Cómo debemos rogar a Dios y bendecirle en el tiempo de la tribulación


buscad-al-senor-con-alegria-orarQue en tiempos de angustia y dificultad, podamos inspirarnos en esta oración de Tomás de Kempis para volver al Señor, fuente de toda nuestra esperanza y recibamos el consuelo del Espíritu Santo y Su guía para seguir adelante con fe.

“Señor, sea tu nombre para siempre bendito, que quisiste que viniese sobre mí esta tentación y tribulación; yo no puedo huirla; mas tengo necesidad de recurrir a ti para que me favorezcas y me la conviertas en bien.  Señor, ahora estoy atribulado, y no le va bien a mi corazón; mas soy muy atormentado de la presente tentación.

¡Oh Padre muy amado!, ¿qué diré? Preso estoy en graves angustias, sálvame en esta hora.  Mas yo soy venido en este trance para que seas tú glorificado, cuando yo fuere muy humillado y librado por ti.  Y plégate, Señor, de librarme, que yo, pobre, ¿qué puedo hacer? ¿Adónde iré sin ti?  Dame paciencia, Señor, también esta vez, y ayúdame, Dios mío, y no temeré por más atribulado que sea.

Y ahora entre estas angustias, ¿qué diré, salvo, Señor, que sea hecha tu voluntad? Yo bien he merecido ser atribulado y angustiado; conviéneme sufrirlo, y ojalá con paciencia, hasta que pase la tempestad y haya bonanza.  Poderosa es tu mano, potentísima para quitar de mí esta tentación y amansar su furor, porque del todo no caiga, así como otras muchas veces lo has hecho conmigo, Dios mío, misericordia mía; y cuanto a mí es más dificultoso, tanto es a ti más fácil: que esta mudanza, de la diestra del muy Alto es.”

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero – Capítulo XXXIV)

Contra las Lenguas de los Maledicientes


hablar-malComparto con ustedes esta exhortación que escribió Tomás de Kempis en su clásico libro “La Imitación de Cristo” escrito como si Dios nos estuviera hablando en momentos de dificultad en nuestras relaciones con otros y vemos amenazada nuestra reputación.

“Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión y crédito de ti y te dijeren lo que no querrías oír.  Tú debes pensar de ti peores cosas y tenerte por el más flaco de todos.  Si andas dentro de ti, no pesarás mucho las palabras que vuelan.  Gran discreción es callar en tal tiempo, y convertirse a mí el corazón, y no turbarse por el juicio humano.  No sea tu paz en la boca de los hombres; que si echaren las cosas a bien o a mal, no serás por eso otro del que eres.

¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria? En mí solo por cierto, y el que no codicia contentar a los hombres ni teme desagradarlos gozará de mucha paz.  Del desordenado amor y vano temor nace todo desasosiego de corazón y toda turbación de sentidos.” 

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero – Capítulo XXXIII)