El Verbo ES Sustantivo


En su columna semanal “Imagen es Percepción” publicada este pasado 19 de diciembre en Prensa Libre, titulada “Verbo, no Sustantivo”, Brenda Sanchinelli nos invita y hace un llamado a la acción en estas fechas de fin de año a favor de los más necesitados y a favor de las causas tan urgentes que necesitan ser resueltas en nuestro país.

La columnista hace alusión al mensaje de la canción del mismo nombre del cantautor guatemalteco Ricardo Arjona “Jesús, Verbo no Sustantivo” en la que se hace un importante llamado a dejar de un lado la hipocresía religiosa y poner la fe en acción.

Sin embargo, tanto la canción de Arjona como en esta columna, nos estamos perdiendo algo fundamental, algo muchísimo más importante y cierto que lo que tanto Arjona como la respetable periodista Sanchinelli nos dicen.

¿Dónde está el problema? El problema está en el uso que le dan a la palabra “verbo”, tanto en la columna, como en la canción.  La palabra “verbo”, es utilizada en el sentido gramatical de una palabra que denota una acción, una acción por parte de un “sustantivo”.  Al afirmar entonces que Jesús es “verbo” y no “sustantivo”, reducimos a Jesús a una idea, a “buenas obras” que carecen de raíz, de fundamento y del verdadero sentido del por qué de esas buenas obras.

En el primer capítulo del Evangelio de Juan, leemos las siguientes palabras refiriéndose a Jesús como “Verbo”:

1En el principio ya existía el Verbo,
y el Verbo estaba con Dios,
y el Verbo era Dios.
2Él estaba con Dios en el principio.
3Por medio de él todas las cosas fueron creadas;
sin él, nada de lo creado llegó a existir.
4En él estaba la vida,
y la vida era la luz de la humanidad.
5Esta luz resplandece en las tinieblas,
y las tinieblas no han podido extinguirla.
14Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Este “Verbo” no es una idea, no es una acción, ni siquiera es un llamado a la acción.  Este Verbo es EL Sustantivo.  Es Dios mismo.  Es Dios el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, Dios que se hizo hombre y sin perder nada de Su naturaleza divina, tomó para Sí toda la naturaleza humana para redimirnos a través de Su vida, muerte, resurrección y ascensión.
Antes de hablar de buenas acciones, hablemos de Aquel que vino a redimir aún nuestras buenas acciones, porque aparte de Él, aún nuestras buenas obras están motivadas por nuestro egoísmo, orgullo y falso sentido de superioridad moral.
Sin comprender que el Verbo (el Logos encarnado), es Sustantivo, vamos a creernos falsas ideas de Jesús.  Vamos a querer que sea nuestro gurú, nuestro líder, nuestro maestro, pero nunca nuestro Señor, Rey y Dios.  Nuestra eternidad y el mismísimo sentido y propósito de cualquier buena obra que hagamos depende de esta diferencia.
Admiro a la periodista brasileña Rachel Sheherazade por hacernos ese desafío:
“¿Sabe quién va a faltar en la fiesta de Navidad? ¡El cumpleañero del día! Así como en la noche de Su nacimiento, nadie le abrió las puertas y Jesús no tiene dónde reposar.  No hay espacio para Él en la casa de los hipócritas de cenas hartas y corazones vacíos.  En el teatro de Navidad entre Santa Clauses, árboles relucientes y montañas de regalos, Cristo pasa desapercibido como si el buen viejito fuera un hecho y el Buen Dios fuese la leyenda.  Yo no creo en una Navidad de consumo, en la Navidad de gentilezas fugaces, del altruísmo anual.  Navidad son las buenas nuevas eternas de un Dios que se hizo siervo, del Verbo que se hizo carne, del Profeta que revolucionó el mundo por la paz y por el amor.  Y es nuestro amor a ese Niño Dios que los cristianos genuinos celebran en la verdadera Navidad.  Nació hoy un Salvador, que es Cristo el Señor.  Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.”
“Sabe quem vai faltar na festa de natal? O aniversariante do dia! Como na noite do seu nascimento, ninguém lhes abriu as portas e Jesus não tem onde repousar. Não há espaço pra Ele na casa dos hipócritas de ceias fartas e corações vazios. No teatro do natal entre papais noéis, pinheiros reluzentes, embrulhos de presentes, Cristo passa despercebido como se o bom velhinho fosse fato e o Bom Deus é que fosse lenda. Eu não acredito num natal consumo, o natal das gentilezas fugazes, do altruísmo anual. Natal são as boas novas eternas de um Deus que se fez servo, do Verbo que se fez carne, do Profeta que revolucionou o mundo pela paz e pelo amor. E é por amor a esse Deus Menino que os cristãos genuínos celebram o verdadeiro natal. Nasceu hoje o Salvador, que é Cristo Senhor. glória a Deus nas alturas e paz na terra aos homens de boa vontade.”
Rachel Sheherazade – SBT Brasil – 24/12/2013

La canción de Arjona termina diciendo:

“Jesus no bajes a la tierra quedate ahí arriba
todos lo que han pensado como tu hoy estan boca arriba
olvidados en algún cementerio, de equipaje sus ideales
murieron con la sonrisa en los labios
porque fueron verbo y no sustantivo.”

Ese final nos deja sin esperanza.  La verdadera promesa de Navidad, contenida en el final de la Biblia nos dice lo contrario:

12«¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho. 13Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin.
14»Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para poder entrar por las puertas de la ciudad.15Pero afuera se quedarán los perros, los que practican las artes mágicas, los que cometen inmoralidades sexuales, los asesinos, los idólatras y todos los que aman y practican la mentira.
16»Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para darles a ustedes testimonio de estas cosas que conciernen a las iglesias. Yo soy la raíz y la descendencia de David, la brillante estrella de la mañana.»
 17El Espíritu y la novia dicen: «¡Ven!»; y el que escuche diga: «¡Ven!» El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida.
18A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro. 19Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro.
20El que da testimonio de estas cosas, dice: «Sí, vengo pronto.»
Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
21Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén. (Apocalipsis 22:12-21, NVI)
Me quedo con este final.
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Posada: Un Disco Descaradamente Cristiano


Tengo en mi colección musical, una selección de más o menos 500 canciones navideñas.  Cada fin de año, arrancando el 15 de noviembre, esa lista de arreglos tan distintos de las tradicionales canciones y villancicos de la época resuenan una y otra vez.

Desde que empecé a observar la temporada de Adviento, la música verdaderamente navideña -la que habla de Jesús y no la que trata de viajes en trineo en la nieve (óigase “Jingle Bells” o “Sleigh Ride”) o de “blancas navidades” (“I’m Dreaming of a White Christmas”)- ha venido a cobrar especial relevancia para mi vida.  Canciones como “Santa la Noche”, “Ángeles Cantando Están”, “Oíd un Son en Alta Esfera”, “Al Mundo Paz”, entre muchas otras, renuevan en mi corazón el sentido de Navidad y la esperanza del Evangelio de Salvación que es lo que Jesús vino a traer al mundo.

