Cómo debemos rogar a Dios y bendecirle en el tiempo de la tribulación


buscad-al-senor-con-alegria-orarQue en tiempos de angustia y dificultad, podamos inspirarnos en esta oración de Tomás de Kempis para volver al Señor, fuente de toda nuestra esperanza y recibamos el consuelo del Espíritu Santo y Su guía para seguir adelante con fe.

“Señor, sea tu nombre para siempre bendito, que quisiste que viniese sobre mí esta tentación y tribulación; yo no puedo huirla; mas tengo necesidad de recurrir a ti para que me favorezcas y me la conviertas en bien.  Señor, ahora estoy atribulado, y no le va bien a mi corazón; mas soy muy atormentado de la presente tentación.

¡Oh Padre muy amado!, ¿qué diré? Preso estoy en graves angustias, sálvame en esta hora.  Mas yo soy venido en este trance para que seas tú glorificado, cuando yo fuere muy humillado y librado por ti.  Y plégate, Señor, de librarme, que yo, pobre, ¿qué puedo hacer? ¿Adónde iré sin ti?  Dame paciencia, Señor, también esta vez, y ayúdame, Dios mío, y no temeré por más atribulado que sea.

Y ahora entre estas angustias, ¿qué diré, salvo, Señor, que sea hecha tu voluntad? Yo bien he merecido ser atribulado y angustiado; conviéneme sufrirlo, y ojalá con paciencia, hasta que pase la tempestad y haya bonanza.  Poderosa es tu mano, potentísima para quitar de mí esta tentación y amansar su furor, porque del todo no caiga, así como otras muchas veces lo has hecho conmigo, Dios mío, misericordia mía; y cuanto a mí es más dificultoso, tanto es a ti más fácil: que esta mudanza, de la diestra del muy Alto es.”

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero – Capítulo XXXIV)

Contra las Lenguas de los Maledicientes


hablar-malComparto con ustedes esta exhortación que escribió Tomás de Kempis en su clásico libro “La Imitación de Cristo” escrito como si Dios nos estuviera hablando en momentos de dificultad en nuestras relaciones con otros y vemos amenazada nuestra reputación.

“Hijo, no te enojes si algunos tuvieren mala opinión y crédito de ti y te dijeren lo que no querrías oír.  Tú debes pensar de ti peores cosas y tenerte por el más flaco de todos.  Si andas dentro de ti, no pesarás mucho las palabras que vuelan.  Gran discreción es callar en tal tiempo, y convertirse a mí el corazón, y no turbarse por el juicio humano.  No sea tu paz en la boca de los hombres; que si echaren las cosas a bien o a mal, no serás por eso otro del que eres.

¿Dónde está la verdadera paz y la verdadera gloria? En mí solo por cierto, y el que no codicia contentar a los hombres ni teme desagradarlos gozará de mucha paz.  Del desordenado amor y vano temor nace todo desasosiego de corazón y toda turbación de sentidos.” 

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero – Capítulo XXXIII)

Catalina ve Personas, Carol ve animales


En el corazón del debate acerca de la Ley Nacional de la Juventud en Guatemala está una discusión filosófica/metafísica acerca de la naturaleza de la persona humana.

Quienes nos oponemos a esta iniciativa de ley, lo hacemos sobre la base de una idea acerca de la naturaleza de la persona humana fundamentada principalmente en la idea de que cada uno de nosotros, en tanto personas, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que, en virtud de esta realidad, tenemos una dignidad inherente y ciertos derechos inalienables que son anteriores al gobierno, las leyes o los antojos culturales del momento.

De estas ideas acerca de la dignidad de la persona humana, se desprende una concepción acerca del matrimonio y la familia que proveen una base sólida para el desarrollo de una sociedad de personas libres y responsables que tienen la capacidad de organizarse para apoyarse mutuamente en los desafíos que la vida les presenta, que tienen la capacidad de emprender y crear sus propias fuentes de desarrollo y riqueza que en el libre intercambio con otros, enriquecen sus vidas no sólo en el aspecto material, sino también social y espiritualmente.  Dentro de estos intercambios y asociaciones libres entre personas, no solo está la institución de la familia, sino de otras como las iglesias, empresas, instituciones académicas, grupos culturales y artísticos, equipos deportivos, los grupos de apoyo, clubs, organizaciones de sociedad civil y otras que permiten el desarrollo pleno e integral de los niños, niñas y jóvenes sin necesidad de la intervención del gobierno.

Esta visión se resalta muy bien en el video que nos presenta Catalina Castillo de Colombia en donde no solo defiende el papel de la familia, sino que también nos advierte, más de 10 años después de que una iniciativa similar se aprobara en Colombia, de las consecuencias de tomar el rumbo que hoy se nos está presionando a tomar:

Del otro lado del espectro, entre quienes apoyan que se pase esta ley en Guatemala, destaca una visión de la persona humana diametralmente opuesta.  Esta versión de la persona humana nos reduce a cada uno de nosotros -y en este caso particular, a los niños, niñas y jóvenes- a seres dominados por nuestros instintos biológicos a los que debemos dar rienda suelta y que, una vez liberados de las “cadenas opresivas” de la religión y la moral, podemos vivir vidas de pleno disfrute e incluso, libres de las “consecuencias negativas” de este desenfreno (a lo que ellos equivocadamente entienden como “libertad”).

