Catalina ve Personas, Carol ve animales


En el corazón del debate acerca de la Ley Nacional de la Juventud en Guatemala está una discusión filosófica/metafísica acerca de la naturaleza de la persona humana.

Quienes nos oponemos a esta iniciativa de ley, lo hacemos sobre la base de una idea acerca de la naturaleza de la persona humana fundamentada principalmente en la idea de que cada uno de nosotros, en tanto personas, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que, en virtud de esta realidad, tenemos una dignidad inherente y ciertos derechos inalienables que son anteriores al gobierno, las leyes o los antojos culturales del momento.

De estas ideas acerca de la dignidad de la persona humana, se desprende una concepción acerca del matrimonio y la familia que proveen una base sólida para el desarrollo de una sociedad de personas libres y responsables que tienen la capacidad de organizarse para apoyarse mutuamente en los desafíos que la vida les presenta, que tienen la capacidad de emprender y crear sus propias fuentes de desarrollo y riqueza que en el libre intercambio con otros, enriquecen sus vidas no sólo en el aspecto material, sino también social y espiritualmente.  Dentro de estos intercambios y asociaciones libres entre personas, no solo está la institución de la familia, sino de otras como las iglesias, empresas, instituciones académicas, grupos culturales y artísticos, equipos deportivos, los grupos de apoyo, clubs, organizaciones de sociedad civil y otras que permiten el desarrollo pleno e integral de los niños, niñas y jóvenes sin necesidad de la intervención del gobierno.

Esta visión se resalta muy bien en el video que nos presenta Catalina Castillo de Colombia en donde no solo defiende el papel de la familia, sino que también nos advierte, más de 10 años después de que una iniciativa similar se aprobara en Colombia, de las consecuencias de tomar el rumbo que hoy se nos está presionando a tomar:

Del otro lado del espectro, entre quienes apoyan que se pase esta ley en Guatemala, destaca una visión de la persona humana diametralmente opuesta.  Esta versión de la persona humana nos reduce a cada uno de nosotros -y en este caso particular, a los niños, niñas y jóvenes- a seres dominados por nuestros instintos biológicos a los que debemos dar rienda suelta y que, una vez liberados de las “cadenas opresivas” de la religión y la moral, podemos vivir vidas de pleno disfrute e incluso, libres de las “consecuencias negativas” de este desenfreno (a lo que ellos equivocadamente entienden como “libertad”).

Quizás la mejor ilustración que ejemplifica esta visión de la persona humana fue publicada por El Periódico en su edición del 19 de febrero de 2016 en la columna escrita por la columnista Carol Zardetto y titulada “Iglesia versus Educación Sexual”.  A continuación reproduzco algunas frases y párrafos de la columna que ilustran mi punto:

“Los jóvenes guatemaltecos tienen una vasta exposición a la sexualidad, sus hormonas los inclinarán indefectiblemente al deseo del cuerpo (que no es pecaminoso sino natural) y, seguramente, tendrán sexo antes del matrimonio.  Le gusto o no a la Iglesia, le guste o no a sus padres. Lo harán.”

“La información que reciben de los medios masivos probablemente no los ayudará.  Y si sus padres son unos mojigatos, o simplemente ignorantes, no acudirán a ellos.”

“Según la Iglesia católica y la poderosa red de asociaciones que la secundan, no debe informarse a los jóvenes de cosas tan horrendas como la diversidad sexual. /…/ la Iglesia promueve la discriminación.”

En una mezcla de argumentación anti-cristiana que ignora la verdadera ética sexual cristiana y argumentos que exponen una extraña especie de moral circunstancial (es bueno si en el momento se siente bien para mi), Carol Zardetto expone su visión de la persona humana como:

  • Separada de cualquier asidero moral que le de estabilidad en su toma de decisiones.
  • Incapaz de confiar en personas (sus padres) e instituciones (la Iglesia) que están más cerca de él/ella y que pueden acompañarle sobre la base del amor (¿puede acaso la ley o el gobierno amar o enjugar una lágrima o cuidar a un bebé?), el sacrificio y la entrega.
  • Sujeta a sus impulsos e instintos biológicos e incapaz del dominio propio y mucho menos de integrar a su sexualidad algún tipo de dimensión moral, social y de trascendencia de futuro.