Este año, la cantante guatemalteca Gaby Moreno, sacó un disco navideño que a mi criterio, destaca de una manera especial.  Cuando por primera vez se anunció su disco, pensé que iba a ser otro de esos discos navideños hechos únicamente para vender copias, ambientar centros comerciales y llenarnos de nuevo con canciones de invierno y de Santa Claus y no de Navidad…quizás incluiría una canción como “Noche de Paz”, pero de allí no pasaría.

¡Qué sorpresa me llevé! El disco “Posada” de Gaby Moreno es lo más refrescante que he escuchado este año en música navideña.  Este es un disco descaradamente cristiano con una selección de canciones valiente, evangélicamente agresiva y con arreglos de una calidad musical de primera clase y a la vez, humilde, accesible, cercano al corazón latino y que está hecho para ser no solo escuchado como música de fondo, sino que está hecho para ser cantado y para traer a las masas lo que la iglesia -inexplicablemente- tenía escondido en los antiguos himnarios: la riqueza evangélica, bíblica y cristocéntrica de los villancicos navideños.

Con música seleccionada y arreglada de manera cuidadosa y con atención al más mínimo detalle, “Posada” es un disco íntimo, que rápidamente captura el corazón y nos tiene cantando acerca de cómo la Sangre de Cristo perdona nuestros pecados y de la esperanza que solamente podemos encontrar en él.  Con canciones como “Peces en el Río” y “Con Mi Burrito Sabanero” nos acerca a la humanidad y lo cotidiano de la vida de Jesús y su familia en la Tierra y nos acerca a nosotros mismos al pesebre y a la vida de Jesús a través de música que nos hace sentir la letra y nos invita a participar de ella.

Si van a comprar un disco navideño, si van a ambientar su reunión familiar de Nochebuena con música, que sea con “Posada”.  Canten juntos en familia alrededor de esta música y que en sus corazones quede grabado el Evangelio del Señor Jesucristo a través de esta excelsa producción musical.

Lo que María sí sabía….


En las últimas semanas, la canción “Mary Did You Know?” se ha vuelto sumamente popular en redes sociales gracias a una lindísima versión que grabó el grupo acapella “Pentatonix”.  Es una canción que abre nuestros ojos a una mayor comprensión de lo que celebramos en Navidad.  Navidad deja de ser, luego de escuchar esta canción, una especie de “baby shower” en esteroides, y regresa a ser lo que siempre fue desde el principio…la celebración de la entrada de Dios mismo a la historia humana para redimirla a través del servicio y del sacrificio de la vida misma.

La canción está planteada como una serie de preguntas a María, madre de Jesús.  Esta jovencita, quizás adolescente de no más de 15-16 años, electa por Dios para ser, a través del Espíritu Santo, Theotokos, la portadora misma de Dios, la mamá de Dios, la mamá terrenal de Jesús, quizás no tenía, en el momento de la Anunciación, respuesta a todas esas preguntas….pero quizás, por lo que vemos en la Biblia, sabía más de lo que creemos y fue creciendo en ese conocimiento y experiencia a lo largo de los 33 años que fue madre de Jesús en la Tierra.

¿Qué sabía María?

1. María, aunque sorprendida, sabía que había sido electa por Dios:

28El ángel entró en el lugar donde ella estaba, y le dijo:
—¡Salve, llena de gracia! El Señor está contigo.
29María se sorprendió de estas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.  (Lucas 1:28-29, DHH)
2. María sabía que su Hijo sería muy especial:
30El ángel le dijo:
—María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 31Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo, y Dios el Señor lo hará Rey, como a su antepasado David, 33para que reine por siempre sobre el pueblo de Jacob. Su reinado no tendrá fin.
34María preguntó al ángel:
—¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre?
35El ángel le contestó:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. (Lucas 1:30-35, DHH)
3. María sabía que servía a Dios mismo:
38Entonces María dijo:
—Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho.
Con esto, el ángel se fue. (Lucas 1:38, DHH)
4. María sabía que sería madre del Señor mismo:
41Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se le estremeció en el vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. 42Entonces, con voz muy fuerte, dijo:
—¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo! 43¿Quién soy yo, para que venga a visitarme la madre de mi Señor? 44Pues tan pronto como oí tu saludo, mi hijo se estremeció de alegría en mi vientre. 45¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho! (Lucas 1:41-45, DHH)
5. María sabía que necesitaba un Salvador, y que este era Dios:
46María dijo: «Mi alma alaba la grandeza del Señor; 47mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador. (Lucas 1:46-47, DHH)
6. María sabía que, aunque había sido electa de forma especial para tener un papel crucial en la historia del Evangelio, esto no se trataba de ella, sino de Dios, el cumplimiento de Sus promesas y Su plan de redención de la humanidad:
48Porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora siempre me llamarán dichosa;
49porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
50Dios tiene siempre misericordia
de quienes lo reverencian.
51Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
52derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
53Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
54Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
55Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.» (Lucas 1:48-55, NTV)
7. María sabía que lo que estaba viviendo era demasiado profundo y había que atesorarlo, meditar sobre ello y procesarlo con fe y esperanza:
15Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:
—Vamos, pues, a Belén, a ver esto que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.
16Fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo. 17Cuando lo vieron, se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, 18y todos los que lo oyeron se admiraban de lo que decían los pastores. 19María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente. (Lucas 2:15-19, DHH)
8. María sabía que el destino de su Hijo no sería algo fácil, pero sería algo glorioso y que para ella, personalmente, sería algo muy difícil y doloroso de llevar:
25En aquel tiempo vivía en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Era un hombre justo y piadoso, que esperaba la restauración de Israel. El Espíritu Santo estaba con Simeón, 26y le había hecho saber que no moriría sin ver antes al Mesías, a quien el Señor enviaría. 27Guiado por el Espíritu Santo, Simeón fue al templo; y cuando los padres del niño Jesús lo llevaron también a él, para cumplir con lo que la ley ordenaba,28Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo:
 29«Ahora, Señor, tu promesa está cumplida:
puedes dejar que tu siervo muera en paz.
30Porque ya he visto la salvación
31que has comenzado a realizar
a la vista de todos los pueblos,
32la luz que alumbrará a las naciones
y que será la gloria de tu pueblo Israel.»
 33El padre y la madre de Jesús se quedaron admirados al oír lo que Simeón decía del niño. 34Entonces Simeón les dio su bendición, y dijo a María, la madre de Jesús:
—Mira, este niño está destinado a hacer que muchos en Israel caigan o se levanten. Él será una señal que muchos rechazarán, 35a fin de que las intenciones de muchos corazones queden al descubierto. Pero todo esto va a ser para ti como una espada que atraviese tu propia alma. (Lucas 2:25-35, DHH)
9. María sabía que le faltaba mucho qué aprender acerca de su Hijo y que debía tomar eso con paciencia y sabiduría:
48Cuando sus padres lo vieron, se sorprendieron; y su madre le dijo:
—Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia.
49Jesús les contestó:
—¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?
50Pero ellos no entendieron lo que les decía.
51Entonces volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos en todo. Su madre guardaba todo esto en su corazón. 52Y Jesús seguía creciendo en sabiduría y estatura, y gozaba del favor de Dios y de los hombres. (Lucas 2:48-52, DHH)
10. María sabía que debía obedecer a Jesús:
1Al tercer día hubo una boda en Caná, un pueblo de Galilea. La madre de Jesús estaba allí, 2y Jesús y sus discípulos fueron también invitados a la boda. 3Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo:
—Ya no tienen vino.
4Jesús le contestó:
—Mujer, ¿por qué me dices esto? Mi hora no ha llegado todavía.
5Ella dijo a los que estaban sirviendo:
—Hagan todo lo que él les diga. (Juan 2:1-5, DHH)
11. María sabía su lugar:
31Entre tanto llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero se quedaron afuera y mandaron llamarlo. 32La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le dijo:
—Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera, y te buscan.
33Él les contestó:
—¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?
34Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió:
—Éstos son mi madre y mis hermanos. 35Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. (Marcos 3:31-35, DHH)
27Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer entre la gente gritó:
—¡Dichosa la mujer que te dio a luz y te crió!
28Él contestó:
—¡Dichosos más bien quienes escuchan lo que Dios dice, y lo obedecen! (Lucas 11:27-28, DHH)
12. María estuvo allí hasta el final y sabía que Jesús la amó hasta el final:
25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, y la hermana de su madre, María, esposa de Cleofás, y María Magdalena. 26Cuando Jesús vio a su madre, y junto a ella al discípulo a quien él quería mucho, dijo a su madre:
—Mujer, ahí tienes a tu hijo.
27Luego le dijo al discípulo:
—Ahí tienes a tu madre.
Desde entonces, ese discípulo la recibió en su casa. (Juan 19:25-27, DHH)
13. María sabía que necesitaría de la comunidad de la iglesia el resto de sus días:
14Todos ellos se reunían siempre para orar con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. (Hechos 1:14, DHH)
En todos estos pasajes, vemos en la vida de María, una vida fiel, humilde y radicalmente transformada por las promesas de Dios, el poder del Espíritu Santo y por la vida del Hijo.  Vemos en ella un ejemplo de perseverancia y fe, aún a pesar de su corta edad al momento de concebir, del cuidado del resto de sus hijos e hijas (Mateo 13:55-56), y del tremendo sufrimiento al ver a su Hijo mayor sufrir en la Cruz.  Vemos que como madre, no sólo crió bien a Jesús sino incluso, dos de sus hijos –Santiago y Judas–  llegaron a ser grandes siervos de la Iglesia y autores inspirados por el Espíritu Santo para dejarnos su legado en la Biblia.
Tenemos mucho que aprender de la María que nos presenta la Escritura.  Ella quizás nunca supo las respuestas a las preguntas de la canción “Mary did you know?”, pero Dios aún así usó a esta humilde jovencita y nos dejó en su ejemplo plasmado en la Biblia, un modelo digno de imitar por su humildad, obediencia, sujeción y fe.

