Necesitamos Fracasar


has-fracasado-quien-no-espabila-l-ap66crHoy por la mañana venía escuchando, como de costumbre, KISS FM, y los locutores estaban dando sus tips motivacionales del día.  Uno de esos tips fue recordarnos aquella famosa cita atribuida a Thomas Edison sobre sus 1,099 intentos de inventar la bombilla eléctrica y ese único intento que funcionó.  La historia nos narra que cuando le preguntaron qué se sentía fracasar tantas veces, el contestó que para él no eran 1,099 fracasos sino 1,099 aprendizajes de cómo no hacer la bombilla que lo llevaron a ese último intento exitoso.

Esta anécdota usualmente se usa para presentar lo que más adelante John Maxwell en su exitoso libro (interesante ironía allí), “El Lado Positivo del Fracaso”,nos presentaría con esa visión de que el fracaso en realidad no existe….que debemos ver todo como un puente al éxito, que el fracaso es únicamente una condición mental que debemos reemplazar por pensamiento positivo.

Quizás podamos rescatar alguna idea positiva de esto si resaltamos la importancia de ser perseverantes, pero honestamente no creo que podamos sacar mucho más…al menos no mucho más que sea bíblico y centrado en el Evangelio.

Necesitamos aprender a fracasar y a llamar al fracaso justamente eso FRACASO.  Necesitamos aprender que el fracaso duele, y a aprender a vivir ese tiempo de dolor.  Cuándo tratamos de evitar el peso del fracaso en nuestras vidas y de anestesiar a través de frases motivacionales el dolor que trae, estamos cometiendo un acto de gran crueldad contra otros y contra nosotros mismos. ¿Por qué? Algunas razones a continuación:

  1. Anulamos nuestra necesidad de lamentarnos por el fracaso.  El fracaso, todo fracaso, cualquier fracaso, impacta nuestras vidas y nuestra relación con otros.  Anular eso o hacerlo de menos, reduce nuestra capacidad de poder sanar con Dios y con otros el dolor que eso provocó.  Nos impide pedir perdón, arrepentirnos y perdonar.
  2. Es cruel con aquellos que no pueden “verle el lado positivo” a las cosas.  Una curita no sana una herida de bala.  Una frase motivacional no restaura el corazón dolido.  Cuando empujamos a las personas a hacer de menos su fracaso, los llevamos al borde de la esquizofrenia en donde tienen que poner una cara frente al mundo para que no los vean como fracasados o “losers” mientras que dentro deben lidiar en soledad con su dolor.  Reconocer el dolor en otros y aprender a darle su lugar y espacio es una hermosa muestra de amistad: 11 Cuando tres de los amigos de Job se enteraron de la tragedia que había sufrido, viajaron juntos desde sus respectivos hogares para consolarlo y confortarlo. Sus nombres eran Elifaz, el temanita; Bildad, el suhita y Zofar, el naamatita. 12 Cuando vieron a Job de lejos, apenas lo reconocieron. Con fuertes lamentos, rasgaron sus vestidos y echaron polvo al aire sobre sus cabezas en señal de dolor. 13 Entonces, durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job, y ninguno le decía nada porque veían que su sufrimiento era demasiado grande para expresarlo con palabras.” (Job 2:11-13, NTV)
  3. Hacer de lado el sufrimiento que provoca el fracaso o incluso, el no admitir que nuestro fracaso es un error y que es algo malo nos condena a un falso sentido de autosuficiencia.  Fracasar me revela que no puedo o que no pude y por ende, que necesito ayuda, rescate….necesito SALVACION.  Cuándo no reconozco que fracasé, entonces no buscaré ayuda porque al final, es “cuestión de actitud” de “fuerza de voluntad”, de “intentarlo con más ganas” y de esa manera, poco a poco, voy cerrando las puertas a la gracia de otros y en última instancia, a la gracia de Dios.
  4. Fracasar me recuerda que el mundo no se trata de mí.  Me enseña humildad en que hay otros mejores que yo.  Me enseña interdependencia y a vivir en relación con otros de manera tal que aprendamos a ser y existir en genuina comunidad, sobre llevando las cargas los unos de los otros. Amados hermanos, si otro creyente[a] está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Si te crees demasiado importante para ayudar a alguien, solo te engañas a ti mismo. No eres tan importante.” (Gálatas 6:1-3, NTV)

Recordemos dónde con certeza encontraremos al Señor siempre cerca de nosotros:

“Aun cuando yo pase
    por el valle más oscuro,[a]
no temeré,
    porque tú estás a mi lado.
Tu vara y tu cayado
    me protegen y me confortan.” (Salmo 23:4, NTV)

Démonos cuenta de cuándo fue que Jeremías se recordó del amor de Dios:

“Recordar mi sufrimiento y no tener hogar
    es tan amargo que no encuentro palabras.[a]
20 Siempre tengo presente este terrible tiempo
    mientras me lamento por mi pérdida.
21 No obstante, aún me atrevo a tener esperanza
    cuando recuerdo lo siguiente:

22 ¡El fiel amor del Señor nunca se acaba![b]
    Sus misericordias jamás terminan.
23 Grande es su fidelidad;
    sus misericordias son nuevas cada mañana.
24 Me digo: «El Señor es mi herencia,
    por lo tanto, ¡esperaré en él!».

