Pentecostés: El Regalo del Espíritu Santo

el-pentecostes-cristiano“6Así que mientras los apóstoles estaban con Jesús, le preguntaron con insistencia:
—Señor, ¿ha llegado ya el tiempo de que liberes a Israel y restaures nuestro reino?
7Él les contestó:
—Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo; 8pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes; y serán mis testigos, y le hablarán a la gente acerca de mí en todas partes: en Jerusalén, por toda Judea, en Samaria y hasta los lugares más lejanos de la tierra. “(Hechos 1:6-8, NTV)
“1El día de Pentecostés, todos los creyentes estaban reunidos en un mismo lugar. 2De repente, se oyó un ruido desde el cielo parecido al estruendo de un viento fuerte e impetuoso que llenó la casa donde estaban sentados. 3Luego, algo parecido a unas llamas o lenguas de fuego aparecieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4Y todos los presentes fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, conforme el Espíritu Santo les daba esa capacidad.” (Hechos 2:1-4, NTV)
El calendario litúrgico judío y ahora también el cristiano, marca que 50 días después de la Pascua, se celebra el Día de Pentecostés.  En este 2017, el día cae este domingo 4 de junio.  Para nosotros los cristianos, este día es de suma importancia porque marca el cumplimiento de la promesa de Jesús a sus discípulos antes de ascender a los cielos: el Espíritu Santo -la Tercera Persona de la Trinidad- descendería sobre ellos –y sobre todos los que llegarían a creer- y nos facultaría para que a través de nuestras vidas y nuestras palabras pudiésemos dar testimonio del Evangelio a todo el mundo.
Quisiera resaltar algunas de las maravillosas cosas que suceden en nuestras vidas al entrar en contacto con Dios, el Espíritu Santo.
1. Somos sellados por Él y este sello se convierte en la garantía de nuestra salvación: 12El propósito de Dios fue que nosotros, los judíos —que fuimos los primeros en confiar en Cristo—, diéramos gloria y alabanza a Dios. 13Y ahora ustedes, los gentiles, también han oído la verdad, la Buena Noticia de que Dios los salva. Además, cuando creyeron en Cristo, Dios los identificó como suyos al darles el Espíritu Santo, el cual había prometido tiempo atrás. 14El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo. Dios hizo todo esto para que nosotros le diéramos gloria y alabanza.” (Efesios 1:12-14, NTV)
2. El Espíritu Santo será nuestro abogado, nos convencerá de pecado y nos guiará hacia toda verdad:
“5»Ahora voy a aquel que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta adónde voy. 6En cambio, se entristecen por lo que les he dicho. 7En realidad, es mejor para ustedes que me vaya porque, si no me fuera, el Abogado Defensor no vendría. En cambio, si me voy, entonces se lo enviaré a ustedes; 8y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado y de la justicia de Dios y del juicio que viene. 9El pecado del mundo consiste en que el mundo se niega a creer en mí. 10La justicia está disponible, porque voy al Padre, y ustedes no me verán más. 11El juicio vendrá, porque quien gobierna este mundo ya ha sido juzgado.

12»Me queda aún mucho más que quisiera decirles, pero en este momento no pueden soportarlo. 13Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro. 14Me glorificará porque les contará todo lo que reciba de mí. 15Todo lo que pertenece al Padre es mío; por eso dije: “El Espíritu les dirá todo lo que reciba de mí”.” (Juan 16:5-15, NTV)
3. Es por el Espíritu Santo que podemos nacer de nuevo a una nueva vida:

“3Jesús le respondió:
—Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo, no puedes ver el reino de Dios.
4—¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. ¿Cómo puede un hombre mayor volver al vientre de su madre y nacer de nuevo?
5Jesús le contestó:
—Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. 6El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo. 7Así que no te sorprendas cuando digo: “Tienen que nacer de nuevo”. 8El viento sopla hacia donde quiere. De la misma manera que oyes el viento pero no sabes de dónde viene ni adónde va, tampoco puedes explicar cómo las personas nacen del Espíritu.” (Juan 3:3-8, NTV)
Que este domingo de Pentecostés podamos alzar nuestras manos en gratitud por la presencia de Dios en nuestras vidas gracias a que por gracia y a través de la fe, nos hemos convertido en hogar de habitación para el Espíritu.  Tomemos en serio nuestra relación con el Espíritu Santo y crezcamos en nuestra pneumatología (teología del Espíritu Santo) sustentándola en la Palabra de Dios más que en la experiencia y/o anécdotas que nos han llevado a hacer del Espíritu una especie de talismán o fetiche.
Recordemos que al hablar del Espíritu, estamos hablando de Dios, no de una fuerza mística impersonal que invocamos a placer.  Nuestra relación con Él debe ser siempre reverente, humilde y en donde nos sujetamos en obediencia a su guía en nuestras vidas, guía que estará siempre sujeta a la Palabra que Él mismo inspiró.
¡Feliz domingo de Pentecostés!
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