La Fatal Arrogancia del Aborto


provida_mairenaEsta semana, el medio de comunicación digital Nómada, publicó una nota de Lucía Canjura titulada “Nadie quiere abortar”.  El artículo intenta presentar argumentos en favor del aborto buscando hacer la decisión y los valores y ética que la sustentan, algo totalmente relativo y sujeto a las circunstancias, sin anclaje alguno en la realidad objetiva de la dignidad de la persona humana -nacida y no nacida-.

Anclado en el necio ataque a la religión y a nuestra cultura, construye sus argumentos sobre la postura ética de que “lo bueno es lo que se siente bien o conviene en el momento en el que estoy” y que las razones de la exclusión de los más pobres en el país están construídas sobre estas bases culturales y no sobre un sistema legal y político diseñado para coartar las verdaderas libertades de todos los guatemaltecos.

Es importante comprender que la mayoría de mujeres que recurren a abortos ilegales, o a quienes se les niega cuando lo requieren, vienen de un contexto de pobreza. En Guatemala, y muchos países como el nuestro (pobres, moralistas, fundamentalistas religiosos y machistas), el sistema legal se encarga de dejar sin opciones a los más pobres, especialmente a las mujeres.

Es interesante ver, sin embargo, que Lucía acepta la realidad de que dentro del vientre de toda madre, lo que hay es una persona.  Sin embargo, Lucía parece creer en un mundo determinista en donde como personas, somos producto estrictamente de nuestras circunstancias, sin posibilidad alguna de superación en el caso de no haber nacido en alguna cuna privilegiada.

Estoy de acuerdo con esto. Es una verdad irrefutable que hay una personita creciendo dentro de ti que no tiene la culpa de nada. No sabe si es producto de una violación o de un descuido. No sabe si cuando nazca va a tener un hogar, ni si su mamá va a poder darle de comer. Ese bebé no sabe si va a poder ir al colegio o si va a tener que trabajar desde pequeño. No sabe si va a ser víctima de violencia sexual como su mamá, su abuela y las otras mujeres de su familia. Tampoco sabe si lo van a querer.

Reconozco un punto válido que debe llamarnos a la reflexión.  Existe una diferencia entre cuna cultura integral de vida y una limitada a la defensa de que el bebé no nacido pueda nacer sin que como personas podamos solidarizarnos con la mamá y el bebé para apoyarle en su crecimiento y desarrollo.  Este ha sido parte del llamado de la Iglesia y, por supuesto, de la familia.

