Dios se hizo hombre…¿Y….? (parte 4 y final)

Terminamos esta serie de reflexiones sobre la importancia y las implicaciones que tiene la realidad de la Navidad: Dios se hizo hombre.  Vimos en las últimas tres entregas temas relacionados al hecho de que Jesús es Dios mismo -la segunda Personas de la Trinidad- entrando en nuestra historia, en el mundo que Él mismo creó y que Él mismo sostiene con el poder de Su Palabra (Hebreos 1:3).  Vimos también como a través de Jesús, Dios encarnado, podemos -en un mundo dominado por el relativismo- conocer la Verdad y entonces, poder aspirar a vivir en verdadera libertad.  Vimos también que Jesús vino a modelar cómo es la vida de un ser humano en toda su plenitud y como, además de modelar esto, Él mismo cerró la brecha entre nuestra imposibilidad de llenar el estándar y las exigencias de la santidad de Dios al ponerse Él mismo como nuestro sustituto y pagar en la Cruz la pena por nuestro pecado.

Estos tres aspectos de la encarnación de Jesús podemos verlos como conjunto en el tema con el que quiero cerrar esta serie de reflexiones navideñas: INICIATIVA.  La encarnación, la Navidad, la venida de Dios a la Tierra en forma humana, el sacrificio de Jesús en la Cruz….todo esto nace del corazón de Dios, ha sido siempre parte del plan de Dios para la humanidad y siempre fue idea e iniciativa de Dios.

En el ámbito profesional en el que me desempeño -el mercadeo-, una de las palabras clave que ha sido moda en los últimos años es la palabra proactividad.  “¡Debemos ser proactivos!” se dice en las empresas.  “¡Debemos anticiparnos a las necesidades de los clientes!” es otra frase que normalmente se escucha.  Ser proactivos, hoy en día, es una virtud del mundo moderno.  Entendemos el valor de anticiparnos lo mejor posible a lo que viene -predecimos el clima, el desempeño de los mercados, los candidatos que se perfilan a ocupar puestos de elección pública, etc- porque sabemos que mientras mejor lo hacemos, mejor podemos prepararnos y mejores decisiones podemos tomar.  Todo esto, de alguna forma, nos revela algo del corazón de Dios, aunque de manera imperfecta, de lo que significa tomar la iniciativa.

Nosotros, los seres humanos, nos anticipamos al futuro de manera imperfecta porque nuestro conocimiento, tanto del presente, como del futuro, es imperfecto.  Con lo que tenemos a nuestra disposición hacemos lo mejor posible para tomar decisiones acertadas.  Esto es algo bueno y es algo responsable también.  Pero, como todos lo sabemos por experiencia, es imposible predecir el futuro con absoluta certeza.

Para Dios, sin embargo, el futuro no es un tiro de los dados.  Él lo conoce desde antes de la fundación del mundo y es por esta razón que no hay ambivalencia, duda o riesgo alguno en haber enviado a Jesús a la Tierra.  Jesús mismo nos da certeza de estas verdades:

18Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla. Esto es lo que ordenó mi Padre». (Juan 10:18, NTV)

1Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. 2Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. 3Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores, así no se cansarán ni se darán por vencidos. (Hebreos 12:1-3, NTV)

Vemos que esta iniciativa estaba desde siempre en el corazón del Padre, desde la primera promesa en Génesis:

15Y pondré hostilidad entre tú y la mujer,
y entre tu descendencia y la descendencia de ella.
Su descendiente te golpeará la cabeza,
y tú le golpearás el talón». (Génesis 3:15, NTV)
Y luego el mismo apóstol Juan lo recalcaría en este pasaje que todos conocemos:16»Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. (Juan 3:16-17, NTV)
Además, todo esto estaba previsto para un tiempo específico:
6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. (Romanos 5:6, NTV)
1Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. 2Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo. 3El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo. 4Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos. (Hebreos 1:1-4, NTV)
Y por si fuera poco, es iniciativa de Dios el guardarnos y sostenernos hasta el día que se cumpla la promesa del retorno de Jesús a la Tierra, ya no como un bebé, sino como Rey:
23Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. 24Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel. (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
Entonces, podemos gozarnos esta Navidad de la iniciativa de Dios a favor nuestro.  Nosotros no lo pedimos, nosotros no lo buscamos.  Él nos amó, nos buscó, vino, se dio a Sí mismo y resucitó al tercer día para luego ascender a los cielos y de esa manera, completar nuestra esperanza de poder estar y pasar la eternidad con Él.
Navidad se trata de eso.  Dios, por iniciativa propia movida por el amor a Su Creación, se hizo hombre, habitó entre nosotros, nos mostró el camino, caminó el camino y nos abrió las puertas al Trono de la Gracia.
Dios se hizo hombre.  No hay nada más importante que eso esta Navidad. ¡Feliz Navidad!

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