¡Oh mi yo, oh vida! (Walt Whitman)


¡Oh mi yo, oh vida! Todas estas cuestiones me asaltan,

Del desfile interminable de los desleales,

De ciudades llenas de necios,

De mí mismo, que me reprocho siempre, pues,

¿Quién es más necio que yo, ni más desleal?

De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos

Despreciables, de la lucha siempre renovada,

De los malos resultados de todo, de las multitudes

Afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás,

Yo entrelazado con los demás,

La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que

Vuelve: “¿Qué hay de bueno en todo esto?”

Y la respuesta:

“Que estás aquí, que existen la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama y que quizás

Tú contribuyes a él con tu rima”.

(Poema original en inglés, “O Me! O Life!”, disponible aquí)

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Amar Bien: Comunidad, Solidaridad y Libertad


Nadie dijo que sería fácil.  Tampoco se nos prometió la “felicidad”.  Sin embargo, aquí estamos, viviendo día a día, en un lugar que no es nuestra casa, y del que sin embargo, el Señor no nos dejó escapar así de fácil como hubiésemos querido…arrebatados cual Elías, o Matusalén…o llevados por un platillo volador en dónde finalmente, pudiésemos estar en paz.

Estamos aquí.  No solo aquí, sino también estamos ahora.  Estamos aquí y ahora, viviendo tiempos como estos y creyendo locuras como las que creemos.  ¿Para qué? ¿Por qué?

Descarto la idea de la casualidad, y tampoco me mata la idea de que esto es un gran “chiste cósmico” de Dios.  En medio del caos, hay una idea.  En medio de la tormenta de nieve, la perfecta simetría de cada copo de nieve, nos invita a considerar la posibilidad de que hay Alguien detrás de todo, y que hay una idea….un sueño, un propósito por el cual estamos aquí y ahora.

Ahora, seamos realistas por un ratito.  Diariamente vemos, leemos y en el peor de los casos, vivimos, asesinatos, drogas, robos, violencia, corrupción, infidelidad, traición y un sin número de situaciones más.  Diariamente también caemos en muchas de esas cosas, y nuestro grito es ¡SEÑOR, SACAME DE AQUÍ YA!  Pero…como el Señor no nos saca “del mundo”, pues no nos queda otra, muchas veces, que refugiarnos en “la burbuja”.  Si, la burbuja…esa misma que creamos con nuestra propia sub-cultura cristiano-evangélica pop…con nuestro propio idioma (shámbara broder…), nuestra música, nuestras propias celebridades, libros, seminarios, gurús de la motivación personal, etc., etc., etc. Es sin duda, una burbuja cómoda, aunque he de admitir, que algo empalagosa a ratos.  Sin embargo, nos gusta estar allí…por lo menos, es cómodo, nadie dice malas palabras, no se chupa, fuma o baila pegado (por lo menos…nadie lo admite).  Nos distanciamos de lo que pasa alrededor, es prohibido “creer” lo que dicen los periódicos, “no recibimos” nada, y pues siempre tenemos (porque si no quién sabe en qué lío andamos) que sonreír y decir “Dios es bueno” esté pasando lo que esté pasando.  La gente “del mundo” pasan a ser una especie de seres alienígenas destinados al fuego eterno, o en el mejor de los casos, una especie de masa amorfa de “almas por rescatar” que están listas para que el mejor orador capture su oído, y más adelante, su bolsillo.  Y nosotros….tranquilos en la burbuja.

Sin embargo, aunque pareciera que estamos en una mejor situación que los Israelitas cautivos en Babilonia (porque no nos esclavizó nadie todavía), y a pesar de la burbuja, la realidad, fea como parezca es que seguimos “en el mundo”…y peor aun, Jesús le pidió al Padre que no nos sacara de aquí.  ¿Qué hacemos entonces?  Tenemos 4 opciones creo yo:

1. No hacer nada

2. Seguir en la burbuja

3. Seguir la corriente del mundo

4. Amar nuestra ciudad…¡hacer algo!

Personalmente, me inclino por la opción #4.  ¡Claro, dicen todos…esa es la respuesta!  Mi pregunta es, ¿sabemos qué quiere decir eso? Debemos ir más allá de creer que amar es solo besos y abrazos.  Debemos entender “amar” de la forma en que Dios se los definió a los Israelitas que fueron cautivos a Babilonia, específicamente en Jeremías 29:7: “Además, busquen el bienestar de la ciudad adonde los he deportado, y pidan al Señor por ella, porque el bienestar de ustedes depende del bienestar de la ciudad.”

