Cuándo la Búsqueda de Trabajo se hace Larga

(Traducción mía de un artículo personalmente muy relevante publicado originalmente en inglés aquí, titulado “When Your Are in Between Jobs” de Luke Murry)

“Transición de empleo.” “Entre trabajos.” “Desempleado.” Sea como sea que lo llamemos, estas temporadas suelen caracterizarse por la duda de nosotros mismos y ansiedad respecto al futuro. Mi prueba con el desempleo no fue nada distinta. Diez meses luego de terminar mi maestría, recibí una oferta de trabajo de parte del empleador que soñé en Washington, D.C. . Estaba muy entusiasmado –llevaba 6 años orando por este empleo, haciendo todo lo posible para presentarme como el mejor candidato posible. Finalmente, aquí estaba. Una oferta de trabajo que podía sostener en mis manos. Sentí que estaba hecho por las próximas décadas.

Fue también un gran alivio para mi entonces novia y yo. Luego de sostener una relación a larga distancia, viviendo en lados opuestos –primero del mundo y luego del país-, estábamos muy ansiosos de poder vivir en la misma ciudad. Con esta oferta de trabajo, sabía que podíamos establecernos en Washington y además, sabía que podía sostener financieramente a mi novia. Al mes de recibir la oferta, obtuve el permiso de su padre y le pedí a mi ahora esposa que se casara conmigo. Fijamos la fecha de la boda dos semanas después de mi graduación. No más “buenas noches” por teléfono. No más despedidas en aeropuertos. Todo estaba agarrando forma. Me sentía confiado que no importa que más pasara en mi vida, sería feliz.

Sin embargo, nunca imagine lo que pasaría después (tal como lo narraré abajo). A pesar de que la temporada que nos tocó vivir fue muy dura, viendo hacia atrás, estoy muy agradecido por ella. Me enseñó varias lecciones, de las cuales comparto a continuación 10.