5Padre de los huérfanos, defensor de las viudas,
este es Dios y su morada es santa.
6Dios ubica a los solitarios en familias;
pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría.
Pero a los rebeldes los hace vivir en una tierra abrasada por el sol. (Salmo 68:5-6, NTV)
3»Hagan justicia al pobre y al huérfano;
defiendan los derechos de los oprimidos y de los desposeídos.
4Rescaten al pobre y al indefenso;
líbrenlos de las garras de los malvados. (Salmo 82:3-4, NTV)
8Luego Zacarías recibió este mensaje del Señor: 9«El Señorde los Ejércitos Celestiales dice: juzguen con imparcialidad y muestren compasión y bondad el uno por el otro. 10No opriman a las viudas ni a los huérfanos ni a los extranjeros ni a los pobres. Tampoco tramen el mal unos contra otros. (Zacarías 7:8-10, NTV)
8Aquellos que se niegan a cuidar de sus familiares, especialmente los de su propia casa, han negado la fe verdadera y son peores que los incrédulos. (1 Timoteo 5:8, NTV)
Lucía asume, sin embargo, que ipso facto -y aparentemente con un infalible conocimiento del futuro de estas mujeres y niños- que sus vidas han sido “destrozadas” sin aparente remedio o posibilidad de redención.
A mí parecer, es una irresponsabilidad tomar una postura tan radical como la de oponerse rotundamente al diálogo en torno a la despenalización del aborto, dándole la espalda no sólo a las miles de niñas, adolescentes y mujeres cuya vida es destruida con un embarazo forzado, también a los hijos productos de esa violencia.
No debemos pecar de inocentes y hacer la vista gorda a las dificultades que una niña, adolescente o mujer que haya resultado embarazada tendrá y que su hijo o hija puedan llegar a tener.  Aquí es donde la cultura integral de vida debe movernos a la solidaridad y a reconocer la dignidad de cada una de las personas involucradas en esto.  Lo que no podemos hacer es de entrada condenarlas al fracaso, haciendo arrogantes afirmaciones acerca de futuros que no conocemos.  Un hijo o hija es siempre una posibilidad, un “sí” al futuro, una declaración de fe, una oportunidad de un futuro distinto:
3Los hijos son un regalo del Señor;
son una recompensa de su parte.
4Los hijos que le nacen a un hombre joven
son como flechas en manos de un guerrero.
5¡Qué feliz es el hombre que tiene su aljaba llena de ellos!
No pasará vergüenza cuando enfrente a sus acusadores en las puertas de la ciudad. (Salmo 127:3-5, NTV)
Más triste aún es el argumento de la autora de este artículo de que prohibir el aborto -en defensa de que se le arrebate de manera violenta la vida a la persona que está dentro del vientre de la mujer- es “violencia de género”.   Me pregunto, ¿no sufre de la misma violencia la niña que se está gestando al ser brutalmente asesinada dentro del lugar más seguro que podría tener, el vientre de su madre?   Adicional a eso, la definición de Lucía de “libertad” es tan escueta que la resume a una simplista visión de “vivir libres de obstáculos para hacer lo que se nos de la gana”.  Se le olvida a Lucía que “el respeto al derecho ajeno (en este caso, del bebé no nacido) es la paz” y que “mi libertad termina donde comienza la de mi vecino (nuevamente, en este caso, la libertad del bebé no nacido)”.
El problema es decirle a una mujer que no tiene derecho sobre su vida y su cuerpo, y que tiene que sacrificarse por alguien más, despojándola de toda decisión y libre albedrío. Eso es violencia de género porque a los hombres no les pasa (sí, por razones biológicas,pero no les pasa); violencia de género perpetrada por el Estado.
Lucía no defiende la libertad, ella defiende un infantil y egoísta libertinaje de hacer lo que se me da la gana y que no hay precio lo suficientemente alto para mi “felicidad”, especialmente si eso implica quitarme del camino a otra persona que me estorba….en este caso, mi hijo o hija.
Si somos objetivos, la penalización del aborto es una violación a la libertad de una persona a escoger el tipo de vida que desea vivir, es una violación de los Derechos Humanos, tanto como lo es el genocidio o la esclavitud.
Pareciera ser que a Lucía se le olvidó lo que afirmó tan tajantemente al inicio del artículo, la “verdad irrefutable” que dentro del vientre lo que hay es una persona, y como tal, sujeta de la misma dignidad que su madre y sujeta de los mismos derechos -especialmente el derecho a la vida- y a la posibilidad de elegir libremente el destino de su vida.
La despenalización del aborto debe de ir de la mano con aceptar que la educación sexual integral ya es parte del currículo aprobado por el Ministerio de Educación, cuya obligación es impartirla efectivamente. Se trata de brindar a los estudiantes, no sólo la información sobre las enfermedades y riesgos de tener una vida sexual activa, sino el espacio para hablar de la sexualidad como una parte importante para su desarrollo y plenitud. También es importante aprobar e implementar políticas que aseguren la disponibilidad de métodos de planificación familiar gratuitos para todos, porque no todos los guatemaltecos tienen los medios para costearse pastillas anticonceptivas y condones.

Un experimento realizado por la Universidad de Washington, en Estados Unidos, reveló que el acceso a métodos anticonceptivos redujo el número de abortos (legales) en un 40%. Esto, sumado al conocimiento de cómo usar efectivamente estos métodos anticonceptivos, podrían tener un enorme impacto en el número de embarazos no deseados y reducir el número de abortos ilegales y peligrosos que se llevan a cabo actualmente. Podría salvarle la vida a muchísimas niñas y adolescentes y darles la opción de tener un futuro distinto, uno mejor.

Para prevenir abortos necesitamos hacerlos legales y regularlos. Necesitamos poder dialogar sobre el tema sin censuras, sin evadirlo o tacharlo de inmoral. Tenemos todavía mucho de qué hablar sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos, pero hay que entender que no se trata de un debate moral, sino de una necesidad urgente de políticas de salud pública, porque mientras el sexo siga siendo tabú, seguiremos siendo más vulnerables las mujeres.

