra de muerte, en las tinieblas.  En la luz no necesitamos aliento y -lamentablemente- muchas veces creemos que no necesitamos a Dios, pero mientras estamos caminando por las tinieblas, podemos tener plena certeza que Dios va con nosotros y si Él va con nosotros, entonces hay luz….y la luz dispersa las tinieblas.  Por esa razón debemos siempre tener presente ese gran lema de la Reforma: POST TENEBRAS LUX (“Después de las tinieblas, luz.”)
  3. La vida cristiana se vive en dónde hay tinieblas: El mundo entero está en tinieblas -sea o no Halloween- y es allí a dónde hemos sido enviados como Iglesia a transformar el ambiente y traer la luz del Evangelio.  Isaías 58:6-8 nos muestra que lo que Dios quiere es que vayamos a los lugares más obscuros, a las circunstancias más difíciles y seamos allí la luz que el mundo necesita. Es por eso que el versículo 8 nos dice que la “salvación llegará como el amanecer”,  ¿qué es el amanecer si no el desplazamiento definitivo de las tinieblas de la noche por la luz del sol?
  4. La iglesia está llamada a ir a la ofensiva, no a quedarse tímidamente a la defensiva:  Halloween es época de vigilias otras actividades que las iglesias realizan para atrincherarse y alejarse de todo el “mal ambiente espiritual” que de acuerdo a esta manera de pensar “prevalece” y se fortalece en ese día.  Parece que hemos entendido mal lo que Jesús promete acerca de la Iglesia en Mateo 16:18.  Jesús aquí no nos dice que la Iglesia estará pasiva a la defensa de los embates de las “puertas del Hades”.  Una puerta no es un arma ofensiva, sino es una estructura de defensa.  Que las puertas del Hades no prevalezcan contra la Iglesia quiere decir que es la Iglesia quien ataca y derriba esas puertas y todo porque la Iglesia está bien fundamentada, está fundamentada por la Roca que es, de acuerdo al mismo apóstol Pedro, Jesus mismo (1 Pedro 2:4-6), y es Jesús quién ha vencido a la muerte (el tema principal de Halloween, dicho sea de paso) y con Su retorno, le dará su derrota absoluta y final (1 Corintios 15:21-28).
  5. Halloween no es el final de la historia: Tendemos a quedarnos trabados en la oscuridad de la noche del 31 de octubre, pero se nos olvida que esa oscuridad se acaba y se acaba con el amanecer de un nuevo día, con el amanecer del 1 de noviembre.  El Día de Todos los Santos, como se le conoce en la tradición de la Iglesia y que quedó marcado a partir del año 835 d.C., es un día especial para la tradición Reformada que celebra la vida de quienes nos han precedido en la fe apuntando a la esperanza de la resurrección y la vida eterna.  La noche en la que se quiso celebrar la muerte, cede lugar al amanecer de un nuevo día, un día de esperanza y un día de ver hacia el futuro, hacia la Eternidad.  En muchas maneras, como guatemaltecos celebramos esa esperanza degustando el fiambre y reuniéndonos en familia a recordar a quienes regresaron antes a casa.

¿Qué hacemos entonces?  Queda en el fuero interno de cada uno de nosotros tomar la decisión de cómo estar fielmente presentes en nuestras comunidades y decidir como mostraremos la luz del Evangelio a un mundo en tinieblas.  Evitemos la confrontación poniendo una pared de separación de “nosotros” (los que no celebramos) contra “ellos” (los que sí celebran).  Aprendamos a conversar, a dialogar, a ser verdaderos prójimos y vecinos.  ¿Significa eso que debemos disfrazarnos y salir a pedir dulces? Esa es una decisión que queda en cada quién.  Lo que sí significa es que estamos llamados a más, a mucho más que atrincherarnos y caer en una visión supersticiosa del “mundo sobrenatural” que nos tira en una trayectoria peligrosa.

