Miércoles de Ceniza: Fe Verdadera, Arrepentimiento, Contrición y Futuro

“La fe verdadera está bañada en penitencia.  Y justo como la fe no es únicamente un acto momentáneo sino una permanente actitud de confianza y seguridad dirigida al Salvador, de manera tal que el arrepentimiento resulta en una actitud constante de contrición.  El espíritu quebrantado y el corazón contrito son marcas permanentes del alma creyente.  Mientras el pecado permanezca, debe haber la consciencia del mismo y esta convicción de nuestro propio pecado obliga nuestro auto-aborrecimiento, nuestra confesión y el clamor por perdón y limpieza.  La Sangre de Cristo es el jabón de la limpieza inicial pero es también la fuente a la que el creyente debe ir para su continua reparación.  Es en la Cruz de Cristo en dónde el arrepentimiento encuentra su comienzo; es en la Cruz de Cristo en dónde el arrepentimiento debe continuar a derramar su corazón en lágrimas de confesión y contrición.  El camino de la santificación es el camino de la contrición por el pecado del pasado y del presente.  El Señor perdona nuestros pecados y ese perdón está sellado por la luz de Su rostro, pero nosotros no nos perdonamos a nosotros mismos.” (traducido del libro “Redemption Accomplished and Applied de John Murray) 

Hoy, miércoles 5 de marzo de 2014, se observa en todo el mundo cristiano el “miércoles de ceniza” que marca el inicio del período de Cuaresma, los 40 días previos al inicio de Semana Santa.  En la tradición Católica, se observa este período con un espíritu de contrición y arrepentimiento, de manera que el corazón del creyente se prepare para lo que en Semana Santa se conmemora….el sacrificio de Jesús en la Cruz y Su Resurrección.

Como Protestantes/Evangélicos, no tenemos esta tradición.  Poco a poco se ha ido recuperando algún sentido de solemnidad alrededor de Semana Santa y varias iglesias han sido más intencionales en exponer estos temas durante las semanas que nos llevan hacia allí.  Sin embargo, a pesar de que no hacemos un parón durante la Cuaresma y no observamos el miércoles de ceniza como tal, el tema alrededor del que gira esta observancia es…o debe ser…central en la vida del cristiano: el arrepentimiento.

Ahora, para el evangélico “neo-pentecostal” (alguien defina por favor qué significa esto….) que es conocido -al menos ante la “opinión pública” y las caricaturas que esta forma de  nuestra fe, evidenciada por las tantas críticas que tiene el “evangelicalismo” en Guatemala-, el concepto de “arrepentimiento” y el de “contrición” con cosas totalmente foráneas a nuestra experiencia.

¿Por qué? La explicación está en que hemos sido presas del triste, patético y mentiroso “Evangelio de la Prosperidad” o de su hermanito mejor portado, el “Deísmo Moralista Terapéutico“.  Estas dos descaradas desviaciones del Evangelio han anulado en la consciencia evangélica la realidad del pecado y la necesidad del arrepentimiento.  Se habla de “victoria”, de “conquista”, de “rompimiento”, pero nunca de quebrantamiento, arrepentimiento y contrición.  No se habla de esas cosas porque estas erróneas teologías anulan cualquier marco de referencia para el sufrimiento y el hecho de sufrir es, en sí mismo, pecado….el pecado de “falta de fe”.

Jesús comenzó Su ministerio haciendo un llamado al arrepentimiento (Mateo 4:17).  Pablo nos habla de un tipo específico de arrepentimiento que nos da vida y lo contrasta con el remordimiento en 2 Corintios 7:10-11.  Grandes hombres cristianos como John Murray (citado al inicio del artículo) y Charles Spurgeon y Abraham Kuyper escribieron también mucho de esto.

Estamos llamados al arrepentimiento porque por nuestro pecado, estamos urgidos de ser reconciliados con Dios por medio de Jesús: 2 Corintios 5:15-20 y Colosenses 1:19-22.  Nuestra vida como cristianos puede ser de “victoria en victoria” no por nuestros grande logros y grandes hazañas de gimnasia espiritual.  Puede ir de “victoria en victoria” por la victoria de Jesús en la Cruz sobre el pecado, el diablo y la muerte.  El arrepentimiento continuo es ese constante llamado a nuestra consciencia de que nuestra desesperada necesidad de Jesús y no de nuestra fortaleza moral, fuerza de voluntad o capacidad de sobreponernos a los obstáculos en la vida.

Esto no es solamente para Cuaresma.  Esto es parte del día a día del cristiano.  Todos los días pecamos y todos los días necesitamos arrepentirnos.  Todos los días hay gracia.

Los exhorto a que aprovechemos esta época para reflexionar sobre estos temas, celebrar con humildad, adoración y alegría todo lo que Jesús hizo por nosotros en la Cruz y compartir con quienes sí observan de manera más litúrgica estas fechas, la esperanza del Evangelio para que en su observancia, encuentren gracia, misericordia y sentido a su práctica religiosa.

¡Que la consciencia de nuestro pecado nos quebrante y nos acerca continuamente a la Cruz! Vivamos lo que el Salmista escribió en el Salmo 19:12 y en el Salmo 51 (¡entre muchos otros!) y que el Amor del Padre, la Gracia del Hijo y la Comunión con el Espíritu Santo estén con nosotros siempre.

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