Arrepiéntanse y crean en el Evangelio

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Otto y Roxana:

Me dirijo a ustedes con todo respeto y con un corazón triste por lo que el país está viviendo.  Es cierto, debemos gozarnos cuando vemos que la justicia se aplica y los procesos se siguen.  Es parte de un buen Estado de Derecho, uno que estamos empezando a aprender a querer vivir.  Sin embargo, no deja de ser sumamente triste verlos a ustedes en esta situación.  No tengo la más mínima duda que sus corazones han sido afectados por el proceso, por las acusaciones, los insultos, la burla y todo el ambiente que viven.  Estoy seguro que sus familias están sufriendo también y eso es doloroso.

En estos momentos, ya no es oportuno hablar de “errores” o de “equivocaciones”.  Hoy debemos hablar de pecado.  Pecados serios han sido cometidos por parte de ustedes y algunos miembros de sus equipos de trabajo.  Estos pecados han sido principalmente contra Dios y en segunda instancia, contra todas las personas que ustedes han afectado con sus decisiones, empezando por sus cónyuges y sus hijos.

Hablar de pecado es hablar de algo serio, con consecuencias serias, no solo en el aquí y ahora, sino más importante aún, en la eternidad.  No hay esfuerzo alguno que podamos hacer aquí y ahora para evitar esas consecuencias.

Sin embargo, es precisamente porque hablamos de pecado, es que podemos hablar de LA solución definitiva al mismo, podemos hablar de esperanza, podemos hablar del Evangelio.

Cuando Jesús inició su ministerio en la Tierra, al regresar de Su período de 40 días de ayuno y habiendo superado la tentación a la que fue sometido, dijo estas palabras:

15«¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios! —anunciaba—. ¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!». (Marcos 1:15, NTV)

Jesús vino a traer la esperanza de que el problema del pecado tendría solución, y esta solución resultaría en una respuesta por cada persona dividida en dos partes:

  1. Arrepentimiento
  2. Fe (creer)

¿Cómo logró Jesús traer esta solución? Lo hizo a través de poner Él Su vida en sustitución de todos y cada uno de nosotros que hemos admitido nuestra condición pecadora y hemos depositado nuestra fe y esperanza en Él. ¿Por qué podía hacerlo Jesús? Porque Él es Dios, y al encarnarse, asumió toda nuestra naturaleza humana para que así, a través de una vida perfecta (sin pecado) y un sacrificio propiciatorio, completo y suficiente, pudiese pagar la pena que debía ser imputada a cada uno de nosotros.  Todo esto, lo hizo Dios a través de Jesús, sin que nosotros lo hubiésemos pedido o buscado, lo hizo por gracia:

1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:1-10, NTV)
Además,
3En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros.
4Pero: «Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, 5él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. 6Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. 7Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna». 8Esta declaración es digna de confianza, y quiero que insistas en estas enseñanzas, para que todos los que confían en Dios se dediquen a hacer el bien. Estas enseñanzas son buenas y de beneficio para todos. (Tito 3:3-8, NTV)
Hay, pues, esperanza, para ustedes y para todos los que reconocemos en esto el amor de Dios para con Sus hijos.  Y es por esto el llamado que atentamente les hago a arrepentirse y creer en el Evangelio.
El arrepentimiento, esa acción interna, profunda, genuina y humilde delante de Dios nos abre la puerta a la esperanza y a la vida eterna.  Este arrepentimiento viene producto de la profunda convicción y tristeza por el pecado cometido (algo que solamente el Espíritu Santo puede hacer en nosotros) y va mucho más allá del simple remordimiento por haber sido descubiertos en algún pecado:
10Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, al cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual. (2 Corintios 7:10, NTV)
La invitación es entonces a arrepentirse y a creer y a acercarse con confianza a Dios.  Gracias a Jesús, el camino ha sido abierto y el Espíritu Santo nos muestra como llegar allí:
14Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. 15Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos. (Hebreos 4:14-16, NTV)
Hay esperanza para ustedes. Las consecuencias temporales de todo lo sucedido habrá que enfrentarlas, pero una vez re-establecida su relación con Dios a través de Jesús, delante de Dios, ahora son inocentes -justificados- de las consecuencias eternas del pecado y eso es muchísimo mejor que cualquier cosa que podamos desear, incluso mejor que la libertad de prisión.  En lo que ese momento llega, les tocará llevar con dignidad la consecuencia del pecado cometido y usar ese tiempo para enmendar, buscar a Dios y construir una vida nueva.
1Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.2Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios.
3También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. 4Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. 5Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor.
6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. 7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, como se nos declaró justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios. (Romanos 5:1-11, NTV)
Entonces, Otto y Roxana, hay esperanza…los exhorto a considerarla y seguir lo que el Apóstol Pedro escribió:
6Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. 7Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes. (1 Pedro 5:6-7, NTV)
¡Ánimo! Enfrenten a la justicia con humildad, reconociendo la culpabilidad de los hechos de los que sean responsables, arrepiéntanse de sus pecados delante de Dios y depositen su confianza enteramente en Él.
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