El Valor de entrar en las Tinieblas

Octubre es un mes “interesante”.  Más que cualquier otro mes del año, octubre pareciera ser el mes en el que el evangelicalismo de muchos se pone a flor de piel y se manifiesta a través de agresivos ataques y condenas en contra la celebración principal del mes, la celebración de Halloween.

Desde los tradicionales posters que definen el cristianismo evangélico como la “no celebración” de Halloween, los conciertos y “celebraciones alternativas” que encierran y atrincheran a los cristianos en sus iglesias para gritar a los 4 vientos en contra de todo lo malo en el mundo y las expresiones digitales en memes, frases, videos y demás que hoy se comparten en las redes sociales, queda claro para el mundo ajeno a la burbuja evangélica que ser un evangélico implica una férrea postura defensiva en contra del “mundo de las tinieblas” que pareciera encarnarse en su más alta expresión cada 31 de octubre.

Lejos queda de la memoria evangélica el hecho de que el 31 de octubre es una fecha especial para nuestra fe por ser la conmemoración del día en que Martín Lutero clavó sus 95 tesis en Wittenberg.  Lejos están las reflexiones acerca de la Reforma y más lejos aún la posibilidad de dialogar y ministrar al mundo porque pareciera ser que en el dualismo que en la práctica se vive, “el lado obscuro” de la moneda se fortalece y se sobrepone a la luz.

Allí es donde creo que estriba el problema y la confusión.  La reacción que el evangélico en Guatemala tiene en contra del Halloween como marca definitoria de la fe y la radicalidad e incluso agresividad que a veces raya en lo histérico de la condena contra aquellos que celebran esto, se fundamenta en algo que es contrario al Evangelio: el miedo.

¿Miedo? Sí, miedo. Miedo a lo que Halloween representa en lo más profundo…entrar en las tinieblas.  Si hay algo que Halloween nos recuerda, es que las tinieblas son reales.  Hay algo adentro de nosotros que responde ante la realidad de un mundo que escapa nuestro control racional y que revela la realidad de la oscuridad.  Los disfraces buscan revelar esta realidad es por esto que los más populares tienden a ser los más feos.  Quizás es una forma de palear nuestro natural miedo a la muerte y a través de la parodia, busquemos suavizar lo inminente de una realidad de la que ninguno de nosotros escapará: algún día moriremos.  Dentro de nosotros, en lo más profundo del corazón, sabemos que la muerte no es natural -no fuimos hechos para morir- y también intuimos -aunque quizás de manera nublada y confusa- que la realidad de la muerte es la consecuencia de que algo no está funcionando como debería en nuestra vida.

Es aquí dónde no debemos perder de vista la oportunidad que el ambiente cultural nos genera. El cristianismo bíblico, centrado en el Evangelio, es el cristianismo que de manera decidida, intencional y agresiva entra en las tinieblas.  Permítanme exponer algunas razones por lo cual esto es así:

