Una Defensa de la Cuaresma

Por mucho tiempo sentía alguna medida de desprecio hacia aquellas personas que observaban la Cuaresma, esa temporada religiosa que inicia este próximo miércoles (Miércoles de Ceniza) y continua durante los siguientes 40 días hasta el domingo de Resurrección.  Me imaginaba que sacrificar durante esos días algo de comer que nos gustaba, era simplemente una excusa religiosa para hacer dieta.  Si alguien observaba alguna práctica devocional en especial durante esos días, normalmente regresaba a recordar aquellas palabras que un amigo de laprimaria me hacía acerca de la Cuaresma: ¿Por qué hacer algo únicamente durante 40 días? ¿Acaso no crees en Dios todos los días del año?”

Sin embargo, mientras he ido creciendo en mi fe y en mi vida, mis ideas acerca de la Cuaresma han cambiado por al menos las siguientes 5 razones:

  1. El año litúrgico: Observar los patrones del año litúrgico no es algo obligatorio para ningún cristiano, pero ha sido una herramienta útil para mi.  Vivimos nuestra vida diariamente delante de Dios, sin embargo, también vivimos temporadas.  Cuándo el tiempo se estira sin un fin aparente, sin algo que marque el ritmo o los tiempos, el cambio parece ser menos posible.  Pero ese período de 40 días de Cuaremsa, marcado claramente en el calendario, nos da la oportunidad de ayunar y enfocarnos por un tiempo determinado de tiempo en un aspecto particular (la Cruz) de la obra salvadora de Dios por nosotros.
  2. La celebración: Tradicionalmente, muchas personas renuncian a malos hábitos o adoptan alguna nueva práctica espiritual durante Cuaresma.  Para aquellos que “ayunan” de algo -ya sea esto chocolate, o ver televisión o beber alcohol- cada domingo es una celebración.  Cada domingo durante Cuaresma es una celebración, una anticipación del Domingo de Resurrección.  Cuaresma nos ofrece una forma concreta de volver nuestra atención a la celebración que se aproxima aún mientras experimentamos una muy pequeña probadita de la tristeza de la Cruz.
  3. El ayuno: A veces me pregunto si a caso nuestras vidas esetán siendo consumidas por cosas “ordinarias” como cocinar, limpiar, lavar nuestros cuerpos, etc., justamente porque Dios quiere que reconozcamos Su presencia en medio de nuestras vidas ordinarias.  El renunciar a cosas sencillas (como los dulces o el queso) puede ser un plan de dieta pieadoso, pero también puede ser un recordatorio de nuestras vidas y aspiraciones mundanas que nos mueva hacia la humildad.  Cuándo me niego algo que físicamente deseo, puede recordarme de aquellos anhelos espirituales que muchas veces reprimo. Y cuando “sufro” como resultado de esa renuncia, puede recordarme del sufrimiento que Jesús estuvo dispuesto a soportar en nuestro lugar.
  4. Limitaciones: Podría hacer una lista incontable de hábitos que quisiera cambiar y quizás una lista mayor de prácticas espirituales que quisiera cultivar.  Sin embargo, no puedo hacerlo todo al mismo tiempo.  La Cuaresma es una oportunidad de hacer una o dos.  Por una temporada.  Con la ayuda de Dios.  En lo personal, me abruma la idea de un plan de lectura bíblica  diaria.  Estoy seguro de que fracasaré si mi propósito de año nuevo es orar cada mañana por una cantidad específica de tiempo o dejar la cafeína para siempre o aún ayunar por un tiempo de comida específico o un particular día de la semana durante todo el año.  Sin embargo, por cuarenta días, únicamente cuarenta días, anticipando la celebración…bueno, con la ayuda de Dios, quizás pueda.  Y quizás pueda aprender y crecer un poco en el proceso.
  5. La Cuaresma es de las actividades más contra-culturales que existen:  Reconozco la gran influencia que la cultura tiene sobre mi.  El poder pasar una corta temporada del año restringiéndome, limitándome y practicando la renuncia personal, es únicamente una pequeña forma de darle la espalda al incesante mensaje de auto-gratificación y placer instantáneo que se me ofrece en todos lados y poder poner mi esperanza y confianza (poco a poco) en Aquel que realmente satisface a mi alma sedienta.

En ningún lugar de la Biblia, o incluso en la iglesia, se nos exige ayunar durante Cuaresma.  Pero esta temporada me ofrece una invitación que este año planeo aceptar.

(Traducción mía del artículo “In Defense of Lent” escrito por Amy Julia Becker, disponible en inglés aquí.)

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