La espera más allá de Navidad

(Traducción mía del artículo originalmente escrito por Betsy Childs Howard y publicado originalmente en inglés aquí.)

shutterstock_131296058-660x350La temporada de Adviento nos trae consigo los agradables rituales de la feliz espera.  Si abrimos una puertecita en un calendario de Adviento, podemos encontrar un chocolate.  Al encender una candela en la corona de Adviento, nos recordamos que estamos cada vez más cerca de Navidad.  El revisar las listas de regalos y el listado de compras para la cena de Nochebuena nos recuerda que nos acercamos a un momento maravilloso de dar, recibir y festejar.

La espera que viene con la temporada de Adviento es divertida porque es finita.  Sabemos que lo que nos espera al final de este tiempo será algo bueno y sabemos también exactamente cuántos días más necesitamos esperar.

Sin embargo, la mayoría de tiempos de espera en nuestras vidas son tiempos abiertos.  Esperamos el amor y el matrimonio sin saber si llegará.  Esperamos tener hijos sin saber si lograremos concebir.  Esperamos que se haga justicia.  Esperamos que venga la sanidad.

Lo más difícil de esperar no es tanto el saber cuándo terminará la espera, sino el saber si acaso llegará a terminar.  Si tus planes de vida no están fructificando, ¿debemos cambiar el curso o seguir esperando por el deseo de nuestro corazón?  Nuestros anhelos incumplidos, ¿serán indicadores de una pecaminosa falta de contentamiento o será que simplemente Dios no ha cumplido aún Sus bendiciones?

ANHELANDO EN NAVIDAD

Esta temporada de anticipación es una en donde nuestros anhelos adquieren un enfoque nuevo y más fuerte.  Quizás si estás soltero te preguntas si quizás el próximo año será finalmente el año en el que podrás ir al convivio de la empresa con tu pareja.  Quizás tienes familiares que se han alejado y cada año sueñas con que ese sea el año que los traiga de regreso a casa.

Yo personalmente pasé la Navidad pasada preguntándome si Dios nos daría a mi esposo y a mí un bebé.  No lo hizo, pero no puedo dejar de tener la esperanza que para esta época el próximo año, seremos una familia de tres.

Todas las películas navideñas nos aumentan la esperanza de ver una feliz reconciliación justo a tiempo para celebrar Navidad.  Quienes están solos encuentran una familia, y los perdidos encuentran su camino a casa. En el mundo real, sin embargo, la Navidad viene y se va sin llenar por completo los anhelos de nuestro corazón.

ANHELANDO POR MAS

Adviento es mucho más que esperar la llegada de Navidad.  La palabra Adviento significa “venida”.  Durante el Adviento no solamente recordamos que Jesús se encarnó y vino a nosotros; también preparamos nuestro corazón para Su segunda venida.  Cuando cantamos “Oh venid bendito Emanuel”, no estamos imaginándonos ser los israelitas orando antes de la llegada del Mesías.  No, estamos orando para que Emanuel regrese y arregle todo lo que está mal en este mundo.  Cuando cantamos “…el corazón ya tiene luz…” no estamos ensalzándonos a nosotros mismos, sino estamos recordando la oscuridad de la que fuimos rescatados y la que aún prevalece en los corazones que no conocen a Jesús.

En mi opinión, no existe mejor época para recordar el retorno de Cristo.  Justo cuando quisiéramos estar lo más felices posible y estamos, irónicamente, muy tristes, recordamos no solo que Jesús vino, sino que también nos prometió que regresará.  Esta vida no es la única oportunidad que tendremos para ser felices.  Esta vida es un breve preludio a la vida que vendrá en donde nuestros anhelos se verán más que saciados.  En la presencia de Jesús no echaremos de menos nada que no hayamos tenido en esta vida.

Si tu corazón se siente más pesado de lo que quisieras durante esta temporada de Adviento, cobra ánimo recordando que la felicidad de la Navidad no es la felicidad última que estás esperando.  La mejor Navidad –aquella en la que cada miembro de la familia se sienta a la mesa, habla cordialmente con todos y prefiere dar a recibir- es una pálida sombra del gozo que está aún por venir.  Que el dolor en tu corazón te apunte más allá de Navidad a la mejor celebración que nos espera.  Únete a las voces de los cristianos alrededor del mundo que juntos oran: “¡Oh ven bendito Emanuel!” 

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