40 Días

0e2876909_1391798548_ash-wednesday-annEste próximo miércoles 10 de febrero se marca el inicio para el mundo cristiano de un importante período de recogimiento, reflexión y preparación del corazón para celebrar la Semana Santa. Conocido popularmente como la “Cuaresma” y observado principalmente por la tradición católica en nuestro país, la Cuaresma ha sido para el cristianismo en general una época muy importante dentro del calendario litúrgico de la Iglesia.

Como evangélicos, muchos con trasfondo “neo-pentecostal” y, lamentablemente, entrenados a rechazar de tajo cualquier tradición cristiana que sea ajena a nuestra experiencia, normalmente pasamos de largo este tiempo y perdemos la oportunidad de parar y reflexionar principalmente en el Evangelio.

A través de las distintas expresiones de ayuno, abstinencia, reflexión y oración, la Cuaresma ha servido a los cristianos de todas las denominaciones alrededor del mundo y a través de los tiempos, a tomar un tiempo especial para ponderar en sus corazones el peso de su pecado para poder empezar a dimensionar la grandeza del sacrificio y el amor de Dios a través del sacrificio de Jesús en la Cruz y la esperanza de Su resurrección y posterior ascensión.

Recordemos que el llamado del Evangelio siempre incluye dos componentes inseparables: arrepentimiento y fe (Marcos 1:15). El arrepentimiento es, entonces, una marca de la auténtica vida cristiana porque es evidencia (más que otras supuestas “evidencias” neo-pentecostales) de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado (Juan 16:8-11), nos guía hacia toda verdad (Juan 16:13) –que en última instancia es guiarnos a Jesús (Juan 14:6)- y nos trae consuelo (Juan 14:26). Vivir guiados de esta manera por el Espíritu (Romanos 8:1-17) resultará en una vida que glorifica a Dios a través de Sus frutos en nuestra vida (Gálatas 5:16-26).

Y recordemos algo, lo que en Cuaresma empieza con ceniza, no se queda allí. Nuestra preparación no es únicamente para ponderar en nuestro corazón el tremendo precio que pagó Jesús en la Cruz por nuestro pecado al morir en nuestro lugar. Cuaresma también nos preparara para celebrar verdaderamente la victoria de Jesús el Domingo de Resurrección. Nunca olvidemos la promesa a través del profeta Isaías:

“A todos los que se lamentan en Israel

les dará una corona de belleza en lugar de cenizas,

una gozosa bendición en lugar de luto,

una festiva alabanza en lugar de desesperación.

Ellos, en su justicia, serán como grandes robles

que el Señor ha plantado para su propia gloria.” (Isaías 61:3, NTV)

Que estos 40 días nos lleven como personas, familias e iglesias a un quebrantamiento de corazón por nuestro pecado que a la vez nos llene de esperanza, adoración y un fuego ardiente por compartir con otros el maravilloso Evangelio de nuestro Señor Jesús.

(Esta columna fue originalmente escrita para la sección de opinión de la edición impresa de Actitud News del 7 de febrero de 2016)

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