¿Qué significa enseñar “todo el consejo de Dios”?


Dentro del movimiento reformado moderno, existe un celo particular por la centralidad del Evangelio en todas las cosas, particularmente en la predicación y proclamación de la Palabra desde los púlpitos de nuestras iglesias.

Este celo es bíblico y claramente justificado cuando leemos pasajes como Lucas 24:13-35, Juan 1, Colosenses 1:15-20 y Hebreos 1 que resaltan la supremacía de Cristo y Su Evangelio. También vemos en 1 de Corintios 15:1-8 que Pablo insiste en que el mensaje del Evangelio es central, primordial y lo más importante que él pudo haber transmitido a las iglesias que plantó y a las personas que sirvió.

Al mismo tiempo, escuchamos una frase paralela a esta de hacer todo “centrado en el Evangelio”. Esta frase, dirigida principalmente a manera de exhortación a los predicadores, es que ellos deben siempre predicar y/o enseñar “todo el consejo de Dios”.  ¿Qué significa esto? ¿Hay acaso algo más que el Evangelio? Esta es una pregunta genuina y podría generar tensiones a la hora de prepararse para enseñar y predicar la Palabra. ¿Cómo podemos integrar la afirmación reformada de “Sola Scriptura” a este tema?

¿Qué entendemos entonces por “todo el consejo de Dios”? Definamos esta frase como todo lo que Dios tiene qué decir a través de Su Palabra acerca de la experiencia humana completa. Dios, Creador de todo lo que existe, nos entregó en Su Palabra la revelación de Su propia naturaleza y carácter, Palabra que toma su máxima expresión en la Persona de Jesucristo, el Logos (Palabra) encarnado (Juan 1:1-5, 10-14). Jesús al encarnarse, afirmó ser Él mismo la Verdad (Juan 14:6) y también, en Su oración sacerdotal, le dio a la Palabra de Dios ese mismo estatus de Verdad (Juan 17:17). Entonces, cuando entramos en la Palabra de Dios a través de Jesús y guiados por el Espíritu Santo (Juan 16:13-15) nos encontramos con que podemos, de manera real, conocer la Verdad y eso significa, que es posible conocer la verdad de todas las cosas.

Toda verdad es, en última instancia, una verdad que Dios nos permite conocer y que nos revela algo acerca de Él mismo. Dios es la fuente de toda la Verdad, y por ende, todas las verdades que existen –que son 100% comprobables y ciertas- son parte de esa gran y última Verdad de Dios. Conocer la verdad de algo es algo que debe motivarnos a adorar a Dios porque nos permite conocer algo más acerca de Él.

Cuándo exponemos algo acerca de la experiencia humana, podemos confiar en que la Palabra de Dios nos dará lo que necesitamos saber para poder, literalmente, aconsejar a otros, desde lo que Dios dice acerca de Él mismo y acerca de nosotros. Podemos confiar también que, mientras seamos guiados por el Espíritu Santo, la exposición de la Palabra de Dios, sea el tema del que se trate –finanzas, matrimonio, vida civil, temas culturales, etc.-, la Palabra de Dios traerá luz (Salmo 119:130) a las tinieblas y eso expondrá nuestro pecado, nos guiará al arrepentimiento con esperanza (2 Corintios 7:10) que es, en última instancia, un encuentro con Jesús y Su Evangelio.