Por sobre todas las cosas, recordemos uno de los mandamientos más frecuentes de Jesús durante Su ministerio aquí en la Tierra: “¡No tengan miedo!”  La diferencia la marcaremos únicamente si estamos dispuestos a entrar a las tinieblas, a ser verdaderamente la luz del mundo y sal de la tierra (Mateo 5:13-16) sin esconder nuestra lámpara bajo la cama.  En palabras de Henri Nouwen, en su libro “El Sanador Herido”:

“…parece necesario reestablecer el principio básico de que ninguno de nosotros puede ayudar a nadie sin involucrarse, sin entrar con el todo de nuestro ser dentro de la situación dolorosa, sin tomar el riesgo de salir lastimados, heridos o incluso, de ser destruídos en el proceso.

El principio y fin de todo el liderazgo cristiano está en dar tu vida por otros.”

 

 

Halloween Reformado #1: Sola Scriptura


open-bibleSe viene el 31 de octubre.  La fecha más temida por los cristianos en el mundo -con razones comprensibles de por qué, y quizás, una oportunidad de re-pensar nuestro “approach” al tema (aquí una propuesta) Sin embargo, en medio de brujas, fantasmas, esqueletos y amenazas de “trucos” a cambio de dulces, la Iglesia -particularmente la Protestante- no puede olvidar lo que el 31 de octubre marca para nosotros.  Hace 498, un monje agustino clavó en la puerta de una iglesia en la ciudad de Wittenberg 95 temas para los que quería un debate abierto.  Para muchos, eso marca el inicio de la Reforma….y todo sucedió un 31 de octubre del año 1517. De ese día, se desprendió una corriente de pensamiento que, fundamentada en 5 pilares muy importantes, dio forma a lo que hoy conocemos como la Iglesia Evangélica en todas sus expresiones alrededor del mundo. Esta serie pretende introducirnos de manera general a cada uno de estos 5 pilares: 1. Sola Scriptura (solamente la Escritura) 2. Sola Gratia (solamente la Gracia) 3. Sola Fide (solamente la Fe) 4. Solus Christus (solamente Cristo) 5. Soli Deo Gloria (solamente a Dios sea la Gloria) Arrancamos hoy con el primer pilar: Sola Scriptura. ¿Qué queremos decir con la idea de “Sola Scriptura”?  En resumen, la idea de Sola Scriptura es una afirmación bastante categórica que para el cristiano, es la Biblia la única fuente de dirección en asuntos de la fe, la doctrina y la vida cristiana.  Es allí donde empezamos y donde terminamos a la hora de buscar qué nos ha querido revelar Dios acerca de Sí Mismo, acerca de nuestras vidas y acerca de cómo hemos de vivirlas aquí en la Tierra.  La Biblia tiene mucho que decir acerca de sí misma:

  1. Romanos 15:1-4
  2. 2 Timoteo 3:14-17
  3. Hebreos 4:12-13
  4. 2 Pedro 1:16-20
  5. Isaías 55:10-13
  6. Jeremías 23:28-29
  7. Juan 8:31-32
    1. Salmo 119:9
    2. Juan 14:6
    3. Juan 1:1-5 y 14
  8. Todo el Salmo 119

Ahora, cuando afirmamos “Sola Scriptura”, no afirmamos en ningún momento la idea de “Solo Scriptura” o “Scriptura Nuda”, que en esencia es decir algo así como “la Biblia y nada más”.  Tampoco afirmamos que la interpretación y lectura de la Biblia se hace en un vacío cultural, geográfico e histórico.  Reconocemos en la Tradición de la Iglesia Cristiana el valor de la interpretación y enseñanza fiel a los textos que nos puede ayudar a nosotros a mejorar nuestra lectura y comprensión de los mismos en un contexto completamente ajeno al que fueron originalmente escritos.  Reconocemos y afirmamos la obra del Espíritu Santo en ayudarnos a conocer la verdad y su obra también a lo largo de la historia en hacer lo mismo a través de otros. ¿Cuál es la diferencia? ¿No es esto contradictorio?  Esta es una distinción importante porque nos ayuda a aclarar temas como: 1. Aunque la Biblia es fuente SUFICIENTE y EXHAUSTIVA en los temas de la fe y la vida cristiana, hemos de reconocer que la Biblia no nos habla de varios temas, tanto porque no es el objetivo principal del texto, como también por puras cuestiones históricas y culturales.  La Biblia no nos dice qué sistema de gobierno es mejor, qué régimen económico es el ideal o qué debemos hacer con la internet, los deportes o las nuevas tendencias culinarias.  La Biblia no nos habla de matemáticas o de ingeniería forestal.  Sin embargo, a pesar de que estos y muchos otros temas tan específicos no los encontramos allí, sí podemos afirmar una cosa: TODOS estos temas están sujetos a la autoridad final de la Biblia como única fuente revelada, inspirada, inerrante e infalible de la Verdad.  Si cualquier disciplina humana descubre algo que es 100% verdadero, podemos gozarnos porque en última instancia, toda verdad es verdad de Dios.  Dios es la fuente, origen y punto final de toda verdad. De esa cuenta entonces, podemos salir de la trampa de definir a la Biblia como “manual de vida” o “manual del fabricante”, y tratarla como es, la amorosa Revelación del carácter y naturaleza de Dios a través de la experiencia humana y Su hermosa historia de Salvación para la humanidad en Jesús. 2. La Biblia afirma tres cosas importantísimas acerca de sí misma que debemos tener siempre en cuenta:

