¿Por qué valoro la lucha por la libertad?

APTOPIX Ukraine Protest

El 2014 ya dejo atrás su primer mes y febrero sigue avanzando, y en lo que va del año los medios de comunicación han estado informando sobre los conflictos en Siria, Ucrania, Venezuela… gracias a la tecnología tenemos acceso a estos de forma inmediata en cuanto a tiempo, global en cuanto a espacio e ilimitada en cuanto a cantidad; haciéndonos casi imposible ser ajenos a lo que sucede en el mundo aún cuando no es parte de nuestra realidad inmediata. En las últimas semanas la cobertura de las situaciones en Venezuela y Ucrania ha crecido, y en medio de la toda la información vi un video que me llevó a escribir esta nota :

Lo que el video me hizo reflexionar fue mucho más de lo pensé al hacer click.

Lo que damos por sentado
Agradezco a Dios la libertad en la que vivo. Porque aún cuando Guatemala es un país joven en su consolidación democrática y con grandes retos a enfrentar, hoy no vivimos ese tipo de crisis. Sin embargo, es algo que fácilmente damos por sentado, olvidando la historia de nuestro país y sus puntos bajos, no digamos la historia de la humanidad. Damos por sentado ideas como la paz, la libertad, el progreso, el trabajo y la educación; tristemente algunas veces incluso damos por sentado el alimento, la salud, el vestido y la vivienda. Vemos estos hechos desde afuera como viendo una película, en donde aplaudimos a los héroes y condenamos a los villanos. Rechazamos el enfrentamiento y anhelamos la paz, pero olvidamos la diferencia entre el pacificador y el pacifista, olvidando que muchas veces para alcanzar y mantener la paz tendremos que defenderla y esa defensa puede incluir conflicto. Olvidamos que para hacer realidad estas ideas es necesario vivirlas y que eso requiere valentía y honor.
El corazón del problema
Como cristiana reconozco que el corazón del problemas es el problema del corazón, el pecado. Que en un mundo caído, sujeto a vanidad como lo describe Pablo: “Porque la creación aguarda con gran impaciencia la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujeta a vanidad, no por su propia voluntad, sino porque así los dispuso Dios, pero todavía tiene esperanza,” Romanos 8:19-20 (RVC), en dónde el hombre está separado de Dios muerto en sus delitos y pecados (Romanos 3:23, Colosenses 2:13); la esclavitud, la injusticia, la guerra, y la muerte tendrán lugar no solo de forma espiritual sino natural. En este sentido, reconozco por supuesto, que la libertad más importante y valiosa es la libertad del pecado que me reconcilia con Dios y trae salvación. Sin embargo, no puedo menospreciar la libertad como nota que define a la persona, aquella que es más que la facultad de elegir y elige el bien para su desarrollo humano, libertad que se manifesta los diferentes ámbitos de nuestra vida, en el ámbito familiar, económico, político, social, cultural, y religioso.
Fe y razón
Como cristiana valoro esa libertad, que se manifiesta en occidente en el encuentro, para algunos milagroso, de la fe judeocristiana, la razón griega y las instituciones romanas; una unión posible únicamente en la relación entre la fe y la razón. Es en esta maravillosa relación entre la fe y la razón, que la razón quita el absurdo a la fe, permitiéndonos comprender que Dios tiene misterios y no absurdos, permitiéndonos entonces conocer a Dios y en El entender ideas como la de libertad. “Quiero que lo sepan para que cobren ánimo, permanezcan unidos por amor, y tengan toda la riqueza que proviene de la convicción y del entendimiento. Así conocerán el misterio de Dios, es decir, a Cristo, e quién están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.” Colosenses 2:2-3 (NVI)
Y valoro la lucha por alcanzarla y mantenerla, al considerarla un llamado misional. En nuestra búsqueda de paz y libertad reconocemos que el diálogo es un elemento importante, pero para que pueda haber diálogo debe encontrarse un punto de razón común o universal (que muchas veces no encontramos sino es dialogando). Como cristiana en mi relación con mi prójimo he aprendido que no existe mejor razón universal, puente o analogía entre el otro y yo que la del Imago Dei. Pues al reconocer a Dios, Su creación, y en ella, al hombre creado a Su imagen y semejanza, es inevitable que surja en mi empatía por mi prójimo, que me hace cruzar una línea de la que no hay retorno, pues a partir de allí debo tener de mi prójimo la misma consideración que tengo de mí. Cuándo lucho y defiendo mi libertad, estoy luchando y defendiendo la libertad del otro.
La repuesta corta, valoró la lucha por la libertad por Mateo 22:37-39.

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