Además de eso, debemos entender adecuadamente la afirmación de “Sola Scriptura”. Esta frase no significa que leemos la Biblia en un vacío –cultural, espacial y temporal-. Sola Scriptura no significa Scriptura Nuda (la Biblia y nada más). Reconocemos en la Providencia de Dios que Él le ha entregado al ser humano la capacidad de indagar, investigar, experimentar y conocer. Parte de la experiencia humana es la razón y a partir del uso y ejercicio de esta, poder conocer la verdad acerca del mundo que nos rodea. Hay muchos temas en los cuales la Biblia guarda silencio –sea porque simplemente no son relevantes, no eran situaciones que los autores de los textos enfrentaron en sus tiempos o simplemente no entran dentro de lo que Dios decidió revelar de manera explícita a nosotros.

La Biblia no nos dice acerca de qué sistema de gobierno es el mejor, tampoco nos ayuda a resolver física cuántica o a determinar el precio de los bienes y servicios que necesitamos y que adquirimos con nuestro dinero. Dios le dio al ser humano la capacidad de, a través del buen uso de su razón, descubrir todas estas cosas y mucho más. Al ir descubriendo la verdad acerca de estas cosas, conocemos más acerca de Dios y nos damos cuenta como todas estas verdades se alinean, sujetan y someten, en última instancia, a la Verdad de la Palabra de Dios.

Además de esto, como recipientes de la Palabra de Dios en el siglo 21, en mi caso, como un guatemalteco que recibe la Palabra de Dios en estos tiempos, debo reconocer con humildad que la Biblia no fue escrita con la Guatemala del año 2014 en mente. Debo reconocer también que no soy el único que lee e interpreta el texto. A través de los siglos, incontables hombres y mujeres fieles han dejado sangre, sudor y lágrimas por la preservación del mensaje, la Palabra y la doctrina de manera íntegra, relevante y lo más apegada al sentido original que los autores originales tenían para su audiencia original. Aquí es dónde entra una palabra que a los evangélicos no nos gusta mucho porque la hemos entendido mal…aquí es dónde entra la Tradición. ¿¡Qué!? Sí, la Tradición….la Tradición entendida como la fiel, constante y consistente interpretación, lectura y enseñanza de las verdades de la Palabra de Dios a través de los siglos a lo largo de distintas épocas, lugares, culturas e idiomas. Dios no ha dejado de hablar y no solamente es en el 2014 con la moda de la teología reformada que nos está hablando. Existe una Tradición dentro de la historia de la Iglesia que nos enseña cómo el consejo completo de la Palabra de Dios se ha venido enseñando y no debemos…no podemos ser ajenos a eso si hemos de ser fieles en nuestro apego a la Escritura y a la Iglesia del Señor Jesús.

¿Es posible enseñar “todo el consejo de Dios” y aún así ser “centrado en el Evangelio”? ¡Sí! Apegados a la Palabra –a través de Jesús, guiados por el Espíritu Santo con hambre de conocer al Padre-, usando bien nuestra razón para descubrir más verdades acerca del mundo que Dios creó y valorando la Tradición que gracias al trabajo, esfuerzo, devoción, piedad e incluso vida de los hermanos y hermanas que nos precedieron en la fe y en la vida, podemos conocer hoy y usar para servir bien a la Iglesia hoy y dejar nosotros mismos también un legado que otros en el futuro puedan usar para la gloria de Dios y el gozo de la gente.

(Este artículo originalmente lo escribí para Evangelio Verdadero, dónde pueden encontrar muchos más recursos muy útiles)

Cuándo la Búsqueda de Trabajo se hace Larga


(Traducción mía de un artículo personalmente muy relevante publicado originalmente en inglés aquí, titulado “When Your Are in Between Jobs” de Luke Murry)

“Transición de empleo.” “Entre trabajos.” “Desempleado.” Sea como sea que lo llamemos, estas temporadas suelen caracterizarse por la duda de nosotros mismos y ansiedad respecto al futuro. Mi prueba con el desempleo no fue nada distinta. Diez meses luego de terminar mi maestría, recibí una oferta de trabajo de parte del empleador que soñé en Washington, D.C. . Estaba muy entusiasmado –llevaba 6 años orando por este empleo, haciendo todo lo posible para presentarme como el mejor candidato posible. Finalmente, aquí estaba. Una oferta de trabajo que podía sostener en mis manos. Sentí que estaba hecho por las próximas décadas.

Fue también un gran alivio para mi entonces novia y yo. Luego de sostener una relación a larga distancia, viviendo en lados opuestos –primero del mundo y luego del país-, estábamos muy ansiosos de poder vivir en la misma ciudad. Con esta oferta de trabajo, sabía que podíamos establecernos en Washington y además, sabía que podía sostener financieramente a mi novia. Al mes de recibir la oferta, obtuve el permiso de su padre y le pedí a mi ahora esposa que se casara conmigo. Fijamos la fecha de la boda dos semanas después de mi graduación. No más “buenas noches” por teléfono. No más despedidas en aeropuertos. Todo estaba agarrando forma. Me sentía confiado que no importa que más pasara en mi vida, sería feliz.

Sin embargo, nunca imagine lo que pasaría después (tal como lo narraré abajo). A pesar de que la temporada que nos tocó vivir fue muy dura, viendo hacia atrás, estoy muy agradecido por ella. Me enseñó varias lecciones, de las cuales comparto a continuación 10.

