Ley de Juventud, Kuyper y el Artículo 73 de la Constitución

03-11-2011_congreso

Foto: Emisoras Unidas

Como padre de dos niñas de 11 y 9 años, me preocupa sobremanera la injerencia que se pretende dar al gobierno de Guatemala en la vida de mis hijas a través de la polémica Ley de la Juventud.

La familia es una institución anterior al Estado y por ende, sujeta principalmente a la autoridad de Dios como su Creador.  Esta se rige por las normas propias de su mismo diseño y es en el seno de la misma en dónde los hijos, niños y jóvenes, encuentran las mejores oportunidades de realización personal, en donde aprenden las virtudes y valores morales que los guiarán durante sus vidas y donde se siembran las semillas de fe que, con la ayuda de Dios, fructificarán en esperanza mientras encaran los desafíos de este mundo.  Abraham Kuyper, teólogo y estadista holandés, lo expresó claramente cuando disertó sobre la idea de las “Esferas de Soberanía” en la Universidad de Princeton en 1898:

“..que la familia, los negocios, la ciencia, el arte y demás son esferas sociales que no deben su existencia al Estado y que no derivan su norma de vida de la superioridad del Estado, sino que obedecen a una autoridad superior dentro de su propio seno; una autoridad que gobierna, por la gracia de Dios, de la misma forma que lo hace la soberanía del Estado.”

De la misma forma, vemos estas ideas encarnadas en el pensamiento católico y en el pensamiento de Alexis de Tocqueville con sus ideas acerca del “principio de subsidiariedad” y de las “asociaciones intermedias” (leer este artículo).

Adicional a esto, vemos en la Constitución Política de la República de Guatemala el artículo 73 que defiende claramente las prerrogativas de la familia, especialmente en relación a la educación de los hijos:

“Artículo 73.- Libertad de educación y asistencia económica estatal. La familia es fuente de la educación y los padres tienen derecho a escoger la que ha de impartirse a sus hijos menores. El Estado podrá subvencionar a los centros educativos privados gratuitos y la ley regulará lo relativo a esta materia. Los centros educativos privados funcionarán bajo la inspección del Estado. Están obligados a llenar, por lo menos, los planes y programas oficiales de estudio. Como centros de cultura gozarán de la exención de toda clase de impuestos y arbitrios. La enseñanza religiosa es optativa en los establecimientos oficiales y podrá impartirse dentro de los horarios ordinarios, sin discriminación alguna. El Estado contribuirá al sostenimiento de la enseñanza religiosa sin discriminación alguna.”

Es por esta razón que preocupa que desde el uso inadecuado del poder coercitivo del gobierno, se pretenda imponer a los jóvenes un tipo de instrucción que, desde el mismo texto de las enmiendas a la ley, es vaga ya que no dimensiona la integralidad de la persona humana sino que lo reduce a la calidad de animal, sujeto e incapaz de restringir sus instintos e impulsos biológicos y que por ende, pretende únicamente prevenir el resultado biológico de la relación sexual sin considerar sus dimensiones morales y espirituales.

Al pretender esta ley de “dotar de derechos” a los jóvenes, envía un mensaje confuso a la población, especialmente a los menores:

Lo más preocupante es el impacto colateral que una ley de esta naturaleza tendrá sobre la familia porque tiene el potencial de llegar a poner en posiciones antagónicas la legítima autoridad de los padres sobre sus hijos menores de edad contra la “autoridad” que estos derechos le dan a los hijos a su mal entendida “libertad”.  Esto no ha sido dimensionado y las consecuencias que esto puede generar son demasiado fuertes para atreverse a pensar.

El camino que nos señala esta ley es un camino cuyo destino es el totalitarismo.  Cuando se destruye a la familia, se monta el escenario perfecto que Orwell predijo en 1984: la cooptación total del gobierno “cientificista” de las vidas públicas y privadas de los ciudadanos. Gracias a Dios C.S. Lewis nos prevenía de lo mismo también en su magistral novela “That Hideous Strength” y nos da la salida que Orwell no pudo encontrar.

Debe respetarse la esfera de soberanía de la familia como la mejor salvaguarda y garantía del desarrollo de la juventud guatemalteca y dar lugar a las asociaciones intermedias, como la Iglesia, a cumplir su papel en orientar, educar y apoyar a los padres de familia y a los jóvenes a lo largo de las distintas etapas de sus vidas y en medio de los desafíos que hoy viven.

F.A. Hayek, a pesar de ser agnóstico, lo reconoció claramente en su libro “La Fatal Arrogancia”:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a alguna de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla” (Génesis 1:28).  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de unan divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo proceso de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.” (Capítulo 8)

El camino para la juventud en Guatemala pasa por la justicia -igual para todos-, la libertad y la familia.  Ninguna ley adicional nos proveerá eso y ningún código legal impreso enjugará las lágrimas de un o una joven necesitados de amor.  Eso únicamente puede hacerlo papá, mamá y en última instancia, Dios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s