¿¡Qué!? ¿Buscar el bienestar de la ciudad? ¿De Babilonia? Puesto en nuestros términos, ¿del mundo? ¿Qué nuestro bienestar (o prosperidad) depende del bienestar de la ciudad? ¿No era que dependía de mi fe, diezmos, etc.? ¡Sorpresa!

Buscar el bienestar del mundo implica entonces un compromiso más profundo con la ciudad, sociedad y cultura en la que vivimos (y de la que, por petición del Señor al Padre, no podemos salir).  Implica relación, implica interacción, implica relacionarnos con todos en tres niveles: en comunidad, solidaridad y libertad.

Comunidad porque “el amor es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:14).  No vivimos solos.  Solos no podemos proveernos de todo lo que necesitamos y queremos, y sobre todo, solos no podemos amar.  Necesitamos los unos de los otros.  No vivimos de manera independiente y tampoco dependiente.  Somos interdependientes.  Lo que hacemos o dejamos de hacer, afecta a todos, y es por eso que necesitamos reconocer el valor de vivir en comunidad.  Empezando por nuestra familia, pasando por el colegio, trabajo, iglesia, en fin…vivamos el clamor de Jesús al Padre de Juan 17…de ser uno, como ellos son uno.

Solidaridad porque definitivamente uno de los más grandes regalos que nos dejó el Señor es la oportunidad de ayudarnos unos a otros.  La promesa de que “los pobres siempre estarán entre nosotros” (Mateo 26:11), lejos de ser una promesa pesimista, es una gran oportunidad, una oportunidad de trabajar, crear, desarrollar nuevas ideas, extendernos en generosidad, en fin, de ser solidarios con el prójimo.

Libertad, porque solo así podemos vivir las virtudes.  Sin que nos obliguen, sino escogiendo amar, siendo responsables por lo que hacemos.  Libertad, definida no como el que podamos hacer lo que queramos, sino como que tengamos la capacidad de hacer lo que debemos.  La libertad que se fundamenta en la verdad (Juan 8:32) y no en los arranques del momento.

Comunidad, solidaridad y libertad.  Tres ideas para “buscar la prosperidad de la ciudad”.  Tres ideas para trabajar bien, actuar bien, estar bien, enseñar bien, dar bien, en resumen, para amar bien.  No le tengamos miedo al mundo, no nos escondamos de el, participemos de el, y transformémoslo a partir del amor.  Al final de cuentas, aquí estamos, aquí y ahora, y por el momento, no vamos a ninguna parte.

De cuatro cosas que causan gran paz


Hijo, ahora te enseñaré la vía de la paz y de la verdadera libertad.

Señor, haz lo que dices, que mucho huelgo de oírlo.

Hijo, trabaja de hacer antes la voluntad de otro que la tuya; escoge siempre tener menos que más; busca siempre el lugar más bajo y estar sujeto a todos; desea de continuo que se cumpla en ti enteramente la voluntad de Dios.  Este tal entra en los términos de la paz y reposo.

Señor, este tu breve sermón mucha perfección contiene en sí; pequeño es en la plática, mas lleno de sentencia y abundoso en fruto. Que si pudiese por mí ser fielmente guardado, no debería nacer en mí tan presto la turbación; porque cuantas veces me siento desasosegado y pesado, hallo haberme apartado de esta doctrina.  Mas tú Señor, que puedes todas las cosas y siempre deseas el provecho del ánima, acrecienta en mí mayor gracia, para que pueda cumplir tu palabra y hacer lo que cumple a mi salud.