  1. No te aferres de mano cerrada a tus planes delante de Dios. No dejé de orar luego de recibir la oferta laboral –con todo y sus condiciones-. Mi oración siguió siendo, “Que no sea mi voluntad, sino la Tuya.” Dios respondió a mi oración; solo que no de la manera en que yo esperaba. La oferta de trabajo dependía de que superara una prueba de polígrafo. En la providencia de Dios, el polígrafo registró que mentí, a pesar de que dije siempre la verdad. Así que, en plenos finales de la Universidad, dos semanas antes de graduarme, y un mes antes de casarme, recibí la noticia que la oferta del trabajo de mis sueños oficialmente quedaba sin efecto. Por ´mas doloroso que esto fue, me record que Dios es Dios, y no yo. “Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá.” (Proverbios 19:21, NTV)
  2. Examina tu corazón y sé honesto acerca de tus motivaciones. En este mundo caído, aún nuestros mejores deseos pueden ser manchados por el pecado. ¿Realmente quería glorificar a Dios a través del trabajo de mis sueños? Seguro. Pero también este trabajo traía consigo muchos placeres del mundo: un gran sueldo, una (falsa) promesa de estabilidad de largo plazo, una buena dosis de poder y mucha admiración de personas alrededor del mundo. Mientras que me encantaría pensar que yo únicamente quería glorificar a Dios, es difícil creer que cualquiera de esas tentaciones mundanas no se hayan infiltrado en mi deseo de trabajar en ese empleo soñado. ¡Alabado sea Dios por no dejarme caer en ellas! Si el desempleo nos ayuda a eliminar al menos un ídolo, ¿acaso no vale la pena la prueba?
  3. Eso no significa la causa raíz de tu desempleo sea necesariamente el pecado. Sí, el desempleo puede llegar por causa del pecado (Gálatas 6:7), pero como con cualquier prueba, el pecado no siempre es la causa (leer todo el libro de Job). Cuando atravesamos el desempleo en carne propia, o cuando estamos aconsejando a alguien desempleado, debemos tener cuidado de no asumir que el pecado es la causa de su desempleo.
  4. El trabajo es un don de Dios. Luego de nuestra boda, me mudé de vuelta a California para que mi nueva esposa pudiese terminar su maestría. Como alguien que estaba intentando encontrar trabajo en una agencia de seguridad nacional, dejar Washington era lo último que debía haber hecho. Seguí con la búsqueda de empleo a distancia, teniendo como objetivo aplicar a organizaciones que estuviesen, en principio, en mi área de experiencia. Sin embargo, pronto la falta de respuesta comenzó a acumularse y entonces empecé a buscar trabajo donde fuera. Apliqué para ser mesero, recepcionista de hotel y empleado en una cadena de comida rápida –cualquier cosa que pagara las cuentas. Aún allí, me quedaba corto. O estaba sobre calificado, o no lo suficiente. Fue una experiencia en humildad. No importa qué tan duro intenté, no podía forzar a ningún empleador a decir sí. Tenía 24 años y una maestría, y perdía oportunidades de empleo frente a chicos de secundaria. El Señor proveería en Su tiempo. Mi responsabilidad era permanecer fiel en la búsqueda de empleo y confiar el resto a Dios.
  5. Querer trabajar es algo bueno – desesperarse por la falta de trabajo no lo es. Dios nos creó para trabajar (Génesis 1:27-28 y 2:15). Pablo le recuerda a los tesalonicenses que «Los que no están dispuestos a trabajar que tampoco coman». (2 Tesalonicenses 3:10b, NTV) y a Timoteo le recuerda que si podemos y aún así, nos rehusamos a proveer para nuestra familia, somos peores que los incrédulos (1 Timoteo 5:8). Estaba triste de no poder conseguir trabajo. Eso es normal y hasta bíblico, pero si estamos desesperados por la falta de trabajo, entonces quizás sea una señal de alerta de que estemos buscando nuestra identidad en el trabajo en lugar de Dios. Quizás parezca una contradicción en sí misma, pero aquellos que están luchando por conseguir trabajo pueden ser aquellos más propensos a hacer un ídolo del trabajo. El trabajo es un don de Dios, pero no resolverá todos tus problemas. No es tu salvación. El poder diferenciar entre la tristeza que viene de Dios y aquella que es una desesperanza idólatra es difícil, así que es importante buscar a otros creyentes que nos ayuden a identificar en dónde estamos parados.
  6. Tu identidad es “hijo de Dios”, no es “alguien que trabaja en _____”. Aquellos que conozco que han atravesado la prueba del desempleo también parecen entender mejor que muchos que su empleo no los define. No creo que eso sea coincidencia. La Escritura está llena de ejemplos (Job, Abraham, Daniel, David, etc.) de cuando Dios quita todo para exponer a las personas la realidad de en qué y en quién realmente confían. Principalmente, los cristianos son hijos de Dios (Gálatas 3:26).
  7. Los no-creyentes te están viendo – ¿cuál será tu testimonio? Durante mi desempleo, tanto mi familia como amigos no-creyentes estaban observando cómo manejaba la prueba. ¿Me entregaría a la preocupación o mostraría una férrea confianza en Dios?
  8. La iglesia local es importante. Mi iglesia local fue un lugar en dónde pude encontrar consuelo y esperanza mientras atravesé la prueba del desempleo. No me tildaron como “el desempleado”. En cambio, constantemente era recordado de mi valor eterno a los ojos del Señor soberano y la gran esperanza que tengo en Cristo de que algún día todas estas pruebas llegarían a su fin. ¿Están siendo los desempleados en tu congregación, aún a un nivel subconsciente, vistos como menos valiosos, inteligentes o trabajadores? ¿Está siendo el evangelio predicado cada semana de tal manera que todos recuerden su valor delante del Padre y la esperanza que tenemos en Cristo?
  9. Cuando el señor provee trabajo, aún si este no es el que más nos apasiona, debemos siempre estar agradecidos. Diez meses después de la desaparición del trabajo de mis sueños, Dios me dio trabajo en el área de correo en una agencia gubernamental en Washington. No era mi campo ni tampoco el trabajo de mis sueños, pero al menos era algo. Muchas veces enfatizamos sobre manera lo que hacemos en lugar de cómo o para quién lo hacemos. Sin embargo, la Escritura no podría ser más clara: “23Trabajen de buena gana en todo lo que hagan, como si fuera para el Señor y no para la gente. 24Recuerden que el Señor los recompensará con una herencia y que el Amo a quien sirven es Cristo;” (Colosenses 3:23-24, NTV) Dios nos llama a ser fieles y trabajar duro, aún si es en un trabajo que no nos gusta.
  10. Dios nos conoce mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Realmente pensaba que por la manera en que Dios me había hecho, con mis talentos y habilidades, que encajaba perfectamente en el trabajo de mis sueños. Estaba equivocado, pero Dios, a Quién podemos decirle: “13Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre.” (Salmo 139:13, NTV) sabía esto de antemano. Siete años después, ahora puedo ver cómo Él estaba dirigiendo mis pasos desde el área de correo a un trabajo en dónde hoy gestiono temas acerca del terrorismo para el Congreso. Encajo mucho mejor aquí que en mi supuesto trabajo de los sueños.

En nuestros días, el desempleo puede ser visto como una gran marca de vergüenza, pero no debe serlo. Como manejemos nosotros mismos nuestro desempleo y la forma en la que aconsejamos a otros que están atravesando el desempleo son dos excelentes oportunidades de glorificar el nombre de Dios.

Luke Murry es anciano en Capitol Hill Baptist Church en Washington, D.C. Está casado y es padre de tres hijos. Actualmente trabaja en temas de política exterior para el Congreso de Estados Unidos.

Dios se hizo hombre…¿Y….? (parte 4 y final)


mary-eve-sr-grace-remington-ocso-732x1024Terminamos esta serie de reflexiones sobre la importancia y las implicaciones que tiene la realidad de la Navidad: Dios se hizo hombre.  Vimos en las últimas tres entregas temas relacionados al hecho de que Jesús es Dios mismo -la segunda Personas de la Trinidad- entrando en nuestra historia, en el mundo que Él mismo creó y que Él mismo sostiene con el poder de Su Palabra (Hebreos 1:3).  Vimos también como a través de Jesús, Dios encarnado, podemos -en un mundo dominado por el relativismo- conocer la Verdad y entonces, poder aspirar a vivir en verdadera libertad.  Vimos también que Jesús vino a modelar cómo es la vida de un ser humano en toda su plenitud y como, además de modelar esto, Él mismo cerró la brecha entre nuestra imposibilidad de llenar el estándar y las exigencias de la santidad de Dios al ponerse Él mismo como nuestro sustituto y pagar en la Cruz la pena por nuestro pecado.