Quizás la mejor ilustración que ejemplifica esta visión de la persona humana fue publicada por El Periódico en su edición del 19 de febrero de 2016 en la columna escrita por la columnista Carol Zardetto y titulada “Iglesia versus Educación Sexual”.  A continuación reproduzco algunas frases y párrafos de la columna que ilustran mi punto:

“Los jóvenes guatemaltecos tienen una vasta exposición a la sexualidad, sus hormonas los inclinarán indefectiblemente al deseo del cuerpo (que no es pecaminoso sino natural) y, seguramente, tendrán sexo antes del matrimonio.  Le gusto o no a la Iglesia, le guste o no a sus padres. Lo harán.”

“La información que reciben de los medios masivos probablemente no los ayudará.  Y si sus padres son unos mojigatos, o simplemente ignorantes, no acudirán a ellos.”

“Según la Iglesia católica y la poderosa red de asociaciones que la secundan, no debe informarse a los jóvenes de cosas tan horrendas como la diversidad sexual. /…/ la Iglesia promueve la discriminación.”

En una mezcla de argumentación anti-cristiana que ignora la verdadera ética sexual cristiana y argumentos que exponen una extraña especie de moral circunstancial (es bueno si en el momento se siente bien para mi), Carol Zardetto expone su visión de la persona humana como:

  • Separada de cualquier asidero moral que le de estabilidad en su toma de decisiones.
  • Incapaz de confiar en personas (sus padres) e instituciones (la Iglesia) que están más cerca de él/ella y que pueden acompañarle sobre la base del amor (¿puede acaso la ley o el gobierno amar o enjugar una lágrima o cuidar a un bebé?), el sacrificio y la entrega.
  • Sujeta a sus impulsos e instintos biológicos e incapaz del dominio propio y mucho menos de integrar a su sexualidad algún tipo de dimensión moral, social y de trascendencia de futuro.

La visión que defiende a lo que hoy se conoce como “educación tradicional” lo hace porque defiende la dignidad inherente de la persona humana en todas sus dimensiones (física, emocional y espiritual).  La visión que promueve un modelo “progresista” lo hace sobre la base de una visión de la persona humana que la arranca precisamente de eso, su humanidad, y la reduce a un simple animal más que lo único que puede hacer es dar rienda suelta a sus instintos y si tiene suerte, prevenir únicamente los efectos físicos de su desenfreno….pero se le olvida a los promotores de esta visión que somos más que mera biología….somos personas.

Usted y sus hijos e hijas que son….¿personas o animales?

 

La Muerte, el Evangelio de la Prosperidad y Yo


A continuación, sigue mi traducción del artículo de Kate Bowler titulado “Death, the Prosperity Gospel and Me” publicado recientemente en el New York Times (disponible aquí en inglés).  Hago referencia a este artículo en otro titulado “El Evangelio de la Prosperidad y la Política de la Prosperidad”.

Como cristianos, no podemos dejar de reflexionar sobre este tema porque cada vez más está afectando a nuestra cultura, está alejando a mucha más gente de la Iglesia (quizás hasta más rápido de que los atrae) y en un estudio reciente de Pew Research revela que el 90% de guatemaltecos evangélicos están abiertos a creer este falso evangelio.  Que las reflexiones de este artículo nos ayuden a elevar el nivel de discusión y a corregir el rumbo.

A continuación, el artículo:

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Kate Bowler (Foto Duke University)

Hace algunos meses, un jueves por la tarde, la asistente de mi doctor me llamó para informarme que padezco de cáncer etapa 4. Los calambres estomacales que sufría no eran causados por una mala vesícula, sino por un tumor masivo.

Tengo 35 años. Hice todo lo que se esperaría de alguien para quien el mundo, de repente, se había convertido sumamente pequeño. Caí de rodillas y lloré. Llamé por teléfono a mi esposo y esperé a que llegara para que pudiéramos abrazarnos y decirnos todo lo que necesitábamos expresar. Siempre te he amado. Estoy tan agradecida por nuestra vida juntos. Por favor cuida de nuestro hijo. Luego, caminamos de mi oficina al hospital para dar inicio a lo que quedaba de mi nueva vida.

Sin embargo, uno de mis primeros pensamientos fue: ¡Dios mío, qué ironía!, dado que recientemente escribí un libro titulado “Blessed” (Bendecida).

Yo soy una historiadora de la versión norteamericana del evangelio de la prosperidad. Una definición sencilla de este, es que el evangelio de la prosperidad es la creencia de que Dios da salud y riqueza a aquellos que tienen el tipo correcto de fe. Pasé 10 años entrevistando a tele-evangelistas que decían tener las fórmulas espirituales para ganar el milagroso dinero de Dios. Me tomé de las manos de personas en sillas de ruedas mientras que celebridades conocidas por su toque milagroso oraban por ellas. Me senté en la sala de varias personas y escuché como ellos nunca hubiesen tan siquiera soñado en tener esta casa si no hubiese sido por la motivación que escuchaban los domingos.

