Días del futuro pasado


Me confieso cinéfila y fan de Marvel y aunque X-Men Días del futuro pasado (Days of the future past) me pareció fantástica, me confieso apasionada por algo más grande, que hoy en medio de una mañana difícil necesitaba recordar y esta película me ayudó. Para aquellos no que tienen idea de la película les comparto este video, y los fans espero que se emocionen como yo (no se preocupen no voy a arruinar el final).

Días del pasado

Todos tenemos un pasado y nuestro pasado tiene matices, lugares, colores, aromas, sabores… personas y decisiones que tomamos, también tiene victorias y derrotas, logros y fracasos, gozo y dolor. Cuando miramos atrás ¿Qué recordamos de nuestro pasado? ¿Cuáles son las imágenes, pensamientos o sentimientos que vienen a nosotros? Puede ser un pasado lejano… años atrás o puede ser un pasado más inmediato como esta mañana. Creo que todos quisiéramos ver atrás y sonreír, pero a veces al ver atrás nos lamentamos, y aunque sería fantástico poder regresar en el tiempo, sabemos que solo pasa en las películas.

Nuestra confianza, nuestra esperanza

“Profesor X: [a su yo más joven] Tienes miedo. Recuerdo. /…/ Por favor… necesitamos que vuelvas a tener esperanza” 

Esta escena en particular, me recordó las palabras de Benedicto XVI en Spe Salvi “Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizá ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrido con amor infinito.”

Esto es esperanza para mí, es la virtud por la que confiamos en Dios a través de Cristo (1 Corintios 15:57), por la que podemos esperar con certeza, en palabras de John Piper “una expectativa confiada y deseo de algo bueno en el futuro”, no por nosotros sino por el, como lo dijo Jesús en Juan 16:33. El origen de nuestra esperanza es Dios, entonces sin importar nuestra historia personal todos podemos relacionarnos con ella, va más allá de nosotros, trasciende épocas, culturas e historias.

Días del futuro

Todos tenemos luchas, batallas e incluso guerras, vivimos en este mundo corrompido y día a día enfrentamos tentaciones, pecado, abuso, dolor y temor; así que aunque ciertamente podría usar esas palabras con mi yo más joven, también son palabras que necesito escuchar hoy y que necesitaré mañana también como David en el Salmo 42:5.

Las consecuencias de las decisiones que tomamos en esperanza trascienden más allá de lo que podemos imaginar. Pienso en aquellos que esperan del otro lado de tu obediencia a Dios, de mi obediencia a Dios, necesitan que volvamos a tener esperanza, necesitan que tengamos esperanza hoy. Y mientras caminamos con esperanza también necesitamos amigos, personas que Dios use para dirigirnos, para mostrarnos paciencia, para guiarnos, para acompañarnos mientras nos convertimos en las personas que fuimos llamados a ser.

 

Familia e Iglesia: Pilares de la Transmisión de la Fe


“38. La transmisión de la fe, que brilla para todos los hombres en todo lugar, pasa también por las coordenadas temporales, de generación en generación. Puesto que la fe nace de un encuentro que se produce en la historia e ilumina el camino a lo largo del tiempo, tiene necesidad de transmitirse a través de los siglos. Y mediante una cadena ininterrumpida de testimonios llega a nosotros el rostro de Jesús. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo podemos estar seguros de llegar al « verdadero Jesús » a través de los siglos? Si el hombre fuese un individuo aislado, si partiésemos solamente del « yo » individual, que busca en sí mismo la seguridad del conocimiento, esta certeza sería imposible. No puedo ver por mí mismo lo que ha sucedido en una época tan distante de la mía. Pero ésta no es la única manera que tiene el hombre de conocer. La persona vive siempre en relación. Proviene de otros, pertenece a otros, su vida se ensancha en el encuentro con otros. Incluso el conocimiento de sí, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido: en primer lugar nuestros padres, que nos han dado la vida y el nombre. El lenguaje mismo, las palabras con que interpretamos nuestra vida y nuestra realidad, nos llega a través de otros, guardado en la memoria viva de otros. El conocimiento de uno mismo sólo es posible cuando participamos en una memoria más grande. Lo mismo sucede con la fe, que lleva a su plenitud el modo humano de comprender. El pasado de la fe, aquel acto de amor de Jesús, que ha hecho germinar en el mundo una vida nueva, nos llega en la memoria de otros, de testigos, conservado vivo en aquel sujeto único de memoria que es la Iglesia. La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe. San Juan, en su Evangelio, ha insistido en este aspecto, uniendo fe y memoria, y asociando ambas a la acción del Espíritu Santo que, como dice Jesús, « os irá recordando todo » (Jn 14,26). El Amor, que es el Espíritu y que mora en la Iglesia, mantiene unidos entre sí todos los tiempos y nos hace contemporáneos de Jesús, convirtiéndose en el guía de nuestro camino de fe.” (Encíclica Lumen Fidei, Papa Francisco)

