Manifiesto por la Vida y la Familia (parte 2)

marchaContinuando con las reflexiones acerca del Manifiesto por la Vida y la Familia, y en apoyo a la marcha este próximo 11 de mayo y a su organización, hoy nos corresponde comentar algo acerca del punto 2 del manifiesto:

“La familia se funda sobre el compromiso estable entre un hombre y una mujer, en el que ambos hacen donación de sí mismos, comprometidos a la procreación y cuidado de los hijos.”

Ha varios puntos muy importantes que vale la pena resaltar y que debemos ir tocando en esta reflexión:

  1. Compromiso estable entre un hombre y una mujer:  La piedra angular de la unión familiar es el matrimonio, y este, definido como la unión entre un hombre y una mujer, una sola vez, para toda la vida.  El matrimonio es, como lo vemos en la Biblia, una institución que nace en el corazón de Dios y no es, contrario a la opinión popular, producto de la evolución cultural o una simple convención social que es redefinible de acuerdo a la “sazón de los tiempos”.  Estudios en Guatemala, como el realizado por FADEP titulado “Determinantes del Crecimiento Económico, Población y Familia: el Caso Guatemala” reflejan como las unidades familiares estables -tanto por matrimonio como la figura de “unión de hecho”- tienden a presentar indicadores más positivos de desarrollo económico y social (salvaguardando las enormes distancias que faltan recorrer para llegar a un desarrollo ideal) que aquellas familias monoparentales o desintegradas por el divorcio, la violencia y la migración hacia otros países.  Nuestra mismo Código Civil, en su artículo 78 define el matrimonio de esta forma: El matrimonio es una institución social por la que un hombre y una mujer se unen legalmente, con ánimo de permanencia y con el fin de vivir juntos, procrear, alimentar y educar a sus hijos y auxiliarse entre sí.  Pero, aún sobre todo esto, vemos el corazón de Dios en las Escrituras acerca del matrimonio: en Génesis 2 vemos su diseño e institución como la unión entre un hombre y una mujer de por vida; en Deuteronomio 24 vemos la protección de Dios en temas concernientes al divorcio y vemos a Jesús hacer eco de esto en Mateo 5, Marcos 10 y Lucas 16 en dónde también Pablo se pronuncia al respecto en 1 de Corintios 7.  Vemos también cómo Dios resalta la belleza de la unión matrimonial en Cantar de los Cantares, y vemos cómo la equipara con el Evangelio y la relación misma de Jesús con la Iglesia en Efesios 5, clave para comprender el inmenso amor de Dios mostrado en el libro del profeta Oseas.  El compromiso y estabilidad del matrimonio son el mejor fundamento para construir una familia.  Quisiera recomendar la lectura del libro “Love & Economics” de la Dra. Jennifer Roback Morse y el ensayo “The Estate of Marriage” de Martín Lutero.
  2. Donación de sí mismos: Esta frase es una bella expresión sacada del cuerpo de la Doctrina Social de la Iglesia.  Es una excelente forma de describir el tipo de amor que dirige la unión matrimonial y la familia.  En Juan 15:13, Jesús nos recuerda que “No hay amor más grande que el dar la vida por los amigos.” y 1 de Corintios 13 nos define el paradigma de amor que debe guiar nuestras vidas.  De estos y otros pasajes como los citados anteriormente, vemos que el amor matrimonial no es uno que consume o busca únicamente la felicidad de cada miembro de la pareja a través de la extracción de placer, alegría personal o comodidad.  El amor entre la pareja es un amor que da, que se entrega y es en esa entrega que encuentra la satisfacción propia y completa.  Es un amor que modela el amor de Dios hacia nosotros expresado en la vida, muerte, resurrección y ascención de Jesús (Juan 3:16).  Es la entrega el uno al otro, y la entrega de los padres hacia los hijos, lo que sostiene en el largo plazo a las familias.  Sobre estos puntos, recomiendo muchísimo la lectura de las encíclicas papales de Benedicto XVI “Deus Caritas Est” y “Caritas in Veritate“.
  3. Comprometidos a la procreación y cuidado de los hijos: Luego de su creación, la primera bendición que vemos a Dios dar al hombre y a la mujer unidos en matrimonio es la siguiente: Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo». (Génesis 1:28, NTV).  La capacidad de procrearnos y criar hijos es una de las mayores bendiciones que Dios nos puede dar.  El Salmo 127 nos dice:  3Los hijos son un regalo del Señorson una recompensa de su parte. 4Los hijos que le nacen a un hombre joven son como flechas en manos de un guerrero. 5¡Qué feliz es el hombre que tiene su aljaba llena de ellos! No pasará vergüenza cuando enfrente a sus acusadores en las puertas de la ciudad. (Salmo 127:305, NTV)  El principio de la cultura de vida que deseamos crear radica en el valor que le demos a los niños y a la procreación.  No podemos seguirnos tragando la mentira Malthusiana del crecimiento demográfico, ni podemos seguir viendo a los niños como una carga u obstáculo a nuestra felicidad.  La mentalidad anti-conceptiva nos está haciendo muchísimo daño.  Recomiendo ver el documental “Demographic Winter” y leer el capítulo 8 (por lo menos) de “La Fatal Arrogancia” de Hayek.   Comparto también este corto video de Carroll Ríos de Rodríguez para la organización Poverty Cure sobre el tema de población:

Hay muchísimo que decir sobre este tema, y este segundo punto del manifiesto está bastante cargado y debemos abrirlo a la discusión.

Cierro con unas fuertes palabras de Martín Lutero:

Para que no procedamos ciegamente, sino que nos conduzcamos de una manera cristiana, asegúrate de entender esto, que el hombre y la mujer son obra de Dios.  Mantén una firme postura en tu corazón y en tus labios; no critiques Su obra, o llames malo aquello que Él Mismo ha llamado bueno. /…/ Por esta razón los hombres jóvenes deben guardarse cuándo lean libros paganos y escuchen las quejas comunes acerca del matrimonio, no sea que inhalen veneno.  El estado matrimonial no le sienta bien al diablo, porque es la buena voluntad y obra de Dios. (traducción mía de “The Estate of Marriage” (part 3) de Martín Lutero)

 

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