(Tomás de Kempis, Imitación de Cristo -Libro Tercero, capítulo XXV)

Cómo nos debemos acordar de los innumerables beneficios de Dios


Señor, abre mi corazón en tu ley y enséñame a andar en tus mandamientos, otórgame entender tu voluntad y, con gran reverencia y entera consideración, acordarme de tus beneficios generales y especiales, porque pueda de aquí adelante humildemente hacerte gracias.  Mas yo sé, y así lo confieso, que no puedo pagarte los beneficios, loores y gracias que debo por las mercedes que en el más pequeño punto me haces.  Yo menor soy que todos los bienes que me has hecho, y cuando miro tu nobleza, desfallece mi espíritu por su grandeza.

Todo lo que tenemos en el ánima y en el cuerpo, y cuantas cosas poseemos de fuera o de dentro, natural o sobre natural, son beneficios tuyos y alaban a ti, bienhechor piadoso y bueno, de quien recibimos todos los bienes; puesto que uno reciba más que otro, todo es tuyo, y sin ti no se puede alcanzar cosa alguna.  El que más recibe, no puede gloriarse de su merecimiento, ni enloquecerse, ni desdeñar al menor.

Porque aquel de verdad es mayor y mejor que menos se atribuye a sí y es más agradecido y humilde; y el que se estime por más vil que todos y se tiene por más indigno, está más aparejado a recibir mayores dones.  Y el que recibió menos no se debe entristecer, ni airarse, ni tener envidia del que más tiene; antes debe mirarte a ti y loar en gran manera tu bondad, que tan copiosamente y tan de grado repartes tus dones sin aceptar personas.  Todas las cosas proceden de ti, y por eso en todo debes ser loado.

Tu sabes lo que conviene darse a cada uno; y por nosotros discernirlo, sino a ti, que sabe determinadamente los merecimientos de cada uno.  Por eso, Señor, por gran beneficio tengo no tener muchas cosas de las cuales se me diga (en lo de fuera) loor y honra ante los hombres.

Así que, cualquiera que considere la pobreza y vileza de su persona, no sólo no recibirá agravio, ni tristeza, ni abatimiento, mas consolación y muy grande alegría considerando que tú, Dios mío, escogiste para familiares y servidores los pobres, bajos y despreciados del mundo.  Testigos son de esto tus mismos apóstoles, los cuales estableciste príncipes sobre toda la tierra.  Mas conversaron en el mundo tan sin queja, y fueron tan humildes y sencillos, sin malicia ni engaño, que se gozaban en sufrir injurias por tu nombre y abrazaban con grande afección lo que el mundo aborrece.

Por eso ninguna cosa debe tanto alegrar al que te ama y reconoce tus beneficios como tu santa voluntad y el buen contento de tu eterna disposición:  lo cual le debe tanto consolar, que quiera tan de grade ser el menor de todos como desearía otro ser el mayor.  Y así, tan pacífico y contento debe estar en el más bajo lugar como en el más alto, y tan de grade ser despreciado como si fuese el más honrado del mundo: porque tu voluntad y el amor de tu honra debe sobrepujar todas las cosas.  Y más se debe consolar y contentar con esto que con todos los beneficios recibidos o que puede recibir.

(Tomás de Kempis, La Imitación de Cristo -Libro Tercero, capítulo XXIV)

Arrepiéntanse y crean en el Evangelio


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Otto y Roxana:

Me dirijo a ustedes con todo respeto y con un corazón triste por lo que el país está viviendo.  Es cierto, debemos gozarnos cuando vemos que la justicia se aplica y los procesos se siguen.  Es parte de un buen Estado de Derecho, uno que estamos empezando a aprender a querer vivir.  Sin embargo, no deja de ser sumamente triste verlos a ustedes en esta situación.  No tengo la más mínima duda que sus corazones han sido afectados por el proceso, por las acusaciones, los insultos, la burla y todo el ambiente que viven.  Estoy seguro que sus familias están sufriendo también y eso es doloroso.

En estos momentos, ya no es oportuno hablar de “errores” o de “equivocaciones”.  Hoy debemos hablar de pecado.  Pecados serios han sido cometidos por parte de ustedes y algunos miembros de sus equipos de trabajo.  Estos pecados han sido principalmente contra Dios y en segunda instancia, contra todas las personas que ustedes han afectado con sus decisiones, empezando por sus cónyuges y sus hijos.