Realicé un peregrinaje con Benny Hinn (famoso predicador de sanidad divina) y 900 turistas para seguir los pasos de Jesús en Tierra Santa y ver lo que las personas estaban dispuestas a arriesgar por una oportunidad a obtener su milagro. Arruiné múltiples vacaciones familiares al insistir en que me pasaran dejando a la mega iglesia más ostentosa de la ciudad que visitábamos. Si había santuarios con ríos corriendo por el medio, un águila volando libremente en el auditorio o la estatua un enorme globo terráqueo girando, yo estuve allí. Read More

Evangelio de la Prosperidad y Política de la Prosperidad


huyedelevangelioprosperidadEn Guatemala estamos viviendo tiempos políticos bastante turbulentos.  Llevamos poco más de 1 mes del nuevo gobierno y existe mucha ansiedad, mucha división y poca claridad de hacia donde vamos.  La idolatría del gobierno, manifestada en nuestro contexto en el depósito de nuestros sueños y esperanzas para Guatemala basadas en la “nueva política” que este nuevo equipo de gobierno prometía entregar, está siendo desbaratada y lo que vemos en mucha de los medios y redes sociales es “sed de venganza”.

El falso “evangelio” de la prosperidad es quizás una de las fuerzas culturales más perniciosas que ha moldeado nuestra sociedad en Guatemala.  Tanto en el mundo evangélico del que lamentablemente pocas iglesias y predicadores se salvan, como en el mundo secular a través de su versión neo-pagana expresada en libros como “El Secreto” o en los “Cursos de Milagros” o en lo que a diario leemos en nuestras redes sociales y memes sobre “declarar” o “decretar” x ó y fórmula para la prosperidad, Guatemala ha caído en esta trampa y lamentablemente, la ha traducido también al ámbito de la gestión pública.

Traduzco a continuación este artículo originalmente titulado “The Prosperity Gospel and Prosperity Politics” escrito por Scott Woodworth para la revista en línea “Think Christian”. El artículo es relevante para nuestro contexto no solo por la perniciosa influencia de este falso “evangelio” en nuestro país y cultura, sino también por la atención que desde Guatemala ponemos al proceso electoral de Estados Unidos.  Vale la pena reflexionar detenidamente y buscar la dirección de Dios en estos aspectos.

A continuación, mi traducción del artículo:

Una de las declaraciones más ambiguas de Jesús fue su promesa de que los que creen en Él “tendrán vida y vida en abundancia” (Juan 10:10). Al dejar esta afirmación aislada de su contexto y sin definición en sus detalles, algunos han reducido esta declaración de Cristo a una especie de cheque en blanco para alcanzar la plenitud personal y el éxito profesional – la versión cristiana del “sueño americano”.

En un artículo escrito para el New York Times la autora del libro “Blessed” (Bendecida) (traducido al español aquí), Kate Bowler, reconsidera su investigación acerca del “evangelio de la prosperidad” –que de acuerdo a ella, se define como “la creencia de que Dios le da salud y riqueza a aquellos que muestran el tipo correcto de fe”- a la luz de su reciente diagnóstico de cáncer etapa 4 a sus 35 años de edad. Es un artículo muy conmovedor y personal, pero también es uno que me ha hecho reflexionar acerca de las maneras en que el evangelio de la prosperidad se ha rebalsado del santuario a la arena política. En los últimos meses, varios de los candidatos presidenciales de EEUU han adoptado el lenguaje de la prosperidad para hacer que sus campañas muestren sus propuestas como aquellas que permitirán que la “vida en abundancia” se pueda vivir a nivel nacional.

Aunque podemos decir sin temor a equivocarnos que es típico que todos los candidatos hagan algunas promesas de proporciones épicas, parece que este año los candidatos republicanos en particular, en su competencia por el codiciado y ambiguo “voto evangélico”, están prometiendo todo tipo de bendición para nuestro país…¡solo falta que prometan la inauguración del reinado de Cristo! Marco Rubio se ha comprometido a “traer un Nuevo Siglo Americano aún más brillante y próspero que el anterior”. Ted Cruz, cuya “familia entera ha sido bendecida en poder vivir el sueño americano”, cree “en la idea de que cualquiera, a través del trabajo duro y la determinación, puede alcanzar cualquier cosa.” De la misma manera, Ben Carson promete “fortalecer nuestra capacidad de proyectar poder y liderar el mundo”. John Kasich le dice a los votantes que su estrategia “ayudará a Estados Unidos a reclamar nuestro poder, dinero e influencia, mantener a nuestra nación segura, fortalecer a nuestras familias y comunidades y alcanzar el potencial para el cual nos ha diseñado Dios.” Y por supuesto, alguien que no se deja ganar, la campaña de Donald Trump lo presenta a él como “la más pura definición de la historia americana de éxito” en la cual él garantiza que “Yo seré el mejor presidente generador de empleo de la historia de Estados Unidos. Haré a nuestro ejército tan grande, poderoso y fuerte que nadie querrá meterse con nosotros….Estaremos unificados, seremos uno, seremos felices nuevamente.”

