¡Maranatha! La esperanza olvidada…

maranatha-watermarkEstamos iniciando Semana Santa en este 2016.  Mañana miércoles arranca de manera oficial el descanso para la gran mayoría de personas que tienen la oportunidad de tomarse dos días y medio y descansar, participar de las actividades religiosas de la época o salir de viaje a algún destino turístico doméstico o extranjero.

Al mismo tiempo, y de manera paradójica, leemos de terribles acontecimientos que suceden a nuestro alrededor.  El crimen y corrupción diarios que nos afectan aquí en Guatemala, el terrorismo del Estado Islámico que está pegando fuerte en Europa y los pequeños problemas del día a día nos van desgastando y nos van pintando un panorama futuro que, lejos de ser motivador, pareciera jalarnos cada vez más profundo en un hoyo negro de desesperanza.

Como cristianos, somos herederos y a la vez, heraldos de esperanza. Nuestra fe está hecha para ser proclamada.  Anunciamos una gran noticia -el Evangelio- y pregonamos una gran esperanza -la Vida Eterna-.  Lamentablemente, y más en los últimos tiempos, hemos cambiado ese anuncio.  Hemos reducido el Evangelio a un mero recetario de tips para una vida mejor -aquí y ahora- y nuestra esperanza anclada en cuántas etiquetas de #blessed podamos escribir en nuestras redes sociales o el nivel de “liderazgo” o “influencia” podamos alcanzar en nuestra vida.  Vemos las tragedias a nuestro alrededor y pedimos al “mesías” gobierno que nos rescate y colocamos nuestra esperanza en un nuevo líder, una nueva campaña, un nuevo movimiento social.

Nuestra pobre eclesiología -derivada de un entendimiento de Jesús empobrecido y alejado de la historia y ortodoxia de la Iglesia- ha llevado a que perdamos el sentido encarnado y comunitario de la comunidad de fe que se reúne a recordar y a anunciar la esperanza del Evangelio.  Abandonamos la iglesia a favor de una pantalla, abandonamos la vida sacramental en favor de la conveniencia y hemos dejado que la cultura dicte la manera en que proclamamos el Mensaje…sustituyéndolo por motivación, culpa y semana tras semana de anécdotas personales desconectadas de la narrativa bíblica.

Pero no todo está perdido.  Dispersada a lo largo de varios pasajes del Nuevo Testamento, encontramos una idea que muchas veces pasamos de largo pero que encierra en sí misma el corazón de la esperanza cristiana: Maranatha. ¿Qué significa esta pequeña palabra tan llena de significado?

La definición de MIAPIC (Ministerio de Apologética Cristiana) la define así:

La palabra Maranatha no es una palabra Griega (“marán athá”) sino una transliteración de la palabra Aramea “mâran’athâ’” la cual ha sido traducida como: “[nuestro] Señor ha venido [viene]” o “[nuestro] Señor es el signo.” También es posible dividir la palabra “mâranâ’thâ” cambiándola a la frase en imperativo “(nuestro) Señor, ¡ven!”

Esta expresión solamente aparece en 1ª Corintios 16:22 y parece ser que era usada como un saludo recordatorio con relación a la Segunda Venida del Señor:

  • Filipenses 4:5: “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.”2
  • Santiago 5:8: “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” (Ver también Apocalipsis 1:7).

En estos dos versículos —de autores diferentes— se nos muestra la eminente venida del Señor; y vemos, particularmente en el versículo de Santiago, que el Cristiano no debe perder la paciencia frente a las adversidades sino que ha de fortalecer su corazón con la venida del Señor.

