Cómo debes decir en toda cosa que deseares

Hijo, di así en cualquier cosa que quisieres:  Señor, si te agradare, hágase esto así.  Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre, Señor, si viere que me conviene, otórgame esto para que use de ello a honra tuya y si conoces que no es provechoso a mi ánima, desvía de mí este deseo.

Que no todo deseo procede del Espíritu Santo, aunque parezca justo y bueno al hombre.  Dificultoso es juzgar si te incita buen espíritu o malo, o si te mueven tu propia voluntad.  Muchos son engañados al fin, que parecía en el principio ser movidos e inducidos por buen espíritu.  Y por eso, con verdadero temor y humildad de corazón, debes desear y pedir cualquier cosa que al pensamiento te ocurre para desear, y especialmente, con entera renunciación, someterlo todo a mí y decir:

¡Oh Señor!, tú sabes lo mejor: haz esto o aquello, como más te agradare: dame lo que quisieres y cuando quisieres.  Haz conmigo como sabes, para que sea mayor honra tuya.  Ponme donde quisieres, yo estoy en tu mano, vuélveme y revuélveme a la redonda:  ves aquí tu siervo aparejado para todo.  No deseo, Señor, vivir para mí: mas plega a tu misericordia que viva dignamente para ti.

(Tomás de Kempis, “La Imitación de Cristo”, Tratado Tercero, Capítulo XVI)

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