En esta temporada de promesas acerca de la futura grandeza de Estados Unidos, el evangelio de la prosperidad se presenta como el gran tentador que ofrece bendiciones sin sacrificio, ganancia sin pérdida, vida sin muerte. En el reino de la devoción personal, este falso evangelio sugiere que cada uno de nosotros controla su propio destino en función de la cantidad de fe que tenemos en Dios. En el ámbito político, el evangelio de la prosperidad nos tienta a creer que nuestros sueños más grandes se verán realizados si tan solo tenemos fe en el candidato correcto. Para ambos escenarios, Bowler nos deja con esta penetrante reflexión:

“El evangelio de la prosperidad ha tomado una religión basada en la contemplación de un hombre muriendo y le ha arrancado por la fuerza su llamado a rendirlo todo. Quizás peor, ha reemplazado la fe cristiana con las más dolorosas formas de certeza. El movimiento ha perfeccionado una forma rara de la adicción norteamericana al gobierno propio, que niega mucho de nuestra humanidad: nuestros frágiles cuerpos, nuestra finitud, nuestra necesidad de ver la muerte a la cara (al menos de vez en cuando) y llenarnos de terror y asombro. En algún momento, debemos decirnos a nosotros mismos, ‘¡Necesito soltarlo todo!’.”

Aquellos que caminamos por fe nos mantenemos aferrados a nuestra creencia de que “…toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.” (Romanos 13:1b, NTV) Por esta razón, somos libres de la constante ansiedad de buscar un nuevo mesías que usurpe a Aquel que ya vino. Podemos estar tentados a preferir a un rey que nos promete prosperidad y grandeza en lugar de uno que sufre a nuestro lado mientras sufrimos cáncer o pobreza, pero caer en esta tentación nos hará parecidos a aquellos que asesinaron al hombre de Nazaret cuando el fracasara en cumplir sus propias expectativas de plenitud personal. Necesitamos salvación, no éxito. En 2016, oremos para que Dios nos de, en Su gracia, lo que necesitamos y no simplemente lo que queremos.

Hora de Arremangarse


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Se libró una dura batalla hace casi dos semanas en los medios de comunicación masiva, redes sociales, el Congreso de la República y seguramente, mientras familiares y/o amigos discutían con un café la polémica generada por la Ley Nacional de la Juventud. Se logró una victoria parcial para quienes nos oponemos a ella luego de que la ley fuera enviada a discusión a una comisión de trabajo por 30 días, una manera, según algunos expertos, de condenar este proyecto a ser engavetado…pero no cantemos victoria.

Ahora viene el desafío más grande. El clamor en contra de la ley usó como argumento principal la prerrogativa exclusiva de los padres a la educación de los hijos menores de edad e incluso, se usó como respaldo el Artículo 73 de la Constitución Política de la República. Quienes apoyan el proyecto argumentan de la ignorancia de los padres de familia e ignoran el papel fundamental que las asociaciones intermedias privadas (como la Iglesia) juegan en este proceso educativo y subsidiario (en el sentido de estar cerca del problema y por ende, tener mejores herramientas y argumentos para solucionarlo).

La Alianza Evangélica se pronunció de una manera muy clara en contra de este proyecto de ley y con ello, intentó definir la postura evangélica alrededor de estos temas. Sin embargo, es preocupante la ausencia de líderes cristianos e iglesias locales que estuvieran dispuestas a arriesgar su nombre y reputación a favor de los jóvenes de sus iglesias y comunidades. No los vimos en los medios, escribiendo, hablando en la radio.

Jesús nos dijo que “no hay amor más grande que el dar la vida por los amigos” (Juan 15:13) y todos sabemos que Él vivió esto de la manera más literal, trascendiendo toda retórica. Este estilo de vida de amor sacrificial se fortalece cuando la iglesia local y su liderazgo, en complicidad con las familias de las que se conforma, trabajan juntos para alcanzar el fin que nos indica Efesios 4:11-13. La iglesia tiene el papel de preparar y cada uno de nosotros como miembros y familias, tenemos la responsabilidad de asimilar y vivir esa preparación para dar testimonio al mundo de la verdad, relevancia y sensatez de la Palabra de Dios.   Esto requiere amor sacrificial de ambas partes. Disposición de parte del liderazgo de la iglesia de volcarse en servicio de las familias y disposición de parte de cada familia de transmitir y formar a los niños y niñas bajo estos preceptos (Deuteronomio 6:4-9).

Como padre de familia, asumo el compromiso de vivir sacrificialmente a favor de mis hijas para enseñarles el camino correcto en estos asuntos para que vivan sin vergüenza y con esperanza, de manera libre y responsable, la vida que Dios diseñó para ellas.