  1. No te aferres de mano cerrada a tus planes delante de Dios. No dejé de orar luego de recibir la oferta laboral –con todo y sus condiciones-. Mi oración siguió siendo, “Que no sea mi voluntad, sino la Tuya.” Dios respondió a mi oración; solo que no de la manera en que yo esperaba. La oferta de trabajo dependía de que superara una prueba de polígrafo. En la providencia de Dios, el polígrafo registró que mentí, a pesar de que dije siempre la verdad. Así que, en plenos finales de la Universidad, dos semanas antes de graduarme, y un mes antes de casarme, recibí la noticia que la oferta del trabajo de mis sueños oficialmente quedaba sin efecto. Por ´mas doloroso que esto fue, me record que Dios es Dios, y no yo. “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.” (Proverbios 19:21, NTV)
  2. Examina tu corazón y sé honesto acerca de tus motivaciones. En este mundo caído, aún nuestros mejores deseos pueden ser manchados por el pecado. ¿Realmente quería glorificar a Dios a través del trabajo de mis sueños? Seguro. Pero también este trabajo traía consigo muchos placeres del mundo: un gran sueldo, una (falsa) promesa de estabilidad de largo plazo, una buena dosis de poder y mucha admiración de personas alrededor del mundo. Mientras que me encantaría pensar que yo únicamente quería glorificar a Dios, es difícil creer que cualquiera de esas tentaciones mundanas no se hayan infiltrado en mi deseo de trabajar en ese empleo soñado. ¡Alabado sea Dios por no dejarme caer en ellas! Si el desempleo nos ayuda a eliminar al menos un ídolo, ¿acaso no vale la pena la prueba?
  3. Eso no significa la causa raíz de tu desempleo sea necesariamente el pecado. Sí, el desempleo puede llegar por causa del pecado (Gálatas 6:7), pero como con cualquier prueba, el pecado no siempre es la causa (leer todo el libro de Job). Cuando atravesamos el desempleo en carne propia, o cuando estamos aconsejando a alguien desempleado, debemos tener cuidado de no asumir que el pecado es la causa de su desempleo.
  4. El trabajo es un don de Dios. Luego de nuestra boda, me mudé de vuelta a California para que mi nueva esposa pudiese terminar su maestría. Como alguien que estaba intentando encontrar trabajo en una agencia de seguridad nacional, dejar Washington era lo último que debía haber hecho. Seguí con la búsqueda de empleo a distancia, teniendo como objetivo aplicar a organizaciones que estuviesen, en principio, en mi área de experiencia. Sin embargo, pronto la falta de respuesta comenzó a acumularse y entonces empecé a buscar trabajo donde fuera. Apliqué para ser mesero, recepcionista de hotel y empleado en una cadena de comida rápida –cualquier cosa que pagara las cuentas. Aún allí, me quedaba corto. O estaba sobre calificado, o no lo suficiente. Fue una experiencia en humildad. No importa qué tan duro intenté, no podía forzar a ningún empleador a decir sí. Tenía 24 años y una maestría, y perdía oportunidades de empleo frente a chicos de secundaria. El Señor proveería en Su tiempo. Mi responsabilidad era permanecer fiel en la búsqueda de empleo y confiar el resto a Dios.
  5. Querer trabajar es algo bueno – desesperarse por la falta de trabajo no lo es. Dios nos creó para trabajar (Génesis 1:27-28 y 2:15). Pablo le recuerda a los tesalonicenses que «Los que no están dispuestos a trabajar que tampoco coman». (2 Tesalonicenses 3:10b, NTV) y a Timoteo le recuerda que si podemos y aún así, nos rehusamos a proveer para nuestra familia, somos peores que los incrédulos (1 Timoteo 5:8). Estaba triste de no poder conseguir trabajo. Eso es normal y hasta bíblico, pero si estamos desesperados por la falta de trabajo, entonces quizás sea una señal de alerta de que estemos buscando nuestra identidad en el trabajo en lugar de Dios. Quizás parezca una contradicción en sí misma, pero aquellos que están luchando por conseguir trabajo pueden ser aquellos más propensos a hacer un ídolo del trabajo. El trabajo es un don de Dios, pero no resolverá todos tus problemas. No es tu salvación. El poder diferenciar entre la tristeza que viene de Dios y aquella que es una desesperanza idólatra es difícil, así que es importante buscar a otros creyentes que nos ayuden a identificar en dónde estamos parados.
  6. Tu identidad es “hijo de Dios”, no es “alguien que trabaja en _____”. Aquellos que conozco que han atravesado la prueba del desempleo también parecen entender mejor que muchos que su empleo no los define. No creo que eso sea coincidencia. La Escritura está llena de ejemplos (Job, Abraham, Daniel, David, etc.) de cuando Dios quita todo para exponer a las personas la realidad de en qué y en quién realmente confían. Principalmente, los cristianos son hijos de Dios (Gálatas 3:26).
  7. Los no-creyentes te están viendo – ¿cuál será tu testimonio? Durante mi desempleo, tanto mi familia como amigos no-creyentes estaban observando cómo manejaba la prueba. ¿Me entregaría a la preocupación o mostraría una férrea confianza en Dios?
  8. La iglesia local es importante. Mi iglesia local fue un lugar en dónde pude encontrar consuelo y esperanza mientras atravesé la prueba del desempleo. No me tildaron como “el desempleado”. En cambio, constantemente era recordado de mi valor eterno a los ojos del Señor soberano y la gran esperanza que tengo en Cristo de que algún día todas estas pruebas llegarían a su fin. ¿Están siendo los desempleados en tu congregación, aún a un nivel subconsciente, vistos como menos valiosos, inteligentes o trabajadores? ¿Está siendo el evangelio predicado cada semana de tal manera que todos recuerden su valor delante del Padre y la esperanza que tenemos en Cristo?
  9. Cuando el señor provee trabajo, aún si este no es el que más nos apasiona, debemos siempre estar agradecidos. Diez meses después de la desaparición del trabajo de mis sueños, Dios me dio trabajo en el área de correo en una agencia gubernamental en Washington. No era mi campo ni tampoco el trabajo de mis sueños, pero al menos era algo. Muchas veces enfatizamos sobre manera lo que hacemos en lugar de cómo o para quién lo hacemos. Sin embargo, la Escritura no podría ser más clara: “23Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. 24Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que el Amo a quien sirven es Cristo;” (Colosenses 3:23-24, NTV) Dios nos llama a ser fieles y trabajar duro, aún si es en un trabajo que no nos gusta.
  10. Dios nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Realmente pensaba que por la manera en que Dios me había hecho, con mis talentos y habilidades, que encajaba perfectamente en el trabajo de mis sueños. Estaba equivocado, pero Dios, a Quién podemos decirle: “13Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre.” (Salmo 139:13, NTV) sabía esto de antemano. Siete años después, ahora puedo ver cómo Él estaba dirigiendo mis pasos desde el área de correo a un trabajo en dónde hoy gestiono temas acerca del terrorismo para el Congreso. Encajo mucho mejor aquí que en mi supuesto trabajo de los sueños.

En nuestros días, el desempleo puede ser visto como una gran marca de vergüenza, pero no debe serlo. Como manejemos nosotros mismos nuestro desempleo y la forma en la que aconsejamos a otros que están atravesando el desempleo son dos excelentes oportunidades de glorificar el nombre de Dios.

Luke Murry es anciano en Capitol Hill Baptist Church en Washington, D.C. Está casado y es padre de tres hijos. Actualmente trabaja en temas de política exterior para el Congreso de Estados Unidos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s