  • La Biblia es infalible: no puede equivocarse, contradecirse o negarse a sí misma.
  • La Biblia es inerrante (en sus idiomas originales): todo lo que dice es cierto y no contiene error alguno -fechas, nombres de lugares, datos históricos, etc.-
  • La Biblia es la manera en que Dios escogió revelarse a Sí mismo a nosotros los seres humanos.
    • A través del texto podemos conocer el carácter y naturaleza de Dios. ¡Dios es CONOCIBLE!
    • Toda la Escritura tiene un hilo conductor consistente y nos apunta a Jesús:
      • Juan 5:39
      • Lucas 24:25-27
      • Hechos 8:26-38

¡Metámonos de cabeza a leer, estudiar y compartir con otros las Escrituras! Vivimos en un país en donde podemos hacerlo con libertad y apertura.  Si quieren profundizar más en el tema, los invito a bajar este estudio.Qué es la Biblia  

Halloween no me asusta….


El próximo jueves es el día de la gran histeria paranoica evangélica en Guatemala.  Se viene el 31 de octubre, Halloween. ¡Uy que miedo! Sí…mañana pareciera ser que en la mente de muchos evangélicos, las temibles fuerzas del mal toman control del universo y nos obligan a escondernos en nuestras casas…..no vaya a ser nos cache algún disfrazado de demonio (o alguien “de moño”) y nos haga algo….nos eche algún conjuro, nos espante algún espíritu chocarrero o peor aún…nos agarre saliendo con nuestro disfraz santificado a nuestra fiesta “alternativa” en la que haremos batalla contra todos los que se disfrazan de brujas, fantasmas, dráculas y Winnie Pooh.

Y así empieza la triste historia anti-misional.  Nos entra la paranoia, se nos olvida la victoria que ya obtuvimos en la Cruz por obra y gracia de Dios a través de Jesús en el poder del Espíritu Santo, y claudicamos ante un enemigo vencido que lo más que hace es asustarnos, literalmente, con el petate del muerto.  Y mientras tanto….incontables números de personas continúan celebrando en ignorancia y desesperanza la muerte, el mal y la oscuridad…o en el peor de los casos, se esconden detrás de máscaras para justificar el pecado con el que buscan llenar el vacío que sólo Jesús puede llenar.

¿Por qué nos escondemos? ¿Por qué no aprovechamos la oportunidad de salir a las calles a anunciar la esperanza en el Evangelio? Si esta es una celebración de la muerte, entonces mostremos que a través de la muerte y resurrección de Jesús, nuestra esperanza no está puesta en la posibilidad de regresar a espantar a los vivos, de regresar cuál zombies de Thriller o incluso de disfrutar de una absurda ilusión de infierno parrandero…..nuestra esperanza después de la muerte está en la Vida, en la Vida Eterna que tenemos en Jesús…nada más real y seguro que eso.

¡Hagámosle frente al enemigo amando a nuestros amigos, vecinos y conocidos que celebran Halloween! Dejemos de un lado nuestros complejos de superioridad moral y espiritual, y salgamos al frente guiados por el Espíritu Santo a cumplir con el ministerio de la reconciliación que nos fue encomendado.  Dejemos de hacer vigilias encerrados en nuestras iglesias.  Empecemos a actuar sobre lo que ya hemos orado 50,000 veces y salgamos a servir, a predicar, a amar y a llevar esperanza a tantas almas que lo necesitan.  Dios va delante de nosotros, Su Espíritu nos guía y Su Sangre nos ha limpiado de lo que de verdad nos aparta de Dios…el pecado.