Hablar de pecado es hablar de algo serio, con consecuencias serias, no solo en el aquí y ahora, sino más importante aún, en la eternidad.  No hay esfuerzo alguno que podamos hacer aquí y ahora para evitar esas consecuencias.

Sin embargo, es precisamente porque hablamos de pecado, es que podemos hablar de LA solución definitiva al mismo, podemos hablar de esperanza, podemos hablar del Evangelio.

Cuando Jesús inició su ministerio en la Tierra, al regresar de Su período de 40 días de ayuno y habiendo superado la tentación a la que fue sometido, dijo estas palabras:

15«¡Por fin ha llegado el tiempo prometido por Dios! —anunciaba—. ¡El reino de Dios está cerca! ¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!». (Marcos 1:15, NTV)

Jesús vino a traer la esperanza de que el problema del pecado tendría solución, y esta solución resultaría en una respuesta por cada persona dividida en dos partes:

  1. Arrepentimiento
  2. Fe (creer)

¿Cómo logró Jesús traer esta solución? Lo hizo a través de poner Él Su vida en sustitución de todos y cada uno de nosotros que hemos admitido nuestra condición pecadora y hemos depositado nuestra fe y esperanza en Él. ¿Por qué podía hacerlo Jesús? Porque Él es Dios, y al encarnarse, asumió toda nuestra naturaleza humana para que así, a través de una vida perfecta (sin pecado) y un sacrificio propiciatorio, completo y suficiente, pudiese pagar la pena que debía ser imputada a cada uno de nosotros.  Todo esto, lo hizo Dios a través de Jesús, sin que nosotros lo hubiésemos pedido o buscado, lo hizo por gracia:

1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es solo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!) 6Pues nos levantó de los muertos junto con Cristo y nos sentó con él en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo Jesús. 7De modo que, en los tiempos futuros, Dios puede ponernos como ejemplos de la increíble riqueza de la gracia y la bondad que nos tuvo, como se ve en todo lo que ha hecho por nosotros, que estamos unidos a Cristo Jesús.
8Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. 9La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. 10Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. (Efesios 2:1-10, NTV)
Además,
3En otro tiempo nosotros también éramos necios y desobedientes. Fuimos engañados y nos convertimos en esclavos de toda clase de pasiones y placeres. Nuestra vida estaba llena de maldad y envidia, y nos odiábamos unos a otros.
4Pero: «Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, 5él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. 6Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. 7Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna». 8Esta declaración es digna de confianza, y quiero que insistas en estas enseñanzas, para que todos los que confían en Dios se dediquen a hacer el bien. Estas enseñanzas son buenas y de beneficio para todos. (Tito 3:3-8, NTV)
Hay, pues, esperanza, para ustedes y para todos los que reconocemos en esto el amor de Dios para con Sus hijos.  Y es por esto el llamado que atentamente les hago a arrepentirse y creer en el Evangelio.
El arrepentimiento, esa acción interna, profunda, genuina y humilde delante de Dios nos abre la puerta a la esperanza y a la vida eterna.  Este arrepentimiento viene producto de la profunda convicción y tristeza por el pecado cometido (algo que solamente el Espíritu Santo puede hacer en nosotros) y va mucho más allá del simple remordimiento por haber sido descubiertos en algún pecado:
10Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, al cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual. (2 Corintios 7:10, NTV)
La invitación es entonces a arrepentirse y a creer y a acercarse con confianza a Dios.  Gracias a Jesús, el camino ha sido abierto y el Espíritu Santo nos muestra como llegar allí:
14Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. 15Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos. (Hebreos 4:14-16, NTV)
Hay esperanza para ustedes. Las consecuencias temporales de todo lo sucedido habrá que enfrentarlas, pero una vez re-establecida su relación con Dios a través de Jesús, delante de Dios, ahora son inocentes -justificados- de las consecuencias eternas del pecado y eso es muchísimo mejor que cualquier cosa que podamos desear, incluso mejor que la libertad de prisión.  En lo que ese momento llega, les tocará llevar con dignidad la consecuencia del pecado cometido y usar ese tiempo para enmendar, buscar a Dios y construir una vida nueva.
1Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.2Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos, y esperamos con confianza y alegría participar de la gloria de Dios.
3También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia. 4Y la resistencia desarrolla firmeza de carácter, y el carácter fortalece nuestra esperanza segura de salvación. 5Y esa esperanza no acabará en desilusión. Pues sabemos con cuánta ternura nos ama Dios, porque nos ha dado el Espíritu Santo para llenar nuestro corazón con su amor.
6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. 7Ahora bien, casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena; 8pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. 9Entonces, como se nos declaró justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. 10Pues, como nuestra amistad con Dios quedó restablecida por la muerte de su Hijo cuando todavía éramos sus enemigos, con toda seguridad seremos salvos por la vida de su Hijo. 11Así que ahora podemos alegrarnos por nuestra nueva y maravillosa relación con Dios gracias a que nuestro Señor Jesucristo nos hizo amigos de Dios. (Romanos 5:1-11, NTV)
Entonces, Otto y Roxana, hay esperanza…los exhorto a considerarla y seguir lo que el Apóstol Pedro escribió:
6Así que humíllense ante el gran poder de Dios y, a su debido tiempo, él los levantará con honor. 7Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes. (1 Pedro 5:6-7, NTV)
¡Ánimo! Enfrenten a la justicia con humildad, reconociendo la culpabilidad de los hechos de los que sean responsables, arrepiéntanse de sus pecados delante de Dios y depositen su confianza enteramente en Él.