¡Es hora de arremangarse las mangas iglesia! ¡Es hora de pronunciarse y arriesgar el nombre propio a favor de los y las jóvenes de nuestras iglesias y comunidades inmediatas y con eso, glorificar verdaderamente el nombre de Dios! ¡Es hora de trabajar en complicidad con cada familia que se congrega para transformar el futuro de nuestra nación a partir de la bendita herencia que son los hijos de parte de Dios (Salmo 127:3-5).

(Esta columna fue originalmente escrita para la edición del 21 de febrero de 2016 de Actitud News en su sección de opinión.)

Post Data:

Quiero agradecer de manera muy especial a Vivian Vásquez por su invaluable aporte y consejo en ayudarme a temperar y a reorientar el tono de este artículo hacia el llamado a la responsabilidad, la colaboración y la propuesta. (Proverbios 27:17)

 

Shakespeare y la Naturaleza Inamovible del Amor


el-buen-amor-con-nube-de-marc3adaSe acerca una fecha que para muchos es motivo de gran celebración, para otros es de mucho estrés y ansiedad, y para muchos otros incontables, una fecha de mucha nostalgia.  El día del cariño, o día de San Valentín –un santo cristiano de la antigüedad que se ocupaba de celebrar el amor y el matrimonio en medio de tiempos difíciles y de persecución– es un día cargado de emociones, de carreras y de deseos por que ese día o noche “sean perfectos”.  Es un buen deseo, sin embargo, en medio de lo que ese día representa para muchos, se nos puede llegar a escapar la naturaleza del amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios.

Colosenses nos llama a buscar la unidad sobre la base del amor “que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14), Efesios nos llama siempre a hablar entre nosotros “la verdad en amor” (Efesios 4:15), Jesús nos recordó que el amor más grande es estar dispuestos a sacrificar la vida por el otro (Juan 15:12-17) y Pablo nos recuerda que ese tipo de amor, el amor genuino, el amor cristiano, el amor que viene de Dios, “nunca deja de ser” (1 Corintios 13:1-8).

Curiosamente, ninguno de esos pasajes tiene por objeto tratar el amor de pareja (¡ni siquiera 1 de Corintios 13!), sin embargo nos sientan algunas bases que deben ayudarnos a reflexionar acerca de la manera en que vivimos nuestros sentimientos afectivos y aún de amor romántico.  Shakespeare, el gran dramaturgo británico, a mi criterio, toma algunos de estos conceptos y los traslada al ámbito del amor de pareja en su Soneto 116:

“Permitid que no admita impedimento
ante el enlace de las almas fieles
no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura.

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios
o mejillas alcanza, la guadaña implacable.
Ni se altera con horas o semanas fugaces,
sino que aguanta y dura hasta el último abismo.

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,
decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.”

(original en inglés puede leerse aquí)

Shakespeare resalta que la cualidad más importante, la que define el amor entre un hombre y una mujer es su inamovilidad a pesar y en medio aún de las peores circunstancias, la confusión y/o la incertidumbre.

Este tipo de amor es humanamente imposible.  Sin embargo, es precisamente esa imposibilidad la que nos debe llenar de esperanza, ya que la única manera en que se puede llegar a expresar un amor de este tipo es si primero lo hemos recibido.  De esto se trata el Evangelio, del amor inamovible de Dios, del amor confiable de Dios, el amor que amó primero, aún cuando aquellos que eran objeto de su amor no se dieron cuenta o incluso, no lo querían.

“7Queridos amigos, sigamos amándonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama es un hijo de Dios y conoce a Dios; 8pero el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.
9Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él. 10En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
11Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. 12Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.
13Y Dios nos ha dado su Espíritu como prueba de que vivimos en él y él en nosotros. 14Además, hemos visto con nuestros propios ojos y ahora damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo.15Todos los que confiesan que Jesús es el Hijo de Dios, Dios vive en ellos y ellos en Dios. 16Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor.
Dios es amor, y todos los que viven en amor viven en Dios y Dios vive en ellos; 17y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.
18En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios. 19Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero.
20Si alguien dice: «Amo a Dios» pero odia a un hermano en Cristo, esa persona es mentirosa pues, si no amamos a quienes podemos ver, ¿cómo vamos a amar a Dios, a quien no podemos ver? 21Y él nos ha dado el siguiente mandato: los que aman a Dios amen también a sus hermanos en Cristo.” (1 Juan 4:7-21, NTV)
Descansemos sobre esta inmensa verdad.  El amor genuino depende única y exclusivamente de la gracia de Dios, la gracia que fue, es y siempre será incondicional e irresistible.  Si aprendemos a ser amados así, podremos amar así.  Que la verdad del inamovible amor de Dios y la posibilidad del amor inamovible (aunque siempre imperfecto) entre personas, sustentado y facultado por la gracia de Dios, alivie nuestra ansiedad de anclar el amor que podamos sentir o que querramos expresar, a un “día del Cariño perfecto”.

 

Ley de Juventud, Kuyper y el Artículo 73 de la Constitución


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Foto: Emisoras Unidas

Como padre de dos niñas de 11 y 9 años, me preocupa sobremanera la injerencia que se pretende dar al gobierno de Guatemala en la vida de mis hijas a través de la polémica Ley de la Juventud.