¿Les parece si dejamos las ridiculeces evangélicas y nos proponemos a actuar, con la ayuda de Dios, como cristianos en Halloween? ¡Adelante! Tenemos la ventaja segura que ya la victoria fue ganada por El….¿quién dijo miedo?

Este artículo puede ayudarnos a articular mejor nuestro pensamiento y actitud hacia Halloween.

Razones para Creer


yocreo-2(Este artículo lo escribí originalmente para y fue publicado por Revista Contrapoder el jueves 6 de octubre de 2016 bajo el título “En Defensa de la Religión”)

Creer. Creer…¿en qué? Creer…¿por qué? Creer…¿para qué? Vivimos un momento de la historia en que pareciera ser que todo debe ser cuestionado y debe ser cuestionable…especialmente todo aquello que reclama para sí mismo alguna medida de autoridad, se hace más que necesario e importante para quienes nos consideramos personas de fe estar listos para esto: “Si alguien les pregunta acerca de la esperanza cristiana que tienen, estén siempre preparados para dar una explicación; pero háganlo con humildad y respeto.” (1 Pedro 3:15b-16a , NTV)

 “Tomo nota de lo que dices acerca de orientar las lecturas de tu paciente y de ocuparte de que vea muy a menudo a su amigo materialista, pero ¿no estarás pecando de ingenuo?  Parece como si creyeses que los razonamientos son el mejor medio de librarle de las garras del Enemigo.” De esta manera es dirige Escrútopo a Orugario en la primera de las Cartas del Diablo a su Sobrino, de C.S. Lewis –autor de las Crónicas de Narnia-.

El razonamiento detrás del argumento de Escrútopo es un contra argumento de lo que la cultura hoy grita a voces: debemos alejarnos de la fe y la religión porque son irracionales.  Este es uno de los argumentos más poderosos en contra de la fe hoy en día, pero Escrútopo –como buen viejo diablo- reconoce el error en este pensamiento. Él sabe que la fe NO ES irracional y que la religión no nos aleja de la razón…al contrario, nos libera de la esclavitud de nuestra naturaleza animal e instintiva: “Si llego a perder la cabeza, y empiezo a tratar de defenderme con razonamientos, hubiese estado perdido, pero no fui tan necio.  Dirigí mi ataque, inmediatamente, a aquella parte del hombre que había llegado a controlar mejor, y le sugerí que ya era hora de comer.” (“Cartas del Diablo a su Sobrino”, C.S. Lewis).

 ¿Por qué es importante para el ser humano, entonces, creer, tener fe y profesar una religión?  Es importante responder a estas tres preguntas porque en la fluidez cultural que vivimos hoy, mucho del mensaje que se predica –desde los púlpitos y desde las redes sociales- es de que lo único que se necesita es “creer” o “tener fe” pero pareciera que es “creer en creer” o “tener fe en la fe” y esa ha sido la mayor frustración que genera tanta animosidad hacia la religión porque, entendiblemente, esa trampa del pensamiento positivo nos deja vacíos, insatisfechos y muchas veces, con sentimientos de culpa cuando no pareciera que tenemos suficiente fe para hacer que las cosas sucedan a nuestro favor.  Nuestra fe necesita un objeto un “en qué creer” y además, la experiencia de fe es una experiencia profundamente comunitaria e individual a la vez, aunque nunca individualista.  La fe, además, siempre apunta hacia fuera de sí misma, nunca ve hacia adentro –contrario al mantra cultural de “cree en ti”-, sino que busca constantemente aquello más grande que nosotros, aquello que sostiene, da forma y sentido a todo lo que nos rodea y orienta nuestra visión de futuro y esperanza.

