¡Sí a la oración! ¡No al “Día Nacional de Oración” impuesto por ley!


11224043_1681691442078280_8594247461552104350_nEl día de hoy, diputados al Congreso de la República, encabezados por Leonel Soto Arango (Unionista), presentaron la iniciativa de ley que busca crear el “Día Nacional de la Oración” en Guatemala, fijándolo para el primer sábado de enero de cada año.  Dicho sea de paso, no es la primera vez que sucede, en 2014 se intentó hacer lo mismo (ver iniciativa de ley de 2014 aquí).

Es triste ver como, nuevamente, diputados al Congreso de la República siguen creyendo que con legislar se va a arreglar todo en Guatemala, como legislando en favor de grupos específicos se “queda bien” y peor aún, preocupa ver como pretenden que legislando la moral o en este caso, la espiritualidad, se van a alcanzar resultados en el país.  El diputado Soto, al igual que el diputado Barquín (quién propuso esta misma iniciativa en 2014) y también el diputado Osorio (quién propuso la iniciativa de ley de la obligatoriedad de la educación bíblica en el país) están muy equivocados.

El artículo 2 de esta iniciativa de ley es de miedo.  Dice literalmente:

“Todas las iglesias, y todas sus denominaciones religiosas, deberán realizar actos espirituales o religiosos que permitan exaltar “la oración”, como medio de clamor y comunicación con Dios de manera generalizada.”

Ojo con el lenguaje del artículo: “DEBERAN”.  O sea, la ley está OBLIGANDO a que TODAS LAS IGLESIAS Y SUS DENOMINACIONES RELIGIOSAS cumplan con esta normativa. ¿Qué pasa si no lo hacen? ¿Cuál es la pena? ¿A quién castigan?

Preocupa mucho.  La iniciativa se sustenta sobre algunas premisas falsas que vale la pena comentar:

  1. Que la oración de 1 día valdrá más que la oración de todos los días: Al establecer un “Día Nacional de Oración” pareciera darse a entender que solamente la oración de ese día puede hacer la diferencia.  El diputado parece desconocer que la oración es una disciplina diaria en la vida del creyente, no es algo reservado exclusivamente para hacerse dentro de la iglesia y/o en días especiales.
  2. Que la oración es un instrumento para una mejor Guatemala: Esta iniciativa de ley reduce la oración a un mero instrumento de búsqueda de bienestar temporal para Guatemala.  De acuerdo a uno de los considerandos de esta iniciativa de ley: “El ejercicio de la invocación, clamor y fe a través de la oración; se constituye como el medio adecuado para apoyarse en lo sobrenatural, sin menoscabo de la libertad de culto que garantiza la Constitución Política de la República, para que todos retomen el camino hacia el respeto a la vida, el respeto al prójimo, y los niveles de convivencia pacífica que la nación guatemalteca merece.”  No se entiende la oración como medio para relacionarse con Dios, se pretende que “todos retomen el camino” (anulando así la libertad de culto que menciona al principio) y lo que busca es meramente “apoyarse en lo sobrenatural” (sin definir qué exactamente es eso), instrumentalizando así nuestra relación con Dios.  Es importante aquí que también es una iniciativa despersonalizada porque habla de que “la nación guatemalteca merece”, colectivizando así a las personas que conforman la nación.
  3. Que no importa a quién o qué sea la oración, lo importante es que se ore: Es evidente aquí que -a pesar de que los considerandos y el lenguaje de la iniciativa de ley son sin lugar a dudas de origen judeocristiano- el diputado debe comprometer su iniciativa a un universalismo inclusivista que reduce a la oración como fin en sí mismo, algo así como que si todos lo deseamos lo suficiente, y al mismo tiempo, y el mismo día, entonces las “buenas vibras” que eso va a generar, van a cambiar el corazón de los guatemaltecos y como resultado tendremos un mejor país.  ¡Error! Toda oración -independientemente del credo- es dirigida a alguien o a algo, y por ende, no todas las oraciones son iguales, no todas producen la misma “buena vibra” (como si tal cosa existiera) y, como cristiano, he de afirmar, no todas son dirigidas al único Dios verdadero.  De esa cuenta, lo que se propone es el mismo absurdo de quienes afirman que lo importante es “creer”, sin importar en qué…como si la “fe en la fe” fuera lo que nos salva, sin darle un objeto a esa fe…una “fe en qué o en quién”.
  4. Que la oración debe ser algo obligatorio, no voluntarioAl legislar sobre un día de la oración, el diputado Soto busca destruir la belleza y la libertad del creyente que ora. La virtud y la belleza solamente pueden existir en libertad.  La oración es una respuesta voluntaria del corazón que se reconoce necesitado de Dios, nunca algo legislado ni obligatorio.  En este sentido, el diputado está atentando contra mi libertad de orar y eso no lo puedo aceptar.

Ahora, con todo esto, ¿qué podemos hacer?

