Lo que fue, ¿siempre debe ser así?

51b1Mb9YzVL._SX425_La Biblia, la máxima autoridad en materia de doctrina, fe y práctica para la vida de cada cristiano, está llena de grandes historias, de relatos históricos épicos que muestran como Dios fue interviniendo en la historia de la humanidad de acuerdo a Su soberano plan y voluntad para la restauración de la Creación. El clímax de toda la narrativa bíblica son los cuatro evangelios en donde se narra la encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús, que tendrá su conclusión a Su regreso y el establecimiento final del Reino de Dios sobre la Tierra.

Como cristianos, nos sentimos inspirados por estas historias. Admiramos a los grandes hombres y mujeres de fe, dramatizamos y hasta hacemos películas sobre sus vidas y sus aventuras. Nuestros hijos aprenden a conocer la Biblia a través de estas narrativas y de ellas se extraen muchas lecciones en las escuelas dominicales de nuestras iglesias. Es muy tentador también para los predicadores el extraer “principios” a partir de estas narrativas para sostener sus argumentos de cómo deben actuar los cristianos en distintas situaciones de la vida.

Sin embargo, debemos parar un poco y reflexionar a partir de la siguiente pregunta: “Lo que fue, ¿debe siempre ser así?” ¿A qué me refiero? Tenemos la tentación de querer ser iguales a los grandes héroes de la fe y de tomar las historias narrativas de sus vidas como NORMATIVAS o PRESCRIPTIVAS para nuestras vidas.

Uno de los principios hermenéuticos (interpretación) más importantes para el estudio y enseñanza de la Biblia es que “la narrativa no es normativa”. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que cuándo la Biblia nos narra un acontecimiento, simplemente está haciendo eso, narrándolo, no necesariamente implicando que debemos de allí extraer una norma para la vida o que lo que sucedió en ese evento debe siempre ser así. Si no cuidamos esto, entonces los que atacan a la Biblia tendrían razón en decir que la Biblia apoya la esclavitud, el incesto, concubinato, asesinato, etc., por los tantos hechos de esa naturaleza narrados allí.

Como cristianos, somos responsables por el estudio adecuado de la Palabra para entenderla y saber como aplicarla de manera correcta en nuestras vidas y contextos culturales, geográficos y temporales. Si hacemos esto, nuestra capacidad de evangelismo y discipulado se fortalecerá y veremos vidas verdaderamente transformadas por el Espíritu Santo a través de la Biblia.

(Este artículo fue escrito originalmente para Actitud News en su segunda edición impresa.)

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