Estos tres aspectos de la encarnación de Jesús podemos verlos como conjunto en el tema con el que quiero cerrar esta serie de reflexiones navideñas: INICIATIVA.  La encarnación, la Navidad, la venida de Dios a la Tierra en forma humana, el sacrificio de Jesús en la Cruz….todo esto nace del corazón de Dios, ha sido siempre parte del plan de Dios para la humanidad y siempre fue idea e iniciativa de Dios.

En el ámbito profesional en el que me desempeño -el mercadeo-, una de las palabras clave que ha sido moda en los últimos años es la palabra proactividad.  “¡Debemos ser proactivos!” se dice en las empresas.  “¡Debemos anticiparnos a las necesidades de los clientes!” es otra frase que normalmente se escucha.  Ser proactivos, hoy en día, es una virtud del mundo moderno.  Entendemos el valor de anticiparnos lo mejor posible a lo que viene -predecimos el clima, el desempeño de los mercados, los candidatos que se perfilan a ocupar puestos de elección pública, etc- porque sabemos que mientras mejor lo hacemos, mejor podemos prepararnos y mejores decisiones podemos tomar.  Todo esto, de alguna forma, nos revela algo del corazón de Dios, aunque de manera imperfecta, de lo que significa tomar la iniciativa.

Nosotros, los seres humanos, nos anticipamos al futuro de manera imperfecta porque nuestro conocimiento, tanto del presente, como del futuro, es imperfecto.  Con lo que tenemos a nuestra disposición hacemos lo mejor posible para tomar decisiones acertadas.  Esto es algo bueno y es algo responsable también.  Pero, como todos lo sabemos por experiencia, es imposible predecir el futuro con absoluta certeza.

Para Dios, sin embargo, el futuro no es un tiro de los dados.  Él lo conoce desde antes de la fundación del mundo y es por esta razón que no hay ambivalencia, duda o riesgo alguno en haber enviado a Jesús a la Tierra.  Jesús mismo nos da certeza de estas verdades:

18Nadie puede quitarme la vida sino que yo la entrego voluntariamente en sacrificio. Pues tengo la autoridad para entregarla cuando quiera y también para volver a tomarla. Esto es lo que ordenó mi Padre». (Juan 10:18, NTV)

1Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. 2Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. 3Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores, así no se cansarán ni se darán por vencidos. (Hebreos 12:1-3, NTV)

Vemos que esta iniciativa estaba desde siempre en el corazón del Padre, desde la primera promesa en Génesis:

15Y pondré hostilidad entre tú y la mujer,
y entre tu descendencia y la descendencia de ella.
Su descendiente te golpeará la cabeza,
y tú le golpearás el talón». (Génesis 3:15, NTV)
Y luego el mismo apóstol Juan lo recalcaría en este pasaje que todos conocemos:16»Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. (Juan 3:16-17, NTV)
Además, todo esto estaba previsto para un tiempo específico:
6Cuando éramos totalmente incapaces de salvarnos, Cristo vino en el momento preciso y murió por nosotros, pecadores. (Romanos 5:6, NTV)
1Hace mucho tiempo, Dios habló muchas veces y de diversas maneras a nuestros antepasados por medio de los profetas. 2Y ahora, en estos últimos días, nos ha hablado por medio de su Hijo. Dios le prometió todo al Hijo como herencia y, mediante el Hijo, creó el universo. 3El Hijo irradia la gloria de Dios y expresa el carácter mismo de Dios, y sostiene todo con el gran poder de su palabra. Después de habernos limpiado de nuestros pecados, se sentó en el lugar de honor, a la derecha del majestuoso Dios en el cielo. 4Esto demuestra que el Hijo es muy superior a los ángeles, así como el nombre que Dios le dio es superior al nombre de ellos. (Hebreos 1:1-4, NTV)
Y por si fuera poco, es iniciativa de Dios el guardarnos y sostenernos hasta el día que se cumpla la promesa del retorno de Jesús a la Tierra, ya no como un bebé, sino como Rey:
23Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva. 24Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel. (1 Tesalonicenses 5:23-24, NTV)
Entonces, podemos gozarnos esta Navidad de la iniciativa de Dios a favor nuestro.  Nosotros no lo pedimos, nosotros no lo buscamos.  Él nos amó, nos buscó, vino, se dio a Sí mismo y resucitó al tercer día para luego ascender a los cielos y de esa manera, completar nuestra esperanza de poder estar y pasar la eternidad con Él.
Navidad se trata de eso.  Dios, por iniciativa propia movida por el amor a Su Creación, se hizo hombre, habitó entre nosotros, nos mostró el camino, caminó el camino y nos abrió las puertas al Trono de la Gracia.
Dios se hizo hombre.  No hay nada más importante que eso esta Navidad. ¡Feliz Navidad!

Dios se hizo hombre….¿Y…? (parte 3)


En las últimas dos reflexiones, hemos venido hablando acerca de dos aspectos importantísimos del hecho de que Jesús se haya hecho hombre.  El primero es ver que este hecho significa que Dios mismo entró en nuestra historia, en la historia de Su Creación y que esto significa que (el segundo aspecto), que Dios se dio a conocer a nosotros y con ello, la posibilidad de poder nosotros conocer la verdad y actuar en función de ella -y obtener como fruto, verdadera libertad para nuestras vidas.

Estas dos primeras grandes e importantísimas afirmaciones que hemos hecho, tienen mucho que ver con la naturaleza divina de Jesús.  Él es Dios.  Él es la Verdad.  Pero, ¿qué de su humanidad? ¿Qué tiene que aportar a nuestra vida el hecho de que Jesús haya tomado forma humana?

Jesús se encarnó y tomó forma 100% humana.  Filipenses 2 nos recuerda que el se hizo “semejante a nosotros” al humillarse a Sí mismo para venir a servir.  Al tomar esta naturaleza para Sí, fue exactamente como cada uno de nosotros: tuvo hambre, sed, sueño, se rió, lloró, se enojó, creció, aprendió, trabajó…en fin, 100% humano.

Es allí dónde quiero reflexionar hoy.  Inspirado en lo que el Apóstol Pedro nos dejó dicho:

21Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. (1 Pedro 2:21, NTV)

Jesús es nuestro ejemplo.  A partir de su vida terrenal, su obra y su sufrimiento, tenemos para nosotros un ejemplo, un modelo, una visión de que es posible ser humano en el más pleno, bello y esperanzador sentido de la palabra.

En un mundo que vive hoy sin mayores esperanzas para el futuro; en un mundo en donde la dignidad de la persona humana es constantemente atropellada por estados totalitarios, sistemas opresivos, distorsiones y desvalorizaciones de nuestro género y sexualidad, en dónde los niños son una carga, los inocentes son asesinados y en dónde se nos ha olvidado ser y hacer amigos, ser y hacer familia, ser y hacer iglesia….el paradigma de lo que significa “ser humano” no es nada alentador….