Vivimos en una época de una privatización radical de la religión y la espiritualidad.  Por un lado, se busca relegar la religión al ámbito de lo privado, retirándola de las discusiones públicas en asuntos sociales, morales, políticos, económicos, artísticos, etc.  Se nos dice que la religión es un asunto del fuero interno, para ser creído y vivido de manera individual y que únicamente sirve para guiar decisiones estrictamente personales.  El resultado de esto, es la intolerancia de aquellas personas e instituciones que -irónicamente- en nombre de la “tolerancia”, rechazan cualquier argumento religioso -y particularmente cualquier argumento cristiano- en discusiones de temas como matrimonio, familia, vida y moral.  Al relegar la fe a lo individual y privado, se facilita el relativismo moral y se viven los principios de una manera estrictamente utilitaria: lo que me conviene, cuando me convenga, dependiendo de las circunstancias y siempre amparado en un “derecho” ajeno a cualquier responsabilidad…el “derecho a ser feliz” como valor supremo y principio rector de la existencia.

En cuestiones morales y públicas, el problema que describí es relativamente obvio para los cristianos.  Sin embargo, hemos se dificulta más verlo dentro del contexto de la iglesia y la comunidad cristiana.  Aquí adentro, sin darnos cuenta, es donde el problema es quizás más fuerte y que exige de nosotros un mayor esfuerzo por corregirlo.

Por esta razón cité el párrafo anterior de la Encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco.  En este párrafo, contenido dentro del Capítulo 3 titulado “Transmito lo que He Recibido (1 Corintios 15:3)“, Francisco nos llama a la reflexión de la importancia para cada uno de nosotros de comprender que no ha recibido la fe en una especie de burbuja aislada del contexto comunitario, que esta fe ha sido transmitida a través de los siglos y vivida, compartida, contextualizada y expresada por millones de personas de las más diversas culturas, trasfondos, situaciones, épocas y naciones.  Nos recuerda que no existimos en el vacío, tanto temporal, como espacial.

Desde las páginas del Antiguo Testamento, en Deuteronomio 6, vemos la importancia de la familia como ente activo, dinámico e intencional en transmitir la fe:

“1»Esos son los mandatos, los decretos y las ordenanzas que el Señor tu Dios me encargó que te enseñara. Obedécelos cuando llegues a la tierra donde estás a punto de entrar y que vas a poseer. 2Tú, tus hijos y tus nietos teman al Señor su Dios durante toda la vida. Si obedeces todos los decretos y los mandatos del Señor, disfrutarás de una larga vida. 3Escucha con atención, pueblo de Israel, y asegúrate de obedecer. Entonces todo te saldrá bien, y tendrás muchos hijos en la tierra donde fluyen la leche y la miel, tal como el Señor, Dios de tus antepasados, te lo prometió.
4»¡Escucha, Israel! El Señor es nuestro Dios, solamente el Señor. 5Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. 6Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego. 7Repíteselos a tus hijos una y otra vez. Habla de ellos en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8Átalos a tus manos y llévalos sobre la frente como un recordatorio.9Escríbelos en los marcos de la entrada de tu casa y sobre las puertas de la ciudad.”
Vemos más adelante, en el Nuevo Testamento, cómo la Iglesia y las distintas funciones dentro de la misma están diseñadas para la formación y preparación de la comunidad de creyentes para que puedan hacer la obra de Dios:
11Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. 12Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.13Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa medida de Cristo.” (Efesios 4:11-13, NTV)
Incluso, vemos a niveles que son difíciles de comprender la profundidad y extensión de la comunidad cristiana y que de maneras muy interesantes, es inescapable el carácter comunitario y generacional de la Iglesia y la vida cristiana:
“18Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar, a un lugar que arde en llamas, un lugar de oscuridad y tinieblas, rodeado por un torbellino, como les sucedió a los israelitas cuando llegaron al monte Sinaí. 19Ellos oyeron un imponente toque de trompeta y una voz tan temible que le suplicaron a Dios que dejara de hablar. 20Retrocedieron tambaleándose bajo el mandato de Dios: «Si tan solo un animal toca la montaña, deberá morir apedreado».21Incluso Moisés se asustó tanto de lo que vio, que dijo: «Estoy temblando de miedo».
22En cambio, ustedes han llegado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo. 23Ustedes han llegado a la congregación de los primogénitos de Dios, cuyos nombres están escritos en el cielo. Ustedes han llegado a Dios mismo, quien es el juez sobre todas las cosas. Ustedes han llegado a los espíritus de los justos, que están en el cielo y que ya han sido perfeccionados. 24Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.” (Hebreos 12:18-24, NTV)
El peligro más grande que acecha a la Iglesia, a los creyentes hoy en día es que han comprado la privatización de su fe.  Contrario a lo que leímos en los textos anteriores, se ha confundido del hecho de que la relación con Dios y la salvación son algo personal, con una falsa idea de que la vida cristiana es individual, del fuero interno y que se puede vivirla exitosamente desconectados de nuestra historia, de nuestra familia y de nuestra iglesia local.
Cipriano de Cartago, en el siglo 3, escribió en su tratado sobre la unidad de la Iglesia que: “Nadie puede tener a Dios por Padre que no tenga a la Iglesia por madre.”  Para nosotros como evangélicos, esta afirmación es difícil de aceptar.  Creemos y afirmamos, de manera correcta y bíblica, que la relación de cada cristiano con Dios es individual, que el proceso de salvación y santificación también es parte del trato personal con Dios de cada uno, sin embargo, obviamos el hecho de que para vivir de manera obediente los mandamientos de Dios, seguir las instrucciones de Jesús y ser fiel a lo que la Biblia nos llama, la vida y la transmisión de la fe sólo pueden hacerse en familia, en comunidad, en iglesia.   Es un precio que, al parecer, no todos estamos dispuestos a pagar y le huimos a la iglesia y creemos -erróneamente- que un video o prédica en audio bajada de internet sustituyen eso.  Estamos equivocados.
El individualismo mal entendido -aquel que es egocéntrico, que no considera al “otro” con dignidad y valor, sino como medio para alcanzar los propios fines sin considerar el costo, cuyo valor supremo es el “derecho a ser feliz”, y que se resiste a la vida en comunidad- ha penetrado a la Iglesia, y es tiempo de recobrar lo que significa ser verdaderamente persona, verdaderamente cristiano, verdaderamente individuo y paradójicamente, eso sólo lo podemos descubrir en relación genuina, profunda, deliberada y humilde con otros, especialmente en casa, con nuestra familia, y en la iglesia, con nuestros hermanos y hermanas.

