Esperanza en el Día Malo

“Solo Tú eres mi esperanza en el día de la calamidad.”
(Jeremías 17:17b, NTV)

El camino del cristiano no siempre alumbra como con la luz del sol; tiene sus temporadas de oscuridad y de tormenta.  Es verdad, está escrito en la Palabra de Dios , “Te guiará por sendas agradables, todos sus caminos dan satisfacción;” (Proverbios 3:17, NTV) y esta es una gran verdad, de que estimamos que la religión le de tanto placer al hombre arriba (en el cielo) como abajo (en la tierra); pero la experiencia nos dice que el camino del justo debe ser  “…como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor.” (Proverbios 4:18b, NTV), aún así esa misma luz se ve eclipsada. Llegan momentos en que las nubes cubren el sol del creyente y él camina en oscuridad y no puede ver luz alguna.  Hay muchos creyentes que se han gozado en la presencia de Dios por un tiempo; han podido disfrutar de la luz del sol en sus primeros pasos en su vida cristiana; han caminado a través de los “verdes pastos” al lado de las “aguas mansas”, pero de repente ven que ese glorioso cielo se nubla; en lugar de la Tierra de Gosén, han entrado en el arenoso desierto; en lugar de agua dulce, encuentran ríos turbulentos de aguas amargas al gusto, y dicen, “Ciertamente si fuera hijo de Dios, esto no me pasaría.” ¡Oh! ¡No digas esto tú que caminas en oscuridad! Los mejores santos de Dios deben tomar del agua amarga; sus hijos más queridos deben llevar su cruz.  Ningún cristiano ha disfrutado jamás de prosperidad eterna; ningún creyente puede siempre mantenerse libre de problemas.  Quizás el Señor te colocó en un camino plano y sin nubes porque eras débil y tímido.  Los vientos fueron suaves para la oveja recién rasurada, pero ahora que eres fuerte en la vida espiritual, debes entrar a una experiencia más madura y áspera reservada a los hijos ya crecidos de Dios.  Necesitamos vientos y tempestades para ejercitar nuestra fe, para arrancar el podrido yugo de la auto-dependencia, y afirmar más firmemente nuestras raíces en Cristo.  El día malo revela a nosotros el valor de nuestra gloriosa esperanza.

Tomado, traducido y adaptado de las reflexiones diaras de Charles Spurgeon, disponibles en inglés aquí.

 

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