Guatemala necesita más y necesita algo mejor.  Construir una cultura de vida anclada en la inviolable dignidad de toda persona humana -nacida y no nacida- no es fácil, pero es una tarea que no depende del gobierno sino de cada uno de nosotros.  La realidad de la violencia sexual debe atacarse de manera integral, con un fuerte y creíble sistema de justicia que persiga y castigue de manera pronta y ejemplar a quienes sean hallados culpables de estos hechos (sean quienes sean, hombres o mujeres), pero principalmente, se necesita de la reconstrucción de la fibra moral de cada uno de nosotros.  Esa fibra moral no la construye el gobierno con leyes, políticas o programas.  Esa fibra se construye en el seno de cada familia y con el auxilio de instancias privadas y voluntarias -la Iglesia, el comité de vecinos, el grupo en casa, instituciones educativas y culturales, etc- que se dediquen y sacrifiquen en favor de la formación de hombres y mujeres libres, responsables y virtuosos.

Esto solo se construye con libertad y con esperanza en el futuro.  Condenar la vida de las mujeres y niños a un futuro destruido es arrogante y pero aún, deshumanizante.

Desayuno Nacional de Oración, Laicismo y Jimmy


No cabe duda que en esta etapa de la historia en la que estamos viviendo y en particular, en la Guatemala conectada a redes sociales, cualquier cosa que se haga, diga o se deje de decir o hacer, en particular por un funcionario público, tiene el potencial de estallar en mil distintas direcciones.  Es evidente también que -al menos en redes sociales y empujada también por muchos medios de comunicación digitales que han surgidos en los últimos 2-3 años- en Guatemala existe un particular prejuicio e animosidad en contra de la expresión evangélica del cristianismo.

El día de ayer en un hotel de la capital se llevó a cabo -por tercer año consecutivo- el Desayuno Nacional de Oración– organizado por Guatemala Próspera y concurrido por reconocidos funcionarios públicos, líderes religiosos (particularmente evangélicos) y otras personalidades representativas de diversos sectores sociales, así como la visita de un miembro del Senado de Estados Unidos.  Ya de todos, o de muchos, son conocidas las anécdotas del evento y cualquier guatemalteco conectado a redes sociales o que leyó algún periódico hoy, estará enterado de la diversidad de opiniones y reacciones a lo acontecido.

Quisiera compartir algunas reflexiones al respecto del evento para motivar una discusión más profunda y abierta del tema.  Antes de hacerlo, quisiera aclarar algunos puntos para aclarar desde dónde estoy partiendo en mi reflexión:

  1. No asistí al evento, así que tomo como base de mi reflexión lo que en los medios se citó del evento.
  2. No tengo relación directa con Guatemala Próspera.  Tengo el gusto de conocer a muchas de las personas que allí trabajan y por quienes tengo gran admiración y aprecio, a pesar de que no necesariamente comparto la manera en que la organización trabaja.

Aquí mis reflexiones:

1. Del evento en general:

  • Es muy importante entender que este evento fue organizado por una entidad privada y no lucrativa que busca aportar -desde su particular visión de Guatemala- al desarrollo del país.
  • El evento no lo organiza una iglesia, ni mucho menos podríamos afirmar que es representativo de toda la iglesia evangélica en Guatemala.  
  • Tampoco es un evento realizado ni mucho menos financiado con dinero del erario público.  Cosa distinta es el Te Deum que en los últimos traspasos de mando ha adquirido un carácter oficial y que he cuestionado en este mismo foro.
  • Al evento asistieron las personas invitadas de manera voluntaria, sin que existiera obligación alguna por hacerlo, de manera que en el libre ejercicio de su consciencia y de acuerdo a lo que sus agendas particulares permitieran, quienes fueron, fueron porque quisieron y porque pudieron.
  • Quizás lo que sí me preocupó del evento es lo mediático que fue.  Dentro de lo sacro que contiene la idea de que personas con ideas afines se reúnan a orar por el país, existe ese elemento de intimidad que siento se vulnera al exponer a todos los medios expresiones de vida que si bien tenemos todo el derecho de manifestarlas públicamente y sin vergüenza alguna, no deben reducirse a generadoras de likes, tweets y titulares de prensa.  Algo nos habló Jesús de la importancia de la intimidad en la oración (Mateo 6:5-15).