¿Qué fue lo que Samuel hizo?


Samuel Anoints David, from Dura-Europos Synagogue; 250 AD; Tempera on Plaster;

Estamos en plena recta final de la primera vuelta de elecciones generales para Guatemala.  Al final de este próximo domingo ya sabremos con muy alto grado de certeza quienes serán los 158 diputados al Congreso de la República y los 338 alcaldes que gobernarán en sus respectivos municipios.  Además de eso, sabremos quienes serán los diputados que nos representarán como país ante el Parlamento Centroamericano y también quienes serán los 2 binomios que irán al balotaje, la famosa “segunda vuelta”.

De todos es sabido lo incierto que está el panorama electoral tanto por el lado de la “oferta política” como también por el ambiente que rodea las “alegres elecciones”, un ambiente marcado por escándalos, protestas, manipulaciones y demás vicisitudes que son parte de una incipiente democracia que poco o nada ha hecho por verdaderamente funcionar como tal.

En medio de todo eso, la Iglesia Evangélica en Guatemala ha intentado alzar su voz a través de diferentes frentes.  La Alianza Evangélica entró tarde al ruedo con su campaña de “Guate Ora“, las Sociedades Bíblicas de Guatemala realizaron una campaña estríctamente mediática titulada “Un Gobierno como Dios Manda” y el movimiento que despertó estos dos últimos fue el iniciado por el pastor Rony Madrid de reunirse de manera espontánea a orar en la Plaza Central los sábados a las 6am en los días que hubo manifestaciones allí mismo. Paralelo a eso, la Asociación de Exalumnos del Haggai Institute de Guatemala realizó un foro/taller para discutir y generar propuestas a partir de la “Responsabilidad de la Iglesia ante la Coyuntura Nacional“.

Del movimiento iniciado por el pastor Rony Madrid, se despertó la inquietud en un grupo de pastores jóvenes de poder generar mayor incidencia y fortalecer la conciencia cívica de los cristianos evangélicos del país.  Estos pastores se organizaron bajo el nombre “Pastores de la Próxima Generación” y como primera propuesta como grupo, presentaron la iniciativa #YoSoySamuel.  Esta iniciativa, además de contar con una fuerte campaña mediática en redes sociales, realizó un muy interesante “Foro Presidencial Cristiano” este pasado lunes 31 de agosto.

La iniciativa #YoSoySamuel llama a los evangélicos, bajo la etiqueta de #OroEscuchoVoto, a seguir el ejemplo del Profeta Samuel en el momento en que David fue ungido rey de Israel de acuerdo a la narrativa bíblica de 1 Samuel 16:1-13, particularmente la segunda parte del versículo 7 de esa narrativa.

