Concilios, Confesiones y Catecismos: herencia olvidada

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¿Cuántos hemos soñado en recibir una herencia y en que haríamos con esta? Yo lo he hecho, y supongo que cuando lo hacemos generalmente pensamos en ésta de acuerdo a nuestra necesidad. En esta misma línea ahora, dejo de pensar en mí como persona individual y pienso en mí como miembro de la Iglesia local y la Iglesia como cuerpo de Cristo, ¿Cuál es nuestra necesidad? ¿Cuál sería una buena herencia a recibir y qué haríamos con ella?

En mi iglesia local, Casa de Libertad, nos reunimos entre semana en pequeños grupos llamados grupos de comunidad. En estos grupos buscamos crear un ambiente cómodo y conversacional donde podamos ir aprendiendo más acerca de Dios y de lo que la Biblia dice sobre nuestra relación con El. Las últimas semanas nos pusimos serios en la búsqueda intencional de dar respuesta a esas preguntas importantes sobre Dios y nuestra vida.

Para hacerlo, por supuesto, vamos a la fuente de la revelación de Dios, Su palabra, la Biblia. Sin embargo, al acercarnos a la Escritura podríamos caer en la tentación de creer que somos los primeros en esta búsqueda y olvidarnos de aquellos antes de nosotros. Como lo describe el rey Salomón: “Hay quien llega a decir: «¡Mira que esto sí es una novedad!» Pero eso ya existía desde siempre, entre aquellos que nos precedieron. Nadie se acuerda de los hombres primeros, como nadie se acordará de los últimos. ¡No habrá memoria de ellos entre los que habrán de sucedernos!” Eclesiastés 1:3 (NVI)

Aquellos que nos precedieron

Hebreos 11 hace un recuento de hombres y mujeres que por su fe obtuvieron revelación de quien es Dios y como esta revelación marcó sus vidas. Ciertamente el relato del capítulo es inspirador al hablar de la fe y como por medio de ella fueron aprobados, lo que conocieron, creyeron, hicieron, el testimonio que obtuvieron, e incluso lo que disfrutaron o sufrieron. Sin embargo, mi parte favorita son los últimos dos versículos: “Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa. Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor.” Hebreos 11:39-40 (NVI).

A veces somos tan egocentricos que nos olvidamos que nuestra historia es parte una historia más grande que nosotros mismos, y al hacerlo nos limitarnos. Como Iglesia somos herederos de la revelación y el conocimiento de Dios en Cristo Jesús por medio de los cuales podemos conocerlo hoy, y en esa revelación herederos de fe y de la salvación y justicia que vienen por la fe. Herederos de Su Palabra escrita a través cientos y miles de años, que através de la vida de los hombres y mujeres registrada en sus páginas en donde Dios mismo se revela a nosotros. Esto es para mí ese “algo mejor” que describe el verso 40. Y aunque como Iglesia solemos estar bastante conscientes de esta herencia, que es la primera y más importante, no es la única que nos fue otorgada.

La herencia olvidada

En esta nuestra búsqueda del ser y el deber de nuestra vida cristiana, vamos a la Biblia. Sin embargo, al hacerlo no debemos pensar que somos los primeros en hacernos las grandes preguntas a la luz de la Escritura. A lo largo de la historia de la Iglesia se registra esta labor en Concilios, en Confesiones y Catecismos. De hecho el primer registro que tenemos de ésto está en el libros Hechos en el capítulo 15 que describe a los Apóstoles haciéndo preguntas sobre salvación, ley, fe y gracia, entre otros.

Sería entonces arrogancia juvenil o incluso infantil ignorar la herencia de aquellos que se dieron a la tarea hermenéutica y apologética cuidadosa de las Escrituras con el fin de afirmar coherentemente las grandes líneas de enseñanza doctrinal y de deber de la Iglesia. Pero, ¿Qué estamos haciendo con esta herencia? Tengo la dicha de decir que gracias al material que estamos utilizando en nuestro grupo de comunidad se hace referencia a estos textos, pero debo confesar que fuera de ese contexto particular, generalmente ignoramos la existencia de estos documentos olvidando esta herencia, que como buenos herederos deberíamos valorar, conocer y compartir. Reconociendo que de ninguna manera tienen mayor autoridad que la Escritura, pero que debido a su enseñanza bíblica, tienen el valor de guiarnos tanto hoy como lo hicieron con aquellos antes de nosotros. Es una bendición para la iglesia hoy no tener que descubrir la rueda, sino sobre este fundamento apreciar la profundidad y riquezas de nuestra fe cristiana.

Para aquello que quieran conocer un poco más de esta herencia…  http://www.iglesiareformada.com/Hodge_Breve_Historia_Credos.html

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