La esperanza cristiana descansa en la promesa del regreso del Señor Jesús.  Como cristianos afirmamos que Dios el Hijo (la Segunda Persona de la Trinidad) tomó forma de hombre (Juan 1, Filipenses 2) y a través de Su vida en la Tierra sin pecado y Su sacrificio propiciatorio en la Cruz, satisfizo la ira de Dios por el pecado de toda la humanidad.  Porque Jesús es Dios, la muerte no pudo retenerlo y tres días después de haber muerto, Él resucitó de entre los muertos, derrotando una vez y para siempre al diablo, el pecado y la muerte.  Cuarenta días después de haber resucitado, Jesús ascendió a los cielos y mientras subía, el ángel del Señor le recordó a Sus discípulos:

“11«Hombres de Galilea —les dijeron—, ¿por qué están aquí parados, mirando al cielo? Jesús fue tomado de entre ustedes y llevado al cielo, ¡pero un día volverá del cielo de la misma manera en que lo vieron irse!».” (Hechos 1:11, NTV)
La vida cristiana toda debe girar alrededor de esta promesa.  ¡Jesús va a regresar! En Navidad, los cristianos en el mundo recuerdan la Encarnación, el momento definitivo en que Dios entra en la historia de la humanidad para reconciliarnos de vuelta con el Padre (Colosenses 1).  Durante Semana Santa recordamos el sacrificio de Jesús en la Cruz y Su Resurrección.  En medio de todo esto, la Iglesia tiene la oportunidad de semanalmente recordar y anunciar.  Recordar que Jesús vino a morir por nuestros pecados y que resucitó, y a la vez, anunciar que regresará:
23Pues yo les transmito lo que recibí del Señor mismo. La noche en que fue traicionado, el Señor Jesús tomó pan 24y dio gracias a Dios por ese pan. Luego lo partió en trozos y dijo:«Esto es mi cuerpo, el cual es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria de mí». 25De la misma manera, tomó en sus manos la copa de vino después de la cena, y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto entre Dios y su pueblo, un acuerdo confirmado con mi sangre. Hagan esto en memoria de mí todas las veces que la beban». 26Pues, cada vez que coman este pan y beban de esta copa, anuncian la muerte del Señor hasta que él vuelva. (1 Corintios 11:23-26, NTV
La Biblia termina clamando por el pronto regreso de Jesús:
20Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!».
¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios. (Apocalipsis 22:20-21, NTV)
Como cristianos, ¿dónde estamos poniendo nuestra esperanza? La pésima lectura apocalíptica de los últimos 20 años, han causado que le tengamos miedo al estudio de la escatología.  Las constantes discusiones entre las distintas corrientes de pensamiento escatológicos confunden más de lo que construyen y generalmente, terminan frustrando a los creyentes  La obsesión de cómo, cuándo y dónde serán los “últimos tiempos” ha nublado nuestra visión de la realidad objetiva más importante acerca de esto: ¡Jesús viene! Y no solamente que viene….¡Jesús viene y ESO ES BUENO! El regreso de Jesús no es una tragedia.  El mundo no se acaba…es mundo se restaura.  La paz que anhelamos se transformará en el verdadero shalom de Dios y todo, todo, todo, estará verdadera y eternamente bien.  Pero de todo eso, lo más importante es que Él estará con nosotros:
3Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: «¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos. 4Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más». (Apocalipsis 21:3-4, NTV)
3Ya no habrá más maldición sobre ninguna cosa, porque allí estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos lo adorarán.4Verán su rostro y tendrán su nombre escrito en la frente. 5Allí no existirá la noche —no habrá necesidad de la luz de lámparas ni del sol— porque el Señor Dios brillará sobre ellos. Y ellos reinarán por siempre y para siempre. (Apocalipsis 22:3-5, NTV)
Anhelar el retorno de Jesús no es escapismo.  Anhelar el retorno de Jesús, especialmente cuando vemos cara a cara la tragedia, es lanzarnos en fe hacia la esperanza, hacia el futuro.  Cuando todo a nuestro alrededor apunta a la destrucción y la desesperanza, la fe nos apunta a la restauración, hacia la oportunidad, hacia la esperanza…y a una esperanza que no está restringida al orden temporal, a la decadencia, al deterioro….es una esperanza eterna, objetiva y más tangible de lo que nos podemos imaginar.
Esta Semana Santa hablemos de esperanza, de la esperanza que hay en Jesús.  Sentémonos  alrededor de la mesa con un pedazo de pan y una copa de vino y recordemos Su muerte, resurrección y ascensión…y no dejemos de anunciar con alegría Su retorno.
Los dejo con una canción vieja que nos ayuda a tener en mente que como Iglesia, como cristianos, debemos anhelar y pedir por el pronto retorno de nuestro Señor a la Tierra:
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