Hora de Arremangarse

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Se libró una dura batalla hace casi dos semanas en los medios de comunicación masiva, redes sociales, el Congreso de la República y seguramente, mientras familiares y/o amigos discutían con un café la polémica generada por la Ley Nacional de la Juventud. Se logró una victoria parcial para quienes nos oponemos a ella luego de que la ley fuera enviada a discusión a una comisión de trabajo por 30 días, una manera, según algunos expertos, de condenar este proyecto a ser engavetado…pero no cantemos victoria.

Ahora viene el desafío más grande. El clamor en contra de la ley usó como argumento principal la prerrogativa exclusiva de los padres a la educación de los hijos menores de edad e incluso, se usó como respaldo el Artículo 73 de la Constitución Política de la República. Quienes apoyan el proyecto argumentan de la ignorancia de los padres de familia e ignoran el papel fundamental que las asociaciones intermedias privadas (como la Iglesia) juegan en este proceso educativo y subsidiario (en el sentido de estar cerca del problema y por ende, tener mejores herramientas y argumentos para solucionarlo).

La Alianza Evangélica se pronunció de una manera muy clara en contra de este proyecto de ley y con ello, intentó definir la postura evangélica alrededor de estos temas. Sin embargo, es preocupante la ausencia de líderes cristianos e iglesias locales que estuvieran dispuestas a arriesgar su nombre y reputación a favor de los jóvenes de sus iglesias y comunidades. No los vimos en los medios, escribiendo, hablando en la radio.

Jesús nos dijo que “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos” (Juan 15:13) y todos sabemos que Él vivió esto de la manera más literal, trascendiendo toda retórica. Este estilo de vida de amor sacrificial se fortalece cuando la iglesia local y su liderazgo, en complicidad con las familias de las que se conforma, trabajan juntos para alcanzar el fin que nos indica Efesios 4:11-13. La iglesia tiene el papel de preparar y cada uno de nosotros como miembros y familias, tenemos la responsabilidad de asimilar y vivir esa preparación para dar testimonio al mundo de la verdad, relevancia y sensatez de la Palabra de Dios.   Esto requiere amor sacrificial de ambas partes. Disposición de parte del liderazgo de la iglesia de volcarse en servicio de las familias y disposición de parte de cada familia de transmitir y formar a los niños y niñas bajo estos preceptos (Deuteronomio 6:4-9).

Como padre de familia, asumo el compromiso de vivir sacrificialmente a favor de mis hijas para enseñarles el camino correcto en estos asuntos para que vivan sin vergüenza y con esperanza, de manera libre y responsable, la vida que Dios diseñó para ellas.

¡Es hora de arremangarse las mangas iglesia! ¡Es hora de pronunciarse y arriesgar el nombre propio a favor de los y las jóvenes de nuestras iglesias y comunidades inmediatas y con eso, glorificar verdaderamente el nombre de Dios! ¡Es hora de trabajar en complicidad con cada familia que se congrega para transformar el futuro de nuestra nación a partir de la bendita herencia que son los hijos de parte de Dios (Salmo 127:3-5).

(Esta columna fue originalmente escrita para la edición del 21 de febrero de 2016 de Actitud News en su sección de opinión.)

Post Data:

Quiero agradecer de manera muy especial a Vivian Vásquez por su invaluable aporte y consejo en ayudarme a temperar y a reorientar el tono de este artículo hacia el llamado a la responsabilidad, la colaboración y la propuesta. (Proverbios 27:17)

 

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