Carta Abierta a los Líderes Sanos

Este próximo 6 y 7 de noviembre de 2015, en la iglesia Casa de Libertad en Guatemala, se estará desarrollando el seminario “Líderes Sanos” de la red de plantadores de iglesias Acts 29 Latinoamérica.  Entusiasma mucho ver cómo la región está empezando a reconsiderar los paradigmas actuales del liderazgo (especialmente dentro del contexto del ministerio eclesiástico) y someterlos al escrutinio de la Biblia y la sana doctrina.  Sin duda será un evento de mucho aprendizaje y crecimiento para los asistentes.

Es en ese contexto que me atrevo a escribir esta carta con el propósito de motivar mayor profundidad de pensamiento y praxis.  El trabajo del liderazgo es imposible sin la consideración profunda de aquellas personas a las que se busca liderar y sobre quienes se busca influir.  El ministerio eclesiástico es intrínsecamente social y relacional y por eso es que ninguna discusión acerca de ideas de liderazgo -especialmente desde las perspectivas bíblicas- puede estar separada de las relaciones personales que un líder tenga con aquellos a quienes está llamado a servir.  De esa cuenta, someto a consideración de los participantes y conferencistas las siguientes ideas:

  1. Somos personas, no proyectos: Importante tomar nota y consciencia de la palabra que estoy usando. Somos personas, no somos “gente”, mucho menos la gente “de alguien” -“mi/nuestra gente”.  Somos personasno somos “ovejas” (animales) que sin mayor espacio a la opinión, el pensamiento racional o la oportunidad de disentir, deben dejarse guiar por un pastor humano (esto, por supuesto, desde la perspectiva humana, siempre seremos ovejas del Buen Pastor).  Entonces, en tanto personas, debemos todos ser considerados, vistos y valorados bajo la doctrina del Imago Dei, como seres individuales, creados a imagen y semejanza del Dios Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), con valor y dignidad inherentes a nuestro ser, llamados a la vida en comunidad, a la cooperación, a la libertad y a la responsabilidad.  Cualquier esfuerzo que se desarrolle en nuestras iglesias locales a manera de programas (ministerios) debe siempre mantener como pilar central y foco la realidad de que se está tratando con personas en toda su belleza, oportunidad, complejidad y dificultad.
  2. Recuerden la Amistad: En el altar del “ministerio profesional” y conforme las congregaciones van creciendo, he visto como han sido sacrificadas incontables amistades.  El cristiano ya no sabe lo que significa ser y hacer amigos.  Hay pocas cosas que dan mayor testimonio del Evangelio que la amistad entrañable.  Recuerden que la historia de sus ministerios y liderazgos personales no es una historia individual y en el vacío, sino que fue entretejida con la convergencia de las historias personales de otros, de sus familias, de sus amigos.
  3. Prefieran lo Humano a lo Profesional: Hay mucha literatura -especialmente proveniente de Estados Unidos- que parece ya tener sistematizado el proceso de crecimiento de una iglesia y de cómo esta ha de irse organizando y administrando conforme la complejidad de su gestión aumenta al agregarse más miembros.  Esta ha sido la excusa perfecta para la profesionalización de la iglesia y normalmente, bajo criterios pragmáticos de eficiencia, se ha optado por profesionalizar el quehacer de la iglesia a través del “outsourcing” de actividades que -a mi criterio- deben trabajarse desde adentro, con personas de la iglesia y no por profesionales externos contratados.  Cuando la alabanza, la presentación navideña y otras es tercerizada -aunque sea en una parte mínima- a profesionales para evitar el dolor de tratar con voluntarios amateur, poco a poco muere el alma de la iglesia local y se pierde su identidad propia, orgánica, humana.  La iglesia local se construye, se hace y se fortalece con la participación de sus miembros, de aquellos que han puesto allí su corazón, esfuerzo y confianza.  ¿Será más difícil? ¡Sí! Pero valdrá más la pena porque allí se construye genuina comunidad, amistad y familia….y donde cada quién se sentirá más a gusto de invitar a amigos.

Esto implica un llamado a algo que en nuestra cultura, especialmente en nuestra cultura obsesionada con el liderazgo, que es contraintuitivo pero que es un llamado profundamente cristiano: el llamado al servicio sacrificial por encima del modelo tradicional de liderazgo actual: desconectado, intocable, de masas y donde “fama” se ha convertido en el desafortunado sinónimo de “unción”.

