Gracias a Dios por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton

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La Tierra y los planetas de nuestro Sistema Solar giran al alrededor del Sol, en palabras de Copérnico: “Giramos alrededor del Sol como cualquier otro planeta”, no somos el centro del universo. Una declaración que parece sacada de una lección escolar de Ciencias Naturales, pero que en mi vida ha tenido grandes efectos.

Una idea que cambio la forma en que vemos al universo
(Planetary Motion: The History of an Idea That Launched the Scientific Revolution, Earth Observatory, NASA. Traducción libre)

Las ideas de los antiguos filósofos griegos dieron forma a la visión del mundo de la civilización occidental. Las ideas de Aristóteles sobre el universo prevalecieron, creyendo que los planetas y el Sol orbitaban alrededor de la Tierra. Durante casi 1,000 años, la idea de Aristóteles dominó la filosofía natural (el nombre para los estudios del mundo físico). Una cosmovisión geocéntrica se arraigó en la teología cristiana, haciéndola una doctrina de la religión tanto como filosofía natural. A pesar de eso, fue un sacerdote quien trajo la idea de que la Tierra se mueve alrededor del sol.

En 1515, un sacerdote polaco llamado Nicolás Copérnico propuso que la Tierra era un planeta como Venus o Saturno, y que todos los planetas giraban alrededor del Sol. La teoría reunió pocos seguidores, y por un tiempo, algunos de los que dieron crédito a la idea enfrentaron acusaciones de herejía. Por ejemplo, el científico italiano Giordano Bruno, quien fue quemado en la hoguera por la enseñanza, entre otras ideas heréticas, de la visión heliocéntrica de Copérnico del Universo.

Cuando Galileo apuntó su telescopio hacia el cielo nocturno, en 1610, vio por primera vez en la historia humana las lunas que orbitaban Júpiter. Galileo también observó las fases de Venus, lo que demostró que el planeta órbita alrededor del Sol. Aunque Galileo no compartió el destino de Bruno, la Inquisición española tenía, bajo amenaza de tortura, obligarlo a retractarse de su apoyo a un sistema solar heliocéntrico, y se le puso bajo arresto domiciliario de por vida a la edad de 69 años.

Casi al mismo tiempo, el matemático alemán Johannes Kepler estaba publicando una serie de leyes que describen las órbitas de los planetas alrededor del Sol. En 1687, Isaac Newton puso el último clavo en el féretro de la visión aristotélica, geocéntrica del Universo. Sobre la base de las leyes de Kepler, Newton explicaba por qué los planetas se movían como lo hicieron alrededor del Sol y nombró a la fuerza que los mantiene bajo control: gravedad.

Una idea que cambió la forma en que nos vemos a nosotros mismos

“De todos los descubrimientos y opiniones, ninguno pudo haber ejercido un mayor efecto sobre el espíritu humano que la doctrina de Copérnico. El mundo apenas se ha conocido como redondo y completo en sí mismo cuando se le pidió renunciar al enorme privilegio de ser el centro del universo”.  Johann Wolfgang von Goethe

“No hay nada más liberador que el mundo no se trate de mí, nada.” Matt Chandler

Realmente disfrute la historia anterior, pensar que durante casi 1,000 años creímos ser el centro del universo, claro leerlo ahora como una historia es fácil, pero definitivamente fue un proceso que cambio no solo ideas, sino acciones y vidas, en el que algunos de sus protagonistas sufrieron persecución y muerte.

Si en historia de nuestra vida, el pecado en nosotros hace que nos cueste tanto renunciar, en palabras de Goethe, al enorme privilegio de ser el centro del universo; ¿Qué tan diferentes somos entonces de aquellos que tuvieron una visión geocéntrica, si seguimos creyendo que somos el centro del universo, con una visión egocéntrica donde las personas y cosas giran alrededor de nosotros? Miremos a nuestro alrededor… el ego, el yo, es exaltado de tal manera que el hombre se coloca en el centro del universo y de todo lo que nos rodea.

El privilegio de ser el centro del universo no nos pertence, nunca ha sido nuestro, el único digno de tal privilegio es el autor del universo Dios es el único que puede ocupar semejante posición (Hebreos 11:3, Romanos 11:36). Y es unicamente a la luz del evangelio que reconocemos quien es Dios y quienes somos nosotros, el lugar que ocupa El y que lugar ocupamos nosotros. Es a través del evangelio y la obra redentora de Cristo Jesús que podemos rendir el centro, el trono de nuestra vida y recibir la libertad de no ser nuestro propio dios. Comprender que la historia no se trata de mí, se trata de El, es un proceso difícil en el que también podemos enfrentar resistencia… nuestro orgullo, vanidad y temor.

Y así como en la historia de la humanidad doy gracias a Dios por Copérnico, Galileo, Kepler y Newton; en mi historia personal doy gracias a Dios por los hombres y mujeres en mi iglesia local Casa de Libertad, a quienes El ha usado a través de su amistad, en Recovery y grupos en casa, amigos que hicieron que el evangelio fuera no solo una idea sino la verdad que cambió la forma en que veo a Dios, a mi y también el universo.

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