  1. Las tinieblas únicamente se repliegan ante la luz:  Lo único que puede hacer que un cuarto que está obscuro, ya no esté obscuro, es que alguien encienda una luz. Así de sencillo.  La Biblia nos enseña que esta luz que dispersa y destruye la obscuridad es Jesús mismo (Juan 1:4-14).  Como cristianos, somos portadores de esta luz y por ende, es nuestra presencia fiel en medio del quebrantamiento, la confusión y la obscuridad la que, por el poder del Espíritu Santo, iluminará en las tinieblas y ayudará a traer claridad.  El problema es que en estas fechas, como cristianos nos atrincheramos en nuestras iglesias y tapamos las ventanas de las mismas -ventanas que dejan salir la luz- con espejos y la luz que puede salir de la iglesia simplemente rebota de un lado a otro dentro de las paredes mientras que la obscuridad permanece intacta.
  2. Dios prometió caminar con nosotros en medio de las tinieblas: Todos queremos que Dios camine con nosotros.  Todos queremos sentir el apoyo y el aliento de Dios que nos da fuerza en la vida. De acuerdo al Salmo 23:4, el lugar en donde podemos experimentar eso es en el valle de sombra de muerte, en las tinieblas.  En la luz no necesitamos aliento y -lamentablemente- muchas veces creemos que no necesitamos a Dios, pero mientras estamos caminando por las tinieblas, podemos tener plena certeza que Dios va con nosotros y si Él va con nosotros, entonces hay luz….y la luz dispersa las tinieblas.  Por esa razón debemos siempre tener presente ese gran lema de la Reforma: POST TENEBRAS LUX (“Después de las tinieblas, luz.”)
  3. La vida cristiana se vive en dónde hay tinieblas: El mundo entero está en tinieblas -sea o no Halloween- y es allí a dónde hemos sido enviados como Iglesia a transformar el ambiente y traer la luz del Evangelio.  Isaías 58:6-8 nos muestra que lo que Dios quiere es que vayamos a los lugares más obscuros, a las circunstancias más difíciles y seamos allí la luz que el mundo necesita. Es por eso que el versículo 8 nos dice que la “salvación llegará como el amanecer”,  ¿qué es el amanecer si no el desplazamiento definitivo de las tinieblas de la noche por la luz del sol?
  4. La iglesia está llamada a ir a la ofensiva, no a quedarse tímidamente a la defensiva:  Halloween es época de vigilias otras actividades que las iglesias realizan para atrincherarse y alejarse de todo el “mal ambiente espiritual” que de acuerdo a esta manera de pensar “prevalece” y se fortalece en ese día.  Parece que hemos entendido mal lo que Jesús promete acerca de la Iglesia en Mateo 16:18.  Jesús aquí no nos dice que la Iglesia estará pasiva a la defensa de los embates de las “puertas del Hades”.  Una puerta no es un arma ofensiva, sino es una estructura de defensa.  Que las puertas del Hades no prevalezcan contra la Iglesia quiere decir que es la Iglesia quien ataca y derriba esas puertas y todo porque la Iglesia está bien fundamentada, está fundamentada por la Roca que es, de acuerdo al mismo apóstol Pedro, Jesus mismo (1 Pedro 2:4-6), y es Jesús quién ha vencido a la muerte (el tema principal de Halloween, dicho sea de paso) y con Su retorno, le dará su derrota absoluta y final (1 Corintios 15:21-28).
  5. Halloween no es el final de la historia: Tendemos a quedarnos trabados en la oscuridad de la noche del 31 de octubre, pero se nos olvida que esa oscuridad se acaba y se acaba con el amanecer de un nuevo día, con el amanecer del 1 de noviembre.  El Día de Todos los Santos, como se le conoce en la tradición de la Iglesia y que quedó marcado a partir del año 835 d.C., es un día especial para la tradición Reformada que celebra la vida de quienes nos han precedido en la fe apuntando a la esperanza de la resurrección y la vida eterna.  La noche en la que se quiso celebrar la muerte, cede lugar al amanecer de un nuevo día, un día de esperanza y un día de ver hacia el futuro, hacia la Eternidad.  En muchas maneras, como guatemaltecos celebramos esa esperanza degustando el fiambre y reuniéndonos en familia a recordar a quienes regresaron antes a casa.

¿Qué hacemos entonces?  Queda en el fuero interno de cada uno de nosotros tomar la decisión de cómo estar fielmente presentes en nuestras comunidades y decidir como mostraremos la luz del Evangelio a un mundo en tinieblas.  Evitemos la confrontación poniendo una pared de separación de “nosotros” (los que no celebramos) contra “ellos” (los que sí celebran).  Aprendamos a conversar, a dialogar, a ser verdaderos prójimos y vecinos.  ¿Significa eso que debemos disfrazarnos y salir a pedir dulces? Esa es una decisión que queda en cada quién.  Lo que sí significa es que estamos llamados a más, a mucho más que atrincherarnos y caer en una visión supersticiosa del “mundo sobrenatural” que nos tira en una trayectoria peligrosa.

Por sobre todas las cosas, recordemos uno de los mandamientos más frecuentes de Jesús durante Su ministerio aquí en la Tierra: “¡No tengan miedo!”  La diferencia la marcaremos únicamente si estamos dispuestos a entrar a las tinieblas, a ser verdaderamente la luz del mundo y sal de la tierra (Mateo 5:13-16) sin esconder nuestra lámpara bajo la cama.  En palabras de Henri Nouwen, en su libro “El Sanador Herido”:

“…parece necesario reestablecer el principio básico de que ninguno de nosotros puede ayudar a nadie sin involucrarse, sin entrar con el todo de nuestro ser dentro de la situación dolorosa, sin tomar el riesgo de salir lastimados, heridos o incluso, de ser destruídos en el proceso.

El principio y fin de todo el liderazgo cristiano está en dar tu vida por otros.”

 

 

3 comments

  1. VICTOR REINA · octubre 16, 2015

    Excelente exposición de este análisis, muchas gracias por compartir este tipo de contenido de una manera objetiva. Estoy de acuerdo con tu forma de ver esta actitud que muchas veces tomamos como cristianos, y reitero lo qe tú dices “debemos aprender a diálogar” no podemos encerrarnos y simplemente dar patadas de ahogado. Bendiciones.

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  2. Pingback: La Reforma que sigue pendiente 499 después | Discusión Inteligente

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