Amar Bien: Comunidad, Solidaridad y Libertad

Nadie dijo que sería fácil.  Tampoco se nos prometió la “felicidad”.  Sin embargo, aquí estamos, viviendo día a día, en un lugar que no es nuestra casa, y del que sin embargo, el Señor no nos dejó escapar así de fácil como hubiésemos querido…arrebatados cual Elías, o Matusalén…o llevados por un platillo volador en dónde finalmente, pudiésemos estar en paz.

Estamos aquí.  No solo aquí, sino también estamos ahora.  Estamos aquí y ahora, viviendo tiempos como estos y creyendo locuras como las que creemos.  ¿Para qué? ¿Por qué?

Descarto la idea de la casualidad, y tampoco me mata la idea de que esto es un gran “chiste cósmico” de Dios.  En medio del caos, hay una idea.  En medio de la tormenta de nieve, la perfecta simetría de cada copo de nieve, nos invita a considerar la posibilidad de que hay Alguien detrás de todo, y que hay una idea….un sueño, un propósito por el cual estamos aquí y ahora.

Ahora, seamos realistas por un ratito.  Diariamente vemos, leemos y en el peor de los casos, vivimos, asesinatos, drogas, robos, violencia, corrupción, infidelidad, traición y un sin número de situaciones más.  Diariamente también caemos en muchas de esas cosas, y nuestro grito es ¡SEÑOR, SACAME DE AQUÍ YA!  Pero…como el Señor no nos saca “del mundo”, pues no nos queda otra, muchas veces, que refugiarnos en “la burbuja”.  Si, la burbuja…esa misma que creamos con nuestra propia sub-cultura cristiano-evangélica pop…con nuestro propio idioma (shámbara broder…), nuestra música, nuestras propias celebridades, libros, seminarios, gurús de la motivación personal, etc., etc., etc. Es sin duda, una burbuja cómoda, aunque he de admitir, que algo empalagosa a ratos.  Sin embargo, nos gusta estar allí…por lo menos, es cómodo, nadie dice malas palabras, no se chupa, fuma o baila pegado (por lo menos…nadie lo admite).  Nos distanciamos de lo que pasa alrededor, es prohibido “creer” lo que dicen los periódicos, “no recibimos” nada, y pues siempre tenemos (porque si no quién sabe en qué lío andamos) que sonreír y decir “Dios es bueno” esté pasando lo que esté pasando.  La gente “del mundo” pasan a ser una especie de seres alienígenas destinados al fuego eterno, o en el mejor de los casos, una especie de masa amorfa de “almas por rescatar” que están listas para que el mejor orador capture su oído, y más adelante, su bolsillo.  Y nosotros….tranquilos en la burbuja.

Sin embargo, aunque pareciera que estamos en una mejor situación que los Israelitas cautivos en Babilonia (porque no nos esclavizó nadie todavía), y a pesar de la burbuja, la realidad, fea como parezca es que seguimos “en el mundo”…y peor aun, Jesús le pidió al Padre que no nos sacara de aquí.  ¿Qué hacemos entonces?  Tenemos 4 opciones creo yo:

1. No hacer nada

2. Seguir en la burbuja

3. Seguir la corriente del mundo

4. Amar nuestra ciudad…¡hacer algo!

Personalmente, me inclino por la opción #4.  ¡Claro, dicen todos…esa es la respuesta!  Mi pregunta es, ¿sabemos qué quiere decir eso? Debemos ir más allá de creer que amar es solo besos y abrazos.  Debemos entender “amar” de la forma en que Dios se los definió a los Israelitas que fueron cautivos a Babilonia, específicamente en Jeremías 29:7: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.”

¿¡Qué!? ¿Buscar el bienestar de la ciudad? ¿De Babilonia? Puesto en nuestros términos, ¿del mundo? ¿Qué nuestro bienestar (o prosperidad) depende del bienestar de la ciudad? ¿No era que dependía de mi fe, diezmos, etc.? ¡Sorpresa!

Buscar el bienestar del mundo implica entonces un compromiso más profundo con la ciudad, sociedad y cultura en la que vivimos (y de la que, por petición del Señor al Padre, no podemos salir).  Implica relación, implica interacción, implica relacionarnos con todos en tres niveles: en comunidad, solidaridad y libertad.

Comunidad porque “el amor es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14).  No vivimos solos.  Solos no podemos proveernos de todo lo que necesitamos y queremos, y sobre todo, solos no podemos amar.  Necesitamos los unos de los otros.  No vivimos de manera independiente y tampoco dependiente.  Somos interdependientes.  Lo que hacemos o dejamos de hacer, afecta a todos, y es por eso que necesitamos reconocer el valor de vivir en comunidad.  Empezando por nuestra familia, pasando por el colegio, trabajo, iglesia, en fin…vivamos el clamor de Jesús al Padre de Juan 17…de ser uno, como ellos son uno.

Solidaridad porque definitivamente uno de los más grandes regalos que nos dejó el Señor es la oportunidad de ayudarnos unos a otros.  La promesa de que “los pobres siempre estarán entre nosotros” (Mateo 26:11), lejos de ser una promesa pesimista, es una gran oportunidad, una oportunidad de trabajar, crear, desarrollar nuevas ideas, extendernos en generosidad, en fin, de ser solidarios con el prójimo.

Libertad, porque solo así podemos vivir las virtudes.  Sin que nos obliguen, sino escogiendo amar, siendo responsables por lo que hacemos.  Libertad, definida no como el que podamos hacer lo que queramos, sino como que tengamos la capacidad de hacer lo que debemos.  La libertad que se fundamenta en la verdad (Juan 8:32) y no en los arranques del momento.

Comunidad, solidaridad y libertad.  Tres ideas para “buscar la prosperidad de la ciudad”.  Tres ideas para trabajar bien, actuar bien, estar bien, enseñar bien, dar bien, en resumen, para amar bien.  No le tengamos miedo al mundo, no nos escondamos de el, participemos de el, y transformémoslo a partir del amor.  Al final de cuentas, aquí estamos, aquí y ahora, y por el momento, no vamos a ninguna parte.

One comment

  1. VICTOR REINA · septiembre 11, 2015

    Excelente análisis, estoy de acuerdo con tigo, en el que por algo nos dejó Dios en este mundo, también estoy de acuerdo en que no podemos quedarnos con los brazos cruzados, esperando que el enemigo de nuestras almas tome ventaja, la biblia dice “que la creación misma anhela la manifestación de los hijos de Dios” Rom. 8:19, en Estados Unidos la mayoria de personas tiene un llamado “refugio del miedo” que consite en una habitación subterranea para escapar de tornados y desordenes ambientales y muchas veces creemos que la iglesia es un refugio del miedo….alguién dijo en una ocasión ” La iglesia llegó a Roma y la convirtieron en una religión, llegó a grecia y la conviertieron en una filosofía, llegó a Italia y la convirtieron en una institución, pero llegó a américa y la convirtieron en mercadotecnia.

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