Manifiesto por la Vida y la Familia (parte 5 y final)

marchaContinuamos con la reflexión acerca del quinto y último punto del Manifiesto por la Vida y la Familia.   Este punto termina de amarrar el espíritu de lo que se busca alcanzar a través tanto de documentos como este, como a través de la próxima Marcha por la Vida y la Familia el 11 de mayo.

El quinto punto del manifiesto dice así:

Los gobiernos contribuyen al bien común y a la sostenibilidad de la sociedad cuando favorecen políticas que fortalecen a las familias.   

El Estado, a través de las autoridades de gobierno, tiene una responsabilidad muy grande dentro de las funciones básicas que debe cumplir y en las que se debe enfocar: la protección de la vida, la libertad y la propiedad privada de cada ciudadano.

El Estado se organiza para poder dar estructuras básicas de soporte a la sociedad que permitan a cada persona alcanzar su máximo potencial y florecer de manera integral.  Para esto, es necesario recordar y afirmar que el Estado -y de la misma forma, el gobierno- NO es fuente de nuestros derechos individuales, sino simplemente los reconoce y protege.  La importancia de esto es crucial, porque si entendemos esto, entendemos entonces que ningún Estado o gobierno puede hacer suya la prerrogativa de re-definir o ampliar a través del poder coercitivo de la ley, las instituciones fundamentales de la sociedad: el matrimonio y la familia.

Estas instituciones, al igual que nuestros derechos individuales, nacen del corazón de Dios como parte de Su providencia y gracia común para toda la humanidad.  Es a partir de ese entendimiento que vemos en la Biblia un interesante rayado de cancha para el gobierno y su relación con los ciudadanos (al igual que la responsabilidad de cada ciudadano para con las autoridades temporales):

1Toda persona debe someterse a las autoridades de gobierno, pues toda autoridad proviene de Dios, y los que ocupan puestos de autoridad están allí colocados por Dios.2Por lo tanto, cualquiera que se rebele contra la autoridad se rebela contra lo que Dios ha instituido, y será castigado.3Pues las autoridades no infunden temor a los que hacen lo que está bien, sino en los que hacen lo que está mal. ¿Quieres vivir sin temor a las autoridades? Haz lo correcto, y ellas te honrarán. 4Las autoridades están al servicio de Dios para tu bien; pero si estás haciendo algo malo, por supuesto que deberías tener miedo, porque ellas tienen poder para castigarte. Están al servicio de Dios para cumplir el propósito específico de castigar a los que hacen lo malo. 5Por eso tienes que someterte a ellas, no solo para evitar el castigo, sino para mantener tu conciencia limpia.
6Por esas mismas razones, también paguen sus impuestos, pues los funcionarios de gobierno necesitan cobrar su sueldo. Ellos sirven a Dios con lo que hacen.7Ustedes den a cada uno lo que le deben: paguen los impuestos y demás aranceles a quien corresponda, y den respeto y honra a los que están en autoridad. (Romanos 13:1-6, NTV)
13Por amor al Señor, respeten a toda autoridad humana, ya sea al rey como jefe de Estado 14o a los funcionarios que él ha nombrado. Pues a ellos el rey los ha mandado a que castiguen a aquellos que hacen el mal y a que honren a los que hacen el bien.
15La voluntad de Dios es que la vida honorable de ustedes haga callar a la gente ignorante que los acusa sin fundamento alguno. 16Pues ustedes son libres, pero a la vez, son esclavos de Dios, así que no usen su libertad como una excusa para hacer el mal.17Respeten a todos y amen a sus hermanos en Cristo.Teman a Dios y respeten al rey. (1 Pedro 2:13-17, NTV)
Vemos la instrucción clara de la responsabilidad que tienen las autoridades temporales de procurar el bien de la ciudadanía.  El servicio público -como cualquier otra vocación humana- es un servicio a Dios, y como tal, está sujeto a sus directrices, principios y preceptos.
La construcción de una sociedad de individuos libres y responsables que genere el mejor ambiente posible para que cada persona florezca, se fundamenta en la fortaleza de la familia y el matrimonio.  Para que la familia y el matrimonio puedan ser fuertes y desarrollarse con libertad, apoyados por las instituciones sociales de carácter privado que la apoyan en fortalecer la cultura, la espiritualidad, salud, educación y formación de los niños y cada miembro de la familia, estas instituciones deben estar protegidas por el Estado.
Las políticas públicas que atentan contra la libertad, que no permiten que cada miembro de la sociedad disfrute plenamente del fruto de su trabajo para proveer de la mejor manera posible a sus necesidades y las de su familia, que limitan el potencial de inversión e innovación, que protegen a unos a expensas de otros con privilegios legales o que buscan re-definir al matrimonio o privilegiar conductas contrarias al diseño bíblico de la persona humana, son políticas que atentan directamente contra la familia y por ende, deben ser rechazadas.
Más que leyes que sean “pro-familia”, el Estado debe limitarse a la protección de la vida, libertad y propiedad de las personas, para que sean ellas, con el apoyo de la Iglesia y demás instituciones sociales, las que desarrollen esa cultura sustentada en profundos valores que dignifican el valor intrínseco de la persona humana.
¡Nos vemos este 11 de mayo!

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