Shakespeare y la Naturaleza Inamovible del Amor

el-buen-amor-con-nube-de-marc3adaSe acerca una fecha que para muchos es motivo de gran celebración, para otros es de mucho estrés y ansiedad, y para muchos otros incontables, una fecha de mucha nostalgia.  El día del cariño, o día de San Valentín –un santo cristiano de la antigüedad que se ocupaba de celebrar el amor y el matrimonio en medio de tiempos difíciles y de persecución– es un día cargado de emociones, de carreras y de deseos por que ese día o noche “sean perfectos”.  Es un buen deseo, sin embargo, en medio de lo que ese día representa para muchos, se nos puede llegar a escapar la naturaleza del amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios.

Colosenses nos llama a buscar la unidad sobre la base del amor “que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14), Efesios nos llama siempre a hablar entre nosotros “la verdad en amor” (Efesios 4:15), Jesús nos recordó que el amor más grande es estar dispuestos a sacrificar la vida por el otro (Juan 15:12-17) y Pablo nos recuerda que ese tipo de amor, el amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios, “nunca deja de ser” (1 Corintios 13:1-8).

Curiosamente, ninguno de esos pasajes tiene por objeto tratar el amor de pareja (¡ni siquiera 1 de Corintios 13!), sin embargo nos sientan algunas bases que deben ayudarnos a reflexionar acerca de la manera en que vivimos nuestros sentimientos afectivos y aún de amor romántico.  Shakespeare, el gran dramaturgo británico, a mi criterio, toma algunos de estos conceptos y los traslada al ámbito del amor de pareja en su Soneto 116:

“Permitid que no admita impedimento
ante el enlace de las almas fieles
no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios
o mejillas alcanza, la guadaña implacable.
Ni se altera con horas o semanas fugaces,
sino que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,
decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.”

(original en inglés puede leerse aquí)

Shakespeare resalta que la cualidad más importante, la que define el amor entre un hombre y una mujer es su inamovilidad a pesar y en medio aún de las peores circunstancias, la confusión y/o la incertidumbre.

Este tipo de amor es humanamente imposible.  Sin embargo, es precisamente esa imposibilidad la que nos debe llenar de esperanza, ya que la única manera en que se puede llegar a expresar un amor de este tipo es si primero lo hemos recibido.  De esto se trata el Evangelio, del amor inamovible de Dios, del amor confiable de Dios, el amor que amó primero, aún cuando aquellos que eran objeto de su amor no se dieron cuenta o incluso, no lo querían.

“7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo.15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo.” (1 Juan 4:7-21, NTV)
Descansemos sobre esta inmensa verdad.  El amor genuino depende única y exclusivamente de la gracia de Dios, la gracia que fue, es y siempre será incondicional e irresistible.  Si aprendemos a ser amados así, podremos amar así.  Que la verdad del inamovible amor de Dios y la posibilidad del amor inamovible (aunque siempre imperfecto) entre personas, sustentado y facultado por la gracia de Dios, alivie nuestra ansiedad de anclar el amor que podamos sentir o que querramos expresar, a un “día del Cariño perfecto”.

 

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