Llamado a la Marcha para Familias Imperfectas


Sí, la Familia al Centro. Este es un llamado a la marcha, a todas aquellas familias imperfectas. A las familias que sufren por división dentro de sus núcleos, a las que enfrentan batallas a diario, batallas de enfermedad, dolor, tristeza, depresión, violencia, abuso, ausencia, escasez, engaño, a las que enfrentan problemas económicos y emocionales, a las familias que sufren por momentos difíciles. Este es un llamado a todas las familias.

marchaNo hay una sola familia perfecta en este mundo, y por eso marchamos.

No se pretende presentar a la familia como una solución a la problemática de los guatemaltecos, ni siquiera se pretende ignorar la realidad de lo que viven los hogares en nuestro país a diario. Los problemas existen, el sufrimiento es real y precisamente por eso es que decidimos marchar.

La familia representa para Guatemala el terreno fértil para una esperanza.

La esperanza de la reconciliación, la esperanza del perdón, la esperanza de la unidad, la esperanza de un cooperar y trabajar juntos para que individualmente podamos contribuir dentro de nuestras propias casas a hacer de nuestra vida en familia una mejor. Es el único lugar en el que encontramos que se puede amar incondicionalmente y perdonar hasta las más grandes agresiones.

La familia como génesis primario y fundamental de los valores espirituales de nuestra sociedad y del Estado de Guatemala tiene el potencial de reconciliar pueblos, si tan sólo como guatemaltecos asumimos la responsabilidad por nuestro rol en cada una de nuestras casas, de humillarnos y reconocer nuestros errores y trabajar para la reconciliación con nuestro prójimo, nuestros Padres, hermanos, esposos, hijos, y demás familia extendida.

No hay familia perfecta, pero esto no significa que debemos dejar de soñar, de trabajar de buscar alcanzar el ideal de amar incluso a quienes nos han lastimado.

Las mejores familias son aquellas que viven de manera honesta, con sus problemas, con sus golpes, con sus batallas, pero que deciden trabajar para darle a las generaciones que vienen una mejor vida.

Trabajemos por nuestras familias, trabajemos por Guatemala, marchemos todos juntos como familias imperfectas, pero familias que buscan sobreponerse al dolor, y que busquen amar por el compromiso de un futuro mejor para nuestra Guatemala.

¿Quién me acompaña?

Este 11 de mayo de 2014, a las 8:00 am.

Hayek, el cristianismo y el esquema global de su pensamiento


¡Excelente!

Por Gabriel J. Zanotti

De Introducción filosófica al pensamiento de Hayek (UFM/Unión Editorial, 2003), cap. 1.

El tema de Hayek y el cristianismo es muy delicado por la gran cantidad de cuestiones involucradas. En primer lugar debe decirse que este tema puede ser abordado desde muchos puntos de vista y objetivos. El nuestro es mostrar dónde puede haber choques entre “el/los” planteo/s de Hayek con el cristianismo católico y dónde no. El “dónde no” deja abierta una posibilidad de diálogo de tipo no clerical. Esto es, allí donde el pensamiento de Hayek no se contradiga con el cristianismo católico (cc), ello no implica que ese punto se pueda afirmar desde el cc. Alguien puede ser partidario de la teoría del ciclo de Hayek, no contradecirse por ello con el cc y ello no implica que dicha teoría se “infiere” del cc.

En segundo lugar debe aclararse cuál es el eje…

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