La familia es una institución anterior al Estado y por ende, sujeta principalmente a la autoridad de Dios como su Creador.  Esta se rige por las normas propias de su mismo diseño y es en el seno de la misma en dónde los hijos, niños y jóvenes, encuentran las mejores oportunidades de realización personal, en donde aprenden las virtudes y valores morales que los guiarán durante sus vidas y donde se siembran las semillas de fe que, con la ayuda de Dios, fructificarán en esperanza mientras encaran los desafíos de este mundo.  Abraham Kuyper, teólogo y estadista holandés, lo expresó claramente cuando disertó sobre la idea de las “Esferas de Soberanía” en la Universidad de Princeton en 1898:

“..que la familia, los negocios, la ciencia, el arte y demás son esferas sociales que no deben su existencia al Estado y que no derivan su norma de vida de la superioridad del Estado, sino que obedecen a una autoridad superior dentro de su propio seno; una autoridad que gobierna, por la gracia de Dios, de la misma forma que lo hace la soberanía del Estado.”

De la misma forma, vemos estas ideas encarnadas en el pensamiento católico y en el pensamiento de Alexis de Tocqueville con sus ideas acerca del “principio de subsidiariedad” y de las “asociaciones intermedias” (leer este artículo).

Adicional a esto, vemos en la Constitución Política de la República de Guatemala el artículo 73 que defiende claramente las prerrogativas de la familia, especialmente en relación a la educación de los hijos:

“Artículo 73.- Libertad de educación y asistencia económica estatal. La familia es fuente de la educación y los padres tienen derecho a escoger la que ha de impartirse a sus hijos menores. El Estado podrá subvencionar a los centros educativos privados gratuitos y la ley regulará lo relativo a esta materia. Los centros educativos privados funcionarán bajo la inspección del Estado. Están obligados a llenar, por lo menos, los planes y programas oficiales de estudio. Como centros de cultura gozarán de la exención de toda clase de impuestos y arbitrios. La enseñanza religiosa es optativa en los establecimientos oficiales y podrá impartirse dentro de los horarios ordinarios, sin discriminación alguna. El Estado contribuirá al sostenimiento de la enseñanza religiosa sin discriminación alguna.”

Es por esta razón que preocupa que desde el uso inadecuado del poder coercitivo del gobierno, se pretenda imponer a los jóvenes un tipo de instrucción que, desde el mismo texto de las enmiendas a la ley, es vaga ya que no dimensiona la integralidad de la persona humana sino que lo reduce a la calidad de animal, sujeto e incapaz de restringir sus instintos e impulsos biológicos y que por ende, pretende únicamente prevenir el resultado biológico de la relación sexual sin considerar sus dimensiones morales y espirituales.

Al pretender esta ley de “dotar de derechos” a los jóvenes, envía un mensaje confuso a la población, especialmente a los menores:

Lo más preocupante es el impacto colateral que una ley de esta naturaleza tendrá sobre la familia porque tiene el potencial de llegar a poner en posiciones antagónicas la legítima autoridad de los padres sobre sus hijos menores de edad contra la “autoridad” que estos derechos le dan a los hijos a su mal entendida “libertad”.  Esto no ha sido dimensionado y las consecuencias que esto puede generar son demasiado fuertes para atreverse a pensar.

El camino que nos señala esta ley es un camino cuyo destino es el totalitarismo.  Cuando se destruye a la familia, se monta el escenario perfecto que Orwell predijo en 1984: la cooptación total del gobierno “cientificista” de las vidas públicas y privadas de los ciudadanos. Gracias a Dios C.S. Lewis nos prevenía de lo mismo también en su magistral novela “That Hideous Strength” y nos da la salida que Orwell no pudo encontrar.

Debe respetarse la esfera de soberanía de la familia como la mejor salvaguarda y garantía del desarrollo de la juventud guatemalteca y dar lugar a las asociaciones intermedias, como la Iglesia, a cumplir su papel en orientar, educar y apoyar a los padres de familia y a los jóvenes a lo largo de las distintas etapas de sus vidas y en medio de los desafíos que hoy viven.

F.A. Hayek, a pesar de ser agnóstico, lo reconoció claramente en su libro “La Fatal Arrogancia”:

“Debemos en parte a las creencias místicas y religiosas -y, en mi opinión, especialmente a las monoteístas- el que las tradiciones beneficiosas se hayan conservado y transmitido al menos durante el tiempo necesario para que los grupos que las aceptaron pudieran desarrollarse y tuvieran la oportunidad de extenderlas a través de la selección natural o cultural.  Esto significa que, nos guste o no, debemos en parte la persistencia de ciertas prácticas, y la civilización que de ellas resulta, al apoyo de ciertas creencias de las que no podemos decir que sean verdaderas -o verificables, o constatables- en el sentido en que lo son las afirmaciones científicas, y que ciertamente no son fruto de una argumentación racional.  Pienso a veces que, por lo menos a alguna de ellas y como señal de aprecio, deberíamos llamarlas “verdades simbólicas”, ya que ayudaron a quienes las asumieron a “fructificar, a multiplicarse y llenar la tierra y dominarla” (Génesis 1:28).  Incluso aquellos, entre los que me encuentro, que no están dispuestos a admitir la concepción antropomórfica de unan divinidad personal deben reconocer que la prematura pérdida de lo que calificamos de creencias no constatables habría privado a la humanidad de un poderoso apoyo en el largo proceso de desarrollo del orden extenso del que actualmente disfrutamos y que, incluso ahora, la pérdida de estas creencias, verdaderas o falsas, crearía graves dificultades.” (Capítulo 8)