Henri Nouwen, en su pequeño pero inmenso libro “El Sanador Herido”, ofrece, sobre la base del valor cristiano de la hospitalidad, dos caminos que pueden ayudar en este nuevo proceso y camino de liderazgo.  Cito aquí algunas frases del libro para ilustrar:

1. La Hospitalidad y la Concentración:

“La hospitalidad es la capacidad de poner atención al invitado.”

“Aquellos que quieren poner atención sin intenciones ocultas deben sentirse en casa dentro de su propia casa -esto es, deben descubrir el centro de sus vidas en sus propios corazones.  La concentración, que lleva a la meditación y a la contemplación, es una condición necesaria para la verdadera hospitalidad.  Cuando nuestras almas están inquietas, cuando somos motivados por miles de estímulos distintos y muchas veces antagónicos, cuando estamos siempre “allá” entre las personas, ideas y las preocupaciones de este mundo, ¿como podemos verdaderamente hacer lugar y espacio para que otros puedan entrar libremente sin sentirse ellos mismos como invasores?”

“Sin embargo, cuando perdemos el miedo de viajar a nuestro propio centro, y a concentrarnos en los movimientos de nuestras propias almas, nos damos cuenta que estar vivos significa ser amados.  Esta experiencia nos dice que solo podemos amar porque nacimos del amor, y que solo podemos dar porque nuestra vida es un regalo, y que solo podemos liberar a otros porque fuimos liberados por Aquel cuyo corazón es más grande que el nuestro.”

2. Hospitalidad y Comunidad

“Los ministros que han tratado con su propia soledad y que están en casa en sus propias casas, son anfitriones que ofrecen hospitalidad a sus huéspedes.”

“¿Por qué es este un ministerio de sanidad? Es de sanidad porque arranca la falsa ilusión de que podemos darnos unos a otros la sensación de estar completos.  Es de sanidad porque no nos quita la soledad y el dolor de otros, sino que los invita a reconocer su solidad en un nivel en donde esta puede ser compartida.”

“Los ministros no son médicos cuya tarea principal sea quitar el dolor.  En lugar de eso, ellos llevan el dolor a un nivel de profundidad que permite que sea compartido.  Cuando las personas traen su soledad a los ministros, lo único que pueden esperar es que esta sea entendida y sentida, para que ya no tengan que huir de ella sino que puedan aceptarla como una expresión de la más básica condición humana.”

“Quizás la tarea principal del ministro es prevenir que las personas sufran por las razones incorrectas.  Muchas personas sufren a causa del falso supuesto sobre el cual han basado sus vidas.  Ese supuesto es que no debe haber miedo o soledad, no debe haber confusión o duda en la vida.  Pero estos sufrimientos solo pueden ser tratados creativamente cuando son entendidos como heridas fundamentales de la condición humana.”

“El ministerio es, entonces, un servicio confrontativo.  No le permite a las personas vivir con una ilusoria inmortalidad y sensación de estar completos.  El ministerio continua recordándole a otros que ellos son mortales y que son seres caídos, pero que con el reconocer esta condición, comienza el camino hacia la libertad.”

“Una comunidad cristiana es una comunidad sanadora, no porque las heridas son sanadas y los dolores aliviados, sino porque las heridas y dolores se convierten en puertas u ocasiones para una nueva visión.  La confesión mutua se convierte en una profundización mutua de la esperanza, y la debilidad compartida se convierte en un recordatorio para uno y para todos de la fuerza que está por venir.”

“La comunidad surge cuando se comparte el dolor, no como una forma paralizadora de auto-reclamo, sino como un reconocimiento de las promesas salvadoras de Dios.”

¡Ánimo entonces a los conferencistas y participantes! Que este tiempo de comunidad, de relación y de aprendizaje sea verdaderamente transformador, y que, a través de su servicio y liderazgo a las comunidades a las que regresarán luego de terminar el seminario, sea proclamado el Evangelio y exaltado el nombre de Dios.

One comment

  1. Walter · noviembre 5, 2015

    Excelente artículo, muy agradecido Juan, esto suma a la comprensión del tipo de liderazgo que se debe practicar. Coram Deo.

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