2. Del Laicismo Chapín

  • En varios medios, a través de varios analistas y también en la opinión de varios lectores en redes sociales, se hizo reiteradas alusiones a:
    • Guatemala es un “Estado Laico”
    • “Dios y la política no se mezclan”
  • Es importante aclarar que en nuestra Constitución Política de la República de Guatemala nunca se define a Guatemala como “Estado Laico”.  De hecho, en el preámbulo se hace una invocación al nombre de Dios (es una invocación algo vaga, pero es lo que está escrito allí) y ciertos artículos defienden derechos fundamentales ligados a la libertad de consciencia, culto y religión:
    • Artículo 33: Derecho de reunión y manifestación
    • Artículo 34: Derecho de asociación
    • Artículo 35: Libertad de emisión del pensamiento
    • Artículo 36: Libertad de religión
    • Artículo 37: Personalidad jurídica de las iglesias
  • Para ser más precisos, debemos de hablar más de un gobierno laico que de un Estado laico, y por ende, de la correcta separación Iglesia/Gobierno como parte de la sana laicidad del gobierno (algo que la Doctrina Social de la Iglesia Católica ha sabido expresar muy bien, particularmente desde el pontificado de Pio XII, pasando por el Vaticano II, Juan Pablo II y Benedicto XVI).
  • De esa cuenta, se debe distinguir muy claramente entre “laicidad” y el peligroso “laicismo” que se promueve en Guatemala, particularmente desde la Asociación de Humanistas Seculares de Guatemala y que también critiqué en este foro. El laicismo busca privatizar la fe y la religión y relegarla únicamente al plano individual y privado, sin lugar en la plaza pública.  El laicismo pide que las personas que quieran llevar sus ideas a la plaza pública -sean funcionarios públicos o no- dejen de lado sus convicciones y actúen contrario a los dictados de su consciencia y la cosmovisión que la formó.  El laicismo al final termina siendo deshumanizante y nos deja con grandes vacíos éticos y morales.
  • El laicismo busca limitar derechos inalienables de cada ser humano al buscar restringir su vida y expresión religiosa que, por definición, tiene un carácter personal y privado, pero también a su vez público y social por el impacto que tienen en su relación con todas las personas de la sociedad.

3. De Jimmy

  • Jimmy no es el presidente de Guatemala, Jimmy tiene el trabajo de ejercer la presidencia de Guatemala.  Esa es una distinción fundamental porque en definitiva, no podemos definir ni reducir a Jimmy a lo que el hace como trabajo.  Sin embargo -y en palabras de él mismo- Jimmy sí es cristiano.  Su esencia como persona la define allí y es allí donde él encuentra su identidad.  En ese sentido, es perfectamente legítimo que en un evento privado y el el libre ejercicio de sus derechos ciudadanos (garantizados por la Constitución), Jimmy pueda expresar de manera pública su fe en su calidad de hombre cristiano y ciudadano en el pleno ejercicio de su calidad como tal.  Jimmy no está imponiendo su fe a nadie ni está obligando a nadie a escucharle, ni mucho menos usando fondos públicos para eso.  Jimmy está actuando conforme a los dictados de su consciencia y como diría Martín Lutero cuando fue juzgado en la Dieta de Wörms, “…no es sabio ni prudente ir contra los dictados de la consciencia.”
  • Las sospechas de las lágrimas de Jimmy no deben tomarse a la ligera.  Como actor que es, es comprensible que se sospeche de alguien que ha sido entrenado para poder llorar “bajo demanda”.  Sin embargo, tampoco es prudente juzgar intenciones cuando nosotros mismos no tenemos la capacidad de conocer qué es lo que pasa por su mente o qué hay en su corazón.  Solamente Dios puede juzgar eso y es ante Él que tendrá que comparecer Jimmy y rendir cuentas.  No es nuestro lugar juzgarlo por eso y de un mal juicio, construir una narrativa que solo llene nuestros corazones de amargura sin fundamento.
  • Ahora, de Jimmy si me preocupó escuchar la parte final de su discurso (ver video aquí) en el que, dentro del contexto de la reforma fiscal que está impulsando, afirmó que es “más bienaventurado dar que recibir”.  Es preocupante ver la manipulación del texto bíblico para el propósito de defender un alza de impuestos.  Los impuestos no son ofrendas o donaciones, sino que son extraídos usando la fuerza y poder coercitivo del gobierno de la bolsa de cada guatemalteco y guatemalteca que trabaja y produce.  Me preocupa también que se ponga al lado de Melquisedec -quién es figura de Jesús en la Biblia-.
  • Confío en la soberanía de Dios y en la obra que Él esté haciendo en la vida de Jimmy. Espero de verdad que ilumine su camino, fortalezca su fe en Él solamente, aclare en su mente y corazón Su Palabra y en Su Presencia pueda encontrar gracia y el socorro oportuno que necesite.

