¡La Esperanza del Fiambre! Post tenebras…¡LUX!

Así como vino, pasó…y no pasó nada.  La noche que para muchos es la más obscura del año terminó en la burla de la muerte.  Los disfraces más feos fueron recibidos con dulces y celebración…a muchos se les abrió la puerta y entraron de la noche a casas iluminadas.  Y finalmente…la noche…la oscuridad…las tinieblas cedieron y llegó la mañana…un nuevo día, la luz de nueva esperanza. ¡POST TENEBRAS, LUX!

¡Hoy es 1 de noviembre! Eso significa al menos una de dos cosas: comeremos “FIAMBRE” y algunos conmemorarán también el “Día de Todos los Santos” (o “Día de los Muertos” en algunos países).  En Guatemala, además, tenemos la hermosa tradición ancestral de los barriletes gigantes.  En este día, las familias se reúnen -quizás sea el feriado más familiar de todos- y alrededor de la mesa y con un plato de fiambre (e incluso, alrededor de la tumba de un ser querido en el cementerio) comen y recuerdan, comen y anhelan, comen y esperan que lo que para muchos es una ilusión -el reencuentro con los amados que han partido antes que nosotros al “otro lado”-, sea algo real.  Hay mucha nostalgia este día.  Hay buenas memorias, hay malos recuerdos también, existe nostalgia por lo que se quiso decir y no dio tiempo, y arrepentimiento por lo que se dijo y lastimó.

En la tradición cristiana, este día es un día para recordar a los santos, fieles cristianos que se nos han adelantado a la promesa de la vida eterna.  Para quienes partimos de la tradición Reformada, esto significa que no recordamos únicamente a “gente especial” o “súper santa” (tipo Madre Teresa), sino que nos aferramos a la promesa bíblica de que todos aquellos que hemos sido redimidos por la sangre de Jesús y nacidos por el Espíritu Santo a una nueva vida reconciliada con el Dios el Padre, somos ahora delante de Sus ojos, santos.   Ese es el testimonio que vemos en las Escrituras acerca de como Pablo se refería a los creyentes (Efesios 1:1, Filipenses 1:1, Romanos 1:7).  Dios mismo nos llamó a ser santos (Levítico 11:44 y 1 Pedro 1:13-16) como Él es santo, y Él mismo prometió ayudarnos en el camino (1 Tesalonicenses 5:23-24).  Todo esto es posible porque Jesús mismo oró al Padre para que nos santifique en la verdad (Juan 17:17), que es Su Palabra, Verdad a la que nos guía el Espíritu Santo (Juan 16:13) y Verdad que Él mismo es como Verbo de Dios (Juan 1:1-14) y cómo nuestro Salvador (Juan 14:6).

El Día de Todos los Santos se convierte para nosotros en un día de gran esperanza y gozo.  Gozo porque sabemos dónde están quienes nos han precedido en la fe y en la vida.  Gozo porque tenemos, gracias a la certeza que nos dan la Resurrección física y Ascensión física de Jesús al cielo, esperanza de también nosotros físicamente disfrutar de la vida eterna que Él nos da y de reencontrarnos en Aquel Día, con quienes amamos y aquí en la Tierra extrañamos.

¡Comamos hoy el fiambre con nuevo entendimiento! Recordemos y celebremos la vida de los santos y santas que fueron llamados ya a casa.  Celebremos la vida que tenemos hoy aquí recordando que podemos degustar de la bondad de Dios (Salmos 34:8) y disfrutar de su misericordia aquí y ahora (Salmos 27:13).  Celebremos con gran gozo y esperanza la vida eterna que se nos ha sido prometida en Jesús (Juan 3:16-17).

¿Tienes tú ya esa esperanza y motivo de celebración?

¡MARANATHA!

 

 

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