En un mundo profundamente individualista y terriblemente desesperanzado, es a través de la fe y la religión –encontrada en la tradición judeocristiana- que tenemos la posibilidad de considerar “al otro”, a valorar y respetar a la persona humana en su dignidad e individualidad intrínsecas y de allí sale la posibilidad de construir comunidades que valoran la libertad individual, la responsabilidad y la solidaridad.  Es también a través de la fe judeocristiana que podemos hablar de manera concreta y certera de esperanza.  La esperanza en la tradición judeocristiana –la “escatología”- nos apunta hacia una solución definitiva y final al problema del mal, y elimina el miedo natural que nos genera la muerte…ese miedo que nos permite intuir que no fuimos diseñados para morir y que debe haber algo mejor.   Recordemos la desesperanza que el príncipe Hamlet plasmó en su inolvidable soliloquio:

La muerte, aquel país que todavía

está por descubrirse,

país de cuya lóbrega frontera

ningún viajero regresó, perturba

la voluntad, y a todos nos decide

a soportar los males que sabemos

más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

Así, ¡oh conciencia!, de nosotros todos

haces unos cobardes, y la ardiente

resolución original decae

al pálido mirar del pensamiento.

Así también enérgicas empresas,

de trascendencia inmensa, a esa mirada

torcieron rumbo, y sin acción murieron.

(Hamlet, Acto 3 Escena 1, William Shakespeare)

 

Finalmente, a través de la religión podemos dar sentido a nuestra inclinación natural a creer en algo.  La tradición judeocristiana nos apunta hacia Jesús como “autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2) y ancla en realidades históricas y objetivas nuestra esperanza.  En la concepción, vida, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesús vemos consumadas todas nuestras esperanzas (la posibilidad de ser verdaderamente humanos, el inmenso amor y misericordia de Dios por la humanidad, la realidad de las consecuencias de nuestra naturaleza malvada y la redención de esa naturaleza, y la esperanza real de vida eterna).

Como creación “maravillosamente compleja” (Salmo 139:14) de Dios, fuimos diseñados para creer en y conocer a Dios de manera directa y en relación con los demás.  Blaise Pascal, el ilustre filósofo y matemático del siglo XVII, lo dijo así: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que tiene la forma de Dios.  Este vacío no puede ser llenado por ninguna cosa creada.  Él puede ser llenado únicamente por Dios, hecho conocido mediante Cristo Jesús.” La posibilidad de que nuestra fe tenga sentido y sustancia comienza cuando reconocemos ese vacío y depositamos nuestra confianza y esperanza en Alguien infinitamente mayor que nosotros y vivimos esa esperanza en comunidad con otros conectados por una historia común que trasciende culturas, geografías y épocas.  La fe y la religión son inseparables porque como individuos, nuestra vida solo tiene sentido en comunidad.  La religión nos da ese espacio para encarnar nuestra fe, enriquecerla y fortalecerla.

Podemos insistir en querer tener “fe” aparte de la pertenencia a una religión o comunidad de fe.  Ese camino nos llevará a la construcción de nuestro propio “dios”, ese genio de la lámpara que nunca nos desafía y que nos alcahuetea en todo.  Nuestra mirada no será hacia arriba, sino hacia nuestro propio ombligo y poco a poco nos tornaremos más egoístas, menos humanos y nuestra esperanza irá languideciendo hasta que no nos quede otra más que ceder a la esclavitud de las circunstancias y las satisfacciones inmediatas en la infructuosa búsqueda del gozo.

Fuimos creados para más.  Fuimos creados para ser y para pertenecer.  Nuestros corazones anhelan conocer el amor y dentro de nosotros reside esa fuerte intuición de que tiene que haber algo mejor, algo más permanente, algo eterno que valga la pena.  El mundo visible y lo que podemos conocer de él a través de la ciencia y la investigación nos puede empezar a encaminar a encontrar esto que anhelamos y buscamos (Romanos 1:20)  pero la Verdad que anhelamos encontrar, la Verdad que libera (Juan 8:31-32), la Verdad que es objetivamente conocible (Juan 14:6) la hallaremos cuando nuestra fe y esperanza esté depositada en Jesús.  Cuando descubramos esto nos daremos cuenta que la fe y la religión no son una camisa de fuerza ni una opresiva lista de reglas y prohibiciones.  Cuando descubramos esto aprenderemos a vivir y convivir en verdadera libertad, amor y esperanza.