Henri Nouwen, en “El Sanador Herido“, nos describe el panorama de la parálisis que sufre una sociedad que se ha olvidado de ser humana y que no tiene esperanza en el futuro:

“Aquellos que no saben a donde van o a qué tipo de mundo se dirigen, que se preguntan si traer niños a este caótico mundo no termina siendo un acto de crueldad en lugar de amor, estarán muy tentados a tornarse sarcásticos y hasta cínicos.  Se burlan de sus amigos que viven ocupados, pero no pueden ofrecerles alternativa a sus actividades.  Protestan contra muchas cosas, pero no saben ser testigos a nada.” (traducción mía)

Ante esa panorámica, ver en Jesús la redención de lo que significa ser verdaderamente humano, de que esto es posible y que esto cambia el mundo, debería llenarnos de esperanza.  ¿De qué manera llega esa esperanza?

La experiencia nos ha mostrado -y la Biblia nos lo ha anunciado una y otra vez- que como seres humanos finitos, nuestra naturaleza misma hace imposible que podamos alcanzar el estándar de perfección de Jesús.  Basta con ver a un niño de 1 año jalarle el pelo a otro para quitarle una galleta, para darnos cuenta que venimos ya manchados con algo.  No somos pecadores porque pecamos.  Pecamos porque somos pecadores.

Ante esta realidad, el ejemplo perfecto de Jesús -quién nunca pecó (Hebreos 4:15)- a la vez que nos inspira al ver lo que significa ser humano en toda su plenitud, pareciera a la vez ponernos un estándar imposible de alcanzar y eso, si no entendemos bien la historia, puede llevarnos a la frustración.

Sin embargo, la esperanza está cuando unimos lo que venimos hablando de Jesús acerca de su completa divinidad con lo que hoy hemos visto acerca de su completa y perfecta humanidad.  La esperanza está en que Jesús no vino desde arriba a simplemente plantearnos un modelo y ejemplo para después irse y solo dejarnos un ideal al qué aspirar.  Ver a Jesús así es reducirlo a “el mejor líder de la historia” -quizás el error más grande que la iglesia evangélica comete cuándo habla de Él-, o a un gurú espiritual, un buen maestro, filósofo o guía.  Jesús no sólo nos dio el modelo….el vino a someterse a toda la experiencia humana y a darse a Sí mismo para cerrar esa brecha de imposibilidad que tenemos los seres humanos en llenar ese modelo de perfección:

14Por lo tanto, ya que tenemos un gran Sumo Sacerdote que entró en el cielo, Jesús el Hijo de Dios, aferrémonos a lo que creemos. 15Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo, él nunca pecó. 16Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos. (Hebreos 4:14-16, NTV)

1Antes ustedes estaban muertos a causa de su desobediencia y sus muchos pecados. 2Vivían en pecado, igual que el resto de la gente, obedeciendo al diablo —el líder de los poderes del mundo invisible—, quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. 3Todos vivíamos así en el pasado, siguiendo los deseos de nuestras pasiones y la inclinación de nuestra naturaleza pecaminosa. Por nuestra propia naturaleza, éramos objeto del enojo de Dios igual que todos los demás.
4Pero Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto 5que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (Efesios 2:1-5, NTV)
4Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó;
fueron nuestros dolores los que lo agobiaron.
Y pensamos que sus dificultades eran un castigo de Dios;
¡un castigo por sus propios pecados!
5Pero él fue traspasado por nuestras rebeliones
y aplastado por nuestros pecados.
Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz,
fue azotado para que pudiéramos ser sanados.
6Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas;
hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros.
Sin embargo, el Señor puso sobre él
los pecados de todos nosotros.
7Fue oprimido y tratado con crueldad,
sin embargo, no dijo ni una sola palabra.
Como cordero fue llevado al matadero.
Y como oveja en silencio ante sus trasquiladores,
no abrió su boca.
8Al ser condenado injustamente,
se lo llevaron.
A nadie le importó que muriera sin descendientes;
ni que le quitaran la vida a mitad de camino.
Pero lo hirieron de muerte
por la rebelión de mi pueblo.
9Él no había hecho nada malo,
y jamás había engañado a nadie.
Pero fue enterrado como un criminal;
fue puesto en la tumba de un hombre rico.
10Formaba parte del buen plan del Señor aplastarlo
y causarle dolor.
Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado,
tendrá muchos descendientes.
Disfrutará de una larga vida,
y en sus manos el buen plan del Señor prosperará.
11Cuando vea todo lo que se logró mediante su angustia,
quedará satisfecho.
Y a causa de lo que sufrió,
mi siervo justo hará posible
que muchos sean contados entre los justos,
porque él cargará con todos los pecados de ellos. (Isaías 53:4-11, NTV)
Para esto se encarnó Jesús.  No fue solo para “darnos carita” al mostrarnos una perfección inalcanzable y un ejemplo moral que es, en última instancia, imposible de imitar.  Vino a mostrarnos ejemplo, a mostrarnos el camino y a ser Él mismo EL CAMINO.  Jesús vino a ayudar a los débiles, a socorrer a los desesperanzados, a dar vida a los muertos.  De eso se trata Navidad, que en su perfecta y completa divinidad y humanidad, Jesús vino a redimir y rescatar nuestra finita e imperfecta humanidad, para reconciliarnos, en el poder del Espíritu Santo, con el Padre para darnos, juntamente con Él, vida eterna.
¿Existe mejor regalo de Navidad que este?

 

Dios se hizo hombre…¿Y…? (parte 2)


¿Qué implica que Jesús se haya hecho hombre? ¿Qué significa afirmar que “Dios entró a la historia humana”?  Para el mundo actual, esto tiene un significado mucho más grande del que nos imaginamos.  Filosóficamente, nos ayuda a resolver uno de los problemas más grandes con el que nos encontramos día a día y el que debemos enfrentar con mucha mayor solidez que como le hemos hecho hasta ahora.

Vivimos en un mundo cada vez más relativista.  Todo “depende del cristal con que se mire”.  “Mi verdad” no es necesariamente “tu verdad” y en la medida en que ninguno de los dos afirme tener la “verdad absoluta”, podemos “tolerarnos” y “vivir en paz”.  Hemos relegado la búsqueda de la verdad al plano íntimo y privado, con una expresa prohibición de manifestarlo en público, en el trabajo, la escuela/universidad, el mercado y mucho menos, en el Estado.

Como lo dijo Henri Nouwen en su libro “El Sanador Herido” (traducción mía): “Aquellos que viven en la era moderna ya no creen en algo que sea siempre y en todos lados verdadero y válido.  Vivimos una hora a la vez y creamos nuestras vidas en el momento.”