La visión que defiende a lo que hoy se conoce como “educación tradicional” lo hace porque defiende la dignidad inherente de la persona humana en todas sus dimensiones (física, emocional y espiritual).  La visión que promueve un modelo “progresista” lo hace sobre la base de una visión de la persona humana que la arranca precisamente de eso, su humanidad, y la reduce a un simple animal más que lo único que puede hacer es dar rienda suelta a sus instintos y si tiene suerte, prevenir únicamente los efectos físicos de su desenfreno….pero se le olvida a los promotores de esta visión que somos más que mera biología….somos personas.

Usted y sus hijos e hijas que son….¿personas o animales?

 

La Muerte, el Evangelio de la Prosperidad y Yo


A continuación, sigue mi traducción del artículo de Kate Bowler titulado “Death, the Prosperity Gospel and Me” publicado recientemente en el New York Times (disponible aquí en inglés).  Hago referencia a este artículo en otro titulado “El Evangelio de la Prosperidad y la Política de la Prosperidad”.

Como cristianos, no podemos dejar de reflexionar sobre este tema porque cada vez más está afectando a nuestra cultura, está alejando a mucha más gente de la Iglesia (quizás hasta más rápido de que los atrae) y en un estudio reciente de Pew Research revela que el 90% de guatemaltecos evangélicos están abiertos a creer este falso evangelio.  Que las reflexiones de este artículo nos ayuden a elevar el nivel de discusión y a corregir el rumbo.

A continuación, el artículo:

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Kate Bowler (Foto Duke University)

Hace algunos meses, un jueves por la tarde, la asistente de mi doctor me llamó para informarme que padezco de cáncer etapa 4. Los calambres estomacales que sufría no eran causados por una mala vesícula, sino por un tumor masivo.

Tengo 35 años. Hice todo lo que se esperaría de alguien para quien el mundo, de repente, se había convertido sumamente pequeño. Caí de rodillas y lloré. Llamé por teléfono a mi esposo y esperé a que llegara para que pudiéramos abrazarnos y decirnos todo lo que necesitábamos expresar. Siempre te he amado. Estoy tan agradecida por nuestra vida juntos. Por favor cuida de nuestro hijo. Luego, caminamos de mi oficina al hospital para dar inicio a lo que quedaba de mi nueva vida.

Sin embargo, uno de mis primeros pensamientos fue: ¡Dios mío, qué ironía!, dado que recientemente escribí un libro titulado “Blessed” (Bendecida).

Yo soy una historiadora de la versión norteamericana del evangelio de la prosperidad. Una definición sencilla de este, es que el evangelio de la prosperidad es la creencia de que Dios da salud y riqueza a aquellos que tienen el tipo correcto de fe. Pasé 10 años entrevistando a tele-evangelistas que decían tener las fórmulas espirituales para ganar el milagroso dinero de Dios. Me tomé de las manos de personas en sillas de ruedas mientras que celebridades conocidas por su toque milagroso oraban por ellas. Me senté en la sala de varias personas y escuché como ellos nunca hubiesen tan siquiera soñado en tener esta casa si no hubiese sido por la motivación que escuchaban los domingos.

Realicé un peregrinaje con Benny Hinn (famoso predicador de sanidad divina) y 900 turistas para seguir los pasos de Jesús en Tierra Santa y ver lo que las personas estaban dispuestas a arriesgar por una oportunidad a obtener su milagro. Arruiné múltiples vacaciones familiares al insistir en que me pasaran dejando a la mega iglesia más ostentosa de la ciudad que visitábamos. Si había santuarios con ríos corriendo por el medio, un águila volando libremente en el auditorio o la estatua un enorme globo terráqueo girando, yo estuve allí. Read More