Evangelio de la Prosperidad y Política de la Prosperidad


huyedelevangelioprosperidadEn Guatemala estamos viviendo tiempos políticos bastante turbulentos.  Llevamos poco más de 1 mes del nuevo gobierno y existe mucha ansiedad, mucha división y poca claridad de hacia donde vamos.  La idolatría del gobierno, manifestada en nuestro contexto en el depósito de nuestros sueños y esperanzas para Guatemala basadas en la “nueva política” que este nuevo equipo de gobierno prometía entregar, está siendo desbaratada y lo que vemos en mucha de los medios y redes sociales es “sed de venganza”.

El falso “evangelio” de la prosperidad es quizás una de las fuerzas culturales más perniciosas que ha moldeado nuestra sociedad en Guatemala.  Tanto en el mundo evangélico del que lamentablemente pocas iglesias y predicadores se salvan, como en el mundo secular a través de su versión neo-pagana expresada en libros como “El Secreto” o en los “Cursos de Milagros” o en lo que a diario leemos en nuestras redes sociales y memes sobre “declarar” o “decretar” x ó y fórmula para la prosperidad, Guatemala ha caído en esta trampa y lamentablemente, la ha traducido también al ámbito de la gestión pública.

Traduzco a continuación este artículo originalmente titulado “The Prosperity Gospel and Prosperity Politics” escrito por Scott Woodworth para la revista en línea “Think Christian”. El artículo es relevante para nuestro contexto no solo por la perniciosa influencia de este falso “evangelio” en nuestro país y cultura, sino también por la atención que desde Guatemala ponemos al proceso electoral de Estados Unidos.  Vale la pena reflexionar detenidamente y buscar la dirección de Dios en estos aspectos.

A continuación, mi traducción del artículo:

Una de las declaraciones más ambiguas de Jesús fue su promesa de que los que creen en Él “tendrán vida y vida en abundancia” (Juan 10:10). Al dejar esta afirmación aislada de su contexto y sin definición en sus detalles, algunos han reducido esta declaración de Cristo a una especie de cheque en blanco para alcanzar la plenitud personal y el éxito profesional – la versión cristiana del “sueño americano”.

En un artículo escrito para el New York Times la autora del libro “Blessed” (Bendecida) (traducido al español aquí), Kate Bowler, reconsidera su investigación acerca del “evangelio de la prosperidad” –que de acuerdo a ella, se define como “la creencia de que Dios le da salud y riqueza a aquellos que muestran el tipo correcto de fe”- a la luz de su reciente diagnóstico de cáncer etapa 4 a sus 35 años de edad. Es un artículo muy conmovedor y personal, pero también es uno que me ha hecho reflexionar acerca de las maneras en que el evangelio de la prosperidad se ha rebalsado del santuario a la arena política. En los últimos meses, varios de los candidatos presidenciales de EEUU han adoptado el lenguaje de la prosperidad para hacer que sus campañas muestren sus propuestas como aquellas que permitirán que la “vida en abundancia” se pueda vivir a nivel nacional.

Aunque podemos decir sin temor a equivocarnos que es típico que todos los candidatos hagan algunas promesas de proporciones épicas, parece que este año los candidatos republicanos en particular, en su competencia por el codiciado y ambiguo “voto evangélico”, están prometiendo todo tipo de bendición para nuestro país…¡solo falta que prometan la inauguración del reinado de Cristo! Marco Rubio se ha comprometido a “traer un Nuevo Siglo Americano aún más brillante y próspero que el anterior”. Ted Cruz, cuya “familia entera ha sido bendecida en poder vivir el sueño americano”, cree “en la idea de que cualquiera, a través del trabajo duro y la determinación, puede alcanzar cualquier cosa.” De la misma manera, Ben Carson promete “fortalecer nuestra capacidad de proyectar poder y liderar el mundo”. John Kasich le dice a los votantes que su estrategia “ayudará a Estados Unidos a reclamar nuestro poder, dinero e influencia, mantener a nuestra nación segura, fortalecer a nuestras familias y comunidades y alcanzar el potencial para el cual nos ha diseñado Dios.” Y por supuesto, alguien que no se deja ganar, la campaña de Donald Trump lo presenta a él como “la más pura definición de la historia americana de éxito” en la cual él garantiza que “Yo seré el mejor presidente generador de empleo de la historia de Estados Unidos. Haré a nuestro ejército tan grande, poderoso y fuerte que nadie querrá meterse con nosotros….Estaremos unificados, seremos uno, seremos felices nuevamente.”