Dice además:

“Estamos buscando principalmente experiencias que nos den una sensación de valor.  Es por esto que somos bastante tolerantes, ya que no vemos a alguien que tiene convicciones distintas como una amenaza sino como una oportunidad de descubrir nuevas ideas y poner a prueba las propias.  Podríamos escuchar con gran atención a un rabino, un imam, un ministro o a un cura, sin considerar el aceptar ningún sistema de pensamiento, pero con mucha disposición de profundizar nuestro propio entendimiento de aquello que experimentamos de manera parcial y fragmentada.

Cuándo nos sentimos incapaces de relacionarnos al mensaje cristiano, debemos preguntarnos si esto no sea debido al hecho de que, para muchas personas, el cristianismo se ha reducido a una ideología.  Jesús, un judío perseguido por los líderes de su tiempo, normalmente es transformado en un héroe cultural reforzando los puntos de vista ideológicos más divergentes y usualmente destructivos.  Cuándo el cristianismo es reducido a una ideología que abarca todo, aquellos de nosotros que vivimos en la era moderna estamos demasiado dispuestos a ser escépticos acerca de su relevancia a nuestra experiencia de vida.”

Es ante ese escenario que Jesús entra a irrumpir de manera violenta, agresiva y sin compromisos.  Como lo vimos en el artículo anterior, Jesús es Dios.  Esto, entre muchas otras cosas, significa que Él es la Verdad.

Veamos la secuencia:

Jesús es la Palabra encarnada de Dios:

1En el principio la Palabra ya existía.
La Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
2El que es la Palabra existía en el principio con Dios.
3Dios creó todas las cosas por medio de él,
y nada fue creado sin él.
4La Palabra le dio vida a todo lo creado,
y su vida trajo luz a todos. (Juan 1:1-4, NTV)
14Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de fidelidad y amor inagotable. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre. (Juan 1:14, NTV)
Jesús afirmó que Él y la Palabra de Dios son la Verdad:
6Jesús le contestó:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí. (Juan 14:6, NTV)
17Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. (Juan 17:17, NTV)
Jesús afirmó que la obediencia a Sus Palabras nos daría conocimiento de la Verdad, lo cual trae perfecta libertad -especialmente de la esclavitud de las circunstancias para saber decidir en los momentos cruciales de la vida.
31Jesús les dijo a los que creyeron en él:
—Ustedes son verdaderamente mis discípulos si se mantienen fieles a mis enseñanzas; 32y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. (Juan 8:31-32, NTV)
No perdamos de vista entonces esto: el hecho de que Dios se haya hecho hombre, el hecho que Jesús se haya encarnado y haya habitado entre nosotros significa, para estos propósitos que: LA VERDAD ES CONOCIBLE.
El relativismo nos esclaviza porque vivimos sujetos a las circunstancias, a los “depende de…” de la vida.  El tener la Verdad en Jesús y el tener al Espíritu Santo entre y dentro de nosotros que: 13Cuando venga el Espíritu de verdad, él los guiará a toda la verdad. Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que ha oído y les contará lo que sucederá en el futuro. (Juan 16:13, NTV), nos libera para poder vivir y decidir con seguridad, fe y esperanza. En Jesús, Dios el Padre nos dio la Verdad y a través del Espíritu Santo, podemos confiar en que la podemos conocer, vivir y enseñar a otros.
¡Qué regalo de Navidad más increíble….LA VERDAD!

 

Dios se hizo hombre…¿Y…..? (parte 1)


Estamos en pleno inicio de la temporada de Adviento, en preparación para la gran celebración de Nochebuena y Navidad.  En estas fechas se dice de todo, se habla de paz, familia, unidad, generosidad, armonía y esperanza.  Algunos anclan su esperanza en un señor gordo barbudo que una marca de gaseosas se inventó allá de 1931 que premia, aparentemente, solo a los bien portados en el año.  Sin embargo, veo con gran esperanza como existe una creciente presión por hacer de estas fiestas algo verdaderamente significativo y que gire alrededor de la verdadera -y única- razón de la Navidad: Jesús.

Ahora, alrededor de esto también se dice mucho.  Unos quieren que Jesús “vuelva a nacer en nuestros corazones”, otros creen que Navidad es un cumpleaños cósmico o una especie de baby shower en esteroides.  Pero, ¿qué significa realmente que Jesús haya nacido? ¿Quién realmente era Jesús?  Responder de manera correcta a esas preguntas es FUNDAMENTAL si nuestra Navidad -y nuestro cristianismo- ha de tener sentido alguno.  Si Navidad no sólo es memoria, sino una catapulta de esperanza hacia el futuro, ¿qué implica que Jesús haya habitado entre nosotros?

Quisiera ofrecer algunas reflexiones a lo largo de esta corta serie de artículos acerca de lo que implica el nacimiento de Jesús.  No pretendo que hagamos un estudio de Cristología extenso (para eso, pueden descargar este bosquejo: Cristología Básica).  Pero sí que veamos algunas ideas básicas que nos ayuden un poco más.

El primer y más importante significado que tiene Navidad es el siguiente: DIOS SE HIZO HOMBRE.  Jesús es Dios.  Jesús es la segunda persona de la Trinidad (ver siguiente bosquejo: 1-latrinidad, completamente Dios, igual en sustancia con Dios el Padre y Dios el Espíritu Santo, eterno, omnisciente, omnipotente y omnipresente.  El Apóstol Juan nos lo dijo:

1En el principio la Palabra ya existía.
La Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era Dios.
2El que es la Palabra existía en el principio con Dios.
3Dios creó todas las cosas por medio de él,
y nada fue creado sin él.
4La Palabra le dio vida a todo lo creado,
y su vida trajo luz a todos.
5La luz brilla en la oscuridad,
y la oscuridad jamás podrá apagarla. (Juan 1:1-5, NTV)
Y luego, en el momento indicado (Hebreos 1:1-4), Jesús entró a la historia de la humanidad, de Su propia Creación:
14Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros. Estaba lleno de fidelidad y amor inagotable. Y hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo del Padre. (Juan 1:14, NTV)
Aquel del Quién el Profeta Isaías anunció cientos de años antes que se llamaría “Dios con nosotros” (Isaías 7:14)  nació.
Piénsenlo…..Dios se hizo hombre.  Dios nació.  Jesús adoptó para sí una naturaleza completamente humana y junto con su naturaleza completamente divina, se encarnó.  Dios mismo entró en la historia, a vivir con nosotros, como uno de nosotros, con todas las vicisitudes que la experiencia humana tiene con un propósito y un propósito solamente: redimirla.
10Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos. (Lucas 19:10, NTV)
De esto se trata Navidad.  De que Jesús vino con este propósito….a buscarnos y a salvarnos.  Cada vez que veamos un nacimiento, que reflexionemos en que “Jesús es la razón de la celebración”, recordemos esto: DIOS SE HIZO HOMBRE y vino a BUSCARNOS y a SALVARNOS.  Nosotros no se lo pedimos…Él lo hizo en favor nuestros.
¡Qué gran razón para celebrar con alegría y con verdadera esperanza esta hermosa época del año!