Es importante entonces que, si se piensa en “ser Samuel” o “actuar en el espíritu de Samuel” (que espero no signifique llegar al extremo del rey Saúl con el oráculo de Éndor), es conveniente examinar el texto bíblico sobre el cual se sustenta el esfuerzo:

1Ahora bien, el Señor le dijo a Samuel:
—Ya has hecho suficiente duelo por Saúl. Lo he rechazado como rey de Israel, así que llena tu frasco con aceite de oliva y ve a Belén. Busca a un hombre llamado Isaí que vive allí, porque he elegido a uno de sus hijos para que sea mi rey.
2Pero Samuel le preguntó:
—¿Cómo puedo hacerlo? Si Saúl llega a enterarse, me matará.
—Lleva contigo una novilla —le contestó el Señor— y di que has venido para ofrecer un sacrificio al Señor. 3Invita a Isaí al sacrificio, y te mostraré a cuál de sus hijos ungirás para mí.
4Así que Samuel hizo como el Señor le indicó. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo salieron a su encuentro temblando.
—¿Qué pasa? —le preguntaron—. ¿Vienes en son de paz?
5—Sí —contestó Samuel—, vine para ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio.
Luego Samuel realizó el rito de purificación para Isaí y sus hijos y también los invitó al sacrificio.
6Cuando llegaron, Samuel se fijó en Eliab y pensó: «¡Seguramente este es el ungido del Señor!».
7Pero el Señor le dijo a Samuel:
—No juzgues por su apariencia o por su estatura, porque yo lo he rechazado. El Señor no ve las cosas de la manera en que tú las ves. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón.
8Entonces Isaí le dijo a su hijo Abinadab que caminara delante de Samuel. Pero Samuel dijo:
—Este no es el que el Señor ha elegido.
9Después Isaí llamó a Simea, pero Samuel dijo:
—Tampoco es este a quien el Señor ha elegido.
10De la misma manera, Isaí le presentó sus siete hijos a Samuel. Pero Samuel le dijo:
—El Señor no ha elegido a ninguno de ellos.
11Después Samuel preguntó:
—¿Son estos todos los hijos que tienes?
—Queda todavía el más joven —contestó Isaí—. Pero está en el campo cuidando las ovejas y las cabras.
—Manda llamarlo de inmediato —dijo Samuel—. No nos sentaremos a comer hasta que él llegue.
12Entonces Isaí mandó a buscarlo. El joven era trigueño y apuesto, y de hermosos ojos.
Y el Señor dijo:
—Este es, úngelo.
13Al estar David de pie entre sus hermanos, Samuel tomó el frasco de aceite de oliva que había traído y ungió a David con el aceite. Y el Espíritu del Señor vino con gran poder sobre David a partir de ese día. Luego Samuel regresó a Ramá. (1 Samuel 16:1-13, NTV)
¿Qué fue lo que pasó?
1. Samuel estaba triste por Saúl y el hecho de que Dios le hubiese rechazado.
2. Dios levanta el ánimo de Samuel y lo envía a reconocer y ungir al hombre que Él (Dios) había elegido como nuevo rey.
3. Samuel tiene miedo de ir a hacer esto y Dios entonces le da una salida para que la gente de Saúl no sospeche que va a ir a ungir a un nuevo rey: lo manda a hacer un sacrificio con Isaí y su familia en Belén.
4. Isaí le presenta a cada uno de sus hijos a Samuel (a excepción de David) y Dios le indica a Samuel (no sabemos exactamente cómo o si Samuel hizo algo para que Dios le dijera) que ninguno de los 7 hijos mayores de Isaí es el que debe ser ungido, así que Samuel pregunta si hay algún hijo más y aparece David, el menor y el único que queda, así que David es ungido como rey por Samuel, aunque pasarían años hasta que ascendiera al trono.
A la luz simple de la narrativa bíblica veo algunos problemas con la manera en que la campaña #YoSoySamuel se está planteando:
1. Quien elige a David es Dios, no Samuel, el trabajo del profeta es ir a reconocerlo y ungirlo.
2. Samuel nunca “escucha” a los “candidatos”, en primer lugar porque nunca hubo candidatos o elección (el ungido ya había sido designado por Dios) y porque Samuel no va a escuchar a nadie, simplemente va a decir quién es el hombre que Dios eligió.
3. De esa cuenta entonces, no podemos afirmar que Samuel haya “votado” por alguien.
4. El sacrificio que ofreció Samuel fue por orden de Dios para evitar generar sospechas de lo que iba a ir a hacer, no fue un sacrificio de adoración a partir del cual Samuel buscará de parte de Dios dirección de “por quién votar”.
5. Se hace caso omiso del papel que juega en la Gran Historia (el “Plan de Salvación”) de Dios para el mundo, la designación de David como rey y su conexión con la historia del Israel hacia el pasado y como sirve de catapulta para el linaje mesiánico del que vendría Jesús en el momento preciso diseñado por Dios para eso.
Entonces….¿qué hacemos con la campaña?
Me parece, a título personal, que la campaña tiene una buena intención en el sentido de el despertar una mayor conciencia y responsabilidad cívica en los ciudadanos cristianos evangélicos de Guatemala.  Considero que eso es bueno y es loable.  Sin embargo, no considero que el medio que utilizaron -la historia de Samuel- sea el adecuado porque se cae en varios errores hermenéuticos en el uso del texto bíblico:
1. La campaña pareciera afirmar que la “narrativa es normativa” y por eso nos llama a “ser Samuel”.  En mi artículo anterior doy mis razones de por qué esto es un error y también el reconocido teólogo Gordon Fee nos ayuda con este tema.
2. Ungir a un rey en el Israel del Antiguo Testamento en una especie de monarquía teocrática es muy distinto a la elección de presidente, vicepresidente, alcaldes y diputados en una democracia republicana constitucional como la que intenta ser Guatemala en el siglo 21.
3. El Profeta Samuel actuó bajo la dirección directa de Dios y la prueba de esto es que lo que Dios le dijo y lo que él dijo como profeta que tenemos registrado es Palabra de Dios, está en la Biblia, fue inspirada por el Espíritu Santo y por esa razón es infalible e inerrante….¿podemos decir nosotros lo mismo? La tentación evangélica/pentecostal de empezar una afirmación diciendo “¡Dice el Señor…!” es muy problemática y pareciera poner esas “palabras” o “revelaciones” a la misma altura que la Escritura.
4. Si sigo los pasos de la campaña y el lunes 7 de septiembre me doy cuenta que no ganaron mis candidatos, puedo caer en la tentación de dudar de la soberanía de Dios, de Su Palabra o incluso, de echarle la culpa a Él por una “mala elección”.
Agreguemos a esto que el contexto bajo el cual se instituye la monarquía en Israel y por la que se abandona el gobierno de jueces, es un contexto problemático y de rebelión contra Dios mismo (además de que el pueblo no confiaba en los hijos de Samuel, lo que nos indica que quizás no fue el mejor papá (1 Samuel 8:1-5).  Samuel fue el portador de estas malas noticias cuando le tocó ungir a Saúl:
“6Samuel se disgustó con esta petición y fue al Señor en busca de orientación.7«Haz todo lo que te digan —le respondió el Señor—, porque es a mí a quien rechazan y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey. 8Desde que los saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y ahora te tratan a ti de la misma manera. 9Haz lo que te pidan, pero adviérteles seriamente acerca de la manera en que reinará sobre ellos un rey».
Samuel advierte contra tener un rey
10Entonces Samuel transmitió la advertencia del Señor al pueblo que pedía un rey.
11—Esta es la manera en que un rey gobernará sobre ustedes —les dijo—. El rey reclutará en el ejército a los hijos de ustedes y los asignará a los carros de guerra y a sus conductores, y los hará correr delante de sus carros.12Algunos serán generales y capitanes del ejército, otros serán obligados a arar y a cosechar los cultivos del rey, y otros harán las armas y el equipo para los carros de guerra.13El rey tomará a las hijas de ustedes y las obligará a cocinar, a hornear y a hacer perfumes para él. 14Les quitará a ustedes lo mejor de sus campos, viñedos y huertos de olivos, y se los dará a sus oficiales. 15Tomará una décima parte de su grano y de sus cosechas de uvas y la repartirá entre sus oficiales y miembros de la corte.16Les quitará sus esclavos y esclavas, y les exigirá lo mejor de sus ganados y burros para su propio uso. 17Les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes serán sus esclavos. 18Cuando llegue ese día, suplicarán ser aliviados de este rey que ahora piden, pero entonces el Señor no los ayudará.
19Sin embargo, el pueblo se negó a escuchar la advertencia de Samuel.
—Aun así, todavía queremos un rey —dijeron ellos—.20Nuestro deseo es ser como las naciones que nos rodean. El rey nos juzgará y será nuestro líder en las batallas.
21Así que Samuel le repitió al Señor lo que el pueblo dijo,22y el Señor respondió: «Haz lo que te piden y dales un rey». Entonces Samuel estuvo de acuerdo y los envió a sus casas.” (1 Samuel 8:6-22, NTV)
Complicado por donde se le quiera ver.  Aún así, rescato dos entrevistas en video de la campaña de #YoSoySamuel que me parecen muy sensatas (ver entrevista a Claudia Méndez Arriaza aquí y a Gonzalo Chamorro aquí) y además, quisiera invitarlos a escuchar dos prédicas que dio el pastor Francisco Bendfeldt de la iglesia Casa de Libertad en donde considero que hace un mejor tratamiento del tema y lo centra muy bien en la esperanza del Evangelio, pueden escucharlas aquí y aquí.
¿Qué nos queda? ¡Ir a votar! ¡Vamos a votar con alegría, entusiasmo y con la fe y esperanza puesta en Dios! Hagamos uso del maravilloso don de la razón que Dios nos ha dado para examinar cada propuesta y candidato, sometamos nuestras preocupaciones y ansiedades en este respecto a Dios y permitamos que nuestra razón sea iluminada por la fe y guiada por el Espíritu Santo! Este domingo 6 de septiembre iré a votar como Juan porque #YoNoSoySamuel, #YoSoyJuan.
¡Ánimo!