Al final, queda como un evento más para la historia en la que como cristianos debemos sentarnos a reflexionar de cuál debe ser nuestro aporte a la nación y cómo es la mejor forma de poderlo hacer.  Quiero creer en las sanas y honestas intenciones de todos los que participaron en el evento.  No dudo que Dios escucha nuestras oraciones y que puede transformar nuestro país.  Lo que sí quisiera proponer es que nos alejemos de tanta pompa y circunstancia en eventos como estos y podamos hacerlos de manera más discreta, más humilde y en plena intimidad y comunión con Dios y entre hermanos y hermanas en la fe.

¡60 es nota y lo demás es vanidad! La Fábula del Prof. Jaimito


maxresdefaultLa escuela del barrio estaba muy emocionada por el nuevo maestro que contrató para el sexto grado de primaria.  Los padres de familia y los niños se sintieron muy emocionados cuando les anunciaron que el nuevo maestro, quién estaría a cargo de ayudar a los alumnos y alumnas a hacer la transición de la primaria al ciclo básico, sería el Profesor Jaimito.

Por muchos años el Prof. Jaimito había dirigido con mucho éxito la clase de drama de la escuela y lo había hecho muy bien.  Ahora estaba asumiendo un nuevo reto y estaba muy emocionado.  Su carisma, buen humor y creatividad eran las claves bajo las cuales esperaba inspirar a sus alumnos a salir adelante y emocionarse por aprender matemáticas, lenguaje, estudios sociales y educación física.

Esta promoción de la escuela venía de algunos años muy complicados.  Tuvo malos maestros, y además de eso, el entusiasmo personal por aprender de parte de los alumnos había caído.  Muchos alumnos le hacían regalos especiales a los maestros quienes, sin mayor reparo, los aceptaban y con eso les daban una manita con las notas para que ganaran sus clases.

El Profesor Jaimito tenía un gran reto.  Vino enero y el nuevo año escolar inició con mucho entusiasmo.  Con el pasar de los meses, era evidente que esta promoción necesitaba ayuda en muchos sentidos, pero sobre todo, la motivación por aprender de los alumnos y su sentido de responsabilidad, afectaba mucho a la clase y con eso, costaba que se dieran los resultados.  Aún así, había alumnos que destacaban continuamente.  Eran diligentes en el tiempo de clase, prestaban atención, se esforzaban en sus tareas en casa, entregaban todo en tiempo y sus resultados, por ende, eran excelentes.  Estos alumnos estaban muy emocionados de ver su esfuerzo personal rendir frutos muy positivos que les ayudarían, incluso, a obtener becas en las secundarias más prestigiosas de la ciudad.

Al Profesor Jaimito le pareció una excelente idea diseñar un nuevo esquema para ayudar a los alumnos que se estaban quedando atrás.  Se le ocurrió diseñar un nuevo sistema de justicia académica para lograr motivar a los peores alumnos y de esa manera, mejorar el resultado grupa y ganarse el favor de los padres y la comunidad como el mejor maestro.

¿Cómo funcionaría este innovador sistema?  Al Profesor Jaimito se le ocurrió lo siguiente:

  • Si un alumno sacaba entre 90-100 puntos en sus exámenes, este alumno “donaría” 30 puntos al gran “Bolsón de Justicia Académica”.
  • Si un alumno sacaba entre 80-89 puntos, “donaría” 2o puntos.
  • Si un alumno sacaba entre 70-79 puntos, “donaría” 10 puntos.
  • Si un alumno sacaba entre 60-69 puntos, no donaría puntos porque perdería.

Todos estos puntos que se “donaban” al bolsón, el Profesor Jaimito luego los redistribuiría entre los alumnos que sacaban menos de 60 puntos de manera de ayudarlos a subir sus promedios.  La repartición de los puntos dependería completamente del beneplácito del Profesor Jaimito y pronto resultó evidente que los más beneficiados eran los que mejor le caían.

Al poco tiempo, todos los alumnos que sacaban más de 70 puntos en sus clases optaron por esforzarse menos y sacar solo lo suficiente para ganar el curso y evitar donar puntos.  Fue así como en esa aula, de esa escuelita, de ese barrio, de esa ciudad y de ese país que surgió la frase que definió a la promoción de sexto grado de esa escuela por el resto de sus vidas: “¡60 es nota y lo demás es vanidad!”

Nadie destacó. Nadie ganó beca. Nadie fue a la universidad. Todo siguió igual.