  1. Pedir al diputado Soto que retire esta iniciativa de ley escribiéndole a su correo electrónico, disponible aquí.
  2. Como cristianos, debemos seguir orando individualmente, como familias y como iglesias locales todos los días.  Necesitamos cultivar nuestra relación con Dios a través de la lectura de la Palabra y la oración con Dios y pedirle siempre gracia para ser fieles y obedientes cada día, y esperanza para ver Su mano actuando sobre nuestras vidas cada día.
  3. El liderazgo cristiano del país debería, públicamente, rechazar que desde el Congreso se les obligue a realizar cualquier acto religioso en un día específico del año.
  4. Las distintas organizaciones cristianas en el país (y las de otras religiones dentro de su propia comunidad religiosa) deben actuar en libertad de consciencia para promover dentro de su feligresía la oración según consideren apropiado y nunca bajo el temor de la fuerza coercitiva del gobierno.  Si todos se quieren poner de acuerdo en un mismo día, allá ellos.  Si hay algunos que quieran nublar fronteras doctrinales e intentar unificar un clamor espiritual, allá ellos también.  Lo que no se puede hacer, es obligar a nadie con la ley a hacerlo.

Hay pocas cosas tan sagradas, íntimas, liberadoras e importantes como la oración.  No podemos permitir que ninguna legislatura pretenda secuestrar eso y hacerlo ley.  Orar es, y siempre será, el clamor de una persona a Dios que, movida por el Espíritu Santo, busca en Él (y no en lo que nos pueda dar) toda su esperanza y sustento, es el momento más sublime de gratitud por la salvación que Jesús compró con Su sangre por nosotros en la Cruz, es la expresión de gozo más sublime ante las evidencias de la gracia que, inmerecidamente, nos da Dios a cada uno de nosotros, sin pedirlo y mucho menos, sin merecerlo.

¡Sí y siempre sí a la oración!

¡No y siempre no al “Día Nacional de Oración” impuesto por la ley!

 

 

 

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Carta Abierta a los Líderes Sanos


Este próximo 6 y 7 de noviembre de 2015, en la iglesia Casa de Libertad en Guatemala, se estará desarrollando el seminario “Líderes Sanos” de la red de plantadores de iglesias Acts 29 Latinoamérica.  Entusiasma mucho ver cómo la región está empezando a reconsiderar los paradigmas actuales del liderazgo (especialmente dentro del contexto del ministerio eclesiástico) y someterlos al escrutinio de la Biblia y la sana doctrina.  Sin duda será un evento de mucho aprendizaje y crecimiento para los asistentes.

Es en ese contexto que me atrevo a escribir esta carta con el propósito de motivar mayor profundidad de pensamiento y praxis.  El trabajo del liderazgo es imposible sin la consideración profunda de aquellas personas a las que se busca liderar y sobre quienes se busca influir.  El ministerio eclesiástico es intrínsecamente social y relacional y por eso es que ninguna discusión acerca de ideas de liderazgo -especialmente desde las perspectivas bíblicas- puede estar separada de las relaciones personales que un líder tenga con aquellos a quienes está llamado a servir.  De esa cuenta, someto a consideración de los participantes y conferencistas las siguientes ideas:

  1. Somos personas, no proyectos: Importante tomar nota y consciencia de la palabra que estoy usando. Somos personas, no somos “gente”, mucho menos la gente “de alguien” -“mi/nuestra gente”.  Somos personasno somos “ovejas” (animales) que sin mayor espacio a la opinión, el pensamiento racional o la oportunidad de disentir, deben dejarse guiar por un pastor humano (esto, por supuesto, desde la perspectiva humana, siempre seremos ovejas del Buen Pastor).  Entonces, en tanto personas, debemos todos ser considerados, vistos y valorados bajo la doctrina del Imago Dei, como seres individuales, creados a imagen y semejanza del Dios Trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), con valor y dignidad inherentes a nuestro ser, llamados a la vida en comunidad, a la cooperación, a la libertad y a la responsabilidad.  Cualquier esfuerzo que se desarrolle en nuestras iglesias locales a manera de programas (ministerios) debe siempre mantener como pilar central y foco la realidad de que se está tratando con personas en toda su belleza, oportunidad, complejidad y dificultad.
  2. Recuerden la Amistad: En el altar del “ministerio profesional” y conforme las congregaciones van creciendo, he visto como han sido sacrificadas incontables amistades.  El cristiano ya no sabe lo que significa ser y hacer amigos.  Hay pocas cosas que dan mayor testimonio del Evangelio que la amistad entrañable.  Recuerden que la historia de sus ministerios y liderazgos personales no es una historia individual y en el vacío, sino que fue entretejida con la convergencia de las historias personales de otros, de sus familias, de sus amigos.
  3. Prefieran lo Humano a lo Profesional: Hay mucha literatura -especialmente proveniente de Estados Unidos- que parece ya tener sistematizado el proceso de crecimiento de una iglesia y de cómo esta ha de irse organizando y administrando conforme la complejidad de su gestión aumenta al agregarse más miembros.  Esta ha sido la excusa perfecta para la profesionalización de la iglesia y normalmente, bajo criterios pragmáticos de eficiencia, se ha optado por profesionalizar el quehacer de la iglesia a través del “outsourcing” de actividades que -a mi criterio- deben trabajarse desde adentro, con personas de la iglesia y no por profesionales externos contratados.  Cuando la alabanza, la presentación navideña y otras es tercerizada -aunque sea en una parte mínima- a profesionales para evitar el dolor de tratar con voluntarios amateur, poco a poco muere el alma de la iglesia local y se pierde su identidad propia, orgánica, humana.  La iglesia local se construye, se hace y se fortalece con la participación de sus miembros, de aquellos que han puesto allí su corazón, esfuerzo y confianza.  ¿Será más difícil? ¡Sí! Pero valdrá más la pena porque allí se construye genuina comunidad, amistad y familia….y donde cada quién se sentirá más a gusto de invitar a amigos.