Lo que fue, ¿siempre debe ser así?


51b1Mb9YzVL._SX425_La Biblia, la máxima autoridad en materia de doctrina, fe y práctica para la vida de cada cristiano, está llena de grandes historias, de relatos históricos épicos que muestran como Dios fue interviniendo en la historia de la humanidad de acuerdo a Su soberano plan y voluntad para la restauración de la Creación. El clímax de toda la narrativa bíblica son los cuatro evangelios en donde se narra la encarnación, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús, que tendrá su conclusión a Su regreso y el establecimiento final del Reino de Dios sobre la Tierra.

Como cristianos, nos sentimos inspirados por estas historias. Admiramos a los grandes hombres y mujeres de fe, dramatizamos y hasta hacemos películas sobre sus vidas y sus aventuras. Nuestros hijos aprenden a conocer la Biblia a través de estas narrativas y de ellas se extraen muchas lecciones en las escuelas dominicales de nuestras iglesias. Es muy tentador también para los predicadores el extraer “principios” a partir de estas narrativas para sostener sus argumentos de cómo deben actuar los cristianos en distintas situaciones de la vida.

Sin embargo, debemos parar un poco y reflexionar a partir de la siguiente pregunta: “Lo que fue, ¿debe siempre ser así?” ¿A qué me refiero? Tenemos la tentación de querer ser iguales a los grandes héroes de la fe y de tomar las historias narrativas de sus vidas como NORMATIVAS o PRESCRIPTIVAS para nuestras vidas.

Uno de los principios hermenéuticos (interpretación) más importantes para el estudio y enseñanza de la Biblia es que “la narrativa no es normativa”. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que cuándo la Biblia nos narra un acontecimiento, simplemente está haciendo eso, narrándolo, no necesariamente implicando que debemos de allí extraer una norma para la vida o que lo que sucedió en ese evento debe siempre ser así. Si no cuidamos esto, entonces los que atacan a la Biblia tendrían razón en decir que la Biblia apoya la esclavitud, el incesto, concubinato, asesinato, etc., por los tantos hechos de esa naturaleza narrados allí.

Como cristianos, somos responsables por el estudio adecuado de la Palabra para entenderla y saber como aplicarla de manera correcta en nuestras vidas y contextos culturales, geográficos y temporales. Si hacemos esto, nuestra capacidad de evangelismo y discipulado se fortalecerá y veremos vidas verdaderamente transformadas por el Espíritu Santo a través de la Biblia.

(Este artículo fue escrito originalmente para Actitud News en su segunda edición impresa.)