El camino para la juventud en Guatemala pasa por la justicia -igual para todos-, la libertad y la familia.  Ninguna ley adicional nos proveerá eso y ningún código legal impreso enjugará las lágrimas de un o una joven necesitados de amor.  Eso únicamente puede hacerlo papá, mamá y en última instancia, Dios.

Aborto: Razonamiento Causal Erróneo


bb1-599x275El debate acerca del aborto en Guatemala fue reiniciado de manera bastante agresiva hoy con dos notas de Prensa Libre: la primera que presenta el tema como uno de los puntos que no permiten que sea aprobada la nefasta “Ley de la Juventud” en el Congreso (disponible aquí) y la segunda, es una columna escrita por Carolina Vásquez Araya titulada: “El aborto, como la espina en el ojo”.  Es a esta columna a la que quiero referirme el día de hoy.

La señora Vásquez Araya manifiesta en la columna su preocupación porque Guatemala -y muchos países de latinoamérica- se resisten a abrir su normativa legal a una regularización del aborto, especialmente a la luz de que la ONU hiciera manifiesta su agenda abortista usando como bandera la reciente “crisis” del virus del zika como excusa y defensa de su causa.  La ONU defiende este tema como un “derecho humano”, y al hacerlo, politiza la discusión haciendo totalmente de lado el derecho a la vida digna del ser humano no-nacido en el vientre y de su madre.

En su columna, la señora Vásquez Araya cae en al menos dos grandes errores que vale la pena aclarar porque sobre estos errores se ancla su razonamiento y por ende, de estos mismos errores se derivan sus erróneas conclusiones:

  1. Afirma que la “cultura católica” es un obstáculo para nuestro desarrollo: De acuerdo al artículo: “La prevalencia de la doctrina católica en los países latinoamericanos, cuya influencia ha sido estampada hasta en los textos constitucionales —aun cuando la mayoría de Estados se autodenomina laico— constituye un obstáculo aparentemente infranqueable para uno de los problemas sociales de mayor impacto en estos países de población mayoritariamente pobre y sin acceso a la salud, y mucho menos a la educación sexual y reproductiva.” La señora Vásquez Araya ignora la rica cultura de vida que existe en el cristianismo y que coloca las salvaguardas más seguras para la prevención de todos los males generados a partir de una sexualidad desordenada, sino también provee a la sexualidad humana de la dignidad, valor y riqueza con y para la cual fue creada por Dios y por ende, dignifica a las personas -hombres y mujeres- que la viven así y a los niños que son resultado de esta.  Ha sido el cristianismo -de todas las denominaciones- la que ha estado siempre dispuesto a través de sus distintas instituciones, a atender a la viuda, al pobre, al menesteroso, al enfermo, al huérfano y a la madre soltera.  La cultura cristiana es, entonces, defensora de la vida, dignificadora de la vida y la mejor orientadora de la misma hacia los propósitos para los cuales Dios permitió que existamos, vivamos y nos reproduzcamos de la manera que Él lo diseñó.  Por el otro lado, el párrafo citado parecería atribuir a nuestra “cultura católica” la pobreza y las faltas de acceso a la salud y la educación que tanto afectan a los guatemaltecos.
  2. Culpa la existencia de los abortos ilegales a la inexistencia de abortos legales: De acuerdo al artículo: “De ahí que el temor de un incremento incontrolado de abortos clandestinos con consecuencias fatales surja como derivado de restricciones a la práctica del aborto en establecimientos sanitarios legales y bien equipados.”  La señora Vásquez Araya nuevamente se equivoca en asignar culpa.  La existencia de abortos ilegales no puede atribuirse a que nuestra legislación proteja la vida desde la concepción hasta la muerte natural.  Un poco de análisis nos hace ver que en realidad, la existencia de estas prácticas ilegales y peligrosas son causadas por médicos y otros personajes inescrupulosos que se prestan a ofrecer estos “servicios” a cambio de altas sumas de dinero, a la falta de diálogo entre las familias que enfrentan el desafío de un embarazo no planificado, a la decisión de los padres del bebé de terminar con su vida como solución inmediata a su “problema”, a la falta de estructuras de apoyo sociales y privadas (iglesias, grupos de apoyo, fundaciones, etc.) que puedan dar soporte a las madres y a sus hijos. Se olvida también, en todo esto, la decisión individual de exponerse a procrear fuera del marco de referencia del matrimonio, y la falta de la pronta y eficaz persecución penal a los violadores. En fin, son muchas las causas por las cuales existen estas prácticas criminales de asesinato de niños, no es una cuestión de falta de leyes, es una cuestión de falta de ética, de moral y de cultura de vida.