Esto implica un llamado a algo que en nuestra cultura, especialmente en nuestra cultura obsesionada con el liderazgo, que es contraintuitivo pero que es un llamado profundamente cristiano: el llamado al servicio sacrificial por encima del modelo tradicional de liderazgo actual: desconectado, intocable, de masas y donde “fama” se ha convertido en el desafortunado sinónimo de “unción”.

Henri Nouwen, en su pequeño pero inmenso libro “El Sanador Herido”, ofrece, sobre la base del valor cristiano de la hospitalidad, dos caminos que pueden ayudar en este nuevo proceso y camino de liderazgo.  Cito aquí algunas frases del libro para ilustrar:

1. La Hospitalidad y la Concentración:

“La hospitalidad es la capacidad de poner atención al invitado.”

“Aquellos que quieren poner atención sin intenciones ocultas deben sentirse en casa dentro de su propia casa -esto es, deben descubrir el centro de sus vidas en sus propios corazones.  La concentración, que lleva a la meditación y a la contemplación, es una condición necesaria para la verdadera hospitalidad.  Cuando nuestras almas están inquietas, cuando somos motivados por miles de estímulos distintos y muchas veces antagónicos, cuando estamos siempre “allá” entre las personas, ideas y las preocupaciones de este mundo, ¿como podemos verdaderamente hacer lugar y espacio para que otros puedan entrar libremente sin sentirse ellos mismos como invasores?”

“Sin embargo, cuando perdemos el miedo de viajar a nuestro propio centro, y a concentrarnos en los movimientos de nuestras propias almas, nos damos cuenta que estar vivos significa ser amados.  Esta experiencia nos dice que solo podemos amar porque nacimos del amor, y que solo podemos dar porque nuestra vida es un regalo, y que solo podemos liberar a otros porque fuimos liberados por Aquel cuyo corazón es más grande que el nuestro.”

2. Hospitalidad y Comunidad

“Los ministros que han tratado con su propia soledad y que están en casa en sus propias casas, son anfitriones que ofrecen hospitalidad a sus huéspedes.”

“¿Por qué es este un ministerio de sanidad? Es de sanidad porque arranca la falsa ilusión de que podemos darnos unos a otros la sensación de estar completos.  Es de sanidad porque no nos quita la soledad y el dolor de otros, sino que los invita a reconocer su solidad en un nivel en donde esta puede ser compartida.”

“Los ministros no son médicos cuya tarea principal sea quitar el dolor.  En lugar de eso, ellos llevan el dolor a un nivel de profundidad que permite que sea compartido.  Cuando las personas traen su soledad a los ministros, lo único que pueden esperar es que esta sea entendida y sentida, para que ya no tengan que huir de ella sino que puedan aceptarla como una expresión de la más básica condición humana.”

“Quizás la tarea principal del ministro es prevenir que las personas sufran por las razones incorrectas.  Muchas personas sufren a causa del falso supuesto sobre el cual han basado sus vidas.  Ese supuesto es que no debe haber miedo o soledad, no debe haber confusión o duda en la vida.  Pero estos sufrimientos solo pueden ser tratados creativamente cuando son entendidos como heridas fundamentales de la condición humana.”

“El ministerio es, entonces, un servicio confrontativo.  No le permite a las personas vivir con una ilusoria inmortalidad y sensación de estar completos.  El ministerio continua recordándole a otros que ellos son mortales y que son seres caídos, pero que con el reconocer esta condición, comienza el camino hacia la libertad.”

“Una comunidad cristiana es una comunidad sanadora, no porque las heridas son sanadas y los dolores aliviados, sino porque las heridas y dolores se convierten en puertas u ocasiones para una nueva visión.  La confesión mutua se convierte en una profundización mutua de la esperanza, y la debilidad compartida se convierte en un recordatorio para uno y para todos de la fuerza que está por venir.”

“La comunidad surge cuando se comparte el dolor, no como una forma paralizadora de auto-reclamo, sino como un reconocimiento de las promesas salvadoras de Dios.”

¡Ánimo entonces a los conferencistas y participantes! Que este tiempo de comunidad, de relación y de aprendizaje sea verdaderamente transformador, y que, a través de su servicio y liderazgo a las comunidades a las que regresarán luego de terminar el seminario, sea proclamado el Evangelio y exaltado el nombre de Dios.