25 El Señor es bueno con los que dependen de él,
    con aquellos que lo buscan.
26 Por eso es bueno esperar en silencio
    la salvación que proviene del Señor.
27 Y es bueno que todos se sometan desde temprana edad
    al yugo de su disciplina:

28 que se queden solos en silencio
    bajo las exigencias del Señor.
29 Que se postren rostro en tierra
    pues quizá por fin haya esperanza.
30 Que vuelvan la otra mejilla a aquellos que los golpean
    y que acepten los insultos de sus enemigos.

31 Pues el Señor no abandona
    a nadie para siempre.
32 Aunque trae dolor, también muestra compasión
    debido a la grandeza de su amor inagotable.
33 Pues él no se complace en herir a la gente
    o en causarles dolor.” (Lamentaciones 3:19-33, NTV)

¿Se trata de sufrir por sufrir? ¿Se trata de nunca buscar evitar el fracaso y buscar de manera intencional el éxito?

¡No! No se trata de esto.  Admitir nuestro fracaso y reconocer lo que existe detrás de admitir nuestra debilidad e incapacidad -admitir honestamente que somos seres humanos falibles, frágiles y caídos- no es “masoquismo cristiano” o una radical “teología del sufrimiento” propuesta en contraposición al falso “evangelio” de la prosperidad.  Admitir nuestros fracasos y tomarlos como eso, como fracasos, es abrir nuestro corazón a la gracia y amor de Dios, a la posibilidad de perdón y restauración, a reconocer la gracia en nuestra vida.  Significa reconocer nuestra condición de criaturas frente al Creador. Significa darnos cuenta que aún el fracaso está bajo el control soberano de Dios y que hasta la disciplina y castigo de Dios son evidencias de Su amor por nosotros:

“11 Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor
    ni te enojes cuando te corrige.
12 Pues el Señor corrige a los que ama,
    tal como un padre corrige al hijo que es su deleite.[a]” (Proverbios 3:11-12, NTV)

“5 ¿Acaso olvidaron las palabras de aliento con que Dios les habló a ustedes como a hijos? Él dijo:

«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor
    y no te des por vencido cuando te corrige.
Pues el Señor disciplina a los que ama
    y castiga a todo el que recibe como hijo»[d].

Al soportar esta disciplina divina, recuerden que Dios los trata como a sus propios hijos. ¿Acaso alguien oyó hablar de un hijo que nunca fue disciplinado por su padre? Si Dios no los disciplina a ustedes como lo hace con todos sus hijos, quiere decir que ustedes no son verdaderamente sus hijos, sino ilegítimos. Ya que respetábamos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, entonces, ¿acaso no deberíamos someternos aún más a la disciplina del Padre de nuestro espíritu, y así vivir para siempre?[e]

10 Pues nuestros padres terrenales nos disciplinaron durante algunos años e hicieron lo mejor que pudieron, pero la disciplina de Dios siempre es buena para nosotros, a fin de que participemos de su santidad.11 Ninguna disciplina resulta agradable a la hora de recibirla. Al contrario, ¡es dolorosa! Pero después, produce la apacible cosecha de una vida recta para los que han sido entrenados por ella.” (Hebreos 12:5-11, NTV)

Después de todo, nuestro fracaso y el sufrimiento que pueda devenir del mismo no se compara con lo que Jesús pasó en la Cruz en favor y en lugar de nosotros y eso debe llenarnos de esperanza y humildad….no somos la gran cosa ni merecemos mucho tampoco.

“12 Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.[a] Debido al gozo[b] que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores,[c] así no se cansarán ni se darán por vencidos. Después de todo, ustedes aún no han dado su vida en la lucha contra el pecado.” (Hebreos 12:1-4, NTV)

Enfrentemos entonces, de ahora en adelante, nuestros fracasos con humildad, gallardía, fe y esperanza.  Todo está en manos de Dios, aún nuestro fracaso.

“6 El Señor tan solo habló
    y los cielos fueron creados.
Sopló la palabra,
    y nacieron todas las estrellas.
Asignó los límites al mar
    y encerró los océanos en enormes depósitos.
Que todo el mundo tema al Señor
    y todos estén ante él con temor reverente.
Pues cuando habló, el mundo comenzó a existir;
    apareció por orden del Señor.

10 El Señor frustra los planes de las naciones
    y hace fracasar todas sus intrigas.
11 Pero los planes del Señor se mantienen firmes para siempre;
    sus propósitos nunca serán frustrados.” (Salmo 33:6-11, NTV)

 

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