Generalizaciones Dañinas: Una Respuesta a Carolina Escobar Sarti

Este pasado 4 de enero de 2014, en Prensa Libre, Carolina Escobar Sarti publicó una columna titulada “Fe y Mercado” (disponible aquí).

La columna es bastante agresiva y revela -al menos en lo que allí escribe- la aversión que tiene la autora por la “religión organizada” -tanto en su expresión católica, como protestante.  La crítica de la columna es directa y frontal contra una generalización imaginaria que la autora de lo que es la iglesia evangélica en Guatemala, tomada a partir de una pequeña muestra -que debemos admitir, tienen mucha presencia mediática-.  Digo “generalización imaginaria” porque parte de dos ideas fundamentales:

1. Asume como verdades interpretaciones erróneas del cristianismo evangélico.

2. Cree que todos los evangélicos y/o iglesias evangélicas somos así.

¿A qué interpretaciones erróneas me refiero?

Principalmente porque asume que los extremos a los que el falso “evangelio” de la prosperidad -y de su igualmente dañino pero más “light” hermano, el “deísmo moralista terapéutico”-ha llegado en Guatemala son el común denominador en todas las iglesias cristianas evangélicas y que estas falsas ideas se fundamentan en el calvinismo que, de acuerdo al artículo:

La base teológica que sirve a estos avivamientos y religiones es la del calvinismo, al que se le suele atribuir la preparación ideológica para el último desarrollo del capitalismo en el norte de Europa. Max Weber estudia bien la ética protestante y su relación con el espíritu del capitalismo, que pasa necesariamente por el mercadeo y la comercialización de los bienes de salvación.

El cristianismo evangélico histórico y en particular, la expresión reformada de este (pasando por Lutero y Calvino) poco o nada tienen que ver con “mercadeo” y “comercializar bienes de salvación”.  De hecho, son una respuesta y una protesta precisamente a los abusos de la errónea teología de las indulgencias del siglo XVI.   Es difícil “mercadear” ideas tan controversiales como algunos importantes preceptos calvinistas como la “depravación total del hombre” y la doctrina de la “elección incondicional” y la “propiciación limitada”.  Además, acusar al cristianismo -tanto católico como protestante- de “mercadeo” es una afrenta al mismísmo Jesús que es el que nos llama a “…ir y hacer discípulos a todas las naciones…” (Mateo 28:16-20).

El cristianismo es – por definición- una religión proselitista.  Es proselitista porque tenemos algo demasiado precioso, verdadero y urgente que comunicar: el Evangelio.  Las buenas nuevas de la salvación -el hecho de que Jesús, sin tener que hacerlo, descendió del cielo y tomó forma de hombre, vivió la vida que debería vivir yo y murió la muerte que yo merecía morir, que este mismo Jesús resucitó al tercer día y ascendió física y corporalmente a los cielos, completando de esa forma la reconciliación del hombre con Dios- ese evangelio que buscamos predicar, proclamar y anunciar por todos los medios posibles, es algo tan urgente y hermoso que no podemos callarlo.  Criticar entonces el uso de medios de comunicación en el cristianismo es atacar algo fundamental para nosotros los cristianos.  Ahora, eso no significa que todo lo que se comunica a través de los medios cristianos o a través de espacios en televisión abierta y por cable pagados por algunos ministerios sea siempre doctrina ortodoxa, correcta y bíblica.  La realidad es otra y es lamentable.  Pero debemos analizar y criticar estos ejemplos de manera puntual, de manera bíblica y confrontando la realidad del evangelio bíblico versus el falso “evangelio” de la prosperidad.

El cristianismo verdadero no vende nada.  No hay intercambio más allá del que C.S. Lewis llamó el “gran intercambio”….el de mi pecado por Su Salvación.  Perdón y redención necesitamos todos….y este está disponible por GRACIA, a través de la FE en la persona y obra de Jesús (Efesios 2).

Mi petición a la columnista Escobar es que no generalice.  Existen iglesias que buscan ser fieles al Evangelio y predican de acuerdo a lo que la Biblia enseña.  Generalizar es dañino, especialmente por la aparente tendencia anti-evangélica que se respira en los medios escritos de Guatemala, especialmente en las columnas de opinión.  No todos los evangélicos somos así e incluso, trabajamos para construir una nueva cultura evangélica sustentada por el poder del Espíritu Santo, trabajando por amor al Padre y enseñando el Evangelio de nuestro Señor Jesús.

¡Abramos el debate! Discutamos las ideas de manera inteligente, objetiva y constructiva.  Guatemala y la Iglesia Evangélica en nuestro país lo necesitan….lo necesitan mucho.

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