Sana Doctrina…más que Teología: Reflexiones sobre Tito

Uno de los temas más importantes que enmarcan, o más bien, encierran como un sándwich toda la enseñanza de Tito es la insistencia de Pablo acerca de la importancia de la “sana doctrina” o enseñanza. Tito está pastoreando una iglesia en la isla de Creta, y Pablo, en su labor apostólica, le escribe esta importante carta para instruirlo, fortalecerlo y exhortarlo en esta importante labor.

Pablo inicia afirmando el trabajo que el ha venido realizando: “…Fui enviado para proclamar fe a los que Dios ha elegido y para enseñarles a conocer la verdad que les muestra cómo vivir una vida dedicada a Dios.” (Tito 1:1, NTV). Vemos en Pablo una claridad importantísima: su mensaje es enseñar la verdad y es partir de esta verdad que los electos pueden vivir una vida piadosa. Las implicaciones de la enseñanza de la verdad son claras y nos apuntan a la certeza que tenemos en nuestra salvación (v.2). El anuncio de la verdad del Evangelio ha venido justo en el tiempo que Dios ha designado a través de Jesús (v.3).

Luego de estas implicaciones que la enseñanza de la verdad tiene para todos los creyentes en general, Pablo afirma a Tito en su rol pastoral y en su responsabilidad de nombrar ancianos para apoyarle en el desarrollo de la iglesia local de Creta. Estos ancianos deben llenar requisitos muy importantes, pero el que nos atañe en este momento es el descrito en el versículo 9: “Debe tener una fuerte creencia en el mensaje fiel que se le enseñó; entonces podrá animar a otros con la sana enseñanza y demostrar a los que se oponen en qué están equivocados.” (Tito 1:9, NTV). El liderazgo de la iglesia local tiene una gran responsabilidad respecto a la verdad, a la sana doctrina:

  1. Debe estar plenamente convencido de la verdad y conocerla.
  2. A partir de ese convencimiento y conocimiento, debe animar a otros a partir de ella.
  3. Debe estar dispuesto a activamente corregir a quienes estén equivocados en relación a la sana doctrina.

El llamado aquí a los líderes es muy fuerte. Es un llamado al que los ancianos de cualquier iglesia deben poner mucha atención y del cual deben estar dispuestos a rendir cuentas a la congregación a través de su servicio activo y proactivo en la enseñanza, exhortación y corrección. Pero, por sobre todas las cosas, cada líder dentro de la iglesia local debe estar plenamente convencido y esforzarse por conocer cada vez más y mejor la verdad, la sana doctrina. Esto no es algo que debe tomarse a la ligera, porque Pablo mismo nos indica las consecuencias de cuando en la iglesia se enseñan cosas contrarias a la sana doctrina por parte de falsos maestros: “Hay que callarlos, porque, con su falsa enseñanza, alejan a familias enteras de la verdad, y sólo lo hacen por dinero.” (Tito 1:11, NTV). El impacto de la falsa doctrina se siente de manera fuerte en la familia y la consecuencia puede llegar a ser que se alejen de la iglesia. Esto es más serio de lo que pensamos. Ahora, esta función encomendada al liderazgo de la iglesia de corregir a quienes enseñan y/o creen falsas enseñanzas tiene un propósito redentor: “Es la verdad. Así que repréndelos con severidad para fortalecerlos en la fe.” (Tito 1:13, NTV). No se trata de reprender solo por reprender, sino debemos buscar la restauración de estas personas en la fe y la sana doctrina.

El capítulo 2 de Tito nos da una serie de instrucciones muy importantes para la vida en comunidad. Pablo nos detalla el rol de los distintos miembros de la iglesia para vivir de una manera agradable a Dios. Es importante resaltar y recordar que esta lista de enseñanzas e instrucciones tiene un ancla muy importante, la sana doctrina: “Tito, en cuanto a ti, fomenta la clase de vida que refleje la sana enseñanza.” (Tito 2:1, NTV). O sea, estas instrucciones no son solamente directrices morales, sino tienen un objetivo: DAR TESTIMONIO DEL EVANGELIO. Lo vemos en el propósito final de las instrucciones a cada grupo:

  1. Hombres mayores: “Deben tener una fe sólida y estar llenos de amor y paciencia.” (Tito 2:2b, NTV)
  2. Mujeres mayores: “Entonces no deshonrarán la palabra de Dios.” (Tito 2:4b, NTV)
  3. Jóvenes: “Enseña la verdad, para que no puedan criticar tu enseñanza. Entonces los que se nos oponen quedarán avergonzados y no tendrán nada malo que decir de nosotros.” (Tito 2:8, NTV)
  4. Esclavos: “Entonces harán que la enseñanza acerca de Dios nuestro Salvador sea atractiva en todos los sentidos.” (Tito 2:10b, NTV)

Pablo, fiel a su estilo, no deja de recordarnos la importancia y centralidad del Evangelio como motor de todo este cambio de vida: “Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas.” (Tito 2:11, NTV), y es a partir de aquí que nos hace a todos un fuerte llamado a la santidad (v.12-14) no sin dejar de apuntar nuestra mirada a la esperanza de salvación que tenemos en Jesús (v.13). Nuevamente, Pablo encomienda a Tito como pastor de esta iglesia la enseñanza de estas cosas a los creyentes y la importancia de corregir a aquellos que se desvían de estas ideas (v.15).

El capítulo 3 es, para mi, el otro pan del sándwich que mencioné al inicio. Pablo nos recuerda nuestra condición como pecadores (v.3) y luego nos vuelve a centrar en el Evangelio, la razón por la cual nuestra vida ha cambiado: “Pero: ‘Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia. Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo. Él derramó su Espíritu sobre nosotros en abundancia por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Por su gracia él nos declaró justos y nos dio la seguridad de que vamos a heredar la vida eterna.’” (Tito 3:4-7, NTV).

En 3 versículos Pablo nos resume la sana doctrina. Y en el versículo 8 nos vuelve a insistir en que esto es lo que debe enseñarse porque esto es lo único que cambia la vida de verdad. El Evangelio al inicio y al final de esta carta de Pablo es clave para entender lo crucial que es que nuestros ojos estén puestos en la Cruz para que no caigamos en la trampa del legalismo, del moralismo, de la religión que lejos de acercarnos a Dios y acercarnos los unos a los otros, nos destruye, aleja y enajena.

La doctrina importa. Importa no porque sean grandes conceptos teológicos que nos llenan la boca de palabras difíciles de pronunciar o entender. Importa porque nos regresa constantemente a la Cruz y a partir de la Cruz, a partir de la gracia, nos da las herramientas para vivir vidas piadosas, vidas pacíficas en comunidad y vidas que den testimonio a otros de la esperanza que tenemos en Jesús.

Tanto para los miembros de la congregación, como para los líderes y ancianos de la iglesia, estudiar, conocer, creer, asimilar y vivir de acuerdo a la sana doctrina es necesario y debemos esforzarnos en ello confiando en que el Espíritu Santo nos guiará en cada paso del camino, la gracia de Jesús nos sostendrá en todo momento –aún cuando fallamos- y el Padre mirará con agrado nuestro esfuerzo y entrega a la vez que le glorificamos en el camino.

¡Ánimo!

(Este artículo fue originalmente escrito para apoyar la serie de “Tito” predicada durante el mes de julio 2015 en Casa de Libertad, en Guatemala)

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