Cristianos y la Resistencia: San Ambrosio de Milán

La coyuntura actual en Guatemala, la guerra cultural en Estados Unidos, la persecución cristiana en medio oriente, los estados totalitarios en América del Sur…todas estas situaciones exigen una respuesta, una reacción, una propuesta de parte de la Iglesia.  Ante las crisis que enfrentamos, muchas originadas desde la autoridad civil, la gran pregunta para el cristiano es: ¿debo participar? ¿debo protestar? ¿existe alguna forma distintivamente cristiana de hacerlo?

Históricamente, la Iglesia y los cristianos no han sido ajenos a la participación en movimientos que han traído grandes y muy positivos impactos para la sociedad y la cultura.  También en el proceso, se han cometido grandes errores, especialmente cuando se ha querido afirmar la autoridad eclesiástica desde la autoridad civil.

Estamos en tiempo de elecciones y el panorama es más confuso que nunca.  Existe todavía en el corazón de muchos, y muchos cristianos también, la falsa esperanza de que lo que se necesita es un líder cuasi-mesiánico que resuelva las situaciones.  Se nos olvida la advertencia de Dios a través del profeta Samuel:

5«Mira, Samuel —le dijeron—, ya eres anciano y tus hijos no son como tú. Danos un rey para que nos juzgue así como lo tienen las demás naciones».
6Samuel se disgustó con esta petición y fue al Señor en busca de orientación.7«Haz todo lo que te digan —le respondió el Señor—, porque es a mí a quien rechazan y no a ti; ya no quieren que yo siga siendo su rey. 8Desde que los saqué de Egipto me han abandonado continuamente y han seguido a otros dioses. Y ahora te tratan a ti de la misma manera. 9Haz lo que te pidan, pero adviérteles seriamente acerca de la manera en que reinará sobre ellos un rey».
10Entonces Samuel transmitió la advertencia del Señor al pueblo que pedía un rey.
11—Esta es la manera en que un rey gobernará sobre ustedes —les dijo—. El rey reclutará en el ejército a los hijos de ustedes y los asignará a los carros de guerra y a sus conductores, y los hará correr delante de sus carros. 12Algunos serán generales y capitanes del ejército, otros serán obligados a arar y a cosechar los cultivos del rey, y otros harán las armas y el equipo para los carros de guerra. 13El rey tomará a las hijas de ustedes y las obligará a cocinar, a hornear y a hacer perfumes para él.14Les quitará a ustedes lo mejor de sus campos, viñedos y huertos de olivos, y se los dará a sus oficiales. 15Tomará una décima parte de su grano y de sus cosechas de uvas y la repartirá entre sus oficiales y miembros de la corte.16Les quitará sus esclavos y esclavas, y les exigirá lo mejor de sus ganados y burros para su propio uso. 17Les exigirá la décima parte de sus rebaños, y ustedes serán sus esclavos. 18Cuando llegue ese día, suplicarán ser aliviados de este rey que ahora piden, pero entonces el Señor no los ayudará.
19Sin embargo, el pueblo se negó a escuchar la advertencia de Samuel.
—Aun así, todavía queremos un rey —dijeron ellos—. 20Nuestro deseo es ser como las naciones que nos rodean. El rey nos juzgará y será nuestro líder en las batallas.
21Así que Samuel le repitió al Señor lo que el pueblo dijo, 22y el Señor respondió: «Haz lo que te piden y dales un rey». Entonces Samuel estuvo de acuerdo y los envió a sus casas. (1 Samuel 8:5-22, NTV)
Entre las muchas cosas que nos ilustra este pasaje, hay una central que no debemos olvidar: los funcionarios gubernamentales son FALIBLES, tan pecaminosos como cada uno de nosotros. Quizás la diferencia más grande sea la del alcance de su pecado, dada la autoridad que manejan y el poder del que disponen, especialmente desde la capacidad coercitiva que les da la ley.
A la par de esta falibilidad de los gobernantes civiles, estamos llamados a reconocer la autoridad que tienen.  No podemos olvidar:
1Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.2Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado.3Pues las autoridades no infunden temor a los que hacen lo que está bien, sino en los que hacen lo que está mal. ¿Quieres vivir sin temor a las autoridades? Haz lo correcto, y ellas te honrarán. 4Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo.5Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.
6Por esas mismas razones, también paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen. (Romanos 13:1-6, NTV)
13Por amor al Señor, respeten a toda autoridad humana, ya sea al rey como jefe de Estado 14o a los funcionarios que él ha nombrado. Pues a ellos el rey los ha mandado a que castiguen a aquellos que hacen el mal y a que honren a los que hacen el bien.
15La voluntad de Dios es que la vida honorable de ustedes haga callar a la gente ignorante que los acusa sin fundamento alguno. 16Pues ustedes son libres, pero a la vez, son esclavos de Dios, así que no usen su libertad como una excusa para hacer el mal. 17Respeten a todos y amen a sus hermanos en Cristo. Teman a Dios y respeten al rey. (1 Pedro 2:13-17, NTV)
¿Cómo, entonces, podemos proceder con fidelidad a a las Escrituras y con responsabilidad y consciencia ciudadana? Ante la falibilidad de la autoridad civil y nuestro llamado a respetarla y someternos a ella, ¿qué pasa cuando estas no cumplen el mandato que les fue dado por Dios y que vemos tan claramente expresado en Romanos y en Pedro?
Quizás, podemos ver hacia la historia y aprender algo del antiguo Obispo de Milán, San Ambrosio.
Electo al obispado de Milán en el año 374 d.C., fue uno de los más destacados e importantes líderes de la antigua Iglesia.  El mismo San Agustín, que le escuchó predicar, hablaba de su gran carácter, talento y capacidad de comunicar las verdades de Dios al pueblo.  Para quienes participamos en la alabanza en la Iglesia, le debemos a él la introducción del canto alternado de los Salmos en la liturgia, además de que él mismo compuso muchos himnos.
De lo mucho que vale la pena destacar de este gran doctor de la Iglesia, fue un incidente en el año 390 d.C..  Ese año, el emperador Teodosio I, en sus esfuerzos por retomar el trono, masacró a 7000 personas en Tesalónica luego de que en una revuelta ciudadana, fuese asesinado el gobernador romano de esa provincia.  ¿Qué hizo Ambrosio ante esta situación?
1. Impidió que el emperador entrara a misa.
2. Lo excomulgó y lo llamó al arrepentimiento y a la restitución.
3. Luego de varios meses de disciplina y penitencia, le permitió nuevamente retornar a la Iglesia y recibir el sacramento eucarístico.
San Ambrosio aquí dio un tremendo ejemplo de como un cristiano puede ejercer resistencia sin traicionar su fe y tampoco su consciencia ciudadana.  Él no se rebeló, pero claramente señaló el pecado del emperador.  No sólo lo señaló y lo excomulgó, sino que hizo algo que es lo que hace que la resistencia “cristiana” pueda en efecto ser “cristiana”, llamó al emperador al ARREPENTIMIENTO.  Como padre de la Iglesia, pastor y teólogo, Ambrosio entendía la necesidad del arrepentimiento genuino como paso para reconciliar nuestra relación con Dios y con los demás.  NADIE está exento de esto, ni siquiera el emperador.  Al pararse firme sobre estos principios, San Ambrosio pudo llevar al emperador a través de un proceso centrado en el evangelio de arrepentimiento, restitución del daño hecho e incluso, restauración a la comunidad de fe.  Logró hacer todo esto sin dejar de entender la falibilidad del ser humano, y a la vez, sin faltar el respeto a la autoridad civil.
¿Qué podemos aprender y aplicar en nuestra situación actual de San Ambrosio?
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