Contentamiento, el Sigiloso Evangelio de la Prosperidad y la Avaricia Espiritual

El detalle crucial de las enseñanzas de la prosperidad que están permeando mucho del mundo evangélico no es el hecho de que no habla acerca del pecado.  Seguro, hace eso también, pero la perniciosa paradójica de esta enseñanza es que exalta la “vida Cristiana victoriosa” al mismo tiempo que fracasa en preparar a los creyentes para un discipulado sostenible.  Hace énfasis en los sentimientos y en la “perspectiva”  no en el poder del Espíritu, el cual es difícil de identificar para muchos porque este es muchas veces confundido con lo anterior (o sea, que ser optimista o alguien motivado a comerse el mundo es ipso facto estar lleno del poder del Espíritu).  El problema con el pasar del tiempo es que, ir de victoria en victoria, esperar victoria tras victoria, cultiva una contagiosa especie de avaricia espiritual. (¿Es de extrañarse que este tipo de enseñanza muchas veces va de la mano con hablar de riqueza y prosperidad financiera?)  El verdadero corazón del discipulado –lo que Eugene Peterson llama “una obediencia de largo plazo consistente hacia una misma dirección” – involucra temas difíciles como la disciplina y el fruto del Espíritu.  En el discipulado “pop”, la disciplina es reemplazada por pasos, tips y “rompimientos extraordinafabulosos”.

Cuando mis hijos eran pequeños, teníamos un par de Reglas para Criar Niños que ejecutábamos en casa.  La primera regla es que ninguna cosa en el universo es mas interesante que aquella que un hermanito tiene en sus manos.  La segunda regla es que no importa donde estés (aun si es Disney), siempre habrá otro lugar en donde prefieres estar.

Obtener lo que no tenemos, querer estar donde no estamos.  Eso define la actitud infantil de los niños en nuestra casa.  Pero ellos son niños, así que tienen excusa.  El “evangelio” de la prosperidad, entonces, que promete una vida abundantemente satisfactoria, de manera irónica, genera descontento.  Nunca estamos permaneciendo con Dios en donde estamos porque siempre estamos considerando que tenemos menos de lo que está disponible (o al menos de lo que nuestro vecino tiene).  Siempre pensamos menos de hoy en relación con mañana.  Sin embargo, no podemos llegar al Domingo de Resurrección sin antes haber pasado por la Cruz.

Existe una fina frontera entre el contentamiento y la complacencia, y sospecho que esta confusión implícita es la razón por la que ya casi no hablamos de contentamiento en estos días.  Implica estancamiento y haraganería.  Pero la complacencia no es acerca de que no nos importan estas cosas.  El contentamiento es la preocupación por las necesidades del momento.  Se trata de obediencia y fe.  Pablo no era complaciente acerca de sus repetidos encarcelamientos y torturas.  Sin embargo –y sorprendentemente- estaba contento.

El contentamiento confía en que Dios es Dios.  El descontento pone en evidencia nuestro temor a todo menos a Dios –teme por seguridad, solvencia financiera, por lo que otros piensan de nosotros, aún por “madurez espiritual”.  El alma contenta, sin embargo, teme a Dios (Proverbios 19:23).

Entonces, la gran ironía del “evangelio de la prosperidad” –y tristemente cada vez más personas enseñan y creen esto- es que en realidad cultiva su propia necesidad por si mismo.  Esta construido sobre el descontento, la avaricia y el deseo de acumular (ya sea cosas o “espiritualidad”), y entonces se convierte en su propio enemigo, perpetuándose, y continúa creando las necesidades que promete llenar.  Todos sabemos lo que pasa cuando tratas de llenar un vacío que tiene forma de Dios con algo que no tiene forma de Dios.  Todos sabemos que el dinero no compra la felicidad…etc,etc,etc.

¡Sin embargo, el contentamiento…! Estar contentos con lo que tenemos, en dónde Dios nos tiene, sea esto sobre una montaña rodeada de belleza o en un obscuro valle caminando hacia una fosa que no podemos ver – estar contentos allí, aquí y ahora, ¡eso es verdadera ganancia!

Ahora, no hay pasos fáciles hacia el contentamiento.  La palabra “contento” evoca sentimientos de paz y tranquilidad, de no tener preocupaciones.  Todas esas cosas son, en cierto sentido, ciertas.  Pero la manera de vivir en contentamiento es difícil y el lugar del contentamiento en sí mismo puede ser una tierra árida y desierta.  Al final de cuentas, esta es la manera en que nos damos cuenta que hemos llegado allí.  Estar contento involucra temas duros de confianza, disciplina, obediencia y amor bíblico.  Cómo lo dijo alguna vez G.K. Chesterton: “El contentamiento verdadero es algo activo como la agricultura.  Es el poder de sacar de cualquier situación todo lo que tiene para dar.  Es una tarea ardua y es algo raro de ver.”

En esencia, los cristianos estamos llamados a creer que “Dios nos ama y tiene un plan difícil para nuestra vida.”

Ahora, ¿cómo llegamos allí? ¿Cómo alcanzamos el contentamiento?

Comenzamos en dónde estamos, no viendo hacia delante a lo que sigue.  Empezamos por la esperanza de ser liberados, siempre y cuando realmente lo necesitemos, pero también con la confianza en que Dios nos está refinando a través de las circunstancias en dónde actualmente nos tiene.  Es sencillamente eso – estar presentes. Dar la cara, en este momento, para someternos a Dios.  Confiar en que la cruz que llevamos no es el final de Su historia, pero aceptar que esa cruz es necesaria para sacar de esta historia todo lo que podemos sacarle.

No existen pasos, fórmulas o estrategias.  Es únicamente el Espíritu y el poder que Él nos da por Su beneplácito.  No podemos llegar a descubrir nuestro descontento a partir de nuestros logros individuales.  Necesitamos el amor purificador de Dios que traiga esa convicción a nosotros y nos corrija.

12Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. 13Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas. (Filipenses 4:12-13, NTV)

(Traducción del artículo “Contentment, the Stealth Prosperity Gospel, and Spiritual Greed” por Jared C. Wilson publicado originalmente en inglés aquí.)

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