En esta temporada de promesas acerca de la futura grandeza de Estados Unidos, el evangelio de la prosperidad se presenta como el gran tentador que ofrece bendiciones sin sacrificio, ganancia sin pérdida, vida sin muerte. En el reino de la devoción personal, este falso evangelio sugiere que cada uno de nosotros controla su propio destino en función de la cantidad de fe que tenemos en Dios. En el ámbito político, el evangelio de la prosperidad nos tienta a creer que nuestros sueños más grandes se verán realizados si tan solo tenemos fe en el candidato correcto. Para ambos escenarios, Bowler nos deja con esta penetrante reflexión:

“El evangelio de la prosperidad ha tomado una religión basada en la contemplación de un hombre muriendo y le ha arrancado por la fuerza su llamado a rendirlo todo. Quizás peor, ha reemplazado la fe cristiana con las más dolorosas formas de certeza. El movimiento ha perfeccionado una forma rara de la adicción norteamericana al gobierno propio, que niega mucho de nuestra humanidad: nuestros frágiles cuerpos, nuestra finitud, nuestra necesidad de ver la muerte a la cara (al menos de vez en cuando) y llenarnos de terror y asombro. En algún momento, debemos decirnos a nosotros mismos, ‘¡Necesito soltarlo todo!’.”

Aquellos que caminamos por fe nos mantenemos aferrados a nuestra creencia de que “…toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.” (Romanos 13:1b, NTV) Por esta razón, somos libres de la constante ansiedad de buscar un nuevo mesías que usurpe a Aquel que ya vino. Podemos estar tentados a preferir a un rey que nos promete prosperidad y grandeza en lugar de uno que sufre a nuestro lado mientras sufrimos cáncer o pobreza, pero caer en esta tentación nos hará parecidos a aquellos que asesinaron al hombre de Nazaret cuando el fracasara en cumplir sus propias expectativas de plenitud personal. Necesitamos salvación, no éxito. En 2016, oremos para que Dios nos de, en Su gracia, lo que necesitamos y no simplemente lo que queremos.

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Hora de Arremangarse


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Se libró una dura batalla hace casi dos semanas en los medios de comunicación masiva, redes sociales, el Congreso de la República y seguramente, mientras familiares y/o amigos discutían con un café la polémica generada por la Ley Nacional de la Juventud. Se logró una victoria parcial para quienes nos oponemos a ella luego de que la ley fuera enviada a discusión a una comisión de trabajo por 30 días, una manera, según algunos expertos, de condenar este proyecto a ser engavetado…pero no cantemos victoria.

Ahora viene el desafío más grande. El clamor en contra de la ley usó como argumento principal la prerrogativa exclusiva de los padres a la educación de los hijos menores de edad e incluso, se usó como respaldo el Artículo 73 de la Constitución Política de la República. Quienes apoyan el proyecto argumentan de la ignorancia de los padres de familia e ignoran el papel fundamental que las asociaciones intermedias privadas (como la Iglesia) juegan en este proceso educativo y subsidiario (en el sentido de estar cerca del problema y por ende, tener mejores herramientas y argumentos para solucionarlo).

La Alianza Evangélica se pronunció de una manera muy clara en contra de este proyecto de ley y con ello, intentó definir la postura evangélica alrededor de estos temas. Sin embargo, es preocupante la ausencia de líderes cristianos e iglesias locales que estuvieran dispuestas a arriesgar su nombre y reputación a favor de los jóvenes de sus iglesias y comunidades. No los vimos en los medios, escribiendo, hablando en la radio.

Jesús nos dijo que “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos” (Juan 15:13) y todos sabemos que Él vivió esto de la manera más literal, trascendiendo toda retórica. Este estilo de vida de amor sacrificial se fortalece cuando la iglesia local y su liderazgo, en complicidad con las familias de las que se conforma, trabajan juntos para alcanzar el fin que nos indica Efesios 4:11-13. La iglesia tiene el papel de preparar y cada uno de nosotros como miembros y familias, tenemos la responsabilidad de asimilar y vivir esa preparación para dar testimonio al mundo de la verdad, relevancia y sensatez de la Palabra de Dios.   Esto requiere amor sacrificial de ambas partes. Disposición de parte del liderazgo de la iglesia de volcarse en servicio de las familias y disposición de parte de cada familia de transmitir y formar a los niños y niñas bajo estos preceptos (Deuteronomio 6:4-9).

Como padre de familia, asumo el compromiso de vivir sacrificialmente a favor de mis hijas para enseñarles el camino correcto en estos asuntos para que vivan sin vergüenza y con esperanza, de manera libre y responsable, la vida que Dios diseñó para ellas.

¡Es hora de arremangarse las mangas iglesia! ¡Es hora de pronunciarse y arriesgar el nombre propio a favor de los y las jóvenes de nuestras iglesias y comunidades inmediatas y con eso, glorificar verdaderamente el nombre de Dios! ¡Es hora de trabajar en complicidad con cada familia que se congrega para transformar el futuro de nuestra nación a partir de la bendita herencia que son los hijos de parte de Dios (Salmo 127:3-5).

(Esta columna fue originalmente escrita para la edición del 21 de febrero de 2016 de Actitud News en su sección de opinión.)

Post Data:

Quiero agradecer de manera muy especial a Vivian Vásquez por su invaluable aporte y consejo en ayudarme a temperar y a reorientar el tono de este artículo hacia el llamado a la responsabilidad, la colaboración y la propuesta. (Proverbios 27:17)