Por último, vale la pena mencionar que al abrir un poco la puerta, como lo hace en su columna la señora Vásquez Araya, al aborto para prevenir el zika, ¿qué impide que ahora se busquen más excusas para terminar con la vida de bebés no-nacidos? La vida de incontables personas está en juego, de niños y niñas con síndrome de down que no nacerán, de niños y niñas con discapacidad que no vendrán a traer esa alegría única que solo ellos pueden traer a sus familias y además, ¿contempla la señora Vásquez Araya las consecuencias físicas, emocionales y espirituales en la vida de las madres que consienten al asesinato de su bebé?

Como cristianos, debemos prepararnos para discutir de mejor manera estos temas.  No podemos dejar que nuestras voces se ahoguen bajo los gritos y la intolerancia de la supuesta “agenda progresista” que atenta contra nuestro futuro y contra la vida.  Recomiendo a continuación algunos libros (en inglés) que pueden ayudar a abrir esta discusión en nuestras familias, grupos en casa e iglesias:

  1. Disability and the Sovereign Goodness of God (John Piper)
  2. Exposing the Dark Work of Abortion (John Piper)
  3. Abortion: A Rational Look at an Emotional Issue (R.C. Sproul)
  4. Encíclica “Evangelium Vitae” (Juan Pablo II) -en español-

Por último, un video de Matt Chandler donde toca de manera directa y contundente el tema:

Quizás, al final de cuentas, la “espina en el ojo” sea que no estamos haciendo lo suficiente para defender a toda costa la vida y como cristianos en Guatemala, nos urge levantarnos de manera más fuerte, agresiva, intencional y estratégica para librar una batalla que de verdad, vale la pena.

40 Días


0e2876909_1391798548_ash-wednesday-annEste próximo miércoles 10 de febrero se marca el inicio para el mundo cristiano de un importante período de recogimiento, reflexión y preparación del corazón para celebrar la Semana Santa. Conocido popularmente como la “Cuaresma” y observado principalmente por la tradición católica en nuestro país, la Cuaresma ha sido para el cristianismo en general una época muy importante dentro del calendario litúrgico de la Iglesia.

Como evangélicos, muchos con trasfondo “neo-pentecostal” y, lamentablemente, entrenados a rechazar de tajo cualquier tradición cristiana que sea ajena a nuestra experiencia, normalmente pasamos de largo este tiempo y perdemos la oportunidad de parar y reflexionar principalmente en el Evangelio.

A través de las distintas expresiones de ayuno, abstinencia, reflexión y oración, la Cuaresma ha servido a los cristianos de todas las denominaciones alrededor del mundo y a través de los tiempos, a tomar un tiempo especial para ponderar en sus corazones el peso de su pecado para poder empezar a dimensionar la grandeza del sacrificio y el amor de Dios a través del sacrificio de Jesús en la Cruz y la esperanza de Su resurrección y posterior ascensión.

Recordemos que el llamado del Evangelio siempre incluye dos componentes inseparables: arrepentimiento y fe (Marcos 1:15). El arrepentimiento es, entonces, una marca de la auténtica vida cristiana porque es evidencia (más que otras supuestas “evidencias” neo-pentecostales) de la obra del Espíritu Santo en nuestra vida. Es el Espíritu Santo quien nos convence de pecado (Juan 16:8-11), nos guía hacia toda verdad (Juan 16:13) –que en última instancia es guiarnos a Jesús (Juan 14:6)- y nos trae consuelo (Juan 14:26). Vivir guiados de esta manera por el Espíritu (Romanos 8:1-17) resultará en una vida que glorifica a Dios a través de Sus frutos en nuestra vida (Gálatas 5:16-26).

Y recordemos algo, lo que en Cuaresma empieza con ceniza, no se queda allí. Nuestra preparación no es únicamente para ponderar en nuestro corazón el tremendo precio que pagó Jesús en la Cruz por nuestro pecado al morir en nuestro lugar. Cuaresma también nos preparara para celebrar verdaderamente la victoria de Jesús el Domingo de Resurrección. Nunca olvidemos la promesa a través del profeta Isaías:

“A todos los que se lamentan en Israel

les dará una corona de belleza en lugar de cenizas,

una gozosa bendición en lugar de luto,

una festiva alabanza en lugar de desesperación.

Ellos, en su justicia, serán como grandes robles

que el Señor ha plantado para su propia gloria.” (Isaías 61:3, NTV)

Que estos 40 días nos lleven como personas, familias e iglesias a un quebrantamiento de corazón por nuestro pecado que a la vez nos llene de esperanza, adoración y un fuego ardiente por compartir con otros el maravilloso Evangelio de nuestro Señor Jesús.

(Esta columna fue originalmente escrita para la sección de opinión de la edición impresa de Actitud News del 7 de febrero de 2016)